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El estreno del otoño

Hyde | 11 de octubre de 2012 a las 13:55

Juntemos a uno de los mejores creadores televisivos de la última década, una cadena potente como la ABC, un buen casting, un gran guión con diálogos brillantes. Y añadamos una crisis con un submarino nuclear con 18 cabezas atómicas a bordo. Tendremos el que por el momento es con diferencia el mejor estreno del año, ‘Last Resort’, un thriller político-militar que llega con la firma de Shawn Ryan, el responsable de ‘The Shield’, posiblemente la mejor serie que no has visto.

A mucha distancia de ‘Revolution’ o de ‘Vegas’, ‘Last Resort’ constituye un gran ejemplo de la premisa fundacional de este artículo: la televisión puede mirar cara a cara al cine y muchas veces ganarle la partida, porque cuenta con grandes ventajas, principalmente el tiempo y la capacidad para desarrollar los personajes y las tramas. A priori, esta serie podría ser una buena película, una nueva versión de la ‘Marea Roja’ del recientemente desaparecido Tony Scott. Y corre el grave riesgo del síndrome del piloto perfecto: tan bueno e intenso que la serie tiende a desinflarse y hundirse progresivamente porque nunca volverá a estar a la altura de su primer episodio. Le ha ocurrido a varias, entre ellas a ‘Flashforward’, aunque los responsables de ‘Last Resort’ aseguran haber aprendido de las malas experiencias anteriores. Al respecto le preguntaban a Ryan en una entrevista reciente, y también sobre cómo planeaban extender la trama en formato de serie lo que parecía una película conclusiva. Y en su respuesta Ryan demostró que sabe bien lo que se trae entre manos: “Es una cita clásica de Mike Tyson, todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la cara. Y producir una serie es recibir constantemente puñetazos en la cara y levantarte. A diferencia de otras series, nuestro show no es tanto sobre un misterio como sobre una situación y un conflicto que creemos podemos desarrollar. No se trata de retener un gran secreto a la audiencia y hacerla esperar. De momento hemos escrito siete episodios y no nos hemos quedado sin historia. Lo mejor es que tenemos un enorme lienzo internacional al que literalmente puedes traer jugadores. Podemos ir a Washington, a Rhode Island, podemos estar dentro del submarino. Ir a Hong Kong… Podemos hacer cualquier cosa”.

 

Visto el segundo episodio, tanto la acción como la trama mantienen el nivel alto y, como dice Ryan, la paleta de colores de esta serie se antoja infinita: Navy Seals, Deltas, Spetnatz, batallas submarinas…

 

Imprescindible

Hyde | 12 de abril de 2012 a las 13:02

Hay algo rotundamente masoquista, un placer perverso, en disfrutar bajando a los infiernos callejeros de Los Ángeles. Primero con la extraordinaria y añorada ‘The Shield’, y en la actualidad con ‘Southland’, que cada año se nos hace más corta. Si la primera nos adentraba en la corrupción plena, de bandas, de drogas, prostitución y de los propios policías protagonistas, la segunda se ha emancipado y ha logrado dejar de ser considerada como su heredera.

A los cuatro años, la criatura de Ann Binderman (‘Las dos caras de la verdad’, ‘Enemigo público’, ‘Policías de Nueva York’) y John Wells (‘El ala oeste de la Casa Blanca’, ‘Urgencias’) se ha consolidado como una de las mejores series de la parrilla televisiva. La competencia es durísima, sí, pero ‘Southland’, con ese formato tan especial, de falso documental, con sus elipsis, su voz en off inicial, puede mirar cara a cara a cualquiera. Y en la edad dorada de la televisión, con tantas joyas y obras maestras compitiendo simultáneamente como ‘Breaking Bad’, ‘Mad Men’, ‘Justified’, ‘Juego de Tronos’ o ‘The Good Wife’, eso son palabras mayores. ‘Southland’ tiene un casting modesto pero tremendamente funcional y talentoso. Al repartirse los tiempos de cada episodio, no hay un protagonista claro. Aunque a efectos de brillo, nadie lo hace tanto como Shawn Hatosy y Michael Cudlitz, los dos pesos pesados. La serie, a la que en una de sus decisiones desastrosas, renunció la NBC -se emite en TNT-, es una de las más crudas y emocionalmente violentas que jamás se hayan hecho.

