Empacho argumental

Hyde | 16 de enero de 2013 a las 19:50

Uno tendería a pensar que ‘Banshee’ es un totum revolutum, un cocktail tan extraño y chocante como fuerte, una rarísima mezcla de ‘Único testigo’, ‘Prison break’, ‘Justified’ y ‘True Blood’, hasta que descubre que el excéntrico Alan Ball es uno de sus productores ejecutivos. Entonces todo empieza a cobrar sentido. Bueno, todo exactamente no, pero uno se hace a la idea de que puede ocurrir cualquier cosa mientras la ve. El piloto de esta serie estrenada hace unos días por el canal Cinemax, de la cadena de pago HBO, es uno de los más intensos de los últimos meses: no hay charco en el que sus guionistas no se metan con valentía.

Tenemos al protagonista, encarnado por el macizo neozelandés Antony Starr, un ladrón recién salido de prisión, un tipo duro, curtido pero al fin y al cabo nuestro héroe. A su novia, que quince años después se ha casado, ha tenido hijos y ha asumido otra identidad en un pueblo de Pensilvania donde por cierto, para liarla más, hay una comunidad amish. Al mafioso local, casualmente es hijo repudiado de ese colectivo religioso y dueño, entre otras cosas, de un matadero. Al gran mafioso de Nueva York al que la pareja robó unos diamantes (el británico Ben Cross). A un alcalde joven que quiere contratar a un sheriff insobornable para encarcelar a su mafioso. Al fiscal del condado que es el marido de la ex novia del protagonista. A un peluquero-hacker muy al estilo Lafayette de ‘True Blood’, que ayuda al protagonista a convertirse en ese sheriff. A un barman socarrón que ‘adopta’ al protagonista y fue campeón del peso welter. Por si fuera poco, en el piloto también hay cinco muertes, una persecución con motos, coches y autobuses que vuelcan, tres peleas a cada cual más salvaje, un descubrimiento de paternidad, el robo de una caja fuerte que parece difícil de abrir, una cicatriz sospechosa y un cunnilingus. Sí, han leído bien. Y aunque parezca mentira, todo lo anterior ocurrió en sesenta minutos de un episodio que incluso se llega a disfrutar a pesar del atracón.

Así que, si por lo general resulta difícil -y existe una alta probabilidad de error- juzgar una serie por su primer episodio, imaginen hacerlo con semejante empacho visual y emocional. Da terror pensar en el segundo capítulo. Por las barbaridades que pueden ocurrir o porque simplemente a los escritores no les queda una sola tecla por tocar.

 

El mejor trago seriófilo

Hyde | 9 de enero de 2013 a las 22:42

‘Justified’ es como un buen bourbon de esos que se tragan de un buche sus protagonistas en la barra de uno de los muchos bares de Harlan a los que nos lleva: al principio puede costar un poco que entre, pero luego uno va cogiéndole el gusto, apreciando sus matices, incluso paladeando el sabor a madera vieja, disfrutando de lo duro de una de las mejores series de la actualidad, una mezcla entre un western moderno y una novela negra. El martes se estrenó en Estados Unidos la cuarta temporada de esta serie basada en los relatos de Elmore Leonard, veterano escritor que ha acabado de productor y guionista con la colaboración del ‘pata negra’ televisivo Graham Yost (‘Hermanos de sangre’, ‘The Pacific’). Posiblemente sea la serie con los mejores diálogos de la televisión, nada que ver con el estilo ‘Sermonorkin‘. Aquí no escucharán largas y perfectas, utópicas, parrafadas morales y éticas: los personajes de ‘Justified’, además de exhibir un riquísimo acento cerrado sureño -tan apreciable como el bourbon-, hablan como pelean. Cada frase es una bala de plata, una cuchillada, una advertencia de muerte envuelta en terciopelo.

