Robo titánico

Jesús Cabrera | 15 de mayo de 2012 a las 7:00

El objeto ideal para un robo es aquel que no dé excesivos problemas a la hora de sustraerlo y que su tamaño sea inversamente proporcional a su valor. Por tanto, una pieza grande, pesada y de escasa valoración en el mercado es fácilmente descartada por los cacos, a no ser que el coeficiente intelectual de estos sea especialmente bajo. Todo lo que se salga de estos parámetros es noticiable por su excepcionalidad, como el caso del robo que frustró la Guardia Civil el pasado domingo. Los del instituto armado sospecharon de un vehículo aparcado en plena sierra, en un lugar de difícil acceso junto al antiguo trazado de la vía a Almorchón. Ese vehículo reunía todos los requisitos para ser sospechoso desde el primer momento y por eso se dirigieron al lugar para comprobar qué pasaba. Imagino que no darían crédito cuando al aproximarse a un túnel abandonado escucharon el inconfundible sonido de una radial. Efectivamente, había tres tipos troceando los raíles del tren para robarlos. Hasta ahora estábamos acostumbrados al saqueo de los cables de cobre del alumbrado público, de los aspersores de los jardines, de las tapas de las alcantarillas y de todo lo que se pusiera a tiro con la duda permanente de cómo no se persigue a quien compra este material. Pero casos de robo de raíles es el primero que ocurre en Córdoba, con el riesgo de que si no se pone freno a esto llegará el día en que pasen a robar las vías que se encuentran en funcionamiento.

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