Bretón

Jesús Cabrera | 28 de agosto de 2012 a las 7:00

Ningún crimen tiene justificación. De ellos, hay algunos que sobrepasan las leyes de la lógica y hacen cuestionarse determinadas cuestiones sobre la naturaleza humana. Los datos que se van conociendo sobre los últimos momentos de los niños Ruth y José –qué trabajo cuesta ahora ponerles el apellido– nos dibujan una figura paterna que escapa, incluso, hasta de las normas de la ficción. En la historia de Córdoba, como en la de cualquier otra ciudad, se han sucedido crímenes más o menos horripilantes, pero no recuerdo ahora ninguno que supere en maldad ni en horror lo sucedido una tibia tarde de sábado en Las Quemadillas hace casi un año. Todavía queda mucho por conocer de lo ocurrido aquel día de octubre, pero cualquiera puede predecir que no habrá un sólo dato que no deje de retorcernos el estómago de repulsión y asco. Lo quiera o no, José Bretón ahora sí que está acorralado y las excusas del Parque Cruz Conde ya no distraen a nadie. Es momento de que este hombre menudo de mirada triste se enfrente de una vez por todas a la realidad y afronte con valentía lo que hizo. La Justicia está ya a un paso de cerrar la instrucción de un doloroso caso que han mantenido en vilo –sensacionalismos aparte– a España entera. A partir de este momento, a Bretón sólo le queda una dramática soledad con la que debe afrontar la responsabilidad de unos hechos que no se olvidan con facilidad y que nos duelen a todos.

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