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Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Está tostada

Hyde | 5 de abril de 2012 a las 13:59

No hay nada remotamente parecido en televisión a ‘Mad Men’. Y quien ha intentado acercarse, copiarla o siquiera osar mirarla de reojo, se ha estrellado estrepitosamente, ya sean las azafatas de ‘Pan Am’ o esa tontuna con la que la NBC volvió a humillarse llamada ‘Playboy’, que duró dos telediarios. La serie de culto de Matt Weiner tiene un ritmo, una estética y una cadencia narrativa propias e intransferibles, y su independencia artística roza la prepotencia frente a las miserias de los cliffhangers o los mcguffins a los que estamos habituados en otras ficciones.

¿Alguien es capaz de explicar de qué va ‘Mad Men’ en una frase? ¿La vida en la América de los 50 y los 60? ¿El desarrollo del mundo de la publicidad y el marketing en Madison Avenue? ¿El retrato de un ejecutivo de edad media con sus secretos, ambiciones e incoherencias masculinas? ¿La lucha de un grupo de mujeres por lograr la igualdad de derechos y oportunidades con los hombres en un entorno despiadadamente machista? Cualquier definición de ‘Mad Men’ tiene necesariamente que quedarse corta, porque estamos ante una enciclopedia. Brillante hasta deslumbrar, adictiva como pocas y entretenida hasta cortar la respiración, pero enciclopedia sobre la vida en un momento temporal al fin y al cabo.

En estos días de ‘hype’ por el regreso de la por otra parte excepcional ‘Juego de Tronos’, sublime adaptación de la colosal obra literaria de George R.R. Martin, se han leído muchas exageraciones. Sí, es genial, refleja estupendamente la riqueza de los libros -por algo Martin es productor- y se nota que la HBO se está gastando una pasta gansa. Pero por mucho que pese todo eso, resulta totalmente precipitado arrebatarle la corona a ‘Mad Men’ o a ‘Breaking Bad’, tras cuatro años históricos en la más modesta AMC. Hace dos semanas, tras dos largos años de espera por una durísima negociación para su renovación, volvió la quinta entrega de la vida de Don Draper y compañía. Draper es y será para siempre uno los más fascinantes y complejos personajes de la ficción audiovisual. Es un catálogo de virtudes y defectos, y sin llegar al exceso de Tony Soprano, nos ha enfrentado como nadie con el lado oscuro que todo hombre intenta dominar.

El reencuentro con la oficina de publicistas, como no podía ser de otra forma, fue raro. Chocante. Costó cogerle el ritmo, sincronizarse con esta forma especial y única de contar una historia. No era la serie, sino los espectadores. Pero el tercer capítulo, dirigido precisamente por Jon Hamm, el actor que da vida a Draper, nos devolvió a la excelente cuarta temporada.

Por muchos dragones, lobos huargos, Starks y Lannister que campen por Poniente, que nadie se atreva a bajar todavía del trono a ‘Mad Men’. Como diría Draper, “It’s toasted”.

Correr o no correr

Hyde | 23 de febrero de 2012 a las 11:02

Poco a poco, alejándose de los muertos vivientes y centrándose mejor en los conflictos a muerte entre los vivos, la exitosa ‘The Walking Dead’ va adquiriendo el tono de la cadena AMC, sacrosanta casa de ‘Mad Men’ -que regresa, por fin, el 25 de marzo- y ‘Breaking Bad’ -cuya quinta y última temporada, según explicaba su creador, Vince Gilligan, nos mostrará la conversión absoluta al reverso tenebroso de Walter White-. Puede que los aficionados a las series de acción le reprochen su lentitud actual, pero da la sensación de que la larga pausa y refugio en la granja, seguramente motivada también por esos recortes presupuestarios que provocaron la escandalosa salida de Frank Darabont, ha sentado muy bien a la trama. Hay una larga tradición en la ficción anglosajona a echar mano de los clásicos. Todo acaba robándole al mejor, cómo no, a Shakespeare. Y el pulso por el poder y el liderazgo del grupo, en realidad por el amor de Lori y de Carl, y también por la propiedad de algo más, que mantienen Rick y Shane, y que cada vez fractura más al colectivo, es puro guión a lo el Bardo de Avon. Traición, traición y traición. Y las conspiraciones necesarias para llevarla a cabo. Y aunque no falte en cada capítulo el momento absolutamente ‘gore’, la aparición sorpresiva de los asquerosos caminantes, la verdadera tensión y el peligro están en casa. Y no exactamente en el granero…

