Archivos para el tag ‘NBC’

De todo a nada

Hyde | 31 de mayo de 2012 a las 11:09

Mientras ‘Mad Men’ sigue escalando peldaños en el Olimpo de la televisión, con capítulo histórico tras capítulo histórico en su sublime e insuperable quinta temporada -‘At the codfish ball’ y ‘The other woman’ son episodios dignos de exhibirse en un museo-, la temporada va llegando a su fin y la parrilla televisiva se va quedando cada vez más vacía. Entre los estrenos más comentados del año, y que aquí avanzamos en un, admitámoslo, caso de libro de pilotitis -precipitación al juzgar una serie por su primer episodio-, se encuentra ‘Smash’.

El musical de la NBC, que parecía iba a ser el gran pelotazo de la segunda parte de la temporada, se fue poco a poco diluyendo como un azucarillo. Nada hacía presagiar en un debut magnífico que había tan poca materia y tanta falta de ideas entre los guionistas de la serie. La premisa original, meter al espectador en el proceso creativo de un musical de Broadway sobre Marilyn Monroe, era sumamente atractiva. Una mezcla explosiva de egos y talentos, sumergirnos detrás del telón, en los ensayos, el casting, la escritura y composición de los números musicales. El reparto, sin ser nada del otro mundo, contaba con gente como Angelica Houston, Jack Davenport (su director Derek es de lo poco que se salva de la serie), Debra Messing -bastante insufrible, por cierto-, Christian Borle y el gran desaprovechado, Michael Cristofer. Incluso se intentó provocar una reacción con la aparición durante varios capítulos como estrella invitada de Uma Thurman.

Pero ni por esas. Todo porque las dos protagonistas se han desinflado como la serie. O habría que decir que han pinchado. La ‘american idol’ Katharine McPhee tiene una estupenda -puede que incluso demasiado perfecta- voz para el pop, pero sus aptitudes como actriz no parecen a la altura del reto. Y Megan Hilty, pese a su mayor experiencia en musicales en Broadway, también compone un personaje bastante planito. Gran parte de la culpa de todo ello la tienen unos guiones -por llamarlos de alguna forma- que fueron de más a menos, de todo a nada, por una grave falta de ambición y quizás por la sorpresa de que la serie recibiera tantos elogios en su comienzo y tantos palos en su continuación. Renovada para una segunda temporada por una cadena que últimamente no da pie con bola, parece probable que el ‘Smash’ del año que viene no se parezca en nada. No sólo porque su creadora y ‘showrunner’, Theresa Rebeck, vaya a ser sustituida por el responsable de ‘Gossip Girl’, Josh Safran, sino también porque gran parte de los personajes cambiará. Pero será difícil recuperar el ‘hype’ desatado tras un primer capítulo sensacional y un terrible resto de temporada que, si acaso, levantó un poquito la cabeza en el último episodio.

Placeres para pocos paladares

Hyde | 24 de mayo de 2012 a las 12:00

Hay un placer extraño e incomprensible, algo snob y del que posiblemente sólo disfrutemos unos cuantos maníacos, que consiste en recomendar series de televisión. Uno se siente un mentor, un explorador, un descubridor, por mucho que luego los demás no se acuerden de quién les indicó el camino a seguir. Las series que uno les recomienda dicen también mucho de la imagen que se tiene de amigos y familiares. Aunque muchas veces nos sorprendan y la abuela nos salte con que le encanta ‘Los Soprano’ y el amigo duro del grupo resulte un apasionado de ‘Glee’. Hay algunas series, sin embargo, con las que hay que ser extremadamente cuidadoso si uno no quiere que lo tomen por loco.

El mayor exponente es, sin duda, ‘Community’, una comedia sin límites a la que su demente pero genial creador, Dan Harmon, ha llevado tan lejos que ha conseguido que lo despidan sin previo aviso la semana pasada. ‘Community’ es una obra de arte y, como tal, se preocupa mucho más por innovar que por su audiencia. Es posible que Harmon sea, como él mismo admite, un tipo muy difícil, exigente y peleón hasta el extremo por su libertad creativa. Un niño grande, como también él mismo reconoció, en su sonora pelea con Chevy Chase -Harmon reprodujo delante de mucha gente el airado mensaje que le dejó Chase en su móvil tras haberse reído a su costa-.

