Un reality-geographic de miedo

Hyde | 16 de febrero de 2012 a las 10:55

Cuenta la leyenda urbana, que le hizo una impagable promoción a ese éxito mayúsculo de taquilla que fue ‘Actividad Paranormal’ -costó 15.000 dólares y recaudó 193 millones en todo el mundo-, que Steven Spielberg se llevó una copia de la cinta a casa para verla tranquilo y decidir si quería distribuirla y financiarla a través de su estudio Dreamworks. Y el Rey Midas de Hollywood no sólo pasó mucho, mucho miedo -como todo el que la haya visto y tenga un mínimo de sangre en las venas-, sino que se quedó aterrorizado cuando poco después de visionarla la puerta de su dormitorio se cerró sola desde dentro y tuvo que venir un cerrajero a abrirla. Spielberg, dice el relato, estaba convencido de que la cinta estaba poseída, pero también enamorado de la película de Oren Peli. El resto es historia. Las dos secuelas (y se ha anunciado una cuarta) también han arrasado en los cines y hecho ricos a sus productores.

Ahora, el ya no tan joven Peli se ha embarcado, con Spielberg en la producción, en la serie ‘The River’, estrenada la semana pasada por la cadena ABC con un doble episodio dirigido con tino por el español Jaume Collet-Serra (‘Sin identidad’, ‘La casa de cera’, ‘La húerfana’). La nueva obra, que pinta bien y muy por encima de las morrallas televisivas que nos ha entregado la factoría de Spielberg este año (‘Terra Nova’ y ‘Falling Skies’) la ha definido a la perfección el mejor analista de series patrio, Alberto Nahum: una mezcla de ‘Apocalypse Now’, ‘Lost’ y ‘Cloverfield’. También es un cóctel de terror, documental y reality, que tan estupendamente se le ha dado a Peli con su franquicia cinematográfica. El argumento no es un dechado de originalidad, pero los ingredientes mezclan bastante bien. Un ambientalista de fama mundial, que en los últimos 20 años se ha dedicado a recorrer el mundo en su barco grabando una especie de reality-national geographic con su hijo y su mujer, se pierde en el Amazonas cuando viajaba sin ellos. La misión de búsqueda nos embarca en zonas poco pisadas antes por el hombre, donde parece reinar algo similar a ‘Smokey’, el dichoso humo negro de ‘Lost’. Espíritus, santería, muñecos colgando. ‘The River’ no se llevará premios, pero si su objetivo es dar miedo, lo da. Hay que verla a oscuras.

Un ‘pelotazo’ largamente esperado

Hyde | 9 de febrero de 2012 a las 11:27

En las últimas semanas ha habido dos acontecimientos, en principio contrapuestos, que han revolucionado a la comunidad seriófila. Por un lado, el cierre de Megaupload y las consecuencias que la posible caída en cascada de servidores podría tener para cientos de miles de serieadictos -algo así como que en la era del Ipad nos devolvieran a los tiempos del Spectrum 48k-. Por otro, y a pesar de lo anterior, el visionado masivo en la red, antes de su estreno, de una de las series que huelen a sensación del año, ‘Smash’, disponible sin duda como estrategia de promoción de la propia cadena. Emitida el lunes por la NBC, todo apunta a que será el gran éxito que necesita desesperadamente la gran cadena en abierto estadounidense, que tanto se ha equivocado últimamente con su programación de ficción. La mayoría de críticos de referencia, tanto en este lado del Atlántico como en el otro, ya le han dado su aprobación. En algunos casos entusiasta y en otros contenida. El de ‘Time’ se pregunta si será la nueva ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ o el nuevo ‘Studio 60′, ambas geniales obras de Sorkin para la misma casa pero con dispar resultado de audiencia. Y aunque todo el mundo señala que no tienen tanto que ver, nadie se escapa de la tentación: es imposible referirse a ‘Smash’ sin hablar de su némesis, del duro rival -más en términos de éxito comercial que de calidad- con el que viene a acabar. Y no es otro que ‘Glee’, el pelotazo de Ryan Murphy para la Fox.

