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Ponga un muerto en su serie

Hyde | 8 de noviembre de 2012 a las 11:10

En televisión hay una serie de trucos que nunca fallan si de lo que se trata es de sacudir a la audiencia, de dar un golpe de efecto o de resetear la trama. Pero ninguno como poner un cadáver encima de la mesa. Matar uno de los personajes principales es una jugada peligrosa, tan efectiva como arriesgada. Por un lado recuerda al espectador que, como en la vida, nadie está seguro. Por otro ofrece la posibilidad de eliminar a algún personaje que resulte cansino. Y también puede ser la mejor salida narrativa para dar puerta a un actor o actriz pelmazo o que cuente con una oferta suculenta para irse a al competencia o al cine. “Habrá pedido mucho dinero para la próxima temporada”, es la frase habitual de sofá cuando nos matan a un personaje. No hay mejor puñetazo a las emociones del espectador que obligarle a pasar el proceso del duelo. Puede que odiara a tal o cual personaje, pero ver sufrir a sus favoritos por su muerte casi siempre humedece los ojos. Y constituye una gran ocasión para interpretaciones candidatas a los Emmy.

Hay series que fueron eliminando a sus protagonistas de forma selectiva, elegante, brutal, fascinante. ¿Quién no recuerda, en Los Soprano, a Silvio sacando del coche a Adriana en el bosque? Otras alcanzaron su culmen ahogando a algún personaje relativamente odioso, por mucho que luego viéramos que aportaba equilibrio al grupo. El ‘Not Penny’s boat’ de ‘Perdidos’, aquella imagen de la palma de Charlie, fue de lo mejorcito. Si encima la música la pone Michael Giacchino, sublime. Y visto el desaguisado posterior, ojalá hubiera acabado por allí cerca.

Puede que uno de los asesinatos de protagonistas más chocantes fuera el de Jimmy Darmody, el año pasado, en ‘Boardwalk Empire’. Parecía un crimen, valga la redundancia, despedir al gran Michael Pitt, que hasta el momento le igualaba la partida, cuando no se la ganaba, a Steve Buscemi y su Nucky Thompson. Pero visto el rumbo de la serie en esta tercera temporada, a un nivel altísimo, parece que el sacrificio mereció la pena. Un sacrificio que por otra parte estamos deseando, desde hace un par de temporadas, en ‘Sons of Anarchy’. Algún protagonista hace mucho que debió morir por el bien de la trama.

En las últimas semanas, e intentaremos no espoilear demasiado, ha habido varias muertes sonadas. En ‘The Walking Dead’, cuyo último episodio fue de una intensidad emocional inédita en la serie, casi no tienen piedad. Al fin y al cabo, de eso se trata, de que todos somos muertos vivientes, descompuestos o no. Y luego está ‘Downton Abbey’, el gran éxito de la televisión británica. Cuando corría el riesgo de convertirse en un folletín más, ¡zas, en toda la boca!. ¡Bazinga!, que diría Sheldon Cooper. Preparen los pañuelos quienes estén esperando su emisión, próximamente, en Antena 3. El pasado domingo se despedía -aunque en Navidad habrá otro especial- en el Reino Unido la tercera temporada, con grandes cifras de audiencia y con el público estadounidense, entregado, esperando a su estreno en enero. La excepcional Maggie Smith sigue siendo la piedra angular del show, con una variedad de registros que justifica todos los Emmy del mundo. La vieja condesa puede hacer reír y llorar como nadie.

Los galones de Terry O’Quinn

Hyde | 4 de octubre de 2012 a las 10:01

Hasta hace relativamente poco, al veterano actor Terry O’Quinn lo tenían encasillado siempre en el mismo papel: oficial militar, habitualmente de alta graduación, o jefe tocanarices del FBI, la CIA o cualquiera de esas agencias estatales ultrasecretas americanas. Basta un rápido repaso por la amplia filmografía del intérprete, que recién cumplidos los 60 acumula 102 títulos, para comprobar que, salvo soldado raso, ha ocupado prácticamente todos los puestos en el escalafón. Puede que sea su calva o su peculiar rostro que transmite confianza y seguridad. Porque tiene cara de mandar. Ha sido varias veces general (‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y ‘Harsh Realm’) y almirante (‘JAG. Alerta Roja’, ‘Star Trek la nueva generación’ y en el telefilme ‘Visiones de un asesinato). Pero también coronel (‘Navy: Investigación Criminal’ y ‘Espías sin fronteras’), comandante ((Hawaii 5.0′), capitán, mayor, teniente (‘Expediente X’) y sargento. Fuera del ejército, ha encarnado a varios sheriffs, a un director adjunto del FBI (‘Alias’) e incluso a un fugaz comandante en jefe, como presidente de Estados Unidos en la resistencia a los alienígenas en ‘Falling skies’.