Ninguna te agarra y retuerce las tripas de esa forma, sumergiéndonos en las dudas de sus policías patrulleros, siempre sintiendo la tentación del camino más fácil pero menos correcto, la impotencia de luchar con unos medios y un sistema ineficaces contra una hydra a la que siempre le vuelven crecen las cabezas que le cortas. Este año han estado como estrellas invitadas Lucy Liu, que pese a las dudas iniciales ha creado un personaje tan redondo como odioso, y Lou Diamond Phillips, en el papel de poli pasado de vueltas que ya lo ha visto todo. Y el finale probablemente haya sido el mejor del año. Será muy difícil superar la intensidad de esas notas del ‘Street Fighting Man’ de los Rolling mientras se produce ese cruce de miradas entre Obi wan Kenobi y Anakin Skywalker… Sí, en ‘Southland’ siempre se siente la presencia del Lado Oscuro.

Por una muerte digna

Hyde | 15 de septiembre de 2011 a las 13:51

Como en los toros (disculpas a los antitaurinos, pero es el símil más certero que me viene a la cabeza), las series también se enfrentan a su suerte suprema: el momento de matar y de morir. Hay pocas series que se vayan con la misma grandeza con la que se desarrollaron durante años. Cerrar el ciclo y despedirse de unos personajes y un casting con los que se han compartido años, risas, lágrimas, broncas y premios requiere talento, valentía y coherencia del creador y los productores. Y por lo general estos no están demasiado dispuestos a dejar morir dignamente a la criatura.

(A partir de ahora, ligeros espoilers sobre series ya terminadas). Ya hemos dicho por aquí alguna vez que el mejor finale, en opinión de servidor, es el de ‘The Shield’, con ese Vic Mackey encadenado a la oscura oficina cual Prometeo al que el buitre de la burocracia le picotea el hígado todos los días. No está tampoco mal, aunque no compartimos el entusiasmo generalizado, el cierre vital de ‘A dos metros bajo tierra’. Un pelín videoclip para el gusto de servidor. Tampoco me pareció justo el final anticipado que se tributó a Nate. A una de las mejores series de la historia le sobró quizás la última temporada, puede que ya víctima de la locura que Alan Ball desarrollaría años después en ‘True Blood’.

Los dos finales que más polémica han levantado, más charlas de café y análisis teórico han generado, son los de ‘Los Soprano’ y el de ‘Lost’. El primero no apasiona porque David Chase no se mojó y dejó las cosas muy abiertas. Sé que se trata de un análisis simplista, que hay hasta tesis doctorales analizando cómo estaban colocados los azucarillos del bar, si Tony Soprano ya estaba muerto o no… Personalmente, me habría sentado muy mal que se cargaran a mi mafioso favorito, aunque puede que artísticamente fuera lo mejor. Bien alto o notable. En cuanto a ‘Perdidos’, el finale fue un gran capítulo, muy espectacular, pero una estafa total al espectador que siguiera toda la serie. Ni se cerraba ni se aclaraba nada de lo que se había prometido durante años: que todo tendría sentido. Hombre, no se trató del final de ‘Los Serrano’ del “todo ha sido un sueño” (ese fue para denunciarlo directamente en Fiscalía), pero bastante tomadura de pelo con el Humo negro, el encuentro de almas y demás sí que fue.

Hay series que no sienten la necesidad de cerrar la historia. La dejan abierta, y en el caso de ‘En terapia’, con ese doctor Paul Weston mezclándose con la gente por la calle (de las contadas veces, salvo en una cafetería, que lo vemos fuera de la consulta), la opción es buena. Funciona y es bella.

Otras, en cambio, se despiden uno a uno de los personajes y nos los dejan perfectamente situados, sin cabos sueltos. Como prácticamente sus cinco temporadas, el final de ‘Friday Night Lights’ es de gran belleza y emoción. Y la imagen del balón volando es una de las mejores transiciones de la historia de la tele. Da miedo pensar que quieran rodar una película para continuar una historia perfecta, que recordamos con inmenso cariño.

‘Battlestar Galactica’ es otra de las grandes series que se nos fueron en los últimos años. Notable alto, con esos acordes de Jimmy Hendrix y su majestuoso ‘All along the watchtower’.  Y de las que nos cortaron quizás demasiado pronto, está muy, muy conseguido el adiós de ‘Lights Out’. Inquietante, tan estupendo cierre como hasta luego en el caso de que la cadena FX hubiera sido un poco más valiente y hubiera dado otro año a esta buena serie sobre el retorno al ring de un boxeador retirado.

