Y John Wayne se convirtió en John Ford

Hyde | 8 de marzo de 2009 a las 17:41

Toda regla tiene sus excepciones. La tesis fundacional de este blog, su propio nombre, se basa en la creencia de que se está haciendo mejor ficción cinematográfica en la TV que en el mismo cine. Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Dexter, Roma, Hermanos de sangre, The Shield, Damages, The United States of Tara (de la que hablaremos mañana)… La lista es larga. Pero repetimos, hay más que honrosas excepciones. El maestro Clint Eastwood es una de ellas. Lástima que no quiera hacer televisión (ni falta que hace, para un genio que nos queda en el cine). La historia de Harry el Sucio, del bueno, del fugitivo de Alcatraz, del sargento de hierro, del jinete pálido, es la historia de una metamorfosis. De cómo John Wayne se convirtió además en John Ford. Eastwood es el prototipo perfecto del hombre clásico, nada de metrosexuales, ambigüedades o conflictos internos mal asumidos. Es virilidad, es ternura, es una mirada dura que refleja lo perra y jodida que es la vida, es la voz del que lo ha visto todo pero quiere seguir adelante. Hay que ver Gran Torino. Hay que querer, admirar, conservar en un frasco al viejo Clint. No sé qué haremos sin él.

  • Agustín Rivera

    Celebro tu vuelta, forastero. El gran Clint se lo merece. ¿Viste la portada de la revista Esquire de enero? “Alégrame el año, Clint”.