Estrecheces

Javier Gómez | 23 de septiembre de 2012 a las 18:37

Puede que en realidad, la Casona del Parque, el Ayuntamiento de Málaga, siempre haya sido como la casita que Erwin Wurm expone estos días en el CAC. Muy, muy estrecha. O puede que, como ha hecho el artista austriaco -a ver quién niega el buen ojo de Fernando Francés- con una réplica del hogar de sus padres, haya encogido de repente hasta que su anchura se ha quedado en la sexta parte. Hasta el jueves parecía que el Consistorio de Málaga era un oasis en medio del terrible desierto de la crisis. Una de las pocas entidades locales que no había tenido que acogerse al plan de pago a proveedores del Gobierno y a las leoninas condiciones que implicaba acceder al crédito estatal. Los poco más de 30 días que tarda en pagar a sus proveedores se habían convertido en el mayor orgullo de Francisco de la Torre. Y casi en su único eslogan en las últimas elecciones. ¿Quién dijo que los tecnócratas tenían que emocionar al electorado? Pero eso fue hasta el jueves. El duro plan de ajuste municipal presentado en una rueda de prensa por sorpresa y de urgencia, supone un reconocimiento a que la bonanza de la que se ha presumido no era verdad. Y lo que se avecina en los próximos años es, como la casa de Wurm, un presupuesto con muchas estrecheces y en el que apenas cabrán las inversiones.

El PP llegó a la Alcaldía de Málaga en 1995 y Celia Villalobos se dedicó unos cuantos años a denostar la gestión económica de Pedro Aparicio y criticar la herencia recibida de los socialistas, a los que los populares acusaban de dejar la ciudad en la ruina -¿Les suena de algo?-. Diecisiete años después, la ruina es mucho, mucho mayor.

Y todo porque en los últimos años el Ayuntamiento de Málaga se ha gastado el dineral que no tenía en un montón de ladrillos sin demasiada utilidad. Desde la faraónica sede de Urbanismo al complejo de Tabacalera y la manzana, plagada de ratas, de los cines Astoria y Victoria. Todo el despropósito suma casi cien millones de euros. Si añadimos las 900 plazas de aparcamientos para residentes y las cientos de VPO sin vender porque los bancos no facilitan la hipoteca -ahora mismo se está dando la paradoja de que los precios de la vivienda libre están por debajo en muchos casos de los de la protegida-, ahí tenemos los 160 millones de euros que el Consistorio deberá recortar. Lo hará subiendo el IBI y seguramente otras muchas tasas, eliminando las grandes inversiones y pegando un tajo a los incentivos y beneficios sociales de los 6.700 trabajadores municipales. En algunos casos privilegios poco comprensibles para el ciudadano, pero en otros muchos ventajas logradas tras muchos años de negociación colectiva que ahora se pretenden fulminar de un plumazo, sin negociación con los sindicatos. Y sin que por el momento se prevea un golpe similar para los cargos políticos y de libre designación. Y por favor, nada de regalitos, porque es casi insultante el paripé que en las últimas semanas han hecho todos los partidos con esas renuncias solidarias a la paga extra de Navidad, como si los políticos fueran unos filántropos y los funcionarios unos jetas egoístas.

De la Torre, que estos días vuelve a recurrir a uno de los viejos clásicos de su popularidad, convirtiéndose en el portavoz contra el centralismo sevillano que ahora encarna su compañero y jefe popular Juan Ignacio Zoido, ha elevado la deuda del Ayuntamiento de Málaga hasta los 839 millones de euros, una cifra absolutamente insostenible, que supone el 156% de los ingresos consolidados en 2011. Eso es mucho, muchísimo más del endeudamiento permitido por los diferentes gobiernos en los últimos años -aún así, el alcalde tiene la osadía de culpar a Zapatero por “animarle a gastar más” al elevar el nivel máximo del 110 al 125%-. Y constituye un escándalo si convenimos en que el principal legado del regidor sigue siendo, una década después, la peatonalización de Larios y el centro histórico. Una obra estupenda. Pero también una obviedad.