También compite, junto con ‘The Good Wife’, por el título del mejor casting de la tele. Como presuntamente ocurre también con Julianna Margulies y su Alicia Florrick, en ello ha tenido que ver la generosidad de su protagonista y productor, Timothy Olyphant, un actor que ha madurado en barrica de roble, pero no doce años, sino menos de la mitad: apenas han pasado seis años desde su ‘Deadwood’ y dios, qué diferencia entre su tosco Bullock y este Raylan Givens, uno de los mejores héroes de la parrilla actual. Porque tanto la estrella como los responsables de la serie han entendido la importancia extrema de los villanos y su desarrollo. Y en eso ‘Justified’ da lecciones al resto de series. Empezando por uno de esos malos-buenos a los que uno inevitablemente coge cariño, uno de esos asesinos con los que el espectador se iría de copas: el Boyd Crowder de Walton Goggins. Luego, solo en la estelar segunda temporada, apareció Mags Bennet (Margo Martindale), con un personaje antológico. Tan especial como su propio bourbon destilado, el pastel de manzana, y su pequeño Dickie (Jeremy Davies). Y el año pasado introducimos a dos más, a Robert Quarles (Neal McDonough), un tipo inquietante donde los haya, y al carnicero Limehouse (Mykelti Williamson), que ya querría para su trama cualquier serie de primera. A Raylan Givens no le faltan rivales de altura, ni tampoco complicaciones con falda o vía paterna. Y cuanto más débil se vuelve el otrora US Marshal más duro de Kentucky y alrededores, más atractivo y rico resulta el personaje.

Beba o no bourbon, ‘Justified’ es una serie que no se puede perder. Eso sí, verla doblada es como echarle coca-cola. Una verdadera lástima. Un crimen.

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

El caso ‘Fringe’

Hyde | 19 de diciembre de 2012 a las 20:01

Pocas series llegan a los cien episodios. Y menos aún se despiden en todo lo alto con ese número redondo. Así lo hará ‘Fringe’ en su corta quinta temporada, con un capítulo doble, de dos horas, que emitirá en Estados Unidos la cadena Fox el 18 de enero. De ‘Fringe’ se puede escribir un tratado. De sus errores y de sus aciertos, del extraño fenómeno que supone -como sus casos- que en la dura selva televisiva una serie con poca audiencia haya logrado sobrevivir tanto tiempo. Lo ha hecho tanto por el prestigio que aportaba a la cadena como por su entusiasta legión de fans en todo el mundo, que llevan un par de años movilizándose cada invierno y primavera para evitar su cancelación. Sin tantos premios que la justifiquen, le ocurre algo parecido que a ‘The Good Wife’. La ven pocos espectadores para tratarse de una emisión ‘network’ en abierto, pero el perfil de los que la siguen es el sueño de todo director comercial.

 

Todos los creyentes en ‘Fringe’ hemos tenido nuestros desencuentros con una trama caótica, con universos paralelos en los que hasta el más devoto seriófilo se ha perdido. Uno diría que hasta los showrunners y guionistas han cambiado de realidad demasiadas veces, sin tener muy claro si se trataba de una serie procedimental o si había que darle mayor carga a la trama de largo recorrido. Pero la mayoría se lo hemos perdonado todo. Porque de vez en cuando, la más digna heredera de ‘Expediente X’ te regala un capitulazo sensacional, de piel de gallina, como ese ‘The bullet that save the world’ reciente. Y porque ha sido capaz de crear momentos épicos, escenas fantásticas como ese Central Park gris de esta quinta temporada, villanos sensacionales como los observadores, una suerte de blues brothers extraterrestres y calvos. Sí, muchas cosas en ‘Fringe’ parecen de risa, pero son un asunto muy serio. Y, si queremos a esta serie, es sobre todo porque tiene a actores como John Noble y Anna Torv y a personajes como Walter Bishop y Olivia Dunham.

Ahora, ya filmado el último episodio, con su estupendo -y pluriempleado con sus ‘alternates’- casting de despedida, uno se pregunta qué habría ocurrido si J.J. Abrams no fuera ese culillo de mal asiento y no la hubiera dejado tirada tan pronto. Si el inquieto director-productor no se hubiera empeñado en sacar nuevas series como churros para sustituir a ‘Fringe’ pero sin llegar nunca a la altura de sus zapatos -sí, me refiero a ‘Alcatraz’ y a ‘Revolution’-. Porque la parrilla se quedará absolutamente huérfana en enero en el género paranormal. Será difícil encontrar algo parecido, por extraño, por valiente, por loco, por raro. ‘Fringe’ es un caso ‘fringe’ en sí misma.