Luego están los finales que ni apuestan por el cierre ni por la continuación, que no dan respuesta a los distintos interrogantes abiertos y que para colmo son un pésimo capítulo. Son episodios que nos dejan con un mal sabor de boca, cuando en este negocio del espectáculo y el ‘storytelling’ el ‘closure’ (el arte suprema, recuerden) es fundamental, lo que decide el aplauso o los pitos, si sacamos a hombros al showrunner o lo maldecimos.

Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué me gustaba tanto ‘Entourage’. Disfrutaba como un enano con las aventuras de Vince Chase, las preocupaciones de E, los numeritos de Drama, las inquietudes empresariales de Tortuga y, sobre todo, con las salidas de tono de Ari Gold (grande Jeremy Piven), uno de los mejores personajes de la historia de la tele (si alguien quiere saber cómo se hace un ERE, que pinche aquí). Sí, puede que los guiones cayeran a lo largo de sus ocho años, pero al fin y al cabo en esos veintitantos minutos de cada episodio Doug Ellin conseguía meternos en la pandilla, en las fiestas de Hollywood, en la parte trasera del salvaje, duro y sin escrúpulos negocio del ‘séptimo arte’.

El finale de Entourage, que se emitió el pasado domingo en la HBO y anticipa una película que posiblemente se acabará rodando, es un ejemplo de cómo no cerrar una serie, ni siquiera para decir hasta luego. No sólo porque ya hemos visto antes esa escena en el aeropuerto. Nos saltamos el ligue y la conquista de Vince de la que iba a ser la horma de su zapato, que de repente se convierte en gatita facilona. Ni a Drama ni a Tortuga los despedimos como se merecen. Y la decisión toscana de Ari no se la creen ni él ni su mujer. Es un churro, lo miremos por donde lo miremos. Y me ofende porque hasta el final mantuve la fe y el aprecio por ‘El séquito’.

Más polis que series

Hyde | 24 de febrero de 2011 a las 9:17

*Apr 07 - 00:03*

Si hay una temática explotada en la televisión son las series de policías. Eso no es obstáculo para que cada año la parrilla se llene de ellas, en una pelea a tiros por la audiencia de la que sobreviven muy pocas. Y no, no pienso hablarles hoy de la franquicia CSI, la churrería de forenses de Bruckheimer que hace bastantes años nos empachó. Seguramente el día que sufrimos la indigestión fue el mismo que empezamos a ver la obra maestra policiaca de la década, ‘The Shield’. Se pueden contar con una mano las series mejores que ‘Al margen de la ley’ (su ‘traducción’ española), que pese a lo trillado del género fue revolucionaria por su perfecta mezcla de realismo, acción y drama grabados cámara al hombro, con un grupo de personajes redondos, de esos que no sabemos si son buenos, malos o regulares. Los polis del ficticio distrito angelino de Farmington podían ser corruptos, ambiciosos, amorales, justicieros, preocupados padres de familia, héroes o todo eso a la vez. Pero cuando terminaba un episodio el espectador tenía la sensación de haberse metido con ellos hasta la cintura en las cloacas de la miseria humana.

Su creador, Shawn Ryan, no ha tenido la suerte de su discípulo y guionista Kurt Sutter (‘Sons of Anarchy’). Hace poco le cancelaron la aplaudida ‘Terriers’ y estos días su nueva criatura policial, ‘The Chicago Code’, no está teniendo la acogida esperada. Es un poco chocante ver a Jennifer Beals, que se conserva sin arrugas pese a que han pasado casi 30 años desde ‘Flashdance’ como dura comisaria jefe embarcada en una guerra contra la corrupción. También al joven Matt Lauria, quien en nuestro subconsciente acaba de salir del instituto de Dillon de ‘Friday Night Lights’, como detective. Pero sí que nos está convenciendo la interpretación de Jason Clarke como protagonista. Otra cosa es la historia central. Le daremos unos episodios más de crédito por tratarse de Ryan, pero de momento es una serie de polis como cualquier otra, y no esperábamos eso. ‘Blue Bloods’, la serie sobre una saga familiar de policías neoyorquinos, los Reagan, es otro tópico andante, empezando por los créditos de inicio más insulsos de los últimos años. De acuerdo, salen Tom Selleck y Donnie Walhberg, el hermano feucho pero talentoso de Mark, aunque de momento no es suficiente. Estos días también ha vuelto una de las sorpresas de la temporada pasada, ‘Justified’. Seguimos con el peculiar US marshal Raylan Givens en el condado de Harlan, en pleno corazón ‘redneck’ de Kentucky. Solo por las calmadas pero estremecedoras charlas con las que Timothy Olyphant reduce a los delincuentes (el tío los tiene de acero) merece la pena esta serie. También por las apariciones de Walton Coggins, el pérfido Shane de ‘The Shield’ y de Natalie Zea. Más que policiaca, es un western.

