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El caso ‘Fringe’

Hyde | 19 de diciembre de 2012 a las 20:01

Pocas series llegan a los cien episodios. Y menos aún se despiden en todo lo alto con ese número redondo. Así lo hará ‘Fringe’ en su corta quinta temporada, con un capítulo doble, de dos horas, que emitirá en Estados Unidos la cadena Fox el 18 de enero. De ‘Fringe’ se puede escribir un tratado. De sus errores y de sus aciertos, del extraño fenómeno que supone -como sus casos- que en la dura selva televisiva una serie con poca audiencia haya logrado sobrevivir tanto tiempo. Lo ha hecho tanto por el prestigio que aportaba a la cadena como por su entusiasta legión de fans en todo el mundo, que llevan un par de años movilizándose cada invierno y primavera para evitar su cancelación. Sin tantos premios que la justifiquen, le ocurre algo parecido que a ‘The Good Wife’. La ven pocos espectadores para tratarse de una emisión ‘network’ en abierto, pero el perfil de los que la siguen es el sueño de todo director comercial.

 

Todos los creyentes en ‘Fringe’ hemos tenido nuestros desencuentros con una trama caótica, con universos paralelos en los que hasta el más devoto seriófilo se ha perdido. Uno diría que hasta los showrunners y guionistas han cambiado de realidad demasiadas veces, sin tener muy claro si se trataba de una serie procedimental o si había que darle mayor carga a la trama de largo recorrido. Pero la mayoría se lo hemos perdonado todo. Porque de vez en cuando, la más digna heredera de ‘Expediente X’ te regala un capitulazo sensacional, de piel de gallina, como ese ‘The bullet that save the world’ reciente. Y porque ha sido capaz de crear momentos épicos, escenas fantásticas como ese Central Park gris de esta quinta temporada, villanos sensacionales como los observadores, una suerte de blues brothers extraterrestres y calvos. Sí, muchas cosas en ‘Fringe’ parecen de risa, pero son un asunto muy serio. Y, si queremos a esta serie, es sobre todo porque tiene a actores como John Noble y Anna Torv y a personajes como Walter Bishop y Olivia Dunham.

Ahora, ya filmado el último episodio, con su estupendo -y pluriempleado con sus ‘alternates’- casting de despedida, uno se pregunta qué habría ocurrido si J.J. Abrams no fuera ese culillo de mal asiento y no la hubiera dejado tirada tan pronto. Si el inquieto director-productor no se hubiera empeñado en sacar nuevas series como churros para sustituir a ‘Fringe’ pero sin llegar nunca a la altura de sus zapatos -sí, me refiero a ‘Alcatraz’ y a ‘Revolution’-. Porque la parrilla se quedará absolutamente huérfana en enero en el género paranormal. Será difícil encontrar algo parecido, por extraño, por valiente, por loco, por raro. ‘Fringe’ es un caso ‘fringe’ en sí misma.

 

En otro universo

Hyde | 1 de marzo de 2012 a las 9:30

“No estamos en el negocio de perder dinero”, dijo en enero el presidente de la división de Entretenimiento de la cadena Fox cuando le preguntaron por ‘Fringe’. “Perdemos mucho dinero con esa serie, y con esa audiencia tan baja en las noches de los viernes es imposible obtener beneficios”, abundó Kevin Reilly, sin admitir, claro está, que su arriesgada decisión de cambiarla de día y ponerla en la conocida como “franja de la muerte” no ayudó precisamente hace más de un año a levantar sus cifras. Todo por la obsesión de la cadena de resucitar el éxito en ese espacio horario de la legendaria ‘Expediente X’, el espejo de ‘Fringe’. La criatura de la factoría Abrams y sus colegas Kurtzman y Orci nunca lo ha tenido fácil y cuando lo podía haber tenido tampoco cogió el camino más corto. Se trata probablemente de la serie con la barrera de entrada más alta: prácticamente habría que hacer un máster para engancharse a su cuarta temporada sin haber visto las anteriores. Es una obra con muchos picos de sierra, con subidas espectaculares pero también sus profundos valles. Tan inteligente, brillante y loca como su verdadero protagonista, el doctor Walter Bishop -menudo caso Fringe la continua sequía de premios para el magistral John Noble-. Su complejidad puede resumirse, que no entenderse, en un párrafo. Se trata de una serie sobre una división especial del FBI que investiga extraños fenómenos paracientíficos y se mete en una guerra entre universos, con hasta cuatro universos y líneas temporales paralelas, con sus correspondientes personajes y alternativos. También hay unos extraños seres, calvos vestidos de ejecutivos cincuenteros, llamados observadores. Y cambiaformas, unos replicantes que suplantan a los seres humanos persiguiendo no se sabe exactamente qué pérfido objetivo.

