Javier Gómez | 14 de mayo de 2009 a las 10:31
A lo largo de la vida, puede haber uno, dos, tres, no muchos más, profesores que marcan la trayectoria vital de sus alumnos, que forjan hombres y mujeres, que aportan como mínimo un granito de arena en la conciencia que ni la más poderosa de las mareas podrá llevarse jamás. Para los cientos, miles de estudiantes de la Universidad de Málaga que tuvimos la inmensa suerte y el gran privilegio de asistir a las lecciones de Alejandro Rodríguez Carrión, hoy es un día muy triste.
Hace ya 15 años, las clases de Carrión eran un oasis en el páramo de una Facultad de Ciencias de la Información en pañales. Y aunque en teoría poco tenían que ver con el Periodismo, el catedrático de Derecho enseñaba como nadie qué era el enfoque crítico, qué otros aspectos de la realidad hay que mirar al analizar las noticias, qué motivaciones ocultan mueven a los Gobiernos, qué peligroso es el recorte de las libertades civiles, qué injusta la opresión a muchos pueblos.
Si como profesor era inigualable por la pasión que trasladaba, por lo importantes que hacía sentir a sus alumnos, como analista no tenía precio. Bien lo sabe su querido pupilo Domi del Postigo, que se marcaba un tanto cada vez que lo invitaba a su programa en la Ser o Localia para que todos disfrutáramos de su ironía, de su visión global, de su magisterio.
Sin duda Málaga es desde anoche más pobre. Ha perdido a uno de sus referentes intelectuales, a una de esas personas que por sí solas hacen Universidad con mayúsculas, a un formidable ser humano que se empeñó tozudamente en seguir al pie del cañón hasta el final de la maldita enfermedad que se lo ha llevado. Pero por grande que sea el vacío que deja, Alejandro Rodríguez Carrión se ha preocupado mucho de dejar atrás un fantástico equipo en el Departamento de Derecho Internacional para perpetuar su imborrable legado. Que así sea.
14 de mayo de 2009 a las 1:30 pm | Enlace permanente
Don Alejandro ha sido un referente absoluto. Sus exámenes eran durísimos, muy exigentes, que te hacían prepararte esa maravillosa asignatura llamada Relaciones Internacionales como si se tratara de unas oposiciones a juez.
Su magisterio y ganas de comunicar hacían de sus clases una enseñanza maravillosa. Lo tengo apuntado en mi agenda. Viernes, 27 de marzo, 16 horas: “Hablar con Rodríguez Carrión”. Lo telefoneé. Estaba lúcido. Sabía que posiblemente sería nuestra última conversación: “Y si no me recupero, pues nada. Esto de la vida ha estado muy bien”. “Don Alejandro, he aprendido mucho de usted”, le contesté. Como bien dices, querido Javi, su legado está ahí, en Teatinos y en esas clases dichosas de la antigua Facultad de Martiricos…