Con la política hemos topado

Javier Gómez | 23 de septiembre de 2012 a las 18:33

Con sus 4.000 habitantes, conocido por sus vinos y pasas y ubicado en la falda de una de las montañas de la Axarquía malagueña, Cómpeta sería uno más de los cientos de pueblos encalados de Andalucía si no fuera por un par de circunstancias excepcionales. Casi la mitad de su población es extranjera, mayoritariamente británica, y su alcalde era antes el cura del pueblo. Católico, que no anglicano. Al relativamente joven José Luis Torres, que se considera aún sacerdote aunque no ejerza el ministerio por su excedencia política, hay quien por la calle lo llama alcalde y quien le sigue diciendo padre. Se trata de una figura muy querida en Cómpeta y aunque en 2007 se presentó bajo las siglas del PP, en alguna ocasión ha contado que todos los partidos le hicieron ofertas, quién sabe si en la discreción del confesionario. Era un fichaje muy tentador, porque Torres ha arrasado en las dos elecciones a las que se ha presentado. En la primera cita con las urnas logró un 69% de los votos (22 puntos más que su antecesor, el también popular y hoy condenado por delitos urbanísticos Leovigildo López) y en las de 2011 el 72%.

Pero ahora, quizás llevado por esos giros de veleta que da la política, el regidor-párroco se ha metido en un jardín de difícil salida. Es uno de los firmantes de la ponencia política que se debatirá la próxima semana en el congreso del PP malagueño, el más numeroso, que no el más poderoso, de Andalucía. Y en el documento, de entre el listado habitual de lugares comunes y desiderátum a incumplir en el futuro, destaca una propuesta: el PP debe retirar el recurso de inconstitucionalidad contra el matrimonio homosexual. También una progresista defensa de la adopción de niños por personas del mismo sexo. “¿Por qué inmiscuirnos en la vida afectiva de los españoles? No debemos poner barreras imposibles”, plantea la ponencia redactada por el alcalde-cura con otros tres regidores populares. Huelga recordar la postura oficial de la Iglesia en ambos asuntos.

La coherencia no es, desde luego, uno de los principales valores de la política. No hay más que leer lo que sale cada martes y cada viernes del Consejo de Gobierno de la Junta y del Consejo de Ministros y luego compararlo con las promesas y declaraciones solemnes anteriores de sus integrantes. Tampoco ha sido tradicionalmente un mandamiento de férreo cumplimiento por una parte del clero. Pero el curioso caso del alcalde-cura de Cómpeta, que defiende el matrimonio homosexual, presenta el dilema de la incoherencia cruzada y constituye un bonito ejemplo de la deseable separación de Iglesia y Estado. Si Torres mantiene su escrito, debería despedirse de la sotana. Y si vuelve al redil de la ortodoxia religiosa, ¿con qué crédito seguiría en la política? No siempre se puede poner una vela a Dios y otra al diablo. A veces hay que apagar una de las dos.

Rescates y rescates

Javier Gómez | 16 de septiembre de 2012 a las 10:44

ES domingo y algunos aún no hemos digerido del todo el artículo, el tratado, Una teoría sobre la clase política española que el lunes publicaba en El País César Molinas. El texto no es contundente, es demoledor, y ha generado un enfebrecido y sanísimo debate en la Red y en las tertulias de café que, afortunadamente, todavía existen. Un burdo resumen del imprescindible texto -en estos días grises estar informado parece más un deber democrático que un derecho opcional- sería que en España la clase política se ha convertido en una élite extractiva de riqueza. Como tal, ha desarrollado un sistema de captura de rentas y colonizado todos los ámbitos del Estado que se han puesto a su alcance -eso que en teoría debería quedar en la administración pública cuando cambian los partidos en el Gobierno-. Y luego, cuando ha llegado la crisis, se ha atrincherado en confortables búnkeres desde los que contempla cómo en el campo abierto de la vida real, desprotegidos, van cayendo los ciudadanos a tiros y bombazos con forma de recortes, despidos, empresas que cierran y administraciones que no pagan porque el dinero se ha acabado. Puede que no quede para la sanidad, la educación y la investigación, pero siempre habrá para pagar las nóminas de los compañeros del partido.

 

Molinas compara a los políticos con un calamar vampiro generador de burbujas y los culpa de estar detrás de todos los males. No los llama parásitos, pero ni falta que le hace: “Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular”.

 

Como no podía ser menos en este país maniqueo, muchos han apuntado el currículo del autor y su etapa en el banco de inversión Merrill Lynch para intentar desacreditar todo el contenido. Otros han criticado, con razón, que la tesis es incompleta, que también existe una clase, una casta, de empresarios y sindicatos, que ha participado del robo de rentas. Y otros, entre ellos muchos políticos, se han quejado amargamente de lo injusto de la generalización. Por supuesto que hay políticos honrados, pero pertenecen a un sistema corrupto y podrido. Incluso algún cargo de IU ha intentado desmarcar a su partido de las conductas de PP y PSOE. Ja, ja, ja, se ríen en Manilva y en algunas consejerías de la Junta.