Admitámoslo: ‘Fringe’ es un completo galimatías. Pero es nuestro galimatías. Los pocos que hemos llegado hasta aquí constituimos una audiencia pequeña pero militante. Al fin y al cabo hemos invertido horas y horas en una serie que casi te obliga a estudiar, que apenas hace concesiones, fiel a sí misma hasta el precipicio. Algunos también la ven por la preciosa Anna Torv, la agente Olivia Dunham, aunque quien espere que se quite la ropa para subir la audiencia se quedará con las ganas. O porque es la única serie de ciencia ficción digna -que nadie ose mencionar ese autoplagio barato que es ‘Alcatraz’- de la actualidad.

 

El caso es que ‘Fringe’ enfila sus últimos nueve episodios de su cuarta temporada sin que se sepa aún si habrá una quinta. Y aunque sus productores ejecutivos aseguran tener un final conclusivo que vale lo mismo para un roto que un descosido, por un lado los fríos números dicen que no será renovada. Pero por otro cada vez hay más rumores sobre la negociación entre la Fox y la Warner, el estudio que la produce, para un nuevo año siempre que se bajen los costes. O la tercera vía, a la ‘Friday Night Lights’, que consistiría en la serie siendo emitida y costeada por otra cadena de la competencia, de cable o en abierto. Hablando de universos paralelos…

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Regreso al pasado

Hyde | 30 de septiembre de 2011 a las 8:58

http://www.youtube.com/watch?v=p6o-Fzg4d0Y&feature=related

En el reparto del negocio de la ficción televisiva había una especie de pacto no escrito entre las cadenas de pago y las ‘network’ en abierto. Las primeras llevaban las series a terrenos de calidad nunca vistos, en plena competencia, e incluso superioridad, con el cine, y las segundas se dedicaban meramente a la parte comercial. La prioridad era la audiencia, cazar al target deseado de la forma más amplia posible y lograr un buen retorno comercial. Lo que se invertía tenía que volver multiplicado. Mientras el cable, abanderado por la HBO, pero ahora también por AMC y Showtime, fabricaba misiles de precisión que en ocasiones daban un rendimiento extraordinario, y no sólo a efectos de consolidar la marca y captar abonados, las grandes cadenas NBC, ABC, CBS, Fox se dedicaban a lanzar napalm a la audiencia para conquistar a los anunciantes. A veces tenían éxito y otras no.

Pensábamos que esos tiempos estaban quedando atrás, con producciones como las ya mencionadas hasta la saciedad ‘The Good Wife’, ‘Fringe’ o incluso la híbrida (medio en abierto, medio de pago) ‘Friday Night Lights’. Pero no. El estreno más esperado de la temporada, la promocionadísima ‘Terra Nova’ es una regresión total. No porque sus protagonistas, una familia del siglo XXII en un planeta moribundo por la contaminación que decide emigrar, aprovechando una fractura en el espacio-tiempo, a la Tierra de hace 85 millones de años. Sino porque la cadena Fox y sus productores, entre los que se encuentra un Spielberg maldito para la tele desde ese engendro que es ‘Falling skies’, se han gastado tanta pasta en la producción que se han empeñado en agradar a todo el mundo y en conquistar a la mayor audiencia posible desde el episodio piloto. El resultado es un pastiche en el que se nota que hay mucho dinero invertido en ambientación, aunque poco en los dinosaurios y menos aún en el casting. Siendo benevolentes, digamos que ‘Terra Nova’ es una mala fusión entre ‘Parque Jurásico’ y ‘Avatar’, con un toque de la fallida ‘Outcasts’ de por medio. Incluso hay prácticamente un plagio con el personaje de Stephen Lang, que viene a ser el mismo que hacía en la macroproducción de James Cameron.

