Maltrato público

Hyde | 16 de diciembre de 2008 a las 9:51

El lunes de madrugada, en Canal Sur 2, descubrí un capítulo de ‘The shield’. Y las andanzas de Vic, Dutch y el resto de polis me animaron a denunciar, si no en la comisaría de Farmington, sí en este blog, el habitual maltrato de las televisiones públicas a las buenas series. 

Hay casos cuasi delictivos, de presunta malversación de caudales públicos, como el de La 2. En la última década, la supuesta cadena de la calidad se ha gastado una pasta en adquirir derechos y después ha marginado en horarios de madrugada, con continuos cambios de día, repeticiones de episodios y saltos elípticos que obviaban varios capítulos, joyas como ‘El Ala oeste de la Casa Blanca’ y ‘A dos metros bajo tierra’. Así que a los forofos nos obligaban a ‘bajarnos’ los capítulos por internet y ambas series jamás cosecharon aquí un éxito similar al de EEUU. Era imposible con tanta parrilla veleta, como le ha ocurrido también a los hermanos Winchester de la entretenida ‘Sobrenatural’. La RTVE sólo ha cuidado y promocionado, que recordemos, ‘Mujeres desesperadas’, que ni con tacones le llega a la altura de la suela a las dos series anteriores.

Canal Sur, además del último caso de ‘The Shield’, aquí conocida como ‘Al margen de la ley’, también ha obligado a hacer guardias nocturnas a los cirujanos plásticos de ‘Nip&Tuck’. Y la televisión andaluza tampoco aprovechó el filón de la primera temporada de ‘Héroes’. Debe de ser que la copla, el flamenco, las bulerías, el fandango, los verdiales y las distintas ferias de la comunidad han derretido las neuronas de más de uno de sus programadores.

Todo lo contrario que las privadas. Si Telecinco, la cadena amiga de los vertederos, ha mimado y exprimido ‘CSI’ y sus franquicias hasta la extenuación, Cuatro se enganchó a ‘House’ para lograr sus mejores cuotas de audiencia y también cuidó la añorada ‘Roma’. La Sexta hizo lo propio con ‘Prison Break’. Las buenas series son buen negocio. Siempre que no las envíen a las galeras de la madrugada itinerante.

Se acerca el invierno

Hyde | 10 de diciembre de 2008 a las 12:58

 

Tras décadas de búsqueda, de orfandad, de todo tipo de padrastros y madrastras, los millones de devotos de Tolkien en todo el mundo han encontrado un digno sucesor del viejo profesor de Oxford. Si puede haber algo parecido a ‘El Señor de los anillos’ es ‘Canción de Hielo y Fuego’, la saga aún sin terminar del estadounidense George R.R. Martin -esa doble R.R. anticipaba el destino de este viejo periodista, aunque en su caso es por Raymond Richard y no por Ronald Reuel-.

 Y si Tolkien tuvo la suerte de que un fanático como Peter Jackson -qué pena que no quiera hacer una cuarta versión- se empeñara en llevar al cine su trilogía con un casting inmejorable y sin grandes presiones por el metraje -las tres cintas suman casi doce horas en su versión corta-, Martin será doblemente afortunado: además de poder ver la serie, lo hará en televisión y por obra y arte de la HBO.

 En noviembre, la cadena de pago de nuestros amores, de la que ya hemos hablado anteriormente y de la que seguiremos hablando, encargó la producción de un episodio piloto, la prueba de fuego para ver si después se convierte en serie. Y por lo que cuenta la prensa de Hollywood, tras el éxito reciente de ‘True Blood’ y de ‘Los Tudor’, una fantástica la otra medieval, todo indica que la audiencia devorará las aventuras de los Stark, los Lannister, los Targaryen y demás clanes familiares de esta colosal novela por entregas.

 Martin ha sido además guionista de televisión y sabe tela del asunto, de los ritmos televisivos, como escribe en el prólogo en español de ‘Festín de cuervos’ el propio Alex de la Iglesia . Y la idea es que cada una de las siete novelas (faltan dos) sea una temporada completa, con doce episodios de una hora. Los retos de la serie son descomunales. El casting promete ser difícil por la amplitud y complejidad de los personajes, con millones de seguidores, por la adaptación del guión en la que esperamos que se cuente con Martin y por los efectos especiales y localizaciones. Invernalia, Los Otros, el Muro, Desembarco del Rey, las islas del Hierro. Se pone la piel de gallina sólo con pensarlo. Y damos gracias a los siete dioses y a los antiguos arcianos por que haya sido la HBO la que se ha hecho con el proyecto.