Con ‘Justified’, en cambio, no hay que aplaudir ningún cambio de ritmo, sino su dificilísima continuidad. En la tercera temporada todo sigue tan sensacional como en la segunda, a pesar de que todo hacía presagiar que se resentiría por una ausencia a priori tan notable como la de Mags Bennet. Como un fondo de armario sin fin, todas las apariciones en Harlan son inquietantes, especialmente los nuevos malos que le van saliendo al encuentro a Raylan Givens, ese moderno vaquero. Debemos quitarnos el sombrero, literalmente, ante el crecimiento interpretativo de Timothy Olyphant. Hay quien sostiene que Boyd Crowder, al que da vida el sublime Walton Goggins, es el verdadero protagonista de la saga. Y si bien es cierto que cada vez que sale en pantalla dan ganas de levantarse del sofá, para aplaudir o para refugiarse detrás porque sabes que algo gordo va a pasar, la maduración del personaje de Olyphant, gracias a esa progresiva debilidad y a esos diálogos , es lo que ha enriquecido a esta serie. La mejor del momento.

Paladares exquisitos

Hyde | 30 de noviembre de 2011 a las 22:28

El marbellí Dani García, que con sus dos estrellas michelin es posiblemente el cocinero andaluz más reconocido de la actualidad, ha venido demostrando en los últimos años que la alta cocina no tiene por qué estar reñida con el gran público. García, en su cadena de gastrobares La Moraga, se inventó la burgerbull, una hamburguesa de rabo de toro que hace saltarse las lágrimas de emoción a quien la deglute. Con mucha carne pero podrida, la modesta y venerada cadena de cable AMC quiso demostrar el año pasado que podía hacer televisión para masas sin perder sus señas de identidad que la han encumbrado en el trono de la ficción de calidad. Con ‘The Walking Dead’, la rival más seria de la HBO en este negocio (aunque con un presupuesto y un accionariado que sería como si el Betis, el Sevilla, el Granada o el Málaga le estuvieran mojando la oreja continuamente al Real Madrid o el Barcelona), pretendía rentabilizar otras series anteriores que le han supuesto un enorme prestigio y reconocimiento pero todavía poca audiencia e ingresos, como son ‘Breaking Bad’ y Mad Men’. Qué quieren que les diga, Ferrán Adriá siempre ha mantenido que ‘El Bulli’ era una ruina.

La adaptación del cómic de zombies de Kirkman, a cargo del guionista y director Frank Darabont, fue recibida con tibieza y cierto desdén intelectual por la crítica, acostumbrada a las delicatessen de Don Draper, Walter White y compañía. Pero fue un rotundo éxito de público. La segunda temporada, que acaba de ser estrenada en España en abierto por la Sexta y que se ha despedido hasta febrero al alcanzar la midseason a los siete capítulos con un episodiotan estremecedor como redondo, llegaba en medio de la polémica televisiva del verano: el despido de Darabont como showrunner y el malestar de todo el equipo por los recortes a los costes de producción que los ejecutivos de la cadena impusieron. El resultado ha sido una trama mucho más lenta tras la frenética primera temporada pero más rica. Menos zombies pero más conflictos internos, en definitiva un estilo mucho más acorde a la AMC: lo que importa son los personajes y su desarrollo, así como los dilemas morales a los que se enfrentan. En estos siete capítulos asistimos al posible nacimiento de uno de esos antihéroes para el recuerdo, uno de esos malos-ambiguos con los que no resulta difícil empatizar. Hay un golpe de Estado de Shane y Jon Bernthal, el actor que lo encarna, se come crudos al resto de sus compañeros sin necesidad de convertirse en zombie. Sin embargo, parte de la crítica sigue inmisericorde con ‘The Walking Dead’, exigiéndole a una hamburguesa exquisita lo mismo que a un bloc de foie con trufa blanca regado con Dom Perignon. Y olvidando que es el éxito de este (buen) producto de masas (su regreso batió el record del cable en EEUU, con 7,3 millones de espectadores) lo que permite a la AMC mantener sus tres estrellas Michelin.