Pero si hay una serie que este año empieza a ganarse el respeto de los seguidores de ‘The Shield’ es ‘Southland’. No lo ha tenido fácil esta cruda obra coral, en la que seguimos a patrulleros y detectives por Los Ángeles, esa ciudad infernal que rodea Hollywood llena de pandilleros, narcotraficantes y todo tipo de escoria. Con problemas de audiencia, en su tercer año han dado con la clave. Y han usado un truco que siempre funciona para ganarse el respeto: se han cargado a uno de los protagonistas.

De guantes, capas y escudos

Hyde | 18 de enero de 2011 a las 14:00

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Se me acumula el trabajo. De todas las series nuevas, sólo he podido ver los pilotos de ‘Lights Out’ y ‘The Cape’. De la primera, es una versión televisiva de Rocky (IV o V, qué más da): un boxeador retirado se queda en la ruina y para mantener a su familia se plantea hacer de matón para un mafiosillo o volver al ring, pese a las advertencias de su mujer. Es de la cadena FX, la casa de los ‘Sons of Anarchy’, y no tiene mala pinta. La seguiremos.

La segunda, de la NBC, está basada un cómic de superhéroe y hecha para todos los públicos (con las connotaciones negativas que eso tiene y de las que ya hemos hablado alguna vez en este blog). Un policía al que tienden una trampa se convierte en superhéroe y se embarca en una lucha contra una gran corporación presente en 17 guerras y que acaba de hacerse con el departamento de Policía de Palm City. Una extraña y elástica capa (vaya chorrada) es su gran arma, además de las habilidades que adquiere con un grupo de circenses-atracadores que lo rescatan de la muerte. En definitiva, mi agenda está demasiado saturada como para perder 45 minutos semanales viendo semejante tontería. Porque ni el estilo, ni el guión ni los actores ni los personajes tienen un mínimo atractivo, salvo ese enano boxeador que se dedica a pegar palizas. Aparecen algunas caras conocidas, como Summer Glau (la terminator ‘amiga’ de John Connor), James Frain (todo lo bien que estuvo en ‘True Blood’ como vampiro psicópata lo está de mal en esta serie) y el ex futbolista inglés Vinnie Jones, tan especializado en hacer de tipo duro que ya resulta cansino.

También ha vuelto hace poco a las pantallas ‘Southland’, otra de polis que quizás no aporte nada nuevo, pero que entra por los ojos si eras fan de ‘The Shield’. Aunque le falta un personaje central protagonista con la fuerza de Vic Mackey.

Regresos y familias en la ABC

Hyde | 8 de abril de 2010 a las 11:17

chiklisEl fin del parón invernal, que supuestamente debía servir a algunos guionistas para recargar las pilas, ha devuelto a las pantallas varias series, así que se nos acumula el trabajo. Hoy nos centraremos en la cadena ABC. Por el momento, ‘V’ sigue siendo la misma bazofia que dejamos en diciembre. Al menos en el quinto episodio por fin vemos una rata… …aunque no es engullida. ‘Flahsforward’, que empezó muy fuerte y después se fue diluyendo como un azucarillo, va a apostar por Dominic Monaghan. Bien hecho. El ex hobbit tiene capacidad, como ya nos demostró en ‘Perdidos’, para aportar muchas capas a sus personajes. Todavía no tenemos claro si es bueno, malo o ambas cosas en la serie, una característica que distingue a las creaciones honestas. A esos dos shows hay que sumar ‘Lost’, que por cierto ha recuperado su brío original tras unos primeros tres capítulos muy decepcionantes, y, especialmente, ‘Modern Family’, uno de los mejores estrenos de los últimos años. Esta comedia de situación innova donde todo estaba trillado, y en cada episodio nos aporta carcajadas de muchos quilates y también las precisas dosis de ternura y reflexión. Es difícil encontrar una serie con un casting mejor, con el hilarante Ed O’Neill como patriarca de la familia. Su presencia inunda la pequeña pantalla. Y luego está Ty Burrell, un actor secundario con mucha experiencia en producciones de Hollywood, interpretando al cansino padre moderno y bastante estúpido. Al principio empacha, pero luego no quieres dejar de verlo. Por no hablar de Eric Stonestreet, el gordito del matrimonio gay, un oso de peluche que jugaba al fútbol americano.