 

 

Pero aunque ha seguido encarnando esos papeles, ahora mucho mejor pagados y como estrella invitada, todo cambió en la carrera de O’Quinn con ‘Perdidos’. Su John Locke, uno de los personajes más poderosos, conflictivos e inquietantes de la exitosa serie, era tan protagonista como el que más. El domingo, la ABC volvió a darle ‘galones’ al actor, con una serie en la que constituye el principal reclamo: encarna al mismísimo demonio en ‘666 Park Avenue’. Y aunque de momento sólo se ha emitido el piloto, con una audiencia no muy llamativa, podemos confesar que el papel le sienta como anillo al dedo. O’Quinn interpreta al diablo en la piel de un empresario inmobiliario neoyorquino, dueño de un gran y viejo edificio de la calle más cara de la Gran Manzana, donde alquila apartamentos y desde donde va concediendo deseos, comprando almas.

 

 

Aunque hay que tener cuidado con los primeros juicios de valor, un piloto suele dar pistas de lo que vendrá en el futuro. Y de momento apostamos que ‘666 Park Avenue’ no será una gran serie por lo previsible de su guión, pero se adivina una buena factura y unas dosis de entretenimiento suficientes como para seguir viéndola. Recuerda algo a ‘El abogado del diablo’, esa película que tampoco fue gran cosa de Al Pacino y Keanu Reeves, y se antoja una competencia ‘light’ a la más extrema ‘American Horror Story’. Puede que estos argumentos no tienten demasiado. Lo suyo es que vean a O’Quinn de demonio y comprueben si les seduce su oferta.

La cárcel de Abrams

Hyde | 19 de enero de 2012 a las 13:10

Las malas noticias, cuanto antes, mejor. Así que ahí va una: la esperadísima ‘Alcatraz’ es y será otro de los grandes fiascos de esta temporada televisiva que empezó tan grandilocuente y de la que de momento tan solo se salvan -por todo lo alto, eso sí- la excelente ‘Homeland’, la especialísima ‘Black Mirror’ y la murphyniana ‘American Horror Story’. La nueva criatura de J.J. Abrams, que a sus 45 años sigue empeñado en imitar a su admirado Spielberg, incluso a la hora de poner su nombre como productor a prácticamente cualquier cosa, simplemente no funciona. Y aun a riesgo de caer en el pecado de la ‘pilotitis’, de juzgar una serie anticipadamente por sus dos únicos episodios emitidos, será difícil que remonte el vuelo.

Llevamos casi un año oyendo hablar de una serie en la que iba a ocurrir algo muy gordo, y paranormal, en la legendaria isla carcelaria. Y cuando una historia así viene también vendida porque detrás está la productora responsable de ‘Perdidos’, uno se espera cualquier cosa extraordinaria, pero no un refrito barato, una versión pobretona de ‘Fringe’ que indignará a sus pocos pero militantes seguidores. ‘Alcatraz’ intenta copiar el estilo e incluso la música de la otra serie de la Fox , abandonada a su suerte por Abrams, pero con mucho peor guión, por no decir del casting (el repetitivo Sam Neill no le llega a la altura de la suela de los zapatos a John Noble, es difícil soportar a Jorge García mucho tiempo y la guapa Sarah Jones, por muy prometedora que resulte, no es ni de lejos Anna Torv). Todo huele a usado, todo suena a visto -sí, también hay reminiscencias de ‘Alias’-, y a pesar de los esfuerzos de sus creadores por impresionar al espectador en los primeros 45 minutos condensando toda la historia y forzando las relaciones de los personajes, ‘Alcatraz’, de momento, provoca más bostezos que asombro.

El listón está altísimo en la televisión contemporánea. Tanto en la narrativa (los tiempos y las pausas son vitales, no se puede ir con prisas) como en la puesta en escena. Y a los tipos que la revolucionaron con ‘Perdidos’, atreviéndose a estrellar un 747 en una isla misteriosa, creando una mitología propia, hay que exigirles en consecuencia. Pero puede que Abrams, tras ver que a Spielberg no le quita el sueño poner su firma en hiperpromocionados bodrios televisivos como ‘Terra Nova’ o ‘Falling Skies’, haya perdido la vergüenza de plagiarse, mal, a sí mismo.

Por una muerte digna

Hyde | 15 de septiembre de 2011 a las 13:51

Como en los toros (disculpas a los antitaurinos, pero es el símil más certero que me viene a la cabeza), las series también se enfrentan a su suerte suprema: el momento de matar y de morir. Hay pocas series que se vayan con la misma grandeza con la que se desarrollaron durante años. Cerrar el ciclo y despedirse de unos personajes y un casting con los que se han compartido años, risas, lágrimas, broncas y premios requiere talento, valentía y coherencia del creador y los productores. Y por lo general estos no están demasiado dispuestos a dejar morir dignamente a la criatura.

(A partir de ahora, ligeros espoilers sobre series ya terminadas). Ya hemos dicho por aquí alguna vez que el mejor finale, en opinión de servidor, es el de ‘The Shield’, con ese Vic Mackey encadenado a la oscura oficina cual Prometeo al que el buitre de la burocracia le picotea el hígado todos los días. No está tampoco mal, aunque no compartimos el entusiasmo generalizado, el cierre vital de ‘A dos metros bajo tierra’. Un pelín videoclip para el gusto de servidor. Tampoco me pareció justo el final anticipado que se tributó a Nate. A una de las mejores series de la historia le sobró quizás la última temporada, puede que ya víctima de la locura que Alan Ball desarrollaría años después en ‘True Blood’.

