Canito

Jesús Cabrera | 25 de agosto de 2012 a las 7:00

Canito es una gorra blanca apoyada en el burladero, una cámara de carrete y, sobre todo, la memoria gráfica de la tauromaquia de buena parte del siglo XX. Francisco Cano es noticia cada año por estas fechas, porque posiblemente sea el único testigo vivo de la famosa corrida de Linares en la que resultó mortalmente herido Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. Él estuvo allí, con su gorra blanca y su cámara de carrete, con la que no dejó de disparar desde que lo enganchó Islero hasta que murió en el Hospital de los Marqueses de Linares. Sus fotos, con su firma de letras redondas en un ángulo, son la única prueba gráfica de aquellas horas que tan marcadas quedaron en una sociedad. Ahora, a pocos meses de cumplir 100 años de edad, Canito convalece en el Hospital de Basurto después de fracturarse la cadera al salir del hotel en el que se hospeda con motivo de las Corridas Generales de Bilbao. Porque este fotógrafo, casi centenario, sigue al pie de cañón, de feria en feria, de burladero en burladero, como incuestionable decano de la información taurina. Este percance hará que durante un tiempo su figura menuda deje de ser esa constante en toda plaza de toros como lo ha sido en las últimas décadas. En estos tiempos en los que desde el tendido se alzan centenares de teléfonos móviles para inmortalizar las faenas, Francisco Cano sigue fiel a una técnica y a una estética de la que es el único representante. Y lo será por muchos años.

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