 

Escapismo narrativo

Hyde | 13 de diciembre de 2012 a las 13:31

A la espera de su último capítulo este domingo en Estados Unidos, la segunda temporada de ‘Homeland’ ha confirmado lo que establecíamos el año pasado: ninguna serie se acerca, ni de lejos, a su capacidad para meterse en líos, en callejones aparentemente sin salida, y escapar de ellos no solo indemne, sino con los aplausos de público y crítica en el zurrón. Sólo el hecho de que haya una segunda temporada tras la vertiginosa primera entrega ya fue digno de muchas, muchísimas dudas. ¿Será posible mantener la extrema tensión con Brody una vez cruzado el Rubicón del búnker presidencial? ¿Cómo recuperará la CIA a su mejor pero más inestable agente tras el eléctrico final de la primera temporada? ¿Hasta cuándo seguirá la tensión sexual entre los protagonistas, hasta cuándo podrá el marine mantener las cosas en orden en casa?

Los críticos veían ‘Homeland’, al principio, como un francotirador apostado: esperando que más temprano que tarde alguien se equivocaría con el guión y toda la trama se vendría abajo, cual castillo de naipes. Todo habría sido una ilusión, demasiado buena para ser verdad. Pero de momento, la verdad es que ‘Homeland’ es buena, buenísima, histórica. Y todo manteniendo su ritmo de jazz y las interpretaciones estelares a cargo del trío mágico que forman Claire Danes, Damian Lewis y Mandy Patinkin, parodiados por cierto, de forma magistral e hilarante por un reciente Saturday Night Live. Adaptación de una serie israelí, ‘Homeland’ ha puesto a la cadena de pago Showtime a la altura de sus grandes competidoras, la HBO y la AMC. La trama de Gansa, Gordon y Cuesta no tiene nada que envidiarle en términos de calidad a las otras grandes de estos años. Puede mirar a los ojos, sin bajarlos, a ‘Breaking Bad’, ‘Boardwalk Empire’ y ‘Mad Men’. Palabras mayores.

Y aunque este año hay que descontar el efecto sorpresa que supuso la primera temporada, casi tan sorprendente ha resultado que se pueda estirar, sin romperlo, el guión. Y, a sabiendas de que ha sido renovada por una tercera temporada, todavía en este momento nos surge de nuevo la incertidumbre, la inquietud por ver hasta cuándo y dónde dará de sí este thriller valiente y políticamente incorrecto con tantos giros como ha dado últimamente. Pero sus creadores se han ganado todo el crédito. No descarten que este año se vuelva a llevar muchos premios.

 

A la tercera fue la vencida

Hyde | 6 de diciembre de 2012 a las 10:11

¿Cómo de buena tiene que ser una serie para renunciar a un actor como Michael Pitt, a un personaje como Jimmy Darmody, y que no se le eche nada de menos al año siguiente? Así de grande es ‘Boardwalk Empire’, cuya sensacional tercera temporada acaba de terminar en Estados Unidos, despejando todas las dudas posibles sobre qué show es el legítimo heredero de ‘Los Soprano’. Demasiado buena, demasiado perfecta, demasiado presupuesto. Algo le faltaba a la mayor apuesta de la HBO hasta ‘Juego de Tronos’. Decíamos, en sus primeros dos años, que carecía de alma, de esa extraña sensación, esa piel de gallina que solo las obras maestras televisivas producen al cierre de cada episodio.

Fuera lo que fuese ese intangible precioso, ‘Boardwalk Empire’ ya lo ha encontrado. Y lo ha hecho a su manera, sin renunciar a ese estilo que imprime Terence Winter, con un reparto coral de vértigo y dejando que la trama fluya y siga su curso. Repasas el casting de la serie y ya quisieran las grandes producciones de Hollywood contar con una lista parecida. Todos los actores han dado juego y han tenido su momento. Nos hemos estremecido con el Capone que magistralmente compone Stephen Graham (a su lado, siento decirlo, el de Robert de Niro parece una mala caricatura), emocionado con ese soldado roto que es Richard Harrow y hemos confirmado que Michael Shannon es uno de los mejores actores de su generación. Sí, ya sabíamos que Michael Kenneth Williams es un grande de la tele, pero pocos esperábamos que Bobby Cannavale, al que hace poco veíamos en ‘Nurse Jackie’, se sacara de la manga al gánster más psicópata que recordamos desde aquel de Joe Pesci en ‘Uno de los nuestros’, un angelito al lado de su ‘Gyp’ Rosetti. Cada vez que aparece en la pantalla uno se pone tenso, busca una escapatoria, palpa al lado del sofá por si hay algún arma con la que defenderse, consciente de que algo terrible puede ocurrir en cualquier momento. Es un rival a la altura de ‘Nucky’ Thompson, con el que Steve Buscemi sigue demostrando que era mucho más que uno de los mejores secundarios del celuloide.