Hay decisiones difíciles de comprender, como el ‘sacrificio’ habitual de uno de los mejores secundarios de los últimos años, el señor Chang de Ken Jeong, al que cuando se da juego provoca carcajadas inmediatas. Por su gran nivel de exigencia, la comedia tiene un público pequeño pero muy fiel y ruidoso, cuyo enfado ante su suspensión temporal el pasado invierno evitó la cancelación definitiva esta tercera temporada. ‘Community’ se ha atrevido prácticamente con todo, aunque esa valentía intelectual puede acertar -y cuando lo hace, a dios pongo por testigo, no hay episodios más cómicos- o fallar estrepitosamente. Y por eso se trata de una serie de picos de sierra, con valles no tan graciosos y cimas inigualables. Ejemplo de ello es uno de los tres episodios que emitió la semana pasada para despedir su penúltimo año -al día siguiente relevarían a Harmon en una maniobra que vuelve a ser un tiro en el pie para la NBC-. Sólo una serie como ‘Community’ se atrevería a convertir a sus siete protagonistas del grupo de estudio de Greendale en muñequitos de un videojuego de 16 bits. Y que el resultado no sólo fuera hilarante sino un derroche artístico y de imaginación pocas veces visto en televisión. Si acaso visto, otras veces, en ‘Community’.

 

Imprescindible

Hyde | 12 de abril de 2012 a las 13:02

Hay algo rotundamente masoquista, un placer perverso, en disfrutar bajando a los infiernos callejeros de Los Ángeles. Primero con la extraordinaria y añorada ‘The Shield’, y en la actualidad con ‘Southland’, que cada año se nos hace más corta. Si la primera nos adentraba en la corrupción plena, de bandas, de drogas, prostitución y de los propios policías protagonistas, la segunda se ha emancipado y ha logrado dejar de ser considerada como su heredera.

A los cuatro años, la criatura de Ann Binderman (‘Las dos caras de la verdad’, ‘Enemigo público’, ‘Policías de Nueva York’) y John Wells (‘El ala oeste de la Casa Blanca’, ‘Urgencias’) se ha consolidado como una de las mejores series de la parrilla televisiva. La competencia es durísima, sí, pero ‘Southland’, con ese formato tan especial, de falso documental, con sus elipsis, su voz en off inicial, puede mirar cara a cara a cualquiera. Y en la edad dorada de la televisión, con tantas joyas y obras maestras compitiendo simultáneamente como ‘Breaking Bad’, ‘Mad Men’, ‘Justified’, ‘Juego de Tronos’ o ‘The Good Wife’, eso son palabras mayores. ‘Southland’ tiene un casting modesto pero tremendamente funcional y talentoso. Al repartirse los tiempos de cada episodio, no hay un protagonista claro. Aunque a efectos de brillo, nadie lo hace tanto como Shawn Hatosy y Michael Cudlitz, los dos pesos pesados. La serie, a la que en una de sus decisiones desastrosas, renunció la NBC -se emite en TNT-, es una de las más crudas y emocionalmente violentas que jamás se hayan hecho.

Ninguna te agarra y retuerce las tripas de esa forma, sumergiéndonos en las dudas de sus policías patrulleros, siempre sintiendo la tentación del camino más fácil pero menos correcto, la impotencia de luchar con unos medios y un sistema ineficaces contra una hydra a la que siempre le vuelven crecen las cabezas que le cortas. Este año han estado como estrellas invitadas Lucy Liu, que pese a las dudas iniciales ha creado un personaje tan redondo como odioso, y Lou Diamond Phillips, en el papel de poli pasado de vueltas que ya lo ha visto todo. Y el finale probablemente haya sido el mejor del año. Será muy difícil superar la intensidad de esas notas del ‘Street Fighting Man’ de los Rolling mientras se produce ese cruce de miradas entre Obi wan Kenobi y Anakin Skywalker… Sí, en ‘Southland’ siempre se siente la presencia del Lado Oscuro.

