Archivos para el tag ‘Vince Gilligan’

Vivos y muertos

Hyde | 21 de marzo de 2013 a las 13:41

Que no cunda el pánico. Claro que la muerte de Henry Bromell será un golpe para ‘Homeland’, la mejor serie de los últimos años. Pero si algo distingue a las grandes es su profundidad de banquillo. Y Bromell, siendo un gran artista -como sólo puede ser alguien que haya escrito un capítulo como ‘Q&A’- no era ni del equipo titular de la serie ni formaba parte de su columna vertebral. Las estrellas de ‘Homeland’, además de su trío protagonista, son Alex Gansa, Howard Gordon, Michael Cuesta y Gideon Raff, el creador de la serie israelí original, ‘Hatufim’. Esos son los nombres que han soportado el peso principal de escritura, producción y dirección de los 24 episodios emitidos. Claro está que Bromell no sólo aportaba su talento, también una gran experiencia y el paso por una serie de cuyo estilo sin duda bebe ‘Homeland’, la añorada ‘Rubicon’, posiblemente la cancelación anticipada que más ha dolido a los críticos en los últimos años.

 

Hay series tan grandes que acaban independizándose de sus creadores, por mucho que en algunas se note su ausencia. Y luego hay producciones personalísimas, que mueren en cuanto se marcha su autor original. Le está pasando en la actualidad a ‘Community’ tras el despido de Dan Harmon. Hay series cantera, que bajo la batuta de un gran director, forman a guionistas, productores y ‘showrunners’. Uno repasa los créditos de ‘Los Soprano’ y aquello parece el All-Star de la televisión actual. Estaban Matthew Weiner, creador de la estelar ‘Mad Men'; Todd A. Kessler, de ‘Damages'; y Terence Winter, Tim Van Patten, y Allen Coulter, los grandes nombres, exceptuando a Scorsese, detrás de ‘Boardwalk Empire’. Luego hay series personalísimas, como la citada ‘Mad Men’, que no se entiende sin su creador, o su rival por el trono televisivo y ‘hermana de la cadena AMC ‘Breaking Bad’, que no podría existir su su peculiar creador, el genial Vince Gilligan.

 

Luego están las series que cambian de ‘showrunner’ o productor y si se nota, es para mejor. Ha ocurrido con ‘The Walking Dead’, tras la salida de Darabont y esperemos que siga pasando tras la marcha, el próximo año, de Glen Mazzara, que ha llevado a la serie a su cima. Gracias, por otra parte, tanto a la inestimable ayuda del ‘Gobernador’, un soberbio David Morrisey, como a que por fin se han dado cuenta de que lo verdaderamente terrorífico son los vivos, no los muertos.

 

Cuando el continuismo es la mejor noticia

Hyde | 29 de diciembre de 2012 a las 13:41

“2011 sólo tendrá una cosa buena, que será mejor que 2012”. La profecía del presidente de Mercadona, Juan Roig, se pudo cumplir en lo económico pero, afortunadamente, no en todas las facetas de la vida. Desde luego no en televisión. En la estadounidense y británica, queremos decir. Porque 2012 ha estado marcado por el continuismo, si no por la mejora, en lo que se refiere a las series. Parecía difícil mantener el nivel de calidad del año anterior, pero así ha sido, añadiendo, por si fuera poco, el regreso de ‘Mad Men’ tras su forzoso año sabático por las duras negociaciones entre la productora y la cadena AMC, un hueso duro de roer. No ha sido 2012 un año excesivamente pródigo en nuevas producciones, entre las que que sólo han destacado, que no brillado en exceso, la ya cancelada ‘Last Resort’, del gafado Shawn Ryan, y ‘Nashville’, el retorno a la pequeña pantalla de la gran Connie Britton como reina del country. Sí se encuentra entre lo mejor del año una miniserie, pero no americana, sino británica. He dicho miniserie, no ‘Downton Abbey’. Allí sigue refulgiendo Maggie Smith, con momentos sublimes capaces de hacernos pasar de la risa al llanto con un gesto, pero la criatura de Julian Fellowes cada vez se aproxima más al género de la telenovela. Este año se cae de la lista. No entra tampoco ‘Fringe’, pese a su despedida dentro de unos días, ni la pretenciosa, utópica y algo fallida ‘The Newsroom’ de ‘Sermonorkin’, como bautizó a su guionista y creador el gran Nahum.

