Archivos para el tag ‘Battlestar galactica’

Experimentos galácticos en la red

Hyde | 15 de noviembre de 2012 a las 10:35

Cuando una franquicia tiene éxito, la tendencia es intentar alargarlo. Se puede hacer con sensibilidad, a veces incluso sacando el máximo beneficio con mejores precios y de forma rápida -lo que en las escuelas de negocios llaman ‘descremar’-, o bien ir a volumen, exprimirla hasta la saciedad y hasta el empacho, que resulta inevitable, bajando los niveles de calidad y traicionando, más temprano que tarde, al producto original, a la idea y al consumidor. Esto vale especialmente para la producción audiovisual. Y, aunque podría aplicarse, no hablo de Lucasfilm, de su ‘pelotazo’-venta a Disney ni de la alta traición que cometió George Lucas -un visionario pero un mediocrísimo director, por otra parte- a los seguidores de ‘Star Wars’ con la aberración perpetrada con la primera trilogía. Hablamos de ‘Battlestar Galactica’ y de su nuevo spin-off. Con una legión de seguidores en todo el planeta, una parroquia fiel que añora nostálgica los tiempos de Adama y compañía y que arde en deseos de encontrar una alternativa de ciencia-ficción que no llega -el género anda un poco de capa caída-, por internet ya circulan los webisodios de ‘Blood and Chrome’. El éxito de Galáctica 2.0 -recordemos que la primera fue emitida a finales de los setenta, con una producción carísima para los tiempos y con solo dos temporadas- se debió a una riquísima mitología y a una gran capacidad para enhebrar tanto la acción propia de una lucha-huida por la supervivencia de la Humanidad como a los conflictos internos, externos y místicos de sus personajes. Aunque pueda que en algún momento se les fuera de las manos a los guionistas, pues aquello acabó pareciendo una serie de filosofía cylon. Luego llegó la precuela Cáprica, de gran calidad pero un giro de tuerca metafísico más, con la consiguiente decepción de la audiencia. Y ahora, dos años después, por internet se está creando el caldo de cultivo para otra precuela, quizás más de acción, que nos lleva a los tiempos del almirante Adama como piloto en la primera guerra contra los cylon.

De momento los vídeos no llegan a los dos millones de visitas -la tercera parte que el último vídeoclip de Pablo Alborán, por hacernos una idea-, pero la intención es que todos estos caros webisodios formen el piloto de una nueva serie. A priori no tiene mala pinta. Y para otro nostálgico que echa de menos tiempos mejores televisivos, siempre habrá hueco en su agenda para Galáctica. Aunque empieza a haber serio riesgo de hartazgo. Y que uno acabe pasándose a los cylon.

Por una muerte digna

Hyde | 15 de septiembre de 2011 a las 13:51

Como en los toros (disculpas a los antitaurinos, pero es el símil más certero que me viene a la cabeza), las series también se enfrentan a su suerte suprema: el momento de matar y de morir. Hay pocas series que se vayan con la misma grandeza con la que se desarrollaron durante años. Cerrar el ciclo y despedirse de unos personajes y un casting con los que se han compartido años, risas, lágrimas, broncas y premios requiere talento, valentía y coherencia del creador y los productores. Y por lo general estos no están demasiado dispuestos a dejar morir dignamente a la criatura.

(A partir de ahora, ligeros espoilers sobre series ya terminadas). Ya hemos dicho por aquí alguna vez que el mejor finale, en opinión de servidor, es el de ‘The Shield’, con ese Vic Mackey encadenado a la oscura oficina cual Prometeo al que el buitre de la burocracia le picotea el hígado todos los días. No está tampoco mal, aunque no compartimos el entusiasmo generalizado, el cierre vital de ‘A dos metros bajo tierra’. Un pelín videoclip para el gusto de servidor. Tampoco me pareció justo el final anticipado que se tributó a Nate. A una de las mejores series de la historia le sobró quizás la última temporada, puede que ya víctima de la locura que Alan Ball desarrollaría años después en ‘True Blood’.