Un ‘pelotazo’ largamente esperado

Hyde | 9 de febrero de 2012 a las 11:27

En las últimas semanas ha habido dos acontecimientos, en principio contrapuestos, que han revolucionado a la comunidad seriófila. Por un lado, el cierre de Megaupload y las consecuencias que la posible caída en cascada de servidores podría tener para cientos de miles de serieadictos -algo así como que en la era del Ipad nos devolvieran a los tiempos del Spectrum 48k-. Por otro, y a pesar de lo anterior, el visionado masivo en la red, antes de su estreno, de una de las series que huelen a sensación del año, ‘Smash’, disponible sin duda como estrategia de promoción de la propia cadena. Emitida el lunes por la NBC, todo apunta a que será el gran éxito que necesita desesperadamente la gran cadena en abierto estadounidense, que tanto se ha equivocado últimamente con su programación de ficción. La mayoría de críticos de referencia, tanto en este lado del Atlántico como en el otro, ya le han dado su aprobación. En algunos casos entusiasta y en otros contenida. El de ‘Time’ se pregunta si será la nueva ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ o el nuevo ‘Studio 60′, ambas geniales obras de Sorkin para la misma casa pero con dispar resultado de audiencia. Y aunque todo el mundo señala que no tienen tanto que ver, nadie se escapa de la tentación: es imposible referirse a ‘Smash’ sin hablar de su némesis, del duro rival -más en términos de éxito comercial que de calidad- con el que viene a acabar. Y no es otro que ‘Glee’, el pelotazo de Ryan Murphy para la Fox.

Con la contención que se debe tener para enjuiciar una serie tras haber visto sólo su piloto -aunque en la mayoría de ocasiones la primera impresión es la válida-, ‘Smash’ parece más adulta y menos ligera que ‘Glee’. Nos mete en el apasionante proceso de creación de un musical de Broadway, nada menos que sobre la vida de Marilyn Monroe, y especialmente en la dura competencia entre dos bellas actrices que sueñan por hacerse con el papel que las convertirá en estrellas. No se podía haber elegido a dos protagonistas más distintas y complementarias, por un lado la voluptuosa Meagan Hilty, a priori prototipo ideal para encarnar a la tentación rubia, y por otro la morena Katherine McPhee, cuyo personaje nos presentan como el de una camarera de Iowa en busca de un sueño imposible, aunque estamos ante una de las grandes sensaciones de ‘American Idol’, el ‘Operación Triunfo’ americano, de hace un lustro. Ni que decir tiene que ambas cantan como los ángeles. En el reparto también sobresalen Debra Messing, supuesta protagonista y estrella de ‘Will y Grace’ y Angelica Houston, como productora del musical.

De momento, 11,5 millones de espectadores convirtieron el estreno en el programa más visto de esa franja horaria el pasado lunes. Habrá que seguir atentos. Por lo visto hasta ahora, merecerá la pena.

Un doctor muy sano

Hyde | 17 de marzo de 2011 a las 10:07

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Si algo funciona, y por funcionar nos referimos a la audiencia, no a la calidad, coherencia y atractivo de la trama, hay que estirarlo hasta que deje de hacerlo. La mentalidad de los directivos de televisión es clara y no se diferencian demasiado de cualquier otro gestor: lo que cuentan son los números, no los sentimientos. Y al final el propio público ha acabado adoptándola. Porque qué pereza da visionar una nueva serie cuando sabes que ya ha sido cancelada. ¿Para qué invertir tiempo, exponerse personalmente, arriesgarte a cogerle cariño a los personajes, si su final está cerca y es definitivo? Acaba de ocurrir con ‘Outcasts’, la serie de ciencia ficción de la BBC, que no ha sido renovada. Sucedió con la excelente pero lenta ‘Rubicon’, y puede pasar, dios no lo quiera, con Fringe en su tercer año.

Ese riesgo no lo corre desde luego ‘House’, cuyo reinado en las noches de los lunes en Estados Unidos es indiscutible. Algo tendrán las series de médicos que suelen gozar de mejor salud que las demás. Ahí están ‘Urgencias’ o ‘Anatomía de Grey’ para certificarlo. Aunque el caso del doctor más cascarrabias, borde, maleducado y a la vez divertido de la historia de la tele es digno de estudio. Aunque la emita la Fox, la serie es propiedad de la NBC, una extraña situación que ha traído problemas para la renovación de este rentable negocio para una octava temporada. Y aunque funciona, lo hace precisamente por el medido riesgo, pero al fin y al cabo riesgo, que toman sus guionistas y creadores cada temporada. Hace bastante tiempo que los casos sanitarios pasaron a un segundo plano. El seguidor de House se sabe ya de memorias los diagnósticos. Seguirlos es casi un ritual cómico. Primero se trata de lupus, luego un trastorno autoinmune, nunca falta el cáncer y la sarcoidosis cada vez es más frecuente. Además, resulta pecado emitir un capítulo sin trepanar cráneos, punciones lumbares o reanimación cardiopulmonar.

