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Una de vikingos

Hyde | 7 de marzo de 2013 a las 12:35

El canal Historia, responsable de la sobrevalorada ‘Hatfields&McCoys’ y con la ambición suficiente como para lanzar lanzar ahora ‘La Biblia’, acaba de estrenar ‘Vikingos’, de Michael Hirst. El veterano productor y guionista sabe lo que se trae entre manos con el género histórico. No en vano estuvo detrás de ‘Los Tudor’, ‘Camelot’ y ‘Los Borgia’, entre otras series. Ahora nos cuenta la historia de Ragnar Lodbrok, uno de los grandes héroes vikingos, un explorador obsesionado con navegar hacia el oeste, pero no para descubrir nuevas civilizaciones, sino para saquearlas. Fue el terror de Inglaterra y Francia y estaba obsesionado, según leemos, con que sus hijos no lograran superar sus hazañas –de hecho Kirk Douglas interpretó a uno de sus descendientes en ‘Los Vikingos’-.

Protagonizada por Travis Fimmel, aquel joven compañero del desaparecido Patrick Swayze en ‘The Beast’, en el casting de la serie destaca, sobre todos los nombres, el de un secundario: Gabriel Byrne. Resulta bastante chocante verlo de sanguinario y ambicioso noble vikingo cuando estamos acostumbrados a contemplarlo de traje, como primer ministro accidental (‘Secret State’) o como el añorado y complejo psicoanalista Paul Weston de ‘In Treatment’. Byrne es un excelente actor, pero cuesta mucho trabajo visualizarlo como alguien brutal y no extremadamente educado. Hasta su demonio lo era. Es de las cosas que más llama la atención del piloto de ‘Vikingos’: sí, hay sangre y la violencia esperadas, pero también mucha, quizá demasiada, educación entre estos nórdicos, especialmente entre el matrimonio protagonista. Aunque quién sabe, puede que siempre hayan sido muy civilizados.

Al principio, en sus primeros minutos, la serie recuerda un poco la estética y estilo de ‘Spartacus’. Luego, afortunadamente, no. Es un producto mucho más realista, y aunque sólo sea por respeto a un canal que se llama Historia, los guionistas intentan aproximarnos al personaje y a su gran sueño. Asistimos, quizás demasiado brevemente, a la construcción de uno de esos temibles drakkar, con el que Ragnar comenzaría sus expediciones, y cuya estampa aterrorizaba a los habitantes de cualquier pueblo costero. Habrá que seguir viéndola para comprobar si estos vikingos pierden las buenas formas.

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Acción mental

Hyde | 4 de noviembre de 2010 a las 2:09

paul-weston-photo_432x324El doctor Paul Weston se pasa la mayor parte del día sentado en un sillón que tiene pinta de ser muy confortable. Pero su trabajo es agotador. Una sesión me cansa a mí, que soy espectador, y deja exhausto cada temporada al actor que interpreta al personaje, el excelente Gabriel Byrne. El mejor terapeuta de ficción -lo lamento por la sopraniana doctora Melfi-, acaba de regresar en la tercera temporada de ‘En terapia’, una exhibición interpretativa en la que nos metemos en una consulta sin diván que parece un cuadrilátero. Porque aunque se trate de una serie de diálogos de dos personajes sentados y sin apenas moverse, ‘En terapia’ es un combate mental permanente entre el doctor Weston y sus pacientes, una obra policiaca en la que intentamos adivinar qué trauma oculta cada uno de sus protagonistas, incluido el propio psiquiatra, al que también acompañamos cuando él se sienta en el sillón de enfrente.

Son apenas veinte minutos por capítulo, dos dosis diarias, dos veces a la semana, pero a pesar de no tratarse de una serie de acción, hay momentos de extrema tensión en estos viajes al subconsciente, esas exploraciones a la mente de sus pacientes que hace, a pecho descubierto, el sufrido doctor Weston. Su vida personal no es además el mejor ejemplo. Divorciado, irascible, separado de sus hijos y con dificultad para establecer relaciones. Una cosa es el Weston doctor, un tipo cercano, amable, tolerante hasta casi el extremo, sensible, y otra Paul, malhumorado, amargado, solo e infeliz. Y posiblemente enfermo.

