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Dragones contra publicistas

Hyde | 10 de abril de 2013 a las 20:29

Temporada alta, altísima, en la televisión. Aunque se nos ha ido la excelente cuarta entrega de ‘Justified’, que se consolida como una de las grandes, con esos tiroteos de balas y frases, con unos diálogos más afilados que la katana de un samurái, su marcha se ha visto compensada con dos estrenos dominicales que simbolizan el pulso entre la HBO y la AMC por el la corona televisiva. Compiten dos maravillas literarias: ‘Juego de Tronos’, la bastante fiel adaptación a la exitosa saga fantástica de George R.R. Martin, y ‘Mad Men’, posiblemente la serie más influyente desde ‘Los Soprano’.

¿Pueden tener algo en común los dragones de Daenerys y las golfadas del astuto Tyrion con las tribulaciones y ligues de Don Draper y Roger Sterling en Madison Avenue? Si la primera procede de unos más que decentes libros, la segunda es, en si misma, un novelón contemporáneo. Su creador, Matt Weiner, es en realidad un novelista audiovisual. ‘Mad Men’ constituye una delicia, una exquisitez, una serie gourmet, de cine-fórum. No sólo se disfruta viéndola, sino comentándola. Y sin duda resulta la mejor, absolutamente imbatible, con los subtextos. En ‘Mad Men’ lo importante es lo que no se dice, lo que se calla, lo que se intuye. No es de extrañar, pues, que la primera entrega doble comience con un Don callado, pensativo, al que casi le cuesta hablar. Si el año pasado dejamos a este personaje icónico en la barra de un bar, de vuelta al viejo Don, tras un extraño año de enamoramiento y fidelidad, la sexta temporada promete un Don con las contradicciones, dudas y problemas de siempre, un Roger Sterling que por primera vez emociona al hacerse añicos su armadura de cinismo con una simple caja de madera, y una Peggy Olson cada vez más ambiciosa, cada vez más versión femenina de Draper. Y hace bien Weiner en humanizar un poco a Betty, tan insufrible en los años anteriores. Nos contaba hace un año el creador y guionista principal de ‘Mad Men’, que ni siquiera él sabe de qué exactamente va la historia. Pero que sí se cuida mucho de reflejar la evolución de la sociedad norteamericana en aquellos años turbulentos. Y tanto que ocurre así en ‘The doorway’. Se trata, posiblemente, del mejor primer episodio de temporada de la serie, a la que siempre le cuesta un poco arrancar para situar la trama y luego ir in crescendo. Si todo sigue como siempre, este año será apoteósico. Y eso que todavía no ha empezado ‘Breaking Bad’.

 

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Está tostada

Hyde | 5 de abril de 2012 a las 13:59

No hay nada remotamente parecido en televisión a ‘Mad Men’. Y quien ha intentado acercarse, copiarla o siquiera osar mirarla de reojo, se ha estrellado estrepitosamente, ya sean las azafatas de ‘Pan Am’ o esa tontuna con la que la NBC volvió a humillarse llamada ‘Playboy’, que duró dos telediarios. La serie de culto de Matt Weiner tiene un ritmo, una estética y una cadencia narrativa propias e intransferibles, y su independencia artística roza la prepotencia frente a las miserias de los cliffhangers o los mcguffins a los que estamos habituados en otras ficciones.

¿Alguien es capaz de explicar de qué va ‘Mad Men’ en una frase? ¿La vida en la América de los 50 y los 60? ¿El desarrollo del mundo de la publicidad y el marketing en Madison Avenue? ¿El retrato de un ejecutivo de edad media con sus secretos, ambiciones e incoherencias masculinas? ¿La lucha de un grupo de mujeres por lograr la igualdad de derechos y oportunidades con los hombres en un entorno despiadadamente machista? Cualquier definición de ‘Mad Men’ tiene necesariamente que quedarse corta, porque estamos ante una enciclopedia. Brillante hasta deslumbrar, adictiva como pocas y entretenida hasta cortar la respiración, pero enciclopedia sobre la vida en un momento temporal al fin y al cabo.

En estos días de ‘hype’ por el regreso de la por otra parte excepcional ‘Juego de Tronos’, sublime adaptación de la colosal obra literaria de George R.R. Martin, se han leído muchas exageraciones. Sí, es genial, refleja estupendamente la riqueza de los libros -por algo Martin es productor- y se nota que la HBO se está gastando una pasta gansa. Pero por mucho que pese todo eso, resulta totalmente precipitado arrebatarle la corona a ‘Mad Men’ o a ‘Breaking Bad’, tras cuatro años históricos en la más modesta AMC. Hace dos semanas, tras dos largos años de espera por una durísima negociación para su renovación, volvió la quinta entrega de la vida de Don Draper y compañía. Draper es y será para siempre uno los más fascinantes y complejos personajes de la ficción audiovisual. Es un catálogo de virtudes y defectos, y sin llegar al exceso de Tony Soprano, nos ha enfrentado como nadie con el lado oscuro que todo hombre intenta dominar.