 

El análisis del artículo de Molinas da para llenar un periódico. Pero lo peor que se puede decir de su teoría es que es aterradoramente correcta. No hay forma de rebatir los hechos apuntados. Mire usted, lector, a donde mire, siempre encontrará políticos colocados. Ya se trate del dirigente conocido o del militante anónimo pero muy influyente en su agrupación, o de los familiares de ambos. Todo organismo que pagamos con nuestros impuestos está infectado, colonizado por la rémora, la tenia de la política.

 

Y si en los muchos, muchísimos, demasiados puestos de libre designación que ha tenido y sigue teniendo nuestra administración pública, había algunos buenos profesionales, técnicos o licenciados procedentes del sector privado contratados por sus méritos, son una especie en extinción. Con los recortes son los primeros despedidos. Además, hay que hacer hueco a los compañeros del partido que están en el paro.

 

Esta semana hemos contado un caso, uno más de los muchos, demasiados, uno de los árboles que ocultan este bosque tenebroso. La Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía -sí, ese lugar donde se elaboran listas de funcionarios afines al PSOE antes de los nombramientos- ha fichado como asesora a la ex alcaldesa de Vélez-Málaga, María Salomé Arroyo. Llevará la agenda del delegado y la coordinación de asuntos municipales y sociales. Arroyo, auxiliar de geriatría, estaba en el paro desde que perdió la Alcaldía de su pueblo. La ganó en 2008, por cierto, gracias a una moción de censura bastarda, porque se sustentó en que la Junta y el Gobierno, gobernado entonces también por los socialistas, prometieron inversiones multimillonarias en Vélez a cambio de desbancar al popular Delgado Bonilla. Pero esa es otra historia.

 

El currículo político de la ex regidora es amplio. Ahora mismo está en el comité director del PSOE-A de Griñán y dirige el PSOE de Vélez. Su trayectoria profesional, no tanto. Trabajó como conserje en el Consistorio e intentó ganar unas oposiciones allí cuando ya era concejal del equipo de gobierno de Souvirón. Ante el escándalo al hacerse público, tuvo que renunciar presionada por su partido.

 

El de Arroyo no es desde luego el único caso. Sólo el último. Bueno, probablemente en los quince días que lleva trabajando ya haya habido otras muchas colocaciones. Puede que lo más escandaloso del asunto sea la normalidad con la que casi todos han asumido que los cargos de libre designación están diseñados para que los ocupe siempre gente del partido de turno. Lo admitía la propia ex alcaldesa y ex parada a este periódico: “No veo dónde está el problema, la ley lo ampara y en los partidos cada uno elige con quién quiere trabajar. Es normal que el delegado escoja a gente del PSOE. Es lo lógico, para eso están los cargos de confianza”. También se retrataba el coordinador del PP, Fran Oblaré, a quien sospechosamente se le creó una vicepresidencia de cascarilla en la Diputación cuando Bendodo le nombró guardián del partido de cara al próximo congreso provincial. Sin resistir la tentación de criticar a Arroyo, negó la mayor de la perversa politización exclusiva de los cargos de confianza: “Los partidos son un reflejo de la sociedad, por ser afiliado no se es un indocumentado”.

 

Si el juego de sillas y contratos públicos en la Junta es continuo en el PSOE -todo está podrido cuando hasta a los directores de hospital y de colegios e institutos se les mira el carné-, en el PP e IU ocurre exactamente lo mismo. Como los gases, tienden a expandirse. En la Diputación y el Gobierno central sólo hay que mirar los nombramientos de gerentes y cargos de confianza, desde el Consorcio de Bomberos hasta el Patronato de la Cueva de Nerja pasando por todo tipo de extraños organismos como algún observatorio, para hacer un enternecedor relato sobre el rescate amable de compañeros en paro o con un sueldo demasiado bajo en sus anteriores ocupaciones. Así dan gusto los rescates. En el Ayuntamiento de Málaga, tan puro el alcalde, se creó hasta un puesto de asesor cofrade para el ex concejal Hazañas. Y a casi nadie se le ha hecho el feo de dejarlo en la calle. Esa calle donde viven y sufren los ciudadanos. No tiene futuro un país en el que lo primero que hacen sus líderes cuando acceden a una institución es preguntar por el número de puestos que pueden nombrar. Desde el ministro hasta el bedel, desde el director de la tele, su jefe de informativos, hasta el chófer. Sí, hace falta que nos rescaten de esta gente.

