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Sin luz ni chispa

Hyde | 27 de septiembre de 2012 a las 11:26

El halago debilita. Y el éxito tiene, desde luego, su reverso tenebroso. Puede ser mucho más destructivo que el fracaso. En los últimos años a todos se nos han llenado las bocas y los textos comparando al inquieto J.J. Abrams con Spielberg, llamándolo el nuevo rey Midas de la era dorada de la televisión. De ‘Alias’ a ‘Fringe’, pero sobre todo con ‘Perdidos’, el sello Abrams implicaba una garantía de calidad y entretenimiento, un buen manejo de la tensión narrativa y una gran capacidad para sorprender al espectador. En el cine, al que ahora parece dedicar su talento, también, con la estupenda ‘Monstruoso’ -que produjo pero no dirigió-, la revisión de ‘Star Trek’ y la ochentera ‘Super 8′.

Pero a fuerza de darle vueltas a la manivela, la productora de Abrams, Bad Robot, se ha acabado convirtiendo en una churrería. Bueno, en algo peor, en una franquicia de churros. Últimamente no hay nueva temporada televisiva en la que no aparezca el dichoso apellido en una o dos series de nueva creación pero, como ocurre con Spielberg (‘Falling skies’, ‘Terra nova’), da la sensación de que Abrams solo aparece por allí para que le den el cheque, para cobrar los royalties por la promoción que supone poner su nombre junto al producto. Y, como ocurre con una de esas franquicias de hamburguesas en las que lo que nos sirven no se parece en nada a lo de las fotos, las nuevas series apadrinadas por Abrams no tienen nada que ver con las originales. Son una mala copia de sus primeros éxitos. Ocurrió hace unos meses con ‘Alcatraz’, un burdo plagio de ‘Fringe’, como antes pasó con ‘Undercovers’ y posiblemente pase ahora con ‘Revolution’, el supuesto gran estreno de la NBC este otoño.

La trama nos lleva a un mundo apocalíptico tras desaparecer repentinamente la electricidad y, con ella, prácticamente todo lo que nos ha sacado de vivir en la selva. Firmados por Eric Kripke, creador de ‘Supernatural’, a los guiones, al menos de los dos primeros capítulos, les falta la tensión necesaria, como si en la serie, con la luz, también se fuera la chispa. Y como en los churrerías, ya hemos visto uno de los ingredientes que empieza a resultar cansino en Abrams. Ya sea en ‘Alias’, en ‘Perdidos’ o en ‘Fringe’, siempre sale el recurso facilón de poner a un personaje a contactar con otro misterioso a través de un ordenador. Y luego ni el casting ni los personajes emocionan. Ni siquiera destaca la presencia de Giancarlo Esposito, que tras componer a uno de los mejores malos de la historia de la ficción audiovisual -así de grande es su Gus Fring de ‘Breaking Bad’ y así de injusto es que se vaya de vacío de los Emmy-, ahora debe conformarse con un papel menor y previsible. De momento, como suele ocurrir con los paquetes que firma Abrams, ‘Revolution’ ha registrado buenas audiencias en su estreno. Pero sin la pasión e implicación necesarias, el público volverá a quedar desencantado si la serie sigue por este camino.

La cárcel de Abrams

Hyde | 19 de enero de 2012 a las 13:10

Las malas noticias, cuanto antes, mejor. Así que ahí va una: la esperadísima ‘Alcatraz’ es y será otro de los grandes fiascos de esta temporada televisiva que empezó tan grandilocuente y de la que de momento tan solo se salvan -por todo lo alto, eso sí- la excelente ‘Homeland’, la especialísima ‘Black Mirror’ y la murphyniana ‘American Horror Story’. La nueva criatura de J.J. Abrams, que a sus 45 años sigue empeñado en imitar a su admirado Spielberg, incluso a la hora de poner su nombre como productor a prácticamente cualquier cosa, simplemente no funciona. Y aun a riesgo de caer en el pecado de la ‘pilotitis’, de juzgar una serie anticipadamente por sus dos únicos episodios emitidos, será difícil que remonte el vuelo.

