La forja del héroe

Hyde | 24 de octubre de 2012 a las 21:50

Hay algo tremendamente atractivo en el proceso iniciático de todo héroe. Suele ser la parte más cautivadora de cualquier relato o historia de ese tipo. El camino de sufrimiento, esfuerzo y dolor que el protagonista debe recorrer para adquirir sus poderes y habilidades. Por lo general, en casi todas las adaptaciones cinematográficas de cómics de Marvel o DC, las mejores entregas son siempre las que nos muestran la forja del superhéroe, sus dudas, sus miedos, su humanidad. Sus debilidades, en definitiva. Esa es al menos la opinión de servidor. Me quedo con Peter Parker descubriendo sus poderes tras la picadura de la araña radiactiva, con Luke Skywalker enfrentándose a sus miedos en aquella caverna de Dagobah, con Bruce Wayne y su brutal adiestramiento con la Liga de las Sombras y, sobre todo, con esa maravilla del autodescubrimiento del héroe que es ‘El protegido’, posiblemente la mejor y más infravalorada película del género.

 

La cadena televisiva CW está destinada al público adolescente y sus series suelen ser bastante flojitas, entretenidas pero superficiales. Digamos que los guiones no son su fuerte. Es la casa de la otrora estupenda ‘Supernatural’ -en su octava temporada hace aguas- y de las ‘Crónicas vampíricas’. Acaban de estrenar ‘Arrow’, que pese a tener el mismo perfil -protagonistas guaperas, mucha acción y pocos diálogos-, de momento está sabiendo aprovechar con tino la etapa inicial de todo héroe. Porque nos entrega pequeñas dosis de la misma y, vistos dos capítulos, todavía no sabemos casi nada de cómo nuestro personaje principal, un joven heredero de una multimillonaria corporación, un Paris Hilton en hombre, ha acabado con las habilidades y la misión secreta de limpiar su ciudad de criminales.

El papel principal de ‘Arrow’, que ha registrado buenas cifras de audiencia, lo interpreta Stephen Amell, a quien ya hemos visto en roles secundarios en otras series de la misma cadena y como joven competidor del gigoló de ‘Hung’. No sería mejor que Bale, pero haría un decente Bruce Wayne. La serie, por el momento, resulta entretenida y ligeramente superior a los bajos estándares de la CW. Y si mantienen la zanahoria de mostrar, muy poco a poco, cómo nuestro héroe se convirtió en tal en aquella isla como naúfrago, puede convertirse de largo en el mejor producto de la joven cadena.

 

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Reina del country ¿y de la tele?

Hyde | 17 de octubre de 2012 a las 23:03

Desde la exitosa pero sobreexplotada ‘Glee’ del tan especial como divo Ryan Murphy, el musical ha vuelto a la televisión para quedarse. El año pasado la cadena NBC intentó a lo grande competir con los chicos del coro del instituto McKinley con ‘Smash’, que debía meternos en los entresijos de una producción de Broadway sobre la vida de Marilyn Monroe. Con un primer episodio sensacional y vibrante, de los mejores de la temporada, la serie se diluyó luego como un azucarillo, hasta casi insultar la inteligencia de los espectadores y agotar su paciencia. La primera víctima del naufragio de los guiones fue su creadora y showrunner, Theresa Rebeck, despedida al mismo tiempo que la cadena anunciaba la renovación de la serie por otra temporada. Una segunda entrega en la que ya no estarán al menos cuatro personajes, a los que también se ha dado puerta. Este año el plato fuerte viene de la mano del country, la música tradicional que hace furor en EEUU pero a la que tanto cuesta cautivar al público europeo.