Los dos finales que más polémica han levantado, más charlas de café y análisis teórico han generado, son los de ‘Los Soprano’ y el de ‘Lost’. El primero no apasiona porque David Chase no se mojó y dejó las cosas muy abiertas. Sé que se trata de un análisis simplista, que hay hasta tesis doctorales analizando cómo estaban colocados los azucarillos del bar, si Tony Soprano ya estaba muerto o no… Personalmente, me habría sentado muy mal que se cargaran a mi mafioso favorito, aunque puede que artísticamente fuera lo mejor. Bien alto o notable. En cuanto a ‘Perdidos’, el finale fue un gran capítulo, muy espectacular, pero una estafa total al espectador que siguiera toda la serie. Ni se cerraba ni se aclaraba nada de lo que se había prometido durante años: que todo tendría sentido. Hombre, no se trató del final de ‘Los Serrano’ del “todo ha sido un sueño” (ese fue para denunciarlo directamente en Fiscalía), pero bastante tomadura de pelo con el Humo negro, el encuentro de almas y demás sí que fue.

Hay series que no sienten la necesidad de cerrar la historia. La dejan abierta, y en el caso de ‘En terapia’, con ese doctor Paul Weston mezclándose con la gente por la calle (de las contadas veces, salvo en una cafetería, que lo vemos fuera de la consulta), la opción es buena. Funciona y es bella.

Otras, en cambio, se despiden uno a uno de los personajes y nos los dejan perfectamente situados, sin cabos sueltos. Como prácticamente sus cinco temporadas, el final de ‘Friday Night Lights’ es de gran belleza y emoción. Y la imagen del balón volando es una de las mejores transiciones de la historia de la tele. Da miedo pensar que quieran rodar una película para continuar una historia perfecta, que recordamos con inmenso cariño.

‘Battlestar Galactica’ es otra de las grandes series que se nos fueron en los últimos años. Notable alto, con esos acordes de Jimmy Hendrix y su majestuoso ‘All along the watchtower’.  Y de las que nos cortaron quizás demasiado pronto, está muy, muy conseguido el adiós de ‘Lights Out’. Inquietante, tan estupendo cierre como hasta luego en el caso de que la cadena FX hubiera sido un poco más valiente y hubiera dado otro año a esta buena serie sobre el retorno al ring de un boxeador retirado.

Luego están los finales que ni apuestan por el cierre ni por la continuación, que no dan respuesta a los distintos interrogantes abiertos y que para colmo son un pésimo capítulo. Son episodios que nos dejan con un mal sabor de boca, cuando en este negocio del espectáculo y el ‘storytelling’ el ‘closure’ (el arte suprema, recuerden) es fundamental, lo que decide el aplauso o los pitos, si sacamos a hombros al showrunner o lo maldecimos.

Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué me gustaba tanto ‘Entourage’. Disfrutaba como un enano con las aventuras de Vince Chase, las preocupaciones de E, los numeritos de Drama, las inquietudes empresariales de Tortuga y, sobre todo, con las salidas de tono de Ari Gold (grande Jeremy Piven), uno de los mejores personajes de la historia de la tele (si alguien quiere saber cómo se hace un ERE, que pinche aquí). Sí, puede que los guiones cayeran a lo largo de sus ocho años, pero al fin y al cabo en esos veintitantos minutos de cada episodio Doug Ellin conseguía meternos en la pandilla, en las fiestas de Hollywood, en la parte trasera del salvaje, duro y sin escrúpulos negocio del ‘séptimo arte’.

El finale de Entourage, que se emitió el pasado domingo en la HBO y anticipa una película que posiblemente se acabará rodando, es un ejemplo de cómo no cerrar una serie, ni siquiera para decir hasta luego. No sólo porque ya hemos visto antes esa escena en el aeropuerto. Nos saltamos el ligue y la conquista de Vince de la que iba a ser la horma de su zapato, que de repente se convierte en gatita facilona. Ni a Drama ni a Tortuga los despedimos como se merecen. Y la decisión toscana de Ari no se la creen ni él ni su mujer. Es un churro, lo miremos por donde lo miremos. Y me ofende porque hasta el final mantuve la fe y el aprecio por ‘El séquito’.

Los productores

Hyde | 25 de agosto de 2011 a las 11:22

Uno tiene en la cabeza una imagen seguramente equivocada, distorsionada después de tantos capítulos de ‘Entourage’, de la figura del productor, productor ejecutivo o productor asociado. Supone que en definitiva es alguien que pone la pasta para llevar a cabo la obra, sea cinematográfica, televisiva o teatral. La persona que controla las ínfulas del director y sus complejos de deidad; que corta, corrige o directamente censura el guión si cree que algo no va a funcionar ante el público o va a ser exageradamente caro de realizar y se pega, a veces literalmente, con los actores cuando se les va la cabeza. El veterano que ya ha demostrado todo en ese mundo y, aunque cansado de llevar todo el peso, quiere poner su granito de arena para apoyar y promocionar a nuevas figuras simplemente porque alguna idea le ha convencido. Hay también quien pone su apellido y poco más, como forma de dar prestigio a una producción y sacarle la pasta que se pueda en caso de que haya beneficios. Y no hay apellido que dé más lustre detrás de una película o una serie que el de Steven Spielberg.