El año pasado, House dio un giro metiendo al personaje de Hugh Laurie en un psiquiátrico (del que nunca debió salir, desde luego). Y luego nos regaló capítulos sublimes, como los dedicados en exclusiva a los sufridos Wilson y Cuddy y el season finale, con el talentoso diagnosticador bajando a los infiernos para ser rescatado in extremis. En esta séptima temporada, no por deseado el salto de guión deja de ser peligroso: por fin se lían House y Cuddy. Y lo que parecía el cierre final de la trama nos ha ido dejando algunas escenas y episodios fantásticos, rescatando un tono cómico y una originalidad que se echaban en falta desde hace años. Ver a House intentado ser feliz, luchando por conciliar su enfermizo egocentrismo con Cuddy y su familia -impone la aparición de Candice Bergen como intratable suegra-, merece la pena. Y tanto el capítulo cinéfilo como el musical son impecables narrativamente. House sigue sano como un roble. Ese es nuestro diagnóstico.

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Lecciones de parodia comunitarias

Hyde | 18 de febrero de 2011 a las 13:03

Parodiar películas e incluso otras series de la propia cadena o de las rivales es un clásico en las comedias televisivas. Pero ninguna ha llegado al nivel de maestría alcanzado en esta materia por ‘Community’. Sí, nuestro grupo de estudio favorito tiene muchos altibajos, es una serie de dientes de sierra. Pero merece la pena tragarse sus diez peores episodios cuando sabes que tienes uno antológico esperándote en algún momento.

En la temporada pasada parodiaron las pelis y series de mafiosos en ‘Contemporary American Poultry’ y también las de acción, desde ‘Matrix’ a ‘La Jungla de Cristal’, en la hilarante ‘Modern warfare’. Hace un par de semanas hicieron lo propio con la saga de ‘El señor de los anillos’, las pelis, libros y juegos de rol de fantasía. ‘Advanced Dungeons and Dragons’. No paré de reírme.

Luego, claro está, tenemos a Abed y sus imitaciones, desde Don Draper a Batman. Y qué decir de Senor Chang, uno de los mejores personajes secundarios que ha dado la tele en los últimos tiempos. A la NBC le perdono todos sus pecados anteriores, que son muchos, sólo por ‘Community’.

Se supone que las comedias televisivas son de usar y tirar, de un único consumo. Atesoro estos tres capítulos para volver a verlos. Y la risa surge de nuevo, pura, libre, como la primera vez.

De guantes, capas y escudos

Hyde | 18 de enero de 2011 a las 14:00

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Se me acumula el trabajo. De todas las series nuevas, sólo he podido ver los pilotos de ‘Lights Out’ y ‘The Cape’. De la primera, es una versión televisiva de Rocky (IV o V, qué más da): un boxeador retirado se queda en la ruina y para mantener a su familia se plantea hacer de matón para un mafiosillo o volver al ring, pese a las advertencias de su mujer. Es de la cadena FX, la casa de los ‘Sons of Anarchy’, y no tiene mala pinta. La seguiremos.

La segunda, de la NBC, está basada un cómic de superhéroe y hecha para todos los públicos (con las connotaciones negativas que eso tiene y de las que ya hemos hablado alguna vez en este blog). Un policía al que tienden una trampa se convierte en superhéroe y se embarca en una lucha contra una gran corporación presente en 17 guerras y que acaba de hacerse con el departamento de Policía de Palm City. Una extraña y elástica capa (vaya chorrada) es su gran arma, además de las habilidades que adquiere con un grupo de circenses-atracadores que lo rescatan de la muerte. En definitiva, mi agenda está demasiado saturada como para perder 45 minutos semanales viendo semejante tontería. Porque ni el estilo, ni el guión ni los actores ni los personajes tienen un mínimo atractivo, salvo ese enano boxeador que se dedica a pegar palizas. Aparecen algunas caras conocidas, como Summer Glau (la terminator ‘amiga’ de John Connor), James Frain (todo lo bien que estuvo en ‘True Blood’ como vampiro psicópata lo está de mal en esta serie) y el ex futbolista inglés Vinnie Jones, tan especializado en hacer de tipo duro que ya resulta cansino.

También ha vuelto hace poco a las pantallas ‘Southland’, otra de polis que quizás no aporte nada nuevo, pero que entra por los ojos si eras fan de ‘The Shield’. Aunque le falta un personaje central protagonista con la fuerza de Vic Mackey.

