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Premios para todos los gustos

Hyde | 6 de junio de 2011 a las 18:54

Una de las varias asociaciones de críticos de televisión de Estados Unidos, la Broadcast Television Journalists Association (BTJA), acaba de anunciar sus nominados para sus primeros premios, que se entregarán en una gala a celebrar y retransmitir el próximo 20 de junio.  Las candidaturas son tan amplias (diez en los casos de las series y seis para los actores), que más que las presencias, lo que en todo caso puede llamar la atención son las ausencias. Clama la de ‘Breaking Bad’ y su casting, pero entendemos que simplemente se ha tratado de un problema de calendario (la cuarta temporada se estrena el próximo 17 de julio y la tercera quizás les quede demasiado lejos).

En la lista de nominaciones, encabezada por ‘Modern Family’, encontrarán, por supuesto, a Ed O’Neill, Anna Torv, Ty Burrel, Eric Stonestreet, Jon Hamm, Julianna Margulies, ‘Friday Night Lights’, Archie Panjabi,  Kyle Chandler, Margo Martindale, ‘Mad Men’, ‘The Good Wife’, ‘Boardwalk Empire’, ‘Justified’, Timothy Olyphant, ‘Fringe’, Steve Buscemi, Michael Pitt, Connie Britton, Christina Hendriks, Alan Cumming, John Noble, Elisabeth Moss, ‘Community’, Amy Poehler, Walton Goggins, Tina Fey y demás favoritos habituales de la crítica.  En la categoría de comedia, aunque seguimos sin verle mucha gracia a ese dramón que puede ser ‘Nurse Jackie’, también está Edie Falco, descuiden.

Como sorpresas agradables, la inclusión de Shawn Hatosy por su papel en ‘Southland’ y que ‘Game of thrones’ y ‘The Killing’ han llegado a tiempo, aunque la primera no tiene ningún intérprete entre los nominados y la segunda a sus dos estupendas protagonistas, Mireille Enos y Michelle Forbes (a la segunda, estelar, la han puesto como secundaria). Pero es un poco escandalosa que la presencia de ‘The Walking Dead’ suponga la ausencia de ‘Treme’, como canta la inclusión de John Slattery si no está Wendell Pierce por su Antoine Batiste.

¿Favoritos de este blog para hacerse con el dichoso premio? Jon Hamm, Julianna Margulies, ”Mad Men’, Walton Goggins, Margo Martindale, Steve Carell, ‘Community’, Amy Poehler, Danny Pudi y Sofía Vergara (esta última es favorita por otras cuestiones…)

Raíces que lo resisten todo

Hyde | 5 de mayo de 2011 a las 13:34

¿Puede un huracán, por enorme e histórica que sea su potencia destructora, arrancar de cuajo el corazón de una ciudad? ¿No sólo tirar abajo edificios, meter el mar en las casas y matar a miles de personas, sino también aniquilar las almas de los supervivientes, su sentimiento de arraigo? Si ‘Treme’ tiene acaso una premisa conductora, es ésa. No se trata de una serie fácil ni nadie esperaba que lo fuera. Como no lo es ninguna obra de David Simon, periodista de sucesos aupado con justicia a la categoría de santo maestro de la nueva televisión, como creador de ‘The Wire’ y ‘Generation Kill’. “Que se joda el espectador medio”, es el lema de Simon, niño bonito de la HBO, tipo comprometido que se ha especializado en radiografiar a la sociedad urbana estadonunidense de su tiempo, sea en la Baltimore arrasada por las drogas y las bandas o la Nueva Orleans post Katrina, como es el caso que nos ocupa.

