Archivos para el tag ‘Community’

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Placeres para pocos paladares

Hyde | 24 de mayo de 2012 a las 12:00

Hay un placer extraño e incomprensible, algo snob y del que posiblemente sólo disfrutemos unos cuantos maníacos, que consiste en recomendar series de televisión. Uno se siente un mentor, un explorador, un descubridor, por mucho que luego los demás no se acuerden de quién les indicó el camino a seguir. Las series que uno les recomienda dicen también mucho de la imagen que se tiene de amigos y familiares. Aunque muchas veces nos sorprendan y la abuela nos salte con que le encanta ‘Los Soprano’ y el amigo duro del grupo resulte un apasionado de ‘Glee’. Hay algunas series, sin embargo, con las que hay que ser extremadamente cuidadoso si uno no quiere que lo tomen por loco.

El mayor exponente es, sin duda, ‘Community’, una comedia sin límites a la que su demente pero genial creador, Dan Harmon, ha llevado tan lejos que ha conseguido que lo despidan sin previo aviso la semana pasada. ‘Community’ es una obra de arte y, como tal, se preocupa mucho más por innovar que por su audiencia. Es posible que Harmon sea, como él mismo admite, un tipo muy difícil, exigente y peleón hasta el extremo por su libertad creativa. Un niño grande, como también él mismo reconoció, en su sonora pelea con Chevy Chase -Harmon reprodujo delante de mucha gente el airado mensaje que le dejó Chase en su móvil tras haberse reído a su costa-.

Hay decisiones difíciles de comprender, como el ‘sacrificio’ habitual de uno de los mejores secundarios de los últimos años, el señor Chang de Ken Jeong, al que cuando se da juego provoca carcajadas inmediatas. Por su gran nivel de exigencia, la comedia tiene un público pequeño pero muy fiel y ruidoso, cuyo enfado ante su suspensión temporal el pasado invierno evitó la cancelación definitiva esta tercera temporada. ‘Community’ se ha atrevido prácticamente con todo, aunque esa valentía intelectual puede acertar -y cuando lo hace, a dios pongo por testigo, no hay episodios más cómicos- o fallar estrepitosamente. Y por eso se trata de una serie de picos de sierra, con valles no tan graciosos y cimas inigualables. Ejemplo de ello es uno de los tres episodios que emitió la semana pasada para despedir su penúltimo año -al día siguiente relevarían a Harmon en una maniobra que vuelve a ser un tiro en el pie para la NBC-. Sólo una serie como ‘Community’ se atrevería a convertir a sus siete protagonistas del grupo de estudio de Greendale en muñequitos de un videojuego de 16 bits. Y que el resultado no sólo fuera hilarante sino un derroche artístico y de imaginación pocas veces visto en televisión. Si acaso visto, otras veces, en ‘Community’.

 

Las diez mejores series de 2011

Hyde | 27 de diciembre de 2011 a las 3:40

Llega el fin del año y el obligado repaso a lo mejor de la parrilla televisiva. Ausente forzosa ‘Mad Men’ tras las duras negociaciones entre la cadena AMC y su creador, Matt Weiner, estas son las diez mejores obras de 2011 a juicio, subjetivísimo, de este seriófilo. Algunas se han emitido ya en España, otras lo hacen en la actualidad y otras llegarán pronto.

10.-‘Sons of Anarchy‘. ¿Puede un último capítulo cargarse una temporada casi redonda? Si eliminamos el desastroso 4×14, la nueva entrega de esta violenta serie, revisión motera de ‘Hamlet’ y ‘El Padrino’ (aunque nuestros muchachos de Samcro se pasan más tiempo en el hospital que sobre sus Harleys), ha vuelto al nivel de sus primeros dos años, gracias a la llegada del artesano Paris Barclay. Su creador, Kurt Sutter, uno de los tipos más irreverentes, peculiares y sorprendentes de la televisión (“Haz siempre lo contrario de lo que espera el espectador”, es uno de sus lemas), ha estado más cerca que nunca de la añorada ‘The Shield’, en la que trabajó como guionista. Aunque al final, como Ícaro, se quemó.