Con la contención que se debe tener para enjuiciar una serie tras haber visto sólo su piloto -aunque en la mayoría de ocasiones la primera impresión es la válida-, ‘Smash’ parece más adulta y menos ligera que ‘Glee’. Nos mete en el apasionante proceso de creación de un musical de Broadway, nada menos que sobre la vida de Marilyn Monroe, y especialmente en la dura competencia entre dos bellas actrices que sueñan por hacerse con el papel que las convertirá en estrellas. No se podía haber elegido a dos protagonistas más distintas y complementarias, por un lado la voluptuosa Meagan Hilty, a priori prototipo ideal para encarnar a la tentación rubia, y por otro la morena Katherine McPhee, cuyo personaje nos presentan como el de una camarera de Iowa en busca de un sueño imposible, aunque estamos ante una de las grandes sensaciones de ‘American Idol’, el ‘Operación Triunfo’ americano, de hace un lustro. Ni que decir tiene que ambas cantan como los ángeles. En el reparto también sobresalen Debra Messing, supuesta protagonista y estrella de ‘Will y Grace’ y Angelica Houston, como productora del musical.

De momento, 11,5 millones de espectadores convirtieron el estreno en el programa más visto de esa franja horaria el pasado lunes. Habrá que seguir atentos. Por lo visto hasta ahora, merecerá la pena.

Diálogos impuros

Hyde | 2 de febrero de 2012 a las 12:35

A estas alturas resultará difícil que nos escandalicemos con cualquier escena que se inventen los guionistas de ‘Californication’, la serie más desvergonzada de la tele, hecha tan a medida de David Duchovny, su protagonista y productor ejecutivo, que cualquiera diría que él mismo selecciona el casting de bellas jovencitas a las que su Hank Moody, digámoslo finamente, seduce… No, ‘Californication’ ha agotado ya su capacidad para sorprendernos, todo suena a repetido, a barbaridad tras otra, y por eso no cuenta con el respeto de la crítica. Cuesta encontrar algún crítico de prestigio que siga esta serie de la cadena Showtime, pero tiene una audiencia fiel y más que suficiente, que en ocasiones supera los 2,5 millones a lo largo de toda la semana, para mantenerse, habida cuenta de que sus costes de producción no deben de ser prohibitivos. Y qué demonios, si hay mucha, muchísima gente, que se enganchó a ‘Spartacus’ como terapia post-oficina, un baño de sangre y sexo para la descompresión laboral, lo mismo ofrece la serie de Kapinos: desvergüenza a raudales y unas buenas risas.

Con el paso del tiempo, el personaje de Duchovny se va haciendo más y más cansino, pero a cambio el de su agente, Charlie Runkle (un excesivo pero gracioso Evan Handler), va ganando peso. Si el año pasado acompañábamos a Moody al borde del infierno durante casi toda la temporada (el juicio por pedofilia en el que era defendido por la despampanante Carla Gugino, a la que hemos podido ver ahora en ‘Justified’), en esta quinta temporada lo encontramos más moderado. Han pasado varios años, se ha mudado a Nueva York, y está de visita en Los Ángeles para escribir un guión para un rapero-productor multimillonario, con cuya novia inevitablemente -Meagan Good quita el hipo- tiene un lío, y visitar a su hija. Su familia ha avanzado sin él, que sigue siendo el mismo capullo indeciso, caprichoso, egocéntrico y encantador de siempre, con una relación tormentosa con el desequilibrado personaje de Natalie Zea. Pero en estas, justicia poética o castigo divino, que Moody encuentra la horma de su zapato. Su hija se echa un novio que bien podría haber sido él veinte años atrás. Un granuja de cuidado. Aunque la trama no le está dando toda la cuerda deseable a ese conflicto generacional, sigue mereciendo la pena ver ‘Californication’, con los diálogos más porno de la ficción televisiva. Aunque después haya que confesarse y rezar cuatro avemarías.

Triple A

Hyde | 26 de enero de 2012 a las 12:39

Como ocurre con las calificaciones de riesgo de esas agencias que se dedican a poner nota y especular con la deuda de los países, ese triunvirato de pérfidas firmas yankees que bien podrían ser el Spectra ideado por Fleming, el SD-6 o cualquiera de la Alianza de los Doce de ‘Alias’, cada cierto tiempo hay que revisar la solvencia de una serie. El examen llega con cada nueva temporada, y lo mismo que algunas obras se exponen a perder la máxima nota, otras mejoran con el tiempo. De momento, tras el regreso con su tercera y cuarta temporadas, respectivamente, nada hace pensar que ‘Justified’ y ‘Southland’ pierdan este año su triple A.

No estamos sólo ante los dos mejores policiacos, tan distintos y tan parecidos, del momento. También ante dos de las mejores series actuales, a pesar de contar con la desventaja de pertenecer a un género mil veces manido. De ‘Justified’ y su sensacional segunda temporada se han agotado los elogios. Así que la duda era ver si mantenía el nivel tras la salida forzosa de la Mags Bennett de Margo Martindale, que compuso el año pasado una mala antológica, digna del Salón de la Fama. Por el momento lo hace, y parece que en esta edición será a costa de introducir varios enemigos a Raylan Givens.