Pilotos y estrellados

Hyde | 30 de septiembre de 2010 a las 11:58

¿Qué distingue a un buen episodio piloto de uno malo? ¿Es determinante para una serie contar con un arranque espectacular que enganche a la audiencia, o mejor ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, hasta el clímax final? Los archivos de las cadenas están llenos de series que comenzaron de forma extraordinaria pero tuvieron una vida más corta que la de una mariposa, y en cambio hay productos que van madurando en la cabeza del espectador sin someterlo a un tratamiento de choque inicial. Quizás todo se resuma en la frase de David Simon, el maestro creador de ‘The Wire’ y ‘Treme': “Que se joda el espectador medio”.

Con la eclosión digital y la enorme competencia de las cadenas de pago en EEUU en la ficción -la guerra entre HBO, AMC y Showtime tiene millones de beneficiarios colaterales-, cada vez resulta más difícil para las televisiones generalistas producir una serie que capte a todos los públicos. El espectador es cada vez más impaciente, cada vez está más acostumbrado a la incorrección política y ha empezado a desarrollar alergia al almíbar. Así que la línea que separa una serie para toda la familia y un producto imbécil para esos “tontos tontísimos” a los que se refiere Simon cada vez es más pequeña y evidente. Es lo que le ha ocurrido al piloto de ‘No ordinary Family’, el producto de la ABC sobre una familia de superhéroes inspirado en ‘Los Increíbles’ de Pixar -eso sí que es ponerse el listón alto-. El primer capítulo, emitido el martes pero difundido por internet semanas antes, es de una ñoñería insultante, indigno de gente del talento de Michael Chiklis o Julie Benz. A otras series nuevas, como ‘The Event’, una de las apuestas de la NBC, le puede ocurrir como a Ícaro: el piloto vuelta tan alto que corre serios riesgos de estrellarse en siguientes capítulos -y no desvelo ningún espoiler-. Es candidata a sufrir el síndrome ‘Flashforward’, empezar genial, acostumbrar a la audiencia a la adrenalina y luego no cumplir el compromiso de aportarla cada semana.

Es una de las producciones que aspiran esta temporada a rellenar el enorme nicho de mercado sin dueño tras el fin de ‘Perdidos’. Sin embargo, será muy difícil que una sola serie ocupe ese hueco, porque la audiencia cada vez está más fragmentada. La muy exigente y lenta ‘Rubicon’ no es una de ellas, es para minorías, aunque es evidente que hablamos de un producto marca de la casa AMC: calidad a raudales. En cambio, su hermana ‘Breaking Bad’ tiene un piloto espectacular, antológico con esos pantalones volando solos en medio de un desierto de Nuevo México, y ha logrado mantener la tensión narrativa, y multiplicarla por cien, durante sus tres temporadas. La magia y a la vez la miseria de la televisión, un producto de ficción con vida propia y final incierto, es precisamente ésa: las series nacen de la cabeza de su creador, pero acaban perteneciendo a su audiencia.

La reina de enero

Hyde | 21 de enero de 2010 a las 12:22

http://www.youtube.com/watch?v=4AlFC9380o0 En este mes de transición entre series y espera de los platos fuertes de la televisión estadounidense que comienzan en febrero y marzo con ‘Lost’ y ‘Breaking Bad’, la BBC británica ha dado un puñetazo en la mesa y demostrado que tiene mucho que decir y con lo que competir al mismo nivel que cualquiera. En los últimos días, mientras en EEUU no se habla de otra cosa que la enorme metedura de pata de la NBC con Jay Leno y Conan O`Brien, en la cadena pública europea se ha estrenado el cuarto episodio (más que un episodio es una película, pues dura hora y media) de la excepcional miniserie dedicada al detective Wallander creado por el maestro de la novela negra sueco Henning Mankell. No es la primera adaptación de la saga pero sí la mejor. La calidad de la fotografía es sublime, y no se nos ocurre nadie mejor que un envejecido Kenneth Branagh para interpretar al curtido y sensible investigador. No para de ganar premios y será curioso ver su versión de Thor como director. Lo hemos dicho alguna que otra vez e insistimos: a pesar de sus múltiples pifias, de su alocada carrera en Hollywood, de cambiar a Emma Thompson por la insufrible Helena Bonham-Carter (¿por qué lo hiciste, Ken?), Branagh es uno de los niños bonitos de este blog. Le perdonamos casi todo, hasta las 4 horas de su Hamlet y que de vez en cuando se crea Olivier…