Actualmente en cualquier cine cercano, querido lector, se exhibe ‘Super 8′, la película del heredero natural del Rey Midas del celuloide, J.J. Abrams, producida por su mentor. No es simplemente un homenaje al cine de los ochenta, a ‘ET’, ‘Los Goonies’, ‘Cuenta Conmigo’ y tantas películas que hicieron disfrutar a varias generaciones. Es puro cine de verano y palomitas, un divertimento que seguro hará las delicias de cualquier espectador que supere la treintena y no vaya a la sala vestido de crítico, sino con ganas de disfrutar. Es Abrams (¿alguien necesita que le recuerde que es el responsable de ‘Alias’ o ‘Perdidos’?) desplegando todo lo aprendido en la televisión y consolidado en el cine (‘Misión imposible III’, ‘Star Trek’, ‘Monstruoso’), y Spielberg enriqueciendo el producto (seguro que está detrás de las escenas de la pandilla).

En la pequeña pantalla este verano se ha emitido una serie, también de temática extraterrestre y también producida por Spielberg, llamada ‘Falling Skies’. En junio, allá por su estreno, no pusimos demasiadas esperanzas en ella. Los peores augurios se fueron confirmando en los nueve episodios siguientes. Es todo lo contrario a ‘Super 8′ y apenas se deja ver por la sequía actual de la parrilla. Uno se pregunta si alguna vez Spielberg se ha preocupado por la trama, infantiloide, por los efectos especiales -lamentables-, o si ha llegado a verla. Támbién qué demonios pinta en sus créditos otro nombre ilustre de la televisión, el guionista y productor Graham Yost (‘Justified’, ‘The Pacific’). La figura del productor y sus distintos grados de implicación e incluso desaparición siguen siendo un misterio.

Series que no molestan

Hyde | 26 de mayo de 2011 a las 12:47

Hay series que se estiran como el chicle, y aunque hayan perdido gran parte del sabor original, las sigues masticando. De vez en cuando te sorprenden con una alegría, cual pompa, y te alegras de aguantar algunos capítulos repetitivos, de ser fiel a unos personajes que después de cinco o seis años, forman parte del paisaje de tu hogar, como ese viejo sofá que te niegas a cambiar. Otras series, sin embargo, te pegan fuerte de salida, pero llega un momento en el que la traición al espectador es tan absoluta que sólo quieres enviar a guionistas y creadores al infierno. Algunas de ellas las acompañas hasta el final, a regañadientes, y otras las mandas a paseo.

Ahora que se ha cumplido un año del final de ‘Perdidos’, con la perspectiva del tiempo parece más que claro que le sobró al menos año y medio, que el final, por hermosamente grabado que estuviera, por muy amorosamente que tratara a los personajes, fue una estafa total. ¿Seis años para esto? El guionista jefe de cualquier nueva serie debería firmar un contrato de buenas intenciones, ante notario, en el que garantice que habrá una mínima coherencia de principio a fin. O avisar de lo contrario. En caso de llegar hasta el último episodio con la solución ‘Los Serrano’ (ya saben, todo ha sido un sueño) habría que prever una serie de castigos que pasarían por la inhabilitación de los productores y el cierre temporal de la cadena.

La clave, como siempre, está en las cuentas. Hay series que pese a repetirse como el ajo les salen bastante rentables a las televisiones. Es el caso de ‘Como conocía vuestra madre’, una comedia que nos dio grandes ratos y que la CBS ha renovado sine die pese a que empecemos a estar hasta las narices de no tener ni idea de quién es su puñetera madre. Incluso empieza a ocurrirle al tercer año a la otra sitcom estrella de la misma cadena, ‘The Big Bang Theory’, también con continuidad más que garantizada.

En el campo de las series de acción, la sexta temporada de ‘Supernatural’ ha recibido numerosas críticas con una línea común: la CW tenía que haber finiquitado con dignidad las aventuras de los hermanos Winchester en la quinta. Pero ha habido al menos cuatro o cinco episodios tan fantásticos, (como el excepcional ‘The French Mistake’) que a servidor no le molesta seguir viendo las peripecias de estos cazadores de monstruos. Sam, Dean, Bobby, Cas e incluso Crowley ya son como de la familia…

