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Dragones contra publicistas

Hyde | 10 de abril de 2013 a las 20:29

Temporada alta, altísima, en la televisión. Aunque se nos ha ido la excelente cuarta entrega de ‘Justified’, que se consolida como una de las grandes, con esos tiroteos de balas y frases, con unos diálogos más afilados que la katana de un samurái, su marcha se ha visto compensada con dos estrenos dominicales que simbolizan el pulso entre la HBO y la AMC por el la corona televisiva. Compiten dos maravillas literarias: ‘Juego de Tronos’, la bastante fiel adaptación a la exitosa saga fantástica de George R.R. Martin, y ‘Mad Men’, posiblemente la serie más influyente desde ‘Los Soprano’.

¿Pueden tener algo en común los dragones de Daenerys y las golfadas del astuto Tyrion con las tribulaciones y ligues de Don Draper y Roger Sterling en Madison Avenue? Si la primera procede de unos más que decentes libros, la segunda es, en si misma, un novelón contemporáneo. Su creador, Matt Weiner, es en realidad un novelista audiovisual. ‘Mad Men’ constituye una delicia, una exquisitez, una serie gourmet, de cine-fórum. No sólo se disfruta viéndola, sino comentándola. Y sin duda resulta la mejor, absolutamente imbatible, con los subtextos. En ‘Mad Men’ lo importante es lo que no se dice, lo que se calla, lo que se intuye. No es de extrañar, pues, que la primera entrega doble comience con un Don callado, pensativo, al que casi le cuesta hablar. Si el año pasado dejamos a este personaje icónico en la barra de un bar, de vuelta al viejo Don, tras un extraño año de enamoramiento y fidelidad, la sexta temporada promete un Don con las contradicciones, dudas y problemas de siempre, un Roger Sterling que por primera vez emociona al hacerse añicos su armadura de cinismo con una simple caja de madera, y una Peggy Olson cada vez más ambiciosa, cada vez más versión femenina de Draper. Y hace bien Weiner en humanizar un poco a Betty, tan insufrible en los años anteriores. Nos contaba hace un año el creador y guionista principal de ‘Mad Men’, que ni siquiera él sabe de qué exactamente va la historia. Pero que sí se cuida mucho de reflejar la evolución de la sociedad norteamericana en aquellos años turbulentos. Y tanto que ocurre así en ‘The doorway’. Se trata, posiblemente, del mejor primer episodio de temporada de la serie, a la que siempre le cuesta un poco arrancar para situar la trama y luego ir in crescendo. Si todo sigue como siempre, este año será apoteósico. Y eso que todavía no ha empezado ‘Breaking Bad’.

 

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Entrevista a Matthew Weiner: “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”

Hyde | 29 de abril de 2012 a las 11:35

  • ¿Por qué es tan difícil etiquetar Mad Men? Cuesta mucho explicar brevemente de qué trata. ¿Es sobre Don Draper? ¿Es sobre el ascenso de las mujeres en un mundo machista? ¿Sobre los cambios sociales de una época turbulenta?

Estoy de acuerdo. Es difícil de explicar. Aunque la serie se enclava en una larga tradición de un tipo de drama en el lugar de trabajo, en el que en términos de trama, el héroe se encuentra entre dos mundos, su trabajo y su familia, y se enfrenta a los problemas de ambos. Durante 25 años fue un tipo de historia muy popular en EEUU y después desapareció. Yo no he inventado el género, pero a efectos de sobre qué trata el show, es sobre hombres y mujeres que trabajaron en el negocio de la publicidad, sobre sus vidas personales y los conflictos que surgen entre tus expectativas sobre la vida y la realidad de la vida. Ése sería el enfoque más filosófico de la serie. Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men, y una de las grandes cosas de tener este tipo de audiencia que tenemos es que podemos cambiar la serie todo el tiempo, y esa es otra cosa que la hace difícil. El mundo es el mismo, y está ocupado por la misma gente, pero puedo cambiar el tono, el ambiente y en lo que nos centramos semana a semana. Por todo eso creo que sea lo que sea sobre lo que trata, una de las cosas que le gustan a la gente es que nunca es la misma serie. A veces hacemos comedia, a veces horror, otras veces suspense, drama, tragedias… Siempre intento contar la historia que quiero contar y tengo unos actores y escritores con mucho talento que pueden asumir esos cambios.

  • ¿Ha dicho que Don Draper es el héroe? ¿Así lo ve?

Don Draper es un héroe, sí, no hay ninguna duda. Hace muchas cosas heroicas y, sí, hace muchas cosas antiheroicas. Pero sí, creo que es un héroe. Es un héroe muy realista. Tiene el tipo de habilidades personales exageradas que necesita un héroe y a menudo, en situaciones en las que hay una crisis real, hace lo correcto, toma decisiones difíciles, aunque también tenga un montón de cobardía dentro de él. Y creo que esa especie de realista y al mismo tiempo comprensiva naturaleza de su historia es parte de lo que le gusta a la gente. No tiene razón siempre, y él se gusta a sí mismo y a los demás un montón. Pero es alguien que está intentando ser una persona mejor y hacer lo correcto. Eso es lo que hace de él un héroe.

  • ¿Alguna vez pensó que crearía un personaje tan icónico mundialmente?