Los dos finales que más polémica han levantado, más charlas de café y análisis teórico han generado, son los de ‘Los Soprano’ y el de ‘Lost’. El primero no apasiona porque David Chase no se mojó y dejó las cosas muy abiertas. Sé que se trata de un análisis simplista, que hay hasta tesis doctorales analizando cómo estaban colocados los azucarillos del bar, si Tony Soprano ya estaba muerto o no… Personalmente, me habría sentado muy mal que se cargaran a mi mafioso favorito, aunque puede que artísticamente fuera lo mejor. Bien alto o notable. En cuanto a ‘Perdidos’, el finale fue un gran capítulo, muy espectacular, pero una estafa total al espectador que siguiera toda la serie. Ni se cerraba ni se aclaraba nada de lo que se había prometido durante años: que todo tendría sentido. Hombre, no se trató del final de ‘Los Serrano’ del “todo ha sido un sueño” (ese fue para denunciarlo directamente en Fiscalía), pero bastante tomadura de pelo con el Humo negro, el encuentro de almas y demás sí que fue.

Hay series que no sienten la necesidad de cerrar la historia. La dejan abierta, y en el caso de ‘En terapia’, con ese doctor Paul Weston mezclándose con la gente por la calle (de las contadas veces, salvo en una cafetería, que lo vemos fuera de la consulta), la opción es buena. Funciona y es bella.

Otras, en cambio, se despiden uno a uno de los personajes y nos los dejan perfectamente situados, sin cabos sueltos. Como prácticamente sus cinco temporadas, el final de ‘Friday Night Lights’ es de gran belleza y emoción. Y la imagen del balón volando es una de las mejores transiciones de la historia de la tele. Da miedo pensar que quieran rodar una película para continuar una historia perfecta, que recordamos con inmenso cariño.

‘Battlestar Galactica’ es otra de las grandes series que se nos fueron en los últimos años. Notable alto, con esos acordes de Jimmy Hendrix y su majestuoso ‘All along the watchtower’.  Y de las que nos cortaron quizás demasiado pronto, está muy, muy conseguido el adiós de ‘Lights Out’. Inquietante, tan estupendo cierre como hasta luego en el caso de que la cadena FX hubiera sido un poco más valiente y hubiera dado otro año a esta buena serie sobre el retorno al ring de un boxeador retirado.

Luego están los finales que ni apuestan por el cierre ni por la continuación, que no dan respuesta a los distintos interrogantes abiertos y que para colmo son un pésimo capítulo. Son episodios que nos dejan con un mal sabor de boca, cuando en este negocio del espectáculo y el ‘storytelling’ el ‘closure’ (el arte suprema, recuerden) es fundamental, lo que decide el aplauso o los pitos, si sacamos a hombros al showrunner o lo maldecimos.

Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué me gustaba tanto ‘Entourage’. Disfrutaba como un enano con las aventuras de Vince Chase, las preocupaciones de E, los numeritos de Drama, las inquietudes empresariales de Tortuga y, sobre todo, con las salidas de tono de Ari Gold (grande Jeremy Piven), uno de los mejores personajes de la historia de la tele (si alguien quiere saber cómo se hace un ERE, que pinche aquí). Sí, puede que los guiones cayeran a lo largo de sus ocho años, pero al fin y al cabo en esos veintitantos minutos de cada episodio Doug Ellin conseguía meternos en la pandilla, en las fiestas de Hollywood, en la parte trasera del salvaje, duro y sin escrúpulos negocio del ‘séptimo arte’.

El finale de Entourage, que se emitió el pasado domingo en la HBO y anticipa una película que posiblemente se acabará rodando, es un ejemplo de cómo no cerrar una serie, ni siquiera para decir hasta luego. No sólo porque ya hemos visto antes esa escena en el aeropuerto. Nos saltamos el ligue y la conquista de Vince de la que iba a ser la horma de su zapato, que de repente se convierte en gatita facilona. Ni a Drama ni a Tortuga los despedimos como se merecen. Y la decisión toscana de Ari no se la creen ni él ni su mujer. Es un churro, lo miremos por donde lo miremos. Y me ofende porque hasta el final mantuve la fe y el aprecio por ‘El séquito’.