10.- Community. No ha sido la mejor temporada en la Universidad de Greendale, aunque sí la más movida. Tras varias broncas, el genial, histriónico y conflictivo Dan Harmon fue despedido como ‘showrunner’ de forma tan fulminante como lamentable por la NBC. Tampoco seguirá Chevy Chase. Así que si ya se encontraba en el disparadero, éste podría ser su último año. Pero hay que reconocerle la valentía, creatividad y originalidad. El capítulo en 8 bits fue una obra de arte. Otra más. Nadie parodia mejor que ‘Community’.

9.- ‘Secret State’. Ya echábamos de menos al enorme Gabriel Byrne tras el final de ‘En terapia’. El actor irlandés regresa en esta miniserie, basada en un bestseller, como primer ministro que se enfrenta a una grave crisis. Se trata de un vibrante thriller político con el sello del buen hacer televisivo británico. Una impecable factura, un estupendo guión y grandes interpretaciones. Lo mejor es la sensación permanente de que el inquilino de 10 de Downing Street, como el de La Moncloa, como quizás hasta el de la Casa Blanca, no deja de ser un pardillo, un muñeco en manos de las grandes corporaciones, de las intrigas partidistas, de los servicios secretos.

8.- ‘The Good Wife’. Resulta complicado hacer balances anuales cuando el calendario de la temporada televisiva va por semestres. Así que en 2012 tuvimos la mitad de dos temporadas de ‘The Good Wife’. La serie con el mejor banquillo, con el reparto de secundarios y estrellas invitadas más amplio, siguió brillando en el podio en la tercera temporada, pero en su cuarta entrega, puede que por ese jueguecito extraño y fallido con el personaje de Kalinda, no logra despegar. Aún así, sigue siendo la mejor serie en abierto.

7.- ‘The Walking Dead’. La serie de más éxito de la historia de la AMC está maldita. No hay ‘showrunner’ que sobreviva. Pero a tenor de lo que ocurrido con el relevo de Frank Darabont por Glen Mazzara (que dirá adiós tras la tercera temporada), que siga la cosa así. La adaptación del cómic de Kirkman no sólo sigue siendo de lo más entretenido y eléctrico de la tele. Este último año ha ganado en calidad gracias al saber hacer de Mazzara, que ha dotado de mayor profundidad y conflictos a los personajes y dado con la tecla correcta: lo que verdaderamente da susto son los vivos. De paso, la cadena se ha ahorrado una buena pasta en exteriores.Y ojito con Andrew Lincoln. Ya no podemos meternos con él.

6.- ‘Juego de tronos’.- Hace una década era impensable una serie como ésta. Por su presupuesto y por lo imposible que parece llevar a la pantalla la obra literaria de George R.R. Martin. Pero la HBO ha conseguido el sueño de los millones de fanáticos de la saga de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Su segundo año, además de consagrar a Peter Dinklage entre los grandes, ha superado varias pruebas difíciles. Entre ellas la batalla por Desembarco del Rey. Pero lo mejor está por llegar.

5.- ‘Justified’. Este híbrido entre la novela negra y el ‘western’ se ha convertido en la mejor serie policiaca del momento. Y su protagonista, Timothy Olyphant, debería recibir el premio al mejor actor-productor. No sólo por lo que ha mejorado su interpretación desde aquel Bullock de cara de palo de ‘Deadwood’. También por saber repartir el juego entre sus compañeros, lo que a la larga le enriquece a él. Raylan Givens era el marshall más duro de Kentucky. Ya no lo es tanto. Este año lo hemos visto sufrir desde el minuto uno. Más vulnerable que nunca. Mucho mejor. Otra serie que logra lo que parecía imposible: no desplomarse tras una temporada anterior sublime. Porque Mags Bennett era mucha Mags Bennett.

4.- ‘Boardwalk Empire’. Por fin llega a la altura de sus expectativas. La heredera de ‘Los Soprano’ ha tenido que cargarse a un grande como Michael Pitt -es un milagro que no echemos de menos a Jimmy Darmody- y poner a ‘Nucky’ Thompson al borde del precipicio para que apreciemos todo su valor. Sangre, acción, intrigas y violencia extrema, un casting sensacional y un malo de época como el que ha compuesto Bobby Cannavale con su ‘Gyp’ Rosetti se dan cita en una tercera temporada estupenda, la mejor hasta ahora.