Muerte al ‘reality’

Hyde | 8 de diciembre de 2008 a las 20:14

   Seguro que más de un espectador ha soñado en secreto con alguna epidemia o asesino en serie que acabara con los protagonistas, presentadores y productores de más de un programa de telebasura. Al menos servidor lo ha hecho. Pues bien, sus deseos se han hecho realidad. Por una vez es la propia tele la que se rebela contra las miserias de la parrilla, aunque sea en forma de zombies. Muy en boga últimamente en el cine, como hemos podido comprobar con 28 días después, su secuela firmada por Fresnadillo y con la nueva versión de Soy Leyenda, el mundo anglosajón está bastante obsesionado con el armagedón en forma de virus. Así que sólo era cuestión de tiempo que los muertos vivientes llegaran a la televisión. Pero nadie podía esperar que dentro de su repulsividad, además de aterrorizarnos simpatizáramos con su causa.

Dead set es una miniserie de cinco episodios emitida este año por la cadena británica e4. Es absolutamente gore, así que se desaconseja para los estómagos sensibles, y podríamos resumirla de la siguiente y simple manera: Estalla una epidemia zombie en todo el Reino Unido y los únicos que se salvan, por el momento, son los habitantes de la casa de Gran Hermano.

La serie, creada por Charlie Brooker, asusta tanto como divierte por su directo cinismo. Imagínense a Mercedes Milá -en el caso británico, la presentadora con los ojos inyectados en sangre intentando comerse a alguno de los lerdos inquilinos de la casa. Desde luego, ni el mejor Chuck Norris salvaría a la pandilla de concursantes de su propia idiotez a la hora de afrontar el infierno.

Para los que llevamos largo tiempo deseando ajustar cuentas con el vertedero en que se ha convertido la televisión convencional, especialmente alguna cadena amiga, Dead Set resulta una serie ideal para acompañar la cena.

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Colmillos afilados

Hyde | 6 de diciembre de 2008 a las 20:53

Nadie parece tener claro si ‘True Blood’ es una maravilla, una evolución moderna y freakie de ‘Twin Peaks’, o si es una soberana mierda. Los colegas veteranos, como Alberto Rey, no se posicionan demasiado. Pero sin duda, los vampiros vuelven a estar de moda. No es de extrañar que sean el monstruo favorito de casi todo el mundo. No conozco a nadie seducido por el cortito Frankenstein, la andrajosa momia o los hombres lobo necesitados de una buena depilación. Y los herederos de Drácula cuentan con innegables atractivos. Puestos a caer en las redes del mal, siempre será mejor pasar las noches mordiendo lindos cuellos, con pinta seductora, que haciendo cualquier asquerosidad típica de salvajes.

Así que no es de extrañar que haya mil y una versiones del mito de Stoker. Desde la lírica de Francis Ford Coppola, las gore de John Carpenter aderezadas con Tequila, la fallida ‘Entrevista con el vampiro’ hasta la de ‘Jóvenes ocultos’, aquella en la que Jason Patric y Kiefer Sutherland se enfrentaban y no por el amor de Julia Roberts… Ayer mismo se estrenó ‘Crepúsculo’, una película de modernos vampiros adolescentes basada en la exitosa saga literaria de la escritora Stephenie Meyer. Está dirigida, repetimos, al ruidoso público adolescente,  así que mejor no vayan a verla estos días si les gusta disfrutar del silencio en las salas.

