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Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Placeres para pocos paladares

Hyde | 24 de mayo de 2012 a las 12:00

Hay un placer extraño e incomprensible, algo snob y del que posiblemente sólo disfrutemos unos cuantos maníacos, que consiste en recomendar series de televisión. Uno se siente un mentor, un explorador, un descubridor, por mucho que luego los demás no se acuerden de quién les indicó el camino a seguir. Las series que uno les recomienda dicen también mucho de la imagen que se tiene de amigos y familiares. Aunque muchas veces nos sorprendan y la abuela nos salte con que le encanta ‘Los Soprano’ y el amigo duro del grupo resulte un apasionado de ‘Glee’. Hay algunas series, sin embargo, con las que hay que ser extremadamente cuidadoso si uno no quiere que lo tomen por loco.

El mayor exponente es, sin duda, ‘Community’, una comedia sin límites a la que su demente pero genial creador, Dan Harmon, ha llevado tan lejos que ha conseguido que lo despidan sin previo aviso la semana pasada. ‘Community’ es una obra de arte y, como tal, se preocupa mucho más por innovar que por su audiencia. Es posible que Harmon sea, como él mismo admite, un tipo muy difícil, exigente y peleón hasta el extremo por su libertad creativa. Un niño grande, como también él mismo reconoció, en su sonora pelea con Chevy Chase -Harmon reprodujo delante de mucha gente el airado mensaje que le dejó Chase en su móvil tras haberse reído a su costa-.

Hay decisiones difíciles de comprender, como el ‘sacrificio’ habitual de uno de los mejores secundarios de los últimos años, el señor Chang de Ken Jeong, al que cuando se da juego provoca carcajadas inmediatas. Por su gran nivel de exigencia, la comedia tiene un público pequeño pero muy fiel y ruidoso, cuyo enfado ante su suspensión temporal el pasado invierno evitó la cancelación definitiva esta tercera temporada. ‘Community’ se ha atrevido prácticamente con todo, aunque esa valentía intelectual puede acertar -y cuando lo hace, a dios pongo por testigo, no hay episodios más cómicos- o fallar estrepitosamente. Y por eso se trata de una serie de picos de sierra, con valles no tan graciosos y cimas inigualables. Ejemplo de ello es uno de los tres episodios que emitió la semana pasada para despedir su penúltimo año -al día siguiente relevarían a Harmon en una maniobra que vuelve a ser un tiro en el pie para la NBC-. Sólo una serie como ‘Community’ se atrevería a convertir a sus siete protagonistas del grupo de estudio de Greendale en muñequitos de un videojuego de 16 bits. Y que el resultado no sólo fuera hilarante sino un derroche artístico y de imaginación pocas veces visto en televisión. Si acaso visto, otras veces, en ‘Community’.

 

Sacrilegio en la noche del sábado

Hyde | 7 de enero de 2009 a las 20:48

http://es.youtube.com/watch?v=Kc9mPh1idj0

Un bloguero de series profesional no diría lo siguiente, pero como yo no lo soy, me permito ciertos caprichos infantiles. Ahí va: Le tengo cierta manía a 30 rock (Rockefeller Plaza) y eso que sólo he visto un capítulo. Ganadora de los Emmy y también favorita como mejor comedia del año en los Globos de oro, la serie de Tina Fey (famosa mundialmente por su parodia clavada de Sarah Palin que han podido ver arriba), acumula alabanzas. Pero a mí, sentimental, me recuerda demasiado a Studio 60. Y eso duele.

Casi contemporánea, Studio 60 fue la serie que acometió el maestro de los diálogos Aaron Sorkin. Y fue un fracaso estrepitoso de audiencia para la NBC -curiosamente la misma cadena que después ha sacado jugo a 30 rock- y un éxito tremendo de crítica. No hay mucho que añadir a lo que ya han dicho colegas más entendidos. Studio 60 on the sunset strip era una delicia, un caprichito que ver por las mañanas al desayunar para animarse el día antes de ir al trabajo. Y recreaba el mundo de los grandes programas de la TV americana. Qué digo grandes programas, el mejor programa: Saturday Night Live.

SNL lleva emitiéndose desde octubre de 1975 y mejorándose cada sábado. Por allí han pasado, allí se han formado, los mejores cómicos del cine de Hollywood: Bill Murray, Eddie Murphy, Chevy Chase, Billy Crystal, Steve Martin. Nombre un actor que le haga gracia y seguro que ha pasado por allí. La estructura es clásica pero funciona: Cada semana hay un presentador distinto, un ‘host’ que suele ser un intérprete de moda o incluso algún cantante o deportista, y también hay una actuación musical estelar. El ‘host’ se mezcla con ‘the crew’, la tripulación fija de comediantes, y el resultado es hilarante. ¿Por qué? Porque el equipo de guionistas es de una creatividad sin límites, los actores suelen ser magníficos y la mezcla de tanto talento tiene que dar resultados.

Todo ello lo reflejaba fidedignamente Studio 60. Cualquiera que haya visto el SNL y esa serie pueden atestiguarlo. Y por eso también nos duele y nos da especialmente susto, más bien pánico, que a Cuatro se le haya metido en la cabeza hacer algo parecido a la española y con Eva Hache. No digo que no merezca la pena intentarlo, pero sí que los riesgos de hacer el ridículo, de politizar la comedia y de cometer un tremendo sacrilegio son muy, muy altos. Pero mayor fue el crimen de la NBC con Studio 60.