Un regalo inolvidable

Hyde | 4 de enero de 2011 a las 14:15

ESPAÑA-NAVIDAD

En estas entrañables fiestas, y no sigo con ese tono porque corro el riesgo de parecerme al Rey, la mayoría de nosotros hace juegos malabares para encontrar el regalo adecuado para la persona adecuada y al precio adecuado. Si ustedes son como servidor, corren el riesgo de dejarlo todo para última hora, es decir, hoy, y eso se paga caro. Al final acabamos comprando lo primero que nos entra por los ojos, y como los ojos no son tontos, la gracia nos cuesta un dineral. Por lo general nos olvidamos de que todavía hay mucha gente, cada vez menos, que aún gusta de ver las series dobladas, que tiene la paciencia suficiente para esperar a que termine toda la temporada e incluso para que una cadena española compre sus derechos. No es mi caso. Soy físicamente incapaz de esperar todo ese tiempo, a veces más de un año, para que las televisiones nacionales tengan a bien mostrarme lo que quiero ver y no las bazofias con que habitualmente nos obsequian y que engulle a la fuerza, almax mediante, el sofalícola Gallardo. Mi estantería está repleta de series compradas a tocateja hace años, de hecho ese fue el inicio de una adicción que poco más tarde se rebeló, cual la tripulación de la Bounty, contra un absurdo: ¿por qué esperar tanto y pagar un pasta cuando puedes descargarte un capítulo que fue emitido horas antes en la televisión americana? ¿Si estás en EEUU de viaje o te conectas a una tele por internet puedes verlo gratis y si no es así, no? Entiendo que el cine, que implica pagar una entrada, es otra cosa, pero no se pueden poner barreras al consumo de la poca televisión de calidad que se emite. Y qué demonios, si la AMC y la HBO establecieran un mecanismo por el que tuviera que pasar por caja para ver sus joyas, estaría más que dispuesto a hacerlo.

En todo caso, y sin perdernos en la polémica de la ley Sinde, pocos regalos pueden ser mejores, y más rentables, que descubrir a un ser querido el insuperable mundo de las series. Requiere un trabajo psicológico previo, porque no a todo el mundo le gusta ‘Dexter’, y quizás el adicto de ‘Mad Men’ abomine de ‘Battlestar Galactica’, aunque no lo creo. Así que ahí van diez recomendaciones de ahora y siempre. Y ojo que según el establecimiento el mismo pack puede costar hasta 20 euros más o menos:

Los Soprano (visto a 85,49 euros): A menos de un euro cada episodio, no hay mejor regalo que éste. Sus seis temporadas le cambiarán la vida. Cualquier loa se queda corta para esta obra maestra de lo audiovisual. No es sólo un tratado sobre la mafia, la familia, la ambición, el drama y la comedia. Los Soprano lo abarca todo. El afortunado que reciba este regalo estará siempre en deuda con usted. Ya mandará a Tony Soprano a cobrarse el favor.

A dos metros bajo tierra (a 68,39 euros): La vida y la muerte, y no es la letra del romance de Curro el Palmo. Sólo a Alan Ball, guionista de American Beauty, se le podía ocurrir hacer una serie sobre la familia que dirige un funeraria. No sólo se trata de una obra extraordinaria, poética, divertida y trágica, sino que además le debemos haber descubierto a uno de los iconos de la nueva TV, el gran actor Michael C. Hall.

Mad Men (tres temporadas a 80 euros). Puede quedar como un visionario regalando esta serie inclasificable y pionera, exigente, que pone un listón de entrada muy alto, pero cuando le aguantas los primeros capítulos a esta pandilla de creativos machistas, fumadores y alcohólicos, descubres que no hay nada más parecido a la vida. Nadie dice lo piensa y nadie es más brillante, más misterioso y quizás más desgraciado que Don Draper. La única pega a este pack es que le falta la rompedora e histórica cuarta temporada, con algunos de los mejores capítulos jamás emitidos en televisión.

Perdidos (a 170 euros). Aunque a priori pueda parecer un regalo caro, son 94 horas de emociones trepidantes, una montaña rusa de acción, suspense e intriga que ha revolucionado la historia de la televisión, pese a su controvertido final. Las aventuras de un grupo de supervivientes en la isla misteriosa (no confundir con la de Julio Verne, que acojonaba mucho menos). Si usted es capaz de ver la primera temporada sin engullir con ansiedad varios capítulos seguidos, seguro que le devuelven el dinero.

The Wire (a 90 euros). Más que un obsequio navideño, es una faena. La magistral inmersión del periodista David Simon en los guetos de Baltimore, el mundo de la droga, el crimen, la trata de blancas y la corrupción general. No es una serie fácil (“Que se joda el espectador medio”, llegó a decir su creador), pero muchos sostienen que es la mejor de la historia. Quizás no de servidor, pero no seré yo quien inicie una polémica por ello.

Roma (45,60 euros). Son sólo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Esta ‘joint-venture’ de la HBO y la BBC, en esos momentos las dos grandes cadenas de referencia en términos de calidad (luego llegaría la AMC) fue una producción carísima y ruinosa que mereció la pena para los que la disfrutamos. De la mano de un casting extraordinario retrocedemos a los días de Julio César, Augusto, Cleopatra y Marco Antonio, contados por un centurión romano y su fiel compañero de armas. Violencia, sexo e intrigas palaciegas para una recreación histórica de primera. Lástima que se incendiaran los estudios de Cinecittá, aunque quizás les prendieran fuego para cobrar al menos el seguro.