Hay que reconocerle a Timothy Olyphant, protagonista y coproductor, una gran vista. Su generosidad, dando juego a tantos personajes y buenos intérpretes -no todas las estrellas televisivas están por esa labor- ha redundado en su beneficio. Y lo que era una serie peculiar se ha convertido en un producto excelente, con Walton Goggins de espectacular escudero. De ‘Justified’ se puede decir además que cuenta con los mejores y más afilados diálogos de la tele, obra y gracia del veterano Graham Yost y del escritor Elmore Leonard, en cuya novela se basa esta serie. También que sirve unos momentos de violencia, o quizás de expectativa de violencia, que provocan hipertensión. Sus creadores han sido muy hábiles a la hora de hacer vulnerable a Givens, más duro que el pedernal pero ahora con un flanco débil terrible: su futura paternidad.

En cuanto a ‘Southland’, esta serie coral también cuenta con un casting muy, muy efectivo. Cada vez gana más peso Shawn Hatosy, aunque Cudlitz siempre está convincente. Este año incorporan además a la otrora estrella, ahora un pelín pasada de moda, Lucy Liu (su personaje es bastante autoparódico) y a Lou Diamond Phillips como invitado. Sigue siendo la mejor heredera de ‘The Shield’. Es dura, dura, dura. Pero a la vez se esfuerza por enseñarnos el lado humano y vulnerable de esos polis que se enfrentan al infierno cada día.

La cárcel de Abrams

Hyde | 19 de enero de 2012 a las 13:10

Las malas noticias, cuanto antes, mejor. Así que ahí va una: la esperadísima ‘Alcatraz’ es y será otro de los grandes fiascos de esta temporada televisiva que empezó tan grandilocuente y de la que de momento tan solo se salvan -por todo lo alto, eso sí- la excelente ‘Homeland’, la especialísima ‘Black Mirror’ y la murphyniana ‘American Horror Story’. La nueva criatura de J.J. Abrams, que a sus 45 años sigue empeñado en imitar a su admirado Spielberg, incluso a la hora de poner su nombre como productor a prácticamente cualquier cosa, simplemente no funciona. Y aun a riesgo de caer en el pecado de la ‘pilotitis’, de juzgar una serie anticipadamente por sus dos únicos episodios emitidos, será difícil que remonte el vuelo.

Llevamos casi un año oyendo hablar de una serie en la que iba a ocurrir algo muy gordo, y paranormal, en la legendaria isla carcelaria. Y cuando una historia así viene también vendida porque detrás está la productora responsable de ‘Perdidos’, uno se espera cualquier cosa extraordinaria, pero no un refrito barato, una versión pobretona de ‘Fringe’ que indignará a sus pocos pero militantes seguidores. ‘Alcatraz’ intenta copiar el estilo e incluso la música de la otra serie de la Fox , abandonada a su suerte por Abrams, pero con mucho peor guión, por no decir del casting (el repetitivo Sam Neill no le llega a la altura de la suela de los zapatos a John Noble, es difícil soportar a Jorge García mucho tiempo y la guapa Sarah Jones, por muy prometedora que resulte, no es ni de lejos Anna Torv). Todo huele a usado, todo suena a visto -sí, también hay reminiscencias de ‘Alias’-, y a pesar de los esfuerzos de sus creadores por impresionar al espectador en los primeros 45 minutos condensando toda la historia y forzando las relaciones de los personajes, ‘Alcatraz’, de momento, provoca más bostezos que asombro.

El listón está altísimo en la televisión contemporánea. Tanto en la narrativa (los tiempos y las pausas son vitales, no se puede ir con prisas) como en la puesta en escena. Y a los tipos que la revolucionaron con ‘Perdidos’, atreviéndose a estrellar un 747 en una isla misteriosa, creando una mitología propia, hay que exigirles en consecuencia. Pero puede que Abrams, tras ver que a Spielberg no le quita el sueño poner su firma en hiperpromocionados bodrios televisivos como ‘Terra Nova’ o ‘Falling Skies’, haya perdido la vergüenza de plagiarse, mal, a sí mismo.