9.- ‘Community’. No es fácil para una serie de una gran cadena generalista como la NBC jugar siempre al filo de la navaja. Por eso, y aunque su tercera y a tenor de las audiencias quién sabe si última temporada, no sea la mejor, el loco grupo de estudio de Greendale merece estar en cualquiera de estas listas. Hay unanimidad de los críticos: cuando uno de sus episodios es redondo, resulta inalcanzable. Y este año ya llevamos unos cuantos capítulos memorables. Nadie parodia mejor que ‘Community’ y no recordamos un mejor dúo que el de Abed y Troy. El talento, la asunción de riesgos y la creatividad salvaje de esta comedia, con un casting soberbio y unos guiones escritos con la locura que sólo un genio puede tener, merecen mucha mejor suerte.

8. ‘Crematorio’. También hay que tener mucho valor para coger la excelente novela de Rafael Chirbes, a base de monólogos interiores, y llevarla a la pequeña pantalla en la que posiblemente sea la primera serie española que puede mirar a la cara a las producciones de la HBO, la AMC y la BBC sin bajar la cabeza. Los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo merecen todos los aplausos, a la par que Canal Plus un empujoncito para seguir destinando parte de sus ingresos a producciones propias de calidad. ‘Crematorio’, con un Pepe Sancho en el papel de su carrera, es un retrato fiel y descarnado de la corrupción y la voracidad inmobiliaria que ha asolado el litoral español. Y todo, desde los créditos iniciales con música de Loquillo, pasando por la fotografía hasta el último de los secundarios, funciona como un reloj. No estamos acostumbrados.

7.- ‘Friday Night Lights’. Si se tratara de valorar una serie en su conjunto, las cinco temporadas de ‘FNL’ merecerían estar en el podio. Si lo que cuenta es la emoción y empatía que se provoca en el espectador, sería la campeona. No, la quinta y última entrega de esta fenomenal obra sobre la familia, la pertenencia a una comunidad, la crisis, los retos de la vida diaria, con deporte como elemento catalizador pero no protagonista, no ha sido la mejor. Cuenta, eso sí, con un finale redondo, de los que pasarán a la historia por dejar a todo el mundo satisfecho. Rodada con cámara al hombro, sin ensayos y con libertad interpretativa absoluta, hasta el punto de que sus excelentes actores improvisaban sobre la marcha y cortaban o ampliaban diálogos por lealtad al espíritu de sus personajes, ‘FNL’ es la gran serie que usted no ha visto. No ha habido, ni seguramente habrá, un matrimonio más realista y perfecto en la pantalla que el que forman los Taylors de Kyle Chandler (por fin le llegó el Emmy) y Connie Britton. Tampoco un pueblo con más corazón que Dillon.

6.- ‘The Good Wife’. Si la segunda temporada fue la de confirmación de la alternativa tras un estreno sorprendente, en su tercer año ‘La Buena Esposa’ se mantiene en la cumbre, aunque sigue penando con las audiencias. Julianna Margulies reina sobre un reparto soberbio, con más banquillo que el F.C. Barcelona, el Real Madrid y el Manchester City juntos. ‘TGW’ es la serie con los guiones más actuales, no en vano sus ‘showrunners’, el matrimonio King, los escribe y graba de una semana para otra. Cual pareja de Guardiola-Mourinho televisiva, saben sacar siempre lo mejor de cada personaje y siguen su evolución al milímetro. Si un día Kalinda quita el hipo, al otro Cary Agos lo borda. Y cuando no es el genial Eli Gold de Alan Cumming, aparece como estrella invitada Michael J. Fox en un papel de abogado discapacitado y cabronazo espectacular. No, ‘The Good Wife’ no es otra serie de abogados. Es sobre la política, la ambición, la familia y la competencia profesional. Una maravilla.

5.- ‘Justified’. Bonito que una serie tan cargada de testosterona como ésta, sobre un duro, durísimo U.S. Marshall que vuelve a su cerrado condado natal de Kentucky, haya explotado gracias a sus mujeres. Con una Margo Martindale sencillamente sublime, que encarna a una de las mejores ‘malas’ de la historia de la tele, y unos diálogos soberbios a cargo del curtido Graham Yost, la segunda entrega de ‘Justified’ sorprendió a toda la crítica. Timothy Olyphant, protagonista y productor, dio un acertado paso atrás, sólo para ganar más impulso, dando mayor peso a los personajes femeninos de Zea, Carter y la niña Kaitlyn Dever, y a su lado tiene a uno de los mejores secundarios posibles: Walton Goggins. Es pecado ver esta serie doblada, porque aunque sus acentos ‘redneckianos’ resultan incomprensibles incluso para los angloparlantes, sería como poner acento gallego a un gaditano.