Y la televisión no podía quedar al margen. De Buffy cazavampiros pasamos a su spin-off, Angel, aunque ambas compartían su ñoñería. Después han ido surgiendo otros subproductos hasta que uno de los maestros de la tele, Alan Ball, decidió meterles mano y sacar del armario a los vampiros. ‘True Blood’ puede ser chorra, extraña, una pequeña estafa. Pero engancha. Los doce primeros episodios acaban de terminar en EEUU y se van a estrenar de inmediato en España, y todo el mundo se ha quedado confuso.  No hay razones objetivas para decir que es una buena serie, a su protagonista, Anna Paquin, parece que se le ha quedado la misma cara que cuando recibió el oscar por ‘El piano’ hace ya unos cuantos años (catorce), y después de doce capítulos, uno no sabe muy bien si se trata de una comedia, una serie de terror, o una farsa. Pero repetimos: engancha. Como los vampiros.

La escala de grises

Hyde | 4 de diciembre de 2008 a las 14:43

  Los malos son más atractivos. No lo digo yo, lo dicen los científicos. Y si está claro que la gran ventaja de las series frente al cine es que cuentan con más tiempo para todo, en lo que más se nota es en el desarrollo de los personajes. En la vida no hay blancos y negros, sino un largo catálogo de grises. Y si en el cine es difícil encontrar decentes malos-malísimos (el último, el genial Joker de Heath Ledger), en la televisión acaban por caernos simpáticos.

Todo empezó, también, con Tony Soprano y James Gandolfini. Un brutal gordo mafioso y asesino acabó por conquistarnos el corazón con sus incoherencias, sus problemas como padre de familia, y los riesgos a los que se enfrentaba a diario como jefe de la mafia de Nueva Jersey. Tony nos daba miedo pero a la vez era el amigo que querríamos tener.

De ahí pasamos a The Shield, brutal serie sobre policías corruptos pero eficaces en la lucha contra el crimen en un distrito de Los Ángeles, una historia que nos suena cercana en Málaga y Sevilla, ¿verdad?. Protagonizada por Michael Chiklis, su personaje Vic Mackey empieza resultando odioso y acaba siendo uno más de la familia, a pesar de sus defectos y su carácter liante. Tras siete temporadas por las que han pasado por la serie como personajes gigantes de la escena como Forest Whitaker y Glen Close, The Shield acabó su séptima y última temporada el pasado 25 de noviembre. Hasta la fecha no hemos visto de forma más descarnada las miserias de la droga, la prostitución y la delincuencia de las bandas callejeras en una pantalla. El propio Chiklis, al que conoceréis como ‘La Cosa’ de los 4F, ha tenido problemas para desengancharse de su personaje, como reconoció al NYT en este gran reportaje.

Mucho más ambiguo, para algunos un ángel exterminador, para otros un psicópata peligroso, es el Dexter de Michael C. Hall, uno de los mejores actores que ahora dominan la pequeña pantalla. De funerario homosexual ha pasado sin problemas a asesino/justiciero traumatizado. Pero Dexter, en el fondo, es bueno.

Y de coqueteos de buenas personas con el mal trata, como indica su propio nombre, una de las últimas sorpresas de la TV en EEUU: Breaking Bad. No se la pierdan.

Con la música a otra parte

Hyde | 3 de diciembre de 2008 a las 10:27

Arranquemos hoy con la reflexión de un comentario de ayer, firmado por Héctor, al hilo de la última entrega de James Bond, ‘Quantum of Solace’. Efectivamente, la factoría Broccoli se podían haber ahorrado la película y pasado directamente al videojuego. Después de una más que decente revisión de ‘Casino Royale’ -aunque toda película iniciática como ésa parte con ventaja-, los fans del Servicio Secreto de Su Graciosa Majestad esperábamos con curiosidad si Craig y el mismo equipo de guionistas liderado por el buen Paul Haggis iban a mantener el tipo. Pues no. La película es un bodrio desde el momento en que empiezan los créditos. Quién lo iba a decir de una cinta de Bond. Hasta los títulos y música de arranque son absolutamente decepcionantes, tanto por su diseño como por la canción que interpreta Alicia Keys, que parece más bien destinada a una película sobre raperos o gangsters de Harlem. Lamentable después de la magnífica introducción de Casino Royale, con gran canción a cargo de Chris Cornell. Se rompe una larga tradición de buenos arranques y mejores piezas musicales, con Madonna, Sheryl Crow, Paul MCcartney o aquel legendario videoclip ochentero de Duran Duran en la Torre Eiffel.