La pérfida y brillante Albión

Hyde | 12 de enero de 2012 a las 13:48

Lamentablemente, y con la brillante excepción de ‘Crematorio’, la eclosión de series de ficción españolas sigue siendo una cuestión más cuantitativa que cualitativa. De hecho parece exclusivamente cuantitativa. Cada poco tiempo se anuncian nuevas producciones patrias, ahora Toledos e Isabeles, a las que le faltan los ingredientes básicos para convencer: buen guión y buenas interpretaciones. Poco importan las ambientaciones, la promoción o los nombres de relumbrón si luego falta una historia creíble y atractiva que contar con un desarrollo coherente que no insulte a la inteligencia del público. Desde luego que el dinero cuenta, pero al contrario de lo que diga más de un productor llorón a la caza de subvenciones, lo bueno no necesariamente tiene que ser caro. Ahí siguen los ingleses demostrándonos que es posible competir cara a cara con las grandes cadenas estadounidenses con ingenio y atrevimiento y sin tanto dólar de por medio. Y no hablamos en esta ocasión del folletín de calidad ‘Downton Abbey’, de Julian Fellowes, sensación de los últimos dos años y la serie británica más cara de la historia, sino de otros dos nombres estelares de la televisión contemporánea: Ricky Gervais y Charlie Brooker.

Dos genios locos, creadores de nuevos estilos, con un valor sin límite que luego es premiado por público y crítica. El primero ya es un famoso universal, gracias tanto a su ácida, irreverente y desvergonzada presentación de la gala de los Globos de Oro del año pasado como a sus obras, dignas hijas de su padre. Con ‘The Office’ (tanto en su versión británica como la posterior americana), ‘Extras’ o la más reciente ‘Life’s too short’, Gervais ha creado una nueva realidad-ficcionada o ficción-realista, un humor socarrón en el que los perdedores son protagonistas y en el que medio Hollywood quiere participar con cameos. En su último trabajo, Gervais nos mete en la vida de Warwick Davis, el actor británico, enano, protagonista de ‘Willow’ y que apareció en películas como ‘El retorno del jedi’ o la saga de ‘Harry Potter’. No está claro si Gervais se ríe con crueldad del personaje o de los prejuicios de la sociedad, pero el patetismo es uno de los protagonistas de ‘Life’s too short’, como lo es en toda la obra de Gervais. Las apariciones, por cierto, de Johnny Depp y Liam Neeson son hilarantes.

En cuanto a Brooker, se trata de un tipo hiperactivo, columnista de The Guardian, y brutal analista de la televisión de masas. Si ya sorprendió a todo el mundo con su gore ‘Dead set’, una plaga de zombies, que se anticipó a ‘The Walking Dead’, en la que todo el mundo se infectaba menos los protagonistas de ‘Gran Hermano’ (no se sabe quién estaba más podrido por dentro), no es atrevido decir que con ‘Black Mirror’ ha evolucionado la televisión. Se trata de tres historias independientes que bien habrían formado una película, un brutal ensayo sobre las nuevas tecnologías y sus peligros, en el que se mezclan Tarantino, Allen e incluso Kubrick. Sólo por ponerles un ejemplo: en el primer episodio, ‘El himno nacional’, el primer ministro británico se enfrenta a un ultimátum: o se cepilla, en directo y ante las cámaras de televisión, a un cerdo, o la princesa favorita del pueblo será ejecutada. Y las redes sociales hierven. El segundo es un relato orwelliano que mezcla operación triunfo con ‘1984’ y aterroriza a cualquier poseedor de Ipad o tableta táctil Y el tercero, una brillante reflexión sobre cómo siempre es mejor no saberlo todo. Eso es echarle narices a la tele y lo que hacemos por aquí tonterías.

Las diez mejores series de 2011

Hyde | 27 de diciembre de 2011 a las 3:40

Llega el fin del año y el obligado repaso a lo mejor de la parrilla televisiva. Ausente forzosa ‘Mad Men’ tras las duras negociaciones entre la cadena AMC y su creador, Matt Weiner, estas son las diez mejores obras de 2011 a juicio, subjetivísimo, de este seriófilo. Algunas se han emitido ya en España, otras lo hacen en la actualidad y otras llegarán pronto.

10.-‘Sons of Anarchy‘. ¿Puede un último capítulo cargarse una temporada casi redonda? Si eliminamos el desastroso 4×14, la nueva entrega de esta violenta serie, revisión motera de ‘Hamlet’ y ‘El Padrino’ (aunque nuestros muchachos de Samcro se pasan más tiempo en el hospital que sobre sus Harleys), ha vuelto al nivel de sus primeros dos años, gracias a la llegada del artesano Paris Barclay. Su creador, Kurt Sutter, uno de los tipos más irreverentes, peculiares y sorprendentes de la televisión (“Haz siempre lo contrario de lo que espera el espectador”, es uno de sus lemas), ha estado más cerca que nunca de la añorada ‘The Shield’, en la que trabajó como guionista. Aunque al final, como Ícaro, se quemó.