Asaltos, atracos y circos

Javier Gómez | 9 de agosto de 2012 a las 13:37

Más sheriff de Marinaledam que Robin Hood del Mercadona, Sánchez Gordillo vuelve a estar donde más le gusta: en el centro del escenario cual chispa en un depósito de gasolina. En su asalto cuatrero al supermercado, al demagogo verso no tan suelto de IU -al fin y al cabo la coalición lo mantiene porque le debe creer electoralmente rentable- no pareció importarle el daño a la imagen exterior de España ni a los trabajadores víctimas de su última barrabasada. Tampoco el ridículo que harían al día siguiente sus compañeros de partido, empezando porel vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, a quien se rifan los circos tras sus acrobacias verbales. “Si nos dejamos llevar por el envoltorio de la forma nos estaremos equivocando”, dijo el líder de IU para justificar lo injustificable, destacando la importancia del “simbolismo” del asalto porque ha abierto “un gran debate sobre riqueza y pobreza”. Otro alto cargo colocado en la Junta por IU, la secretaria general de Vivienda, Amanda Meyer (hija del eurodiputado Willy Meyer), cuestionó al jefe. Si Griñán calificó de “barbaridad” la acción de Gordillo, Meyer le respondió: “Presidente, no señale al débil mientras nos roban a manos llenas gracias a la reforma constitucional que pactaron ustedes con el PP”.

 

Izquierda Unida se atribuye con alegría la defensa de los débiles, pero ayer se apresuró en pedir al presidente del Parlamento que defienda los derechos -y la inmunidad- de Sánchez Gordillo como aforado ante una posible detención policial. Protección de la que carecen sus manipulados obreros del campo. Tampoco consta que el parlamentario autonómico haya renunciado a sus casi 4.000 euros mensuales de sueldo público para repartirlos entre esos pobres para los que robaron la comida, o que hayan hecho algo similar Valderas, Meyer y compañía, al margen de lo que dan a su partido. Y todavía desconocemos si existe algún objetivo para crear esas oficinas de la Vicepresidencia de la Junta y esos puestos de coordinadores de Valderas en las ocho provincias que no sea el de meter en la exhausta nómina pública a más apparatchiks de IU. Los atracos se pueden dar en los supermercados, pero también en los pactos de gobierno.

 

Claro que existe un debate por la intolerable brecha cada vez más grande entre ricos y pobres y la transformación del Estado social en una selva en la que sálvese quien pueda. Pero ni lo ha abierto Gordillo ni ayuda un ápice a los trabajadores con su revolucionarismo de opereta. Claro que a todos nos gustaría asaltar los bancos que echan a familias de sus viviendas, que incluso a veces nos entran ganas de tomar el Parlamento cual Bastilla y expulsar a tanto cínico que dice representarnos. Pero no lo hacemos porque esto no es aún una jungla. Y porque en la jungla siempre pierde el más débil.

Dudas y certezas

Javier Gómez | 26 de julio de 2012 a las 18:38

Desconozco cuánto cebo y sedal se pueden comprar con los 598 euros municipales recibidos por el club deportivo de pesca El Pargo. Me gustaría saber dónde hace kayak-polo el club de piragüismo de Puerto de la Torre, al que se dieron 1.200 euros. Ignoro si se invitó al alcalde de Málaga y a los concejales de su equipo a comer en esa convivencia gastronómica y cultural de El Perchel que nos costó a todos 2.755 euros, aunque seguro que sí, y seguro que también se distribuyeron fotos del encuentro a la prensa. Me pregunto además por qué el colectivo de gays y lesbianas Colega es el segundo que más ayudas consigue, con 30.000 euros públicos y apenas 4.000 menos que el banco de alimentos Bancosol, cuando la prioridad actual -comer- parece evidente. Aunque probablemente su reciente y notoria afinidad con el PP local lo explique todo. No tengo muy claro en qué consisten los talleres de Swarosvki, Tiffanys, expresión corporal, ni el concurso la vida en color violeta, ni a dónde van los dineros municipales que se aportaron a la romería de la Virgen de las Cañas o a la iglesia Cristiana Betesda.

