Cómo ser Antonio Banderas

Javier Gómez | 15 de marzo de 2013 a las 13:55

HABRÍA que encargarle un guión a Charlie Kaufman (Cómo ser John Malkovich, Adaptation) sobre Antonio Banderas. Meternos en la cabeza del actor malagueño. Porque sigue constituyendo un misterio. ¿De veras es Banderas como parece? ¿El padre, el hijo, el cuñado, el yerno, el amigo perfecto que todo el mundo querría tener? En un país, en una región, tan acostumbrados a las decepciones, a que tanta gente acabe siendo un fraude, veinte años después de conquistar Hollywood no hay quien le encuentre una fisura. A veces no por pensar mal aciertas.

 

Hace unas semanas, el 28-F, leía en Twitter a mucha gente, no sólo periodistas, impresionada tras oír en el Teatro de la Maestranza el discurso de nuestro paisano. La mayoría de los andaluces no tenían la suerte de conocer su talento oratorio. En Málaga hace tiempo que dejó de sorprendernos. En su tierra natal sentó cátedra -nunca mejor dicho- con su extraordinaria e inspiradora intervención para recibir el honoris causa de la UMA. Un texto maravilloso sobre la importancia de perseguir los sueños y sobre el verdadero éxito, que consiste en mirarse al espejo y ser feliz con lo que reflejan tus ojos. Tampoco se recuerda un pregón de Semana Santa más apasionado y la vez más diferente que el que pronunció hace un par de años, que emocionó hasta a quienes huyen de las procesiones.

 

Esta noche, Banderas reúne a quinientos comensales en una cena benéfica en Málaga, en la que participan varios chefs que suman siete estrellas Michelin, para recaudar fondos para su Fundación Lágrimas y Favores. Ésta los destinará a Cáritas, a Cudeca, una entidad que se encarga de cuidar a enfermos de cáncer terminales, y a becar a alumnos de la Universidad para que amplíen sus estudios en el extranjero. ¿Demasiado bueno para ser verdad? Banderas ha montado negocios en Málaga. Algunos le han salido bien y otros no tanto. Con él no ha habido favoritismos. En su momento, cuando las administraciones no se ponían de acuerdo sobre qué hacer con la transformación urbanística del puerto, se ofreció a montar una Escuela de Arte Dramático. Acabó aburrido de los políticos. También se le ha intentado afear que su casa en Marbella ocupe suelo público, cuando lo que hizo fue comprar el chalé que construyó, con licencia ilegal de Jesús Gil, la periodista Encarna Sánchez. “Pase lo que pase no voy a protestar, no haré daño a mi tierra”, dijo dolido.

 

En la vida real no creo que actúe. Pero sí, yo pagaría, lo he hecho, por ver una peli de Banderas. Suya o sobre él.

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