9.- ‘Community’. No es fácil para una serie de una gran cadena generalista como la NBC jugar siempre al filo de la navaja. Por eso, y aunque su tercera y a tenor de las audiencias quién sabe si última temporada, no sea la mejor, el loco grupo de estudio de Greendale merece estar en cualquiera de estas listas. Hay unanimidad de los críticos: cuando uno de sus episodios es redondo, resulta inalcanzable. Y este año ya llevamos unos cuantos capítulos memorables. Nadie parodia mejor que ‘Community’ y no recordamos un mejor dúo que el de Abed y Troy. El talento, la asunción de riesgos y la creatividad salvaje de esta comedia, con un casting soberbio y unos guiones escritos con la locura que sólo un genio puede tener, merecen mucha mejor suerte.

8. ‘Crematorio’. También hay que tener mucho valor para coger la excelente novela de Rafael Chirbes, a base de monólogos interiores, y llevarla a la pequeña pantalla en la que posiblemente sea la primera serie española que puede mirar a la cara a las producciones de la HBO, la AMC y la BBC sin bajar la cabeza. Los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo merecen todos los aplausos, a la par que Canal Plus un empujoncito para seguir destinando parte de sus ingresos a producciones propias de calidad. ‘Crematorio’, con un Pepe Sancho en el papel de su carrera, es un retrato fiel y descarnado de la corrupción y la voracidad inmobiliaria que ha asolado el litoral español. Y todo, desde los créditos iniciales con música de Loquillo, pasando por la fotografía hasta el último de los secundarios, funciona como un reloj. No estamos acostumbrados.

7.- ‘Friday Night Lights’. Si se tratara de valorar una serie en su conjunto, las cinco temporadas de ‘FNL’ merecerían estar en el podio. Si lo que cuenta es la emoción y empatía que se provoca en el espectador, sería la campeona. No, la quinta y última entrega de esta fenomenal obra sobre la familia, la pertenencia a una comunidad, la crisis, los retos de la vida diaria, con deporte como elemento catalizador pero no protagonista, no ha sido la mejor. Cuenta, eso sí, con un finale redondo, de los que pasarán a la historia por dejar a todo el mundo satisfecho. Rodada con cámara al hombro, sin ensayos y con libertad interpretativa absoluta, hasta el punto de que sus excelentes actores improvisaban sobre la marcha y cortaban o ampliaban diálogos por lealtad al espíritu de sus personajes, ‘FNL’ es la gran serie que usted no ha visto. No ha habido, ni seguramente habrá, un matrimonio más realista y perfecto en la pantalla que el que forman los Taylors de Kyle Chandler (por fin le llegó el Emmy) y Connie Britton. Tampoco un pueblo con más corazón que Dillon.

6.- ‘The Good Wife’. Si la segunda temporada fue la de confirmación de la alternativa tras un estreno sorprendente, en su tercer año ‘La Buena Esposa’ se mantiene en la cumbre, aunque sigue penando con las audiencias. Julianna Margulies reina sobre un reparto soberbio, con más banquillo que el F.C. Barcelona, el Real Madrid y el Manchester City juntos. ‘TGW’ es la serie con los guiones más actuales, no en vano sus ‘showrunners’, el matrimonio King, los escribe y graba de una semana para otra. Cual pareja de Guardiola-Mourinho televisiva, saben sacar siempre lo mejor de cada personaje y siguen su evolución al milímetro. Si un día Kalinda quita el hipo, al otro Cary Agos lo borda. Y cuando no es el genial Eli Gold de Alan Cumming, aparece como estrella invitada Michael J. Fox en un papel de abogado discapacitado y cabronazo espectacular. No, ‘The Good Wife’ no es otra serie de abogados. Es sobre la política, la ambición, la familia y la competencia profesional. Una maravilla.

5.- ‘Justified’. Bonito que una serie tan cargada de testosterona como ésta, sobre un duro, durísimo U.S. Marshall que vuelve a su cerrado condado natal de Kentucky, haya explotado gracias a sus mujeres. Con una Margo Martindale sencillamente sublime, que encarna a una de las mejores ‘malas’ de la historia de la tele, y unos diálogos soberbios a cargo del curtido Graham Yost, la segunda entrega de ‘Justified’ sorprendió a toda la crítica. Timothy Olyphant, protagonista y productor, dio un acertado paso atrás, sólo para ganar más impulso, dando mayor peso a los personajes femeninos de Zea, Carter y la niña Kaitlyn Dever, y a su lado tiene a uno de los mejores secundarios posibles: Walton Goggins. Es pecado ver esta serie doblada, porque aunque sus acentos ‘redneckianos’ resultan incomprensibles incluso para los angloparlantes, sería como poner acento gallego a un gaditano.