Llevamos casi un año oyendo hablar de una serie en la que iba a ocurrir algo muy gordo, y paranormal, en la legendaria isla carcelaria. Y cuando una historia así viene también vendida porque detrás está la productora responsable de ‘Perdidos’, uno se espera cualquier cosa extraordinaria, pero no un refrito barato, una versión pobretona de ‘Fringe’ que indignará a sus pocos pero militantes seguidores. ‘Alcatraz’ intenta copiar el estilo e incluso la música de la otra serie de la Fox , abandonada a su suerte por Abrams, pero con mucho peor guión, por no decir del casting (el repetitivo Sam Neill no le llega a la altura de la suela de los zapatos a John Noble, es difícil soportar a Jorge García mucho tiempo y la guapa Sarah Jones, por muy prometedora que resulte, no es ni de lejos Anna Torv). Todo huele a usado, todo suena a visto -sí, también hay reminiscencias de ‘Alias’-, y a pesar de los esfuerzos de sus creadores por impresionar al espectador en los primeros 45 minutos condensando toda la historia y forzando las relaciones de los personajes, ‘Alcatraz’, de momento, provoca más bostezos que asombro.

El listón está altísimo en la televisión contemporánea. Tanto en la narrativa (los tiempos y las pausas son vitales, no se puede ir con prisas) como en la puesta en escena. Y a los tipos que la revolucionaron con ‘Perdidos’, atreviéndose a estrellar un 747 en una isla misteriosa, creando una mitología propia, hay que exigirles en consecuencia. Pero puede que Abrams, tras ver que a Spielberg no le quita el sueño poner su firma en hiperpromocionados bodrios televisivos como ‘Terra Nova’ o ‘Falling Skies’, haya perdido la vergüenza de plagiarse, mal, a sí mismo.

Regreso al pasado

Hyde | 30 de septiembre de 2011 a las 8:58

http://www.youtube.com/watch?v=p6o-Fzg4d0Y&feature=related

En el reparto del negocio de la ficción televisiva había una especie de pacto no escrito entre las cadenas de pago y las ‘network’ en abierto. Las primeras llevaban las series a terrenos de calidad nunca vistos, en plena competencia, e incluso superioridad, con el cine, y las segundas se dedicaban meramente a la parte comercial. La prioridad era la audiencia, cazar al target deseado de la forma más amplia posible y lograr un buen retorno comercial. Lo que se invertía tenía que volver multiplicado. Mientras el cable, abanderado por la HBO, pero ahora también por AMC y Showtime, fabricaba misiles de precisión que en ocasiones daban un rendimiento extraordinario, y no sólo a efectos de consolidar la marca y captar abonados, las grandes cadenas NBC, ABC, CBS, Fox se dedicaban a lanzar napalm a la audiencia para conquistar a los anunciantes. A veces tenían éxito y otras no.

Pensábamos que esos tiempos estaban quedando atrás, con producciones como las ya mencionadas hasta la saciedad ‘The Good Wife’, ‘Fringe’ o incluso la híbrida (medio en abierto, medio de pago) ‘Friday Night Lights’. Pero no. El estreno más esperado de la temporada, la promocionadísima ‘Terra Nova’ es una regresión total. No porque sus protagonistas, una familia del siglo XXII en un planeta moribundo por la contaminación que decide emigrar, aprovechando una fractura en el espacio-tiempo, a la Tierra de hace 85 millones de años. Sino porque la cadena Fox y sus productores, entre los que se encuentra un Spielberg maldito para la tele desde ese engendro que es ‘Falling skies’, se han gastado tanta pasta en la producción que se han empeñado en agradar a todo el mundo y en conquistar a la mayor audiencia posible desde el episodio piloto. El resultado es un pastiche en el que se nota que hay mucho dinero invertido en ambientación, aunque poco en los dinosaurios y menos aún en el casting. Siendo benevolentes, digamos que ‘Terra Nova’ es una mala fusión entre ‘Parque Jurásico’ y ‘Avatar’, con un toque de la fallida ‘Outcasts’ de por medio. Incluso hay prácticamente un plagio con el personaje de Stephen Lang, que viene a ser el mismo que hacía en la macroproducción de James Cameron.