Quizás, acostumbrados a exquisiteces, nos hemos vuelto demasiado exigentes. Pero de momento ‘Genesis’, el episodio doble emitido en Estados Unidos en la noche del lunes, hace aguas por todos lados y tampoco es que haya enamorado a la audiencia, con unos resultados que sin ser malos no son para tirar cohetes de felicidad, con nueve millones de espectadores cuando la cadena de Murdoch esperaba bastantes más. “No un desastre (todavía)”, escribía un cronista televisivo.

El reparto de ‘Terra Nova’ tampoco brilla demasiado. Jason O’Mara no tiene el peso suficiente para liderar la serie (su cabeza de familia pone exactamente la misma expresión atribulada cuando su hijo mayor decide saltarse una clase que cuando lo van a devorar unos dinosaurios), y aún a riesgo de precipitarme, tampoco se vislumbran grandes actuaciones del resto de un casting en el que también reconocemos a Allison Miller, la princesa de ‘Kings’.

En cuanto al guión, nadie esperaba el talento de Philip K. Dick en una trama que consiste en mezclar a humanos del futuro, medio peleados entre ellos, en la era de los dinosaurios. Pero a estas alturas de la película, o de las series, hay un mínimo común exigible: que los diálogos y las situaciones familiares resulten creíbles y naturales, que los ritmos se cuiden y no se hurte al espectador la presentación de los personajes ni se le sature con demasiados acontecimientos simultáneos. El estilo AMC ha calado.

‘Terra Nova’, a la que daremos un par de oportunidades más antes de condenarla o perdonarla (si es que no la cancelan antes), sólo es completamente creíble en una cosa: consigue retraernos a un pasado que creíamos muy lejano. La televisión ya no es así. Afortunadamente.

Hasta el año que viene

Hyde | 12 de mayo de 2011 a las 10:48

Al filo de la navaja de la cancelación durante casi todo el año por sus serios problemas de audiencia, pese a su indudable éxito de marca, ruido mediático y la fogosidad de sus fans, trabajar como guionista de ‘Fringe’ ha debido de ser especialmente estresante esta tercera temporada. Lanzada como heredera de ‘Expediente X’ por la misma cadena (Fox) y contando con el pequeño rey Midas de la tele, J.J. Abrams, entre sus productores, ‘Fringe’ nunca se recuperó en los ratings de su errático lanzamiento. Sus creadores no tuvieron claro si se trataba de una serie de un monstruo por día o si primarían la trama de fondo, dotando a Fringe de un argumento lineal. Para cuando se decidieron por la segunda opción ya habían perdido a gran parte de los espectadores. Los afortunados que permanecieron fieles a la cita semanal con Olivia Dunham y los Bishops, uno de los mejores tríos de la televisión reciente (¿o son un sexteto?) fuimos recompensados más adelante.

En ‘Fringe’ puede pasar cualquier cosa y todas se pueden explicar, en teoría, con razonamientos pseudocientíficos. Para ello tenemos en su laboratorio de Harvard al viejo chiflado Walter Bishop, una creación memorable de ese actorazo llamado John Noble. Así que sin darnos cuenta, esta temporada nos metimos en algo tan extravagante como una guerra de universos paralelos. Como lo leen. Lejos de chirriar, la cosa funcionaba, hasta que a los guionistas, quizá agobiados ante la posibilidad de quedarse sin trabajo el próximo año (cosa que finalmente no ha pasado), empezaron a convertirse ellos mismos en un caso digno de la división ‘Fringe’ del FBI. Sin ánimo de espoilers, digamos que la pobre Anna Torv merece lo que le paguen y más.