Pero si de algo estoy seguro en estos días de incertidumbre es de que no me gustaría estar en la piel de los técnicos y políticos que tienen que justificar muchas de las subvenciones y ayudas a colectivos que otorga el Ayuntamiento de Málaga. Porque para la mayoría no hay excusa alguna. El concejal de Derechos Sociales y Participación, Francisco Pomares, lleva demasiados años en el frente de las ayudas a los casos de extrema necesidad como para no saber que resulta escandaloso seguir financiando el ocio de los colectivos mientras cada día desahucian a familias de sus viviendas, mientras crecen las colas en los comedores sociales y mientras muchas ONG que luchan en primera línea contra la crisis agonizan por los impagos de las administraciones, principalmente de la Junta.

Si la crisis -que si algo tenía de oportunidad era la de cambiar malos hábitos- debiera habernos enseñado algo a estas alturas es que los dineros públicos son finitos y deben destinarse a proyectos y servicios de interés general. Porque, demonios, proceden de los impuestos de todos y no del bolsillo del político. Y aunque posiblemente uno se lleve mucho mejor con sus vecinos si organiza una barbacoa en el patio de su comunidad, no parece muy razonable pedirle al concejal de turno que ponga la comida, las bebidas y el carbón y argumentar que se trata de un proyecto de convivencia ciudadana. Resulta inadmisible que el PP, que desde el Gobierno poda salvajemente el Estado del Bienestar e hipoteca el futuro del país con sus recortes en educación e investigación, pretenda mantener en el Consistorio la compra de voluntades vecinales a costa del erario público. Que cada cual se pague sus verbenas y que el dinero de todos se dedique, por favor, a sacarnos del pozo.

Educar en frustración

Javier Gómez | 10 de mayo de 2012 a las 20:30

NO será la primera ni la última vez que estalle un escándalo por la venta de drogas en un colegio. Pero alarma especialmente no sólo la facilidad con la que dos menores habían montado todo un negocio de compraventa de marihuana a través del messenger de sus blackberries con otros escolares de entre 13 y 16 años, sino la constatación de que en este caso no se dan las habituales excusas. A menudo solemos justificar el drama de la droga identificándolo con familias desestructuradas, padres en la cárcel, traficantes, parados, barrios duros especialmente masacrados por la crisis. Pero los dos niños detenidos, de 15 y 17 años, proceden de familias bien posicionadas, pertenecían -en el caso del mayor, perteneció- a uno de los mejores colegios de Málaga, y uno incluso contaba con un buen expediente académico.

 

Así que por mucho que haga un padre, por muy bueno que sea un colegio, por muchas comodidades que se les den, llegamos adonde siempre: no hay forma de proteger a tus hijos de la vida. En este caso no hay ningún detonante aparente, nada a lo que un padre pueda agarrarse para pensar con seguridad que sus hijos serán inmunes a esas tentaciones si evitan esto o aquello. Pero sí que hay formas para comprar menos boletos en la lotería negra. Y aunque quede carroza decirlo, las nuevas tecnologías no son un juguete. Hace no tanto tiempo le leí en las páginas de este periódico al educador Javier Madrid una frase contundente: “Hay que educar en frustración a los hijos”. Pero qué difícil, y a la vez qué importante, resulta decir no con frecuencia, negar algo a un niño cuando, por lo general, sus amigos y compañeros ya lo tienen. Todavía hay madres numantinas que resisten con un estoicismo heroico las presiones de sus hijos. Y ni tienen ni tendrán smartphones, internet en el teléfono ni mucho menos cuentas en Tuenti, Twitter o Facebook. Las redes sociales son una de las grandes maravillas recientes, un invento revolucionario que ha cambiado para siempre la manera de relacionarnos, que podría decirse que ha acabado con la soledad de quien está en casa por la noche ante una fría cena y la perspectiva de ver telebasura o acostarse para afrontar al día siguiente otra triste jornada de trabajo. Son un mar de conocimiento, de información y de contactos. Pero en él abundan los tiburones, los peligros, las tentaciones.

