¿Cerca de las estrellas? No, es la que más brilla

Javier Gómez | 18 de junio de 2010 a las 14:03

NBA/FINALSRecuerda aquellas madrugadas, cerca de las estrellas, con Ramón Trecet al ritmo de George Michael. Eran los tiempos dorados de la NBA, la época de la gran eclosión del baloncesto, frente a los disgustos del fútbol, en los colegios de España. Todo el mundo quería ser Magic, Bird o Jordan. Algunos incluso Kevin Mchale o Worthy. Todos intentaban el sky hook de Kareem. Eran los años de Lakers vs. Boston, aunque después llegarían los Bad Boys de Detroit comandados por Isaiah Thomas y el matón Mahorn, más tarde dominados por el vendaval de los Bulls de Chicago.

Luego estaban los socios Stockton y Malone, Pat Ewing, el bailarín Olajuwon, el marino Robinson, el planeador Drexler, el infalible Chambers. La NBA era algo más que mates y derroche atlético. Era baloncesto en estado puro, a miles de años luz del que se practicaba en Europa. Poco a poco se fueron superando barreras. A Portland, destino maldito, llegó Fernando Martín. Un tipo duro, como corresponde a los pioneros. Abrió el camino para España. Pero la invasión de verdad vino del Este. Petrovic, Kukoc, Sabonis, Radja, Divac, Marchulenis. Todos dieron la cara, incluso brillaron.

Pero ninguno llegó al nivel de Gasol. Los niños han crecido, y cómo. El baloncesto europeo ha recortado distancias y ahora mismo es mucho más bonito de ver que esa NFL o NHL que anoche fue el último partido de la Final entre los Lakers y Celtics. Una guerra de palos con bula arbitral. Pero entre los que más estopa recibieron y devolvieron, el que cogió los rebotes decisivos, el que dio la asistencia clave para el triple de la remontada, el que marcó tres de las canastas que hundieron a los combativos guerreros de verde, el que cargó de personales y agotó a Wallace y Garnett, fue un español de Sant Boi. Entre tanta decepción deportiva y económica, muchos disfrutaron esta madrugada de un pequeño gran momento de orgullo. Algunos compartieron incluso las lágrimas de un Pau arañado, exhausto. Feliz.

El meu estimat Joan Manel

Javier Gómez | 17 de junio de 2010 a las 10:00

NO es fácil ser un catalanófilo en Málaga. Nadie te entiende cuando dices que tenemos más en común con Cataluña que con ninguna otra tierra, la misma sangre fenicia y mediterránea corre por nuestras venas y sufrimos igual, como periferia, las fuerzas centralistas de Madrid. Nadie te cree cuando afirmas que muchas noches sueñas con las cumbres de Els Encantats en Aigües Tortes, que te sientes como en casa en el Pallars Sobirà. Te miran como a un loco cuando aseguras que no te tomas como una ofensa ni un ultraje que te hablen en catalán, porque al fin y al cabo es una lengua tan antigua, hermosa y respetable como la nuestra. Te cuesta trabajo explicar lo divertido que es comer calçots, lo bueno que está el trinchat, lo que envidias la fiesta de Sant Jordi, lo estupendo que sería que los cochambrosos arrabales de nuestro centro histórico se parecieran un poquito a El Born.

Es muy cansino estar todo el día defendiendo a tus amigos catalanes del habitual ataque de tópicos que reciben por estas latitudes. Los andaluces nos irritamos sobremanera cuando nos tildan de vagos y rocieros, pero al mismo tiempo tenemos una facilidad tremenda para despotricar de las supuestas tacañería y prepotencia de la comunidad hermana. Con un millón de andaluces e hijos de andaluces, no se me ocurre mejor definición familiar.

Ser catalanófilo se hace especialmente difícil cuando la prensa, radio y televisión, casi siempre la que tiene sede en Madrid, pero a veces también la propia, dan pábulo un día sí y otro también a las tonterías y estupideces de unos pocos cretinos que quieren apropiarse de la identidad catalana. No hace falta esforzarse mucho para pensar en sus equivalentes andaluces, que desde luego tampoco nos representan.