‘Treme’ no se parece a nada que usted haya visto antes. No está claro si es un tratado sobre la magia de la música negra, el jazz de la Luisiana francesa, si es un gran reportaje sobre el fiasco de la respuesta del Gobierno de Bush al desastre, si se trata de una nueva denuncia de Simon sobre la degeneración de la clase política o un retrato de los héroes anónimos que intentan levantarse a pesar de que todo se ha derrumbado alrededor. Seguramente es todo eso y mucho más. Por muy oscuras y terribles que nos pinte las cosas esta serie, viéndola asaltan unas ganas enormes de conocer esta ciudad, carismática y especial donde las haya.

Sentados en el sofá asistimos al Mardi Grass, a los preparativos del digno grupo de indios que intentan hacer su desfile pese a todo, a los característicos y peculiares funerales que se celebran allí, a una serie de conciertos en los bares que hacen las delicias de cualquier amante de la buena música. Pero si algo nos acerca de verdad a la vida en ‘Treme’, el barrio negro histórico de la ciudad, son las dificultades a las que se enfrentan sus protagonistas. Allí se llama Katrina. Aquí lo podríamos llamar crisis, paro. A la rabia que sienten cuando algún turista, o cuando alguien de otra ciudad cuando hacen un tour, tira de tópicos para referirse a su ciudad. “Yo puedo meterme con Nueva Orleans, ellos no”, dice un trompetista indignado en la Gran Manzana tras escuchar la piedad cargada de malicia de unos amigos. Como andaluz, sé perfectamente de qué habla.

Pilotos y estrellados

Hyde | 30 de septiembre de 2010 a las 11:58

¿Qué distingue a un buen episodio piloto de uno malo? ¿Es determinante para una serie contar con un arranque espectacular que enganche a la audiencia, o mejor ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, hasta el clímax final? Los archivos de las cadenas están llenos de series que comenzaron de forma extraordinaria pero tuvieron una vida más corta que la de una mariposa, y en cambio hay productos que van madurando en la cabeza del espectador sin someterlo a un tratamiento de choque inicial. Quizás todo se resuma en la frase de David Simon, el maestro creador de ‘The Wire’ y ‘Treme': “Que se joda el espectador medio”.

Con la eclosión digital y la enorme competencia de las cadenas de pago en EEUU en la ficción -la guerra entre HBO, AMC y Showtime tiene millones de beneficiarios colaterales-, cada vez resulta más difícil para las televisiones generalistas producir una serie que capte a todos los públicos. El espectador es cada vez más impaciente, cada vez está más acostumbrado a la incorrección política y ha empezado a desarrollar alergia al almíbar. Así que la línea que separa una serie para toda la familia y un producto imbécil para esos “tontos tontísimos” a los que se refiere Simon cada vez es más pequeña y evidente. Es lo que le ha ocurrido al piloto de ‘No ordinary Family’, el producto de la ABC sobre una familia de superhéroes inspirado en ‘Los Increíbles’ de Pixar -eso sí que es ponerse el listón alto-. El primer capítulo, emitido el martes pero difundido por internet semanas antes, es de una ñoñería insultante, indigno de gente del talento de Michael Chiklis o Julie Benz. A otras series nuevas, como ‘The Event’, una de las apuestas de la NBC, le puede ocurrir como a Ícaro: el piloto vuelta tan alto que corre serios riesgos de estrellarse en siguientes capítulos -y no desvelo ningún espoiler-. Es candidata a sufrir el síndrome ‘Flashforward’, empezar genial, acostumbrar a la audiencia a la adrenalina y luego no cumplir el compromiso de aportarla cada semana.

Es una de las producciones que aspiran esta temporada a rellenar el enorme nicho de mercado sin dueño tras el fin de ‘Perdidos’. Sin embargo, será muy difícil que una sola serie ocupe ese hueco, porque la audiencia cada vez está más fragmentada. La muy exigente y lenta ‘Rubicon’ no es una de ellas, es para minorías, aunque es evidente que hablamos de un producto marca de la casa AMC: calidad a raudales. En cambio, su hermana ‘Breaking Bad’ tiene un piloto espectacular, antológico con esos pantalones volando solos en medio de un desierto de Nuevo México, y ha logrado mantener la tensión narrativa, y multiplicarla por cien, durante sus tres temporadas. La magia y a la vez la miseria de la televisión, un producto de ficción con vida propia y final incierto, es precisamente ésa: las series nacen de la cabeza de su creador, pero acaban perteneciendo a su audiencia.

