Está tostada

Hyde | 5 de abril de 2012 a las 13:59

No hay nada remotamente parecido en televisión a ‘Mad Men’. Y quien ha intentado acercarse, copiarla o siquiera osar mirarla de reojo, se ha estrellado estrepitosamente, ya sean las azafatas de ‘Pan Am’ o esa tontuna con la que la NBC volvió a humillarse llamada ‘Playboy’, que duró dos telediarios. La serie de culto de Matt Weiner tiene un ritmo, una estética y una cadencia narrativa propias e intransferibles, y su independencia artística roza la prepotencia frente a las miserias de los cliffhangers o los mcguffins a los que estamos habituados en otras ficciones.

¿Alguien es capaz de explicar de qué va ‘Mad Men’ en una frase? ¿La vida en la América de los 50 y los 60? ¿El desarrollo del mundo de la publicidad y el marketing en Madison Avenue? ¿El retrato de un ejecutivo de edad media con sus secretos, ambiciones e incoherencias masculinas? ¿La lucha de un grupo de mujeres por lograr la igualdad de derechos y oportunidades con los hombres en un entorno despiadadamente machista? Cualquier definición de ‘Mad Men’ tiene necesariamente que quedarse corta, porque estamos ante una enciclopedia. Brillante hasta deslumbrar, adictiva como pocas y entretenida hasta cortar la respiración, pero enciclopedia sobre la vida en un momento temporal al fin y al cabo.

En estos días de ‘hype’ por el regreso de la por otra parte excepcional ‘Juego de Tronos’, sublime adaptación de la colosal obra literaria de George R.R. Martin, se han leído muchas exageraciones. Sí, es genial, refleja estupendamente la riqueza de los libros -por algo Martin es productor- y se nota que la HBO se está gastando una pasta gansa. Pero por mucho que pese todo eso, resulta totalmente precipitado arrebatarle la corona a ‘Mad Men’ o a ‘Breaking Bad’, tras cuatro años históricos en la más modesta AMC. Hace dos semanas, tras dos largos años de espera por una durísima negociación para su renovación, volvió la quinta entrega de la vida de Don Draper y compañía. Draper es y será para siempre uno los más fascinantes y complejos personajes de la ficción audiovisual. Es un catálogo de virtudes y defectos, y sin llegar al exceso de Tony Soprano, nos ha enfrentado como nadie con el lado oscuro que todo hombre intenta dominar.

El reencuentro con la oficina de publicistas, como no podía ser de otra forma, fue raro. Chocante. Costó cogerle el ritmo, sincronizarse con esta forma especial y única de contar una historia. No era la serie, sino los espectadores. Pero el tercer capítulo, dirigido precisamente por Jon Hamm, el actor que da vida a Draper, nos devolvió a la excelente cuarta temporada.

Por muchos dragones, lobos huargos, Starks y Lannister que campen por Poniente, que nadie se atreva a bajar todavía del trono a ‘Mad Men’. Como diría Draper, “It’s toasted”.

  • Manuel J. Lombardo

    Estimado Hyde,
    No puedo compartir tu entusiasmo por Mad Men, temporada 5, que me parece directamente pensada y escrita ya para sus exégetas, críticos y analistas académicos más que para su espectador, digamos, medio. Y lo del maquillaje-látex de la pobre Betty es de chiste, por decir algo suave. Estancamiento, vuelta a lo mismo, redundancia… todo apunta a una autocomplacencia peligrosa. Ya el final de la 4ª apuntaba esta deriva con esa boda in extremis. En fin, hubo tiempos mejores, también en esta serie.
    Saludos,
    No comment

  • Hyde

    Ten paciencia, admirado compañero. Seguramente soy menos exigente y menos lúcido que tú. Lo mismo que el formato de las series les da bastante ventaja narrativa respecto al cine, esa continuidad y longitud en el tiempo también nos vuelve a veces más fans que críticos…

    La boda tampoco me convenció, pero la cuarta temporada tuvo momentos sublimes, como aquel ‘The suitcase’.

    Un saludo afectuoso

  • Joaquín

    Parece que esta serie pinta muy bien y llevo unos meses con el interés de querer verla, pero por el poco tiempo que manejo me es imposible.

    La que si pude degustar fue “Breaking Bad” (Para mí, algo increíble)

    Buena publicación.

    Un saludo.