El Oeste ya estaba conquistado

Hyde | 10 de noviembre de 2011 a las 13:31

Cualquier nueva serie del siempre moribundo pero siempre por resucitar género western se encontrará de frente, esperándola con el colt a punto de desenfundar, con ‘Deadwood’. Las comparaciones con la venerada creación de David Milch en la HBO son inevitables, por tanto, con la recién estrenada criatura de la AMC, ‘Hell on wheels’ (Infierno sobre ruedas), que el pasado domingo debutó tras meses de espera. El duelo resulta tan injusto como desigual, como si enfrentáramos a Wyatt Earp con la pequeña Mattie Ross de ‘Valor de Ley’, como cuando pretendemos que ‘Boardwalk Empire’ emule a ‘Los Soprano’. Es, simplemente, demasiado pedir.

De su piloto deducimos que ‘Hell on Wheels’ será una buena serie, sin más, no una joya. Si en ‘Deadwood’ vivíamos en un pueblo en desarrollo devorado por la fiebre del oro y la ambición de sus protagonistas, la nueva serie nos lleva a la Norteamérica inmediatamente posterior a la Guerra Civil, a la construcción del ferrocarril de la Union Pacific, aderezada con la típica trama del héroe atormentado que busca venganza por la muerte de su esposa. Su protagonista es Anson Mount, un tipo de mirada intensa, que nos recuerda tanto al Bullock de Olyphant como al Blueberry que dibujó Giraud, aunque ya querría la serie parecerse a la saga del cómic. Si, con diferencia, en ‘Deadwood’ lo mejor era su capo-tabernero Al Swearengen que interpretaba deliciosamente Ian McShane en el papel de su carrera, en ‘Hell on Wheels’ nos quedamos de momento con el también ambicioso y sin escrúpulos presidente de la compañía ferroviaria, Thomas ‘Doc’ Durant, a cargo del irlandés Colm Meaney, un tipo solvente pero algo encasillado. Se parece demasiado a su malo de la película ‘Un horizonte muy lejano’, también sobre la conquista del Oeste.

Sin acercarse a ‘Homeland’, que se mantiene como sorprendente mejor estreno de la temporada tras los batacazos de las flojas ‘Terra Nova’ o ‘Person of interest’, ‘Hell on wheels’ bien puede disputarle, a tiros o sustos, el segundo puesto a ‘American Horror Story’. Lo veremos, forastero.

¡Claro que importan los Emmy!

Hyde | 18 de septiembre de 2011 a las 13:33

Puede que al espectador medio no le importe demasiado el resultado de los Emmy que se entregan esta noche. Cada uno tiene sus favoritos y poco nos importa que se le dé o no una estatuilla: en nuestro corazón están los primeros. También hay quien ve en este tipo de galas otro caso del ombliguismo de Hollywood, otra ocasión de lucir palmito para actores y actrices. Todo ello puede ser cierto, pero también se comete un error subestimando la importancia del evento.

Hay pocas series de calidad realmente rentables para las cadenas. Algunas, inexplicablemente, sobreviven en el alambre, tanto en el cable como en los network. Y aunque a veces los números no cuadren, el prestigio que otorga la crítica y los malditos premios las mantiene vivas. Sólo por eso merecen la pena estos galardones, mucho más importantes que los Globos de Oro, que al fin y al cabo otorga la prensa extranjera acreditada en Hollywood y ésta me temo que no ve demasiado la tele.

O acaso alguien duda de que sin el amor incondicional de la crítica y los Emmy de Margulies y Panjabi ‘The Good Wife’ hubiera resistido en antena, por muy extraordinaria que sea? ¿O Fringe habría sobrevivido tras un año de angustias y agonía en los ratings, especialmente tras el traslado al ‘bloody friday’?

Llega un momento en el que las cadenas tienen que sacar tajada, sencillamente porque son un negocio, no hermanitas de la Caridad comprometidas con el bienestar intelectual de una pequeña y selecta audiencia. Es lo que le ha ocurrido este verano a la AMC, que ha recibido muchas, demasiadas, críticas, por hacer una pequeña parte de lo que las mayores cadenas hacen continuamente. Cuando una serie tiene éxito es normal que tanto su creador como su casting se suban a la parra y pidan una millonada. Es lo ocurrido con ‘Mad Men’, retrasada un año por las duras negociaciones de Weiner con la pequeña pero adorada cadena. O la pelea de gallos posterior entre Gilligan y los mismos ejecutivos por recortar episodios y presupuesto de ‘Breaking Bad’ pero con más temporadas. Nos puede escandalizar, pero las cifras de audiencia de ambos shows, los dos mejores de la televisión actual, no son para tirar cohetes: entre dos millones y tres millones de espectadores. Menos que ‘El barc0′, por poneros un ejemplo gráfico y brutal. El recorte también ha afectado al producto más exitoso pero quizás de menos calidad de la AMC: ‘The Walking Dead’. A Darabont le pidieron que redujera gastos y rodara más interiores, y se lió la marimorena, incluso con la salida del guionista y ‘showrunner’.

