Infamia

Javier Gómez | 15 de febrero de 2013 a las 12:43

Qué mejor historia de amor para abrir los periódicos por San Valentín que la de la ministra Ana Mato y su ex marido Jesús Sepúlveda. Él, exculpándola en un lugar tan romántico como la puerta de la Audiencia Nacional; ella en el Congreso de los Diputados, confundiendo infamia con escándalo. Infamia es una maldad, una vileza, un descrédito o deshonra, según la RAE. Es lo que hicieron los japoneses en Pearl Harbor, según Roosevelt. Infamia es, si acaso, enarbolar la bandera de la igualdad para defender lo indefendible, acusar de machistas a quienes piden la dimisión de la ministra, alegar que se intenta “responsabilizar a una mujer de lo que haya podido hacer un hombre”. Infamia pueden ser muchas cosas, pero no lo es creer que Mato no debería seguir en su puesto por el escándalo de los regalos de la trama Gürtel.

 

“Esta infamia no me va a doblegar”, dijo pomposamente la ministra, refiriéndose, en realidad, al escándalo que supone el nuevo informe policial que refleja que Francisco Correa, el cabecilla de la red, pagó viajes y otros gastos para ella, su ex marido, sus hijos e incluso su empleada de hogar por valor de 50.000 euros entre 2000 y 2004. También un par de artículos de lujo de Louis Vuitton y los cumpleaños de sus hijos, esos a los que visten criados para regocijo de la dirigente popular. Imaginemos por un momento que todo esto no resulta escandaloso, ilegal, inmoral y deshonesto. Imaginemos que la defensa de la titular de Sanidad no es que no ha sido imputada porque los posibles delitos han prescrito. Aún así, la ministra debería dimitir. ¿De veras se puede mantener como responsable de un Ministerio que toma decisiones de cientos, miles de millones de euros, que afectan a todos los españoles, a alguien que no se enteraba de lo que ocurría en su casa? ¿Alguien que no sabía qué coche tenía su marido, de dónde procedía el dinero de los viajes familiares, de los vuelos, de los hoteles, de los coches de alquiler, de las fiestas? ¿Alguien que ya allá por 1994 compró un coche -otro, no el Jaguar- a la mujer de Correa pero que ahora dice que no tenía amistad con él y apenas coincidieron en “momentos puntuales”?

 

Suponer la ignorancia de Mato en todas esas cuestiones sí que es machista. Entre otras cosas porque la ministra ha sido además durante años vicesecretaria de Organización del PP, y por lo tanto, jefa de su ex marido. También de Luis Bárcenas. Por supuesto, dice ignorar cualquier tipo de sobresueldos y, claro, cómo 22 millones de euros acabaron en una cuenta en Suiza del ex tesorero del partido. Si no por deshonesta, la ministra debería dimitir por inepta, por demagoga, por impresentable. Y por machista.

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