Un monstruo burocrático insaciable

Javier Gómez | 30 de diciembre de 2008 a las 13:39

Las referencias que preceden al nombramiento de Antonio Escámez como nuevo delegado de Educación invitan todas al optimismo. Un docente comprometido, innovador, premiado por sus méritos y su forma de combatir la violencia escolar, de la que ha sido incluso víctima.

Habrá que ver el resultado de poner a alguien así de creativo al frente de una maquinaria burocrática tan compleja y problemática como la Delegación de Educación. Puede salir bien y puede salir fatal. Imagínense la tarea titánica de gestionar una empresa con miles de trabajadores, un par de cientos de miles de clientes (los alumnos, a los que hay que sumar sus familias), en la que por si fuera poco se da la circunstancia de que cada año cambian de puesto de trabajo cientos o miles de esos funcionarios, varían sus sueldos con decenas de distintos complementos y también mudan de estatus los clientes. El producto que se ofrece además cambia según el vendedor y según también los caprichos del Ejecutivo y legislador de turno. Y todo ello bajo la presión de los padres, un quisquilloso consumidor que exige mucho y por lo general da poco, y la preocupante amenaza de la violencia escolar.

Añadan comedores, aulas matinales, transporte escolar, el difuso y oscuro Ente de Gestión de Infraestructuras Educativas, la construcción de nuevos centros, y sí, podríamos concluir que llevar bien la Delegación de Educación es más complicado que poner de acuerdo a la Europa de los 25, pacificar Oriente Próximo o cuadrar los Presupuestos Generales del Estado en este año de crisis.

A Antonio Escámez le deseamos buena suerte y que no se frustre demasiado cuando se enfrente al monstruo de papeleo y que desfogue con la batería cada vez que pueda -pobres vecinos-. A su antecesor, José Nieto, que ha sufrido mucho todo lo anterior, le damos las gracias por sus esfuerzos. A veces han fructificado en resultados y en otras el Edificio Negro lo ha derrotado.

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