El reencuentro con la oficina de publicistas, como no podía ser de otra forma, fue raro. Chocante. Costó cogerle el ritmo, sincronizarse con esta forma especial y única de contar una historia. No era la serie, sino los espectadores. Pero el tercer capítulo, dirigido precisamente por Jon Hamm, el actor que da vida a Draper, nos devolvió a la excelente cuarta temporada.

Por muchos dragones, lobos huargos, Starks y Lannister que campen por Poniente, que nadie se atreva a bajar todavía del trono a ‘Mad Men’. Como diría Draper, “It’s toasted”.

Entrevista a Elisabeth Moss: “Es un honor contar la historia de las mujeres de los 60″

Hyde | 16 de octubre de 2011 a las 21:20

Os pego aquí la entrevista (vía internet, no penséis que quedamos en Madison Avenue) que le hice el otro día a Elisabeth Moss, coprotagonista de ‘Mad Men':

La todavía veinteañera Elisabeth Moss (Los Ángeles, 1982) pasó de ser la hija pequeña del presidente Josiah Bartlet en El Ala Oeste de la Casa Blanca a lograr uno de los papeles principales de Mad Men. Sin ambas series, la primera de Aaron Sorkin y la segunda de Matt Weiner, no se puede contar la historia de la ficción televisiva. Sundance Channel ofrece los jueves a las 22 horas una cita semanal con la aclamada serie, que lleva cuatro años contando la transición entre los años 50 y 60 desde el interior de una agencia de publicidad de la avenida Madison de Nueva York. Aunque Mad Men es mucho más que eso. Es un tratado social, una obra de arte audiovisual y una clase magistral para cualquier guionista.

  • A pesar de su nombre, Mad Men parece en realidad una serie sobre mujeres, sobre lo que les costó y aún les cuesta competir con los hombres en el plano profesional…

Creo que no se trata de unos u otras. La historia de los hombres en los 60 es justamente tan interesante como la de las mujeres en esa década. Sobre todo, cómo esas historias interactúan y cómo se relacionan unas con otras.

  • Para alguien nacido en los 80, ¿Cómo fue sumergirse en una atmósfera de machismo, acoso y humillación constante?

He aprendido mucho sobre ese periodo de la historia. Y lo malo que fue. Siendo honesta, no le había prestado mucha atención antes, pero ahora tengo un increíble respeto por lo que las mujeres pasaron, sabiendo que hay oportunidades que literalmente no tendría sin los progresos que ellas lograron.

  • Su personaje, Peggy Olson, evoluciona de ingenua y joven secretaria a atrevida y brillante creativa, en un ascenso como no hemos visto muchas veces en televisión. Es incluso considerada un modelo para muchas mujeres…

Bueno, no inventamos nada con el ascenso de la mujer en el trabajo… Es lo que estamos contando. Y creo que los modelos son esas mujeres originales. En los 60 y muchas décadas antes, las mujeres han estado luchando por los mismos derechos que los hombres y ése es el momento en el que realmente empezaron a conseguir avances. Las cosas todavía no son ideales, pero esas mujeres de los 60 hicieron mucho por todas las mujeres de hoy. Estoy muy agradecida a ellas y es un honor.

  • Para una actriz, un personaje como Peggy debe ser como ganar la lotería.

Tengo muchísima suerte. Tengo el mejor trabajo del mundo. Siento que como actriz todo lo que puedes desear es tener un buen trabajo del que te sientas orgullosa, y si la gente puede verlo y disfrutarlo entonces sí que te ha tocado el Gordo. Me encanta mi trabajo y me encanta interpretar a este personaje.

  • ¿Quién es Don Draper? Nadie sabe esa respuesta mejor que Peggy.

(Risas). No sé si lo sé, si lo sabe él mismo o si alguien lo sabe. Me aventuraría a pensar que es un hombre como cualquiera, que intenta hacer lo correcto aunque a menudo no sea así. Luchando con los confines de lo que se espera de él, pero, y lo que es más importante, luchando con lo que él espera de sí mismo.

  • ¿Y quién es más ambicioso de los dos? Su personaje deja atrás un hijo para seguir con su carrera.

