Infobesidad

Jesús Cabrera | 3 de septiembre de 2012 a las 7:00

Va a ser el término del futuro. Llegará el día en el que alguien con mala cara nos diga: “padezco infobesidad”. Nosotros, humanitariamente, pondremos la mano sobre el hombro y nos solidarizaremos con su problema, porque la infobesidad es todo un problema. Los sujetos más propicios a padecerlo son aquellas personas que tienen en el correo electrónico una herramienta fundamental de su trabajo o que hacen del mismo una pieza esencial de su ocio cuando se sientan frente al ordenador. Los expertos de la Universidad de Lovaina que han identificado este mal señala que el mismo es capaz de provocar “angustia constante” porque no se es capaz de gestionar el volumen de información que a cada momento, casi a cada minuto, entra en el buzón del correo electrónico. La causa de esta endiablada situación está, precisamente, en la urgencia que se aplica, porque parece que a todo mensaje hay que contestarlo inmediatamente, que no se puede dejar pasar ni un minuto sin dar respuesta. Esta velocidad, que es el éxito que las nuevas tecnologías han aportado a las comunicaciones, es la que hace que el sentimiento de agobio se apodere de aquellas personas que no son capaces de digerir todo lo que les llega a su ordenador. Si esta situación se produce en el ámbito laboral, la solución es difícil, pero si se produce en el uso doméstico del correo electrónico no hay más salida que restringir esa información y buscar la salud antes que caer en la infobesidad.

Cultura nuestra

Jesús Cabrera | 2 de septiembre de 2012 a las 7:00

La cultura judía es una de las más sólidas de la historia de la humanidad, pese a los milenios de persecución, prejuicios y etiquetas gratuitas que aún se prodigan en determinados sectores de nuestra sociedad. Pese a nacer en Oriente, es uno de los pilares de Europa, junto con el cristianismo y la cultura grecolatina, pero esto no son razones suficientes para que todas ellas ocupen el lugar que merecen. Por tanto, todas las reivindicaciones que se hagan son pocas, como es el caso de las jornadas que actualmente se desarrollan en aquellas ciudades que pueden presumir –y Córdoba lo es– de haber tenido un pasado judío. Lo bueno de estos actos es que la necesaria reivindicación no parte de la reliquia que se muestra en la vitrina de turno, sino que se ofrecer a la persona intersada las muestra necesarias para comprobar que esta cultura, tan nuestra como las demás, sigue viva y, además, tiene futuro.

La cuesta de septiembre

Jesús Cabrera | 1 de septiembre de 2012 a las 7:00

Septiembre siempre ha sido un mes que se ha hecho muy cuesta arriba para todos. Pero esta escarpada dificultad para superarlo era algo más psicológico que otra cosa, porque era el regreso de las vacaciones, el inicio de la actividad y el afrontar un nuevo curso dejando atrás los diversos placeres estivales que cada uno se puede permitir. Este año, gracias a nuestro Gobierno central, septiembre incorpora a la psicológica el tormento económico con la subida de los tipos impositivos del IVA, aunque la diferencia, para nuestra desgracia, está en que esta circunstancia no es temporal ni mucho menos, sino que durará por tiempo indefinido. A partir de hoy recibiremos sablazos por todos sitios. Usted habrá comprobado que este periódico le ha costado lo mismo que ayer, gracias a Dios, pero que si ha entrado en una tienda le han advertido que el producto ha subido hasta el 21%. Si esta tarde se le ocurre ir al cine, tenga en cuenta que la estocada será de antología si, además, se le ocurre comprar la cubeta de palomitas y el aguado refresco de grifo. Todo a precio de oro. Los planes que tenga preparados para mañana está aún a tiempo de cambiarlos si va a necesitar el coche, puesto que en las gasolineras también está más caro el combustible. Esta pesadilla, que nos seguirá desde ahora como una sombra funesta no tendrá respiro en ninguna de las actividades que hagamos. Ah, y si piensa morirse, sepa que las funerarias también han subido sus precios al IVA del 21%.