Pero sí que es tremendamente fácil, está chupado, ser catalanófilo cuando viene por aquí Joan Manuel Serrat. El cantautor es uno más de la familia en cada hogar de España. No conozco a nadie que no admire a Serrat. No quiero conocer a nadie que no sintiera un pellizco en el estómago cuando anunció su lucha contra la enfermedad. Cuando pienso en Cataluña, pienso en Serrat. Y me encanta.

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Triste y único consuelo

Javier Gómez | 15 de junio de 2010 a las 16:52

Cuesta creer en las casualidades. Un día un periódico alemán (la edición germana del FT) suelta el rumor de que Europa se prepara para el rescate de España. A los dos días lo hace el Frankfurter. Y cuando la Comisión Europea suelta una reprimenda a quienes echan gasolina al fuego, sale la canciller alemana, Angela Merkel, con un saco de dinamita. Si España necesita la ayuda, no hay problema, se le dará. Vaya forma de tranquilizar al personal y a los mercados. Especialmente el día antes de que el Tesoro español emita más deuda. Alguien se está beneficiando tremendamente de todo esto. Y como ocurre con el balón Jabulani, del que disponen desde hace meses en su liga, Alemania siempre juega con cartas ganadoras. Por no decir que hace trampas.

Ojalá se repita en Sudáfrica la estampa de Viena. Triste consuelo, el opio del pueblo. Pero me temo que es el único campo en el que ahora mismo tenemos algo que hacer frente a la soberbia germana.

La lista de Mengano

Javier Gómez | 13 de junio de 2010 a las 4:03

Hace ya un par de años les hablé de mi amigo Mengano. Pobre Mengano. Un alto funcionario, un veterano jefe de servicio de una institución, digamos que malagueña, que acabó pagando caras su creatividad e iniciativa. En los tiempos actuales de dictadura de lo político, todo el que levante la cabeza y destaque corre el peligro de que se la corten si no está dispuesto a pasar por el aro. Así que mi amigo Mengano acabó degradado, sin puesto. Como a tantos otros antes que él, le dieron un despacho y allí lo abandonaron, como a Napoleón en la isla de Santa Elena, sin más compañía que el periódico e internet ni más quehacer que esperar la encomienda de una misión que nunca llega. Podría hacer un tratado sobre el ostracismo. Mi amigo sufre lo que sería el sueño de cualquier vago: no le dan trabajo.

Como es una persona inquieta, entre otras cosas le ha dado por recopilar comunicados de prensa de la Oficina del Portavoz del Gobierno andaluz. Copia y pega las más absurdas. Ya va para una decena de folios, en lo que es una estupenda antología del disparate de la administración autonómica. La misma que según dijo el presidente José Antonio Griñán en el Parlamento el pasado miércoles, deberá pasar de 255 sociedades públicas a 145. La misma que congelará la contratación de personal, que restringirá su exuberante flota de vehículos oficiales, que tan a menudo se confunden con los particulares o los del partido. Que reducirá dietas y protocolo. Se acabó la fiesta e incluso los delegados provinciales cuentan las horas para su más que probable extinción. No podemos decir que echaremos de menos a muchos. Eso sí, la agenda de actos a los que la Junta convoca a la prensa se resentirá sobremanera.

Hace ya algún tiempo, alguien de la Junta, del PSOE, debió de equivocarse mucho en la interpretación de la premisa de McLuhan y llegó a la conclusión de que los políticos eran el mensaje. Así empezó la locura de convocatorias y actos que después, por cierto, han copiado los ayuntamientos. Daba igual qué chorrada hicieran los delegados e incluso los consejeros de la Junta, lo importante era salir todos los días en los medios de comunicación. No importaba que no hubiera nada que decir, que se corriera el riesgo de irse de la lengua, de prometer proyectos imposibles, que se dejara abandonado el trabajo de oficina que se supone deben acometer. Lo importante era el apostolado por los pueblos y ciudades. Aunque nadie se creyera lo que estaba contando.