Quizás, acostumbrados a exquisiteces, nos hemos vuelto demasiado exigentes. Pero de momento ‘Genesis’, el episodio doble emitido en Estados Unidos en la noche del lunes, hace aguas por todos lados y tampoco es que haya enamorado a la audiencia, con unos resultados que sin ser malos no son para tirar cohetes de felicidad, con nueve millones de espectadores cuando la cadena de Murdoch esperaba bastantes más. “No un desastre (todavía)”, escribía un cronista televisivo.

El reparto de ‘Terra Nova’ tampoco brilla demasiado. Jason O’Mara no tiene el peso suficiente para liderar la serie (su cabeza de familia pone exactamente la misma expresión atribulada cuando su hijo mayor decide saltarse una clase que cuando lo van a devorar unos dinosaurios), y aún a riesgo de precipitarme, tampoco se vislumbran grandes actuaciones del resto de un casting en el que también reconocemos a Allison Miller, la princesa de ‘Kings’.

En cuanto al guión, nadie esperaba el talento de Philip K. Dick en una trama que consiste en mezclar a humanos del futuro, medio peleados entre ellos, en la era de los dinosaurios. Pero a estas alturas de la película, o de las series, hay un mínimo común exigible: que los diálogos y las situaciones familiares resulten creíbles y naturales, que los ritmos se cuiden y no se hurte al espectador la presentación de los personajes ni se le sature con demasiados acontecimientos simultáneos. El estilo AMC ha calado.

‘Terra Nova’, a la que daremos un par de oportunidades más antes de condenarla o perdonarla (si es que no la cancelan antes), sólo es completamente creíble en una cosa: consigue retraernos a un pasado que creíamos muy lejano. La televisión ya no es así. Afortunadamente.

Tele de verano

Hyde | 23 de junio de 2011 a las 2:30

A estas alturas, casi resulta una perogrullada subrayar la importancia de los malos en cualquier historia de ficción. Perfilarlos bien es tan o más importante que contar con un buen protagonista. A veces, el malo es incluso el personaje principal, el que provoca un mayor impacto. ¿O acaso no es Darth Vader lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en Star Wars? Además, en televisión funcionan especialmente los protagonistas ambiguos, que se mueven por el filo de la navaja y a los que no conseguimos ubicar. Tony Soprano, Vic Mackey, Walter White, Jax Teller, el mismo House, son todos seres a los que podemos odiar y querer a la vez. Si además resulta que la historia es de ciencia ficción, el enemigo resulta fundamental. No hace falta diseñar uno tan repulsivo y estremecedor como el alien de Cameron o el depredador que perseguía a gobernator por la selva centroamericana. Tampoco llegar a la impresionante presencia de los invasores de ‘La guerra de los mundos’ o a la complejidad de los cylons de ‘BSG’. Pero hay que currárselo un poco. Y me temo que son precisamente los extraterrestes lo que ni funciona ni va a funcionar en la nueva ‘Falling Skies’, que se estrenó con un capítulo doble el pasado domingo en la TNT y que en España se podrá ver mañana.

