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El mejor trago seriófilo

Hyde | 9 de enero de 2013 a las 22:42

‘Justified’ es como un buen bourbon de esos que se tragan de un buche sus protagonistas en la barra de uno de los muchos bares de Harlan a los que nos lleva: al principio puede costar un poco que entre, pero luego uno va cogiéndole el gusto, apreciando sus matices, incluso paladeando el sabor a madera vieja, disfrutando de lo duro de una de las mejores series de la actualidad, una mezcla entre un western moderno y una novela negra. El martes se estrenó en Estados Unidos la cuarta temporada de esta serie basada en los relatos de Elmore Leonard, veterano escritor que ha acabado de productor y guionista con la colaboración del ‘pata negra’ televisivo Graham Yost (‘Hermanos de sangre’, ‘The Pacific’). Posiblemente sea la serie con los mejores diálogos de la televisión, nada que ver con el estilo ‘Sermonorkin‘. Aquí no escucharán largas y perfectas, utópicas, parrafadas morales y éticas: los personajes de ‘Justified’, además de exhibir un riquísimo acento cerrado sureño -tan apreciable como el bourbon-, hablan como pelean. Cada frase es una bala de plata, una cuchillada, una advertencia de muerte envuelta en terciopelo.

También compite, junto con ‘The Good Wife’, por el título del mejor casting de la tele. Como presuntamente ocurre también con Julianna Margulies y su Alicia Florrick, en ello ha tenido que ver la generosidad de su protagonista y productor, Timothy Olyphant, un actor que ha madurado en barrica de roble, pero no doce años, sino menos de la mitad: apenas han pasado seis años desde su ‘Deadwood’ y dios, qué diferencia entre su tosco Bullock y este Raylan Givens, uno de los mejores héroes de la parrilla actual. Porque tanto la estrella como los responsables de la serie han entendido la importancia extrema de los villanos y su desarrollo. Y en eso ‘Justified’ da lecciones al resto de series. Empezando por uno de esos malos-buenos a los que uno inevitablemente coge cariño, uno de esos asesinos con los que el espectador se iría de copas: el Boyd Crowder de Walton Goggins. Luego, solo en la estelar segunda temporada, apareció Mags Bennet (Margo Martindale), con un personaje antológico. Tan especial como su propio bourbon destilado, el pastel de manzana, y su pequeño Dickie (Jeremy Davies). Y el año pasado introducimos a dos más, a Robert Quarles (Neal McDonough), un tipo inquietante donde los haya, y al carnicero Limehouse (Mykelti Williamson), que ya querría para su trama cualquier serie de primera. A Raylan Givens no le faltan rivales de altura, ni tampoco complicaciones con falda o vía paterna. Y cuanto más débil se vuelve el otrora US Marshal más duro de Kentucky y alrededores, más atractivo y rico resulta el personaje.

Beba o no bourbon, ‘Justified’ es una serie que no se puede perder. Eso sí, verla doblada es como echarle coca-cola. Una verdadera lástima. Un crimen.

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Correr o no correr

Hyde | 23 de febrero de 2012 a las 11:02

Poco a poco, alejándose de los muertos vivientes y centrándose mejor en los conflictos a muerte entre los vivos, la exitosa ‘The Walking Dead’ va adquiriendo el tono de la cadena AMC, sacrosanta casa de ‘Mad Men’ -que regresa, por fin, el 25 de marzo- y ‘Breaking Bad’ -cuya quinta y última temporada, según explicaba su creador, Vince Gilligan, nos mostrará la conversión absoluta al reverso tenebroso de Walter White-. Puede que los aficionados a las series de acción le reprochen su lentitud actual, pero da la sensación de que la larga pausa y refugio en la granja, seguramente motivada también por esos recortes presupuestarios que provocaron la escandalosa salida de Frank Darabont, ha sentado muy bien a la trama. Hay una larga tradición en la ficción anglosajona a echar mano de los clásicos. Todo acaba robándole al mejor, cómo no, a Shakespeare. Y el pulso por el poder y el liderazgo del grupo, en realidad por el amor de Lori y de Carl, y también por la propiedad de algo más, que mantienen Rick y Shane, y que cada vez fractura más al colectivo, es puro guión a lo el Bardo de Avon. Traición, traición y traición. Y las conspiraciones necesarias para llevarla a cabo. Y aunque no falte en cada capítulo el momento absolutamente ‘gore’, la aparición sorpresiva de los asquerosos caminantes, la verdadera tensión y el peligro están en casa. Y no exactamente en el granero…