Hermanos de Sangre (40 euros). Ni se le ocurra regalar o regalarse The Pacific si no vio la anterior miniserie sobre la campaña europea, de los amigos Spielberg y Hanks, basada en el estupendo libro homónimo de Stephen Ambrose. Seguimos a la compañía Easy de la División 101 aerotransportada en su lucha contra los nazis. Una joya.

Damages, Daños y perjuicios (primera temporada a 30 euros). Puestos a hacer un buen regalo no demasiado caro, la primera temporada de esta serie de abogados protagonizada por Glen Close es histórica y redonda. Luego cae en picado. Una brillante abogada recién salida de la facultad decide fichar por el polémico bufete de Patty Hewes, especializada en demandas colectivas y con unos métodos poco ortodoxos. Ambición, suspense y una mala para el recuerdo.

El Ala Oeste de la Casa Blanca (97 euros). No es sólo una serie, sino un tratado utópico sobre lo que es y debería ser la política. Una obra maravillosa, escrita y producida por ese maestro de los diálogos que es Aaron Sorkin (guionista de ‘La red social’, ‘Algunos hombres buenos’ y ‘La guerra de Charlie Wilson’), y protagonizada por Martin Sheen, un presidente de ficción que seguro influenció a Obama.

Battlestar Galactica (100 euros). La versión moderna es mucho mejor que la antigua, pese a que alguna de las temporadas se pareció peligrosamente a una telenovela entre humanos y cylons. La raza humana busca refugiarse en la Tierra tras quedar al borde de la extinción por un ataque a traición de los cylons. Protagoniza Edward James Olmos, muy bien como comandante Adama.

Pilotos y estrellados

Hyde | 30 de septiembre de 2010 a las 11:58

¿Qué distingue a un buen episodio piloto de uno malo? ¿Es determinante para una serie contar con un arranque espectacular que enganche a la audiencia, o mejor ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, hasta el clímax final? Los archivos de las cadenas están llenos de series que comenzaron de forma extraordinaria pero tuvieron una vida más corta que la de una mariposa, y en cambio hay productos que van madurando en la cabeza del espectador sin someterlo a un tratamiento de choque inicial. Quizás todo se resuma en la frase de David Simon, el maestro creador de ‘The Wire’ y ‘Treme': “Que se joda el espectador medio”.

Con la eclosión digital y la enorme competencia de las cadenas de pago en EEUU en la ficción -la guerra entre HBO, AMC y Showtime tiene millones de beneficiarios colaterales-, cada vez resulta más difícil para las televisiones generalistas producir una serie que capte a todos los públicos. El espectador es cada vez más impaciente, cada vez está más acostumbrado a la incorrección política y ha empezado a desarrollar alergia al almíbar. Así que la línea que separa una serie para toda la familia y un producto imbécil para esos “tontos tontísimos” a los que se refiere Simon cada vez es más pequeña y evidente. Es lo que le ha ocurrido al piloto de ‘No ordinary Family’, el producto de la ABC sobre una familia de superhéroes inspirado en ‘Los Increíbles’ de Pixar -eso sí que es ponerse el listón alto-. El primer capítulo, emitido el martes pero difundido por internet semanas antes, es de una ñoñería insultante, indigno de gente del talento de Michael Chiklis o Julie Benz. A otras series nuevas, como ‘The Event’, una de las apuestas de la NBC, le puede ocurrir como a Ícaro: el piloto vuelta tan alto que corre serios riesgos de estrellarse en siguientes capítulos -y no desvelo ningún espoiler-. Es candidata a sufrir el síndrome ‘Flashforward’, empezar genial, acostumbrar a la audiencia a la adrenalina y luego no cumplir el compromiso de aportarla cada semana.

Es una de las producciones que aspiran esta temporada a rellenar el enorme nicho de mercado sin dueño tras el fin de ‘Perdidos’. Sin embargo, será muy difícil que una sola serie ocupe ese hueco, porque la audiencia cada vez está más fragmentada. La muy exigente y lenta ‘Rubicon’ no es una de ellas, es para minorías, aunque es evidente que hablamos de un producto marca de la casa AMC: calidad a raudales. En cambio, su hermana ‘Breaking Bad’ tiene un piloto espectacular, antológico con esos pantalones volando solos en medio de un desierto de Nuevo México, y ha logrado mantener la tensión narrativa, y multiplicarla por cien, durante sus tres temporadas. La magia y a la vez la miseria de la televisión, un producto de ficción con vida propia y final incierto, es precisamente ésa: las series nacen de la cabeza de su creador, pero acaban perteneciendo a su audiencia.

Filósofos de la isla

Hyde | 25 de mayo de 2010 a las 13:50

Al igual que ocurrió con ‘Avatar’, nunca el ‘charco’ había sido tan profundo entre la crítica norteamericana y la europea. El final de ‘Perdidos’ ha encantado mayoritariamente a los analistas televisivos estadounidenses -con las lógicas excepciones y con la admisión de que demasiadas preguntas se quedan sin responder, but who cares?- y horrorizado a los exigentes europeos. En este lado del Atlántico por lo general se ha despellejado sin piedad a los guionistas por ‘The end’. Y eso que seguramente sea el mejor capítulo de la terrible sexta temporada, que empezó de forma lamentable, con ese templo de cartón piedra, y remontó ligeramente el vuelo con algunos capítulos, salvo ese ‘Across the sea’ del supuesto génesis, con esa Allison Janney, la C.J. Cregg de ‘El Ala Oeste’, pero con unos pelos terribles.