La cadena ABC estrenó la semana pasada ‘Nashville’, una historia sobre el duelo generacional entre una veterana reina del country y la nueva estrella del género, una ambiciosa y problemática joven que recordará a más de uno a alguna ‘niña Disney’ convertida en superestrella. Para ello, un casting perfecto. Por un lado la que posiblemente sea la actriz más creíble de la televisión actual, con una belleza tan natural como atractiva, y un talento fuera de duda: Connie Britton. Gran parte del éxito de la añoradísima ‘Friday Night Lights’ se debe al personaje de la mujer del entrenador que supo construir. Hace poco también la hemos visto en ‘American Horror Story’. Por si fuera poco, Britton canta sus propias canciones, algo que hacen con frecuencia los actores estadounidenses pero a lo que no estamos acostumbrados por estas latitudes. Y lo hace maravillosamente, como toda una reina del country. Para interpretar a la estrella niñata, Hayden Panettiere. Quien quisiera salvar a la animadora de ‘Heroes’, y con ella al mundo, se arrepentirá cuando la vea, porque resulta insufrible.

El primer episodio puede que no sea tan redondo como el de ‘Last Resort’, pero promete una serie de calidad, con intrigas políticas y la historia paralela de la ciudad de la música country. Hay quien la ha comparado con una mezcla afortunada entre ‘Smash’ y ‘Treme’. El piloto no abusa de la música como hace la primera serie y contiene momentos bellísimos e íntimos, como la segunda, de una autenticidad que pone la piel de gallina, como ese dueto interpretado en el bar de ‘If I didn´t know better’  (el original es del grupo ‘The Civil Wars’).

El estreno del otoño

Hyde | 11 de octubre de 2012 a las 13:55

Juntemos a uno de los mejores creadores televisivos de la última década, una cadena potente como la ABC, un buen casting, un gran guión con diálogos brillantes. Y añadamos una crisis con un submarino nuclear con 18 cabezas atómicas a bordo. Tendremos el que por el momento es con diferencia el mejor estreno del año, ‘Last Resort’, un thriller político-militar que llega con la firma de Shawn Ryan, el responsable de ‘The Shield’, posiblemente la mejor serie que no has visto.

A mucha distancia de ‘Revolution’ o de ‘Vegas’, ‘Last Resort’ constituye un gran ejemplo de la premisa fundacional de este artículo: la televisión puede mirar cara a cara al cine y muchas veces ganarle la partida, porque cuenta con grandes ventajas, principalmente el tiempo y la capacidad para desarrollar los personajes y las tramas. A priori, esta serie podría ser una buena película, una nueva versión de la ‘Marea Roja’ del recientemente desaparecido Tony Scott. Y corre el grave riesgo del síndrome del piloto perfecto: tan bueno e intenso que la serie tiende a desinflarse y hundirse progresivamente porque nunca volverá a estar a la altura de su primer episodio. Le ha ocurrido a varias, entre ellas a ‘Flashforward’, aunque los responsables de ‘Last Resort’ aseguran haber aprendido de las malas experiencias anteriores. Al respecto le preguntaban a Ryan en una entrevista reciente, y también sobre cómo planeaban extender la trama en formato de serie lo que parecía una película conclusiva. Y en su respuesta Ryan demostró que sabe bien lo que se trae entre manos: “Es una cita clásica de Mike Tyson, todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la cara. Y producir una serie es recibir constantemente puñetazos en la cara y levantarte. A diferencia de otras series, nuestro show no es tanto sobre un misterio como sobre una situación y un conflicto que creemos podemos desarrollar. No se trata de retener un gran secreto a la audiencia y hacerla esperar. De momento hemos escrito siete episodios y no nos hemos quedado sin historia. Lo mejor es que tenemos un enorme lienzo internacional al que literalmente puedes traer jugadores. Podemos ir a Washington, a Rhode Island, podemos estar dentro del submarino. Ir a Hong Kong… Podemos hacer cualquier cosa”.