Con ‘Justified’, en cambio, no hay que aplaudir ningún cambio de ritmo, sino su dificilísima continuidad. En la tercera temporada todo sigue tan sensacional como en la segunda, a pesar de que todo hacía presagiar que se resentiría por una ausencia a priori tan notable como la de Mags Bennet. Como un fondo de armario sin fin, todas las apariciones en Harlan son inquietantes, especialmente los nuevos malos que le van saliendo al encuentro a Raylan Givens, ese moderno vaquero. Debemos quitarnos el sombrero, literalmente, ante el crecimiento interpretativo de Timothy Olyphant. Hay quien sostiene que Boyd Crowder, al que da vida el sublime Walton Goggins, es el verdadero protagonista de la saga. Y si bien es cierto que cada vez que sale en pantalla dan ganas de levantarse del sofá, para aplaudir o para refugiarse detrás porque sabes que algo gordo va a pasar, la maduración del personaje de Olyphant, gracias a esa progresiva debilidad y a esos diálogos , es lo que ha enriquecido a esta serie. La mejor del momento.

Triple A

Hyde | 26 de enero de 2012 a las 12:39

Como ocurre con las calificaciones de riesgo de esas agencias que se dedican a poner nota y especular con la deuda de los países, ese triunvirato de pérfidas firmas yankees que bien podrían ser el Spectra ideado por Fleming, el SD-6 o cualquiera de la Alianza de los Doce de ‘Alias’, cada cierto tiempo hay que revisar la solvencia de una serie. El examen llega con cada nueva temporada, y lo mismo que algunas obras se exponen a perder la máxima nota, otras mejoran con el tiempo. De momento, tras el regreso con su tercera y cuarta temporadas, respectivamente, nada hace pensar que ‘Justified’ y ‘Southland’ pierdan este año su triple A.

No estamos sólo ante los dos mejores policiacos, tan distintos y tan parecidos, del momento. También ante dos de las mejores series actuales, a pesar de contar con la desventaja de pertenecer a un género mil veces manido. De ‘Justified’ y su sensacional segunda temporada se han agotado los elogios. Así que la duda era ver si mantenía el nivel tras la salida forzosa de la Mags Bennett de Margo Martindale, que compuso el año pasado una mala antológica, digna del Salón de la Fama. Por el momento lo hace, y parece que en esta edición será a costa de introducir varios enemigos a Raylan Givens.

Hay que reconocerle a Timothy Olyphant, protagonista y coproductor, una gran vista. Su generosidad, dando juego a tantos personajes y buenos intérpretes -no todas las estrellas televisivas están por esa labor- ha redundado en su beneficio. Y lo que era una serie peculiar se ha convertido en un producto excelente, con Walton Goggins de espectacular escudero. De ‘Justified’ se puede decir además que cuenta con los mejores y más afilados diálogos de la tele, obra y gracia del veterano Graham Yost y del escritor Elmore Leonard, en cuya novela se basa esta serie. También que sirve unos momentos de violencia, o quizás de expectativa de violencia, que provocan hipertensión. Sus creadores han sido muy hábiles a la hora de hacer vulnerable a Givens, más duro que el pedernal pero ahora con un flanco débil terrible: su futura paternidad.