No! (risas)

  •  Quiero decir que usted ya trabajó con otro personaje global, como Tony Soprano

Supongo que Don Draper se ha convertido en un icono. Sobre el papel, siempre pensé que era un personaje intrigante e interesante, pero cuando le añades a Jon Hamm… Creo que él y su interpretación hacen a Draper icónico. Hay episodios en los que tiene solo 15 líneas, pero bastan para que domine el paisaje del show. Es un actor muy poderoso, que aporta tridimensionalidad al personaje. Además de ser guapo y tan buen intérprete, luego está la apariencia externa de imperturbable del personaje, como en los créditos de inicio. Por fuera le va fenomenal pero por dentro se está derrumbando. Eso es algo con lo que la gente se identifica. Todo el mundo se está derrumbando por dentro…

  • Acabamos de ver que Draper puede ser hasta fontanero…

No actúa como un ejecutivo. Sabemos que procede de un entorno rural y sí, puede trabajar con sus manos. Tengo que decir, sobre ese capítulo al que se refiere, que muchas mujeres se volvieron a sus novios y maridos y les dijeron: “Sabes que si fueras capaz de arreglar algo así me pondrías cachonda, ¿no?”. (Risas)

  • Cuando pienso en una canción para Mad Men, me viene siempre la de Sam Cooke, ‘A change is gonna come’. En la serie siempre se percibe el cambio que viene, pero no acaba de llegar…

Dímelo tú, ¿Eres consciente del cambio que está ocurriendo cuando estás en medio del mismo? Yo no viví en aquella época, y parte de lo que me interesa como escritor es ver cómo experimentamos la historia. Y si la repasas a veces ocurren cosas gigantescas y no las percibes en toda su dimensión. A ver, cuando murió Franco en España hubo un cambio enorme que luego se transformó en otra cosa, y en Estados Unidos o cualquier otra parte del mundo, si piensas en los últimos diez años y lo que ha ocurrido, no creo que nadie haya sido consciente de todo ello. Cuando estás inmerso en los eventos, no los ves, y el mundo ha cambiado enormemente en estos años, probablemente más de lo que lo ha hecho en muchísimo tiempo. Por eso lo que intento mostrar es la sensación, la experiencia del cambio. Sea lo que sea lo que creemos que en un libro de historia parece un cambio, no es como lo vive una persona. En la serie sabes lo que va a ocurrir históricamente. Ya hemos conocido el asesinato de Kennedy, la crisis de los misiles de Cuba, y hay un par de cambios en esta quinta temporada. La serie no es una lección de historia, pero lo que a mí me improta es cómo cambia la vida y cuán poco sentimos ese cambio. El cambio lo sentimos al ver a tus hijos crecer. Eso te hace sentir cambiado. Aparte de eso, creo que por dentro uno se siente la misma persona ante otros acontecimientos.

  • ¿Tiene el final de la serie en la cabeza? ¿Cómo es la dinámica de su proceso creativo? ¿Trabaja con episodios, temporadas o con la trama entera?

Tendrás que creer en mi palabra, porque no voy a escribirlo en un papel, ponerlo en una caja fuerte y sacarlo luego.. (risas) Pero sí, tengo una forma en la que me gustaría que acabara la serie, y si la gente quiere sentirse cómoda con el hecho de que la trama se dirige hacia algún sitio, lo hace. Pero si hablamos de cosas específicas del final, todavía no lo he clavado. Soy un gran creyente en el subconsciente. Y confío en él cuando trabajo. Mientras me preocupo, espero que mi subconsciente no lo haga y trabaje, por lo que el ejercicio de crear el show se convierte algo menos racional e intelectual. Tengo imágenes y pensamientos, y honestamente, sentimientos sobre cómo es el final de la serie. Y hacia él me estoy dirigiendo. En cuanto a toda la trama, no, trabajo temporada a temporada, y quiero que la gente disfrute de estos episodios que no han visto. Todavía no hemos hecho los últimos 26, y no he pensado sobre ellos.

  • Tras casi dos años fuera de pantalla, el regreso de la quinta temporada fue raro, puede que difícil para los espectadores. Se han tenido que volver a acostumbrar a una serie diferente, con un ritmo y un estilo narrativo únicos, muy distinta de las demás.

Aprecio que digas eso, para mí es un grandísimo cumplido. Obviamente, estaba muy preocupado sobre el regreso y todos tuvimos que hacer un esfuerzo extra para asegurarnos de que la audiencia sabía que volvíamos. Quise ser un buen anfitrión.

  • Ya, pero el regreso fue extraño. Es como si Mad Men no volviera hasta el episodio tercero.

Eso es interesante. Por mi experiencia, y si miras en la prensa, en todas las temporadas escucho eso. En serio, la audiencia es habitualmente muy dura con el episodio dos, los críticos dicen que es prometedor pero no saben si hay una historia ahí. Creo que he hecho algo un poquito peligroso para la audiencia pero muy satisfactorio para mí como escritor, y no sé trabajar de otra forma. Cambio la historia todos los años. Y de veras que me comprometo a cambiarla y contar algo nuevo. Hay muy pocas series en las que un personaje se divorciaría y mudaría a otro lugar, en las que alguien dejaría su empresa y montaría otra, en la que un personaje sería despedido y desaparecería realmente del show. Yo me comprometo a esas cosas y a contar una nueva historia en el principio de cada temporada. Y la audiencia a menudo queda decepcionada y confundida entonces porque quiere que siga la historia del año anterior. Pero siento que ya he dado todo lo que puedo dar de esa trama y que sería repetitivo inmediatamente. Entre la primera y la segunda temporada de Mad Men hay un salto temporal. Podría haber fijado la continuación de la historia en el día siguiente al finale de la temporada uno, pero me pareció mucho más interesante intentar contar algo con un escenario más amplio. También hago algo inusual, como es decir la edad de los personajes. Nunca te enteras de la edad de los personajes en otras series. Simplemente sus creadores y productores no se comprometen a decírtelas, no quieren hacerlo porque no saben cuánto va a durar la serie y quieren que todo el mundo tenga la misma apariencia siempre, por si hay reemisiones y así la gente no sabe de cuándo son los capítulos. Pero yo me comprometo a una nueva historia y que haya el mismo arte del descubrimiento. Con suerte ocurrirá otra vez esta temporada, que la gente esté muy contenta de que llegue el primer episodio, que odien el segundo, porque la nueva trama está comenzando, y que estén preguntándose “¿dónde está esto, dónde está lo otro, por qué no vemos a tal personaje, por qué no tenemos más de aquello?”. Y por mi experiencia, tras llevar tiempo en este negocio y haber tenido la suerte de estar en Los Sopranos, no se debe escuchar a la audiencia y sus deseos, porque te mentirán. Te dirán que quieren más de x y si se lo das protestarán y dirán, ¿en serio? ¿eso es todo? ¿Sólo x?

