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El factor X

Hyde | 30 de junio de 2011 a las 18:14

Existe algo, un elemento misterioso aún por descubrir en la tabla periódica, que adorna y distingue a ciertos actores. No es genético ni aprendido, aunque puede que sea ambas cosas a la vez. No depende de la belleza de su físico, pero su físico especial los hace hermosos. Hasta ahora hemos llamado carisma a ese regalo de la naturaleza. Pero el talento no sólo es innato. También se trabaja, cuesta sudores, sangre y bastante suerte. Así que se trata de algo más que el carisma. Hablamos de un milagro químico, algún tipo de extraño proceso que hace magnéticas a ciertas personas cuando llegan a nuestra pantalla e interpretan a uno u otro personaje. Desde luego ese aura la tienen Julianna Margulies y Archie Panjabi, con una intensidad en ‘The Good Wife’ que seguro ha hecho estallar alguna tele; el gordinflón Wendell Pierce, ese descomunal Antoine Batiste que con sus apóstoles nos ha descubierto una voz magnífica en ‘Treme’ y luego está también un antiguo compañero suyo en ‘The Wire’, el británico Idris Elba.

Hijo de inmigrantes africanos (padre de Sierra Leona, madre de Ghana), Elba tiene una presencia física imponente, lo que le ha llevado a interpretar a unos cuantos mafiosos y al inolvidable Stringer Bell, ese señor de la droga de Baltimore con inquietudes académicas, siempre deseoso de aplicar al mundo del crimen lo aprendido en clases de empresariales. Veterano de la pequeña pantalla, donde empezó en telenovelas, el intérprete, que goza del respeto de Hollywood y es incluido con frecuencia en las listas de hombres más atractivos del planeta, ha vuelto estos días a nuestras casas con la segunda temporada de Luther, un estupendo policiaco de la BBC. Aunque el capítulo final de la primera temporada fue un pequeño desastre narrativo, los dos primeros episodios de esta edición vistos hasta ahora por servidor recuperan el nivel. El segundo, de hecho, es fabuloso. El detective John Luther, más atormentado que nunca, vuelve para combatir a los demonios de Londres. Los suyos internos, también.

Elba, al que también hemos podido ver en ‘The Big C’, con Laura Linney, es además un DJ que ha hecho sus pinitos en la industria musical, amigo de de raperos y un tipo comprometido contra las desigualdades. Hace poco protagonizó una agria polémica a raíz de los estereotipos que sufren los hombres negros en el negocio del entretenimiento y en especial en Hollywood. Negro, blanco, marrón o amarillo, Idris Elba posee el elemento misterioso. De eso no cabe duda.

Más envidia

Hyde | 10 de marzo de 2011 a las 11:09

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No, todavía no he visto ‘Crematorio’, pero descuiden, lo haré. Siempre le he reprochado a Canal Plus su falta de valentía en la ficción, que no emulara a sus hermanas mayores americanas, la HBO o la más reciente AMC, y apostara por la producción de series de calidad. Puede que por lo general no sean muy rentables en términos económicos (a veces lo son y mucho), pero sí ayudan a crear marca, a fidelizar a tu audiencia, a que los abonados vean que el dinero de sus cuotas se destina a algo más que a financiar disparatadas guerras por los derechos del fútbol. Mientras, en la espera por la serie de Pepe Sancho sobre la corrupción y todavía con ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ pendiente, sigo dando combustible a mi ardiente envidia. No por los todopoderosos yankees, tan capaces de hacer maravillas como de que su serie más vista sea la infame ‘Dos hombres y medio’ -en el fondo hay que agradecerle a Charlie Sheen su mala vida, que ha conseguido cancelarla-, sino por los británicos.

Ya les hemos enumerado por aquí joyas como ‘Wallander’ (no la que echan en La 2, por dios, sino la de Kenneth Branagh), la ‘Downton Abbey’ que emitirá pronto Antena 3, ‘Sherlock’, ‘Misfits’ o ‘Luther’. Tenemos que añadir dos creaciones más recientes, que estamos empezando a visionar, pero que tienen una pinta fenomenal. Hablamos de ‘Outcasts’, de la BBC, y de ‘Mad Dogs’, de la ‘Sky’. La primera parece la heredera natural de la añorada ‘Battlestar Galactica’, con menos efectos especiales pero con su Gaius Baltar particular: estamos en Carpathia, un planeta colonizado por los humanos tras una hecatombe bélica que hace inhabitable la Tierra. Por si las referencias inevitables a BSG fueran pocas, en el piloto aparece Jamie Bamber, aunque en esta ocasión no interpreta precisamente a ‘Apollo’.