Publicitada como una producción de Spielberg y su estudio Dreamworks, otro de los nombres detrás de esta serie que nos infunde todo el respeto es el de Graham Yost, creador de ‘Justified’ y también productor de ‘The Pacific’. El protagonista (bueno) es el siempre carismático Noah Wyle, conocido por el público como el entonces joven doctor Carter de ‘Urgencias’ y ahora un viudo padre de mediana edad, con tres hijos, que forma parte de la resistencia humana a una invasión alienígena del planeta. Y si en otros casos los extraterrestres venían a por los recursos naturales, ahora vienen a por los niños. Prácticamente todo funciona en este piloto doble, con buenos momentos como esa difícil elección que el personaje de Wyle, el profesor de historia Tom Mason, hace entre una pila de libros a abandonar entre las ruinas. Escoge, como no podía ser de otra forma, el que tiene uno de los mejores comienzos de la historia de la literatura. También, hablando de inicios, es fantástica, original y poco costosa la forma de situarnos en contexto y contar la invasión, a través de los dibujos del hijo pequeño de Mason. Así que podríamos estar ante una buena serie, que recuerda por momentos a ‘The Walking Dead’ por aquello del apocalipsis, y que resulta cien veces mejor que la innombrable reciente versión de ‘V’ -lo cual no es muy difícil-. Pero sin embargo, los extraterrestres, al menos los que se han dejado ver hasta ahora, provocan más risa que miedo. Ni siquiera podríamos catalogarlos de serie B de los sesenta. Y así resulta casi imposible cautivar una audiencia que está acostumbrada a contemplar quizás no derroches, pero sí buenos efectos especiales en televisión, como ocurre con ‘Juego de Tronos’ y esa escena final…

Aviso al espectador: está entrando en zona de guerra

Hyde | 31 de marzo de 2011 a las 12:49

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Hace poco más de un año, un año y trece días para ser exactos, andábamos por aquí sobrecogidos, vapuleados, con la cara de quien recibe un aluvión de golpes sin saber de dónde vienen. Acabábamos de ver el primer episodio de ‘The Pacific’, la miniserie de la HBO, Spielberg y Hanks sobre la guerra contra Japón. Quienes llevábamos años esperando una segunda versión de ‘Hermanos de Sangre’, la anterior miniserie sobre la campaña europea rodada por los mismos nombres ilustres, nos llevamos una terrible sorpresa. Fuimos a coger margaritas y nos dieron de hostias.

Que nadie se equivoque: ‘The Pacific’, que estrena hoy en abierto Antena 3 tras su emisión anterior por Canal Plus, es una serie excelente, perfecta si su objetivo es transmitir al espectador los indescriptibles horrores de la guerra, aclararnos que los combates en Europa fueron un juego de niños comparados con los de las selvas asiáticas, que no hay héroes sino muertos y asesinos. Así que no tiene piedad con el espectador ni con los personajes y no da la más mínima concesión al alma desde el primer capítulo. Si acaso su capítulo final, en el que por primera vez se refleja, con bastante fidelidad, la vuelta a casa de los espectros en que se han convertido esos jóvenes que se marcharon alegremente a vengar el ataque infame a Pearl Harbor. Que nadie espere por tanto un desarrollo profundo de los personajes y sus relaciones, tramas secundarias y paralelas, que bien se hilaban en su la extraordinaria antecesora, una obra de culto sobre los paracaidistas de la 101 aerotransportada. Esto es la guerra y se viene a matar o morir, tanto a manos de los japoneses como de los mosquitos y las enfermedades de la jungla.

Ha pasado un año, como digo, y todavía siento en el estómago el puñetazo que fueron algunos capítulos, la certeza de estar ante una obra audiovisual excelente y a la vez muy desagradable, en la que a veces cuesta resistir la tentación de usar el mando a distancia para escapar de tanto horror. Sus escenas bélicas no tienen nada que envidiar a las de ‘Banderas de nuestros padres’ o ‘Cartas desde Iwo Jima’, y al terrible enemigo apenas se le ve, pero siempre está presente.

Con ‘The Pacific’ descubrimos una nómina de estupendos actores a los que hemos seguido desde entonces. Al lánguido James Badge Dale, que protagoniza la injustamente suspendida ‘Rubicon’ pero que tiene pintas de estrella, a Jon Bernthal que luego veremos en ‘The Walking Dead’, a Joseph Mazzello, que se mezclará en ‘La red social’…

En definitiva, más que una serie se trata de una experiencia para la que no existe entrenamiento previo. Como la guerra. Aunque en este caso han tenido un año de aviso para preparar el cuerpo.