  • David Chase, el creador de Los Sopranos, abogaba por que la ficción no siempre diera respuesta a todas las preguntas, como ocurre en la vida real. Hablo de aquel famoso capítulo, Pine Barrens, en el que un mafioso ruso se pierde en el bosque, herido, y nunca más sabemos de él.

En teoría no creo que el entretenimiento debe seguir las mismas reglas que la vida, no quiero estar atrapado por ellas. Pero sin duda pienso que los asuntos sin resolver son muy buenos para la ficción. Así no sabes lo que es importante. Mi trabajo es intentar sorprender siempre a la audiencia. No voy a hacer una voltereta hacia atrás para sorprender al público, pero siempre intento mantenerme por delante de sus expectativas, para que no se aburran, se entretengan y no sepan qué va a ocurrir a continuación. A veces la audiencia lo encuentra frustrante, y alguna gente siente que no saber lo que va a pasar les hace sentir tontos, pero una gran mayoría de nuestra audiencia disfruta no sabiendo. Y cuando no sabes qué va a pasar no puedes prestar atención a todo lo que parece importante. ¿Tiene sentido lo que digo? (risas)

  • No le digo que no me gustara el regreso, solo que se sintió extraño, como cuando uno vuelve a casa después de un largo viaje.

¿Era desorientador, verdad? Un montón de gente nuevo y uno preguntándose por qué Don actúa de esa forma…

  • ¿No teme que el nuevo Don Draper, más simpático, enamorado, fiel, pierda el encanto? ¿No es un gran riesgo?

El hombre se ha casado con una mujer de 25 años. Uno pensaría que puede mantenerla en los pantalones al menos seis meses, ¿no? (Risas). Creo de veras que lo que se está viendo ahora, y no he hablado de esto en los Estados Unidos, pero te lo voy a decir, es que está temporada estoy contando una historia sobre el éxito. La gente cree que en el éxito no hay conflicto, pero hay muchos, y eso es lo que ahora estás viendo. El público se siente incómodo ahora con Don, y no se está dando cuenta de que no está trabajando nada. .

  • Pero es feliz.

Sí, parece feliz. Es feliz en tanto en cuanto controle todo. Está intentado ser fiel, pero ¿por qué no lo sería? Se ha casado por segunda vez, podía haber seguido soltero pero necesitaba casarse, necesitaba un filete en la mesa, y lo quería de verdad. Ama a esta mujer y cree que ella va a serlo todo para él. ¿Así que no crees que al menos intentará ser fiel? Eso es lo que me gusta. Encuentro fascinante que la gente quiera tanto que Don Draper haga cosas malas. Y me gusta, jajaja. La gente quiere que haga cosas malas, se entretiene con ellas, pero luego se quejan de lo inmoral que es. ¡A ver si os decidís! (risas). En expresión española, diría que es un personaje un poco picaresco.

  • Usted ya ha participado en dos de las series más influyentes de la edad de oro de la televisión. ¿Se ve haciendo otra?

Sí (risas). Adoro la televisión. Creo que en algún momento todo será visto en las casas de la gente, y ya casi no se puede decir la diferencia entre lo que es televisión y lo que no lo es. Todo se ve en la pantalla de casa, o incluso eventualmente en la pantalla de tu smartphone, algo que no me gusta nada. Sí, amo la televisión y en lo que se va a convertir, tanto si trabajo para internet o para un chip que se instale en la cabeza. Espero ser capaz de contar historias en ese entorno del futuro. Para una persona creativa es muy satisfactoria, ofrece mucha libertad, y puedes atraer a los mejores actores y guionistas. Pero no, no espero que esto vuelva a ocurrir, al menos no de la misma forma, pero sí sé que artísticamente me encantaría seguir haciendo lo que hago y probar cosas distintas.

  • ¿Tiene alguna serie favorita?

Breaking Bad. Y también me encanta 30 Rock. Veo tanta televisión como puedo. Por cierto que he visto la primera temporada de Downton Abbey y me encantó. Hay muchos tipos de entretenemiento teleevisivo, incluso veo ‘Ley y Orden’ cada vez que puedo.

  • Por cierto, tenga cuidado con Jon Hamm como director. No lo hace nada mal…

Oh, estuvo fantástico. Jon es genial. Es muy difícil dirigir esta serie, y yo soy un productor ejecutivo muy sobrecontrolador, así que si otro dirige puedo ser el doble de aterrador. Pero él hizo un gran trabajo.

Entrevista en Málaga Hoy.

Está tostada

Hyde | 5 de abril de 2012 a las 13:59

No hay nada remotamente parecido en televisión a ‘Mad Men’. Y quien ha intentado acercarse, copiarla o siquiera osar mirarla de reojo, se ha estrellado estrepitosamente, ya sean las azafatas de ‘Pan Am’ o esa tontuna con la que la NBC volvió a humillarse llamada ‘Playboy’, que duró dos telediarios. La serie de culto de Matt Weiner tiene un ritmo, una estética y una cadencia narrativa propias e intransferibles, y su independencia artística roza la prepotencia frente a las miserias de los cliffhangers o los mcguffins a los que estamos habituados en otras ficciones.