En cuanto a ‘Southland’, esta serie coral también cuenta con un casting muy, muy efectivo. Cada vez gana más peso Shawn Hatosy, aunque Cudlitz siempre está convincente. Este año incorporan además a la otrora estrella, ahora un pelín pasada de moda, Lucy Liu (su personaje es bastante autoparódico) y a Lou Diamond Phillips como invitado. Sigue siendo la mejor heredera de ‘The Shield’. Es dura, dura, dura. Pero a la vez se esfuerza por enseñarnos el lado humano y vulnerable de esos polis que se enfrentan al infierno cada día.

Las diez mejores series de 2011

Hyde | 27 de diciembre de 2011 a las 3:40

Llega el fin del año y el obligado repaso a lo mejor de la parrilla televisiva. Ausente forzosa ‘Mad Men’ tras las duras negociaciones entre la cadena AMC y su creador, Matt Weiner, estas son las diez mejores obras de 2011 a juicio, subjetivísimo, de este seriófilo. Algunas se han emitido ya en España, otras lo hacen en la actualidad y otras llegarán pronto.

10.-‘Sons of Anarchy‘. ¿Puede un último capítulo cargarse una temporada casi redonda? Si eliminamos el desastroso 4×14, la nueva entrega de esta violenta serie, revisión motera de ‘Hamlet’ y ‘El Padrino’ (aunque nuestros muchachos de Samcro se pasan más tiempo en el hospital que sobre sus Harleys), ha vuelto al nivel de sus primeros dos años, gracias a la llegada del artesano Paris Barclay. Su creador, Kurt Sutter, uno de los tipos más irreverentes, peculiares y sorprendentes de la televisión (“Haz siempre lo contrario de lo que espera el espectador”, es uno de sus lemas), ha estado más cerca que nunca de la añorada ‘The Shield’, en la que trabajó como guionista. Aunque al final, como Ícaro, se quemó.

9.- ‘Community’. No es fácil para una serie de una gran cadena generalista como la NBC jugar siempre al filo de la navaja. Por eso, y aunque su tercera y a tenor de las audiencias quién sabe si última temporada, no sea la mejor, el loco grupo de estudio de Greendale merece estar en cualquiera de estas listas. Hay unanimidad de los críticos: cuando uno de sus episodios es redondo, resulta inalcanzable. Y este año ya llevamos unos cuantos capítulos memorables. Nadie parodia mejor que ‘Community’ y no recordamos un mejor dúo que el de Abed y Troy. El talento, la asunción de riesgos y la creatividad salvaje de esta comedia, con un casting soberbio y unos guiones escritos con la locura que sólo un genio puede tener, merecen mucha mejor suerte.

8. ‘Crematorio’. También hay que tener mucho valor para coger la excelente novela de Rafael Chirbes, a base de monólogos interiores, y llevarla a la pequeña pantalla en la que posiblemente sea la primera serie española que puede mirar a la cara a las producciones de la HBO, la AMC y la BBC sin bajar la cabeza. Los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo merecen todos los aplausos, a la par que Canal Plus un empujoncito para seguir destinando parte de sus ingresos a producciones propias de calidad. ‘Crematorio’, con un Pepe Sancho en el papel de su carrera, es un retrato fiel y descarnado de la corrupción y la voracidad inmobiliaria que ha asolado el litoral español. Y todo, desde los créditos iniciales con música de Loquillo, pasando por la fotografía hasta el último de los secundarios, funciona como un reloj. No estamos acostumbrados.

7.- ‘Friday Night Lights’. Si se tratara de valorar una serie en su conjunto, las cinco temporadas de ‘FNL’ merecerían estar en el podio. Si lo que cuenta es la emoción y empatía que se provoca en el espectador, sería la campeona. No, la quinta y última entrega de esta fenomenal obra sobre la familia, la pertenencia a una comunidad, la crisis, los retos de la vida diaria, con deporte como elemento catalizador pero no protagonista, no ha sido la mejor. Cuenta, eso sí, con un finale redondo, de los que pasarán a la historia por dejar a todo el mundo satisfecho. Rodada con cámara al hombro, sin ensayos y con libertad interpretativa absoluta, hasta el punto de que sus excelentes actores improvisaban sobre la marcha y cortaban o ampliaban diálogos por lealtad al espíritu de sus personajes, ‘FNL’ es la gran serie que usted no ha visto. No ha habido, ni seguramente habrá, un matrimonio más realista y perfecto en la pantalla que el que forman los Taylors de Kyle Chandler (por fin le llegó el Emmy) y Connie Britton. Tampoco un pueblo con más corazón que Dillon.

