La gloria de la paridad

Jesús Cabrera | 19 de julio de 2011 a las 7:00

De verdad que hubiera dado dinero, creánme, por ser testigo del momento en que alguien descubre que el jurado del Premio Nacional de Cine no es paritario. El sudor frio cristalizaría en la frente de los presentes, donde alguien, con voz trémula, anunciaría que la convocatoria no es válida, que disculpen que se les haya llamado por sus méritos y por su cualificación profesional, pero que hay que empezar de cero. Qué pedazo de escena. Todos se mirarían a la cara asintiendo, con los ojos extremadamente abiertos, con el temblor en los labios de haber estado a punto de cometer el más grave de los delitos: el de infringir el sacrosanto dogma de la paridad. Aparte de las coñas marineras que provoca este asunto, hay una serie de gastos que se deben abonar y que saldrán del erario público, esos fondos que una antigua titular del Ministerio de Cultura dijo que “no eran de nadie”. Y como no son de nadie pues seguramente no sabremos quién es el culpable de este esperpento que no ha salido gratis. Además, ahora hay que nombrar otro nuevo jurado, en el que haya el mismo número de floreros de boca redonda que de boca cuadrada, para así salvar una ley que pone a la sociedad en el disparadero de situaciones tan ridículas como ésta. Porque más grave que haya mayoría masculina es cómo se justifican ahora los méritos de las mujeres que se meterán en el jurado para cumplir con los puñeteros porcentajes. Esto nos obliga a desconfiar de su valía.

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