Creo que se trata de la misma ambición. Don y Peggy han trabajado muy duro para llegar donde están. Don está en la cumbre pero es difícil permanecer en ella. Peggy está buscando su camino hacia la cima como mujer en un mundo de hombres. Ninguno de sus caminos son fáciles y los dos tienen sus luchas como individuos. Pero la principal cosa que tienen en común es su ambición y el amor que profesan a lo que hacen.

  • ¿No sería un gran final para Mad Men uno en el que Peggy le arrebata la firma de publicidad a Don?

¡Eso sería genial! ¡Díselo a Matt! Pero estoy segura de que él tiene una idea incluso mejor…

  • ¿Cómo se lleva con Jon Hamm? Los dos tienen en común varias nominaciones en los Emmy.

Es un amigo muy cercano y como un hermano mayor. Le adoro. Es un tremendo honor trabajar con él e incluso más guay conocerlo. Él sabe cómo hacerme reír. Nos pasamos mucho tiempo en el set, probablemente demasiado, intentando hacernos reír mutuamente.

  • Tuvo la oportunidad de trabajar con Aaron Sorkin en El Ala Oeste… y ahora como protagonista con Matt Weiner, dos de los creadores que han elevado los niveles de la TV ¿Cómo es trabajar con ellos?

Fue maravilloso trabajar para Aaron, obviamente un escritor brillante. Fue un tremendo regalo trabajar en esa serie y con esos actores fabulosos. Siento que fue como mi universidad, aprendí muchísimo sobre interpretación, y también me di cuenta de que tenía que convertirla en mi trabajo. Con Matt, evidentemente, he trabajado más al ser actriz fija de Mad Men -en El Ala Oeste apareció en 25 de los 154 episodios-. Es uno de mis mejores amigos. Lo respeto y lo admiro como artista. Podemos pasar horas al teléfono hablando sobre cualquier cosa. Considero nuestra amistad uno de los mejores regalos de formar parte de Mad Men.

  • Mad Men es uno de los mayores ejemplos de que la televisión de calidad no sólo puede competir, sino batir al cine como formato para contar historias. Cada vez más estrellas apuestan por la televisión. ¿Estamos viendo un cambio de modelo en el entretenimiento?’

Totalmente. Estamos viendo la edad de oro de la televisión. Solía haber unas líneas muy claras entre la televisión, el cine y el teatro. Esas líneas divisorias han desaparecido, lo que es fantástico para los actores porque significa que hay más trabajo en todas partes. Pero la gente se ha acostumbrado a la idea de que la TV es a menudo tan inteligente y compleja, tan profunda y brillante como cualquier medio.

  • La quinta temporada de Mad Men se retrasó por las duras negociaciones para su renovación con la cadena AMC. ¿Cómo ha vivido el casting y el equipo esa incertidumbre?

Hemos estado fuera de pantalla más de un año y tenemos de vuelta a alrededor del 75% del equipo, lo que es increíble. Esta gente pudo haber cogido trabajos seguramente mejor pagados que durarían 9 o 10 meses, en lugar de los 5 de Mad Men. Que volvieran es un testamento real de lo que significa trabajar en este show y para Matt. Puedo imaginar que fue difícil vivir con la incertidumbre que tuvieron, pero todo el mundo está muy contento.

  • ¿En qué nuevos proyectos trabaja?

Tengo dos películas que se estrenan el año que viene, On the road y Darling Companion, dirigida por Lawrence Kasdan.

Lo mejor de 2010

Hyde | 23 de diciembre de 2010 a las 10:44

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Gus, el gerente de Los Pollos Hermanos. Giancarlo Esposito es un secundario habitual, un rostro familiar de cuyo dueño, sin embargo, conocemos poco. Esta tercera temporada ha sido lo mejor de ‘Breaking Bad’, y decir eso equivale a que ha sido lo mejor de todo el año. No recordamos demasiados malos a su nivel, ni siquiera los dos hermanos demoniacos. En este tratado sobre los grises, en este camino del fin, los medios y los umbrales del mal que uno está dispuesto a cruzar por el bien de su familia o el propio y en el que seguimos a Walter White, Esposito ha creado un personaje terrorífico que, sin embargo, parece incapaz de matar una mosca. No es personal, sólo negocios.

Alicia y Kalinda.- No hay dos personajes femeninos más atractivos, sensuales, interesantes, inteligentes y a la vez reales en la pequeña pantalla que la abogada que interpreta Julianna Margulies y la investigadora que encarna Archie Panjabi, ambas ganadoras del Emmy. Las dos protagonistas de esa maravilla que es ‘The Good Wife’, con un casting de lujo, siguen redimiendo años y años de series soporíferas de abogados.