3.- ‘Breaking Bad’. En el cómputo global, la serie de Vince Gilligan será la reina de esto años. Pero la decisión de partir en dos su quinta temporada, para así emitir ocho capítulos cada año, ha restado un poco al conjunto. Aun así, se nos acaban los epítetos para el descenso de Walter White a los infiernos, la lección de interpretación que dan en cada capítulo Bryan Cranston y Aaron Paul, el extraordinario gusto por los detalles, hasta la locura, de Gilligan, y un reparto de secundarios corto pero sensacional en el que este año hay que destacar por encima de todos a Jonathan Banks. Como ocurre en el caso de ‘Boardwalk Empire’, incluso de forma más acentuada, hay que ser muy muy grande para sobrevivir a la marcha de un personaje como el Gus Fring de Giancarlo Esposito, uno de los mejores malos de la historia.

2.- ‘Mad Men’. “Siempre estoy preguntándome sobre qué trata Mad Men”, nos contaba en una entrevista su creador y productor, Matthew Weiner. En su esperada quinta temporada, tras un año de abandono a su fiel legión de fans, nos reencontramos con Don Draper y el resto de ejecutivos y creativos publicitarios. No, no se superó ni se alcanzó el nivel de la excepcional cuarta temporada. Pero hubo momentos y capítulos de libro, y seguimos asistiendo a la evolución de Draper, uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la historia de la tele, en parte por el carisma magnético que ha logrado imprimirle Jon Hamm. El ‘Zou bisou bisou’ de Jessica Paré dejó a muchos con la boca abierta, el capítulo ‘At the codfish ball’, el ‘Tomorrow never knows’ psicodélico de los Beatles sonando en el tocadiscos de Draper -por sus derechos se pagaron 250.000 dolares- y sí, el criticado hasta la extenuación ‘The other woman’ -quienes lo han machacado no se han puesto en los zapatos de una madre soltera-. ‘Mad Men’ sigue siendo esa extraña joya, puro arte.

1.- ‘Homeland’. Si uno echa un vistazo hacia atrás, verá que cinco de las siete mejores series del año pertenecen al duopolio HBO-AMC, el cable de calidad en EEUU. Pero el tercer rival, la cadena Showtime, ha conseguido arrebatarles el trono dos años seguidos con este thriller político y de terrorismo, este intenso duelo interpretativo entre Claire Danes y Damian Lewis, el amor imposible, y hermoso, entre un posible terrorista y la mejor analista de la CIA, tan brillante como chiflada. Y de árbitro Mandy Patinkin. ¿Se puede pedir más? Hay muchas cosas de aplaudir a rabiar en ‘Homeland’. Su osadía al tratar un tema tan espinoso en Estados Unidos como el terrorismo -la acaban de acusar de islamofóbica, una soberana tontería- e incluso justificarlo en cierta forma. La extrema valentía de sus guionistas para adentrarse en laberintos apasionantes pero sin salida aparente. Son como Houdini: cuando pensamos que ya no hay vuelta atrás, que al siguiente capítulo la serie se desplomará, la pifiará, siempre encuentran una forma de escapar del atolladero. Y lo hacen de manera sorprendente, sin insultar a la inteligencia del espectador ni traicionar el recorrido de la serie. ‘Homeland’, como el 2012 televisivo, ha mantenido el nivel. Nadie apostaba por ello.

Las diez mejores series de 2011

Hyde | 27 de diciembre de 2011 a las 3:40

Llega el fin del año y el obligado repaso a lo mejor de la parrilla televisiva. Ausente forzosa ‘Mad Men’ tras las duras negociaciones entre la cadena AMC y su creador, Matt Weiner, estas son las diez mejores obras de 2011 a juicio, subjetivísimo, de este seriófilo. Algunas se han emitido ya en España, otras lo hacen en la actualidad y otras llegarán pronto.

10.-‘Sons of Anarchy‘. ¿Puede un último capítulo cargarse una temporada casi redonda? Si eliminamos el desastroso 4×14, la nueva entrega de esta violenta serie, revisión motera de ‘Hamlet’ y ‘El Padrino’ (aunque nuestros muchachos de Samcro se pasan más tiempo en el hospital que sobre sus Harleys), ha vuelto al nivel de sus primeros dos años, gracias a la llegada del artesano Paris Barclay. Su creador, Kurt Sutter, uno de los tipos más irreverentes, peculiares y sorprendentes de la televisión (“Haz siempre lo contrario de lo que espera el espectador”, es uno de sus lemas), ha estado más cerca que nunca de la añorada ‘The Shield’, en la que trabajó como guionista. Aunque al final, como Ícaro, se quemó.

