La casa de Mayte

Javier Gómez | 13 de octubre de 2011 a las 16:18

ALGO está definitivamente podrido, y no en Dinamarca sino aquí mismo a la vuelta de la esquina, cuando la Policía acude en masa al humilde barrio de Las Flores para desahuciar a una joven de 24 años con sus dos hijas, una de cuatro años y la otra un bebé de apenas ocho días. Para dejar a una familia rota, con el padre en prisión, en lo que se dice la puta calle. Algo es una soberana mierda, con perdón, en este sistema insostenible e injusto en el que vivimos, cuando los agentes se dedican a esa indigna misión, hacerle el trabajo sucio a los bancos, pero nadie los manda a detener a esos directivos de cajas de ahorro, nombrados a dedo por los políticos, especializados en hundir entidades y en llevarse sin embargo calentitas indemnizaciones multimillonarias a casa. Hace meses, la madre de Mayte también fue desalojada de su vivienda porque simplemente no podía pagarla. Y uno se pregunta dónde está ahora la responsabilidad social corporativa, dónde están los bancos que nos prometen que todos podemos ser tan altos como Gasol, tan competitivos como Fernando Alonso, tan admirables como Nadal, tan elocuentes como Guardiola. ¿Dónde están esas sonrisas? En Las Flores no.

El deporte y nuestras refulgentes estrellas, el gran consuelo en este momento de depresión nacional, no debería ser el único recurso de imagen de la banca, que sin haberse encontrado nunca entre las instituciones más admiradas por el personal tampoco había estado jamás tan hundida en el fondo del negro pozo de la antipatía colectiva. ¿Cuánto cuesta, a efectos de imagen, el desahucio de una madre parada y sus dos bebés? ¿Cuánto dinero se tendrá que gastar esa misma entidad en publicidad para que alguien se crea lo del adelante, te escuchamos, queremos clientes como tú, trae tu nómina, te damos lo que nadie te da y demás mensajes del marketing bancario? Seguro que mucho más de lo que vale buscarle un techo a Mayte y sus hijas. Resulta simple y demagógico anatemizar al sector financiero, vital para la recuperación económica y para un desarrollo del que la mayoría disfruta. Esa casa, ese coche y aquella tele la tenemos gracias a un crédito. Pero todo tiene un límite, incluso aquí, un país en el que no se somete a referéndum la reforma de la Constitución o la adhesión al escudo antimisiles de la OTAN, y en el que no podemos esperar que algún día nuestros gobernantes, tan aficionados a influir -que no controlar- en un sector financiero que jamás desahuciará a un partido político de sus sedes por muy morosos que sean con sus créditos, nos hagan la pregunta islandesa. ¿Debe el Estado pagar los errores de la banca? ¿Debemos inyectarle dinero público? Con desalojos como el Mayte, los banqueros no se están ganando precisamente a la afición si algún día llega esa consulta.

  • rapole

    Es curioso que el nombre de los bancos que llevan a cabo estos desahucios no aparezcan en este tipo de noticias.