La otra pérdida de Filipinas

Jesús Cabrera | 31 de agosto de 2012 a las 7:00

España perdió el archipiélago filipino en 1898 mientras sonaba de fondo Yo te diré. Ahora, con la autoestima nacional tan por los suelos como en aquel tiempo, Filipinas nos vuelve a dar la espalda al dejar extinguir las comunidades que hablan el español. Durante los tiempos coloniales se combinaron todos los idiomas en un lugar de donde partían los barcos cargados de mercancías hacia Europa. Por si esto fuera poco, además surgió el chabacano, que era el idioma mixto entre el español y el tagalo y que se usaba sólo para las operaciones comerciales, de ahí que su traducción sea “la lengua de las tiendas”. España, a diferencia de otros países, dejó cultura en todos los países en los que estuvo. En el caso de Filipinas se crearon universidades dirigidas por los dominicos y, sobre todo, quedó la lengua, que ha pervivido hasta nuestros días. Su implantación ha languidecido en las últimas décadas, tras la herida mortal de la Segunda Guerra Mundial, y su mantenimiento sólo en los núcleos familiares se ha reducido tanto que las últimas personas que lo dominan están asilados en la residencia Santa María Josefa de Manila. En Filipinas hay una sede del Instituto Cervantes que tiene mucho por hacer, porque hablar español en este lejano país es algo que forma parte de su historia más reciente. Era la segunda lengua de los filipinos y ahora es algo moribundo, por aquello de la fascinación que el siglo XX mostró hacia un inglés que arrolló sin compasión al español.

Confianza

Jesús Cabrera | 30 de agosto de 2012 a las 7:00

ARA que se dé el buen funcionamiento de un estado de derecho es fundamental, entre otras cosas, que la sociedad tenga plena confianza en los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Esto era así hasta que por culpa del caso Bretón las fisuras han comenzado a aparecer en un edificio que creíamos sólido y bien cimentado. El hecho de que un informe encargado y pagado por la madre de los niños haya sido el que en unos días haya vuelto del revés los diez meses de investigaciones hace plantearnos la teoría de que, al igual que en la sanidad, también existe la investigación policial pública y la privada. Después vino la comparecencia del ministro Jorge Fernández Díaz, en la que se tragó el marrón de reconocer lo que ya había alarmado a todo el mundo. A partir de ese momento comenzó una operación de lavado de imagen de la Policía que ha roto todos los esquemas informativos de este tipo de casos. La presencia del comisario responsable de la investigación, de uniforme, en unos platós de televisión que no se caracterizan precisamente por el rigor periodístico ha hecho que se lleven las manos a la cabeza quienes ven cómo todo entra en una espiral de difícil explicación. El Ministerio del Interior y la Policía intentan ahora salvar el culo y lavar su imagen, que no es poco, mientras el juez Rodríguez Lainz tiene que cerrar la instrucción del caso y José Bretón sigue en sus trece. Lo grave será que Interior anteponga su prestigio a una rápida y definitiva resolución del macabro suceso.

Preguntas

Jesús Cabrera | 29 de agosto de 2012 a las 7:00

Pocos sucesos de la magnitud de la desaparición de los niños Ruth y José han puesto en la calle tal volumen de información sobre una investigación judicial que no está aún cerrada y que se encuentra bajo secreto sumarial. Las innumerables páginas escritas en los periódicos en los últimos diez meses, las horas de radio y de programas de televisión han dosificado de forma didáctica el trabajo realizado por los investigadores y las preguntas sobre las dudas que aún se encuentran sin respuesta. A estas alturas el nivel conocimiento en cualquier persona es lo suficientemente alto para hablar con cierta solvencia de los hechos y poder entender cualquier explicación especializada que se ofrezca. El giro dado por la investigación en esta semana ha cerrado algunas hipótesis, pero también ha aportado nuevas dudas que están por esclarecer y que son definitivas para resolver definitivamente el caso. Las preguntas, por tanto, se acumulan en progresión geométrica desde aquel fatídico 8 de octubre, pero por encima de todas estas preguntas sólo hay una cuya respuesta se espera escuchar en los labios de José Bretón. Ésta es la que hace referencia a qué fue lo que le impulsó supuestamente a vengar sus desavenencias matrimoniales en el frágil cuerpo de sus dos hijos. Por encima de detalles menores que se han ido conociendo a lo largo de estos meses ahora sólo queda saber si es verdad que un ser humano es capaz de rebajarse hasta hacer lo que hizo.

Bretón

Jesús Cabrera | 28 de agosto de 2012 a las 7:00

Ningún crimen tiene justificación. De ellos, hay algunos que sobrepasan las leyes de la lógica y hacen cuestionarse determinadas cuestiones sobre la naturaleza humana. Los datos que se van conociendo sobre los últimos momentos de los niños Ruth y José –qué trabajo cuesta ahora ponerles el apellido– nos dibujan una figura paterna que escapa, incluso, hasta de las normas de la ficción. En la historia de Córdoba, como en la de cualquier otra ciudad, se han sucedido crímenes más o menos horripilantes, pero no recuerdo ahora ninguno que supere en maldad ni en horror lo sucedido una tibia tarde de sábado en Las Quemadillas hace casi un año. Todavía queda mucho por conocer de lo ocurrido aquel día de octubre, pero cualquiera puede predecir que no habrá un sólo dato que no deje de retorcernos el estómago de repulsión y asco. Lo quiera o no, José Bretón ahora sí que está acorralado y las excusas del Parque Cruz Conde ya no distraen a nadie. Es momento de que este hombre menudo de mirada triste se enfrente de una vez por todas a la realidad y afronte con valentía lo que hizo. La Justicia está ya a un paso de cerrar la instrucción de un doloroso caso que han mantenido en vilo –sensacionalismos aparte– a España entera. A partir de este momento, a Bretón sólo le queda una dramática soledad con la que debe afrontar la responsabilidad de unos hechos que no se olvidan con facilidad y que nos duelen a todos.