9.- ‘Community’. No es fácil para una serie de una gran cadena generalista como la NBC jugar siempre al filo de la navaja. Por eso, y aunque su tercera y a tenor de las audiencias quién sabe si última temporada, no sea la mejor, el loco grupo de estudio de Greendale merece estar en cualquiera de estas listas. Hay unanimidad de los críticos: cuando uno de sus episodios es redondo, resulta inalcanzable. Y este año ya llevamos unos cuantos capítulos memorables. Nadie parodia mejor que ‘Community’ y no recordamos un mejor dúo que el de Abed y Troy. El talento, la asunción de riesgos y la creatividad salvaje de esta comedia, con un casting soberbio y unos guiones escritos con la locura que sólo un genio puede tener, merecen mucha mejor suerte.

8. ‘Crematorio’. También hay que tener mucho valor para coger la excelente novela de Rafael Chirbes, a base de monólogos interiores, y llevarla a la pequeña pantalla en la que posiblemente sea la primera serie española que puede mirar a la cara a las producciones de la HBO, la AMC y la BBC sin bajar la cabeza. Los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo merecen todos los aplausos, a la par que Canal Plus un empujoncito para seguir destinando parte de sus ingresos a producciones propias de calidad. ‘Crematorio’, con un Pepe Sancho en el papel de su carrera, es un retrato fiel y descarnado de la corrupción y la voracidad inmobiliaria que ha asolado el litoral español. Y todo, desde los créditos iniciales con música de Loquillo, pasando por la fotografía hasta el último de los secundarios, funciona como un reloj. No estamos acostumbrados.

7.- ‘Friday Night Lights’. Si se tratara de valorar una serie en su conjunto, las cinco temporadas de ‘FNL’ merecerían estar en el podio. Si lo que cuenta es la emoción y empatía que se provoca en el espectador, sería la campeona. No, la quinta y última entrega de esta fenomenal obra sobre la familia, la pertenencia a una comunidad, la crisis, los retos de la vida diaria, con deporte como elemento catalizador pero no protagonista, no ha sido la mejor. Cuenta, eso sí, con un finale redondo, de los que pasarán a la historia por dejar a todo el mundo satisfecho. Rodada con cámara al hombro, sin ensayos y con libertad interpretativa absoluta, hasta el punto de que sus excelentes actores improvisaban sobre la marcha y cortaban o ampliaban diálogos por lealtad al espíritu de sus personajes, ‘FNL’ es la gran serie que usted no ha visto. No ha habido, ni seguramente habrá, un matrimonio más realista y perfecto en la pantalla que el que forman los Taylors de Kyle Chandler (por fin le llegó el Emmy) y Connie Britton. Tampoco un pueblo con más corazón que Dillon.

6.- ‘The Good Wife’. Si la segunda temporada fue la de confirmación de la alternativa tras un estreno sorprendente, en su tercer año ‘La Buena Esposa’ se mantiene en la cumbre, aunque sigue penando con las audiencias. Julianna Margulies reina sobre un reparto soberbio, con más banquillo que el F.C. Barcelona, el Real Madrid y el Manchester City juntos. ‘TGW’ es la serie con los guiones más actuales, no en vano sus ‘showrunners’, el matrimonio King, los escribe y graba de una semana para otra. Cual pareja de Guardiola-Mourinho televisiva, saben sacar siempre lo mejor de cada personaje y siguen su evolución al milímetro. Si un día Kalinda quita el hipo, al otro Cary Agos lo borda. Y cuando no es el genial Eli Gold de Alan Cumming, aparece como estrella invitada Michael J. Fox en un papel de abogado discapacitado y cabronazo espectacular. No, ‘The Good Wife’ no es otra serie de abogados. Es sobre la política, la ambición, la familia y la competencia profesional. Una maravilla.

5.- ‘Justified’. Bonito que una serie tan cargada de testosterona como ésta, sobre un duro, durísimo U.S. Marshall que vuelve a su cerrado condado natal de Kentucky, haya explotado gracias a sus mujeres. Con una Margo Martindale sencillamente sublime, que encarna a una de las mejores ‘malas’ de la historia de la tele, y unos diálogos soberbios a cargo del curtido Graham Yost, la segunda entrega de ‘Justified’ sorprendió a toda la crítica. Timothy Olyphant, protagonista y productor, dio un acertado paso atrás, sólo para ganar más impulso, dando mayor peso a los personajes femeninos de Zea, Carter y la niña Kaitlyn Dever, y a su lado tiene a uno de los mejores secundarios posibles: Walton Goggins. Es pecado ver esta serie doblada, porque aunque sus acentos ‘redneckianos’ resultan incomprensibles incluso para los angloparlantes, sería como poner acento gallego a un gaditano.