¿Alguien es capaz de explicar de qué va ‘Mad Men’ en una frase? ¿La vida en la América de los 50 y los 60? ¿El desarrollo del mundo de la publicidad y el marketing en Madison Avenue? ¿El retrato de un ejecutivo de edad media con sus secretos, ambiciones e incoherencias masculinas? ¿La lucha de un grupo de mujeres por lograr la igualdad de derechos y oportunidades con los hombres en un entorno despiadadamente machista? Cualquier definición de ‘Mad Men’ tiene necesariamente que quedarse corta, porque estamos ante una enciclopedia. Brillante hasta deslumbrar, adictiva como pocas y entretenida hasta cortar la respiración, pero enciclopedia sobre la vida en un momento temporal al fin y al cabo.

En estos días de ‘hype’ por el regreso de la por otra parte excepcional ‘Juego de Tronos’, sublime adaptación de la colosal obra literaria de George R.R. Martin, se han leído muchas exageraciones. Sí, es genial, refleja estupendamente la riqueza de los libros -por algo Martin es productor- y se nota que la HBO se está gastando una pasta gansa. Pero por mucho que pese todo eso, resulta totalmente precipitado arrebatarle la corona a ‘Mad Men’ o a ‘Breaking Bad’, tras cuatro años históricos en la más modesta AMC. Hace dos semanas, tras dos largos años de espera por una durísima negociación para su renovación, volvió la quinta entrega de la vida de Don Draper y compañía. Draper es y será para siempre uno los más fascinantes y complejos personajes de la ficción audiovisual. Es un catálogo de virtudes y defectos, y sin llegar al exceso de Tony Soprano, nos ha enfrentado como nadie con el lado oscuro que todo hombre intenta dominar.

El reencuentro con la oficina de publicistas, como no podía ser de otra forma, fue raro. Chocante. Costó cogerle el ritmo, sincronizarse con esta forma especial y única de contar una historia. No era la serie, sino los espectadores. Pero el tercer capítulo, dirigido precisamente por Jon Hamm, el actor que da vida a Draper, nos devolvió a la excelente cuarta temporada.

Por muchos dragones, lobos huargos, Starks y Lannister que campen por Poniente, que nadie se atreva a bajar todavía del trono a ‘Mad Men’. Como diría Draper, “It’s toasted”.

Entrevista a Elisabeth Moss: “Es un honor contar la historia de las mujeres de los 60″

Hyde | 16 de octubre de 2011 a las 21:20

Os pego aquí la entrevista (vía internet, no penséis que quedamos en Madison Avenue) que le hice el otro día a Elisabeth Moss, coprotagonista de ‘Mad Men':

La todavía veinteañera Elisabeth Moss (Los Ángeles, 1982) pasó de ser la hija pequeña del presidente Josiah Bartlet en El Ala Oeste de la Casa Blanca a lograr uno de los papeles principales de Mad Men. Sin ambas series, la primera de Aaron Sorkin y la segunda de Matt Weiner, no se puede contar la historia de la ficción televisiva. Sundance Channel ofrece los jueves a las 22 horas una cita semanal con la aclamada serie, que lleva cuatro años contando la transición entre los años 50 y 60 desde el interior de una agencia de publicidad de la avenida Madison de Nueva York. Aunque Mad Men es mucho más que eso. Es un tratado social, una obra de arte audiovisual y una clase magistral para cualquier guionista.

  • A pesar de su nombre, Mad Men parece en realidad una serie sobre mujeres, sobre lo que les costó y aún les cuesta competir con los hombres en el plano profesional…

Creo que no se trata de unos u otras. La historia de los hombres en los 60 es justamente tan interesante como la de las mujeres en esa década. Sobre todo, cómo esas historias interactúan y cómo se relacionan unas con otras.

  • Para alguien nacido en los 80, ¿Cómo fue sumergirse en una atmósfera de machismo, acoso y humillación constante?

He aprendido mucho sobre ese periodo de la historia. Y lo malo que fue. Siendo honesta, no le había prestado mucha atención antes, pero ahora tengo un increíble respeto por lo que las mujeres pasaron, sabiendo que hay oportunidades que literalmente no tendría sin los progresos que ellas lograron.

  • Su personaje, Peggy Olson, evoluciona de ingenua y joven secretaria a atrevida y brillante creativa, en un ascenso como no hemos visto muchas veces en televisión. Es incluso considerada un modelo para muchas mujeres…

Bueno, no inventamos nada con el ascenso de la mujer en el trabajo… Es lo que estamos contando. Y creo que los modelos son esas mujeres originales. En los 60 y muchas décadas antes, las mujeres han estado luchando por los mismos derechos que los hombres y ése es el momento en el que realmente empezaron a conseguir avances. Las cosas todavía no son ideales, pero esas mujeres de los 60 hicieron mucho por todas las mujeres de hoy. Estoy muy agradecida a ellas y es un honor.

  • Para una actriz, un personaje como Peggy debe ser como ganar la lotería.

Tengo muchísima suerte. Tengo el mejor trabajo del mundo. Siento que como actriz todo lo que puedes desear es tener un buen trabajo del que te sientas orgullosa, y si la gente puede verlo y disfrutarlo entonces sí que te ha tocado el Gordo. Me encanta mi trabajo y me encanta interpretar a este personaje.

  • ¿Quién es Don Draper? Nadie sabe esa respuesta mejor que Peggy.

(Risas). No sé si lo sé, si lo sabe él mismo o si alguien lo sabe. Me aventuraría a pensar que es un hombre como cualquiera, que intenta hacer lo correcto aunque a menudo no sea así. Luchando con los confines de lo que se espera de él, pero, y lo que es más importante, luchando con lo que él espera de sí mismo.