Más envidia

Hyde | 10 de marzo de 2011 a las 11:09

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No, todavía no he visto ‘Crematorio’, pero descuiden, lo haré. Siempre le he reprochado a Canal Plus su falta de valentía en la ficción, que no emulara a sus hermanas mayores americanas, la HBO o la más reciente AMC, y apostara por la producción de series de calidad. Puede que por lo general no sean muy rentables en términos económicos (a veces lo son y mucho), pero sí ayudan a crear marca, a fidelizar a tu audiencia, a que los abonados vean que el dinero de sus cuotas se destina a algo más que a financiar disparatadas guerras por los derechos del fútbol. Mientras, en la espera por la serie de Pepe Sancho sobre la corrupción y todavía con ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ pendiente, sigo dando combustible a mi ardiente envidia. No por los todopoderosos yankees, tan capaces de hacer maravillas como de que su serie más vista sea la infame ‘Dos hombres y medio’ -en el fondo hay que agradecerle a Charlie Sheen su mala vida, que ha conseguido cancelarla-, sino por los británicos.

Ya les hemos enumerado por aquí joyas como ‘Wallander’ (no la que echan en La 2, por dios, sino la de Kenneth Branagh), la ‘Downton Abbey’ que emitirá pronto Antena 3, ‘Sherlock’, ‘Misfits’ o ‘Luther’. Tenemos que añadir dos creaciones más recientes, que estamos empezando a visionar, pero que tienen una pinta fenomenal. Hablamos de ‘Outcasts’, de la BBC, y de ‘Mad Dogs’, de la ‘Sky’. La primera parece la heredera natural de la añorada ‘Battlestar Galactica’, con menos efectos especiales pero con su Gaius Baltar particular: estamos en Carpathia, un planeta colonizado por los humanos tras una hecatombe bélica que hace inhabitable la Tierra. Por si las referencias inevitables a BSG fueran pocas, en el piloto aparece Jamie Bamber, aunque en esta ocasión no interpreta precisamente a ‘Apollo’.

La trama de ciencia ficción de ‘Outcasts’ no tiene nada que ver con el inquietante thriller de ‘Mad Dogs’, con un piloto excelente: un grupo de viejos amigos ingleses se reúne de fiesta en Mallorca en la casa palaciega de uno de ellos, que va de ricachón triunfador por la vida pero cuya fortuna no parece, a bote pronto, demasiado lícita. Ben Chaplin está magnífico en ese capítulo introductorio, y tenemos a varios viejos conocidos, entre los que destaca, por esa fiera mirada que pasea desde ‘Survivors’, Max Beesley.

No, no es ‘Very Bad Things’. Y hasta ahí puedo contar.

Un regalo inolvidable

Hyde | 4 de enero de 2011 a las 14:15

ESPAÑA-NAVIDAD

En estas entrañables fiestas, y no sigo con ese tono porque corro el riesgo de parecerme al Rey, la mayoría de nosotros hace juegos malabares para encontrar el regalo adecuado para la persona adecuada y al precio adecuado. Si ustedes son como servidor, corren el riesgo de dejarlo todo para última hora, es decir, hoy, y eso se paga caro. Al final acabamos comprando lo primero que nos entra por los ojos, y como los ojos no son tontos, la gracia nos cuesta un dineral. Por lo general nos olvidamos de que todavía hay mucha gente, cada vez menos, que aún gusta de ver las series dobladas, que tiene la paciencia suficiente para esperar a que termine toda la temporada e incluso para que una cadena española compre sus derechos. No es mi caso. Soy físicamente incapaz de esperar todo ese tiempo, a veces más de un año, para que las televisiones nacionales tengan a bien mostrarme lo que quiero ver y no las bazofias con que habitualmente nos obsequian y que engulle a la fuerza, almax mediante, el sofalícola Gallardo. Mi estantería está repleta de series compradas a tocateja hace años, de hecho ese fue el inicio de una adicción que poco más tarde se rebeló, cual la tripulación de la Bounty, contra un absurdo: ¿por qué esperar tanto y pagar un pasta cuando puedes descargarte un capítulo que fue emitido horas antes en la televisión americana? ¿Si estás en EEUU de viaje o te conectas a una tele por internet puedes verlo gratis y si no es así, no? Entiendo que el cine, que implica pagar una entrada, es otra cosa, pero no se pueden poner barreras al consumo de la poca televisión de calidad que se emite. Y qué demonios, si la AMC y la HBO establecieran un mecanismo por el que tuviera que pasar por caja para ver sus joyas, estaría más que dispuesto a hacerlo.