 

Visto el segundo episodio, tanto la acción como la trama mantienen el nivel alto y, como dice Ryan, la paleta de colores de esta serie se antoja infinita: Navy Seals, Deltas, Spetnatz, batallas submarinas…

 

Los galones de Terry O’Quinn

Hyde | 4 de octubre de 2012 a las 10:01

Hasta hace relativamente poco, al veterano actor Terry O’Quinn lo tenían encasillado siempre en el mismo papel: oficial militar, habitualmente de alta graduación, o jefe tocanarices del FBI, la CIA o cualquiera de esas agencias estatales ultrasecretas americanas. Basta un rápido repaso por la amplia filmografía del intérprete, que recién cumplidos los 60 acumula 102 títulos, para comprobar que, salvo soldado raso, ha ocupado prácticamente todos los puestos en el escalafón. Puede que sea su calva o su peculiar rostro que transmite confianza y seguridad. Porque tiene cara de mandar. Ha sido varias veces general (‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y ‘Harsh Realm’) y almirante (‘JAG. Alerta Roja’, ‘Star Trek la nueva generación’ y en el telefilme ‘Visiones de un asesinato). Pero también coronel (‘Navy: Investigación Criminal’ y ‘Espías sin fronteras’), comandante ((Hawaii 5.0′), capitán, mayor, teniente (‘Expediente X’) y sargento. Fuera del ejército, ha encarnado a varios sheriffs, a un director adjunto del FBI (‘Alias’) e incluso a un fugaz comandante en jefe, como presidente de Estados Unidos en la resistencia a los alienígenas en ‘Falling skies’.

 

 

Pero aunque ha seguido encarnando esos papeles, ahora mucho mejor pagados y como estrella invitada, todo cambió en la carrera de O’Quinn con ‘Perdidos’. Su John Locke, uno de los personajes más poderosos, conflictivos e inquietantes de la exitosa serie, era tan protagonista como el que más. El domingo, la ABC volvió a darle ‘galones’ al actor, con una serie en la que constituye el principal reclamo: encarna al mismísimo demonio en ‘666 Park Avenue’. Y aunque de momento sólo se ha emitido el piloto, con una audiencia no muy llamativa, podemos confesar que el papel le sienta como anillo al dedo. O’Quinn interpreta al diablo en la piel de un empresario inmobiliario neoyorquino, dueño de un gran y viejo edificio de la calle más cara de la Gran Manzana, donde alquila apartamentos y desde donde va concediendo deseos, comprando almas.

 

 

Aunque hay que tener cuidado con los primeros juicios de valor, un piloto suele dar pistas de lo que vendrá en el futuro. Y de momento apostamos que ‘666 Park Avenue’ no será una gran serie por lo previsible de su guión, pero se adivina una buena factura y unas dosis de entretenimiento suficientes como para seguir viéndola. Recuerda algo a ‘El abogado del diablo’, esa película que tampoco fue gran cosa de Al Pacino y Keanu Reeves, y se antoja una competencia ‘light’ a la más extrema ‘American Horror Story’. Puede que estos argumentos no tienten demasiado. Lo suyo es que vean a O’Quinn de demonio y comprueben si les seduce su oferta.

Sin luz ni chispa

Hyde | 27 de septiembre de 2012 a las 11:26

El halago debilita. Y el éxito tiene, desde luego, su reverso tenebroso. Puede ser mucho más destructivo que el fracaso. En los últimos años a todos se nos han llenado las bocas y los textos comparando al inquieto J.J. Abrams con Spielberg, llamándolo el nuevo rey Midas de la era dorada de la televisión. De ‘Alias’ a ‘Fringe’, pero sobre todo con ‘Perdidos’, el sello Abrams implicaba una garantía de calidad y entretenimiento, un buen manejo de la tensión narrativa y una gran capacidad para sorprender al espectador. En el cine, al que ahora parece dedicar su talento, también, con la estupenda ‘Monstruoso’ -que produjo pero no dirigió-, la revisión de ‘Star Trek’ y la ochentera ‘Super 8′.