  • ¿Y quién es más ambicioso de los dos? Su personaje deja atrás un hijo para seguir con su carrera.

Creo que se trata de la misma ambición. Don y Peggy han trabajado muy duro para llegar donde están. Don está en la cumbre pero es difícil permanecer en ella. Peggy está buscando su camino hacia la cima como mujer en un mundo de hombres. Ninguno de sus caminos son fáciles y los dos tienen sus luchas como individuos. Pero la principal cosa que tienen en común es su ambición y el amor que profesan a lo que hacen.

  • ¿No sería un gran final para Mad Men uno en el que Peggy le arrebata la firma de publicidad a Don?

¡Eso sería genial! ¡Díselo a Matt! Pero estoy segura de que él tiene una idea incluso mejor…

  • ¿Cómo se lleva con Jon Hamm? Los dos tienen en común varias nominaciones en los Emmy.

Es un amigo muy cercano y como un hermano mayor. Le adoro. Es un tremendo honor trabajar con él e incluso más guay conocerlo. Él sabe cómo hacerme reír. Nos pasamos mucho tiempo en el set, probablemente demasiado, intentando hacernos reír mutuamente.

  • Tuvo la oportunidad de trabajar con Aaron Sorkin en El Ala Oeste… y ahora como protagonista con Matt Weiner, dos de los creadores que han elevado los niveles de la TV ¿Cómo es trabajar con ellos?

Fue maravilloso trabajar para Aaron, obviamente un escritor brillante. Fue un tremendo regalo trabajar en esa serie y con esos actores fabulosos. Siento que fue como mi universidad, aprendí muchísimo sobre interpretación, y también me di cuenta de que tenía que convertirla en mi trabajo. Con Matt, evidentemente, he trabajado más al ser actriz fija de Mad Men -en El Ala Oeste apareció en 25 de los 154 episodios-. Es uno de mis mejores amigos. Lo respeto y lo admiro como artista. Podemos pasar horas al teléfono hablando sobre cualquier cosa. Considero nuestra amistad uno de los mejores regalos de formar parte de Mad Men.

  • Mad Men es uno de los mayores ejemplos de que la televisión de calidad no sólo puede competir, sino batir al cine como formato para contar historias. Cada vez más estrellas apuestan por la televisión. ¿Estamos viendo un cambio de modelo en el entretenimiento?’

Totalmente. Estamos viendo la edad de oro de la televisión. Solía haber unas líneas muy claras entre la televisión, el cine y el teatro. Esas líneas divisorias han desaparecido, lo que es fantástico para los actores porque significa que hay más trabajo en todas partes. Pero la gente se ha acostumbrado a la idea de que la TV es a menudo tan inteligente y compleja, tan profunda y brillante como cualquier medio.

  • La quinta temporada de Mad Men se retrasó por las duras negociaciones para su renovación con la cadena AMC. ¿Cómo ha vivido el casting y el equipo esa incertidumbre?

Hemos estado fuera de pantalla más de un año y tenemos de vuelta a alrededor del 75% del equipo, lo que es increíble. Esta gente pudo haber cogido trabajos seguramente mejor pagados que durarían 9 o 10 meses, en lugar de los 5 de Mad Men. Que volvieran es un testamento real de lo que significa trabajar en este show y para Matt. Puedo imaginar que fue difícil vivir con la incertidumbre que tuvieron, pero todo el mundo está muy contento.

  • ¿En qué nuevos proyectos trabaja?

Tengo dos películas que se estrenan el año que viene, On the road y Darling Companion, dirigida por Lawrence Kasdan.

¡Claro que importan los Emmy!

Hyde | 18 de septiembre de 2011 a las 13:33

Puede que al espectador medio no le importe demasiado el resultado de los Emmy que se entregan esta noche. Cada uno tiene sus favoritos y poco nos importa que se le dé o no una estatuilla: en nuestro corazón están los primeros. También hay quien ve en este tipo de galas otro caso del ombliguismo de Hollywood, otra ocasión de lucir palmito para actores y actrices. Todo ello puede ser cierto, pero también se comete un error subestimando la importancia del evento.

Hay pocas series de calidad realmente rentables para las cadenas. Algunas, inexplicablemente, sobreviven en el alambre, tanto en el cable como en los network. Y aunque a veces los números no cuadren, el prestigio que otorga la crítica y los malditos premios las mantiene vivas. Sólo por eso merecen la pena estos galardones, mucho más importantes que los Globos de Oro, que al fin y al cabo otorga la prensa extranjera acreditada en Hollywood y ésta me temo que no ve demasiado la tele.

O acaso alguien duda de que sin el amor incondicional de la crítica y los Emmy de Margulies y Panjabi ‘The Good Wife’ hubiera resistido en antena, por muy extraordinaria que sea? ¿O Fringe habría sobrevivido tras un año de angustias y agonía en los ratings, especialmente tras el traslado al ‘bloody friday’?

Llega un momento en el que las cadenas tienen que sacar tajada, sencillamente porque son un negocio, no hermanitas de la Caridad comprometidas con el bienestar intelectual de una pequeña y selecta audiencia. Es lo que le ha ocurrido este verano a la AMC, que ha recibido muchas, demasiadas, críticas, por hacer una pequeña parte de lo que las mayores cadenas hacen continuamente. Cuando una serie tiene éxito es normal que tanto su creador como su casting se suban a la parra y pidan una millonada. Es lo ocurrido con ‘Mad Men’, retrasada un año por las duras negociaciones de Weiner con la pequeña pero adorada cadena. O la pelea de gallos posterior entre Gilligan y los mismos ejecutivos por recortar episodios y presupuesto de ‘Breaking Bad’ pero con más temporadas. Nos puede escandalizar, pero las cifras de audiencia de ambos shows, los dos mejores de la televisión actual, no son para tirar cohetes: entre dos millones y tres millones de espectadores. Menos que ‘El barc0′, por poneros un ejemplo gráfico y brutal. El recorte también ha afectado al producto más exitoso pero quizás de menos calidad de la AMC: ‘The Walking Dead’. A Darabont le pidieron que redujera gastos y rodara más interiores, y se lió la marimorena, incluso con la salida del guionista y ‘showrunner’.