4.- ‘Juego de Tronos’. A priori, la formidable empresa de llevar a la pantalla la colosal e inacabada todavía –maldito viejo gordo- obra de George R.R. Martin, referente actual de la literatura fantástica, parecía demasiado incluso para la HBO. Pero aunque difícilmente encontrarán a un lector de los libros que prefiera la serie, como tiene que ser, tampoco habrá muchos que renieguen de ella. El casting, lleno de secundarios apenas conocidos para el gran público, ha sido un acierto total. Se nota que el escritor, veterano guionista, es uno de los productores y ha participado decisivamente en la elección. Las recreaciones que parecían imposibles del primer tomo de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ (el Muro, los ‘niños’ de Dani…) se han solventado de forma magistral. Y aunque se trata de una obra coral, un buffé libre de protagonistas que se mueven por un tablero en el que la vida no está garantizada –amará y odiará a Martin por ello, querido lector-, sobresale entre todos el más pequeño de tamaño pero grande de talento: Peter Dinklage. También parecía imposible encontrar al Tyrion perfecto. Él lo es.

3.- ‘Boardwalk Empire’. Con ella hay que ser más exigente que con las demás, porque lo tiene todo. Todo el dinero del mundo y más (en reconstruir el viejo paseo marítimo de Atlantic City se gastaron más que en la inmensa mayoría de las películas españolas); un reparto excelente encabezado por Steve Buscemi y Michael Pitt, secundados por gente de la talla de Michael Kenneth Williams (sus escenas, antológicas, casi superan por intensidad a las del viejo Omar de ‘The Wire’) y un equipo de lujo detrás de las cámaras liderado por el ‘sopraniano’ Terence Winter, T. Van Patten y un Martin Scorsese cuya mano se intuye. A veces para bien y otras para mal. A ‘BE’ sólo le reprochamos cierta frialdad en el desarrollo de los personajes y la cargante presencia de Paz de la Huerta. Va camino de ser una obra maestra.

2.- ‘Breaking Bad’. Se nos acaban los epítetos para el descenso a los infiernos del profesor Walter White. También los halagos para Vince Gilligan y su maestría artística: ha conseguido que una serie adquiera la coherencia y la profundidad de una gran novela. Todo ocurre por una razón en ‘BB’, reina de la pantalla desde su estreno y hasta su penúltima temporada. Y sea cual sea el lío en el que se meten sus personajes, los más desarrollados e imperfectamente humanos de la televisión actual, la historia continúa sin trampa ni cartón. No sólo cuenta con dos protagonistas y antihéroes memorables, a cargo de los premiados Bryan Cranston y Aaron Paul. También Gus Frings, un extraordinario Giancarlo Esposito de momento con las manos vacías, se ha ganado un puesto entre los mejores malos televisivos de la historia.

1.- ‘Homeland’. Una lista es siempre, y sobre todo, subjetiva. Incluso contradictoria. En el balance final y tras varios años, ‘Breaking Bad’, ‘Friday Night Lights’, ‘The Good Wife’ o ‘Boardwalk Empire’ serán seguramente mejores que una serie que debería tener solo una temporada. Puede que incluso en este 2011 si hiciéramos un análisis formal y objetivo. Pero hay muchos factores por los que ‘Homeland’ merece este puesto de honor en su debut. No sólo por la solidez de sus dos dañados protagonistas, unos inmensos Claire Danes y Damian Lewis, o por la discreta maestría de don Mandy Patinkin. Tampoco porque por primera vez la cadena Showtime le hable de tú a tú a las veneradas HBO y AMC y eso sea de agradecer. Lo mejor de ‘Homeland’ es el supremo valor con el que afronta un tema tan doloroso y espinoso como el terrorismo, sus causas y sus consecuencias, en un país que todavía no ha cerrado del todo las cicatrices del 11-S. Todos sus personajes principales están traumatizados de una manera u otra, como la nación, pero eso no impide que los responsables de esta serie, inspirada en una israelí, nos pongan a menudo en la piel del terrorista y lancen al espectador la dura pregunta de si no será igual de malo un Estado que bombardea a civiles y mata niños. También hay que aplaudir su equilibrismo de cuerda floja. A medida que iban pasando sus episodios, nadie daba un duro por el desenlace, presuponiendo un ‘finale’ desastroso ‘a la The Killing’ en el que saltaran todas las costuras del argumento. Pero el traje estaba hecho como dios manda. ‘Homeland’ es un thriller psicológico fantástico, con muchos momentos de una intensidad que corta la respiración. Y ha logrado lo más difícil: situar una trama que parecía forzosamente conclusiva bien embocada hacia la segunda temporada. Como su música, es un jazz que va entrando sigilosamente, hasta que, de repente… ¡ZAS! te ha conquistado. Como en el jazz, como esa trompeta de Miles Davis que parece estremecerse, llorar y gritar en solitario, uno duda de que todo acabe entrando en armonía. Pero lo hace. Bravo.