La ABC prepara otra serie familiar que promete ser la sensación de la próxima temporada. Michael Chiklis, nuestro añorado Vic Mackey en ‘The Shield’, y Julie Benz, la sensual pero cursilera Rita de ‘Dexter’, encabezan ‘No ordinary family’, que vendrá a ser la adaptación televisiva y en carne y hueso del éxito de Pixar ‘Los increíbles’. Si la película fue extraordinaria, la serie pinta estupenda.

Desenfunda otra vez

Hyde | 4 de abril de 2010 a las 10:59

timothyNo se puede quejar, pero tampoco es que el actor hawaiano Timothy Olyphant haya tenido mucha suerte. Tuvo que lidiar con un personaje insuperable en el ‘Deadwood’ que supuestamente protagonizaba. El antológico tabernero Al Swearengen que interpretaba Ian Mcshane le robaba hasta la ropa interior a su atormentado y violento sheriff Bullock. Luego se pasó, con más pena que gloria, a la gran pantalla. Vale, hizo de ‘hacker’ malo malísimo en la última edición de ‘La jungla de cristal’, pero después cometió el pecado de encarnar a un videojuego en ‘Hitman’. Y además calvo. Así que desandó el camino y, a la espera de mejores oportunidades, se volvió a la tele. Primero como secundario en la prescindible segunda temporada de ‘Damages’. Tampoco lo tuvo fácil, porque si algo distingue a esa serie es su impresionante nómina de artistas invitados. Ese año bregó con William Hurt, Marcia Gay Harden, y John Doman, entre otros, y no se distinguió especialmente.

Ahora ha vuelto a un papel protagonista, y pinta bien. Parecido a ‘Deadwood’, pero en la era actual, y con otro rival difícil, Walton Coggins, el inquietante Shane Vendrell de la añorada ‘The shield’. Olyphant encarna a un duro agente de la Justicia que, tras cargarse a lo vaquero a un mafioso en Miami, es enviado a Kentucky, su paleto estado natal. Allí se las verá con viejos conocidos de la niñez, algunos convertidos en supremacistas blancos, y nos irá demostrando que no saca el arma si no es para matar. ‘Justified’ está basada en la obra del veterano y prolífico novelista de 84 años Elmore Leonard, que de momento, como la crítica, está bastante satisfecho con los dos primeros capítulos, y ha sido adaptada por el curtido guionista Graham Yost. Es otra serie más de polis pero a priori con ciertos elementos originales, como el ambiente rural y casi sureño de Kentucky y el carácter oscuro del personaje de Olyphant, que le viene como anillo al dedo.

¿Chicas o trajes?

Hyde | 2 de febrero de 2010 a las 13:17

http://www.youtube.com/watch?v=h7jEIcxcdS8&feature=related  Uno de los grandes, grandes, secundarios de la última década es Neil Patrick Harris con su inimitable Barney Stinson. Curioso que Harris hace años que saliera del armario públicamente y que interprete a uno de los grandes ligones ‘womanizers’ de la televisión. Es sin duda el gran gancho de ‘How I met your mother’. Otro de los secundarios cumbre, tan protagonista de su show, ‘Entourage’, como NPH, es Jeremy Piven y su Ari Gold, que no cesamos de alabar en este blog. También Katey Sagal en ‘Sons of Anarchy’ y su Gemma Teller, la gran matriarca del club motero, nos ha dejado momentos inolvidables.

Hemos tenido actores invitados geniales durante una temporada, como fue el reciente ejemplo de John Lithgow en ‘Dexter’, el más lejano caso de Forest Whitaker en ‘The shield’, Ted Danson en ‘Damages’ o el menos conocido pero magnífico Chris Bauer, el estibador sindicalista Frank Sobotka de ‘The wire’.