A partir de aquí, volvemos a avisar, seguiremos con las teorías sobre el final de ‘Perdidos’. Así que si aún no lo han visto, no sigan adelante. Como diría Jacob sobre la cueva de la luz dorada: “enter at your own risk”.

ESPOILER, ESPOILER, ESPOILER

Tras digerirlo durante toda la jornada de ayer, por aquí cada vez nos gusta más el final de ‘Lost’. Sí, admitimos que nos han robado la cartera, que tenemos que elaborar la mitad de la película en nuestra cabeza, de forma individual, que quizás suframos el síndrome de Estocolmo. Pero es un buen y bonito final. Murieron felices (algunos no tanto) y comieron perdices. Algunos se van al infierno, otros siguen en el purgatorio (¿dónde irá ese Ben Linus a la puerta de la iglesia, que no es tan mal chico at the end?), pero nuestros queridos personajes (aunque la novia de Sayid estaba bien muerta y en el infierno, con lo insufrible que era) se reúnen de nuevo, tras haber salvado Jack el mundo.

Ahora nos queda el futuro sufrimiento, o alegría, de seguir las carreras de los actores de la serie. En numerosos foros y páginas especializadas se pide, y desde aquí casi lo exigimos, que le den una serie propia al gran Henry Ian Cusick. De los diez mejores capítulos de ‘Lost’, al menos cinco los protagoniza el escocés Desmond Hume.

– Todd Van der Werff, uno de los críticos del ‘Show Tracker’ de Los Ángeles Times (al periódico de la capital mundial del Show Business siempre hay que prestarle atención), apunta una teoría que a servidor le gusta creer: Hugo, el nuevo pero mejor Jacob, les da un final digno y emotivo a sus amigos, esa redención que buscan desde el principio de la serie.

– Mike McHale, del New York Times, tras ver el final por segunda vez, revisa su teoría. Ya no cree que todos estuvieran muertos desde el principio. Sigue siendo duro con la resolución de la trama, pero no con la ejecución de la vida paralela, el purgatorio, o lo que fuera esa existencia lejos de la isla que hemos visto esta temporada. Admite su belleza y emotividad, pero concluye que la serie debió durar dos temporadas si quería ser coherente con el guión. McHale reconoce que era imposible atar en un capítulo todos los cabos sueltos, y termina su nuevo artículo con una buena conclusión: ‘Lost’ ha sido inestable en ‘the big picture’ (la gran foto, la trama general), pero tremendamente hábil con los primeros planos, las pequeñas historias, “que al fin y al cabo es lo que cuenta en el medio televisivo”.

-El incansable Hernán Casciari, de Espoiler, de momento no se pronuncia. Pero hace una proclama interesante: 2010 está siendo uno de los mejores años de la historia de la televisión. Tiene razón Hernán al hablar maravillas de ‘Treme’, de David Simon, de la evolución de ‘Fringe’ -la criatura de J.J. Abrams, que ya está trabajando en otro proyecto de agentes infiltrados para la NBC- y, sobre todo, de la actual reina de la pantalla: ‘Breaking Bad’. En su tercera temporada el profesor White, Los Pollos Hermanos, Hank y los dos hermanos sicarios nos están alucinando. Hay pocas obras audiovisuales mejores que la de Vince Gilligan.

– Alberto Rey, el ‘asesino en serie’ de El Mundo, con su mordacidad habitual, pone a parir la serie en general. Y en parte tiene razón, aunque no estemos de acuerdo con él. Sí, los guionistas y creadores han roto el pacto de ficción, se lo han pasado por el forro, nos han podido tomar el pelo hasta dejarnos más calvos que a Locke. Seremos unos masoquistas.

Teoría y caminos de ‘Perdidos’

Hyde | 24 de mayo de 2010 a las 13:19

jack

INSISTO DE NUEVO, SI NO HAN VISTO LOS DOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS DE ‘PERDIDOS’, NO SIGAN LEYENDO.

ESPOILER, ESPOILER, ESPOILER

Con el corazón en la mano, que no con la cabeza porque entre otras cosas estoy falto de sueño, diría que el último capítulo de ‘Perdidos’ es gran televisión. Siempre que olvidemos los fallos técnicos de Cuatro, con minutos hurtados y subtítulos desfasados, lo cual ha añadido más incertidumbre a la ya de por sí compleja trama.

Sí, hay muchos motivos para enfadarse con los guionistas. Pero elijan no hacerlo. Se sentirán mejor. Sí, es un final relativamente abierto, que nos devuelve a todos los personajes principales, con momentos de enorme emotividad, con una gran carga de espiritualidad, con muchísimos guiños a las seis temporadas de esta obra colosal, al camino recorrido. “Vivir juntos o morir solos”, ¿recuerdan?. Cierto, como preveíamos se trata de un final buffet libre, con cientos de preguntas en el aire, pero bello. Pastel para algunos, seguramente no para el público americano, entre el que podría incluirme. Ahora surgirán las críticas, las dudas, las discusiones de café, en el centro de trabajo, en el recreo, en la cama. Eso es lo que ha hecho espléndida, histórica, a ‘Lost’. Nunca teníamos, y seguimos sin tenerlo, nada claro.