6.- ‘The Good Wife’. Si la segunda temporada fue la de confirmación de la alternativa tras un estreno sorprendente, en su tercer año ‘La Buena Esposa’ se mantiene en la cumbre, aunque sigue penando con las audiencias. Julianna Margulies reina sobre un reparto soberbio, con más banquillo que el F.C. Barcelona, el Real Madrid y el Manchester City juntos. ‘TGW’ es la serie con los guiones más actuales, no en vano sus ‘showrunners’, el matrimonio King, los escribe y graba de una semana para otra. Cual pareja de Guardiola-Mourinho televisiva, saben sacar siempre lo mejor de cada personaje y siguen su evolución al milímetro. Si un día Kalinda quita el hipo, al otro Cary Agos lo borda. Y cuando no es el genial Eli Gold de Alan Cumming, aparece como estrella invitada Michael J. Fox en un papel de abogado discapacitado y cabronazo espectacular. No, ‘The Good Wife’ no es otra serie de abogados. Es sobre la política, la ambición, la familia y la competencia profesional. Una maravilla.

5.- ‘Justified’. Bonito que una serie tan cargada de testosterona como ésta, sobre un duro, durísimo U.S. Marshall que vuelve a su cerrado condado natal de Kentucky, haya explotado gracias a sus mujeres. Con una Margo Martindale sencillamente sublime, que encarna a una de las mejores ‘malas’ de la historia de la tele, y unos diálogos soberbios a cargo del curtido Graham Yost, la segunda entrega de ‘Justified’ sorprendió a toda la crítica. Timothy Olyphant, protagonista y productor, dio un acertado paso atrás, sólo para ganar más impulso, dando mayor peso a los personajes femeninos de Zea, Carter y la niña Kaitlyn Dever, y a su lado tiene a uno de los mejores secundarios posibles: Walton Goggins. Es pecado ver esta serie doblada, porque aunque sus acentos ‘redneckianos’ resultan incomprensibles incluso para los angloparlantes, sería como poner acento gallego a un gaditano.

4.- ‘Juego de Tronos’. A priori, la formidable empresa de llevar a la pantalla la colosal e inacabada todavía –maldito viejo gordo- obra de George R.R. Martin, referente actual de la literatura fantástica, parecía demasiado incluso para la HBO. Pero aunque difícilmente encontrarán a un lector de los libros que prefiera la serie, como tiene que ser, tampoco habrá muchos que renieguen de ella. El casting, lleno de secundarios apenas conocidos para el gran público, ha sido un acierto total. Se nota que el escritor, veterano guionista, es uno de los productores y ha participado decisivamente en la elección. Las recreaciones que parecían imposibles del primer tomo de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ (el Muro, los ‘niños’ de Dani…) se han solventado de forma magistral. Y aunque se trata de una obra coral, un buffé libre de protagonistas que se mueven por un tablero en el que la vida no está garantizada –amará y odiará a Martin por ello, querido lector-, sobresale entre todos el más pequeño de tamaño pero grande de talento: Peter Dinklage. También parecía imposible encontrar al Tyrion perfecto. Él lo es.