Pero en cuanto a intérpretes titulares, los tres primeros son los favoritos de servidor. Y no puedo dejar de pasarles este curioso artículo del LAtimes sobre Barney, Harris y los gustos de ambos…

Pero

Nuestras diez series de la década

Hyde | 30 de noviembre de 2009 a las 19:02

six-feet-underLos anglosajones gustan mucho de los rankings y no sé muy bien por qué no los hacemos más por aquí. Así que aprovechando que The Hollywood Reporter ha hecho su lista de las mejores diez series de la década (con ausencias ominosas), que el Pisuerga pasa por Valladolid, haremos otra lista rápida por aquí. Pueden mandar sus aportaciones, que seguro que las hay. Aunque hablamos de series como un conjunto, porque si analizáramos sólo una temporada, tendríamos que incluir productos que comenzaron en el cielo (‘Prison Break’, ‘Damages’, incluso ‘Heroes’) y acabaron totalmente estrellados.  Ahí va nuestra lista:

1.- ‘Los Soprano’. Si alguien duda de ello, le mando un pescado envuelto en papel con Paulie de mensajero. David Chase revolucionó el género televisivo y James Gandolfini creó el mejor personaje mafioso de la historia. Sí, incluidos Vito y Michael Corleone. Echamos de menos a la familia, los suburbios de Nueva Jersey y a la terapeuta.

2.- ‘A dos metros bajo tierra’. Podría haber ganado el oro de no ser por la caída del nivel en las dos últimas temporadas. Los Fischer y su funeraria, o cómo divagar sobre la muerte en televisión sin poder quitarte la sonrisa de la boca y a veces las lágrimas de los ojos. Alan Ball, guionista de ‘American Beauty’, dejó una obra duradera que resistirá el tiempo, y nos descubrió a todos un actor formidable, Michael C. Hall. Tras ‘Six Feet Under’, la muerte tiene otra pinta.

3.- ‘Breaking Bad’. No vamos a rellenar la lista sólo con series de la HBO. Así que, a pesar de que sólo lleva dos temporadas, resulta justo reconocer la originalidad, atrevimiento y calidad de esta ácida -nunca mejor dicho- serie, en la que brilla Bryan Cranston, ganador de dos Emmy. Un perdedor, un profesor de química de instituto de un pueblo de Nuevo Méjico, con un hijo con parálisis cerebral y otro en camino, descubre que tiene un cáncer terminal. Así que decide empezar a sacarle provecho económico a sus conocimientos con el quimicefa para que su familia no tenga problemas en su ausencia. La metamorfosis del profesor Walter White es una de las cosas más impresionantes que hemos visto en televisión.

4.- ‘Entourage’.- Ya iba siendo hora de meter una comedia, aunque ‘El séquito’ sea mucho más que eso. Es una serie sobre el implacable negocio del entretenimiento, sobre la amistad, sobre el éxito y el fracaso. Con cameos de lujo y uno de los mejores secundarios ever, el Ari Gold de Jeremy Piven.

5.- ‘Lost’.- J.J. Abrams es a la televisión lo que Spielberg al cine. Todo lo que toca se convierte en oro. Aunque con ‘Fringe’ no acaba de despegar, ‘Perdidos’ supuso un cataclismo en la narrativa televisiva, especialmente por su uso de los flashbacks. La corporación Dharma, los otros, la isla… aunque ha tenido altibajos, esta isla misteriosa es posiblemente la serie que más engancha. Si tienes varios capítulos, es imposible ver sólo uno. Pero empieza a hacerse pesadita. Y como al final nos digan que todo ha sido un sueño, prometo ir a la isla y prenderle fuego (con Abrams dentro, claro está).

6.- ‘Dexter’.- ¿Una serie protagonizada por un asesino psicópata que no puede pasar unas semanas sin descuartizar a alguien pero que se busca un sistema para hacer el bien?  La idea parece descabellada pero es genial. Cambio radical de papel para Michael C. Hall, que lo borda como este enfermo asocial al que tenemos que querer. Y aunque parezca increíble, los creadores de la serie se las han apañado para que no baje mucho el nivel en sus cuatro temporadas. Mención especial merece el fiscal Prado que encarna Jimmy Smits.