4.- ‘Juego de Tronos’. A priori, la formidable empresa de llevar a la pantalla la colosal e inacabada todavía –maldito viejo gordo- obra de George R.R. Martin, referente actual de la literatura fantástica, parecía demasiado incluso para la HBO. Pero aunque difícilmente encontrarán a un lector de los libros que prefiera la serie, como tiene que ser, tampoco habrá muchos que renieguen de ella. El casting, lleno de secundarios apenas conocidos para el gran público, ha sido un acierto total. Se nota que el escritor, veterano guionista, es uno de los productores y ha participado decisivamente en la elección. Las recreaciones que parecían imposibles del primer tomo de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ (el Muro, los ‘niños’ de Dani…) se han solventado de forma magistral. Y aunque se trata de una obra coral, un buffé libre de protagonistas que se mueven por un tablero en el que la vida no está garantizada –amará y odiará a Martin por ello, querido lector-, sobresale entre todos el más pequeño de tamaño pero grande de talento: Peter Dinklage. También parecía imposible encontrar al Tyrion perfecto. Él lo es.

3.- ‘Boardwalk Empire’. Con ella hay que ser más exigente que con las demás, porque lo tiene todo. Todo el dinero del mundo y más (en reconstruir el viejo paseo marítimo de Atlantic City se gastaron más que en la inmensa mayoría de las películas españolas); un reparto excelente encabezado por Steve Buscemi y Michael Pitt, secundados por gente de la talla de Michael Kenneth Williams (sus escenas, antológicas, casi superan por intensidad a las del viejo Omar de ‘The Wire’) y un equipo de lujo detrás de las cámaras liderado por el ‘sopraniano’ Terence Winter, T. Van Patten y un Martin Scorsese cuya mano se intuye. A veces para bien y otras para mal. A ‘BE’ sólo le reprochamos cierta frialdad en el desarrollo de los personajes y la cargante presencia de Paz de la Huerta. Va camino de ser una obra maestra.

2.- ‘Breaking Bad’. Se nos acaban los epítetos para el descenso a los infiernos del profesor Walter White. También los halagos para Vince Gilligan y su maestría artística: ha conseguido que una serie adquiera la coherencia y la profundidad de una gran novela. Todo ocurre por una razón en ‘BB’, reina de la pantalla desde su estreno y hasta su penúltima temporada. Y sea cual sea el lío en el que se meten sus personajes, los más desarrollados e imperfectamente humanos de la televisión actual, la historia continúa sin trampa ni cartón. No sólo cuenta con dos protagonistas y antihéroes memorables, a cargo de los premiados Bryan Cranston y Aaron Paul. También Gus Frings, un extraordinario Giancarlo Esposito de momento con las manos vacías, se ha ganado un puesto entre los mejores malos televisivos de la historia.

1.- ‘Homeland’. Una lista es siempre, y sobre todo, subjetiva. Incluso contradictoria. En el balance final y tras varios años, ‘Breaking Bad’, ‘Friday Night Lights’, ‘The Good Wife’ o ‘Boardwalk Empire’ serán seguramente mejores que una serie que debería tener solo una temporada. Puede que incluso en este 2011 si hiciéramos un análisis formal y objetivo. Pero hay muchos factores por los que ‘Homeland’ merece este puesto de honor en su debut. No sólo por la solidez de sus dos dañados protagonistas, unos inmensos Claire Danes y Damian Lewis, o por la discreta maestría de don Mandy Patinkin. Tampoco porque por primera vez la cadena Showtime le hable de tú a tú a las veneradas HBO y AMC y eso sea de agradecer. Lo mejor de ‘Homeland’ es el supremo valor con el que afronta un tema tan doloroso y espinoso como el terrorismo, sus causas y sus consecuencias, en un país que todavía no ha cerrado del todo las cicatrices del 11-S. Todos sus personajes principales están traumatizados de una manera u otra, como la nación, pero eso no impide que los responsables de esta serie, inspirada en una israelí, nos pongan a menudo en la piel del terrorista y lancen al espectador la dura pregunta de si no será igual de malo un Estado que bombardea a civiles y mata niños. También hay que aplaudir su equilibrismo de cuerda floja. A medida que iban pasando sus episodios, nadie daba un duro por el desenlace, presuponiendo un ‘finale’ desastroso ‘a la The Killing’ en el que saltaran todas las costuras del argumento. Pero el traje estaba hecho como dios manda. ‘Homeland’ es un thriller psicológico fantástico, con muchos momentos de una intensidad que corta la respiración. Y ha logrado lo más difícil: situar una trama que parecía forzosamente conclusiva bien embocada hacia la segunda temporada. Como su música, es un jazz que va entrando sigilosamente, hasta que, de repente… ¡ZAS! te ha conquistado. Como en el jazz, como esa trompeta de Miles Davis que parece estremecerse, llorar y gritar en solitario, uno duda de que todo acabe entrando en armonía. Pero lo hace. Bravo.