En todo caso, y sin perdernos en la polémica de la ley Sinde, pocos regalos pueden ser mejores, y más rentables, que descubrir a un ser querido el insuperable mundo de las series. Requiere un trabajo psicológico previo, porque no a todo el mundo le gusta ‘Dexter’, y quizás el adicto de ‘Mad Men’ abomine de ‘Battlestar Galactica’, aunque no lo creo. Así que ahí van diez recomendaciones de ahora y siempre. Y ojo que según el establecimiento el mismo pack puede costar hasta 20 euros más o menos:

Los Soprano (visto a 85,49 euros): A menos de un euro cada episodio, no hay mejor regalo que éste. Sus seis temporadas le cambiarán la vida. Cualquier loa se queda corta para esta obra maestra de lo audiovisual. No es sólo un tratado sobre la mafia, la familia, la ambición, el drama y la comedia. Los Soprano lo abarca todo. El afortunado que reciba este regalo estará siempre en deuda con usted. Ya mandará a Tony Soprano a cobrarse el favor.

A dos metros bajo tierra (a 68,39 euros): La vida y la muerte, y no es la letra del romance de Curro el Palmo. Sólo a Alan Ball, guionista de American Beauty, se le podía ocurrir hacer una serie sobre la familia que dirige un funeraria. No sólo se trata de una obra extraordinaria, poética, divertida y trágica, sino que además le debemos haber descubierto a uno de los iconos de la nueva TV, el gran actor Michael C. Hall.

Mad Men (tres temporadas a 80 euros). Puede quedar como un visionario regalando esta serie inclasificable y pionera, exigente, que pone un listón de entrada muy alto, pero cuando le aguantas los primeros capítulos a esta pandilla de creativos machistas, fumadores y alcohólicos, descubres que no hay nada más parecido a la vida. Nadie dice lo piensa y nadie es más brillante, más misterioso y quizás más desgraciado que Don Draper. La única pega a este pack es que le falta la rompedora e histórica cuarta temporada, con algunos de los mejores capítulos jamás emitidos en televisión.

Perdidos (a 170 euros). Aunque a priori pueda parecer un regalo caro, son 94 horas de emociones trepidantes, una montaña rusa de acción, suspense e intriga que ha revolucionado la historia de la televisión, pese a su controvertido final. Las aventuras de un grupo de supervivientes en la isla misteriosa (no confundir con la de Julio Verne, que acojonaba mucho menos). Si usted es capaz de ver la primera temporada sin engullir con ansiedad varios capítulos seguidos, seguro que le devuelven el dinero.

The Wire (a 90 euros). Más que un obsequio navideño, es una faena. La magistral inmersión del periodista David Simon en los guetos de Baltimore, el mundo de la droga, el crimen, la trata de blancas y la corrupción general. No es una serie fácil (“Que se joda el espectador medio”, llegó a decir su creador), pero muchos sostienen que es la mejor de la historia. Quizás no de servidor, pero no seré yo quien inicie una polémica por ello.

Roma (45,60 euros). Son sólo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Esta ‘joint-venture’ de la HBO y la BBC, en esos momentos las dos grandes cadenas de referencia en términos de calidad (luego llegaría la AMC) fue una producción carísima y ruinosa que mereció la pena para los que la disfrutamos. De la mano de un casting extraordinario retrocedemos a los días de Julio César, Augusto, Cleopatra y Marco Antonio, contados por un centurión romano y su fiel compañero de armas. Violencia, sexo e intrigas palaciegas para una recreación histórica de primera. Lástima que se incendiaran los estudios de Cinecittá, aunque quizás les prendieran fuego para cobrar al menos el seguro.