Por todo ello, el resultado de esta noche no es baladí. Y aunque todas las quinielas den como favorita a ‘Boardwalk Empire’, en la que la HBO se ha gastado una pasta tanto en filmarla como en promocionarla, aún no está a la altura de ‘Mad Men’. Ni el gran Steve Buscemi y su ‘Nucky’ Thompson le llegan aún a la suela del zapato, en términos de hito televisivo, al Don Draper de Jon Hamm. Es la gran oportunidad de Hamm para lograr una estatuilla que en las tres ediciones ha ganado, merecidamente, el enorme Bryan Cranston por la también enorme, y en esta edición ausente por motivos de calendario, ‘Breaking Bad’.

Y puestos a ser subjetivos, que para algo está el blog, perdonen los fans de Atlantic City cuando les diga que es una blasfemia comparar la deslumbrante cuarta temporada, con capítulos históricos como ‘The suitcase’, de los creativos de Madison Avenue, con esa buena copia, que seguro nos dará grandes satisfacciones, que es ‘Boardwalk Empire’.

Siguiendo con la subjetividad, si alguien debe disputarle el Emmy a Hamm ése es Kyle Chandler. Su entrenador Eric Taylor ha dejado huella. Puede que la quinta temporada, salvo uno de los mejores series finale que se recuerdan, no haya sido excepcional. Pero tanto Chandler como Connie Britton merecen reconocimiento por crear el mejor matrimonio de la historia de la tele. Será difícil que lo reciban.

En cuanto a secundarios, este año no se puede discutir con ‘Justified’, bajo riesgo de que a uno le peguen un tiro y lo tiren a una mina abandonada. Margo Martindale y Walton Goggins (incomprensible que su Shane de ‘The Shield’ nunca fuera ni nominado) están sublimes como reina y rey de la fauna de Harlan. Sólo un pequeño grandísimo actor, Peter Dinklage y su Tyrion Lannister (qué reto tan difícil y tan bien resuelto, darle vida a la criatura de Martin), y Michelle Forbes y su madre de ‘The Killing’ pueden cuestionar esos premios.

En cuanto a la mejor serie, por mucho dinero que se gaste la HBO y por mucho que todos le debamos a su apuesta por hacer televisión de calidad (“No es TV, es HBO”), la apuesta para competir con ‘Mad Men’ puede que sea equivocada: ‘Juego de tronos’ es mejor que ‘Boardwalk Empire’. ‘Justified’ ha tenido una segunda temporada majestuosa (¿qué hacías en ‘Falling skies’, Yost?), como ‘The Good Wife’, pero resulta chocante la presencia de la flojilla, por ser benevolentes, quinta temporada de ‘Dexter’, y la ausencia absoluta de ‘Treme’ en casi todas las categorías importantes.

En miniseries, Idris Elba por su atormentado ‘Luther’ (mejor la segunda temporada que la primera) y ‘Downton Abbey’, uno de los acontecimientos del año (que esta noche regresa a la televisión británica con su segunda temporada), deberían recibir los premios. Otra cosa es si lo harán.

Suerte para nuestros favoritos.

El cielo y el infierno

Hyde | 20 de julio de 2011 a las 20:15

En los primeros tres años de vida de ‘Breaking Bad’ no sólo asistimos al lento descenso a los infiernos del profesor Walter White y de su discípulo y socio accidental Jesse Pinkman. También tuvimos la suerte de presenciar el fulgurante ascenso de esta serie a los cielos, coronarse como indiscutible reina de la pequeña pantalla. Y no hay que subrayar la importancia que tiene ese título en la etapa dorada de la televisión, en un momento en el que compite con joyas como ‘Mad Men’, ‘Juego de Tronos’, ‘La Buena Esposa’ o ‘Justified’. Cada temporada Vince Gilligan y Bryan Cranston, creador y protagonista, guionista y alma del show, productores ambos, han situado el listón más alto. Hasta el punto de que siempre parecía imposible igualarlo. Sin embargo, ante una crítica rendida y una audiencia más que decente para un canal de pago, en cada entrega lo han bordado. Ahora que el pasado domingo comenzó la esperadísima cuarta temporada con un colosal capítulo, no volveremos a caer en el error de no dar por supuesta la excelencia de su majestad. El episodio, en el que no entramos para evitar espoilers, es una inmejorable muestra de la maestría de los guionistas de ‘BB’ y de la profundidad de las tinieblas en las que han sumergido a sus personajes. Pocas veces en la historia de la tele se ha dicho tanto con tan pocas palabras.