En el listado de eventos recopilado por Mengano tenemos una delegada de Turismo visitando la pista de pádel construida en Begíjar (Jaén); una delegada de Salud asistiendo a una lectura poética en Córdoba; un consejero presidiendo en Huelva el acto de certificación del récord Guinness del casco de seguridad más grande del mundo; un delegado de Agricultura haciéndose una foto entregando una ayuda al patrón de un barco para iniciar un proyecto en tierra; una delegada del Gobierno presentando los nuevos equipos gubernativos de la temporada taurina en Sevilla; los delegados de Educación y del Gobierno presentando en Málaga la obra de ampliación, de ampliación, de un instituto –así de mal están las cosas en materia de infraestructura educativa por aquí-; a la consejera de Igualdad asistiendo en Sevilla a una jornada sobre envejecimiento activo; a un delegado de Cultura informando sobre la representación de ‘Bodas de sangre’ en Punta Umbría (posteriormente también se convocaría a los medios porque el mismo delegado asistiría a la representación); a la delegada de Innovación de Málaga entregando 20 descodificadores TDT a mayores en Serrato (catetos, viejos y aparatos tecnológicos, un trinomio que garantiza la foto de portada); a la consejera de Igualdad abriendo en Sevilla unos “encuentros de mujeres sobre los usos del tiempo desde una perspectiva de género”…

La lista de Mengano es interminable, y eso que sólo lleva unos meses recopilándola. Da para organizar una exposición e invitar a algún cargo a inaugurarla. Da la impresión de que de un tiempo a esta parte la acción del gobierno autonómico consiste más en hacerse fotos o inaugurar actos por doquier, que en trabajar en sus despachos. Y no crean que están allí por las tardes. También entonces están de tourné por los pueblos, en ese frenesí absurdo de mítines de partido de la campaña ‘Cambiamos con Andalucía’ al que los obliga el partido. Definitivamente, el pobre Griñán tiene que cambiar muchas cosas. ¿Verdad, Mengano?

Pablo Alborán

Javier Gómez | 11 de junio de 2010 a las 10:59

Pablo Alborán. Apunten ese nombre. Kelly Rowland, ex Destiny’s Child, ya se lo conoce bien, hasta “caerme al suelo cuando escucho a este ángel”. Anoche presentó en un entregado Teatro Echegaray, lleno de familiares y amigos, su primer disco, que EMI sacará al mercado después del verano, pero que ha generado una enorme expectación. Especialmente desde que la estrella estadounidense le dedicó un par de tweets.

Pablo Alborán, Pablo Moreno en su DNI, pertenece a una familia malagueña tan especial como imprescindible, que lo ha seguido en procesión desde aquel Costa pop en el Palacio de Ferias en el que sus padres y hermanos se emocionaban hasta las lágrimas al verlo en el escenario, hasta las últimas saetas cantadas al Cautivo este año.

De su padre, que siempre presume de haberse ido con la guitarra al hombro de viaje por Europa, a Amsterdam creo recordar, debe venirle a Pablo su pasión musical. Salvador es un melómano capaz de tararearte cualquier aria o sinfonía. Se ha quedado con las ganas de hacer el auditorio de sus sueños, pero su compromiso con la ciudad seguramente nos evite un supermercado en el puerto. Sin embargo, la belleza que hacía gritar anoche a muchas chicas (y a unos cuantos chicos también) en el Echegaray, sin duda debe de ser herencia de su madre, Elena. Como ese deje andalusí que hace tan especial su música, una mezcla que va más allá del flamenco y el pop romántico. Su hermano Salva, por lo que cuentan, es tan buen músico como él, pero ha elegido otro camino, también en el campo de la creatividad. Y qué se puede decir de Casilda, un torbellino que siempre transmite cariño, afecto y verdad. Da igual que no la veas durante dos años. Si te la encuentras retoma la conversación en el punto en que la dejaste. A mí siempre me ha recordado a su padre. Aunque es incluso mejor.