4.- ‘Juego de Tronos’. A priori, la formidable empresa de llevar a la pantalla la colosal e inacabada todavía –maldito viejo gordo- obra de George R.R. Martin, referente actual de la literatura fantástica, parecía demasiado incluso para la HBO. Pero aunque difícilmente encontrarán a un lector de los libros que prefiera la serie, como tiene que ser, tampoco habrá muchos que renieguen de ella. El casting, lleno de secundarios apenas conocidos para el gran público, ha sido un acierto total. Se nota que el escritor, veterano guionista, es uno de los productores y ha participado decisivamente en la elección. Las recreaciones que parecían imposibles del primer tomo de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ (el Muro, los ‘niños’ de Dani…) se han solventado de forma magistral. Y aunque se trata de una obra coral, un buffé libre de protagonistas que se mueven por un tablero en el que la vida no está garantizada –amará y odiará a Martin por ello, querido lector-, sobresale entre todos el más pequeño de tamaño pero grande de talento: Peter Dinklage. También parecía imposible encontrar al Tyrion perfecto. Él lo es.

3.- ‘Boardwalk Empire’. Con ella hay que ser más exigente que con las demás, porque lo tiene todo. Todo el dinero del mundo y más (en reconstruir el viejo paseo marítimo de Atlantic City se gastaron más que en la inmensa mayoría de las películas españolas); un reparto excelente encabezado por Steve Buscemi y Michael Pitt, secundados por gente de la talla de Michael Kenneth Williams (sus escenas, antológicas, casi superan por intensidad a las del viejo Omar de ‘The Wire’) y un equipo de lujo detrás de las cámaras liderado por el ‘sopraniano’ Terence Winter, T. Van Patten y un Martin Scorsese cuya mano se intuye. A veces para bien y otras para mal. A ‘BE’ sólo le reprochamos cierta frialdad en el desarrollo de los personajes y la cargante presencia de Paz de la Huerta. Va camino de ser una obra maestra.

2.- ‘Breaking Bad’. Se nos acaban los epítetos para el descenso a los infiernos del profesor Walter White. También los halagos para Vince Gilligan y su maestría artística: ha conseguido que una serie adquiera la coherencia y la profundidad de una gran novela. Todo ocurre por una razón en ‘BB’, reina de la pantalla desde su estreno y hasta su penúltima temporada. Y sea cual sea el lío en el que se meten sus personajes, los más desarrollados e imperfectamente humanos de la televisión actual, la historia continúa sin trampa ni cartón. No sólo cuenta con dos protagonistas y antihéroes memorables, a cargo de los premiados Bryan Cranston y Aaron Paul. También Gus Frings, un extraordinario Giancarlo Esposito de momento con las manos vacías, se ha ganado un puesto entre los mejores malos televisivos de la historia.

1.- ‘Homeland’. Una lista es siempre, y sobre todo, subjetiva. Incluso contradictoria. En el balance final y tras varios años, ‘Breaking Bad’, ‘Friday Night Lights’, ‘The Good Wife’ o ‘Boardwalk Empire’ serán seguramente mejores que una serie que debería tener solo una temporada. Puede que incluso en este 2011 si hiciéramos un análisis formal y objetivo. Pero hay muchos factores por los que ‘Homeland’ merece este puesto de honor en su debut. No sólo por la solidez de sus dos dañados protagonistas, unos inmensos Claire Danes y Damian Lewis, o por la discreta maestría de don Mandy Patinkin. Tampoco porque por primera vez la cadena Showtime le hable de tú a tú a las veneradas HBO y AMC y eso sea de agradecer. Lo mejor de ‘Homeland’ es el supremo valor con el que afronta un tema tan doloroso y espinoso como el terrorismo, sus causas y sus consecuencias, en un país que todavía no ha cerrado del todo las cicatrices del 11-S. Todos sus personajes principales están traumatizados de una manera u otra, como la nación, pero eso no impide que los responsables de esta serie, inspirada en una israelí, nos pongan a menudo en la piel del terrorista y lancen al espectador la dura pregunta de si no será igual de malo un Estado que bombardea a civiles y mata niños. También hay que aplaudir su equilibrismo de cuerda floja. A medida que iban pasando sus episodios, nadie daba un duro por el desenlace, presuponiendo un ‘finale’ desastroso ‘a la The Killing’ en el que saltaran todas las costuras del argumento. Pero el traje estaba hecho como dios manda. ‘Homeland’ es un thriller psicológico fantástico, con muchos momentos de una intensidad que corta la respiración. Y ha logrado lo más difícil: situar una trama que parecía forzosamente conclusiva bien embocada hacia la segunda temporada. Como su música, es un jazz que va entrando sigilosamente, hasta que, de repente… ¡ZAS! te ha conquistado. Como en el jazz, como esa trompeta de Miles Davis que parece estremecerse, llorar y gritar en solitario, uno duda de que todo acabe entrando en armonía. Pero lo hace. Bravo.