3.- ‘Boardwalk Empire’. Con ella hay que ser más exigente que con las demás, porque lo tiene todo. Todo el dinero del mundo y más (en reconstruir el viejo paseo marítimo de Atlantic City se gastaron más que en la inmensa mayoría de las películas españolas); un reparto excelente encabezado por Steve Buscemi y Michael Pitt, secundados por gente de la talla de Michael Kenneth Williams (sus escenas, antológicas, casi superan por intensidad a las del viejo Omar de ‘The Wire’) y un equipo de lujo detrás de las cámaras liderado por el ‘sopraniano’ Terence Winter, T. Van Patten y un Martin Scorsese cuya mano se intuye. A veces para bien y otras para mal. A ‘BE’ sólo le reprochamos cierta frialdad en el desarrollo de los personajes y la cargante presencia de Paz de la Huerta. Va camino de ser una obra maestra.

2.- ‘Breaking Bad’. Se nos acaban los epítetos para el descenso a los infiernos del profesor Walter White. También los halagos para Vince Gilligan y su maestría artística: ha conseguido que una serie adquiera la coherencia y la profundidad de una gran novela. Todo ocurre por una razón en ‘BB’, reina de la pantalla desde su estreno y hasta su penúltima temporada. Y sea cual sea el lío en el que se meten sus personajes, los más desarrollados e imperfectamente humanos de la televisión actual, la historia continúa sin trampa ni cartón. No sólo cuenta con dos protagonistas y antihéroes memorables, a cargo de los premiados Bryan Cranston y Aaron Paul. También Gus Frings, un extraordinario Giancarlo Esposito de momento con las manos vacías, se ha ganado un puesto entre los mejores malos televisivos de la historia.

1.- ‘Homeland’. Una lista es siempre, y sobre todo, subjetiva. Incluso contradictoria. En el balance final y tras varios años, ‘Breaking Bad’, ‘Friday Night Lights’, ‘The Good Wife’ o ‘Boardwalk Empire’ serán seguramente mejores que una serie que debería tener solo una temporada. Puede que incluso en este 2011 si hiciéramos un análisis formal y objetivo. Pero hay muchos factores por los que ‘Homeland’ merece este puesto de honor en su debut. No sólo por la solidez de sus dos dañados protagonistas, unos inmensos Claire Danes y Damian Lewis, o por la discreta maestría de don Mandy Patinkin. Tampoco porque por primera vez la cadena Showtime le hable de tú a tú a las veneradas HBO y AMC y eso sea de agradecer. Lo mejor de ‘Homeland’ es el supremo valor con el que afronta un tema tan doloroso y espinoso como el terrorismo, sus causas y sus consecuencias, en un país que todavía no ha cerrado del todo las cicatrices del 11-S. Todos sus personajes principales están traumatizados de una manera u otra, como la nación, pero eso no impide que los responsables de esta serie, inspirada en una israelí, nos pongan a menudo en la piel del terrorista y lancen al espectador la dura pregunta de si no será igual de malo un Estado que bombardea a civiles y mata niños. También hay que aplaudir su equilibrismo de cuerda floja. A medida que iban pasando sus episodios, nadie daba un duro por el desenlace, presuponiendo un ‘finale’ desastroso ‘a la The Killing’ en el que saltaran todas las costuras del argumento. Pero el traje estaba hecho como dios manda. ‘Homeland’ es un thriller psicológico fantástico, con muchos momentos de una intensidad que corta la respiración. Y ha logrado lo más difícil: situar una trama que parecía forzosamente conclusiva bien embocada hacia la segunda temporada. Como su música, es un jazz que va entrando sigilosamente, hasta que, de repente… ¡ZAS! te ha conquistado. Como en el jazz, como esa trompeta de Miles Davis que parece estremecerse, llorar y gritar en solitario, uno duda de que todo acabe entrando en armonía. Pero lo hace. Bravo.