Gabriel Byrne tuvo que aceptar seguir encarnando este exigente papel (la cámara está casi permanente sobre él) después de una campaña de cartas de admiradores enviada al New York Times. El irlandés tiene sus propios traumas. A principios de este año confesó haber sido víctima de abusos sexuales en el seminario, cuando tenía 11 años, por parte de dos curas. También fue maltratado, y más adelante, ya adulto, cayó en el alcoholismo y la depresión. Puede que toda esa experiencia vital tan terrible lo haga perfecto para este papel, aunque por lo general Byrne borda todo lo que hace.

‘En terapia’ es una obra casi más de teatro que de televisión, con un casting de lujo y unas intervenciones para el recuerdo, como la de Glynn Turman, que le valió el Emmy. Dianne Wiest, Blair Underwood, Mia Wasikowska (aquí debió conquistar a Tim Burton para su ‘Alicia’), Michelle Forbes, Hope Davis y John Mahoney han pasado por el sofá del doctor Weston en las dos temporadas anteriores, y este año tenemos un plato fortísimo, Debra Winger haciendo prácticamente de sí misma: una estrella de cine ya madura que sabe que sus mejores años han pasado ya.

Se trata de un producto típico de la factoría HBO, creado por Rodrigo García -me niego a volver a decir de quién es hijo, búsquenlo ustedes- a semejanza de una serie televisiva israelí, y en el que está presente ese astuto productor que huele el éxito y la calidad, el actor Mark Walhberg, también detrás de ‘Entourage’ y de ‘Boardwalk Empire’.

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.

La reina y su séquito

Hyde | 8 de octubre de 2009 a las 10:58

Desde ‘Los Soprano’ y ‘A dos metros bajo tierra’, la cadena de pago norteamericana HBO es la reina indiscutible de la producción televisiva. Y aunque últimamente le han salido fieros aspirantes al trono con sus mismas armas de creatividad e incorrección política -Showtime con ‘Dexter’ y ‘Californication’, AMC con ‘Breaking Bad’ y ‘Mad men’-, todavía hoy sigue ofreciendo ‘delicatessens’ semanales. El domingo se emitió en Estados Unidos -disculpen si no me molesto en buscar dónde y por dónde se está maltratando a esta serie en España- el último capítulo de la sexta temporada de ‘Entourage’ (El séquito), la serie favorita del hombre más poderoso del planeta, Barack Obama.

Aparentemente, ‘Entourage’ es superficial: las aventuras en Hollywood de un joven y exitoso actor salido de Queens y de sus amigos, a quienes se lleva allí a modo de guardia de corps. Pero la HBO ha sabido aliñar la trama con ingredientes que hacen de sus capítulos los mejores 25 minutos que se pueden disfrutar de televisión. Como confirma la colección de premios Emmy que acumula, cuenta con uno de los mejores personajes secundarios de la historia televisiva, el agente Ari Gold, que encarna Jeremy Piven. Un ejecutivo deslenguado, ambicioso y sin escrúpulos pero con su pequeño corazoncito, cuyas soeces diatribas triunfan en Youtube. En el capítulo emitido el domingo les aseguro que nos ofrece uno de los expedientes de regulación de empleo más desternillantes y salvajes vistos en televisión -ya quisieran Donald Trump o Lluis Bassat despedir así-.’Entourage’ está basada en la vida real de uno de sus productores, el actor, rapero y modelo Mark Walhberg, un intérprete mediocre pero un ejecutivo exquisito, pues también produce otra de las maravillas de la HBO: el ‘En terapia’ de Gabriel Byrne y Rodrigo García.