Pero a fuerza de darle vueltas a la manivela, la productora de Abrams, Bad Robot, se ha acabado convirtiendo en una churrería. Bueno, en algo peor, en una franquicia de churros. Últimamente no hay nueva temporada televisiva en la que no aparezca el dichoso apellido en una o dos series de nueva creación pero, como ocurre con Spielberg (‘Falling skies’, ‘Terra nova’), da la sensación de que Abrams solo aparece por allí para que le den el cheque, para cobrar los royalties por la promoción que supone poner su nombre junto al producto. Y, como ocurre con una de esas franquicias de hamburguesas en las que lo que nos sirven no se parece en nada a lo de las fotos, las nuevas series apadrinadas por Abrams no tienen nada que ver con las originales. Son una mala copia de sus primeros éxitos. Ocurrió hace unos meses con ‘Alcatraz’, un burdo plagio de ‘Fringe’, como antes pasó con ‘Undercovers’ y posiblemente pase ahora con ‘Revolution’, el supuesto gran estreno de la NBC este otoño.

La trama nos lleva a un mundo apocalíptico tras desaparecer repentinamente la electricidad y, con ella, prácticamente todo lo que nos ha sacado de vivir en la selva. Firmados por Eric Kripke, creador de ‘Supernatural’, a los guiones, al menos de los dos primeros capítulos, les falta la tensión necesaria, como si en la serie, con la luz, también se fuera la chispa. Y como en los churrerías, ya hemos visto uno de los ingredientes que empieza a resultar cansino en Abrams. Ya sea en ‘Alias’, en ‘Perdidos’ o en ‘Fringe’, siempre sale el recurso facilón de poner a un personaje a contactar con otro misterioso a través de un ordenador. Y luego ni el casting ni los personajes emocionan. Ni siquiera destaca la presencia de Giancarlo Esposito, que tras componer a uno de los mejores malos de la historia de la ficción audiovisual -así de grande es su Gus Fring de ‘Breaking Bad’ y así de injusto es que se vaya de vacío de los Emmy-, ahora debe conformarse con un papel menor y previsible. De momento, como suele ocurrir con los paquetes que firma Abrams, ‘Revolution’ ha registrado buenas audiencias en su estreno. Pero sin la pasión e implicación necesarias, el público volverá a quedar desencantado si la serie sigue por este camino.

Cosas del verano

Hyde | 5 de julio de 2012 a las 13:42

En plena sequía veraniega de series nos aproximamos al oasis, pero qué oasis, de la quinta temporada de ‘Breaking Bad’. El 15 de julio se estrenan los primeros ocho episodios y hasta el verano de 2013 no veremos los ocho últimos, que cerrarán una serie histórica a la altura, si no por encima, de las otras grandes del Olimpo, como ‘Los Soprano’, ‘Mad Men’, ‘The Wire’ o ‘A dos metros bajo tierra’. Mientras, el seriófilo adicto tiene que conformarse con los restos de la programación habitual por estas fechas. Alguna cosa decente como ‘The Newsroom’ de Sorkin -aunque por el momento, sin dejar de ser un producto de calidad, no alcanza el nivel de sus expectativas-, nuevas series que no aportan nada nuevo pero se dejan ver como ‘Longmire’, el regreso del pequeño fiasco que es ‘Falling skies’ -ya no es cuestión de que nos creamos a sus pobres extraterrestres de serie B, sino a sus personajes y sus escenas- y luego, claro está, ‘True Blood’.

Un verano más resucita uno de los grandes misterios de la televisión. ¿Cómo es posible que alguien como Alan Ball, un guionista con un oscar por ‘American Beauty’ y el padre de la extraordinaria serie sobre la funeraria Fisher que antes mencionamos, sea también el responsable de este esperpento vampírico? Y aunque Ball ya haya confirmado que esta será su última temporada como productor ejecutivo -eso no significa que la serie se acabe, porque la HBO acaba de anunciar su renovación y la de ‘The Newsroom’-, mucha pasta ha tenido que cobrar para seguir ligando su nombre a este artificio engañoso.

