Una violencia nada utópica

Hyde | 30 de enero de 2013 a las 23:11

Si la pasada semana revisamos la ‘gore’, palomitera y de susto fácil ‘The Following’, toca hablar ahora de uno de los estrenos británicos del nuevo año, la impactante, oscurísima y brutal ‘Utopía’, un thriller conspirativo que ha sido definido por algún crítico anglosajón como el mejor purgante para acabar con los excesos de azúcar de la Navidad. Porque ‘Utopía’ es dura como el pedernal, agria y desagradable como el aceite de ricino, una de esas series en las que uno se plantea por momentos la conveniencia de seguir con los ojos abiertos, con escenas que recuerdan a ‘La naranja mecánica’ y ‘No es país para viejos’. No hay un solo resquicio para la humanidad o para la bondad, y los malos, efectivamente, son una versión british del Anton Chigurh que bordó Javier Bardem para los Coen: pura maldad, cero empatía y un ‘look’ esperpéntico.

 

El comienzo de la serie es de por sí un puñetazo en el estómago: resulta aconsejable no verla mientras se está cenando. Nadie puede decir que no está avisado del disgusto, porque unos créditos se encargan de advertir al espectador despistado de que está a punto de ver imágenes que pueden herir su sensibilidad. Y tanto que la herirán. La zarandearán, pellizcarán, golpearán y pisarán. En ‘Utopia’ hay, por ejemplo, una escena de tortura que hace parecer un juego de niños las de ‘Zero Dark Thirty’ y que daría escalofríos a Tarantino. Chile, tierra, lejía y una cuchara, por un lado, y los ojos del torturado, por otro, componen una de las secuencias más desagradables mostradas en mucho tiempo en televisión. Y en el cine.La historia, de partida, no es demasiado original pero sí un tanto chocante. Un genetista que acabó suicidándose dibujó unos cómics en los que presuntamente cuenta los planes de una corporación farmacéutica internacional para desarrollar nuevas enfermedades y epidemias mortales. Un heterogéneo y excéntrico grupo de desconocidos que tienen un chat por internet y comparten su querencia por las teorías conspirativas o el trabajo del supuesto artista, se hace con una copia, que por supuesto los malos quieren a toda costa y sin dejar testigos. Entre los protagonistas y secundarios, Nathan Stewart-Jarret (‘Misfits’), Paul Higgins, el ‘preguntón’ Neil Maskell y el que parece uno de los cabecillas de la conspiración, Stephen Rea. Detrás de las cámaras, escribiendo y dirigiendo, gente solvente como Dennis Kelly y Mark Munden (‘The Crimson Petal and the White’). No, esto no es ‘Downton Abbey’.

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  • Russell Bell

    La serie presenta los ingredientes básicos de un producto de puro entretenimiento: teoría de la conspiración, científico loco, cómics, malvados de tebeo. Es decir, todo lo que cuenta está lo suficientemente contextualizado en la “pura ficción” Uno difícilmente va a encontrar un espejo en el que mirarse o que le devuelva una imagen de realidad con la que enfrentarse. No hay problema; se puedo (yo puedo) disfrutar con este tipo de productos de pura diversión.
    Pero, Utopía, añade a este guiso convencional un nuevo ingrediente: la violencia explícita de alto voltaje. No explosiones lejanas y caídas desde el piso 60º inofensivas de tan vistas. Además la violencia es un atributo de todos los personajes, independientemente del bando en el que estén. Es decir, ni siquiera son un atributo de la maldad. Y en la mayoría de las veces no es esencial al desarrollo de la trama y no sirve para caracterizar un personaje porque, como digo, está repartida a partes iguales.
    Esto me deja pensando. ¿Hay algo que se me escapa, algo que no acabo de entender?