También ha vuelto a las pantallas, tras un largo parón a la espera de ver cómo evolucionaba la pandemia de la gripe A, ‘Supervivientes’. Es otra revisión de un clásico, en este caso el realizado en los 70 por Terry Nation. La serie cuenta el caos al que se enfrenta la pequeñísima minoría que ha sobrevivido a un virus de la gripe diseñado en laboratorio que ha aniquilado en cuestión de horas a la población. ¿Estimulante, verdad? En una decisión responsable pero con poca vista comercial, la cadena pública británica decidió posponer la segunda temporada para no contribuir a la alarma generalizada, a pesar de que obviamente se benefició en términos de audiencia cuando estalló la crisis sanitaria en el mundo real.

Dentro de la obsesión bretona por el apocalipsis, los zombies y las amenazas que llegan de los laboratorios y las grandes corporaciones, hace semanas se estrenó otra nueva versión de un clásico, ‘El día de los trífidos’. Pese al innegable gusto de la BBC, la pasta que se gasta en producción y casting (los dos episodios están protagonizados por Dougray Scott y Joely Richardson), y el indudable don de la oportunidad que tienen sus directivos (la nueva versión incide en el cambio climático), la verdad es que más que inspirar terror, los trífidos provocan la risa. ¿Unas plantas devoradoras de hombres que caminan lentamente y parecen monjes? Me da más miedo el aloe vera que tengo en la terraza.

Con determinación no perderemos

Hyde | 5 de noviembre de 2009 a las 11:31

¿Imaginan un pueblo cualquiera español que viviera cada semana con pasión los partidos del equipo de fútbol de su instituto porque todo lo demás es crisis, crisis, crisis? ¿Las historias de cada uno de los jóvenes deportistas, su lucha por hacerse profesionales y salir de allí, la sana ambición de su entrenador por labrarse una carrera y a la vez mantener unida a su familia? ¿Tendría éxito una serie de televisión así sobre la Masía, la fábrica de talentos azulgrana, o sobre Valdebebas, la cantera madridista? Posiblemente sí, pero es una apuesta demasiado arriesgada como para que se la jueguen los directivos de las cadenas nacionales.

A la NBC norteamericana, que desde ‘El Ala Oeste’ no levanta cabeza por la impaciencia de sus ejecutivos -nunca le perdonaremos el final abrupto de ‘Studio 60′, también de Sorkin, o de ‘Kings’ con el excepcional Ian Mcshane-, le ha costado verlo. Pero finalmente ha claudicado ante el éxito de crítica y público de ‘Friday Night Lights’, que la pasada semana estrenó su cuarta temporada en EEUU. A priori el argumento echaría para atrás a cualquier espectador europeo: un joven entrenador se hace cargo del equipo de fútbol americano del instituto de un pueblo de Texas, Dillon, en el que ese deporte lo significa todo. No hay más ilusión que esperar al viernes, día de partido, y el técnico, interpretado por Kyle Chandler, siente más presión sobre sus espaldas que Pellegrini en el Bernabéu.

Pero no se trata de una serie sobre fútbol americano. Ni otra más sobre las andanzas de unos jóvenes en el instituto. ‘Friday Night Lights’, que tiene detrás como principales productores al actor y director Peter Berg y al ‘pez gordo’ de Hollywood Brian Grazer (ganador de un Oscar por ‘Una mente maravillosa’, con una prolija filmografía y creador de shows televisivos como ‘Arrested Development’ ) es mucho más que eso. Es un melodrama sobre lo fugaz de la juventud y las oportunidades perdidas, sobre el fracaso (o no) del sueño americano, sobre la familia, sobre la profunda crisis económica y sus devastadores efectos en los pueblos y pequeñas ciudades. Está filmada con exquisito gusto (impresionan las contadas escenas de partido) y presenta una amplia amalgama de personajes muy bien desarrollados. Todo el mundo está enamorado de Connie Britton, que interpreta a la combativa mujer del entrenador que se niega a ser sólo eso. Pero también tenemos varios héroes caídos, jóvenes sin padre, amigos borrachos, la guapa del pueblo que quiere ser intelectual, el intelectual que quiere ser el guapo. Más que una serie sobre un deporte, es una obra coral sobre perdedores con una fe inquebrantable en la victoria. Y pocas cosas hay más hermosas que eso.

Clear eyes, full hearts. Can´t lose.