Hasta el año que viene

Hyde | 12 de mayo de 2011 a las 10:48

Al filo de la navaja de la cancelación durante casi todo el año por sus serios problemas de audiencia, pese a su indudable éxito de marca, ruido mediático y la fogosidad de sus fans, trabajar como guionista de ‘Fringe’ ha debido de ser especialmente estresante esta tercera temporada. Lanzada como heredera de ‘Expediente X’ por la misma cadena (Fox) y contando con el pequeño rey Midas de la tele, J.J. Abrams, entre sus productores, ‘Fringe’ nunca se recuperó en los ratings de su errático lanzamiento. Sus creadores no tuvieron claro si se trataba de una serie de un monstruo por día o si primarían la trama de fondo, dotando a Fringe de un argumento lineal. Para cuando se decidieron por la segunda opción ya habían perdido a gran parte de los espectadores. Los afortunados que permanecieron fieles a la cita semanal con Olivia Dunham y los Bishops, uno de los mejores tríos de la televisión reciente (¿o son un sexteto?) fuimos recompensados más adelante.

En ‘Fringe’ puede pasar cualquier cosa y todas se pueden explicar, en teoría, con razonamientos pseudocientíficos. Para ello tenemos en su laboratorio de Harvard al viejo chiflado Walter Bishop, una creación memorable de ese actorazo llamado John Noble. Así que sin darnos cuenta, esta temporada nos metimos en algo tan extravagante como una guerra de universos paralelos. Como lo leen. Lejos de chirriar, la cosa funcionaba, hasta que a los guionistas, quizá agobiados ante la posibilidad de quedarse sin trabajo el próximo año (cosa que finalmente no ha pasado), empezaron a convertirse ellos mismos en un caso digno de la división ‘Fringe’ del FBI. Sin ánimo de espoilers, digamos que la pobre Anna Torv merece lo que le paguen y más.

También se ha despedido estas últimas semanas, hasta el año que viene, ‘Justified’, de FX, cadena filial de la FOX Lo ha hecho por la puerta grande. La segunda entrega de las desventuras del US marshal Raylan Givens ha sido sensacional, principalmente por la fuerza magnética de sus rivales de este año, el clan de los Bennets, liderados por Margo Martindale, cuya Mags pasará a la antología de grandes ‘malos’ de la historia de la televisión. La clave de esta magnífica temporada, que la ha colocado entre las mejores series que se pueden ver ahora mismo, es el mayor peso del casting femenino (me encanta este artículo del LAtimes) y, sin duda, esa presencia imponente, robaplanos, de Walton Coggins. Y el protagonista y productor, Timothy Olyphant, ha logrado aprovechar al máximo esa cara de palo y esa fiera mirada que Dios le ha dado para encadilarnos con el personaje.

Más polis que series

Hyde | 24 de febrero de 2011 a las 9:17

*Apr 07 - 00:03*

Si hay una temática explotada en la televisión son las series de policías. Eso no es obstáculo para que cada año la parrilla se llene de ellas, en una pelea a tiros por la audiencia de la que sobreviven muy pocas. Y no, no pienso hablarles hoy de la franquicia CSI, la churrería de forenses de Bruckheimer que hace bastantes años nos empachó. Seguramente el día que sufrimos la indigestión fue el mismo que empezamos a ver la obra maestra policiaca de la década, ‘The Shield’. Se pueden contar con una mano las series mejores que ‘Al margen de la ley’ (su ‘traducción’ española), que pese a lo trillado del género fue revolucionaria por su perfecta mezcla de realismo, acción y drama grabados cámara al hombro, con un grupo de personajes redondos, de esos que no sabemos si son buenos, malos o regulares. Los polis del ficticio distrito angelino de Farmington podían ser corruptos, ambiciosos, amorales, justicieros, preocupados padres de familia, héroes o todo eso a la vez. Pero cuando terminaba un episodio el espectador tenía la sensación de haberse metido con ellos hasta la cintura en las cloacas de la miseria humana.