La prensa ante el precipicio

Javier Gómez | 3 de mayo de 2012 a las 17:14

PUEDE, aunque sólo puede, que Jefferson tuviera razón, que sea preferible un país sin Gobierno a uno sin prensa libre. Y digo lo de puede porque difícilmente la prensa es libre cuando está atada por su cuenta de resultados y porque el sector tiene la mayor parte de la responsabilidad de la situación en la que se encuentra hoy, al borde del precipicio. Pero que no se nos olvide que con periódicos, radios y televisiones también caería al abismo uno de los derechos fundamentales, el de la información. Y no hay Twitters ni Facebooks que valgan para defenderlo. Puede, sí, puede, que haya que leer cada día varios periódicos, locales y nacionales, escuchar radios diferentes y ver informativos de distintas cadenas, para hacerse una idea más o menos certera de lo que ocurre, para no ir desnudo de información por la vida, para ser un ciudadano responsable, implicado. Para no ser un borrego. La prensa, decíamos, tiene gran parte de la culpa de lo que le está pasando. También porque suele ocurrir que cuanto más rentable es una empresa periodística, más sumisa suele comportarse con las instituciones y el resto de grandes anunciantes. Y, por lo tanto, más se aleja de sus objetivos principales: ejercer el control de los cargos públicos y políticos y de las empresas y garantizar el derecho a una información veraz a la ciudadanía. Si a eso le sumamos educar y entretener, casi nada por poco más de un euro en el caso de la prensa escrita.

 

Hay quien sostiene que, paralela a la inmobiliaria, Málaga experimentó una burbuja informativa en la última década. Bendita burbuja. Nunca antes coincidieron y compitieron tantos medios de comunicación para beneficio de la provincia. Nunca antes se exigió tanto a las administraciones públicas, aunque quede camino por recorrer. Nunca antes se destaparon tantos escándalos y se censuraron tantos abusos. Se acabó con el monopolio y muchos periodistas salidos de la joven facultad de la UMA pudieron desarrollar por fin su vocación en su provincia. Uno de los muchos defectos de la profesión es el ombliguismo. Pensar que lo que nos ocurre a nosotros tiene que interesar a todo el mundo. Pero en este caso, el de los 300 empleos perdidos en Málaga y 6.000 en España en la crisis y los que vendrán en los próximos meses, es rigurosamente cierto. Vamos camino de ser un país sin Gobierno y sin prensa. Un país pobre. Una ruina.

Debajo de la alfombra roja

Javier Gómez | 29 de abril de 2012 a las 14:01

OLGA es una apasionada de su trabajo, su vocación de siempre, de la que lleva cuatro meses apartada tras dar a luz a su segundo hijo. En la pantalla del ipad tiene abierta una página de internet, una calculadora de indemnizaciones por despido. Su empresa acaba de anunciar un ERE y no tiene claro si su puesto seguirá ahí cuando dentro de poco le toque volver. También desconfía de la aplicación informática. La revisa con enfermiza frecuencia, pero siempre le responde la misma cantidad. Le dice una cifra muy pequeña para los años que lleva contratada. Ridícula si piensa en los gastos mensuales de su familia, en lo que gana ahora su marido, que a duras penas mantiene abierta su empresita, y en lo difícil que será encontrar otro empleo en su sector, en el que por cierto está bastante reconocida. Se pregunta si el programador habrá tenido en cuenta la nueva reforma laboral. Esa que iba a reducir el paro…

Miguel nació en 1984. Tuvo una infancia y una adolescencia felices, despreocupadas, como las de casi cualquier niño de la entonces incipiente clase media malagueña. Sus mejores recuerdos son los de aquellos largos veranos con su pandilla en Rincón de la Victoria, donde sus padres, a los que no les sobraba el dinero, alquilaban todos los años la misma casita no muy lejos de la playa. Miguel ha recorrido el camino que le marcaron no solo su familia sino la sociedad. Sin ser brillante, no tuvo problema para sacarse una carrera en la UMA. Luego hizo un curso de especialización. Después estuvo varios meses en Londres, currando como camarero y aprendiendo inglés. Tampoco encontró trabajo en lo suyo al volver, así que sus padres decidieron usar parte de los ahorros para pagarle un máster, tan caro porque en teoría garantizaban un empleo. Ni por esas. Desesperado, se marchó a Madrid. Allí ha estado dos años, en casa de un familiar, dando bandazos de trabajo precario en trabajo precario. Hace poco volvió a Málaga. Ha dejado de sentirse humillado cuando escucha a su padre implorar a sus amigos y conocidos por un puesto para su hijo. “Lo que sea”, le oye decir. Empieza a asumir lo de la generación perdida. Ayer salió de botellón.