Si queréis, podéis ver aquí una estupenda entrevista de J. Poniewozik a Vince Gilligan sobre la evolución de los personajes y el proceso creativo.

Producto estrella de la cadena AMC, que se ha consolidado como la mayor rival de la todopoderosa HBO, ‘Breaking Bad’ nos pone en la piel de un fracasado profesor de Química de instituto, que lava coches para llegar a fin de mes, que descubre que padece un cáncer de pulmón (el pobre es tan perdedor que ni siquiera fuma) justo cuando su mujer está embarazada de su segundo hijo. Y el primero sufre una parálisis. Así que decide dedicar su por otra parte malogrado talento científico a lograr el máximo dinero posible para dejarlo a su familia. Y como no hay forma legal ni moral de hacerse rico salvo que a uno le toque el euromillones, vende su alma al negocio de la droga, diseñando una sustancia de tal pureza que hace furor en Nuevo Méjico, el particular escenario de una serie que cuenta con el diseño de producción exquisito marca de la cadena.

En las anteriores ediciones de los Emmy, Bryan Cranston e incluso su coprotagonista, el joven Aaron Paul, se hicieron con los premios. No será así en la entrega de este año, pero sólo porque la serie se ha emitido fuera de calendario. Una lástima porque se quedará sin galardón el impresionante Giancarlo Esposito, un secundario de lujo que encarna al mismísimo demonio. Parece un buen tipo, pero no se dejen engañar.

Donde dije digo…

Hyde | 21 de junio de 2011 a las 20:40

… digo Diego. Si hace una semana prácticamente me convertía en eso que llaman  ‘fan en jefe’ con ‘The Killing’, cautivado por su atmósfera (algo falsa también, porque Seattle no es tan oscura, peligrosa, triste ni un guetto), la indiscutible calidad de sus interpretaciones y de la producción, no nos duelen prendas en reconocer que la crítica estadounidense nos ha abierto los ojos. El emperador está desnudo. La serie de la AMC ha sido literalmente masacrada, despellejada y fulminada por los especialistas en televisión por un season finale que ya ha sido incluido entre los peores y más frustrantes de la historia de la tele. Eso sí, hay quien se consuela recordando que semejante pasión destructiva sólo ocurre cuando las expectativas están muy altas.

No es que uno se haya caído del caballo de repente, porque desde luego a medida que pasaban los capítulos le íbamos perdonando cada vez más cosas a la trama, cada vez más pistas falsas, más situaciones inverosímiles, como si no quisiéramos verlas, seducidos por lo que parecía una obra grande, con momentos de una intensidad enorme. Pero repasando las demoledoras críticas y esta estupenda lista de pifias, casualidades y tomaduras de pelo al espectador de los colegas yankees, que de forma mayoritaria juran no ver la segunda temporada, hay que concluir que efectivamente nos han estafado un poco y que se ha descuidado lo primordial: el guión. Servidor piensa seguir viendo ‘The Killing’ el año que viene, darle una oportunidad de enmendarse, y aunque tampoco me encuentro entre los más furibundos, sí que me molesta repasar mentalmente lo ocurrido a lo largo de los trece episodios. Apenas se ha avanzado en la investigación del crimen de Rosie Larsen, y el mejor capítulo fue precisamente uno en el que no pasaba prácticamente nada. Puede que ‘The Killing’ sea sólo fuegos de artificio, muy bien ejecutados, pero al fin y al cabo una mentira. Sólo puedo reconocer que a mí me engañaron y disculparme ante los lectores que cayeron en esta trampa por mi culpa.

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Es un crimen que pase desapercibida