Atraco en la Academia

Hyde | 15 de julio de 2010 a las 12:35

sons

Entre unas cortas vacaciones desconectado de todo, incluso de las series, en un cercano y hermoso desierto, y el margen que me he impuesto para que se me pasara la irritación, han pasado unos días desde que se conocieran las candidaturas de los Emmys. Aunque hay algunas sorpresas agradables, predomina el disgusto.

Si yo me siento atracado, no me hace falta leer el blog de Kurt Sutter (aunque desde luego lo he hecho) para imaginar su digna ira. Dice que le importa un carajo que la Academia de la TV vuelva a pasar de sus ‘Sons of Anarchy’, siempre que estos sigan rodando libres en la modesta cadena FX. Pero no puede ocultar su encabronamiento (ni yo el mío) por el nuevo desaire a su esposa, la excelente actriz Katey Sagal. La matriarca de los moteros de Sam Crow, Gemma Teller, está sencillamente espectacular en la segunda temporada de esta gran serie. Su ausencia es una indecencia, dan ganas de coger la moto y plantarse en el auditorio el día de la entrega de premios, quemar la alfombra roja.

Ni siquiera el reconocimiento a Connie Britton, cuyo personaje en ‘Friday Night Lights’ tampoco lo ha tenido fácil esta cuarta temporada, y la tardía nominación de Kyle Chandler (el coach Taylor ha tenido años mucho mejores), nos pueden resarcir. Entre otras cosas porque tampoco se incluye a ‘FNL’ entre los mejores dramas (¿pero qué demonios hace ahí ‘True Blood’?), ni al joven Zach Gilford, cuya actuación en el episodio ‘The Son’ fue absolutamente memorable. ¡Qué ganas tenemos de que vuelva FNL, ahora que además de ‘Entourage’ sólo tenemos vampiros y gigolós que echarnos a la boca!

Ya hemos alabado en alguna ocasión la frescura que ha aportado ‘Glee’ este año. Pero tampoco hay que pasarse. La serie está bien, pero tiene demasiados altibajos. Un capítulo estupendo cada seis o siete petardazos, y esa frecuencia cada vez se amplía más. Así que ‘The Big Bang Theory’ debería estar nominada en su lugar.

Después del incendio del auditorio, debería llegar un huracán, y luego unas inundaciones, que se traguen a los votantes que se han olvidado de ‘Treme’. No se trata del orgullo herido de este blogger, que vaticinó que la serie de David Simon arrasaría (como adivino no tengo precio…). Se trata de ser mínimamente objetivos, de apreciar la belleza, la originalidad, la oportunidad de esta obra maestra. Cuando dentro de unos años ‘Treme’ esté en los altares, como merece, los malditos miembros de la Academia debería arrastrarse hasta la casa de Simon, de Wendell Pierce, del magnífico elenco de intérpretes que crean esta genial serie.

Por lo demás, esperamos que se premie a Aaron Paul, el estupendo actor capaz de plantar cara a Bryan Cranston en ‘Breaking Bad’. Ambos intérpretes y la serie de Vince Gilligan deben volver a arrasar. Aunque también se ha olvidado a ese estremecedor secundario que ha forjado a un malo inolvidable, Giancarlo Espósito y su Gus, gerente de Los Pollos Hermanos.