Venganza en el reino pijo

Hyde | 22 de diciembre de 2011 a las 13:11

A estas alturas, y tras el sensacional finale del domingo, nadie disputa a ‘Homeland’ el título de serie revelación de la temporada (si hablamos del año, sin embargo, ‘Juego de Tronos’ le presenta batalla). Todavía quedan por llegar ‘Luck’, de cuyo decepcionante piloto hablamos la semana pasada, y el esperado ‘Newsroom’ del maestro Aaron Sorkin, entre otras, pero parece bastante difícil alcanzar el nivel de este thriller psicológico, de este duelo interpretativo entre Damian Lewis y Claire Danes, arbitrado por ese otro fuera de serie que es Mandy Patinkin. La mayoría del resto de estrenos han sido flojos, por no decir decepcionantes. De ‘Terra Nova’ ya se ha dicho prácticamente todo, como ‘Pan Am’. No ha tenido suerte, quizás por jugar demasiado la baza sobrenatural, ‘A gifted man’, cuando partía de una buena idea: la dualidad entre la sanidad privada y la benéfica en EEUU y contaba con un reparto decente. Sólo se salvan de momento la irregular ‘Once upon a time’, ‘American Horror Story’, del excesivo pero talentoso Ryan Murphy, y, en una escala menor, la entretenida ‘Revenge’.

Se trata de un folletín pasable, catalogado como un ‘Conde de Montecristo’ en los exclusivos Hamptons, y protagonizado por una mujer, la joven pero convincente Emily Van Camp (‘Everwood’). La serie nos mete en la base mundial del pijerío más pijo, donde pasan sus largos veranos las familias más adineradas de EEUU, fortunas heredadas, ganadas a base de la especulación financiera o en la burbuja tecnológica. Allí regresa la protagonista para vengarse, uno por uno, de los personajes que metieron a su padre en la cárcel con una falsa acusación y la obligaron a ella a pasar su niñez de reformatorio en reformatorio. Su principal antagonista, la “reina”, es la maquiavélica Victoria Grayson, encarnada por la veterana -parece que por ella no pasan los años- Madeleine Stowe, nominada al Globo de oro por este papel (tampoco es para tanto) y quien por cierto ya protagonizara, junto a Kevin Costner, una película con el mismo título. ‘Revenge’ ha sido un moderado éxito para la cadena ABC y se da por hecha su renovación para una segunda temporada.

El primer juicio

Hyde | 15 de diciembre de 2011 a las 13:08

ES muy humano, y por lo tanto bastante propenso al error, juzgar algo por la primera impresión. Ocurre con la pilotitis, esa tendencia a ensalzar o masacrar series por su primer capítulo. No sólo le pasa a los espectadores y críticos, también a los ejecutivos de las cadenas, que en ocasiones deciden si se producirá o no una obra en función de la respuesta emocional a su primer episodio. Pero tampoco hay que denostar las primeras sensaciones. Si nos enamoramos de un flechazo, también podemos odiar a primera vista.

A veces también se puede distinguir si una fruta estará o no madura con un fugaz vistazo, o un vino al primer sorbo. Hay series que desde su primer capítulo no engañan: serán un fiasco o una maravilla. Los pilotos de Damages, Breaking Bad, Perdidos y su avión estrellado, The Good Wife o aquel antológico de The Shield, dejaban conmocionado al televidente, con necesidad de más. Otras, como Falling Skies o Terra Nova, por citar dos de los desastres de esta temporada, ya hacían presagiar que no había ahí demasiado que rascar. Pero nadie puede fiarse. Hay series de maduración lenta, que tardan. A Mad Men hay que darle varias oportunidades para apreciarla en todo su esplendor, y hay muchas joyas con primeros episodios no del todo redondos pero que sería pecado perderse, como Los Soprano. Sin embargo, el principal enemigo de todo seriéfago son las expectativas previas. Uno no le exige lo mismo a una producción de la HBO o la AMC que a Showtime o a las cadenas generalistas, por ejemplo. Y si desde hace casi un año te vienen diciendo que la primera cadena, aristocracia del cable, ha juntado a David Milch (Deadwood), Michael Mann, Dustin Hoffman y Nick Nolte para una serie, cualquier cosa que no sea apabullante, que no te noquee en el sillón, dejará mal sabor de boca.