La trama de ciencia ficción de ‘Outcasts’ no tiene nada que ver con el inquietante thriller de ‘Mad Dogs’, con un piloto excelente: un grupo de viejos amigos ingleses se reúne de fiesta en Mallorca en la casa palaciega de uno de ellos, que va de ricachón triunfador por la vida pero cuya fortuna no parece, a bote pronto, demasiado lícita. Ben Chaplin está magnífico en ese capítulo introductorio, y tenemos a varios viejos conocidos, entre los que destaca, por esa fiera mirada que pasea desde ‘Survivors’, Max Beesley.

No, no es ‘Very Bad Things’. Y hasta ahí puedo contar.

Un regalo inolvidable

Hyde | 4 de enero de 2011 a las 14:15

ESPAÑA-NAVIDAD

En estas entrañables fiestas, y no sigo con ese tono porque corro el riesgo de parecerme al Rey, la mayoría de nosotros hace juegos malabares para encontrar el regalo adecuado para la persona adecuada y al precio adecuado. Si ustedes son como servidor, corren el riesgo de dejarlo todo para última hora, es decir, hoy, y eso se paga caro. Al final acabamos comprando lo primero que nos entra por los ojos, y como los ojos no son tontos, la gracia nos cuesta un dineral. Por lo general nos olvidamos de que todavía hay mucha gente, cada vez menos, que aún gusta de ver las series dobladas, que tiene la paciencia suficiente para esperar a que termine toda la temporada e incluso para que una cadena española compre sus derechos. No es mi caso. Soy físicamente incapaz de esperar todo ese tiempo, a veces más de un año, para que las televisiones nacionales tengan a bien mostrarme lo que quiero ver y no las bazofias con que habitualmente nos obsequian y que engulle a la fuerza, almax mediante, el sofalícola Gallardo. Mi estantería está repleta de series compradas a tocateja hace años, de hecho ese fue el inicio de una adicción que poco más tarde se rebeló, cual la tripulación de la Bounty, contra un absurdo: ¿por qué esperar tanto y pagar un pasta cuando puedes descargarte un capítulo que fue emitido horas antes en la televisión americana? ¿Si estás en EEUU de viaje o te conectas a una tele por internet puedes verlo gratis y si no es así, no? Entiendo que el cine, que implica pagar una entrada, es otra cosa, pero no se pueden poner barreras al consumo de la poca televisión de calidad que se emite. Y qué demonios, si la AMC y la HBO establecieran un mecanismo por el que tuviera que pasar por caja para ver sus joyas, estaría más que dispuesto a hacerlo.

En todo caso, y sin perdernos en la polémica de la ley Sinde, pocos regalos pueden ser mejores, y más rentables, que descubrir a un ser querido el insuperable mundo de las series. Requiere un trabajo psicológico previo, porque no a todo el mundo le gusta ‘Dexter’, y quizás el adicto de ‘Mad Men’ abomine de ‘Battlestar Galactica’, aunque no lo creo. Así que ahí van diez recomendaciones de ahora y siempre. Y ojo que según el establecimiento el mismo pack puede costar hasta 20 euros más o menos:

Los Soprano (visto a 85,49 euros): A menos de un euro cada episodio, no hay mejor regalo que éste. Sus seis temporadas le cambiarán la vida. Cualquier loa se queda corta para esta obra maestra de lo audiovisual. No es sólo un tratado sobre la mafia, la familia, la ambición, el drama y la comedia. Los Soprano lo abarca todo. El afortunado que reciba este regalo estará siempre en deuda con usted. Ya mandará a Tony Soprano a cobrarse el favor.

A dos metros bajo tierra (a 68,39 euros): La vida y la muerte, y no es la letra del romance de Curro el Palmo. Sólo a Alan Ball, guionista de American Beauty, se le podía ocurrir hacer una serie sobre la familia que dirige un funeraria. No sólo se trata de una obra extraordinaria, poética, divertida y trágica, sino que además le debemos haber descubierto a uno de los iconos de la nueva TV, el gran actor Michael C. Hall.