Como se trata de mostrar las tripas de Hollywood, en la serie no faltan los ‘cameos’. Hasta el punto de que hay bofetadas para salir en ella. Por dar unos pocos nombres, aparece gente como Martin Scorsese, Matt Damon, Bono, Lebron James, Scarlett Johansson, Tom Brady o el maestro Aaron Sorkin, creador de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. ‘Entourage’ no es una serie profunda, emotiva o un la típica sitcom hilarante de risa enlatada. Es un canto a la amistad, al viaje de la vida, al sexo, la ambición y la juventud. En cada capítulo consigue que nos olvidemos de la realidad y nos sintamos estrellas de Hollywood. Y eso no es mala cosa.

Quemando ruedas

Hyde | 21 de septiembre de 2009 a las 9:23

Ya comentaremos en próximos post el resultado de los Emmys, nuestra alegría y a la vez tristeza por el premio al mejor actor a Bryan Cranston (lo que supone que nuestro terapeuta favorito, Gabriel Byrne, se quedara sin él), nuestro pasmo por el hecho de que Kenneth Brannagh y su excepcional Wallander se fueran compuestos y sin estatuilla, nuestra ilógica manía a ‘Mad Men’ -tendremos que pedir cita al doctor Weston para hallar las causas, posiblemente fobia a cualquier obra que se autotitule heredera de ‘Los Soprano’-. Y sí, por lo que he leído, Neil Patrick Harris estuvo genial de host, como sólo cabía esperar.

Pero este post, fresco, fresco, fresco, no va de los premios entregados hace unas horas. Va sobre la carrera por el trono televisivo que ha empezado este septiembre. Y aunque todavía quedan por llegar platos fuertes, tengo que proclamar que hay un claro favorito al título: ‘Sons of Anarchy’. La segunda temporada de los salvajes moteros, de la que acabo de visionar el segundo episodio, es absolutamente brutal, estremecedora. Kurt Sutter iguala e incluso supera los mejores momentos de ‘The Shield’, y eso son palabras mayores. Y Katie Sagal impresiona. ¡¡¡Dios, qué ganas de comprarse una Harley ahora que están ‘baratitas’!!!

También hay una pequeña decepción, porque no esperábamos mucho de la serie: The vampire diaries. Es una copia mala e incluso más ñoña, si es que es posible, de Crepúsculo. La banda sonora, elegida para captar a los adolescentes, impide cualquier posibilidad de oír los diálogos, que son pobres, pobres, pobres. La única esperanza de redención para esta serie es que se desarrolle un poquito más el personaje del hermano malvado, aunque tampoco lo esperemos.

Doctor, tengo un problema

Hyde | 9 de agosto de 2009 a las 11:57

Tras varias sesiones consecutivas, puesto que mi enfermedad compulsiva me impide aceptar sólo veinte minutos de tratamiento, he hecho un parón en este momento para proclamar ante el mundo entero que Gabriel Byrne se merece no el Emmy, sino el Oscar, por su interpretación del terapeuta Paul Weston en ‘In treatment’. La segunda temporada de esta magnífica serie de la HBO, quién si no, supera en ocasiones a la primera, y mira que eso parecía imposible.

Nuestro pobre doctor se ve sometido a toda suerte de calamidades, y sus cuatro pacientes y su propia terapeuta lo someten a mil y una presiones. Si el año pasado hubo interpretaciones excepcionales por parte de los secundarios, esta edición no le va a la zaga. Me atrevo a decir que ningún otro producto televisivo alcanza ese nivel. Y no me extraña que Byrne quisiera dejar la serie en la primera temporada por agotamiento. Pero afortunadamente no lo hizo. Me apunto a la próxima lista de fans que le reclame en el New York Times que acepte la tercera temporada. No podemos vivir sin él.

Matar al padre

Hyde | 9 de abril de 2009 a las 12:28

No tengo claro si ser hijo de García Márquez es una suerte o una bendición. Desde luego tiene que abrir muchas puertas que tu padre tenga el Nobel, que todo dios haya leído con devoción ‘Cien años de Soledad’. Pero después llegan las comparaciones, los complejos, el afán freudiano por ‘matar’ al padre. Y en el caso de ‘Gabo’ eso es imposible, por mucho que podamos criticarle su amistad con el dictador Castro, sus incoherencias y sus últimas pedofilias literarias. Sería un deicidio.

