Emilio Carrillo, persona non grata

elmacero10 de agosto de 2008 a las 12:19 pm

La imagen tiene cierto tiempo. Es verdad. Pero lo cierto es que desde hace unos dos meses más o menos, puede que incluso algo más, costaba bastante verlos juntos en actitud fraternal. Emilio Carrillo, que la pasada semana precipitó la crisis interna que vive el PSOE en el Ayuntamiento con su dimisión al frente del área de Urbanismo, que ha dirigido durante un lustro, no estaba para gestos hacia la galería. Tras ver cómo el alcalde toleraba un ataque frontal contra su persona por parte del edil de Tráfico, Francisco Fernández (el llamado caso Hytasa), y decidir hacer público su respaldo a la candidatura a la secretaría general del PSOE de José Antonio Viera, el ex vicealcalde optó por guardar un elegante silencio y dejar de ir a los actos de la agenda institucional. Su gráfica ausencia, al principio, pudo salvarse ante las preguntas de los periodistas con pretextos varios, pero pronto quedó de manifiesto que todos los asuntos de Urbanismo susceptibles de tener buen tratamiento público iban a ser capitalizados a partir de entonces directamente por Monteseirín. El alcalde, que sólo ha recurrido a esta fórmula en los periodos previos a las dos campañas electorales que ha vivido como regidor, no estaba dispuesto a que Carrillo siguiera siendo asociado a los grandes proyectos de la ciudad. De ahí que el Plan de Barrios, la ubicación de la Ciudad de la Justicia y la ceremonia de la colocación de la madera en la Encarnación tuvieran al regidor como único protagonista y al ya ex edil de Urbanismo como único ausente. Carrillo sólo iba ya a los Plenos, donde su condición de concejal electo –que piensa mantener, aunque esto moleste a algunos antiguos camaradas– le obligaba a cumplir, aunque sabiéndose persona non grata ante el entorno de la Alcaldía.

La gota y el vaso (I)

Alguno responderá que decir esto es una exageración. Que no responde a la realidad. Y, como argumento, recordará las palabras públicas de Monteseirín en relación a la marcha de Carrillo, diciendo que lo institucional no tiene nada que ver con lo orgánico. Bueno, cada uno puede sacar las conclusiones que estime más convenientes, pero algunos hechos hablan solos. Mejor que cualquier discurso. Un único ejemplo: una de las razones que inclinaron a Carrillo a dejar su puesto en el gobierno local fue la decisión de una compañera del ejecutivo local (comunicada además por vía telefónica) de retirarle de pronto el servicio oficial de escoltas que venía garantizando, desde hace años, la seguridad del vicealcalde. La responsable de tal decisión fue Nieves Hernández, edil de Seguridad Ciudadana y, en lo orgánico, afín al concejal de Presidencia y edil de Hacienda, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Carrillo, al parecer, no sólo no era ya bien visto por el entorno del alcalde, sino que, por lo visto, no tenía derecho, siendo concejal, tampoco a tener a agentes de la Policía Local –a cargo, por tanto, del Ayuntamiento– encargados de su seguridad. Una decisión que, con la que está cayendo, habla por sí misma. Sin más comentarios.

La gota y el vaso (II)

A esta aparente represalia en el delicado asunto de la seguridad personal, siguieron otros numerosos detalles que, lógicamente, demuestran que la situación de distanciamiento entre Carrillo y sus antiguos compañeros de filas (una parte de ellos, al menos) no tiene vuelta atrás. Junto a Hytasa –el litigio penal en el que Fran Fernández intentó ponerle al pie de los caballos– las sentencias del TSJA sobre la expropiación de Tablada y el pleito de Los Gordales (esencial para el proyecto de la Ciudad de la Justicia) fueron otras dos gotas que colmaron la paciencia del ex concejal de Urbanismo. A pesar de que ambos asuntos eran competencia única de Urbanismo, Carrillo se enteró de ambos fallos por los periodistas, que intentaron contactar con él para obtener una reacción oficial de ambas cuestiones. El sentido de ambos fallos fue comunicado por la Gerencia a la Alcaldía obviando por completo al responsable político del urbanismo sevillano, que no era otro que Carrillo. Probablemente a estos dos episodios son a los que se refería el edil cuando calificó de “disfunciones insuperables” los problemas de coordinación que existían entre Urbanismo y la Alcaldía.

“Yo quiero seguir…”

Claro que el problema, en primera instancia, puede haberlo sufrido Carrillo, pero al final quien también lo va a tener que soportar es el propio alcalde. De hecho, todo conduce a él: Monteseirín debe en los próximos meses remodelar su ejecutivo –tenía previsto hacerlo antes de congreso del PSOE alegando mejoras institucionales, pero dejó los cambios en suspenso por falta de coyuntura más favorable–; asumir directamente todas las competencias del área de Urbanismo –una tarea que le garantiza mayor protagonismo mediático, pero que también le obligará a responder de otros muchos asuntos incómodos– y, de paso, estar pendiente de los cambios que el PSOE quiere hacer en septiembre. Ayer, en una entrevista en la prensa nacional, el regidor lanzaba su mensaje: “Yo quiero seguir. Creo que me lo merezco. Quiero estar aquí para disfrutar (los grandes proyectos puestos en marcha en estos años). Quiero vivir ese momento”.

…Ahora bien

Tales comentarios no suponen, en general, ninguna novedad –Monteseirín los viene haciendo casi desde antes de las elecciones municipales–, aunque lo que sí tiene cierta punta es el matiz que expresa en público el alcalde en dicha entrevista. “Ser alcalde de Sevilla doce años, para mí, es suficiente, me colma. Ahora: que el partido, cuando sea y como sea, plantea que puede ser de utilidad que además de estar aquí pueda estar en otro sitio…”. Monteseirín no llega a terminar la frase. La deja abierta, casi colgando. Pero, que se recuerde, es la primera vez que el regidor deja (entre)abierta la posibilidad, siquiera como hipotésis, de aceptar una supuesta oferta del PSOE como opción alternativa a la Alcaldía. Parece pues que algo se mueve. O que el subconsciente traiciona a alguno. Se admiten apuestas sobre si, al final, habrá o no una propuesta formal por parte de los dirigentes socialistas.

Voto de silencio

Quien no ha dicho esta semana esta boca es mía, y eso que la crisis le afecta también de lleno, es el Primer Teniente de Alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos (IU), al que Carrillo llamó el lunes para comunicarle personalmente su decisión de abandonar el gobierno local por la falta de confianza del alcalde. Torrijos, que tuvo en Carrillo un aliado en momentos difíciles, como ocurrió en el desalojo de Los Bermejales, no ha tenido palabra alguna a favor del delegado saliente. Ni en contra. Cosa extraña, siendo él tan dado a los discursos.

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Un cronista descreído de la vida política municipal.

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