Friday Night Lights. El hijo y la hija. El mejor drama convencional de la tele ha vuelto a darnos momentos inolvidables. Lástima su escasa audiencia y que se despida este año, aunque lo haga por la puerta grande. El episodio sobre el luto del quaterback Matt Saracen por la muerte de un padre ausente no podría reflejar mejor el dolor por el absurdo de la guerra, la compleja relación entre padres, hijos y mentores que hemos vuelto a ver en la quinta temporada con el personaje de Vince. Por si fuera poco, en el primer episodio de la quinta se nos regala una escena antológica sobre el síndrome del nido vacío por la marcha de Julie. Ningún matrimonio televisivo es más real que el de los Taylors. Qué preciosa historia de amor.

Mad Men. La maleta. Si usted creía que la tercera temporada fue insuperable, espere a ver la cuarta. El divorcio ha sido la mejor catarsis que podía experimentar Don Draper, al que vemos en sus horas más bajas, pero también posiblemente en las más brillantes, en este capítulo excepcional. La nueva oficina sienta muy bien a los personajes de Matt Weiner, casi tantos como las escapadas californianas a Don, aunque echamos de menos a Sal.

The Walking Dead. El piloto de esta serie de la AMC ha monopolizado los dos últimos meses del panorama televisivo. Basada en el cómic homónimo, esta ‘carretera mccarthiana’ llena de muertos vivientes promete seguir dominando la audiencia en el cable el próximo año.

Fringe.- Todo apuntaba que la deriva tomada por la heredera de Expediente X no apuntaba nada bueno. ¿Una guerra entre universos paralelos? Demasiado enrevesado hasta para las mentes perturbadas que vemos estas series. Me equivocaba. Aunque la audiencia no está respondiendo, la serie de la FOX ha alcanzado un nivel altísimo con sus dos Olivias, su Walternate y episodios memorables como ‘Peter’, ‘The abducted’ y ‘Marionette’. Pero qué exigentes son las mujeres, ¿verdad, Pete?

Dexter.- La relativamente fallida no puede eclipsar una cuarta temporada de escándalo, con un maléfico Trinity (John Lithgow) robándole la cartera al mismísimo Michael C. Hall y el episodio final más traumático que recordamos desde la muerte de la madre de Jackie el osito. Y eso son palabras mayores, oiga. Sí, en puridad se emitió en diciembre de 2009, pero en España lo hizo más tarde.

Boardwalk Empire. El duelo entre Buscemi y Pitt. ‘BE’ es una maravilla y Scorsese y Winter lo saben y se recrean demasiado en ello. Esta serie va para largo, y el duelo soterrado entre sus dos protagonistas promete, tanto en la trama como en la interpretación por parte de dos actores en esplendor. Sin embargo, el mejor momento de este año se los hurtó Michael K. Williams, con su interrogatorio al líder local del KKK.

Katey Sagal- El desaguisado de la aventura norirlandesa de la tercera temporada de ‘Sons of Anarchy’ no puede hacernos olvidar lo genial que fue la segunda. Principalmente porque pilotaba sobre los hombros de esta magnífica actriz. Es la mujer del creador de la serie, Kurt Sutter. ¿O deberíamos decir que él es su afortunado marido?

Complejos de antihéroe

Hyde | 26 de noviembre de 2010 a las 19:51

jon-hamm

Alguna vez ya hemos comentado por aquí que habría que colgar a algunos agentes.  Al de Jon Hamm el primero. Hace unos días, mientras la larga penuria de un vuelo transatlántico me obligó a ver prácticamente todo el catálogo del menú audiovisual, incluida la denostada pero entretenidilla ‘El equipo A’ (sí, el vuelo fue insufrible), me ratifiqué en mi convicción. Si en esa película, fracaso de taquilla, el actor fetiche apenas salía un minuto y medio al final, casi un cameo, ¿cómo podemos esperar que le consiga un papel de protagonista decente?

Quizás somos unos snobs y, en resumidas cuentas, sólo tres millones de espectadores siguen cada capítulo de ‘Mad Men’ en su emisión en la AMC. Pero al final son muchos más millones de personas en todo el mundo las que están hechizadas por Don Draper y la exquisita serie de Matt Weiner. A mi juicio, el mejor lugar para el ‘product placement’. ¿O acaso a ninguno de ustedes le ha apetecido tomarse un Canadian Club o un Old fashioned? ¿O comprarse una Samsonite o un carrusel Kodak? ¡¡¡Espabilen, empresarios andaluces, pongan al prescriptor Don Draper a beber Jerez, Montilla o vinos de Málaga, a comer jamón serrano y a mojar pan con aceite!!!