En la tercera temporada de ‘Boardwalk Empire’, ya establecidas las reglas del juego en las dos entregas anteriores, nos damos cuenta de que nada es para siempre y de que todos somos vulnerables. Ya puedes ser millonario y astuto como ‘Nucky’ o confiado y valiente como su lugarteniente Slater. Siempre hay alguien más fuerte. Siempre hay alguien más listo. Y siempre hay alguien a quien creías cercano dispuesto a escuchar ofertas. No se puede confiar en nadie. Salvo en la HBO.

Cobardía en la parrilla

Hyde | 21 de noviembre de 2012 a las 19:11

¿Qué hace que una serie mala sea un éxito y una de calidad no consiga enganchar a la audiencia? ¿Qué pasa por las cabezas de un guionista, de un productor y de un ejecutivo de televisión cuando desarrollan una trama como, por ejemplo, la de ‘Señoras que…’? ¿Se puede ser honesto intelectual y artísticamente y a la vez mantener sentados a los espectadores una hora a la semana delante de la tele? El caso de Shawn Ryan, uno de los grandes de la tele, empieza a ser digno de estudio. Tras la excelente ‘The Shield’ encadena dos fracasos consecutivos. Ambos frustrantes porque eran buenas series. Tras el sofoco de ‘Terriers’ -él siempre ha achacado su bajo seguimiento por el terrible nombre-, el viernes se llevó el palo de la cancelación, por parte de la ABC, de la que hasta ahora era mejor nueva serie este año, el thriller político-militar ‘Last Resort’.

De acuerdo, podemos todos coincidir en que no ha habido ningún capítulo a la altura del piloto, pero también hay que reconocer que éste era simplemente uno de los mejores comienzos de los últimos años. Y hay que tener valor para juntar en una historia un submarino nuclear, una especie de golpe de Estado en EEUU, Pakistán y una isla perdida en mitad del océano. Si hay que poner algún reparo en una serie aplaudida de forma casi unánime por la crítica, han sido los malos. ¡Qué importantes son para una buena historia! Sahr Ngaujah y su Julian Serrat -vaya nombre para un malvado- no daban mucho de sí. Una completa lástima y un gran disgusto.

En cambio, mientras, uno ve que muchas medianías vistas mil veces se mantienen en la parrilla. Como ‘Chicago Fire’, la serie de bomberos de la NBC que acaba de ser renovada. No me malinterpreten, se deja ver y tiene un casting relativamente aceptable, con Jesse Spencer (‘House’), Eamonn Walker (‘Lighst Out’) y Taylor Kinney (‘Crónicas vampíricas’) a la cabeza. Pero los personajes son una ristra de clichés tópicos y tampoco hay tanta acción y fuego como cabría esperar. A primera vista, uno diría que los bomberos son mucho más aburridos que los polis, los médicos o los abogados. Eso debe saberlo bien su productor Dick Wolf, de ‘Ley y Orden’. Hasta ahora, en ‘Chicago Fire’ lo más interesante ha sido la aparición de un policía corrupto. Pero todo es demasiado pulcro, demasiado convencional, demasiado “hagamos un ‘Anatomía de Grey’ entre mangueras”. Una serie cobarde pero que recibe el premio de sobrevivir.

 