Por todo ello, el resultado de esta noche no es baladí. Y aunque todas las quinielas den como favorita a ‘Boardwalk Empire’, en la que la HBO se ha gastado una pasta tanto en filmarla como en promocionarla, aún no está a la altura de ‘Mad Men’. Ni el gran Steve Buscemi y su ‘Nucky’ Thompson le llegan aún a la suela del zapato, en términos de hito televisivo, al Don Draper de Jon Hamm. Es la gran oportunidad de Hamm para lograr una estatuilla que en las tres ediciones ha ganado, merecidamente, el enorme Bryan Cranston por la también enorme, y en esta edición ausente por motivos de calendario, ‘Breaking Bad’.

Y puestos a ser subjetivos, que para algo está el blog, perdonen los fans de Atlantic City cuando les diga que es una blasfemia comparar la deslumbrante cuarta temporada, con capítulos históricos como ‘The suitcase’, de los creativos de Madison Avenue, con esa buena copia, que seguro nos dará grandes satisfacciones, que es ‘Boardwalk Empire’.

Siguiendo con la subjetividad, si alguien debe disputarle el Emmy a Hamm ése es Kyle Chandler. Su entrenador Eric Taylor ha dejado huella. Puede que la quinta temporada, salvo uno de los mejores series finale que se recuerdan, no haya sido excepcional. Pero tanto Chandler como Connie Britton merecen reconocimiento por crear el mejor matrimonio de la historia de la tele. Será difícil que lo reciban.

En cuanto a secundarios, este año no se puede discutir con ‘Justified’, bajo riesgo de que a uno le peguen un tiro y lo tiren a una mina abandonada. Margo Martindale y Walton Goggins (incomprensible que su Shane de ‘The Shield’ nunca fuera ni nominado) están sublimes como reina y rey de la fauna de Harlan. Sólo un pequeño grandísimo actor, Peter Dinklage y su Tyrion Lannister (qué reto tan difícil y tan bien resuelto, darle vida a la criatura de Martin), y Michelle Forbes y su madre de ‘The Killing’ pueden cuestionar esos premios.

En cuanto a la mejor serie, por mucho dinero que se gaste la HBO y por mucho que todos le debamos a su apuesta por hacer televisión de calidad (“No es TV, es HBO”), la apuesta para competir con ‘Mad Men’ puede que sea equivocada: ‘Juego de tronos’ es mejor que ‘Boardwalk Empire’. ‘Justified’ ha tenido una segunda temporada majestuosa (¿qué hacías en ‘Falling skies’, Yost?), como ‘The Good Wife’, pero resulta chocante la presencia de la flojilla, por ser benevolentes, quinta temporada de ‘Dexter’, y la ausencia absoluta de ‘Treme’ en casi todas las categorías importantes.

En miniseries, Idris Elba por su atormentado ‘Luther’ (mejor la segunda temporada que la primera) y ‘Downton Abbey’, uno de los acontecimientos del año (que esta noche regresa a la televisión británica con su segunda temporada), deberían recibir los premios. Otra cosa es si lo harán.

Suerte para nuestros favoritos.

Es un crimen que pase desapercibida

Hyde | 16 de junio de 2011 a las 12:36

Hace unos días, Mary McNamara, especialista en televisión del siempre bien informado en esto del ‘entertainment business’ LA Times, descubría las razones por las que los ejecutivos de la cadena AMC estaban dispuestos a “darse cornadas” el tiempo que fuera necesario con Matt Weiner, el creador de ‘Mad Men’, para el contrato de la quinta temporada. Don Draper ya no es el único gallo en el corral de la joven pero excelente televisión por cable, la máxima competidora de la HBO. Y no hablamos de ‘Breaking Bad’ y el profesor Walter White, sino de ‘The Killing’ y Sarah Linden, esa pequeña joya que la semana que viene termina su primera temporada y que acaba de ser renovada para otro año. Adaptación de una serie danesa, a propósito de ‘The Killing’ y otras novedades de este año se ha abierto un debate entre los críticos televisivos americanos: ¿Son mejores las series de las televisiones de pago (cable) o las de las grandes cadenas (networks) en abierto? La pregunta incluye una propuesta: los Emmy deberían diferenciar ambas cuando se vota al mejor drama y comedia del año. No es justo comparar series que duran prácticamente medio año, con 23 o 24 episodios, con otras que sólo llegan a 13. Producciones de alto coste que si bajan de los diez millones de espectadores sufren para ser renovadas mientras que otras, a pesar de sólo llegar a los 3 millones de audiencia por capítulo, tienen su continuidad garantizada. La presión sobre unos y otros guionistas y creadores debe de ser muy distinta.

El caso es que, ahora que se ha abierto el periodo de votación de las candidaturas para los Emmy entre los miembros de la Academia de la Televisión, ‘The Killing’ podría entrar en la competición. A tenor de otras nominaciones de asociaciones de críticos, competirá desde luego contra su ‘hermana’ ‘Mad Men’, ‘The Good Wife’, ‘Juego de tronos’, ‘Boardwalk Empire’ y, si el mundo es justo, con ‘Justified’ (con una segunda temporada que quita el hipo) y ‘Friday Night Lights’ (buen homenaje de despedida a un show incomprendido por el gran público y amado por una fiel minoría).