7.- ‘The shield’.- Shawn Ryan hace lo imposible: ser absolutamente original con una serie sobre policias en Los Ángeles. Cámara al hombro seguimos las aventuras, corruptelas y desgracias de Vic Mackey, otro de los personajes antológicos de esta década, por cortesía de Michael Chiklis, a través de los barrios más degradados por la droga y la delincuencia. Es una serie brutal, que impacta desde el episodio piloto, con secundarios de absoluto lujo, en especial Forest Whitaker, que lo borda. Además, en su nómina de guionistas y productores aparece en lugar destacado Kurt Sutter, creador de ‘Sons of anarchy’, actual reina motera de la parrilla.

8.- ‘In treatment’.- ¿Qué clase de bloguero y crítico sería si no recompensara el esfuerzo mental  y físico de Gabriel Byrne para interpretar al terapeuta Paul Weston? Basada en una serie israelí, Rodrigo García (no, no diré de nuevo de quien es hijo, que ya suficiente carga tiene el hombre) nos demuestra que se puede crear una tensión extrema con una charla en una habitación. Seis personas en terapia, con sus distintas sesiones, bastan para darnos cuenta del principio fundacional de la psicología: la culpa de todo es de los padres. Genial.  

9- ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de Hollywood, nos enseñó lo que no vemos del edificio en el que se toman las decisiones que rigen el mundo. En lo que iba a ser una serie sobre el gabinete del presidente, Martin Sheen se tomó tan en serio a su presidente Bartlet que acabó protagonizando los momentos más intensos. Este show un líder demócrata idealista, honrado, culto y profundamente comprometido con sus principios, se emitió paradójicamente durante los tenebrosos años de la era Bush. Pero nos gusta pensar que preparó el terreno para la llegada de Obama. ‘The west wing’ nos devuelve la fe en la política tan rápido como la perdemos en cuanto termina la serie y vemos las noticias…

10.- ‘The wire’. Aunque se me quedan fuera series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Damages’, ‘Mad men’,  ‘How I met your mother’, ‘True Blood’ o incluso ‘Friday Night Lights’, resulta imposible no incluir en una lista de diez series de la década a ‘The wire’, de una factura con una calidad indiscutible. Como ‘The shield’, nos aporta una visión diferente, en este caso de la terrible Baltimore, y nos enseña lo que nunca antes habíamos visto: cómo se desmonta una banda con las escuchas telefónicas.

El último personaje

Hyde | 29 de octubre de 2009 a las 10:57

Ni la trama es original –un poli veterano fuera de control al que ponen como compañero un novato prometedor pero algo ingenuo-, ni es ni de lejos tan brutal como ‘The shield’, ni se trata de una serie que vaya a sorprendernos, porque Scorsese ya sentó cátedra y puso punto y final a las historias de infiltrados. Pero nadie puede negar el morbo, bastante macabro, de ver ‘The Beast’, la serie póstuma de Patrick Swayze. Y aunque sabemos el final desde el principio –no hay segunda temporada porque el actor muere-, visionarla es un bonito homenaje a la vida. Swayze protagonizó grandes y mediocres éxitos como ‘Dirty Dancing’ y ‘Ghost’, alojados en la memoria colectiva de toda una generación. En ninguno de ellos, como tampoco en el resto de su comercial filmografía, demostró demasiado como intérprete. En cambio vuelve a la televisión, su origen con ‘Norte y Sur’, y a pesar de lo avanzado de su cáncer de páncreas terminal, crea un personaje para recordar: El ambiguo y misterioso Charles Barker, un agente del FBI que siempre va por libre y que posiblemente se ha descarriado. Swayze se tomó muy en serio su último papel. Incluso se negó a tomar la medicación contra el dolor para no afectara a su gran interpretación. Vale que al lado le ponen al guaperas Travis Fimmel, un modelo de Calvin Klein que apenas sabe poner caritas, y junto al que el Mocito Feliz parecería Al Pacino. Pero si salvamos ese inconveniente, ‘La Bestia’ –nombre que alude no a la brutalidad del protagonista sino al demonio que te devora por dentro cuando bordeas a diario la frontera entre el bien y el mal- es un mensaje de esperanza, la batalla de una estrella que se negó a hundirse en su enfermedad y dio lo mejor de sí en el último momento. Sólo por eso, y porque además es entretenida y sabemos que se acaba en el episodio número trece, merece la pena verla.