También se ha despedido estas últimas semanas, hasta el año que viene, ‘Justified’, de FX, cadena filial de la FOX Lo ha hecho por la puerta grande. La segunda entrega de las desventuras del US marshal Raylan Givens ha sido sensacional, principalmente por la fuerza magnética de sus rivales de este año, el clan de los Bennets, liderados por Margo Martindale, cuya Mags pasará a la antología de grandes ‘malos’ de la historia de la televisión. La clave de esta magnífica temporada, que la ha colocado entre las mejores series que se pueden ver ahora mismo, es el mayor peso del casting femenino (me encanta este artículo del LAtimes) y, sin duda, esa presencia imponente, robaplanos, de Walton Coggins. Y el protagonista y productor, Timothy Olyphant, ha logrado aprovechar al máximo esa cara de palo y esa fiera mirada que Dios le ha dado para encadilarnos con el personaje.

Malas y buenas noticias

Hyde | 25 de marzo de 2011 a las 15:15

lights

Las últimas 12 horas han sido muy agridulces para los seriófilos. Por un lado, anoche nos acostamos con el tremendo disgusto de la cancelación de ‘Lights Out’, una de las mejores debutantes de este año. Tras superar los dos o tres capítulos iniciales, algo flojos, cada vez estábamos más enganchados al boxeador Patrick Lights Leary, a su complicada familia, a sus histriónicos entrenadores, a su combate al filo del alambre por mantener a los suyos. FX anunció que no la renovaba porque la audiencia no ha acompañado. Cuesta reprocharle algo a la cadena que produce ‘Sons of Anarchy’ y ‘Justified’, aunque podían haber tenido un poco de paciencia con esta trama pugilística, sobre todo porque están teniendo su mejor año de resultados con otros productos. Es una pena, porque Holt McCallany, Stacy Keach e incluso el a veces cargante Pablo Schreiber estaban haciendo un trabajo estupendo, porque las apariciones de Eamonn Walker y David Morse han sido fantásticas, porque nos gusta el boxeo y la mitología que lo rodea, demonios!!!

Consumada la noticia, con tremendo enfado de Mrs. Hyde (“No sé para qué me enganchas a series si luego nos las quitan y nos llevamos este mal rato”), temimos lo peor: que se cancelara también ‘Fringe’. Pero sorprendentemente, la FOX ha mirado más la devoción militante que sigue a Olivia y a los Bishops en las redes sociales y en todo el mundo que los números de audiencia de la serie, y decidió renovarla por una cuarta temporada. Es un respiro y una buena noticia. Empate. Ahora rezamos por Alicia Florrick y ‘The Good Wife’, cuyos dos últimos capítulos han sido para quitarse el sombrero. Especialmente el último, ‘Ham Sandwich’, una pequeña obra maestra, un catálogo de las excelencias que hacen imprescindible esta serie, liderada por Julianna Margulies pero con un reparto y unos guiones sublimes.

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Un doctor muy sano

Hyde | 17 de marzo de 2011 a las 10:07

house-cuddy

Si algo funciona, y por funcionar nos referimos a la audiencia, no a la calidad, coherencia y atractivo de la trama, hay que estirarlo hasta que deje de hacerlo. La mentalidad de los directivos de televisión es clara y no se diferencian demasiado de cualquier otro gestor: lo que cuentan son los números, no los sentimientos. Y al final el propio público ha acabado adoptándola. Porque qué pereza da visionar una nueva serie cuando sabes que ya ha sido cancelada. ¿Para qué invertir tiempo, exponerse personalmente, arriesgarte a cogerle cariño a los personajes, si su final está cerca y es definitivo? Acaba de ocurrir con ‘Outcasts’, la serie de ciencia ficción de la BBC, que no ha sido renovada. Sucedió con la excelente pero lenta ‘Rubicon’, y puede pasar, dios no lo quiera, con Fringe en su tercer año.