Puede tener los mejores créditos y canción de arranque de la tele actual. También a algunos de los protagonistas que ponen los dientes más largos al personal, aunque más ellos que ellas. Son legión las fans de Alexander Skarsgard (Eric), Ryan Kwanten (Jason), Joe Manganiello (Alcide) e incluso de Stephen Moyer (Bill), y en cambio solo Deborah Ann Woll (Jessica) suscita las mismas pasiones. Pero ‘True Blood’, que comenzó como una sátira política fantástica, ha terminado como un culebrón sobrenatural en ese Macondo de pacotilla que es Bon Temps. Si bien este año no tenemos de momento el empacho de criaturas de los anteriores y la tensión sexual -posiblemente la clave de su éxito de audiencia- entre los protagonistas ha bajado también el pistón. Para octubre se habrán pasado los calores. Aunque sea entonces cuando la televisión entre en erupción tras la calma anodina de lo que nos viene. Buen verano.

 

Idealismo televisivo y político

Hyde | 21 de junio de 2012 a las 12:24

Posiblemente ningún guionista ha escrito una América contemporánea mejor que la de Aaron Sorkin. Nadie ha sido tan idealista, tan ingenuo, tan progresista ni tan soñador, pero a la vez tan certero en las reflexiones y diálogos de sus personajes, tan fiel al pulso de un país ni tan pulcramente comprometido -a la hora de meterse en el fango nadie supera a David Simon-. Sorkin, el escritor televisivo del sueño americano, consiguió que millones de personas se enamoraran de la política con ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y que simpatizaran con esos personajes a los que en la vida real por lo general desprecian. Seguimos a los asesores del presidente Bartlet que encarnaba Martin Sheen durante kilómetros y kilómetros de pasillos. Siempre intentaban hacer lo correcto, hasta que se encontraban con el eterno dilema de si el fin justifica los medios. La serie fue un éxito tan rotundo como inesperado para la NBC, y siempre será una de las grandes. Puede que más maleado, al poco tiempo de terminarla Sorkin ajustó las cuentas con la misma política cínica de Washington con la divertida y ácida ‘La guerra de Charlie Wilson’, con Tom Hanks y un sensacional Philip Seymour Hoffman sobre el éxito de un granuja congresista para financiar la venta de armas a los guerrilleros afganos contra la invasión soviética, pero también sobre su fracaso para luego construir ni una sola escuela, lo que acabaría derivando en el pozo de cultivo talibán que todos conocemos.

No hay una sola lista de los mejores escritores de cine y televisión actuales que se precie que no incluya a Sorkin, que además tiene la bonita cualidad de hacer que su audiencia se sienta más inteligente por verle. Debutó, ahí es nada, con ‘Algunos hombres buenos’. Tras ‘El Ala Oeste’ se pegó el batacazo, injustamente, con la divertida y visionaria ‘Studio 60′, para la que la audiencia quizás no estaba preparada (curioso el éxito casi simultáneo de la parecida ’30 Rock’).

Luego volvería al cine, y de qué forma, con el guión de ‘La red social’ -que le valió un Oscar- y el de ‘Moneyball’, que le dio una nominación. Y desde hace un año los seriófilos venimos hablando de su regreso a la televisión, que se produce, finalmente, este domingo con ‘The Newsroom’. La HBO, tras el extraño fracaso de ‘Luck’, juega sobre seguro. Protagonizada por Jeff Daniels, Sorkin nos mete en la redacción del programa informativo del periodista más respetado y seguido de EEUU por su imparcialidad y neutralidad. Un tipo que no se moja ni bajo una tormenta tropical. Hasta que se harta, y en una charla universitaria le tocan un poco las narices y una alumna le pide que explique por qué América “es el mejor país del mundo”. “No somos el mejor país del mundo”, estalla. Así se supone que comienza la serie, en lo que se espera una visión más madura y cínica, pero igual de idealista, de Sorkin sobre el mundo actual y el sueño americano. Será imprescindible.