Qué gran día

Jesús Cabrera | 27 de agosto de 2012 a las 7:00

Es un lugar común considerar al lunes como el peor día de la semana. Tanto es así que existe el síndrome del domingo por la tarde, que deprime a muchos que temen al lunes con sólo escuchar la sintonía de Carrusel Deportivo. Este día es el que nos separa más la meta en el horizonte del ansiado fin de semana, tiempo para el descanso y el ocio. Ahora resulta que no, que el lunes no produce cambios en el ánimo de las personas distintos a los causan los martes, los miércoles o los jueves. Un estudio realizado por la prestigiosa consultora estadounidense Gallup destroza el mito depresivo que desde antiguo envuelve este día. Una encuesta realizada nada menos que a 340.000 personas contemplaba preguntar a los entrevistado por el estado de ánimo que tuvieron el día anterior. Los sentimientos más optimistas y alegres se condensaron, con toda lógica en los días finales de la semana, del viernes al domingo. En cambio, en las cuatro primeras jornadas no había la más mínima diferencia. La tristeza que podía provocar un lunes no era en nada diferente de la generada un miércoles o un jueves, algo que sorprendió a los autores de la encuesta. De este modo queda destrozado uno de los tópicos más compartidos por todas las personas en todas las latitudes, pero esto no evitará que el lunes siga ocupando el lugar que ocupa en la semana y que con su llegada veamos todavía muy lejana la llegada del viernes, que es lo que realmente queremos.

El paisaje, patrimonio común

Jesús Cabrera | 26 de agosto de 2012 a las 7:00

Resulta enigmático el interés que el alcalde, José Antonio Nieto, mostró el otro día en quitar hierro al incendio que, como todos los años, arrasó un buen puñado de hectáreas en el campo de tiro de la Brigada en Cerro Muriano. Dijo que podía pasar desapercibido de haber ocurrido en otro sitio y que no tuvo mayor importancia. La importancia no se la damos nosotros, sino el propio Ejército, ya que todo un ministro de Defensa vino a Córdoba para explicar un plan que evitaría estos incendios y que parece ser que no ha dado el resultado que se esperaba. Sea en el campo de tiro o en cualquier otro lugar el paisaje es una propiedad común y el dueño de un terreno no puede hacer lo que le plazca en él porque el resultado afecta, de una u otra forma, a la colectividad. Los incendios en el campo de tiro de Cerro Muriano preocupan cada año a los cordobeses y el grado de interés por el paisaje nos lo marcamos nosotros mismos.

Canito

Jesús Cabrera | 25 de agosto de 2012 a las 7:00

Canito es una gorra blanca apoyada en el burladero, una cámara de carrete y, sobre todo, la memoria gráfica de la tauromaquia de buena parte del siglo XX. Francisco Cano es noticia cada año por estas fechas, porque posiblemente sea el único testigo vivo de la famosa corrida de Linares en la que resultó mortalmente herido Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. Él estuvo allí, con su gorra blanca y su cámara de carrete, con la que no dejó de disparar desde que lo enganchó Islero hasta que murió en el Hospital de los Marqueses de Linares. Sus fotos, con su firma de letras redondas en un ángulo, son la única prueba gráfica de aquellas horas que tan marcadas quedaron en una sociedad. Ahora, a pocos meses de cumplir 100 años de edad, Canito convalece en el Hospital de Basurto después de fracturarse la cadera al salir del hotel en el que se hospeda con motivo de las Corridas Generales de Bilbao. Porque este fotógrafo, casi centenario, sigue al pie de cañón, de feria en feria, de burladero en burladero, como incuestionable decano de la información taurina. Este percance hará que durante un tiempo su figura menuda deje de ser esa constante en toda plaza de toros como lo ha sido en las últimas décadas. En estos tiempos en los que desde el tendido se alzan centenares de teléfonos móviles para inmortalizar las faenas, Francisco Cano sigue fiel a una técnica y a una estética de la que es el único representante. Y lo será por muchos años.