Ese riesgo no lo corre desde luego ‘House’, cuyo reinado en las noches de los lunes en Estados Unidos es indiscutible. Algo tendrán las series de médicos que suelen gozar de mejor salud que las demás. Ahí están ‘Urgencias’ o ‘Anatomía de Grey’ para certificarlo. Aunque el caso del doctor más cascarrabias, borde, maleducado y a la vez divertido de la historia de la tele es digno de estudio. Aunque la emita la Fox, la serie es propiedad de la NBC, una extraña situación que ha traído problemas para la renovación de este rentable negocio para una octava temporada. Y aunque funciona, lo hace precisamente por el medido riesgo, pero al fin y al cabo riesgo, que toman sus guionistas y creadores cada temporada. Hace bastante tiempo que los casos sanitarios pasaron a un segundo plano. El seguidor de House se sabe ya de memorias los diagnósticos. Seguirlos es casi un ritual cómico. Primero se trata de lupus, luego un trastorno autoinmune, nunca falta el cáncer y la sarcoidosis cada vez es más frecuente. Además, resulta pecado emitir un capítulo sin trepanar cráneos, punciones lumbares o reanimación cardiopulmonar.

El año pasado, House dio un giro metiendo al personaje de Hugh Laurie en un psiquiátrico (del que nunca debió salir, desde luego). Y luego nos regaló capítulos sublimes, como los dedicados en exclusiva a los sufridos Wilson y Cuddy y el season finale, con el talentoso diagnosticador bajando a los infiernos para ser rescatado in extremis. En esta séptima temporada, no por deseado el salto de guión deja de ser peligroso: por fin se lían House y Cuddy. Y lo que parecía el cierre final de la trama nos ha ido dejando algunas escenas y episodios fantásticos, rescatando un tono cómico y una originalidad que se echaban en falta desde hace años. Ver a House intentado ser feliz, luchando por conciliar su enfermizo egocentrismo con Cuddy y su familia -impone la aparición de Candice Bergen como intratable suegra-, merece la pena. Y tanto el capítulo cinéfilo como el musical son impecables narrativamente. House sigue sano como un roble. Ese es nuestro diagnóstico.

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Los golpes de la vida

Hyde | 17 de febrero de 2011 a las 11:14

lightsout

Para sobrevivir en la jungla de la parrilla televisiva hay que ser muy duro. Al acecho merodean programadores con menos sentimientos de culpa que un tiburón blanco tras zamparse una foquita, o reality shows de mierda pueden devorarte en menos que canta un gallo. En esta selva las condiciones son cambiantes cada día, y todo se decide por los fríos números, la audiencia y sus perfiles. Para salir ileso de todos esos peligros hay que repartir muchos mamporros. Y hacerlo rápido, desde el principio y con eficiencia.

Los cementerios de series están llenos de buenas tramas que esperaron demasiado para soltar los fuegos artificiales. Este año ocurrió, por ejemplo, con Rubicon. También la UCI televisiva, ese limbo en el que actualmente se debaten entre la vida y la muerte una decena de buenas series, cuenta con muchas obras que se equivocaron en el golpe y luego rectificaron, a lo mejor demasiado tarde. Es la agonía que está sufriendo, injustamente, la magnífica Fringe. Su errático primer año, con una trama central sin dirección clara, espantó a muchos espectadores, que se han perdido las dos excelentes temporadas siguientes. Fox sopesa estos días si hacer caso a slos críticos televisivos y a sus (pocos) millones de seguidores en todo el mundo, que saturan las redes sociales pidiendo su continuidad, o las tablas de audiencia. En el último capítulo ocurrió algo desconcertante: vimos a su bellísima protagonista, Anna Torv, en sujetador, cuando habitualmente su personaje, Olivia Dunham, en sus múltiples facetas, es bastante recatada. Por muy agradable que fuera la estampa, ese truco barato tiene muy mala pinta. Y no es la única treta desesperada por captar más espectadores de esta estupenda serie de fenómenos científicos extraños, guerra de universos y calvos observadores que cuidan por el destino. Uno de esos alucinantes casos Fringe bien podría ser la incertidumbre que rodea a la mejor serie de las cadenas generalistas, ‘The good wife’. Si hasta el bufete de Lockhart&Gardner y Alicia Florrick corren peligro de cambiar de día de emisión, qué será de las demás.

