El caso ‘Fringe’

Hyde | 19 de diciembre de 2012 a las 20:01

Pocas series llegan a los cien episodios. Y menos aún se despiden en todo lo alto con ese número redondo. Así lo hará ‘Fringe’ en su corta quinta temporada, con un capítulo doble, de dos horas, que emitirá en Estados Unidos la cadena Fox el 18 de enero. De ‘Fringe’ se puede escribir un tratado. De sus errores y de sus aciertos, del extraño fenómeno que supone -como sus casos- que en la dura selva televisiva una serie con poca audiencia haya logrado sobrevivir tanto tiempo. Lo ha hecho tanto por el prestigio que aportaba a la cadena como por su entusiasta legión de fans en todo el mundo, que llevan un par de años movilizándose cada invierno y primavera para evitar su cancelación. Sin tantos premios que la justifiquen, le ocurre algo parecido que a ‘The Good Wife’. La ven pocos espectadores para tratarse de una emisión ‘network’ en abierto, pero el perfil de los que la siguen es el sueño de todo director comercial.

 

Todos los creyentes en ‘Fringe’ hemos tenido nuestros desencuentros con una trama caótica, con universos paralelos en los que hasta el más devoto seriófilo se ha perdido. Uno diría que hasta los showrunners y guionistas han cambiado de realidad demasiadas veces, sin tener muy claro si se trataba de una serie procedimental o si había que darle mayor carga a la trama de largo recorrido. Pero la mayoría se lo hemos perdonado todo. Porque de vez en cuando, la más digna heredera de ‘Expediente X’ te regala un capitulazo sensacional, de piel de gallina, como ese ‘The bullet that save the world’ reciente. Y porque ha sido capaz de crear momentos épicos, escenas fantásticas como ese Central Park gris de esta quinta temporada, villanos sensacionales como los observadores, una suerte de blues brothers extraterrestres y calvos. Sí, muchas cosas en ‘Fringe’ parecen de risa, pero son un asunto muy serio. Y, si queremos a esta serie, es sobre todo porque tiene a actores como John Noble y Anna Torv y a personajes como Walter Bishop y Olivia Dunham.

Ahora, ya filmado el último episodio, con su estupendo -y pluriempleado con sus ‘alternates’- casting de despedida, uno se pregunta qué habría ocurrido si J.J. Abrams no fuera ese culillo de mal asiento y no la hubiera dejado tirada tan pronto. Si el inquieto director-productor no se hubiera empeñado en sacar nuevas series como churros para sustituir a ‘Fringe’ pero sin llegar nunca a la altura de sus zapatos -sí, me refiero a ‘Alcatraz’ y a ‘Revolution’-. Porque la parrilla se quedará absolutamente huérfana en enero en el género paranormal. Será difícil encontrar algo parecido, por extraño, por valiente, por loco, por raro. ‘Fringe’ es un caso ‘fringe’ en sí misma.

 

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