La primera de la lista de adicciones

Hyde | 13 de julio de 2010 a las 11:05

entourage

Es muy típico de la prensa de habla inglesa hacer todo tipo de clasificaciones: los diez mejores malos de la historia, las diez peores series, los diez políticos mejor vestidos, las diez meteduras de pata públicas…  Mentalmente, cada uno hace sus propias listas. En el campo de las series, si me pongo a hacer inventario, sale una conclusión clara: adicción enfermiza. Tantas series, una veintena, no pueden ser imprescindibles. Uno no puede estar del todo bien de la cabeza si cuenta las horas para ver el último capítulo de tal o cual serie.

Así que internamente, he clasificado las series en varios apartados jerárquicos. Primero están las series de ‘Can´t wait’, las que directamente veo sin subtítulos, generalmente a los dos días de su emisión en EEUU (uno es un clásico y sigue confiando en la mula). Luego estarían otras que visiono con subtítulos, con o sin Mrs. Hyde, pero básicamente porque, como ocurre con ‘Treme’ o con las británicas como ‘Luther’, hay que tener un nivel nativo para entenderlas. Pero nativo de Nueva Orleans o Chelsea, vamos.

No me pregunten por qué, pero si hay una serie que engullo con ansiedad cada lunes o martes (en EEUU se emite los domingos en las HBO) aunque no sabría explicar muy bien las razones objetivas de mi fanatismo, es ‘Entourage’. Sólo van dos capítulos de esta séptima temporada. Quizás el secreto sea que Vinnie, E, Drama, Turtle y Ari me han hecho sentir hasta ahora parte del séquito.

Sólo ‘Dexter’, ‘Friday Night Lights’ y ‘Sons of Anarchy’ se acercan a provocarme ese nivel de patología, el que me lleva a entender lo que dicen unos tipos de un pueblo de Tejas (si hay acentos jodidos, ése es uno de ellos) y una banda de moteros de California (hay que echarle narices y mucha imaginación para comprender a Sam Crow).

Ánimos

Hyde | 27 de mayo de 2010 a las 10:15

No hay motivos para sentirse huérfanos, tras el final de ‘Lost’, en la que está siendo una de las mejores temporadas televisivas de la historia, si no la mejor. Hagamos un repaso rápido. Tenemos por un lado ‘Breaking Bad’ y ‘Treme’. La primera, obra maestra que puede mirar a la cara a los mismísimos Soprano; la segunda acaba de empezar, pero si sigue así, también marcará época. En diciembre dejamos otras dos series de altísimo nivel: ‘Sons of anarchy’, la banda de moteros del incorregible Kurt Sutter, y ‘Dexter’, con un final de temporada brutal y antológico, valiente y desgarrador. La desconocida, a este lado del Atlántico, ‘Friday Night Lights’, volvió a regalarnos un complejo abanico de emociones, un preciso cuadro de cómo es la vida, las ambiciones y fracasos en un pequeño pueblo cualquiera. Sin llegar a ese nivel, también tenemos la digna ‘Justified’, el US Marshall del siempre duro Timothy Olyphant.

En el terreno de las nuevas apariciones, han sorprendido la fresca ‘Glee’, con sus altibajos, y la estupenda ‘The Good Wife’. Sí, echa para atrás que sea otra de abogados, pero es mucho más que eso. ¿Y quién demonios querría ponerle los cuernos a Julianna Margulies? La miniserie ‘The Pacific’ nos ha llevado a la guerra con una brutalidad inusitada. No puede ser bonita. Y la BBC ha vuelto a dejar el listón altísimo con la última entrega de ‘Wallander’, tres minipelículas que nos reconcilian con Kenneth Branagh.

En el campo de la comedia, las veteranas ‘How I met your mother’ y, sobre todo, ‘The Big Bang Theory’, nos siguen ofreciendo momentos de gran hilaridad. Pero si hay una serie desternillante, original y genial, es ‘Modern Family’. Con Ed O’Neill de patriarca, y rodeado de un casting inmejorable, perfecto, ¿qué otra cosa se puede esperar?

