Demetrio Pérez da el paso
Por fin se decidió. El candidato a la secretaría general del PSOE de Sevilla por el denominado sector crítico del Partido Socialista –hasta hace poco los oficialistas bromeaban sobre sus rivales llamándolos “los críticos anónimos”, porque rara vez daban la cara en público aunque todos saben muy bien de quiénes se trata y cuántos son– optó este fin de semana por dar el paso adelante que venían reclamándole algunos significados militantes opuestos a la dirección política de José Antonio Viera. Ahora ya hay rostro. Referente –según suele decirse– alternativo al actual secretario general. Está claro pues que habrá posibilidad de comparar entre dos estilos o modelos de dirigir la agrupación sevillana de los socialistas. Los críticos venden renovación y aires nuevos, en contraposición a Viera, aunque lo cierto es que este planteamiento –como todos en esta liza por el poder– es interesado, porque en ambas listas en realidad se enfrentarán generaciones políticas parecidas, si bien en puestos algo menos visibles.
¿Cómo si no llamar a la enconada guerra civil que desde hace años mantienen dirigentes como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (crítico) y Susana Díaz (oficialista)? ¿Acaso no son de la misma quinta? Eso de que la pugna es entre renovación y tradición no es tan cierto. Como tampoco que entre los críticos haya una posición única a la hora de enfrentarse a la dirección política actual. De hecho, empiezan a verse ciertos detalles que inducen a pensar que, pase lo que pase hasta el cónclave de julio, aquí cada uno hará su juego según le convenga. Pérez, que el viernes mostrará cuáles son sus cartas en esta partida, se ha cuidado estos días de seguir la senda que algunos le habían trazado antes de tiempo. Retrasó su acto de proclamación hasta ahora para no quemarse –cosa que sí le sucedió a la consejera Naranjo hace meses– y, frente a las sorpresivas huidas o ausencias de las reuniones del partido de Celis o de Monteseirín, el nuevo valor en alza del socialismo sevillano se quedó el otro día hasta el final del Congreso Extraordinario, algo lógico si lo que necesita es convencer a los indecisos. Pérez, pues, no sólo salta a la palestra, sino que busca marcar su propio estilo, sin padrinos aparentes.
Cuestión de estilo
Y es que a Deme, como le llaman sus amigos, el estilo siempre le ha sido muy grato. Gratísimo. Por algo cuando estaba en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra le conocían, en tono de broma, con el sobrenombre de Demetrio Tucci, dada su afición a los trajes de contrastada calidad, disciplina que transmitió al hoy alcalde, Antonio Gutiérrez Limones. Esta singular tendencia en el vestir, con el correr del tiempo, ha terminado por convertirse en algo sustancial de su personalidad. Inherente. Al igual que al elegir un terno, Pérez busca ahora dejar su propio trazo dentro del PSOE sevillano, principiar su camino. A priori, y en teoría, diferente del que ha marcado la última etapa de la más convulsa y más importante agrupación socialista de España. La sevillana.
Marcando distancia
Por eso no debe sorprender a nadie que en los próximos días el aspirante, por aquello de seguir apuntando maneras, vaya a empezar a mostrar contenidas pero evidentes distancias con respecto a ciertos discursos de la familia crítica. Sobre todo con opiniones mucho más vehementes que la suya en relación a cómo se deben hacer las cosas. De hecho, hay quien susurra que en el mismo Congreso Extraordinario del sábado ya empezó a hacerlo. Algunos de quienes se sentaron junto a él cuentan que, a algunos íntimos, les dijo que él no hubiera hecho las cosas de la manera que, por ejemplo, decidió hacer Lucía Rodríguez, la líder de la agrupación Cerro Amate que pidió ratificar en votación secreta las listas del PSOE a los congresos federal y regional, propuesta que dio pie a una apabullante mayoría para Viera (90% a 10%) que los críticos tuvieron después que neutralizar.
El ‘factor Monteseirín’
Otra de las estrategias potenciales que se dibujan sobre el horizonte del PSOE de Sevilla, sobre todo ahora que la candidatura del delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla ya es pública, es la de separarse –en lo posible– de la figura del alcalde hispalense, cuyo enfrentamiento con Viera es tanto político como personal. Y es que, al igual que ocurre fuera del partido, la marca Monteseirín tiene un valor político relativo. Eso se explica que los oficialistas repitan una y otra vez que el líder de los críticos es el alcalde de Sevilla, cuyo grado de rechazo entre la militancia es notable. La irrupción de Pérez deja a Viera sin este argumento. Al aspirante, además, le conviene más consolidar su propia figura –como sinónimo de la renovación– que guardar fidelidad a un regidor que sólo ha ido dos veces en cuatro años a las reuniones de la Ejecutiva. Lo que todavía no se sabe es si estas distancias con la órbita municipal hispalense –que algunos interpretan como una puerta abierta que Pérez deja expedita con vistas a un hipotético pacto de conciliación de última hora si las cosas no salen tan bien como los críticos venden– incluye únicamente a Monteseirín o también a otros significados escuderos de éste, como Gómez de Celis o Fran Fernández.
¿Con quién está Limones?
Por cierto, que quien tiene a todos despistados es Antonio Gutiérrez Limones, el alcalde de Alcalá. Hasta hace unos días los críticos decían que era su gran embajador para ganar apoyos en la provincia. Tras la comentada loa al consenso en el Congreso del sábado ya no es tan seguro. Cosas que pasan.
Hasta el lugar cuenta
Para que se hagan una idea de cómo está las cosas, sepan que hay hasta cábalas en el PSOE sobre el lugar que se elegirá para el acto formal de presentación de Pérez. Una opción es el Hotel Al-Andalus de la capital. Hay otras alternativas sobre la mesa. Hay quien sugiere un municipio de la provincia para evidenciar que cuentan con apoyos provinciales. Pero ¿más que Viera?