Experimentos galácticos en la red

Hyde | 15 de noviembre de 2012 a las 10:35

Cuando una franquicia tiene éxito, la tendencia es intentar alargarlo. Se puede hacer con sensibilidad, a veces incluso sacando el máximo beneficio con mejores precios y de forma rápida -lo que en las escuelas de negocios llaman ‘descremar’-, o bien ir a volumen, exprimirla hasta la saciedad y hasta el empacho, que resulta inevitable, bajando los niveles de calidad y traicionando, más temprano que tarde, al producto original, a la idea y al consumidor. Esto vale especialmente para la producción audiovisual. Y, aunque podría aplicarse, no hablo de Lucasfilm, de su ‘pelotazo’-venta a Disney ni de la alta traición que cometió George Lucas -un visionario pero un mediocrísimo director, por otra parte- a los seguidores de ‘Star Wars’ con la aberración perpetrada con la primera trilogía. Hablamos de ‘Battlestar Galactica’ y de su nuevo spin-off. Con una legión de seguidores en todo el planeta, una parroquia fiel que añora nostálgica los tiempos de Adama y compañía y que arde en deseos de encontrar una alternativa de ciencia-ficción que no llega -el género anda un poco de capa caída-, por internet ya circulan los webisodios de ‘Blood and Chrome’. El éxito de Galáctica 2.0 -recordemos que la primera fue emitida a finales de los setenta, con una producción carísima para los tiempos y con solo dos temporadas- se debió a una riquísima mitología y a una gran capacidad para enhebrar tanto la acción propia de una lucha-huida por la supervivencia de la Humanidad como a los conflictos internos, externos y místicos de sus personajes. Aunque pueda que en algún momento se les fuera de las manos a los guionistas, pues aquello acabó pareciendo una serie de filosofía cylon. Luego llegó la precuela Cáprica, de gran calidad pero un giro de tuerca metafísico más, con la consiguiente decepción de la audiencia. Y ahora, dos años después, por internet se está creando el caldo de cultivo para otra precuela, quizás más de acción, que nos lleva a los tiempos del almirante Adama como piloto en la primera guerra contra los cylon.

De momento los vídeos no llegan a los dos millones de visitas -la tercera parte que el último vídeoclip de Pablo Alborán, por hacernos una idea-, pero la intención es que todos estos caros webisodios formen el piloto de una nueva serie. A priori no tiene mala pinta. Y para otro nostálgico que echa de menos tiempos mejores televisivos, siempre habrá hueco en su agenda para Galáctica. Aunque empieza a haber serio riesgo de hartazgo. Y que uno acabe pasándose a los cylon.

Ponga un muerto en su serie

Hyde | 8 de noviembre de 2012 a las 11:10

En televisión hay una serie de trucos que nunca fallan si de lo que se trata es de sacudir a la audiencia, de dar un golpe de efecto o de resetear la trama. Pero ninguno como poner un cadáver encima de la mesa. Matar uno de los personajes principales es una jugada peligrosa, tan efectiva como arriesgada. Por un lado recuerda al espectador que, como en la vida, nadie está seguro. Por otro ofrece la posibilidad de eliminar a algún personaje que resulte cansino. Y también puede ser la mejor salida narrativa para dar puerta a un actor o actriz pelmazo o que cuente con una oferta suculenta para irse a al competencia o al cine. “Habrá pedido mucho dinero para la próxima temporada”, es la frase habitual de sofá cuando nos matan a un personaje. No hay mejor puñetazo a las emociones del espectador que obligarle a pasar el proceso del duelo. Puede que odiara a tal o cual personaje, pero ver sufrir a sus favoritos por su muerte casi siempre humedece los ojos. Y constituye una gran ocasión para interpretaciones candidatas a los Emmy.

Hay series que fueron eliminando a sus protagonistas de forma selectiva, elegante, brutal, fascinante. ¿Quién no recuerda, en Los Soprano, a Silvio sacando del coche a Adriana en el bosque? Otras alcanzaron su culmen ahogando a algún personaje relativamente odioso, por mucho que luego viéramos que aportaba equilibrio al grupo. El ‘Not Penny’s boat’ de ‘Perdidos’, aquella imagen de la palma de Charlie, fue de lo mejorcito. Si encima la música la pone Michael Giacchino, sublime. Y visto el desaguisado posterior, ojalá hubiera acabado por allí cerca.

Puede que uno de los asesinatos de protagonistas más chocantes fuera el de Jimmy Darmody, el año pasado, en ‘Boardwalk Empire’. Parecía un crimen, valga la redundancia, despedir al gran Michael Pitt, que hasta el momento le igualaba la partida, cuando no se la ganaba, a Steve Buscemi y su Nucky Thompson. Pero visto el rumbo de la serie en esta tercera temporada, a un nivel altísimo, parece que el sacrificio mereció la pena. Un sacrificio que por otra parte estamos deseando, desde hace un par de temporadas, en ‘Sons of Anarchy’. Algún protagonista hace mucho que debió morir por el bien de la trama.