Su creador, Shawn Ryan, no ha tenido la suerte de su discípulo y guionista Kurt Sutter (‘Sons of Anarchy’). Hace poco le cancelaron la aplaudida ‘Terriers’ y estos días su nueva criatura policial, ‘The Chicago Code’, no está teniendo la acogida esperada. Es un poco chocante ver a Jennifer Beals, que se conserva sin arrugas pese a que han pasado casi 30 años desde ‘Flashdance’ como dura comisaria jefe embarcada en una guerra contra la corrupción. También al joven Matt Lauria, quien en nuestro subconsciente acaba de salir del instituto de Dillon de ‘Friday Night Lights’, como detective. Pero sí que nos está convenciendo la interpretación de Jason Clarke como protagonista. Otra cosa es la historia central. Le daremos unos episodios más de crédito por tratarse de Ryan, pero de momento es una serie de polis como cualquier otra, y no esperábamos eso. ‘Blue Bloods’, la serie sobre una saga familiar de policías neoyorquinos, los Reagan, es otro tópico andante, empezando por los créditos de inicio más insulsos de los últimos años. De acuerdo, salen Tom Selleck y Donnie Walhberg, el hermano feucho pero talentoso de Mark, aunque de momento no es suficiente. Estos días también ha vuelto una de las sorpresas de la temporada pasada, ‘Justified’. Seguimos con el peculiar US marshal Raylan Givens en el condado de Harlan, en pleno corazón ‘redneck’ de Kentucky. Solo por las calmadas pero estremecedoras charlas con las que Timothy Olyphant reduce a los delincuentes (el tío los tiene de acero) merece la pena esta serie. También por las apariciones de Walton Coggins, el pérfido Shane de ‘The Shield’ y de Natalie Zea. Más que policiaca, es un western.

Pero si hay una serie que este año empieza a ganarse el respeto de los seguidores de ‘The Shield’ es ‘Southland’. No lo ha tenido fácil esta cruda obra coral, en la que seguimos a patrulleros y detectives por Los Ángeles, esa ciudad infernal que rodea Hollywood llena de pandilleros, narcotraficantes y todo tipo de escoria. Con problemas de audiencia, en su tercer año han dado con la clave. Y han usado un truco que siempre funciona para ganarse el respeto: se han cargado a uno de los protagonistas.

Está justificado ver ‘Justified’

Hyde | 8 de junio de 2010 a las 11:09

*Mar 15 - 00:10*

Entrada rápida y breve para compartir algo ya constatado tras nueve episodios vistos: ‘Justified’ no está nada mal. La serie sobre el US. Marshall Raylan Givens, sobre Kentucky, sobre los rednecks, producida por el curtido Graham Yost -colaborador de Spielberg y Hanks en ‘The Pacific’- y basada en un relato de Elmore Leonard, es de una factura impecable. Sí, es otra serie de polis. Pero sobre un poli muy especialito, el que interpreta Timothy Olyphant. Y los malos son variables pero bastante convicentes, empezando por el siempre odioso e inquietante Walton Goggins.

Creía necesario este post ahora que están acabando muchas de las series y tenemos pendientes los estrenos de ‘True Blood’ y ‘Entourage’. ‘Justified’ is worth a shot.

Ánimos

Hyde | 27 de mayo de 2010 a las 10:15

No hay motivos para sentirse huérfanos, tras el final de ‘Lost’, en la que está siendo una de las mejores temporadas televisivas de la historia, si no la mejor. Hagamos un repaso rápido. Tenemos por un lado ‘Breaking Bad’ y ‘Treme’. La primera, obra maestra que puede mirar a la cara a los mismísimos Soprano; la segunda acaba de empezar, pero si sigue así, también marcará época. En diciembre dejamos otras dos series de altísimo nivel: ‘Sons of anarchy’, la banda de moteros del incorregible Kurt Sutter, y ‘Dexter’, con un final de temporada brutal y antológico, valiente y desgarrador. La desconocida, a este lado del Atlántico, ‘Friday Night Lights’, volvió a regalarnos un complejo abanico de emociones, un preciso cuadro de cómo es la vida, las ambiciones y fracasos en un pequeño pueblo cualquiera. Sin llegar a ese nivel, también tenemos la digna ‘Justified’, el US Marshall del siempre duro Timothy Olyphant.