Sí, Pablo Alborán tiene mucha suerte. Pero no llegará lejos por su estupenda familia, sino porque vale y porque tiene una voz de ángel, como dice la Rowland. Su madrina es Diana Navarro. Anoche lo acompañó en el escenario, como también hizo Estrella Morente. Ese dueto, con la granadina dándolo todo, fue absolutamente mágico.

Del disco de Pablo destacan este ‘Solamente tú’, ‘Caramelo’ y a mí me gustó especialmente ‘Loco de atar’, que tiene pinta de hit.

Mañana actúa en Málaga Alejandro Sanz. Él empezaría así, rodeado de amigos y familiares,  hace ya unos cuantos años. Antonio Orozco, de un estilo más parecido pero desde luego con peor voz que Pablo, estuvo por aquí hace un par de meses.  Sé que el afecto puede restar objetividad a estas líneas, pero yo anoche me emocioné y me lo pasé en grande. Y vi nacer a una estrella.

Que me devuelvan mi país

Javier Gómez | 10 de junio de 2010 a las 9:51

OFICINA de objetos perdidos.

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

-Mire, la verdad es que no tengo mucha esperanza en encontrarlo, pero al pasar por la puerta me he dicho, qué demonios, vamos a intentarlo.

-Bueno, dígame qué se le ha extraviado.

-Se me ha perdido mi país.

Cualquier español, malagueño, que volviera a casa tras dos años de ausencia, náufrago en una isla desierta, hibernado, ermitaño en la montaña o embarcado en la ISS orbitando alrededor de la Tierra, se pellizcaría pensando que está soñando. Más bien teniendo una pesadilla. Luego desearía volver al exilio. Pero no hay forma de escapar del pesimismo instalado en cualquier tertulia de café, de la crispación que se pulsa en la calle alimentada desde las hogueras mediáticas e irresponsables de la derecha, de la intolerancia que se respira en la cola del centro de salud, como si los inmigrantes que han ayudado a levantar este país ahora nos estuvieran robando los trabajos mal pagados que no queríamos. Este era un lugar alegre y acogedor, feliz en su inconsciencia. Ha dejado de serlo. Ahora, a la espera del Mundial, en las barras de los bares se habla del diferencial del bono alemán. Algunos empiezan a darse cuenta de que la economía también es un deporte, que juegan los 27 países de la UE y Alemania gana siempre. Otros comparan a Zapatero con el doctor House: a fuerza de ir equivocándose con el diagnóstico, algún día dará con la enfermedad. Eso si no mata antes al enfermo. ¿Es lupus lo que sufre España o una enfermedad autoinmune? Las radiografías muestran unos preocupantes quistes sebáceos en forma de administración, de ayuntamientos, de diputaciones, de empresas públicas, de liberados sindicales. Son los políticos, doctor House.

Y si el presidente es el médico pero en versión más demagógica que sincera, ¿qué papel interpretaría Mariano Rajoy? Cuesta ver al aspirante como una opción seria, da miedo ponerse en sus manos. Sólo sabe decir que no, evocar un milagro español que nunca existió. Por culpa de aquellos ladrillos y peces multiplicados estamos penando hoy, hipotecados hasta las cejas del ZP.

Quiero mi país de vuelta.

Trastornos

Javier Gómez | 6 de junio de 2010 a las 17:09

-Buenos días, doctor.

–Siéntese, por favor. Dígame qué le ocurre. –De un tiempo a esta parte, doctor, tengo unos dolores insoportables.

–¿Cuáles son los síntomas?

–A veces me cuesta respirar, me entran ataques de suspiros, una frustración que me conduce a la depresión, incluso me asalta una ira absurda, me cabreo con todo el mundo, me dan ganas de coger la puerta y no mirar atrás jamás.

–¿En qué parte del cuerpo le ocurre todo eso, hijo?

–Pues no sabría decirle.