 

Un género vivo

Hyde | 14 de junio de 2012 a las 11:44

Por mucho que lo intenten matar y enterrar, el western sigue vivo. Especialmente en televisión. Lo resucitó especialmente aquella maravilla, ya algo lejana en el tiempo, llamada ‘Deadwood’. La obra de culto de David Milch, que tan mala suerte ha tenido en su reencuentro con la HBO con ‘Luck’, ha tenido una digna heredera en ‘Justified’, una de las mejores series que se emiten actualmente y con la que comparte protagonista, el gran Timothy Olyphant. Al calor de su éxito, dos cadenas de cable se han animado recientemente a producciones del mismo género. Y no parece que les vaya nada mal. Por un lado, el canal History batió hace semanas el récord de audiencia del cable para un programa no deportivo con su miniserie ‘Hatfields and McCoys’. Casi 14 millones de personas vieron el primer episodio de la recreación del enfrentamiento real de dos familias en West Virginia tras la Guerra Civil americana. Protagonizada por Kevin Costner y Bill Paxton, y con Tom Berenger como secundario, lo cierto es que no deja de ser una historia contada mil veces. Montescos y capuletos pero a lo paleto y con pistolas en lugar de floretes. Cada capítulo dura dos horas y el piloto, a servidor, se le hizo un pelín insufrible. Todo masticadito y evidente. Todo el odio entre ambos clanes demasiado forzado e inmediato, con prisas, con precipitación.

Mucho más modesta, pero aparentemente mejor (hay que cuidarse de la ‘pilotitis’ pero las primeras impresiones suelen ser fiables), es ‘Longmire’, un western moderno sobre el sheriff de un perdido condado en el estado de Wyoming. Tampoco descubren la pólvora en la cadena A&E, pero logran componer unos personajes atractivos, empezando por el protagonista, un viudo que encarna Robert Taylor, y por su lugarteniente, Katee Sackhoff (la ‘Starbuck’ de ‘Galáctica’), y siguiendo por un Lou Diamond Phillips al que hace poco vimos también como estrella invitada en ‘Southland’. ‘Longmire’ no tiene ni de lejos la excelencia en los guiones, los diálogos y la interpretación de ‘Justified’. Pero se deja ver, tanto por sus paisajes inhóspitos como por ese acento ‘redneck’ que la hace tan realista.

 

El supervillano

Hyde | 7 de junio de 2012 a las 11:22

Hoy debuta como firma invitada en este blog el gran Simón Cano Le Tiec, con una oportuna reflexión sobre ‘Sherlock’. Ahí os la dejo:

El público se ha visto enamorado por uno de esos villanos que necesitan sobrevivir para orquestar la anarquía entre sus enemigos, y ese es Moriarty. Jim para los amigos, o bien Andrew Scott para los que le idolatran, se ha convertido en uno de los personajes más carismáticos de la televisión británica. Hace casi una semana, mientras la mayoría de periodistas, cinéfilos y críticos de todo el globo tenían puestos sus ojos en Cannes y en como Haneke sujetaba su segunda Palma de Oro, se entregaban los premios Bafta a lo mejor de la temporada televisiva inglesa, y si se trata de hablar de excelencia interpretativa, el nombre de Scott no podía faltar en el palmarés. Si tenía que caer algún premio tras el de Martin Freeman como mejor actor secundario hace ya un año, era ése. Scott, entregado en su totalidad a un papel que debería pasar a estar en los libros de interpretación, se ha asegurado de perfilar el caos, el control y la manipulación en un personaje idílico, casi lírico para tratarse de una moderna adaptación de los relatos de Arthur Conan Doyle. A él tampoco le iban mucho los escándalos internacionales. Irene Adler bien pudo ser la única que consiguió darle una buena tunda a Sherlock Holmes, pero tampoco tambaleó el frágil equilibrio de su persona. Moriarty, sin embargo, no solo lo hizo, sino que también consiguio que el pequeño mundillo que Holmes había formulado hasta la fecha, se derrumbara en el acto. De hecho, casi nada en Sherlock transcurre realmente como Doyle escribía, y aunque Moriarty siempre haya actuado desde las sombras, Scott vive para lucirse ante una cámara hechizada por su temida sonrisa, su tragicómico histrionismo y sus one-liners tan perfeccionados como por parte de los guionistas (Mark Gatiss y Steven Moffat) como por su asombrosa expresividad. Por suerte, vive rodeado de talento, o lo que es lo mismo, de Freeman y de Benedict Cumberbatch, cuyo Bafta seguramente le caerá por la última temporada de la serie.