Rodrigo García se ha labrado una sólida carrera en Hollywood como guionista y director. Cierto que ya no es un chaval (cumple 50 años en agosto), pero ha dirigido capítulos de ‘Los Soprano’ y ‘A dos metros bajo tierra’, un par de convincentes películas, y es el creador, director y guionista principal de ‘In treatment’. ‘En terapia’ es la serie más simple y más compleja que he podido ver últimamente. Un terapeuta y sus pacientes, uno por capítulo, en su consulta. Planos cortos, el cerebro y las emociones humanas a examen, duelos dialécticos, desafíos, toda la tensión que es posible en una habitación. El siempre excelente Gabriel Byrne -aquí lo queremos desde ‘Muerte de las flores’- es el protagonista, un psiquiatra que empatiza con sus clientes, que tiene sus propios problemas y frustraciones, obligado a aguantar carros y carretas en cada sesión. El propio actor, que hace una extraordinaria y agotadora interpretación, estuvo a punto de dejarlo, aunque finalmente cientos de cartas de ‘enganchados‘ fans lo obligaron a renovar por una segunda temporada.

Sé que este post llega con mucho retraso (el trabajo se le acumula a este bloguero con lo último de ‘lost’, ‘damages’, ‘breaking bad’, ‘supernatural’, ‘battlestar’, ‘how I met your mother’ y otras series), pero merece la pena ver ‘in treatment’. Es sano. Aunque todavía no haya visto a ningún paciente empeñado en matar a su padre.

Póngase el traje

Hyde | 11 de enero de 2009 a las 14:25

http://es.youtube.com/watch?v=zHK5oxHu5QY&feature=related Por petición popular (bueno, en realidad sólo lo ha pedido un internauta despistado, pero seguro que hay miles clamando por lo mismo…), ahí va la siguiente quiniela de los Globos de oro que se entregan esta noche. Más que una quiniela es una lista de preferencias, porque seguro que fallaremos más que una escopeta de feria.

Mejor serie:

Dexter, aunque ganará Mad Men. Nuestro querido psicópata merece un premio y los publicistas fumadores y acosadores de secretarias no me acaban de entrar, la verdad (¿será porque también han calificado a esta serie como la “sucesora” de Los Soprano?)

Mejor comedia o musical de TV:

De las nominadas, me quedo con Entourage (El séquito), Ya expuse anteriormente mis reticencias a 30 rock, la gran favorita (pero prometo tragármela entera, Matías).

Mejor actor en una serie dramática:

Michael C. Hall. Por lo mismo de antes. Pero no se descartan Gabriel Byrne y, por supuesto, Jon Hamm. Echamos mucho de menos entre los nominados a Bryan Cranston, de la magnífica Breaking Bad, y ganador del Emmy en la misma categoría.

Mejor actriz en serie dramática:

Mientras no se lo den a Anna Paquin o a Sally Field nos sentiremos satisfechos, aunque no tenemos muchas esperanzas.

Mejor actor y actriz de comedia:

Es inevitable que se lo den a Alec Baldwin y Tina Fey. Aunque sienta debilidad por Kevin Connolly y Steve Carell.

Mejor miniserie:

Sinceramente, no he visto las demás. Pero si no gana John Adams será un escándalo. :)

Mejor actor y actriz de miniserie:

Por la misma e inaceptable subjetividad ignorante anterior, todo lo que no sea la victoria de Paul Giamatti y Laura Linney me irritará bastante.

Mejor actor secundario en serie:

Aunque Jeremy Piven/Ari Gold es nuestro héroe y dan ganas de emularlo en la redacción, Neil Patrick Harris se merece el premio. Sería LEGENDARIO que se lo dieran por su irresistible Barney, lo más gracioso que hemos visto en años, como su serie, How I met your mother, que deja a Friends a la altura del betún…

Mejor actriz secundaria:

Ni la más remota idea.