El cielo y el infierno

Hyde | 20 de julio de 2011 a las 20:15

En los primeros tres años de vida de ‘Breaking Bad’ no sólo asistimos al lento descenso a los infiernos del profesor Walter White y de su discípulo y socio accidental Jesse Pinkman. También tuvimos la suerte de presenciar el fulgurante ascenso de esta serie a los cielos, coronarse como indiscutible reina de la pequeña pantalla. Y no hay que subrayar la importancia que tiene ese título en la etapa dorada de la televisión, en un momento en el que compite con joyas como ‘Mad Men’, ‘Juego de Tronos’, ‘La Buena Esposa’ o ‘Justified’. Cada temporada Vince Gilligan y Bryan Cranston, creador y protagonista, guionista y alma del show, productores ambos, han situado el listón más alto. Hasta el punto de que siempre parecía imposible igualarlo. Sin embargo, ante una crítica rendida y una audiencia más que decente para un canal de pago, en cada entrega lo han bordado. Ahora que el pasado domingo comenzó la esperadísima cuarta temporada con un colosal capítulo, no volveremos a caer en el error de no dar por supuesta la excelencia de su majestad. El episodio, en el que no entramos para evitar espoilers, es una inmejorable muestra de la maestría de los guionistas de ‘BB’ y de la profundidad de las tinieblas en las que han sumergido a sus personajes. Pocas veces en la historia de la tele se ha dicho tanto con tan pocas palabras.

Si queréis, podéis ver aquí una estupenda entrevista de J. Poniewozik a Vince Gilligan sobre la evolución de los personajes y el proceso creativo.

Producto estrella de la cadena AMC, que se ha consolidado como la mayor rival de la todopoderosa HBO, ‘Breaking Bad’ nos pone en la piel de un fracasado profesor de Química de instituto, que lava coches para llegar a fin de mes, que descubre que padece un cáncer de pulmón (el pobre es tan perdedor que ni siquiera fuma) justo cuando su mujer está embarazada de su segundo hijo. Y el primero sufre una parálisis. Así que decide dedicar su por otra parte malogrado talento científico a lograr el máximo dinero posible para dejarlo a su familia. Y como no hay forma legal ni moral de hacerse rico salvo que a uno le toque el euromillones, vende su alma al negocio de la droga, diseñando una sustancia de tal pureza que hace furor en Nuevo Méjico, el particular escenario de una serie que cuenta con el diseño de producción exquisito marca de la cadena.

En las anteriores ediciones de los Emmy, Bryan Cranston e incluso su coprotagonista, el joven Aaron Paul, se hicieron con los premios. No será así en la entrega de este año, pero sólo porque la serie se ha emitido fuera de calendario. Una lástima porque se quedará sin galardón el impresionante Giancarlo Esposito, un secundario de lujo que encarna al mismísimo demonio. Parece un buen tipo, pero no se dejen engañar.

Atraco en la Academia

Hyde | 15 de julio de 2010 a las 12:35

sons

Entre unas cortas vacaciones desconectado de todo, incluso de las series, en un cercano y hermoso desierto, y el margen que me he impuesto para que se me pasara la irritación, han pasado unos días desde que se conocieran las candidaturas de los Emmys. Aunque hay algunas sorpresas agradables, predomina el disgusto.

Si yo me siento atracado, no me hace falta leer el blog de Kurt Sutter (aunque desde luego lo he hecho) para imaginar su digna ira. Dice que le importa un carajo que la Academia de la TV vuelva a pasar de sus ‘Sons of Anarchy’, siempre que estos sigan rodando libres en la modesta cadena FX. Pero no puede ocultar su encabronamiento (ni yo el mío) por el nuevo desaire a su esposa, la excelente actriz Katey Sagal. La matriarca de los moteros de Sam Crow, Gemma Teller, está sencillamente espectacular en la segunda temporada de esta gran serie. Su ausencia es una indecencia, dan ganas de coger la moto y plantarse en el auditorio el día de la entrega de premios, quemar la alfombra roja.