Y si repasamos otras obras cumbre de la televisión actual, como Los Soprano, o A dos metros bajo tierra, las dos series de cabecera de servidor, ninguno de sus finales recibió una aclamación unánime. Es dificilísimo, casi imposible, estar a la altura de las expectivas generadas durante 120 horas de disfrute televisivo. Darle cierre a tanto cabo suelto, a tantas emociones, es utópico. Teorías varias que van circulando por ahí.
– Lo que vemos al final del capítulo es lo que realmente ocurrió. Jack muere al estrellarse el avión y todo ha sido un delirio. Un final a ‘los Serrano’ indigno de cualquier guionista, cadena de televisión seria y de los millones de fans que llevamos años dándole vueltas a la cabeza. Me niego a considerarlo.

– Hugo es el nuevo Jacob, pero mejor, como le dice Ben Linus, convertido en su segundo. Así que Hugo, junto con Desmond, deciden reunir a toda la pandilla en la realidad alternativa. Aquí tenemos varios problemas o senderos que se bifurcan, que diría Cortázar. ¿Esa realidad alternativa es un universo paralelo? ¿Creado por la explosión de la quinta temporada? ¿Es un limbo en el que están todos los personajes tras morir en el accidente? ¿Tras morir después? ¿Es lo que ocurre en realidad porque el accidente del vuelo Oceanic 815 es un sueño, no ocurrió? NPI.
-James Poniewozik, el crítico de series de ‘Time’, al que seguimos, dice en su excelente post post Lost (ha sonado lioso, sí) que aunque a todos nos asaltan muchas preguntas, y muchas nuevas seguirán surgiendo, lo más importante ahora mismo es que el perro, Vincent, le hizo llorar. A mí también. Alguno llamará emotividad barata a la desplegada por el último episodio, con esa música de Giacchino conquistando el corazón del espectador. Efectivamente, Jimmy, ver a Jack agonizando entre el cañaveral, con el perro acompañándolo para que no muera solo, y su sonrisa de felicidad porque ve el avión saliendo de la isla con sus amigos a bordo, es uno de los momentos más emocionantes que recuerdo en televisión. Y Matthew Fox está genial, por fin el protagonista que merece la serie.
-Poniewozik, por cierto, recuerda que Juliet dijo antes de morir que la bomba había funcionado. También se pregunta, como todos lo hacemos, cómo muere Hurley, Hugo Reyes, cómo Locke vuelve a ser mortal. El crítico de Time da por hecho que la realidad alternativa es el limbo, algo que hay después de la vida, y que la realidad ocurre de facto en la isla misteriosa.
-En ‘The show tracker’, de Los Ángeles Times, la crítica Mary McNamara no lo ve tan claro. El título de su artículo lo dice todo: ‘Podía haber sido peor’. Ella cree que el final no estuvo a la altura de la serie y apuesta claramente por la idea de que todos la palmaron al estrellarse el Oceanic 815.Para eso se apoya en las imágenes de los créditos finales, con el fuselaje del avión. Lo siento Mary, pero esta vez estoy mucho más con James.
-Okr, de críticasenserie, es de la cuerda de Poniewozik. Tiene “bastante claro que la realidad alternativa que pensábamos era eso, una realidad creada a partir del bombazo del final de la temporada pasada. Es simplemente un limbo entre la vida y la muerte (muerte definitiva) al que todo el mundo llega cuando muere. Los protagonistas de ‘Lost’ mueren cuando les toca: unos hace años, otros, como Jack, al final de la serie, otros en el futuro, los que se salvan, pero acaban todos pasando por ese limbo que no tiene tiempo (como dice el padre de Jack), todos vuelven a estar con la gente con la que vivieron la parte más importante de su vida, para irse juntitos de la mano al más allá”. Bien por Okr, al que le ha gustado el final.

-Rita también se niega a que sea un sueño, “sino que el encuentro en la realidad paralela (y toda ella en sí misma) es lo que hay después de la muerte, una suerte de paraíso en el que acabas encontrándote con todos aquellos que compartieron tu vida o al menos la parte fundamental de ella. La realidad es que el avión se estrelló, los seis del Oceanic sobrevivieron y luego decidieron volver a la isla y de ahí sólo sobreviven finalmente Kate, Sawyer, Miles, Richard y Lapidus. Y suponemos que Desmond sale de la isla en el ‘Elisabeth’ tal como llegó. Jack muere y Hugo es el nuevo Jacob. No están todas las respuestas, pero tampoco creo que es necesario, es a lo que nos tenían acostumbrados”.

Se admiten nuevas teorías. Seguiremos en ello. Y por favor, que deje de sonar en mi cabeza la música de Giacchino, que deje de ver a Jack tumbado.