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Un regalo inolvidable

Hyde | 4 de enero de 2011 a las 14:15

ESPAÑA-NAVIDAD

En estas entrañables fiestas, y no sigo con ese tono porque corro el riesgo de parecerme al Rey, la mayoría de nosotros hace juegos malabares para encontrar el regalo adecuado para la persona adecuada y al precio adecuado. Si ustedes son como servidor, corren el riesgo de dejarlo todo para última hora, es decir, hoy, y eso se paga caro. Al final acabamos comprando lo primero que nos entra por los ojos, y como los ojos no son tontos, la gracia nos cuesta un dineral. Por lo general nos olvidamos de que todavía hay mucha gente, cada vez menos, que aún gusta de ver las series dobladas, que tiene la paciencia suficiente para esperar a que termine toda la temporada e incluso para que una cadena española compre sus derechos. No es mi caso. Soy físicamente incapaz de esperar todo ese tiempo, a veces más de un año, para que las televisiones nacionales tengan a bien mostrarme lo que quiero ver y no las bazofias con que habitualmente nos obsequian y que engulle a la fuerza, almax mediante, el sofalícola Gallardo. Mi estantería está repleta de series compradas a tocateja hace años, de hecho ese fue el inicio de una adicción que poco más tarde se rebeló, cual la tripulación de la Bounty, contra un absurdo: ¿por qué esperar tanto y pagar un pasta cuando puedes descargarte un capítulo que fue emitido horas antes en la televisión americana? ¿Si estás en EEUU de viaje o te conectas a una tele por internet puedes verlo gratis y si no es así, no? Entiendo que el cine, que implica pagar una entrada, es otra cosa, pero no se pueden poner barreras al consumo de la poca televisión de calidad que se emite. Y qué demonios, si la AMC y la HBO establecieran un mecanismo por el que tuviera que pasar por caja para ver sus joyas, estaría más que dispuesto a hacerlo.

En todo caso, y sin perdernos en la polémica de la ley Sinde, pocos regalos pueden ser mejores, y más rentables, que descubrir a un ser querido el insuperable mundo de las series. Requiere un trabajo psicológico previo, porque no a todo el mundo le gusta ‘Dexter’, y quizás el adicto de ‘Mad Men’ abomine de ‘Battlestar Galactica’, aunque no lo creo. Así que ahí van diez recomendaciones de ahora y siempre. Y ojo que según el establecimiento el mismo pack puede costar hasta 20 euros más o menos:

Los Soprano (visto a 85,49 euros): A menos de un euro cada episodio, no hay mejor regalo que éste. Sus seis temporadas le cambiarán la vida. Cualquier loa se queda corta para esta obra maestra de lo audiovisual. No es sólo un tratado sobre la mafia, la familia, la ambición, el drama y la comedia. Los Soprano lo abarca todo. El afortunado que reciba este regalo estará siempre en deuda con usted. Ya mandará a Tony Soprano a cobrarse el favor.

A dos metros bajo tierra (a 68,39 euros): La vida y la muerte, y no es la letra del romance de Curro el Palmo. Sólo a Alan Ball, guionista de American Beauty, se le podía ocurrir hacer una serie sobre la familia que dirige un funeraria. No sólo se trata de una obra extraordinaria, poética, divertida y trágica, sino que además le debemos haber descubierto a uno de los iconos de la nueva TV, el gran actor Michael C. Hall.

Mad Men (tres temporadas a 80 euros). Puede quedar como un visionario regalando esta serie inclasificable y pionera, exigente, que pone un listón de entrada muy alto, pero cuando le aguantas los primeros capítulos a esta pandilla de creativos machistas, fumadores y alcohólicos, descubres que no hay nada más parecido a la vida. Nadie dice lo piensa y nadie es más brillante, más misterioso y quizás más desgraciado que Don Draper. La única pega a este pack es que le falta la rompedora e histórica cuarta temporada, con algunos de los mejores capítulos jamás emitidos en televisión.

Perdidos (a 170 euros). Aunque a priori pueda parecer un regalo caro, son 94 horas de emociones trepidantes, una montaña rusa de acción, suspense e intriga que ha revolucionado la historia de la televisión, pese a su controvertido final. Las aventuras de un grupo de supervivientes en la isla misteriosa (no confundir con la de Julio Verne, que acojonaba mucho menos). Si usted es capaz de ver la primera temporada sin engullir con ansiedad varios capítulos seguidos, seguro que le devuelven el dinero.