A ‘The Killing’ se le reprocha que es muy lenta, que se centra demasiado en explorar a sus personajes, que nos ha llevado a aparentes callejones sin salida en la investigación del asesinato de Rosie Larsen, que abusa de la (falsa) atmósfera opresiva de la lluviosa Seattle. Pero incluso episodios en los que realmente no ocurre nada, como el 11 (‘The missing’), son una maravilla de interpretación, de iluminación, de guión. Con el ruido de espadas de la estupenda ‘Juego de tronos’, a casi todo el mundo se le está escapando esta fenomenal (y modesta) serie.

Premios para todos los gustos

Hyde | 6 de junio de 2011 a las 18:54

Una de las varias asociaciones de críticos de televisión de Estados Unidos, la Broadcast Television Journalists Association (BTJA), acaba de anunciar sus nominados para sus primeros premios, que se entregarán en una gala a celebrar y retransmitir el próximo 20 de junio.  Las candidaturas son tan amplias (diez en los casos de las series y seis para los actores), que más que las presencias, lo que en todo caso puede llamar la atención son las ausencias. Clama la de ‘Breaking Bad’ y su casting, pero entendemos que simplemente se ha tratado de un problema de calendario (la cuarta temporada se estrena el próximo 17 de julio y la tercera quizás les quede demasiado lejos).

En la lista de nominaciones, encabezada por ‘Modern Family’, encontrarán, por supuesto, a Ed O’Neill, Anna Torv, Ty Burrel, Eric Stonestreet, Jon Hamm, Julianna Margulies, ‘Friday Night Lights’, Archie Panjabi,  Kyle Chandler, Margo Martindale, ‘Mad Men’, ‘The Good Wife’, ‘Boardwalk Empire’, ‘Justified’, Timothy Olyphant, ‘Fringe’, Steve Buscemi, Michael Pitt, Connie Britton, Christina Hendriks, Alan Cumming, John Noble, Elisabeth Moss, ‘Community’, Amy Poehler, Walton Goggins, Tina Fey y demás favoritos habituales de la crítica.  En la categoría de comedia, aunque seguimos sin verle mucha gracia a ese dramón que puede ser ‘Nurse Jackie’, también está Edie Falco, descuiden.

Como sorpresas agradables, la inclusión de Shawn Hatosy por su papel en ‘Southland’ y que ‘Game of thrones’ y ‘The Killing’ han llegado a tiempo, aunque la primera no tiene ningún intérprete entre los nominados y la segunda a sus dos estupendas protagonistas, Mireille Enos y Michelle Forbes (a la segunda, estelar, la han puesto como secundaria). Pero es un poco escandalosa que la presencia de ‘The Walking Dead’ suponga la ausencia de ‘Treme’, como canta la inclusión de John Slattery si no está Wendell Pierce por su Antoine Batiste.

¿Favoritos de este blog para hacerse con el dichoso premio? Jon Hamm, Julianna Margulies, ”Mad Men’, Walton Goggins, Margo Martindale, Steve Carell, ‘Community’, Amy Poehler, Danny Pudi y Sofía Vergara (esta última es favorita por otras cuestiones…)

Un regalo inolvidable

Hyde | 4 de enero de 2011 a las 14:15

ESPAÑA-NAVIDAD

En estas entrañables fiestas, y no sigo con ese tono porque corro el riesgo de parecerme al Rey, la mayoría de nosotros hace juegos malabares para encontrar el regalo adecuado para la persona adecuada y al precio adecuado. Si ustedes son como servidor, corren el riesgo de dejarlo todo para última hora, es decir, hoy, y eso se paga caro. Al final acabamos comprando lo primero que nos entra por los ojos, y como los ojos no son tontos, la gracia nos cuesta un dineral. Por lo general nos olvidamos de que todavía hay mucha gente, cada vez menos, que aún gusta de ver las series dobladas, que tiene la paciencia suficiente para esperar a que termine toda la temporada e incluso para que una cadena española compre sus derechos. No es mi caso. Soy físicamente incapaz de esperar todo ese tiempo, a veces más de un año, para que las televisiones nacionales tengan a bien mostrarme lo que quiero ver y no las bazofias con que habitualmente nos obsequian y que engulle a la fuerza, almax mediante, el sofalícola Gallardo. Mi estantería está repleta de series compradas a tocateja hace años, de hecho ese fue el inicio de una adicción que poco más tarde se rebeló, cual la tripulación de la Bounty, contra un absurdo: ¿por qué esperar tanto y pagar un pasta cuando puedes descargarte un capítulo que fue emitido horas antes en la televisión americana? ¿Si estás en EEUU de viaje o te conectas a una tele por internet puedes verlo gratis y si no es así, no? Entiendo que el cine, que implica pagar una entrada, es otra cosa, pero no se pueden poner barreras al consumo de la poca televisión de calidad que se emite. Y qué demonios, si la AMC y la HBO establecieran un mecanismo por el que tuviera que pasar por caja para ver sus joyas, estaría más que dispuesto a hacerlo.