Uno de los estrenos más decentes de este año, ‘Lights Out’, la historia de un boxeador retirado que lo pierde todo y se dirime entre volver al ring por su familia o convertirse en matón mafioso, está contra las cuerdas. Y todo por no dar mamporros pronto a diestro y siniestro. “Es que tarda demasiado en llegar al combate”, me respondía la otra noche Mrs. Hyde, con más frialdad que Don King viendo caer a uno de sus patrocinados, cuando le contaba sorprendido sus problemas de audiencia. El público no tiene paciencia. Y muchas veces tampoco gusto. Es una pena, pero nadie dijo que la vida en la jungla fuera justa.

Usted no es usted. O quizás sí

Hyde | 25 de noviembre de 2010 a las 1:38

alternate-olivia

Usted, querido lector, seguramente está sentado en la oficina, leyendo este artículo. ¿Pero se ha planteado que quizás hay otro usted mirándolo en internet, que otro usted bien puede estar haciendo jogging y otro usted el amor, pese a lo tarde que es en la mañana? La teoría de los universos paralelos puede ser, efectivamente, un consuelo. Y aunque compleja, ofrece mucho juego en la ficción.

En esta tercera temporada, la irregular pero en ocasiones excelente ‘Fringe’ se presta al desafío. Y diría que hasta ahora lo está superando con creces. Ya podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que ‘Fringe’ es la heredera natural y merecida de ‘Expediente X’. También que cuenta con dos -¿o deberíamos decir cuatro?- de los mejores personajes de una serie de acción en mucho tiempo: el profesor Walter Bishop y la agente Olivia Dunham. John Noble interpreta a la perfección a este genio loco al que meteríamos, ‘crossover’ mediante, en un capítulo de ‘The Big Bang Theory’. Seguramente habría una fisión nuclear con Sheldon Cooper. Y la bella y fría australiana Anna Torv es una estupenda versión actualizada de la Sidney Bristow de ‘Alias’, aunque mucho más dura y bastante menos cargante.

Muchos espectadores de ‘Fringe’, atraídos por la firma de J.J. Abrams en la producción, dejaron de verla en la primera temporada por sus titubeantes inicios. Grave error. Los creadores finalmente apostaron por una línea argumental que está dando sus frutos: la guerra entre universos. Y entre esa trama principal se van intercalando pequeños episodios no paranormales, sino paracientíficos, a lo Mulder y Scully.

Aunque ‘Fringe’ entra y sale de la ‘Liga de Campeones’ televisiva (un club muy, muy exclusivo en el que sólo están algunas series de cadenas de pago y, si acaso, ‘The Good wife’), su último capítulo, ‘The Abducted’, es una pequeña obra maestra del suspense. Y el guiño a ‘Casablanca’, sencillamente sublime. Lamentablemente, no sólo en los laboratorios de Harvard y de la corporación Massive Dynamics se hacen experimentos incomprensibles. Los programadores de la cadena FOX, descontentos con su injustamente baja audiencia, no dejan de cambiar de día esta serie y acaban de traspasarla al llamado “infierno” de los viernes, donde pocas sobreviven. Habrá que rezar para que los ejecutivos crean en que hay algo más ahí fuera y no acaben cerrando la división ‘Fringe’.

La conversión de House

Hyde | 3 de junio de 2010 a las 9:50

house‘House’ se ha convertido en una enfermedad crónica común. Podemos librarnos de ella, olvidarnos por un tiempo, pero al final, tarde o temprano a lo largo del año, volveremos a caer. ‘House’ es una de esas series que lleva dos o tres temporadas sobreviviendo con respiración artificial, a la espera de un milagro que nos devuelva la frescura de los primeros dos años. Aunque eso es imposible, en ocasiones nos brinda episodios que nos obligan a perdonarla, capítulos de gran televisión con mayúsculas. No me malinterpreten, la serie de éxito internacional de la Fox no es de Champions League, algo que a priori parecería necesario para llegar a las siete temporadas, pero sí una obra de primera división, uno de esos equipos que de vez en cuando dan la campanada y nos regalan una montaña rusa emocional, con risas y llantos. Es por ello por lo que su permanencia no molesta a nadie. Todo gira alrededor de su estrella, Hugh Laurie, quien al fin y al cabo ha logrado componer a uno de esos personajes que permanecerán para siempre en la historia de la tele. House se ha convertido en un icono global, incluso en un adjetivo para nombrar a determinadas personas o comportamientos, honestos pero brutales, sinceros pero desalmados. A todos nos gustaría ser como él en algún momento dado, pero luego las convenciones sociales, la buena educación, nos lo impiden.