The Wire (a 90 euros). Más que un obsequio navideño, es una faena. La magistral inmersión del periodista David Simon en los guetos de Baltimore, el mundo de la droga, el crimen, la trata de blancas y la corrupción general. No es una serie fácil (“Que se joda el espectador medio”, llegó a decir su creador), pero muchos sostienen que es la mejor de la historia. Quizás no de servidor, pero no seré yo quien inicie una polémica por ello.

Roma (45,60 euros). Son sólo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Esta ‘joint-venture’ de la HBO y la BBC, en esos momentos las dos grandes cadenas de referencia en términos de calidad (luego llegaría la AMC) fue una producción carísima y ruinosa que mereció la pena para los que la disfrutamos. De la mano de un casting extraordinario retrocedemos a los días de Julio César, Augusto, Cleopatra y Marco Antonio, contados por un centurión romano y su fiel compañero de armas. Violencia, sexo e intrigas palaciegas para una recreación histórica de primera. Lástima que se incendiaran los estudios de Cinecittá, aunque quizás les prendieran fuego para cobrar al menos el seguro.

Hermanos de Sangre (40 euros). Ni se le ocurra regalar o regalarse The Pacific si no vio la anterior miniserie sobre la campaña europea, de los amigos Spielberg y Hanks, basada en el estupendo libro homónimo de Stephen Ambrose. Seguimos a la compañía Easy de la División 101 aerotransportada en su lucha contra los nazis. Una joya.

Damages, Daños y perjuicios (primera temporada a 30 euros). Puestos a hacer un buen regalo no demasiado caro, la primera temporada de esta serie de abogados protagonizada por Glen Close es histórica y redonda. Luego cae en picado. Una brillante abogada recién salida de la facultad decide fichar por el polémico bufete de Patty Hewes, especializada en demandas colectivas y con unos métodos poco ortodoxos. Ambición, suspense y una mala para el recuerdo.

El Ala Oeste de la Casa Blanca (97 euros). No es sólo una serie, sino un tratado utópico sobre lo que es y debería ser la política. Una obra maravillosa, escrita y producida por ese maestro de los diálogos que es Aaron Sorkin (guionista de ‘La red social’, ‘Algunos hombres buenos’ y ‘La guerra de Charlie Wilson’), y protagonizada por Martin Sheen, un presidente de ficción que seguro influenció a Obama.

Battlestar Galactica (100 euros). La versión moderna es mucho mejor que la antigua, pese a que alguna de las temporadas se pareció peligrosamente a una telenovela entre humanos y cylons. La raza humana busca refugiarse en la Tierra tras quedar al borde de la extinción por un ataque a traición de los cylons. Protagoniza Edward James Olmos, muy bien como comandante Adama.

Nada de pacífico

Hyde | 13 de mayo de 2010 a las 11:19

the pacific

‘The Pacific’ no es una miniserie. Es un tratado sobre los horrores de la guerra. Quienes esperábamos una versión asiática de la estupenda ‘Hermanos de Sangre’ seguimos en estado de shock cuando sólo queda un capítulo para el final. Spielberg y Hanks no sólo se han fundido el presupuesto de la HBO para este año, como se quejaba irónicamente David Simon por los recortes que ha sufrido su excepcional ‘Treme’, también están dispuestos a acabar con la moral del telespectador. ¿Quién dijo que la guerra puede tener un final feliz? Si en los primeros capítulos nos quejamos de que no había desarrollo de los personajes, ahora nos arrepentimos de que los guionistas se atrevieran a darles un poco de cuerda. Total, para pasarlos después a cuchillo sin misericordia…