–Explíquese, que sólo tengo tres minutos.

–Verá, a veces me duele la cabeza. Otras el corazón. La mayoría de las veces, también padezco una insoportable desazón en el alma.

– No se ponga usted melodramático, hombre. Al menos podrá decirme cuándo le duele. ¿Al moverse, al toser, al practicar deporte?

–Pues eso depende, doctor, aunque diría que más bien se trata de una cuestión de dónde me duele.

–Eso ya se lo he preguntado.

–Perdone, doctor, pero usted me ha preguntado en qué parte del cuerpo me duele, y yo me refiero a los lugares en los que sufro dolor.

– ¡Pero dígame usted de una vez qué diantres le ocurre, hombre de Dios!

–Doctor, creo que me duele Málaga.

–¿CÓMO?

–Sí, doctor. Paseo por la ciudad y me llevo unos berrinches tremendos. El otro día, por ejemplo, estuve en casa de una tía mía en el paseo de la Farola. Es un piso estupendo, con unas vistas magníficas a la Alcazaba, la Catedral, el Parque y el Puerto. Ése fue el problema, el dichoso Puerto. Desde su terraza se contempla en toda su extensión. La megapérgola y el palmeral, la verja que se va a retranquear dos metros tras veinte años de debate ciudadano, la enorme esquina vacía, el gran espacio del muelle uno.

–Eso me suena a agorafobia.

–No creo, doctor. Diría más bien que sufro mucho con el futuro de los grandes espacios abiertos. Mi cuerpo no soporta los ataques de celos cuando elucubro con lo que harían otras ciudades con una superficie así. ¡Nosotros pondremos un Carrefour y cuatro tiendecillas como si esto fuera un suburbio cualquiera! ¡Trataremos a los cruceristas como a mallrats!

–Cálmese, hombre. Mire a Enrique Linde y a Francisco de la Torre, lo tranquilos que están. Aprenda de ellos y llegará a viejo. Aunque ahora que le miro la cara, se le está poniendo colorada. Puede que se trate de una alergia.

–Es posible. A las rosas. Esa misma tarde me fui a dar un paseo al Parque para olvidarme del Puerto. Allí me metí en una rosaleda junto al Ayuntamiento. Un paisano me contó que era nueva. Que el Consistorio, que no tiene dinero para hacer algo digno en el Puerto, se había gastado 470.000 euros en plantar 10.000 rosales. No vea usted el sofoco que me entró.¡47 euros por rosal! Y luego me dolió la piedra…

–¿La del riñón?

–No, el citrino que presentó el alcalde. Es paradigmático que quiera llamar ‘Málaga’ a la piedra preciosa más baratera y vulgar que hay. Habráse visto semejante ordinariez…

–No se enerve usted tanto, búsquese algún entretenimiento, relájese..

–Eso pretendí al coger el coche para tomarme algo en la Feria de la tapa de Rincón de la Victoria. Pero por el camino tuve que parar por un ataque de ansiedad.

–¿Qué le ocurrió?

–En El Candado pasé bajo un monstruo de hormigón, una enorme pasarela en mitad de la nada, que tapa la vista de la Bahía. Quise condenar a vivir eternamente en ella al técnico cafre que la haya diseñado y al político que la aprobó. ¿Acaso no han oído hablar del impacto visual?

– No sea usted pedante y cuente, cuente, ¿cómo estaban esas tapas?

–No sabría decirle. Había tanto político socialista en la carpa que no quedó ninguna.

–No siga. Tengo claro lo que le pasa. Debe ir a un psiquiatra.

–Y Málaga también, doctor. Y Málaga también.