El drama de la gran comedia

Hyde | 8 de diciembre de 2011 a las 3:12

Hay ejecutivos que se toman la ficción televisiva como si se tratara de detergente, de producirlo, colocarlo en las estanterías y venderlo a cuanta más gente mejor y al precio más rentable posible. Expertos del targeting y la segmentación de la audiencia que creen saber qué le gustará a la vez al público blanco y protestante de Tejas, a los católicos de Boston, a los negros presbiterianos de Chicago y Carolina del Norte, a los judíos de Nueva York, los hispanos de Florida y a las almas perdidas de California. Con frecuencia se equivocan, pero sus decisiones provocan que nazcan y mueran series. Estos ejecutivos se pueden encontrar especialmente en la impaciente NBC, famosa por sus continuos cambios de criterio y por no tener piedad de obras que, aunque le aporten prestigio y premios, no le rindan en caja. Hasta la FOX de Murdoch, manteniendo a ‘Fringe’ aunque sea con respiración artificial (los números de esta cuarta temporada hacen prácticamente utópica su renovación), o la CBS y su exquisita ‘The Good Wife’, quizás el caso paradigmático de lo equivocada que puede estar la audiencia al no verla, se han gastado pasta esperando el retorno a la larga.

El mejor producto, si es que acaso se puede llamar así a una obra artística, en términos de calidad, riesgo, e innovación que tiene la NBC en su parrilla es ‘Community’. Es la serie que todo el mundo debería estar viendo y nadie ve. Es una obra cubista, en palabras del crítico de Time, que compara a su creador, Dan Harmon, con Picasso o Braque. Se trata de una comedia de picos de sierra, muy, muy irregular, pero con una masa de fans entregada. Acostumbrados a las ‘sitcom’ de risa enlatada y facilona, cuesta mucho darle varias oportunidades a los chicos de Greendale, ese grupo de estudio de perdedores en una pequeña y miserable universidad pública. Pero la apuesta que se efectúa al perder el tiempo viendo algunos de sus capítulos prescindibles luego compensa con creces. Los mejores episodios cómicos, carcajadas garantizadas durante veinte minutos seguidos, los ha ofrecido esta serie en los últimos años desde el trono del humor inteligente. Y todo a costa de tomar riesgos, de jugar con la narración, de darle la vuelta al relato como si fuera un calcetín, de parodiar al cine, a otras series o a la actualidad política como nadie más lo hace.

La gamberrísima ‘Community’ destruye la realidad para después reconstruirla a través de los ojos de Abed, de Troy, de Pierce, de Jeffrey, de Annie, Britta, el señor Chang o del decano Pelton. Su último capítulo está dedicado a un futbolín. Y es tan brillante que quema. Pero se trata de una serie exigente con sus espectadores que no obtiene las cifras que la NBC desea, por lo que la cadena anunció hace varias semanas que la deja en ‘stand-by’, sin fecha de retorno tras el parón navideño, pero no la cancela. Es como darle un ultimátum a sus creadores y guionistas, cuando a fuerza de ser tan geniales e imprevisibles no hacen otra cosa que espantar al gran público.

Etiquetas:

Lecciones de parodia comunitarias

Hyde | 18 de febrero de 2011 a las 13:03

Parodiar películas e incluso otras series de la propia cadena o de las rivales es un clásico en las comedias televisivas. Pero ninguna ha llegado al nivel de maestría alcanzado en esta materia por ‘Community’. Sí, nuestro grupo de estudio favorito tiene muchos altibajos, es una serie de dientes de sierra. Pero merece la pena tragarse sus diez peores episodios cuando sabes que tienes uno antológico esperándote en algún momento.