Y por último, pero no menos importante, tenemos ‘Fringe’. La criatura del inquieto J.J. Abrams decepcionó a muchos en sus erráticos y titubeantes comienzos. Pero tienen que volver a darle una oportunidad. Ha madurado y se ha convertido en una de esas series que no hay que perderse. Es la heredera natural de ‘Expediente X’, a veces incluso mejor. La guerra entre los dos universos alternativos (¿les suena de algo?) está acercándose, y los vínculos de los tres principales protagonistas, ¿o son seis? cada vez son más complicados. John Noble vuelva a sentar cátedra como el loco doctor Bishop, y Anna Torv se ha consolidado como la heroína más bella de la tele.

Por si fuera poco, en junio vuelven ‘Entourage’ y ‘True Blood’. Permanezcan sintonizados.

Nada de pacífico

Hyde | 13 de mayo de 2010 a las 11:19

the pacific

‘The Pacific’ no es una miniserie. Es un tratado sobre los horrores de la guerra. Quienes esperábamos una versión asiática de la estupenda ‘Hermanos de Sangre’ seguimos en estado de shock cuando sólo queda un capítulo para el final. Spielberg y Hanks no sólo se han fundido el presupuesto de la HBO para este año, como se quejaba irónicamente David Simon por los recortes que ha sufrido su excepcional ‘Treme’, también están dispuestos a acabar con la moral del telespectador. ¿Quién dijo que la guerra puede tener un final feliz? Si en los primeros capítulos nos quejamos de que no había desarrollo de los personajes, ahora nos arrepentimos de que los guionistas se atrevieran a darles un poco de cuerda. Total, para pasarlos después a cuchillo sin misericordia…

Al terminar esta obra, el espectador tendrá la sensación de haber completado la campaña, de haber perdido a amigos que no llegó a conocer, de haber presenciado escenas de pesadilla, como los marines sacando a cuchillo los dientes de oro de los enemigos caídos, esa toma cenital que cierra el capítulo de Iwo Jima, un infierno que parece sacado del pincel de El Bosco, el cadáver del carismático capitán retirado del frente entre las lágrimas de los marines. No vemos su fin a manos de un francotirador, simplemente se lo cargan y se acabó. Es una de las claves de esta obra: como en la guerra real, casi nunca se ve al enemigo hasta que es demasiado tarde. ¿Y qué me dicen del ataque de nervios, del pánico del soldado veterano que parecía Clint Eastwood? Sin duda esta serie nos ha proporcionado momentos para la memoria, como ese regreso fúnebre de lo que queda del batallón al campamento.

Después de ‘The Pacific’, que no tiene nada de pacífica, cualquier director tendrá que pensárselo muy bien antes de rodar una película bélica. Hanks, Spielberg, Graham Yost, no han dejado un resquicio libre, ni un palmo de terreno sin conquistar en lo que se refiere a la violencia, física y mental, de la guerra. Aunque Spielberg no se arredra: acaba de anunciar una cinta sobre la Primera Guerra Mundial. Nos da pánico.

Nadie te pide que te quedes

Hyde | 29 de abril de 2010 a las 9:09

Cualquiera diría que David Simon, en lugar de ser uno de los nombres clave para entender la televisión en el siglo XXI, sigue siendo periodista de sucesos. Ya sea entre los sórdidos y durísimos barrios de Baltimore con ‘The Wire’, enclaustrado con una división de marines en Iraq con ‘Generation Kill’, o en la Nueva Orleans herida de muerte por el Katrina con su nueva ‘Treme’, las series de Simon parecen más un documental que una obra de ficción. No por aburridas, sino por su realismo absoluto. Con Simon siempre parece que nos infiltramos entre sus personajes. Como dice James Poniewozik en Time, hay que abordar Treme como un documental de ficción. Y aunque hay una docena de personajes que nos contarán su historia de supervivencia y superación -¿acaso hay una historia mejor que la del que lucha por volverse a poner en pie?-, los verdaderos protagonistas de la serie son la música de Nueva Orleans –y en el piloto ahí tenemos a Elvis Costello haciendo un bonito cameo de espectador en un bar- y su viejo barrio.