Los argumentos médicos hace tiempo que se agotaron. Demasiados trastornos autoinmunes, lupus y trepanaciones. Este año, por fortuna, casi todo ha girado en torno a los personajes. Empezamos con nuestro doctor en un manicomio, que es donde hace tiempo debió ingresar. Luego asistiremos a su progresiva rehabilitación, a sus tentaciones con la vicodina, a su insólita relación de amistad con Wilson y su imposible amor por la jefa Cuddy. Ya que los mencionamos, los dos episodios dedicados en exclusiva a los santos y pacientes personajes de los convincentes Robert Sean Leonard y Lisa Edelstein son de lo mejorcito de toda la serie, junto con el impresionante final de esta sexta temporada, que podrán ver en una semana. Sí, hay una concesión de los guionistas, pero el capítulo es estremecedor. La repera.

House tiene otra cosa que la distingue del resto de series. Es de las pocas que no pierde con el doblaje, gracias a un trabajo de cinco estrellas encabezado por Luis Porcar. Sí, la voz de Laurie, su falso acento norteamericano, es interesante. Pero su versión española no desmerece. Incluso gana. Porcar tenía experiencia en el doblaje de médicos. Hace años interpretó a otro doctor televisivo, quizás la némesis de House: un dulce y guaperas pediatra, el novio que toda chica querría tener, el papel que lanzó a la fama a la hoy superestrella George Clooney en ‘Urgencias’. Pasar de uno a otro personaje sí que merecería un par de sesiones de psicoanálisis.

Like a virgin

Hyde | 6 de mayo de 2010 a las 0:14

Lo peor que le puede pasar a una serie -después de que no la vea nadie, claro está- es morir de éxito. La audiencia manda, y si arrastras a un público que no esperabas muchas veces te obliga a cambiar el espíritu de la obra, los guiones, hasta que lo infantilizas todo. Ya hemos escrito aquí que, junto con ‘Modern Family’, la revelación de esta temporada televisiva en EEUU es ‘Glee’. Su creador, Ryan Murphy, no es sospechoso de hacer concesiones. Su anterior obra, la irreverente Nip&Tuck, ha sido definida como una versión porno de urgencias. Así que cuando empezó esta serie musical sobre un coro formado por los perdedores e inadaptados de un instituto, vimos los primeros atrevimientos: el anterior director fue expulsado por pederasta, los padres de la presunta estrella que quiere emular a Barbra Streisand son gays. Todo prometía mucho, especialmente por el morbo de ver esta serie en la ultraconservadora cadena Fox -verla traducida, encima castigada a un canal temático de Antena 3, es desolador-. También porque cuenta con el principal elemento básico para el éxito de cualquier obra de ficción: tiene un malo en condiciones. En este caso, la instructora de las animadoras que interpreta la premiada Jane Lynch. Es lo más parecido al sargento de los marines de ‘La chaqueta metálica’ que hemos visto recientemente. Aunque también tenga sus momentos tiernos.

‘Glee’ fue un pelotazo, y poco a poco Murphy se ha visto forzado a eliminar incorrecciones políticas de sus guiones. Así que cuando llegó el parón invernal, cuando la Fox renovó la serie, cuando sus protagonistas, convertidos en estrellas nacionales, cantaron para la familia Obama en la Casa Blanca, me temí lo peor. Las perspectivas empeoraron incluso al ver el primer capítulo de regreso de la serie. Otra serie más de instituto, como hay miles. Pero después llegó el episodio dedicado a la obesidad, y especialmente el de homenaje a Madonna. Es casi imposible estarse quieto viéndolo, no sentir nostalgia de las discotecas, querer bailar en el sofá. El momento ‘Vogue’ es sencillamente antológico. Sí, se puede hacer gran televisión para todos los públicos. Incluso en la cadena de Murdoch.