En la temporada pasada parodiaron las pelis y series de mafiosos en ‘Contemporary American Poultry’ y también las de acción, desde ‘Matrix’ a ‘La Jungla de Cristal’, en la hilarante ‘Modern warfare’. Hace un par de semanas hicieron lo propio con la saga de ‘El señor de los anillos’, las pelis, libros y juegos de rol de fantasía. ‘Advanced Dungeons and Dragons’. No paré de reírme.

Luego, claro está, tenemos a Abed y sus imitaciones, desde Don Draper a Batman. Y qué decir de Senor Chang, uno de los mejores personajes secundarios que ha dado la tele en los últimos tiempos. A la NBC le perdono todos sus pecados anteriores, que son muchos, sólo por ‘Community’.

Se supone que las comedias televisivas son de usar y tirar, de un único consumo. Atesoro estos tres capítulos para volver a verlos. Y la risa surge de nuevo, pura, libre, como la primera vez.

Sonrisas y lágrimas

Hyde | 20 de enero de 2011 a las 9:31

abed

Por mucho globo de oro que se haya llevado, ‘Glee’ dejó de ser la mejor comedia de la parrilla hace bastante tiempo. Justo en el momento en que se hizo extraordinariamente popular y Ryan Murphy se vio obligado, cadena Fox mediante, a rebajar su tono y huir de lo políticamente incorrecto. Sí, hay capítulos estupendos, y los dedicados a cada artista pueden ser una gozada para los fans, como aquellos de Madonna o Lady Gaga, pero ‘Glee’ no provoca las carcajadas que sí causan sus rivales. El otro premiado por la asociación de periodistas extranjeros en Hollywood, Jim Parsons, tampoco pasa por sus mejores horas. Los ‘geeks’ de ‘The Big Bang Theory’ garantizan un buen rato, pero han perdido la frescura de sus primeras temporadas y resulta preocupante el abuso de las risas enlatadas, un recurso que cada vez funciona peor.

No tiene falsas risas ‘Modern family’, aunque esta sitcom familiar a tres bandas experimenta demasiados altibajos en su segundo año. También tiene sus picos de montaña rusa, pero cuando ofrece un capítulo genial, nada está a la altura de ‘Community’, la comedia sobre ese grupo de estudio de perdedores en una universidad pública con la que la NBC se ha redimido un poco de sus muchas pifias. Abed ha conquistado con todos los méritos el título de mejor personaje cómico que hasta hace poco ostentaban Barney Stinson y Sheldon Cooper. Va siendo hora de que le caiga algún premio al actor de origen indio-polaco Danny Pudi, capaz lo mismo de imitar a Don Draper, al Morfeo de ‘Matrix’ a Batman o a cualquiera de los mafiosos de Robert de Niro en algunos de los mejores episodios de comedia que se han emitido en los últimos meses. Por cierto que el maléfico Senior Chang tampoco se queda atrás.

No es exactamente una comedia, porque a veces ofrece momentos absolutamente dramáticos -como el final de la tercera temporada-, pero uno también puede reírse de lo lindo con las aventuras y sinvergonzonerías de Hank Moody, el escritor descarriado y autodestructivo que protagoniza ‘Californication’. En su cuarta temporada sigue siendo un vehículo para que David Duchovny exhiba su narcisismo, pero lo cierto es que el personaje tiene encanto y atractivo.

Pero si este año hay una comedia que está atreviéndose a indagar en territorios no demasiado explorados es precisamente una de las más veteranas. ‘Cómo conocí a vuestra madre’, ‘HIMYM’ para los amigos, ha deparado episodios geniales, de gran originalidad pese a que la serie de la CBS había dado muestras de agotamiento el año pasado. Nos equivocamos al darla por muerta. En la sexta temporada sus guionistas, que quieren darle mayor complejidad a los personajes y tramas, se han atrevido a romper una regla no escrita: no hagas llorar a un público con las defensas bajas que sólo aguarda risas. En los dos últimos capítulos emitidos nadie diría que ‘HIMYM’ es una comedia. Pero son geniales y valientes. Eso esperamos de la buena televisión.