Ni siquiera el reconocimiento a Connie Britton, cuyo personaje en ‘Friday Night Lights’ tampoco lo ha tenido fácil esta cuarta temporada, y la tardía nominación de Kyle Chandler (el coach Taylor ha tenido años mucho mejores), nos pueden resarcir. Entre otras cosas porque tampoco se incluye a ‘FNL’ entre los mejores dramas (¿pero qué demonios hace ahí ‘True Blood’?), ni al joven Zach Gilford, cuya actuación en el episodio ‘The Son’ fue absolutamente memorable. ¡Qué ganas tenemos de que vuelva FNL, ahora que además de ‘Entourage’ sólo tenemos vampiros y gigolós que echarnos a la boca!

Ya hemos alabado en alguna ocasión la frescura que ha aportado ‘Glee’ este año. Pero tampoco hay que pasarse. La serie está bien, pero tiene demasiados altibajos. Un capítulo estupendo cada seis o siete petardazos, y esa frecuencia cada vez se amplía más. Así que ‘The Big Bang Theory’ debería estar nominada en su lugar.

Después del incendio del auditorio, debería llegar un huracán, y luego unas inundaciones, que se traguen a los votantes que se han olvidado de ‘Treme’. No se trata del orgullo herido de este blogger, que vaticinó que la serie de David Simon arrasaría (como adivino no tengo precio…). Se trata de ser mínimamente objetivos, de apreciar la belleza, la originalidad, la oportunidad de esta obra maestra. Cuando dentro de unos años ‘Treme’ esté en los altares, como merece, los malditos miembros de la Academia debería arrastrarse hasta la casa de Simon, de Wendell Pierce, del magnífico elenco de intérpretes que crean esta genial serie.

Por lo demás, esperamos que se premie a Aaron Paul, el estupendo actor capaz de plantar cara a Bryan Cranston en ‘Breaking Bad’. Ambos intérpretes y la serie de Vince Gilligan deben volver a arrasar. Aunque también se ha olvidado a ese estremecedor secundario que ha forjado a un malo inolvidable, Giancarlo Espósito y su Gus, gerente de Los Pollos Hermanos.

Blasfemia sangrienta

Hyde | 17 de junio de 2010 a las 10:57

Parece una blasfemia dedicar este artículo al estreno de la tercera temporada de ‘True Blood’, cuando éste llegaba el domingo casi al mismo tiempo que terminaba la tercera entrega de Breaking Bad. Puestos a blasfemar, déjenme simplemente decirles que si al principio fue Los Soprano, y luego llegó A dos metros bajo tierra, en la Santísima Trinidad televisiva se ha instalado por méritos propios la serie de Bryan Cranston y Vince Gilligan, tan imprescindible, o más, que las dos anteriores. Pero ya hablaremos de las desventuras del profesor Walter White, de Jesse y de Los Pollos Hermanos la próxima semana. En esta tocan vampiros, a los que tenemos últimamente hasta en la sopa. Y como hablábamos de pecado, está claro que ‘True Blood’ es la irreverencia pura.

Cuesta creer que Alan Ball, el venerado creador de la serie funeraria de la familia Fisher, un guionista exquisito, ganador del oscar por ‘American Beauty’, esté detrás de esta historia de chupasangres sureños salidos del armario que no tiene ni pies ni cabeza. De acuerdo, es adictiva, como esa V con la que trafican, pero no resiste ningún tipo de análisis objetivo, porque en el fondo tenemos que ser conscientes de que nos estamos tragando una chorrada considerable. Volvemos a Bon Temps, en ese sur de EEUU tan castigado por el derrame de crudo, y volvemos a encontrarnos con la insoportable Sookie que (mal)interpreta Anna Paquin. También cuesta creer que a esta chica, también ganadora de un oscar, como la niña de ‘El Piano’, la consideren cada año para los Emmy. Es un insulto a la inteligencia y el buen gusto situarla en el mismo plano, escenario, mesa o auditorio que Julianna Margulies o Edie Falco.

Este año también tenemos nuevos y peludos monstruos, y se adivina un pulso al estilo ‘Crepúsculo’, así que nos tememos lo peor. Lo mejor de ‘True Blood’ son sus personajes secundarios. El inquietante sheriff vampiro, Eric, que encarna el sueco Alexander Skarsgard, el paleto de Jason Stackhouse, el mutante Sam Merlotte, la vampira novata, el siempre estupendo Chris Bauer y su no tan estúpido detective Andy Bellefleur. Y po supuesto, el histriónico Lafayette. Aunque pagaríamos por que algún vampiro acabara de una vez por todas con el sufrimiento de otros personajes, como los de Tara y su madre.