Placas y arenas movedizas

Javier Gómez | 3 de junio de 2010 a las 17:43

medio ambiente

¿Alguien puede decirme dónde está la placa inaugural de las obras de creación -que no regeneración- de la playas de la Malagueta y de la Caleta en 1990? Ese proyecto acometido con Josep Borrell como ministro de Obras Públicas, y  diseñado por Luis López Peláez, costó 834 millones de pesetas de la época. Fue una  obra espectacular,  junto con las rondas de circunvalación la mayor conocida hasta entonces por la ciudad, que ganaba una enorme playa en el centro. Se vertieron 1,7 millones de metros cúbicos de arena extraída del mar (de mucha mejor calidad, pero también más problemática que la empleada ahora), para crear de la nada un frente marítimo arenoso de 150.000 metros cuadrados y 2,5 kilómetros de longitud.

En la zona de la Caleta, la regenerada ahora a bombo y platillo y tras emplear mucho más tiempo que en el proyecto anterior, se contemplaba la aportación de arena periódica del arroyo del Café. Pero su encauzamiento y la intensiva urbanización a su alrededor han cambiado estos años la aportación de áridos por la aún más esporádica de automóviles. No es broma. Recuerden que cuando llueve de forma torrencial, algo frecuente en climas mediterráneos como éste, el agua acaba llevando a la playa los coches aparcados ilegamente en un cauce que ninguna institución vigila. De esta forma la playa de la Caleta fue menguando poco a poco, hasta que se la tragaron los temporales.

Pero volvamos a la creación de las playas de la Malagueta y la Caleta. A su placa inaugural. No la encontrarán en ningún sitio porque no se colocó ninguna. Así que a las autoridades actuales quizás debiera de haberles dado algún pudor, por no llamarlo vergüenza, de situar en medio de la playa regenerada un enorme pedrusco, con su correspondiente plaquita: “Las obras de estabilización de la playa de La Caleta fueron inauguradas por la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Dña. Elena Espinosa Mangana”, reza el cartel. Al que se le haya ocurrido debería tragárselo la arena. Resulta tan bochornoso como inaugurar la reparación de un socavón, una rotonda o colocar una placa en un centro de mayores o en un aparcamiento municipal. Incluso más.

Pero total, para una obra que va a terminar en Málaga la ministra Espinosa…

Las prioridades de la administración

Javier Gómez | 3 de junio de 2010 a las 9:51

SE supone que a los articulistas les pagan por tener las cosas claras. Cogen un tema y le dan vueltas, lo escudriñan como un pintor a un modelo, piensan en él mientras se duchan, desayunan, conducen; hasta que llegan a una opinión. Suelen sentar cátedra, parecer doctores en la materia. Incluso van a tertulias. Pero les diré que no siempre resulta tan sencillo. En muchas ocasiones no tenemos una idea forjada sobre un asunto o una polémica. Cansa andar siempre pensando si estás a favor o en contra de algo. Esta semana me resulta especialmente difícil trasladarles una opinión sobre el caso de ese matrimonio parado, con tres hijos, al que la Junta ha desahuciado de la VPO que ocupó hace unos meses en Santa Rosalía. Intento ponerme en la posición del gerente de la EPSA, el socialista Cristóbal Fernández. Desde luego no se puede permitir que se establezca un precedente de ocupación ilegal de una vivienda pública, que una familia con menos derechos que se salte la norma y la cola. Si ahora cede a la presión, mañana tendrá cien casos más. Tampoco se debe olvidar que la familia ha rechazado las ayudas ofrecidas por la propia Junta y por el Área de Bienestar Social municipal, al quite del problema. Se ha enrocado.

Pero después me meto en la piel de ese padre que lleva seis años esperando una VPO, y que en diciembre se hartó de vivir en la casa de su cuñada, con otras siete personas, y decidió darle la patada a un inmueble vacío. Si a mí me irrita escuchar tanta promesa falsa de miles de VPO cada pocos meses, imagino la furia que debe asaltar a esa familia. Si uno, como cualquier padre, mataría por dar de comer a su hijo, menor reparo tendría en ocupar una casa si careciera de techo. Desde luego no pongo la mano en el fuego por mí. Me quemaría.