 

El Londres de Moffat, de Gatiss, y lo que es más importante, el de Scott, no es como el pozo de aristócratas del Londres de Woody Allen, pero bien podría parecerse en algo. La violencia se encuentra sometida una presión tal, que el caos impera en las calles, Moriarty se vuelve loco, revienta los códigos de seguridad de los edificios más emblemáticos de la capital, y sigue sonriendo a las cámaras que le graban como uno de esos pocos supervillanos que enamoran por lo bien que les van las cosas. Scott se encaja en un rol complejo, y al final es Moriarty el que acaba vistiéndose como el actor irlandés. Ser tan frenético es lo que le hace tan trascedental. Cumple la mayoría de las exigencias que debería tener un personaje como para tener su propia serie. Sería un Dexter Morgan, un Jack Bauer o un Don Draper que no quiere resaltar porque ya lleva consigo ese estatus de protagonista. Hacerle sombra a Cumberbatch no es tarea fácil, y como antagonista, muchísimo menos. Se trata de uno de esos ejercicios de estilo que se convertiran en ídolos de culto con el paso de los años. En cuanto al trabajo de Scott, todo aspirante a actor debería verle decir: ‘Tú estás en el bando de los ángeles’.

 

De todo a nada

Hyde | 31 de mayo de 2012 a las 11:09

Mientras ‘Mad Men’ sigue escalando peldaños en el Olimpo de la televisión, con capítulo histórico tras capítulo histórico en su sublime e insuperable quinta temporada -‘At the codfish ball’ y ‘The other woman’ son episodios dignos de exhibirse en un museo-, la temporada va llegando a su fin y la parrilla televisiva se va quedando cada vez más vacía. Entre los estrenos más comentados del año, y que aquí avanzamos en un, admitámoslo, caso de libro de pilotitis -precipitación al juzgar una serie por su primer episodio-, se encuentra ‘Smash’.

El musical de la NBC, que parecía iba a ser el gran pelotazo de la segunda parte de la temporada, se fue poco a poco diluyendo como un azucarillo. Nada hacía presagiar en un debut magnífico que había tan poca materia y tanta falta de ideas entre los guionistas de la serie. La premisa original, meter al espectador en el proceso creativo de un musical de Broadway sobre Marilyn Monroe, era sumamente atractiva. Una mezcla explosiva de egos y talentos, sumergirnos detrás del telón, en los ensayos, el casting, la escritura y composición de los números musicales. El reparto, sin ser nada del otro mundo, contaba con gente como Angelica Houston, Jack Davenport (su director Derek es de lo poco que se salva de la serie), Debra Messing -bastante insufrible, por cierto-, Christian Borle y el gran desaprovechado, Michael Cristofer. Incluso se intentó provocar una reacción con la aparición durante varios capítulos como estrella invitada de Uma Thurman.

Pero ni por esas. Todo porque las dos protagonistas se han desinflado como la serie. O habría que decir que han pinchado. La ‘american idol’ Katharine McPhee tiene una estupenda -puede que incluso demasiado perfecta- voz para el pop, pero sus aptitudes como actriz no parecen a la altura del reto. Y Megan Hilty, pese a su mayor experiencia en musicales en Broadway, también compone un personaje bastante planito. Gran parte de la culpa de todo ello la tienen unos guiones -por llamarlos de alguna forma- que fueron de más a menos, de todo a nada, por una grave falta de ambición y quizás por la sorpresa de que la serie recibiera tantos elogios en su comienzo y tantos palos en su continuación. Renovada para una segunda temporada por una cadena que últimamente no da pie con bola, parece probable que el ‘Smash’ del año que viene no se parezca en nada. No sólo porque su creadora y ‘showrunner’, Theresa Rebeck, vaya a ser sustituida por el responsable de ‘Gossip Girl’, Josh Safran, sino también porque gran parte de los personajes cambiará. Pero será difícil recuperar el ‘hype’ desatado tras un primer capítulo sensacional y un terrible resto de temporada que, si acaso, levantó un poquito la cabeza en el último episodio.