Por supuesto que veremos la tercera de ‘True Blood’, aunque a sabiendas de que es una soberana tomadura de pelo. A su lado, los guiones de ‘Perdidos’ parecen obra de Shakespeare.

El fin y los medios

Hyde | 22 de abril de 2010 a las 9:02

walterwhiteIba a escribir sobre ‘Treme’. Llevo más de una semana con el primer capítulo y debo admitir que mi inglés no es tan bueno como para entender el dialecto de este barrio típico de Nueva Orleans –ni de la mayor parte de los barrios sureños, la verdad-. La nueva serie de David Simon, el periodista de sucesos de Baltimore elevado a los altares de la televisión por ‘The Wire’, tiene buena pinta. Pero esperaremos a verla con los pertinentes subtítulos. Impresionan la vuelta a un hogar devastado por el Katrina por parte de uno de sus personajes, esos créditos a base de distintas humedades en techos y paredes, ese desfile musical de barrio de una ciudad que quiere resucitar. ‘Treme’ promete mucho, tanto por su creador como por algunos de los actores, que ya vimos en ‘The Wire’. Promete tanto que la HBO no se lo ha pensado dos veces y ha renovado la obra para una segunda temporada apenas días después de emitir el primer capítulo. Michael Lombardo, presidente de programación de la cadena de pago, uno de los gurús de este mundo, dijo: “No puedo imaginarme otro show que sea más emblemático y significativo de lo que aspiramos a ser como televisión que ‘Treme”. Eso es apostar por el arte y la creatividad y lo demás tonterías.

Pero mientras nos llegan los subtítulos, estamos embarcados en otro acontecimiento, que transcurre a unos cuantos miles de millas al oeste: Nuevo México. La tercera temporada de ‘Breaking Bad’ ya lleva cinco capítulos y podemos afirmar que es tan extraordinaria como sus predecesoras. La obra de Vince Gilligan avanza en su premisa original, tan antigua como el mundo: ¿Justifica el fin los medios? Pero lo hace de una forma nunca antes vista en la pantalla. Es un tratado continuo sobre la escala de grises que domina los actos del ser humano, a pesar de que los rojizos tonos del desierto marquen su cuidada estética. En estos primeros capítulos hay momentos memorables, escenas inéditas. La libertad de los guionistas de esta serie sigue siendo absoluta, a veces incluso brutal. Puede que eso no garantice los mejores resultados de audiencia. Pero sí la mejor obra. El profesor Walter White, ‘aka’ Heisenberg, ocupa ahora el trono de Tony Soprano. Larga vida al rey mientras en España seguimos esperándolo.

El Lado Oscuro de Heisenberg

Hyde | 26 de junio de 2009 a las 19:34

http://www.youtube.com/watch?v=0t_tGu-Os70&feature=related La primera temporada de ‘Breaking Bad’ fue la sensación del año pasado. Ya lo hemos contado aquí. También en este blog expresábamos nuestros temores a que el interés de las desventuras de nuestro querido profesor Walter White, que interpreta magistralmente Bryan Cranston, cayera en picado víctima del síndrome de la segunda temporada. Todo lo contrario. En la segunda temporada de Breaking Bad, que recientemente concluyó en EEUU (y no me vengan ahora otra vez con la SGAE, pequeños aprendices de Ramoncín), asistimos a una transformación. De comedia ácida pasamos a drama con algunas, pocas, pinceladas cómicas. La mayoría proporcionadas por cierto por un nuevo personaje, un abogado tan estrambótico como corrupto.

El profesor sigue batallando el cáncer y cocinando cristal, MDMA o como quiera Dios que se traduzca aquí la droga de diseño que cual alquimista privilegiado, produce. Pero empezamos a no tener tan claro que el fin justifique los medios, que sus motivos sean tan morales y admirables como eran al principio. Walt cambia, se pasa al Lado Oscuro, cual Darth Vader de Nuevo Méjico, y su Mr Hyde particular, Heisenberg, cada vez lo domina más. No contaremos aquí detalles, pero algunos de los episodios de esta segunda temporada son duros, sórdidos, estremecedores. La serie de Vince Gilligan se ha convertido en un brillante pero turbio ensayo sobre el engaño, la ambición, las adicciones, la muerte, la paternidad. Nos sigue encantando.