Mad Men (tres temporadas a 80 euros). Puede quedar como un visionario regalando esta serie inclasificable y pionera, exigente, que pone un listón de entrada muy alto, pero cuando le aguantas los primeros capítulos a esta pandilla de creativos machistas, fumadores y alcohólicos, descubres que no hay nada más parecido a la vida. Nadie dice lo piensa y nadie es más brillante, más misterioso y quizás más desgraciado que Don Draper. La única pega a este pack es que le falta la rompedora e histórica cuarta temporada, con algunos de los mejores capítulos jamás emitidos en televisión.

Perdidos (a 170 euros). Aunque a priori pueda parecer un regalo caro, son 94 horas de emociones trepidantes, una montaña rusa de acción, suspense e intriga que ha revolucionado la historia de la televisión, pese a su controvertido final. Las aventuras de un grupo de supervivientes en la isla misteriosa (no confundir con la de Julio Verne, que acojonaba mucho menos). Si usted es capaz de ver la primera temporada sin engullir con ansiedad varios capítulos seguidos, seguro que le devuelven el dinero.

The Wire (a 90 euros). Más que un obsequio navideño, es una faena. La magistral inmersión del periodista David Simon en los guetos de Baltimore, el mundo de la droga, el crimen, la trata de blancas y la corrupción general. No es una serie fácil (“Que se joda el espectador medio”, llegó a decir su creador), pero muchos sostienen que es la mejor de la historia. Quizás no de servidor, pero no seré yo quien inicie una polémica por ello.

Roma (45,60 euros). Son sólo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Esta ‘joint-venture’ de la HBO y la BBC, en esos momentos las dos grandes cadenas de referencia en términos de calidad (luego llegaría la AMC) fue una producción carísima y ruinosa que mereció la pena para los que la disfrutamos. De la mano de un casting extraordinario retrocedemos a los días de Julio César, Augusto, Cleopatra y Marco Antonio, contados por un centurión romano y su fiel compañero de armas. Violencia, sexo e intrigas palaciegas para una recreación histórica de primera. Lástima que se incendiaran los estudios de Cinecittá, aunque quizás les prendieran fuego para cobrar al menos el seguro.

Hermanos de Sangre (40 euros). Ni se le ocurra regalar o regalarse The Pacific si no vio la anterior miniserie sobre la campaña europea, de los amigos Spielberg y Hanks, basada en el estupendo libro homónimo de Stephen Ambrose. Seguimos a la compañía Easy de la División 101 aerotransportada en su lucha contra los nazis. Una joya.

Damages, Daños y perjuicios (primera temporada a 30 euros). Puestos a hacer un buen regalo no demasiado caro, la primera temporada de esta serie de abogados protagonizada por Glen Close es histórica y redonda. Luego cae en picado. Una brillante abogada recién salida de la facultad decide fichar por el polémico bufete de Patty Hewes, especializada en demandas colectivas y con unos métodos poco ortodoxos. Ambición, suspense y una mala para el recuerdo.

El Ala Oeste de la Casa Blanca (97 euros). No es sólo una serie, sino un tratado utópico sobre lo que es y debería ser la política. Una obra maravillosa, escrita y producida por ese maestro de los diálogos que es Aaron Sorkin (guionista de ‘La red social’, ‘Algunos hombres buenos’ y ‘La guerra de Charlie Wilson’), y protagonizada por Martin Sheen, un presidente de ficción que seguro influenció a Obama.

Battlestar Galactica (100 euros). La versión moderna es mucho mejor que la antigua, pese a que alguna de las temporadas se pareció peligrosamente a una telenovela entre humanos y cylons. La raza humana busca refugiarse en la Tierra tras quedar al borde de la extinción por un ataque a traición de los cylons. Protagoniza Edward James Olmos, muy bien como comandante Adama.