Hyde | 16 de junio de 2011 a las 12:36

Hace unos días, Mary McNamara, especialista en televisión del siempre bien informado en esto del ‘entertainment business’ LA Times, descubría las razones por las que los ejecutivos de la cadena AMC estaban dispuestos a “darse cornadas” el tiempo que fuera necesario con Matt Weiner, el creador de ‘Mad Men’, para el contrato de la quinta temporada. Don Draper ya no es el único gallo en el corral de la joven pero excelente televisión por cable, la máxima competidora de la HBO. Y no hablamos de ‘Breaking Bad’ y el profesor Walter White, sino de ‘The Killing’ y Sarah Linden, esa pequeña joya que la semana que viene termina su primera temporada y que acaba de ser renovada para otro año. Adaptación de una serie danesa, a propósito de ‘The Killing’ y otras novedades de este año se ha abierto un debate entre los críticos televisivos americanos: ¿Son mejores las series de las televisiones de pago (cable) o las de las grandes cadenas (networks) en abierto? La pregunta incluye una propuesta: los Emmy deberían diferenciar ambas cuando se vota al mejor drama y comedia del año. No es justo comparar series que duran prácticamente medio año, con 23 o 24 episodios, con otras que sólo llegan a 13. Producciones de alto coste que si bajan de los diez millones de espectadores sufren para ser renovadas mientras que otras, a pesar de sólo llegar a los 3 millones de audiencia por capítulo, tienen su continuidad garantizada. La presión sobre unos y otros guionistas y creadores debe de ser muy distinta.

El caso es que, ahora que se ha abierto el periodo de votación de las candidaturas para los Emmy entre los miembros de la Academia de la Televisión, ‘The Killing’ podría entrar en la competición. A tenor de otras nominaciones de asociaciones de críticos, competirá desde luego contra su ‘hermana’ ‘Mad Men’, ‘The Good Wife’, ‘Juego de tronos’, ‘Boardwalk Empire’ y, si el mundo es justo, con ‘Justified’ (con una segunda temporada que quita el hipo) y ‘Friday Night Lights’ (buen homenaje de despedida a un show incomprendido por el gran público y amado por una fiel minoría).

A ‘The Killing’ se le reprocha que es muy lenta, que se centra demasiado en explorar a sus personajes, que nos ha llevado a aparentes callejones sin salida en la investigación del asesinato de Rosie Larsen, que abusa de la (falsa) atmósfera opresiva de la lluviosa Seattle. Pero incluso episodios en los que realmente no ocurre nada, como el 11 (‘The missing’), son una maravilla de interpretación, de iluminación, de guión. Con el ruido de espadas de la estupenda ‘Juego de tronos’, a casi todo el mundo se le está escapando esta fenomenal (y modesta) serie.

En el epicentro del drama

Hyde | 6 de abril de 2011 a las 13:04

thekilling

No hay experiencia peor en la vida que la muerte de un hijo. Si además ésta es violenta debe tratarse del infierno en la tierra. La cadena de pago AMC nunca hace series fáciles, y en su última producción, ‘The Killing’, nos sumerge en el asesinato de una adolescente, en el drama familiar que provoca y en la investigación policial que intentar hallar al culpable. A priori no parece un tema nuevo, y de hecho se trata de una versión de la exitosa serie danesa ‘Forbrydelsen’. Pero como todo lo que hace esta santa televisión que tenemos en un altar, esta serie nos lleva a donde nadie nos había llevado antes, cual Star Trek.

El capítulo doble con el que se iniciaba este domingo uno de los estrenos más esperados del año en Estados Unidos es sencillamente demoledor. Hay que remontarse a ‘Mystic River’ de Eastwood para experimentar algo parecido. Los actores Brent Sexton y nuestra querida y pluriempleada Michelle Forbes están magníficos como los padres de la víctima. Pocas veces hemos asistido en televisión a una escena tan desgarradora como la que vivimos, casi en primera persona, en el hogar de los Larsen. El piloto, in crescendo, nos lleva desde la preocupación inicial por el paradero de su hija Rosie hasta el cataclismo de la confirmación de lo que se temían: sí, lo peor ha ocurrido.

La protagonista de ‘The Killing’ es Mireille Enos, una desconocida para el público español pero veterana en televisión, con papeles en series como ‘Big Love’. De momento perfecta al trasladar la fría y cansada mirada de quien lleva ya unos cuantos años, demasiados, en homicidios. También resulta muy acertada la elección del escenario, aunque se abuse del tópico de la lluvia: Seattle y Puget Sound, amén de uno de los lugares más hermosos del planeta, también puede ser uno de los más complicados para encontrar a un asesino.

‘Breaking Bad’, ‘Mad Men’, cuya quinta temporada tendremos que esperar con ansiedad hasta marzo de 2012, la malograda pero estupenda ‘Rubicon’ y la nueva ‘The Killing’ confirman a la AMC como la mayor competidora de la HBO, como una cadena con factura e identidad propias en las que si acaso desentona un pelín ‘The Walking Dead’, que no está mal y sin embargo constituye su mayor éxito de audiencia. El listón está cada vez más alto.