Hermanos de Sangre (40 euros). Ni se le ocurra regalar o regalarse The Pacific si no vio la anterior miniserie sobre la campaña europea, de los amigos Spielberg y Hanks, basada en el estupendo libro homónimo de Stephen Ambrose. Seguimos a la compañía Easy de la División 101 aerotransportada en su lucha contra los nazis. Una joya.

Damages, Daños y perjuicios (primera temporada a 30 euros). Puestos a hacer un buen regalo no demasiado caro, la primera temporada de esta serie de abogados protagonizada por Glen Close es histórica y redonda. Luego cae en picado. Una brillante abogada recién salida de la facultad decide fichar por el polémico bufete de Patty Hewes, especializada en demandas colectivas y con unos métodos poco ortodoxos. Ambición, suspense y una mala para el recuerdo.

El Ala Oeste de la Casa Blanca (97 euros). No es sólo una serie, sino un tratado utópico sobre lo que es y debería ser la política. Una obra maravillosa, escrita y producida por ese maestro de los diálogos que es Aaron Sorkin (guionista de ‘La red social’, ‘Algunos hombres buenos’ y ‘La guerra de Charlie Wilson’), y protagonizada por Martin Sheen, un presidente de ficción que seguro influenció a Obama.

Battlestar Galactica (100 euros). La versión moderna es mucho mejor que la antigua, pese a que alguna de las temporadas se pareció peligrosamente a una telenovela entre humanos y cylons. La raza humana busca refugiarse en la Tierra tras quedar al borde de la extinción por un ataque a traición de los cylons. Protagoniza Edward James Olmos, muy bien como comandante Adama.

Casquería y no muy fina

Hyde | 25 de febrero de 2010 a las 17:51

http://www.youtube.com/watch?v=fl0UCuSw6YQ&feature=SeriesPlayList&p=D19BD66D1DE81B74

¿Le gustan ‘300’, ‘Kill Bill’, las películas ‘gore’ en general? ¿Lo primero que hace cuando entra en una carnicería es ir a la sección de casquería y vísceras? ¿Es usted de esos que siempre se quedan obnubilados con escotes, culos, tetas o bíceps, con la carne al peso en general? Si las respuestas a las tres preguntas anteriores son afirmativas, su serie, no cabe duda, es ‘Espartaco: sangre y arena’.

La cadena Starz empezó a emitir en enero esta brutal versión del algo trilladito mundo de los gladiadores, desde luego nada que ver con la joya de Kubrick. En ‘Spartacus’ apenas hay moral, política, ni siquiera guión. Sólo sangre salpicando al espectador a raudales, sexo explícito en buenas dosis y por capítulos, escenas salvajes como nunca habíamos visto en televisión y pocas veces en el cine. A los que llegamos a casa algo saturados del trabajo, los 40 minutos largos de cada capítulo pueden suponer un desahogo para evitar montar la pajarraca en la oficina, es cierto, pero no ensalzaremos desde aquí la calidad de esta nueva serie. Es un subproducto para pasar el rato si uno no padece de ardores de estómago o hemofobia. Con decir que uno de sus productores es Sam Raimi, culpable de las tres primeras Spiderman -a mi juicio sólo vale la segunda- aunque con la divertida ‘El ejército de las tinieblas’ a sus espaldas, basta para hacerse una idea.

Apenas hay algunas caras conocidas en Espartaco. La neozelandesa Lucy Lawless, anteriormente Xena, la guerrera, y después uno los cylons fundadores de Battlestar Galactica, tiene aquí un papel bien diferente. De una amazona y fría máquina se convierte en la ardiente, sensual y ligera de ropa y cascos esposa del amo de los gladiadores. Éste lo interpreta el veterano actor escocés John Hannah, un rostro familiar como secundario. Peter Mensah, a quien vimos por cierto en 300 y también en Avatar, siempre en papeles inquietantes, es el maestro de gladiadores. Y Espartaco lo encarna Andy Whitfield, un rostro bonito, duro y bastante desconocido. El creador de la serie es Steven S. Deknight, responsable entre otros proyectos de ‘Buffy’, su spin-off ‘Angel’ y de ‘Smallville’. Ha pasado tanto tiempo entre vampiros que ahora está sediento de sangre.