Ánimos

Hyde | 27 de mayo de 2010 a las 10:15

No hay motivos para sentirse huérfanos, tras el final de ‘Lost’, en la que está siendo una de las mejores temporadas televisivas de la historia, si no la mejor. Hagamos un repaso rápido. Tenemos por un lado ‘Breaking Bad’ y ‘Treme’. La primera, obra maestra que puede mirar a la cara a los mismísimos Soprano; la segunda acaba de empezar, pero si sigue así, también marcará época. En diciembre dejamos otras dos series de altísimo nivel: ‘Sons of anarchy’, la banda de moteros del incorregible Kurt Sutter, y ‘Dexter’, con un final de temporada brutal y antológico, valiente y desgarrador. La desconocida, a este lado del Atlántico, ‘Friday Night Lights’, volvió a regalarnos un complejo abanico de emociones, un preciso cuadro de cómo es la vida, las ambiciones y fracasos en un pequeño pueblo cualquiera. Sin llegar a ese nivel, también tenemos la digna ‘Justified’, el US Marshall del siempre duro Timothy Olyphant.

En el terreno de las nuevas apariciones, han sorprendido la fresca ‘Glee’, con sus altibajos, y la estupenda ‘The Good Wife’. Sí, echa para atrás que sea otra de abogados, pero es mucho más que eso. ¿Y quién demonios querría ponerle los cuernos a Julianna Margulies? La miniserie ‘The Pacific’ nos ha llevado a la guerra con una brutalidad inusitada. No puede ser bonita. Y la BBC ha vuelto a dejar el listón altísimo con la última entrega de ‘Wallander’, tres minipelículas que nos reconcilian con Kenneth Branagh.

En el campo de la comedia, las veteranas ‘How I met your mother’ y, sobre todo, ‘The Big Bang Theory’, nos siguen ofreciendo momentos de gran hilaridad. Pero si hay una serie desternillante, original y genial, es ‘Modern Family’. Con Ed O’Neill de patriarca, y rodeado de un casting inmejorable, perfecto, ¿qué otra cosa se puede esperar?

Y por último, pero no menos importante, tenemos ‘Fringe’. La criatura del inquieto J.J. Abrams decepcionó a muchos en sus erráticos y titubeantes comienzos. Pero tienen que volver a darle una oportunidad. Ha madurado y se ha convertido en una de esas series que no hay que perderse. Es la heredera natural de ‘Expediente X’, a veces incluso mejor. La guerra entre los dos universos alternativos (¿les suena de algo?) está acercándose, y los vínculos de los tres principales protagonistas, ¿o son seis? cada vez son más complicados. John Noble vuelva a sentar cátedra como el loco doctor Bishop, y Anna Torv se ha consolidado como la heroína más bella de la tele.

Por si fuera poco, en junio vuelven ‘Entourage’ y ‘True Blood’. Permanezcan sintonizados.

La reina de enero

Hyde | 21 de enero de 2010 a las 12:22

http://www.youtube.com/watch?v=4AlFC9380o0 En este mes de transición entre series y espera de los platos fuertes de la televisión estadounidense que comienzan en febrero y marzo con ‘Lost’ y ‘Breaking Bad’, la BBC británica ha dado un puñetazo en la mesa y demostrado que tiene mucho que decir y con lo que competir al mismo nivel que cualquiera. En los últimos días, mientras en EEUU no se habla de otra cosa que la enorme metedura de pata de la NBC con Jay Leno y Conan O`Brien, en la cadena pública europea se ha estrenado el cuarto episodio (más que un episodio es una película, pues dura hora y media) de la excepcional miniserie dedicada al detective Wallander creado por el maestro de la novela negra sueco Henning Mankell. No es la primera adaptación de la saga pero sí la mejor. La calidad de la fotografía es sublime, y no se nos ocurre nadie mejor que un envejecido Kenneth Branagh para interpretar al curtido y sensible investigador. No para de ganar premios y será curioso ver su versión de Thor como director. Lo hemos dicho alguna que otra vez e insistimos: a pesar de sus múltiples pifias, de su alocada carrera en Hollywood, de cambiar a Emma Thompson por la insufrible Helena Bonham-Carter (¿por qué lo hiciste, Ken?), Branagh es uno de los niños bonitos de este blog. Le perdonamos casi todo, hasta las 4 horas de su Hamlet y que de vez en cuando se crea Olivier…

También ha vuelto a las pantallas, tras un largo parón a la espera de ver cómo evolucionaba la pandemia de la gripe A, ‘Supervivientes’. Es otra revisión de un clásico, en este caso el realizado en los 70 por Terry Nation. La serie cuenta el caos al que se enfrenta la pequeñísima minoría que ha sobrevivido a un virus de la gripe diseñado en laboratorio que ha aniquilado en cuestión de horas a la población. ¿Estimulante, verdad? En una decisión responsable pero con poca vista comercial, la cadena pública británica decidió posponer la segunda temporada para no contribuir a la alarma generalizada, a pesar de que obviamente se benefició en términos de audiencia cuando estalló la crisis sanitaria en el mundo real.