En las últimas semanas, e intentaremos no espoilear demasiado, ha habido varias muertes sonadas. En ‘The Walking Dead’, cuyo último episodio fue de una intensidad emocional inédita en la serie, casi no tienen piedad. Al fin y al cabo, de eso se trata, de que todos somos muertos vivientes, descompuestos o no. Y luego está ‘Downton Abbey’, el gran éxito de la televisión británica. Cuando corría el riesgo de convertirse en un folletín más, ¡zas, en toda la boca!. ¡Bazinga!, que diría Sheldon Cooper. Preparen los pañuelos quienes estén esperando su emisión, próximamente, en Antena 3. El pasado domingo se despedía -aunque en Navidad habrá otro especial- en el Reino Unido la tercera temporada, con grandes cifras de audiencia y con el público estadounidense, entregado, esperando a su estreno en enero. La excepcional Maggie Smith sigue siendo la piedra angular del show, con una variedad de registros que justifica todos los Emmy del mundo. La vieja condesa puede hacer reír y llorar como nadie.

Regresos

Hyde | 1 de noviembre de 2012 a las 10:44

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Bien entrado ya el otoño y revisados casi todos los estrenos –de ‘Vegas’ y la pequeña decepción que ha supuesto la serie de Michael Chiklis y Dennis Quaid ya hablaremos-, va siendo hora de evaluar el estado de forma en que han vuelto las grandes veteranas. Si hubiera que dar un premio a la mejor progresión, al menos en lo que va de año, posiblemente se lo disputen ‘Sons of Anarchy’ y ‘Boardwalk Empire’. La serie shakesperiana de moteros-traficantes de armas de Kurt Sutter ha vuelto en su quinto año más salvaje que nunca. Y eso es mucho decir. Hay que remontarse a algún capítulo perdido de ‘The Shield’, donde Sutter se convirtió en el guionista que es de la mano de Shawn Ryan, para recordar tanta violencia en televisión. Una violencia tanto física como emocional. Hay mucha gasolina en esta temporada bien llevada de nuevo por el veterano Paris Barclay, con algunos de los cameos más espectaculares, casi extraterrestres, vistos jamás en televisión. Esperemos que no gripe como suele ocurrir casi siempre al final con Samcro.

En cuanto a Nucky Thompson y compañía, si no ha mejorado tanto es porque ya estaba en un nivel altísimo. Cada vez se parece más a ‘Los Soprano’, y ya saben el enorme halago que eso significa. Hay capítulos enormes, aunque uno se pregunta si no están desaprovechando un poco a Stephen Graham y su Capone. Cada vez que sale en pantalla saltan chispas.

‘Homeland’, no sólo la serie revelación, sino la mejor del año pasado, ha vuelto a sorprendernos. A cada capítulo parece imposible que los guionistas salgan de la ratonera en la que se han metido, que sea posible que Brody se mantenga por ahí. Recién renovada para una tercera temporada, hay que ponerle una vela a San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles, para que todo siga igual. Algún día debe reventar, decepcionarnos, traicionar su estilo y su trama. De momento, ese día no ha llegado.

También se han emitido ya tres episodios de ‘The Walking Dead’. Siendo de los que han evitado la lectura del cómic para no dejarse influenciar en la serie, la cárcel parece un estupendo sitio con el que aligerar los problemas de presupuesto que precipitaron la salida de Frank Darabont y la llegada de Glen Mazzara, que por otro parte sentó bien a la serie en lo que se refiere al desarrollo de los personajes y de sus conflictos. Puede que echemos de menos a Shane, aunque alguna sorpresa aguarda en el camino.

De los grandes regresos, si hay alguno ligeramente decepcionante ha sido el de ‘The Good Wife’. No se confundan: sigue siendo una serie maravillosa. Pero algo falla esta cuarta temporada. De momento no ha habido ningún capítulo redondo. Aun siendo pronto para juzgar, el rumbo parece un poquito perdido, y más con ese cambio que se le ha pretendido imprimir a Kalinda. Nathan Lane es un gran fichaje para el bufete, pero esperemos ver pronto a Michael J. Fox para ponerles más las pilas a los muchachos de Lockhart&Gardner. Tiene pinta, además, de que ha sido un gran error acabar con la tensión sexual (resuelta o no) de varios de los personajes.