El milagro de San Álvaro

Jesús Cabrera | 9 de mayo de 2011 a las 7:07

Ayer la romería al santuario de Scalacoeli, como es sabido. Y se obró un nuevo milagro de San Álvaro, que derramó sus gracias durante la jornada. Por una parte, fue el primer domingo soleado en muchas semanas, sin que el agua afectase gravemente tanto el desarrollo del programa festivo como la economía de los numerosos negocios que esperan la llegada de estas fechas como agua de mayo, aunque sea contradictorio. Por otra parte, y debido a la proximidad de las elecciones municipales marcó una tregua pasajera para que la fiesta no se viese enturbiada por la disputa política. Como debe ser. Al mediodía, como manda la tradición, llegaron los caballistas, las carrozas; los romeros, en definitiva. En el santuario se oficiaba la misa en honor de San Álvaro y en las laderas de las inmediaciones se desperdigaban las criaturas bajo la sombra para preparar las viandas con las que echar el día. Y llegaron los políticos, de toda cualidad, de todo color, de toda condición. Sonrieron, besaron, saludaron y abrazaron a todo lo que se le puso por delante. El milagro que obró ayer el santo dominico fue que les permitió que dieran la tabarra al personal y por eso se dedicaron a comer y a beber, permitiendo fotografías que serían impensables en plena campaña electoral de cualquier otra ciudad. Hasta hubo un grupo, compuesto por personas de siglas rivales, que se dieron un paseo que levantó muchos comentarios. Otro milagro.

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