Sí, las instituciones están para cumplir y hacer cumplir la ley. Pero me resulta complicado asimilar que sea una prioridad administrativa poner en la calle a una familia en situación crítica, cuando el mismo organismo hace la vista gorda en lugares como La Palmilla, donde algunas VPO se convirtieron hace años en narcotiendas, o en La Noria. Me cuesta creer que no haya otras actuaciones más urgentes. Como construir esas malditas viviendas públicas que llevan tantos años prometiendo.

Todos a dieta

Javier Gómez | 31 de mayo de 2010 a las 13:06

ESTOY a régimen. Más que físico, se trata de un estado mental, de ánimo. Al principio uno ve patatas fritas por todos lados, platos de berzas con pringá, pizzas, tacos, donuts, pitufos de zurrapa paseando por la calle. Se comería a sus amigos si pudiera. Incluso a sus compañeros de trabajo. Luego, poco a poco, el estómago se va cerrando y a veces hasta se soporta cenar sólo fruta, comer un pescadito a la plancha al mediodía o desayunar insípidos cereales, como si uno fuera un animal de granja. Pero supongo que al final compensa el sacrificio. Los pantalones que guardamos desde hace años con una útopica esperanza por fin entran. Las rodillas duelen menos al hacer deporte. Y, supuestamente, aunque eso nunca lo sabremos, ganamos años de vida. Así que la dieta, aunque conlleve sufrimiento, tiene sus cosas buenas.

También la maldita crisis. El tardío furor de recortes que repentinamente le ha entrado a nuestros responsables políticos eliminará mucha de la grasa acumulada en los abdominales de la administración. A lo largo de los años de bonanza, el colesterol ha ido obstruyendo el sistema circulatorio institucional. En Málaga ha habido muchos excesos. En toda la provincia. Sobredosis de coches oficiales, cada vez más caros y lujosos, dietas y tarjetas de crédito sin reparar en gastos, sueldos astronómicos para cargos públicos y demasiadas empresas paralelas a la administración, en las que se ha colocado a los amigos del partido de turno. Algún día, y ese día ya ha llegado, alguien tenía que pagar las consecuencias de la orgía, la factura de tanto dispendio.

En Málaga hay dos altos cargos, la gerente del Palacio de Ferias, Yolanda de Aguilar, y el responsable de Promálaga, José Estrada, que perciben unos 145.000 euros al año. Casi el doble que el alcalde. Y eso que De la Torre les bajó el sueldo a principios de año, porque la cantidad original era incluso más exagerada. Sobre todo si tenemos en cuenta que el gobernador del Banco de España percibe 165.000 euros.

El regidor no ha estado muy afortunado esta semana al respecto de los recortes. Desde luego es el jefe ideal: no te deja trabajar porque todo lo quiere hacer él y además defiende tu sueldo a capa y espada frente a cualquier tentación de bajada. Algunos de los argumentos que ha dado, al margen de la tremenda metedura de pata de apelar al “sentido de humanidad”, son además perversos. Que si sus gerentes se le van al sector privado, que si hay que tenerlos motivados para tener buenos resultados, para que la EMT no pierda viajeros. ¿Y no hay que tener motivado al resto del personal? La administración pública ni puede ni debe competir en sueldos con el sector privado. Y si lo hace, como parece empeñado en defender De la Torre, debería aplicar los mismos criterios de selección que se utilizan en el mundo de la empresa: currículum profesional, méritos y headhunters. Ni dedazos ni afinidades personales, políticas o familiares.

Políticos bipolares

Confundir partido con institución es una de las muchas enfermedades que sufre nuestra aún joven democracia. Es una fea y desagradable patología que no entiende de siglas. El último ejemplo de este concepto enfermo de lo que debe ser la política lo ofrecieron el viernes el PP y el Ayuntamiento de Málaga, que aunque algunos piensen que son lo mismo, no lo son. El Consistorio inauguró las instalaciones deportivas de El Duende con María Dolores de Cospedal de invitada estrella, besando niños. Los gabinetes de prensa del Ayuntamiento y del PP también se suplantaron. Que el PSOE cometa muchas veces el mismo error no es una excusa.