Así que también en los créditos estamos asistiendo a una victoria arrolladora de la televisión. Es cierto que son mucho más importantes que en el cine, porque la repetición constante de los mismos al arranque de cada episodio provoca cierto ‘enganche’ o cierto ridículo si están mal hechos. Son fundamentales tanto el motivo y diseño como la música, y si funcionan dan una buena idea de lo que será el ‘show’. A Lost le basta con las letritas y la musiquita para provocar inquietud. Pero la lista es larga, y en algunos predomina más la composición y en otros la música. Diría, y no será la última vez, que hay un antes y un después de ‘Los Soprano’, con Tony recorriendo el suburbial New Jersey en su Escalade, y esa canción versionada de Leonard Cohen que pone los pelos de punta de pura nostalgia. En la misma categoría de joya entran los créditos, más conceptuales y sobrecogedores sobre la muerte -por cierto, seña de este blog- de ‘A dos metros bajo tierra’. Pero sólo tienen que comparar el esfuerzo y talento puesto en otros títulos de arranque, como los de Hermanos de Sangre, la frugal y genial pieza musical con la que empieza la impagable John Adams, el surrealista pero muy adictivo inicio de True Blood con pegadiza música de Jace Everett, la directa introducción de Dexter tan bien parodiada en estas latitudes, como ha recogido con tino el compañero sofalícola

Sí, la música también se ha ido a otra parte…

 

Bienvenidos, forasteros

Hyde | 2 de diciembre de 2008 a las 14:01

Mucho se ha escrito ya sobre la eclosión de series de televisión y las razones por las que tanto el talento como la creatividad se han fugado de la gran a la -cada vez menos- pequeña pantalla. Basta echar un vistazo a las críticas de Carlos Colón para certificar la defunción de la industria cinematográfica como séptimo arte. Esto es un negocio, estúpido, parecen pensar la mayoría de los grandes estudios que, si bien nos sorprenden cada año con pequeñas perlas, priman más la venta de palomitas que contar una buena historia. Así que los desheredados del cine, como en ‘Las uvas de la ira’, cogieron la furgoneta y se largaron a la televisión. Y lo que antes era una vergüenza profesional, una degradación, se ha convertido en una nueva plataforma universal, difundida en muchos casos a través de internet (porque si nos tenemos que fiar la parrilla televisiva española, vamos listos).

La televisión de calidad (que en España apenas existe) permite desarrollar los personajes e historias como no lo hace una película limitada por el tiempo y por los efectos de ladrillos en la taquilla. Y aunque tenemos actualmente varios ejemplos de cómo arruinar una gran serie dándole una segunda temporada (Héroes, Prison Break), no se entienden maravillas como Los Soprano sin sus siete temporadas. Ya hablaremos más adelante de la familia mafiosa de David Chase o de los funerarios de Alan Ball, los dos grandes hitos con los que la cadena HBO  revolucionó el panorama audiovisual.

Hoy, para empezar, pondremos un ejemplo práctico de la sana competencia entre el cine y la tele y cómo muchas veces ésta resulta victoriosa. Está en cartel Appaloosa, western de Ed Harris coprotagonizado por Viggo Mortensen, que algún crítico ha osado comparar con Sin Perdón de Clint Eastwood. Aunque está muy por encima de las últimas pelis de vaqueros que hayamos podido ver en esta década, Appaloosa no llega ni a lamer el barro de las botas de William Munny.

En cambio, una serie de la HBO sí que consiguió rescatar la atmósfera del Wild West con bastante eficacia. Se trata de Deadwood, que llegó a tres temporadas. Me atrevo a decir que el villano Al Swearengen que compone Ian Mcshane le moja la oreja al mismísimo Jeremy Irons. También que la Alma Garret que interpreta Molly Parker deja a la altura del betún a Renée Zellweger -lo cual no es nada difícil, la verdad-, y que Timothy Olyphant crea un protagonista con muchos más matices que los de Harris o Mortensen. Los actores televisivos tienen lógicamente la ventaja del tiempo, como también los guionistas, que gozan de mucha más libertad, hasta haberse convertido en los ‘dueños’ de las series, muy por encima de los directores, que rotan por capítulos. 

Hablaremos de todo ello más adelante. Pero, desde luego, en un duelo a muerte entre el cine y la tele no me atrevería ahora a apostar por el celuloide.