El domingo, en una estrategia nueva de promoción, la HBO preestrenó Luck, aunque no se emitirá más hasta finales de enero. Seguro que a medida que avancen los capítulos presenciaremos la maravilla prometida. De momento, y aun a riesgo de caer en la injusticia del juicio apresurado y a bote pronto, parece una obra demasiado dirigida a los amantes del juego y las carreras de caballos, con muchos tecnicismos y slang, y con un piloto en el que Michael Mann, posiblemente uno los directores más exigentes pero también más sobrevalorados, ha vuelto a abusar de su tendencia al ‘videoclipismo’. Sí, claro, la fotografía es impresionante y también las imágenes de las carreras, hay que joderse. Pero no se puede tener a Hoffman y Nolte y despreciar su talento rindiéndolo todo a la música. En una televisión generalista, Luck no habría pasado el primer corte. Por suerte hablamos de otra cosa.

El drama de la gran comedia

Hyde | 8 de diciembre de 2011 a las 3:12

Hay ejecutivos que se toman la ficción televisiva como si se tratara de detergente, de producirlo, colocarlo en las estanterías y venderlo a cuanta más gente mejor y al precio más rentable posible. Expertos del targeting y la segmentación de la audiencia que creen saber qué le gustará a la vez al público blanco y protestante de Tejas, a los católicos de Boston, a los negros presbiterianos de Chicago y Carolina del Norte, a los judíos de Nueva York, los hispanos de Florida y a las almas perdidas de California. Con frecuencia se equivocan, pero sus decisiones provocan que nazcan y mueran series. Estos ejecutivos se pueden encontrar especialmente en la impaciente NBC, famosa por sus continuos cambios de criterio y por no tener piedad de obras que, aunque le aporten prestigio y premios, no le rindan en caja. Hasta la FOX de Murdoch, manteniendo a ‘Fringe’ aunque sea con respiración artificial (los números de esta cuarta temporada hacen prácticamente utópica su renovación), o la CBS y su exquisita ‘The Good Wife’, quizás el caso paradigmático de lo equivocada que puede estar la audiencia al no verla, se han gastado pasta esperando el retorno a la larga.

El mejor producto, si es que acaso se puede llamar así a una obra artística, en términos de calidad, riesgo, e innovación que tiene la NBC en su parrilla es ‘Community’. Es la serie que todo el mundo debería estar viendo y nadie ve. Es una obra cubista, en palabras del crítico de Time, que compara a su creador, Dan Harmon, con Picasso o Braque. Se trata de una comedia de picos de sierra, muy, muy irregular, pero con una masa de fans entregada. Acostumbrados a las ‘sitcom’ de risa enlatada y facilona, cuesta mucho darle varias oportunidades a los chicos de Greendale, ese grupo de estudio de perdedores en una pequeña y miserable universidad pública. Pero la apuesta que se efectúa al perder el tiempo viendo algunos de sus capítulos prescindibles luego compensa con creces. Los mejores episodios cómicos, carcajadas garantizadas durante veinte minutos seguidos, los ha ofrecido esta serie en los últimos años desde el trono del humor inteligente. Y todo a costa de tomar riesgos, de jugar con la narración, de darle la vuelta al relato como si fuera un calcetín, de parodiar al cine, a otras series o a la actualidad política como nadie más lo hace.

La gamberrísima ‘Community’ destruye la realidad para después reconstruirla a través de los ojos de Abed, de Troy, de Pierce, de Jeffrey, de Annie, Britta, el señor Chang o del decano Pelton. Su último capítulo está dedicado a un futbolín. Y es tan brillante que quema. Pero se trata de una serie exigente con sus espectadores que no obtiene las cifras que la NBC desea, por lo que la cadena anunció hace varias semanas que la deja en ‘stand-by’, sin fecha de retorno tras el parón navideño, pero no la cancela. Es como darle un ultimátum a sus creadores y guionistas, cuando a fuerza de ser tan geniales e imprevisibles no hacen otra cosa que espantar al gran público.

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