En el terreno de las nuevas apariciones, han sorprendido la fresca ‘Glee’, con sus altibajos, y la estupenda ‘The Good Wife’. Sí, echa para atrás que sea otra de abogados, pero es mucho más que eso. ¿Y quién demonios querría ponerle los cuernos a Julianna Margulies? La miniserie ‘The Pacific’ nos ha llevado a la guerra con una brutalidad inusitada. No puede ser bonita. Y la BBC ha vuelto a dejar el listón altísimo con la última entrega de ‘Wallander’, tres minipelículas que nos reconcilian con Kenneth Branagh.

En el campo de la comedia, las veteranas ‘How I met your mother’ y, sobre todo, ‘The Big Bang Theory’, nos siguen ofreciendo momentos de gran hilaridad. Pero si hay una serie desternillante, original y genial, es ‘Modern Family’. Con Ed O’Neill de patriarca, y rodeado de un casting inmejorable, perfecto, ¿qué otra cosa se puede esperar?

Y por último, pero no menos importante, tenemos ‘Fringe’. La criatura del inquieto J.J. Abrams decepcionó a muchos en sus erráticos y titubeantes comienzos. Pero tienen que volver a darle una oportunidad. Ha madurado y se ha convertido en una de esas series que no hay que perderse. Es la heredera natural de ‘Expediente X’, a veces incluso mejor. La guerra entre los dos universos alternativos (¿les suena de algo?) está acercándose, y los vínculos de los tres principales protagonistas, ¿o son seis? cada vez son más complicados. John Noble vuelva a sentar cátedra como el loco doctor Bishop, y Anna Torv se ha consolidado como la heroína más bella de la tele.

Por si fuera poco, en junio vuelven ‘Entourage’ y ‘True Blood’. Permanezcan sintonizados.

Desenfunda otra vez

Hyde | 4 de abril de 2010 a las 10:59

timothyNo se puede quejar, pero tampoco es que el actor hawaiano Timothy Olyphant haya tenido mucha suerte. Tuvo que lidiar con un personaje insuperable en el ‘Deadwood’ que supuestamente protagonizaba. El antológico tabernero Al Swearengen que interpretaba Ian Mcshane le robaba hasta la ropa interior a su atormentado y violento sheriff Bullock. Luego se pasó, con más pena que gloria, a la gran pantalla. Vale, hizo de ‘hacker’ malo malísimo en la última edición de ‘La jungla de cristal’, pero después cometió el pecado de encarnar a un videojuego en ‘Hitman’. Y además calvo. Así que desandó el camino y, a la espera de mejores oportunidades, se volvió a la tele. Primero como secundario en la prescindible segunda temporada de ‘Damages’. Tampoco lo tuvo fácil, porque si algo distingue a esa serie es su impresionante nómina de artistas invitados. Ese año bregó con William Hurt, Marcia Gay Harden, y John Doman, entre otros, y no se distinguió especialmente.

Ahora ha vuelto a un papel protagonista, y pinta bien. Parecido a ‘Deadwood’, pero en la era actual, y con otro rival difícil, Walton Coggins, el inquietante Shane Vendrell de la añorada ‘The shield’. Olyphant encarna a un duro agente de la Justicia que, tras cargarse a lo vaquero a un mafioso en Miami, es enviado a Kentucky, su paleto estado natal. Allí se las verá con viejos conocidos de la niñez, algunos convertidos en supremacistas blancos, y nos irá demostrando que no saca el arma si no es para matar. ‘Justified’ está basada en la obra del veterano y prolífico novelista de 84 años Elmore Leonard, que de momento, como la crítica, está bastante satisfecho con los dos primeros capítulos, y ha sido adaptada por el curtido guionista Graham Yost. Es otra serie más de polis pero a priori con ciertos elementos originales, como el ambiente rural y casi sureño de Kentucky y el carácter oscuro del personaje de Olyphant, que le viene como anillo al dedo.