Dentro de la obsesión bretona por el apocalipsis, los zombies y las amenazas que llegan de los laboratorios y las grandes corporaciones, hace semanas se estrenó otra nueva versión de un clásico, ‘El día de los trífidos’. Pese al innegable gusto de la BBC, la pasta que se gasta en producción y casting (los dos episodios están protagonizados por Dougray Scott y Joely Richardson), y el indudable don de la oportunidad que tienen sus directivos (la nueva versión incide en el cambio climático), la verdad es que más que inspirar terror, los trífidos provocan la risa. ¿Unas plantas devoradoras de hombres que caminan lentamente y parecen monjes? Me da más miedo el aloe vera que tengo en la terraza.

El lado oscuro de los suecos

Hyde | 17 de enero de 2009 a las 20:37

No me extraña que haya tantos crímenes horrendos, o que al menos se escriba últimamente tanto bestseller sobre ellos, en la que creíamos modélica sociedad del Estado del bienestar. Es lo que ocurre cuando uno se pasa todo el día montando muebles de Ikea: afloran los peores instintos. La nueva versión del famoso investigador sueco,  Wallander, realizada por la BBC británica de nuestras envidias, cuenta con un protagonista de lujo: Kenneth Branagh.

Aquí lo queremos y criticamos por igual. Su trayectoria de niño prodigio del cine británico, de nuevo apóstol de Shakespeare, hasta convertirse en un muñeco comercial de Hollywood y acabar en la ahora redentora televisión es digna de estudio. El norirlandés nos regaló pequeñas joyas como ‘Los amigos de Peter’ (en la que compartía pantalla con un Hugh Laurie muy diferente, por cierto), ‘Mucho ruido y pocas nueces’ o ‘En lo más crudo del crudo invierno’. Pero después llegaron las superproducciones, la muy entretenida pero muy tramposa ‘Morir todavía’, la pretenciosa ‘Frankenstein’, nunca bien comprendida y demasiado cercana al ‘Drácula’ de Coppola, la infumable ‘Hamlet’… Nuestro admirado y fracasado Branagh se nos ha hecho viejo (tiene ya 48 años, pero aparenta más) y por eso encarna perfectamente al detective creado por Mankell. La serie, más bien la sucesión de minipelículas, está grabada con sobriedad, con distancia, con calidad, con frío. Como si fuera sueca. Buena, buena televisión.

Más apocalipsis

Hyde | 20 de diciembre de 2008 a las 16:53

No sólo el cine vive de remakes. La BBC, otra cadena admirada y absolutamente envidiada, en este caso un ejemplo de cómo debe ser la televisión pública, lanzó en noviembre una nueva versión de su clásica serie de los 70 ‘Survivors‘.

Hablábamos en el post de ‘Dead Set’ y de lo aficionados que son los anglosajones a especular con el fin del mundo. En esta ocasión no se trata de zombies, sino de un virus más simple: la gripe. El apocalipsis en pocas horas. Sólo sobreviven unos pocos humanos y tienen que organizarse. Sin móvil, sin luz, sin televisión, teléfono, agua corriente, leche ordeñada. No hace falta estar en esta situación límite para ver lo vulnerable y frágil que es el ser humano, lo que nos ha alejado la tecnología de esa certeza y de nuestras habilidades para sobrevivir. Con que se le vaya a uno la luz en casa en uno de esos apagones invernales de Endesa, se es perfectamente consciente de lo ‘vendidos’ que estamos.

Esta mañana he visto el primer capítulo de ‘Survivors‘ y promete. Es largo, más de una hora, pero merece la pena y estoy loco por ver el segundo. Repito: qué envidia sana nos da la BBC. Es posible hacer gran televisión sin enormes presupuestos, sólo hace falta un buen guión y intérpretes decentes. Y el fin del mundo ayuda también un poco.

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