Escuela de piratería

Jesús Cabrera | 1 de marzo de 2012 a las 7:00

En estos días se cumple el 50 aniversario de la invención del cassette, el artefacto que revolucionó la gestión personal de la música. Los aparatos reproductores permitían escuchar las canciones en lugares hasta entonces inverosímiles y también facilitaban que cada uno hiciera su propia selección. Había cintas que se vendían ya grabadas –sin olvidar el género específico que se expendía en gasolineras y en bares de carretera– para los que buscaban la utilidad inmediata. Pero la huella que dejó el cassette en todos nosotros fue en las cintas vírgenes, con sus duraciones de 60, 90 minutos o cualquier otra extensión extraña. Se podían grabar y regrabar a placer una vez que se tapaba el orificio trasero con papel celo o con una bolita de papel. Con estas recetas tan sencillas comenzaba un curso de piratería que en absoluto ponía nerviosa a la SGAE de aquellos años. Los discos de vinilo pasaban a las cintas de cassette para poder escucharse en el coche, pero no había placer comparable al momento en que se capturaba de la radio la canción de moda lo más completa posible. Así se iban almacenando éxitos de forma totalmente gratuita hasta el momento en que llegó la tecnología digital. Los CD no envejecían como las cintas, ni había que rebobinarlos con un bolígrafo bic. El salto en la calidad de sonido era abismal y esto hizo que el cassette agonizara lentamente y la SGAE comenzara a ponerse nerviosa. La piratería de alto nivel ya era una realidad.