Mística humanoide

Hyde | 28 de enero de 2010 a las 13:12

Una de las despedidas más lamentadas del año pasado fue la de Battlestar Galactica. Aunque tras cuatro largas temporadas la revisión mejorada del clásico se había convertido en una especie de telenovela trekkie, millones de ‘geeks’ de todo el mundo estaban enamorados de los cylons, de Starbuck, de Apolo. Que se lo pregunten a nuestros muchachos de ‘The Big Bang Theory’. Así que ni la cadena ni los productores estaban dispuestos a dejar escapar a ese rentable mercado cautivo. Y se pusieron manos a la obra con un spin off que más bien parece un spin back de la serie.

Con ‘Caprica’, retrocedemos 58 años antes de la rebelión de las máquinas que casi acaban con la vida humana en las doce colonias. En un largo episodio piloto de hora y media, que lleva meses rulando en DVD pero que fue emitido hace poco en TV, nos metemos en las familias Graystone, a la postre creadora del software y la tecnología que hace a los androides demasiado parecidos a los humanos, y en los Adama, que pertenecen a una raza considerada inferior en el planeta capital. Incluso conocemos al pequeño Bill Adama que a la larga liderará la lucha por la supervivencia y encarnará Edward James Olmos.

Pero si para nuestro gusto la serie de partida abusó del misticismo, del Deux ex machina, eso precisamente parece ser la premisa fundamental de su spin off. Tampoco se desaprovecha la ocasión para meternos en el siempre pantanoso mundo del fundamentalismo religioso, con joven terrorista con rasgos árabes incluido, un cliché desafortunado y facilón que bien podían haber evitado los guionistas y productores, pues estamos hablando de un planeta imaginario, demonios. No sólo se trata de los peligros de los exaltados de la fe. También de la degeneración moral a la que lleva la ausencia de ésta y el paganismo por la tecnología. Demasiada tela metafísica que cortar para una serie que, recordemos, va en teoría sobre la rebelión de las máquinas.

Lagarto, lagarto

Hyde | 12 de noviembre de 2009 a las 18:14

http://www.youtube.com/watch?v=WQBC1H-t9Q0&feature=related Si de algo ha servido de momento la nueva versión de ‘V, los visitantes’, es para dar a conocer a todo el mundo lo que muchos ya sospechábamos: Santiago Calatrava es un extraterrestre. Ni arquitecto ni escultor, el divo valenciano es decorador de naves espaciales. Por eso sus compañeros de profesión no lo entienden. La nueva V, estrenada la semana pasada por la cadena estadounidense ABC, también nos demuestra que el tiempo no pasa en balde. Difícil emocionarse como aquel niño que ansiaba que llegaran el sábado y las aventuras de Mike Donovan. Imposible sorprenderse cuando desde el principio sabemos que hay lagarto encerrado. V, como cualquier otro remake, parte con desventaja frente a su antecesora. Aunque se han introducido algunas variaciones, el argumento es, obviamente, el mismo. Los extraterrestres se presentan como amigos de la humanidad y ofrecen la cura de 65 enfermedades, un nuevo sistema de seguridad social universal que muchos han visto como una crítica implícita al gran empeño de Obama y como una forma zafia de crear polémica -la primera serie comparaba a los visitantes con los nazis, por lo que el símil es casi blasfemo-. Uno de los peligros de los que alerta la incipiente resistencia es que la “devoción” por los extraterrestres se convierta en fanatismo. ¿Adoración desmedida en todo el mundo y seguridad social? Que me coman como a una rata si es casualidad.

Queremos darle una oportunidad a V, aunque lo que vimos no nos haya entusiasmado. Algo parecido le ocurrió a los ejecutivos de la cadena, que obligaron a la productora a mejorar los guiones, lo que llevará a la serie a parar tras cuatro capítulos para continuar en marzo. Sin embargo, ya ha conseguido la mayor audiencia de todos los nuevos estrenos de la temporada y logró reunir a 13,9 millones de espectadores. Pero desde luego no es un piloto que enganche, como sí hizo el de ‘Flashforward’, por citar una serie reciente, ni es tan trepidante y cautivador como fue el de Battlestar Galactica, por nombrar otro remake de ciencia ficción.