El primer episodio de ‘Treme’, de noventa minutos de duración, bien podría pasar por una película de Clint Eastwood. No en vano se encargó su dirección a la veterana Agnieszka Holland. A pesar de los escombros, los tejados desaparecidos, las manchas de humedad, el barro en el suelo, el desastre absoluto, es de una belleza impactante. Las escenas más emotivas nos las brindan dos viejos conocidos de ‘The Wire’. El personaje del veterano Clarke Peters empeñado en limpiar en un bar que ni siquiera en suyo, para lo que no duda de disfrazarse de carnaval para conseguir ayuda, y el siempre convincente Wendell Pierce, un trompetista buscavidas que vive día a día y no tiene ni para pagarse los taxis. Su irrupción en la primera actuación de una banda callejera tras el Katrina, momentos iniciales de la serie, es antológica. Como ocurre en toda la obra reciente de David Simon, en ‘Treme’ no hay trampas. No hay cliffhangers al final de los episodios ni forzados giros de tuerca a la trama. En lo que quizás sólo sea aún posible en la HBO, su propuesta es sumergirnos entre los habitantes de una de las ciudades más singulares del mundo y su lucha por seguir a flote tres meses después de la catástrofe. Cuando ya se han ido las cámaras, cuando ya no es noticia. Y si no te gusta, nadie te ha pedido que te quedes.

El fin y los medios

Hyde | 22 de abril de 2010 a las 9:02

walterwhiteIba a escribir sobre ‘Treme’. Llevo más de una semana con el primer capítulo y debo admitir que mi inglés no es tan bueno como para entender el dialecto de este barrio típico de Nueva Orleans –ni de la mayor parte de los barrios sureños, la verdad-. La nueva serie de David Simon, el periodista de sucesos de Baltimore elevado a los altares de la televisión por ‘The Wire’, tiene buena pinta. Pero esperaremos a verla con los pertinentes subtítulos. Impresionan la vuelta a un hogar devastado por el Katrina por parte de uno de sus personajes, esos créditos a base de distintas humedades en techos y paredes, ese desfile musical de barrio de una ciudad que quiere resucitar. ‘Treme’ promete mucho, tanto por su creador como por algunos de los actores, que ya vimos en ‘The Wire’. Promete tanto que la HBO no se lo ha pensado dos veces y ha renovado la obra para una segunda temporada apenas días después de emitir el primer capítulo. Michael Lombardo, presidente de programación de la cadena de pago, uno de los gurús de este mundo, dijo: “No puedo imaginarme otro show que sea más emblemático y significativo de lo que aspiramos a ser como televisión que ‘Treme”. Eso es apostar por el arte y la creatividad y lo demás tonterías.

Pero mientras nos llegan los subtítulos, estamos embarcados en otro acontecimiento, que transcurre a unos cuantos miles de millas al oeste: Nuevo México. La tercera temporada de ‘Breaking Bad’ ya lleva cinco capítulos y podemos afirmar que es tan extraordinaria como sus predecesoras. La obra de Vince Gilligan avanza en su premisa original, tan antigua como el mundo: ¿Justifica el fin los medios? Pero lo hace de una forma nunca antes vista en la pantalla. Es un tratado continuo sobre la escala de grises que domina los actos del ser humano, a pesar de que los rojizos tonos del desierto marquen su cuidada estética. En estos primeros capítulos hay momentos memorables, escenas inéditas. La libertad de los guionistas de esta serie sigue siendo absoluta, a veces incluso brutal. Puede que eso no garantice los mejores resultados de audiencia. Pero sí la mejor obra. El profesor Walter White, ‘aka’ Heisenberg, ocupa ahora el trono de Tony Soprano. Larga vida al rey mientras en España seguimos esperándolo.