Al terminar esta obra, el espectador tendrá la sensación de haber completado la campaña, de haber perdido a amigos que no llegó a conocer, de haber presenciado escenas de pesadilla, como los marines sacando a cuchillo los dientes de oro de los enemigos caídos, esa toma cenital que cierra el capítulo de Iwo Jima, un infierno que parece sacado del pincel de El Bosco, el cadáver del carismático capitán retirado del frente entre las lágrimas de los marines. No vemos su fin a manos de un francotirador, simplemente se lo cargan y se acabó. Es una de las claves de esta obra: como en la guerra real, casi nunca se ve al enemigo hasta que es demasiado tarde. ¿Y qué me dicen del ataque de nervios, del pánico del soldado veterano que parecía Clint Eastwood? Sin duda esta serie nos ha proporcionado momentos para la memoria, como ese regreso fúnebre de lo que queda del batallón al campamento.

Después de ‘The Pacific’, que no tiene nada de pacífica, cualquier director tendrá que pensárselo muy bien antes de rodar una película bélica. Hanks, Spielberg, Graham Yost, no han dejado un resquicio libre, ni un palmo de terreno sin conquistar en lo que se refiere a la violencia, física y mental, de la guerra. Aunque Spielberg no se arredra: acaba de anunciar una cinta sobre la Primera Guerra Mundial. Nos da pánico.

Poco entrenamiento

Hyde | 18 de marzo de 2010 a las 11:38

ThePacific-1“No sé por qué te empeñas en que veamos cada película y serie de guerra que sale nueva. ¡Con lo desagradable que es ésta!”. Mrs. Hyde me expresaba la otra noche su disgusto e incomprensión femenina ante el primer capítulo de ‘The Pacific’. Al contrario que su hermana mayor, ‘Hermanos de Sangre’, la nueva obra bélica de la HBO, Hanks y Spielberg, no da ninguna concesión. El piloto no nos lleva a los campos de entrenamiento de los marines, un recurso fácil y recurrente pero siempre enormemente atractivo. Desde ‘La chaqueta metálica’, hacerlo es casi obligatorio, una buena forma de introducir a los personajes centrales, sus orígenes y sus principales atributos. Sin embargo, ‘The Pacific’, nos mete de lleno en la batalla de Guadalcanal, tras unos minutos introductorios de arranque en los que hay que destacar la cena navideña de la familia italoamericana despidiendo a uno de sus hijos, el movido rancho en el interior de uno de los buques de transporte. A partir de ahí, no hay nada parecido al escenario europeo, donde todo podía resultar familiar a los soldados. Aquí se enfrentan desde el principio a la jungla, a un enemigo del que sólo se ven sus rastros: los cadáveres brutalmente torturados de unos compañeros, el verde de la selva moviéndose por el viento y haciendo infinidad de ruidos sospechosos.

De momento ‘The Pacific’ parece también una obra sobre Vietnam, una reflexión sobre la rápida degradación de la condición humana en la guerra, la crueldad, el miedo, el cambio irreversible que sufre quien ha visto el horror. Es tan realista que bien podría pasar por ‘Cartas desde Iwo Jima’ o ‘La delgada línea roja’, aunque todavía es pronto para hacer un análisis. Principamente nos ha sobrecogido. Ese amanecer con la playa y el rebalaje lleno de cadáveres, que nos recuerda un poco a ‘Salvar al Soldado Ryan’, ese japonés que se enfrenta sin armas a todo un pelotón estadounidense, una muerte que no resulta inútil: los marines descubren el terrible enemigo al que tendrán que enfrentarse a partir de ahora. De momento, el primer episodio de ‘The Pacific’ es como un desembarco para el ansioso espectador que lleva años aguardando esta serie. No importa lo que esperáramos: está claro que no estábamos preparados.