El bueno de Hamm, un tipo que no lo ha tenido fácil para labrarse una carrera pero que ahora es admirado por compañeros y críticos, está entre los candidatos para interpretar la versión cinematográfica de ‘El llanero solitario’ que rodará Verbinski. Acabo de votar por él en una encuesta que ofrece el LAtimes en la que se le incluye en una lista junto a George Clooney, Ryan Reynolds, Jake Gyllenhaal y Hugh Jackman. Me alegra saber que la mayoría de los internautas, un 32%, también lo ha hecho. Pero despide a tu agente de una vez por todas, Jon.

Especialmente en el caso de Jon Hamm. No lo he visto en

El síndrome ‘Mad Men’

Hyde | 13 de octubre de 2010 a las 0:21

madmen

¿Es posible padecer el síndrome de Stendhal viendo una serie de televisión? ¿Que te cambie el ritmo cardiaco, sentirte aturdido, superado por la belleza y redondez de una trama perfecta en la que aparentemente no ocurre nada extraordinario pero a la vez la vida fluye, tal como es, delante de tu sofá?

Si hay una serie capaz de hacerte sentir eso, vértigo en el salón de tu casa, ésa es ‘Mad Men’. Si Stendhal quedó abrumado por los frescos de la iglesia florentina de la Santa Croce, la creación de Matt Weiner te deja a menudo sin aliento. Su último capítulo, ‘Blowing Smoke’, es sencillamente otra obra de arte. Y ya van varias en esta colosal cuarta temporada que se acerca a su fin.

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¿Quién es Don Draper?

Hyde | 7 de octubre de 2010 a las 8:38

don draper

Hemos tardado cuatro años –algunos apenas dos meses, tras un atracón estival- en descubrir que detrás del publicista más famoso y atractivo de Madison Avenue no se esconde un extraterrestre ladrón de cuerpos. En esta fantástica cuarta temporada de ‘Mad Men’, un ‘game-changer’ repleto de cambios, desde la empresa a la oficina o los personajes, pasando por el estado civil de su protagonista, hemos comprobado que Don Draper es humano. Al fin le hemos visto flaquear, derrumbarse, vomitar, sufrir un ataque de pánico, llorar desconsoladamente.

Hasta este año no sabíamos si Jon Hamm era un actor extraordinario, por cómo contenía las emociones de su hermético personaje, o si se limitaba a poner cara de palo ante cualquier circunstancia. Va a ser que es lo primero. Hamm es uno de esos contados tipos cuya belleza tiene que reconocer hasta el más alfa de los heterosexuales, un club muy exclusivo en el que si acaso entran Newman, Redford, Pitt y Clooney. De hecho, si su agente no la sigue pifiando con sus intervenciones en la gran pantalla, podríamos estar ante el próximo George, que planificó su salto de Urgencias al máximo estrellato. Pero Hamm no tiene nada de estrella, sigue con su chica de siempre, fue profesor de instituto y le costó mucho pagar las facturas. Hasta que él y Don Draper se encontraron.

Si el principio de la década fue de Tony Soprano y la HBO, el final pertenece a Draper y la AMC, la exigente y exquisita cadena que también nos regala ‘Breaking Bad’ –lo siento, me es imposible escribir de esa casa sin mencionar el santo grial televisivo-. En común tienen a Matt Weiner, guionista de los mafiosos de Nueva Jersey y creador de esta obra maestra de los subtextos. Porque lo importante de ‘Mad Men’ es siempre lo que no se dice, lo que no ocurre, las emociones que dominan y ocultan sus personajes en un mundo machista y racista que está a punto de cambiar para siempre. Son los sesenta.

Además de Draper, ‘Mad Men’ contiene un repertorio excepcional de personajes e intérpretes, desde el magnético borrachuzo de Roger Sterling que encarna el siempre cínico John Slattery, a las tres féminas protagonistas. Cada una representa una forma de afrontar el asfixiante machismo de la época. Nuestra querida Elisabeth Moss –siempre serás la hija del presidente para nosotros-, una secretaria que sube peldaño a peldaño, zancadilla tras zancadilla, en el escalafón de la empresa, a costa de un enorme sacrificio; la voluptuosa y talentosa Christina Hendriks, que cada vez que aparece se come la cámara, y esa pequeña Grace Kelly que es January Jones, la sufrida mujer de Draper. ¿O es Draper quien la sufre a ella?