En todo caso, y sin perdernos en la polémica de la ley Sinde, pocos regalos pueden ser mejores, y más rentables, que descubrir a un ser querido el insuperable mundo de las series. Requiere un trabajo psicológico previo, porque no a todo el mundo le gusta ‘Dexter’, y quizás el adicto de ‘Mad Men’ abomine de ‘Battlestar Galactica’, aunque no lo creo. Así que ahí van diez recomendaciones de ahora y siempre. Y ojo que según el establecimiento el mismo pack puede costar hasta 20 euros más o menos:

Los Soprano (visto a 85,49 euros): A menos de un euro cada episodio, no hay mejor regalo que éste. Sus seis temporadas le cambiarán la vida. Cualquier loa se queda corta para esta obra maestra de lo audiovisual. No es sólo un tratado sobre la mafia, la familia, la ambición, el drama y la comedia. Los Soprano lo abarca todo. El afortunado que reciba este regalo estará siempre en deuda con usted. Ya mandará a Tony Soprano a cobrarse el favor.

A dos metros bajo tierra (a 68,39 euros): La vida y la muerte, y no es la letra del romance de Curro el Palmo. Sólo a Alan Ball, guionista de American Beauty, se le podía ocurrir hacer una serie sobre la familia que dirige un funeraria. No sólo se trata de una obra extraordinaria, poética, divertida y trágica, sino que además le debemos haber descubierto a uno de los iconos de la nueva TV, el gran actor Michael C. Hall.

Mad Men (tres temporadas a 80 euros). Puede quedar como un visionario regalando esta serie inclasificable y pionera, exigente, que pone un listón de entrada muy alto, pero cuando le aguantas los primeros capítulos a esta pandilla de creativos machistas, fumadores y alcohólicos, descubres que no hay nada más parecido a la vida. Nadie dice lo piensa y nadie es más brillante, más misterioso y quizás más desgraciado que Don Draper. La única pega a este pack es que le falta la rompedora e histórica cuarta temporada, con algunos de los mejores capítulos jamás emitidos en televisión.

Perdidos (a 170 euros). Aunque a priori pueda parecer un regalo caro, son 94 horas de emociones trepidantes, una montaña rusa de acción, suspense e intriga que ha revolucionado la historia de la televisión, pese a su controvertido final. Las aventuras de un grupo de supervivientes en la isla misteriosa (no confundir con la de Julio Verne, que acojonaba mucho menos). Si usted es capaz de ver la primera temporada sin engullir con ansiedad varios capítulos seguidos, seguro que le devuelven el dinero.

The Wire (a 90 euros). Más que un obsequio navideño, es una faena. La magistral inmersión del periodista David Simon en los guetos de Baltimore, el mundo de la droga, el crimen, la trata de blancas y la corrupción general. No es una serie fácil (“Que se joda el espectador medio”, llegó a decir su creador), pero muchos sostienen que es la mejor de la historia. Quizás no de servidor, pero no seré yo quien inicie una polémica por ello.

Roma (45,60 euros). Son sólo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Esta ‘joint-venture’ de la HBO y la BBC, en esos momentos las dos grandes cadenas de referencia en términos de calidad (luego llegaría la AMC) fue una producción carísima y ruinosa que mereció la pena para los que la disfrutamos. De la mano de un casting extraordinario retrocedemos a los días de Julio César, Augusto, Cleopatra y Marco Antonio, contados por un centurión romano y su fiel compañero de armas. Violencia, sexo e intrigas palaciegas para una recreación histórica de primera. Lástima que se incendiaran los estudios de Cinecittá, aunque quizás les prendieran fuego para cobrar al menos el seguro.

Hermanos de Sangre (40 euros). Ni se le ocurra regalar o regalarse The Pacific si no vio la anterior miniserie sobre la campaña europea, de los amigos Spielberg y Hanks, basada en el estupendo libro homónimo de Stephen Ambrose. Seguimos a la compañía Easy de la División 101 aerotransportada en su lucha contra los nazis. Una joya.

Damages, Daños y perjuicios (primera temporada a 30 euros). Puestos a hacer un buen regalo no demasiado caro, la primera temporada de esta serie de abogados protagonizada por Glen Close es histórica y redonda. Luego cae en picado. Una brillante abogada recién salida de la facultad decide fichar por el polémico bufete de Patty Hewes, especializada en demandas colectivas y con unos métodos poco ortodoxos. Ambición, suspense y una mala para el recuerdo.

El Ala Oeste de la Casa Blanca (97 euros). No es sólo una serie, sino un tratado utópico sobre lo que es y debería ser la política. Una obra maravillosa, escrita y producida por ese maestro de los diálogos que es Aaron Sorkin (guionista de ‘La red social’, ‘Algunos hombres buenos’ y ‘La guerra de Charlie Wilson’), y protagonizada por Martin Sheen, un presidente de ficción que seguro influenció a Obama.

Battlestar Galactica (100 euros). La versión moderna es mucho mejor que la antigua, pese a que alguna de las temporadas se pareció peligrosamente a una telenovela entre humanos y cylons. La raza humana busca refugiarse en la Tierra tras quedar al borde de la extinción por un ataque a traición de los cylons. Protagoniza Edward James Olmos, muy bien como comandante Adama.

Concurso navideño de series

Hyde | 24 de diciembre de 2010 a las 13:05

Tras romper el hielo el PP con su arriesgada propuesta de convertirse en la Tribu de los Brady, abrimos este concurso para recibir ideas y sugerencias que mejor se adapten a cada partido. ¿Qué serie es cada formación política? Las propuestas de servidor, ahí van:

PP: ‘How I met Your Bush’, aunque también aceptamos ‘Dream On’ o ‘The Wire’, por aquello del Gürtel.

PSOE: ‘Lost’, propuesta por Auxi Barea, ‘Los problemas crecen’, de servidor, ‘Dos hombres y medio’ (idea de @Lacosaestámala).

IU: ‘Misfits’.

CiU: ‘Flashforward’

UPD: ‘Águila exroja’

PNV: ‘In treatment’, aunque también aceptamos ‘Breaking Bad’ o ‘Mad Men’ (Mad en su acepción de enfadados…)

Hagan juego.