Regalitos del nuevo año

Hyde | 8 de enero de 2010 a las 13:13

http://www.youtube.com/watch?v=9ZDuVJQ7pDI&feature=related El tradicional parón navideño, que nos deja sin alpiste televisivo, nos obliga a echar la vista tanto hacia atrás como adelante, a revisar series que dejamos escapar en su momento y a esperar con impaciencia el inicio de las nuevas. Estos días, para escapar un poco de tanta yanquifilia, ha caído en nuestras manos una serie europea. Y no, no se trata otra vez de un producto de la exquisita BBC, sino de una serie italiana. Sí, lo han adivinado: estamos viendo Roma criminal. Canal Plus comenzó a emitir en noviembre la adaptación televisiva de la novela y película homónimas, producida por la privada Sky cinema. Narra el ascenso -de momento no hemos visto la caída- de la banda de la Magliana, un grupo de jóvenes rateros que logra hacerse con el control de los bajos fondos de la ciudad eterna. Una serie realista, a ratos brutal, con un magnífico casting y bastante entretenida para quienes añoramos un poquito de mafia desde el fin de Los Soprano. En cuanto a este año, siguiendo en Europa y con adaptaciones de novelas, aguardamos con ansiedad las tres nuevas entregas del inspector ‘Wallander’ de la BBC y de una de nuestras debilidades: Kenneth Branagh. Los primeros tres episodios fueron sencillamente magistrales. Si TVE quiere realmente emular a su homóloga británica, ya puede empezar a apostar fuerte por la ficción televisiva. Y que no sean telenovelas, señora.

Si cruzamos el charco, hay varios platos fuertes esperando en la nevera. Gracias a dios, el 2 de febrero por fin llega la última temporada de ‘Perdidos’. La criatura de J.J. Abrams, Lindelof y Lieber es fascinante, pero incluso las montañas rusas llegan a aburrir. Lost ha tenido muchos altibajos, si bien es cierto que ha hecho historia en televisión por su original trama, su uso del flashback y el misterioso mundo en el que mete al espectador. Nunca olvidaremos las emociones que nos regaló la isla. Pero todo debe llegar a su fin. ¡Y por todos los diablos, que la explicación a este lío sea creíble!

En marzo debe comenzar la tercera temporada de ‘Breaking Bad’. Ya hemos escrito alguna vez de esta joya de Vince Guilligan, que empezó como comedia ácida y que cada vez se pone más tenebrosa. Pero sigue igual de brillante y diferente. Su protagonista, Bryan Cranston, es un actor fabuloso, y ya le ha birlado los dos últimos Emmy a Jon Hamm y Michael C. Hall.

Pero si hay un estreno esperado, desde hace casi una década, es la miniserie gemela de ‘Hermanos de Sangre’. Spielberg y Tom Hanks se vuelven a juntar con la HBO para nos olvidemos de Normandía, las Ardenas y el Nido de las Águilas, y nos vayamos a Guadalcanal, Iwo Jima. Todo con un presupuesto espectacular de 150 millones de dólares que multiplicará el batacazo si la serie fracasa. Porque ‘El Pacífico’ tiene el listón altísimo. 

La última frontera

Hyde | 15 de mayo de 2009 a las 19:13

J.J. Abrams, el mago de la televisión, el próximo Spielberg, ha conseguido lo imposible: resucitar de entre los muertos a ‘Star Trek’. Lo confieso: siempre he sido mucho más de Galáctica (sus dos versiones) que trekkie, aunque me hicieran tilín los episodios de ‘La Nueva Generación’ por esa voz imbatible que tiene Patrick Stewart.

Pero la nueva película de Abrams y Damon Lindelof, los dos creadores de ‘Perdidos’, engancha desde el principio y nos hace preguntarnos si no fuimos imbéciles por no caer antes en las redes de la saga. Es un grandísimo homenaje que sobrepasa a sus antecesores. Pura acción trepidante hasta los títulos de crédito, ciencia ficción como hacía años que no disfrutábamos, y sin caer en las cagadas de Lucas y sus precuelas de Star Wars (aunque aparezca un personaje que casi evoca a los terribles ewoks, que tanto daño hicieron).

En la Star Trek que ha celebrado la crítica, de la que habrá una nueva edición en 2011, brilla Zachary Quinto, el malo, malo, malísimo, Sylar de Héroes. Un gran Spock, sí señor. Y la aparición de Leonard Nimoy tampoco es el típico cameo barato. No desvelaremos nada al lector, pero merece la pena. El cine no ha muerto, pero tiene que salvarlo la televisión.