Tampoco el casting de V promete demasiado, lleno de secundarios, terciarios o desconocidos. Poner el peso de la serie sobre los hombros de Elizabeth Mitchell es una apuesta demasiada arriesgada si se quiere competir con la original. En cambio, la brasileña Morena Baccarin resulta tan atractiva como inquietante en su papel de la líder visitante, Anna, y el joven pero veterano Scott Wolf, que nos gustó mucho en la ya lejana ‘Los últimos días de Emmett Young’, puede enderezar su carrera como el periodista Chad Decker. Aunque lo tendrán duro si los comparamos con Marc Singer y Jane Adler, la pérfida Diana de la versión original. Algún cameo habrá, puede apostar.

Galactica

Hyde | 4 de junio de 2009 a las 23:59

Se acerca el final -bueno, en EEUU llegó hace semanas- de Battlestar Galactica. Atrás quedan miles de años luz recorridos, cientos de escaramuzas con los Cylon, y uno de los mejores pilotos que se han hecho jamás para televisión. Cierto, dura casi tres horas. ¡Pero qué tres horas! El piloto de la revisión del siglo XXI de esta serie que a muchos nos marcó de niños, en esa nebulosa que son los finales de los setenta y principios de los ochenta, es mejor que la gran mayoría de películas de ciencia ficción que se hacen hoy día.

Los creadores de la nueva Galactica decidieron dar un montón de vueltas de tuerca al original. El más atrevido, sin duda, que Starbuck fuera una mujer. Aguerrida pero guapa, masculina, pero muy femenina. Pero hay otros muchos, que acaban convirtiendo una serie sobre buenos y malos, humanos y androides, en una versión televisiva de Blade Runner. De hecho, diría que los guionistas se pasan al final y la gran Galactica se convierte en una serie menor, en una especie de culebrón, con tanta metafísica de Cylon queriendo ser humano, de sentimientos a través de los chips. Sin embargo, nunca iré tan lejos como el Starbuck original, el actor Dirk Benedict (el Phoenix del Equipo A), que en su blog puso a caer de un burro la nueva versión de su serie. “Starbuck perdido en la castración”, tituló un post lleno de rencor -y con razón- hacia los ejecutivos que cancelaron la original después de recortar presupuesto en una segunda temporada infame. Pero a Benedict se le va la mano y se le ve la vena machista y ahora carca que tan bien reflejó en la pantalla.

En la nueva Galactica sí aparece Richard Hatch, el anterior Apolo. Hatch escribió unas cuantas novelas sobre el universo de la serie y en 1999 rodó un episodio que convenció a las productoras para volver a lanzar el show, lo que no ocurriría hasta 2003. Un año y poco después del 11-S, de la lógica paranoia en EEUU ante los ataques inesperados, ante las brechas en la seguridad, ante los infiltrados. Todo el mundo es vulnerable, y Cáprica parece Nueva York.

Para el papel fundamental, o por lo menos él lo convierte en el principal, escogieron a Edward James Olmos, actor siempre encasillado en papeles latinos y quien, por cierto, tiene un personaje destacado en Blade Runner. Es el almirante Adama que interpretó anteriormente Lorne Greene, el padre de Bonanza. Y la presidenta es otra actriz de cierto prestigio, Mary Mcdonnell, la protagonista junto con Kevin Costner de ‘Bailando con Lobos’, y que en los 90 tuvo su momento en el cine.

En Galactica hay sexo (de humanos con humanos, de humanos con cylons, de cylons con cylons…), acción, suspense. Incluso miedo a la desaparición de la raza humana. Y ahora que la serie ha acabado después de cuatro temporadas y algunos webisodios, me apena que el éxodo llegue a su fin. Por muy pesada que se me hiciera la tercera temporada, por muy liosos que acabaran los guiones. Por eso atesoro los últimos capítulos en el disco duro de mi ordenador como si fueran las claves de navegación para llegar a la Tierra.