La escala de grises

Hyde | 4 de diciembre de 2008 a las 14:43

  Los malos son más atractivos. No lo digo yo, lo dicen los científicos. Y si está claro que la gran ventaja de las series frente al cine es que cuentan con más tiempo para todo, en lo que más se nota es en el desarrollo de los personajes. En la vida no hay blancos y negros, sino un largo catálogo de grises. Y si en el cine es difícil encontrar decentes malos-malísimos (el último, el genial Joker de Heath Ledger), en la televisión acaban por caernos simpáticos.

Todo empezó, también, con Tony Soprano y James Gandolfini. Un brutal gordo mafioso y asesino acabó por conquistarnos el corazón con sus incoherencias, sus problemas como padre de familia, y los riesgos a los que se enfrentaba a diario como jefe de la mafia de Nueva Jersey. Tony nos daba miedo pero a la vez era el amigo que querríamos tener.

De ahí pasamos a The Shield, brutal serie sobre policías corruptos pero eficaces en la lucha contra el crimen en un distrito de Los Ángeles, una historia que nos suena cercana en Málaga y Sevilla, ¿verdad?. Protagonizada por Michael Chiklis, su personaje Vic Mackey empieza resultando odioso y acaba siendo uno más de la familia, a pesar de sus defectos y su carácter liante. Tras siete temporadas por las que han pasado por la serie como personajes gigantes de la escena como Forest Whitaker y Glen Close, The Shield acabó su séptima y última temporada el pasado 25 de noviembre. Hasta la fecha no hemos visto de forma más descarnada las miserias de la droga, la prostitución y la delincuencia de las bandas callejeras en una pantalla. El propio Chiklis, al que conoceréis como ‘La Cosa’ de los 4F, ha tenido problemas para desengancharse de su personaje, como reconoció al NYT en este gran reportaje.

Mucho más ambiguo, para algunos un ángel exterminador, para otros un psicópata peligroso, es el Dexter de Michael C. Hall, uno de los mejores actores que ahora dominan la pequeña pantalla. De funerario homosexual ha pasado sin problemas a asesino/justiciero traumatizado. Pero Dexter, en el fondo, es bueno.

Y de coqueteos de buenas personas con el mal trata, como indica su propio nombre, una de las últimas sorpresas de la TV en EEUU: Breaking Bad. No se la pierdan.

  • Julia

    Qué decir de una serie que es lo mejor que he visto en mucho tiempo en cine y televisión. Me chifla esa forma de rodar con la cámara al hombro, como si fueras uno del equipo; la fotografía sobreexpuesta para mostrar un L.A. más que pasado (lo copiaron de CSI Miami?). No hay malo que me caiga peor que el acompañante tontorrón y enteraíllo de Vic, Shane, pero me tiene pendiente de todo lo que hace. Ni malo que me caiga mejor que el propio Vic: sufro con sus errores y me alegro de sus triunfos (delictivos, por supuesto). El duelo interpretativo que mantiene en la quinta temporada con Forest Whitaker es espectacular, te deja sin aliento, y tan solo no alcanzo a comprender el atractivo físico que le ven las mujeres de la serie. Eso sí, seria el mejor compañero de copas y la mejor fuente policial que podria tener un periodista.
    Aunque me cree problemas, me ha vuelto más adicta que Los Soprano. Sólo así se explica que me esté tragando las dos últimas temporadas en inglés, pese a mis graves carencias en el idioma.

  • Hyde

    Vic no es malo, sólo está un poco descarriado… Y felicidades por tu inglés: con el ‘slang’ de las bandas callejeras de LA, a mí me resulta imposible no leer los subtítulos…

  • Su

    La bondad como virtud es inexistente al menos al cien por cien en cualquier persona; en todos habita una pizca de egoísmo, innata, que en algunas ocasiones controlamos y en otras dejamos escapar por diferentes motivos: satisfacción personal, necesidad, presiones, etc. Lo mismo ocurre con la maldad, pienso, aunque es cierto que hay personas más entregadas al lado oscuro. Lo mejor de Dexter y The Shield es sin duda esa complejidad que nos mantiene en vilo y en constante desasosiego porque es imposible apostar por el bien sin caer en el pecado. Como suele decirse, la vida no es tan sencilla.