Dicen que tener un hijo te cambia la vida. Y tanto, piensa Martín mientras repone el pan de molde y los donuts en un lineal del supermercado de Las Flores. Hace no mucho, a estas horas, las siete de la mañana, estaba todavía de marcha, invitando a sus colegas a copas y a lo que se terciara. Gastando 300, 400 euros cada noche. A sus 23 años ha vivido mucho, demasiado. Con 19 trapicheaba con droga. Era un trabajo fácil, que sólo odió cuando empezó a conocer a sus clientes y sus vidas reales. Padres de familia, funcionarios que no lo miraban cuando se los cruzaba en el centro comercial, autónomos, muchos viejos conocidos que ponían ladrillos y se levantaban 3.000 euros al mes. Casi todos acababan perdiendo los papeles y la voluntad, dominados por ese polvito blanco que los sacaba de la rutina pero les arruinaba la vida. Todo cambió, sí, cuando hace año y medio su novia le dijo, llorando, que se había quedado embarazada. En lo que parecía otra más de las decisiones inconscientes de su vida, se empeñó en tener el bebé. Su hija Lucía es lo mejor que le ha pasado. Dejó de traficar. Demasiado riesgo de que te acaben pillando la Policía o la droga, porque no sabe qué cárcel es peor, si la del convicto o la del adicto. Puso copas, limpió tiendas, y ahora gana 800 euros como reponedor. El mes que viene se le acaba el contrato.

Inma es interina. Bueno, en realidad es maestra de Primaria, pero lleva tantos años escuchando lo de interina que ha acabado por interiorizarlo. A sus 36 años ha vivido en la mitad de Andalucía. Ha dado clases en Cabra, Baza, Isla Cristina, Cortes de la Frontera, Tabernas y Olvera. Como todas las primaveras, se prepara las oposiciones. Su novio hace lo mismo, soñando con el día en que ambos trabajen en colegios que se encuentren a menos de cien kilómetros de distancia, en poder dormir en la misma cama todas las noches. Aunque en esta ocasión no habrá exámenes que suspender. Parece difícil que el Constitucional decida antes del verano sobre el recurso del Gobierno a las pruebas de la Junta. Y después del verano, quién sabe qué ocurrirá después del verano. Por lo que dice el telediario, es posible que el año que viene se quede sin conocer otro pueblo. Le pregunta a su madre si puede recuperar su cuarto.

Paco inicia desganado el ritual del afeitado. A la maquinilla desechable no le quedan más usos, nota cómo le irrita más de lo habitual. Se pone la camisa y la chaqueta y sale caminando de casa. En el bolsillo, algo arrugado, lleva el papel que le sellarán en la oficina del paro. Con eso consigue una ayuda de 426 euros que a veces le hace sentirse como un delincuente, aunque él se sigue vistiendo como si fuera un ejecutivo como gesto de resistencia. Cada día tiene que ir a fichar. Cada día lo citan a una hora distinta. Ya conoce por sus nombres a otros en su situación, en el purgatorio laboral. Con 47 años, los últimos veinte trabajó en el mismo concesionario. Primero como administrativo. Luego de comercial. Se le daba bien engatusar a la gente, aunque aquellos deportivos alemanes se vendían solos. Cuando llegaron las vacas flacas tuvo que hacer ambas cosas. Incluso llegó a limpiar los coches. Un día el dueño lo llamó a su despacho y antes de que abriera la boca supo que debía recoger su mesa. Ve pasar un Audi. Mañana dejará de afeitarse.

Las mujeres y los niños primero

Javier Gómez | 12 de abril de 2012 a las 13:40

CON el ‘Titanic’ hundiéndose hasta en la sopa estos días, resulta casi imposible no imaginar a Mariano Rajoy ataviado con el uniforme del capitán Smith, ordenando que la orquesta siga tocando, ignorando el desastre que se acerca o plenamente consciente de él, pidiendo tranquilidad al pasaje y negando que nos vayamos a pique. Aunque no tanto como del dichoso pecio, mucho se ha escrito y dicho estos días sobre la política comunicativa del Gobierno y del PP, si es que existe alguna, que cada vez se parece más a esas escenas de pánico, descoordinación, mensajes contradictorios y mentiras, piadosas o no, que se dan en los naufragios. Resulta inaudito que un Ejecutivo anuncie por sorpresa, escondido en un comunicado de prensa, que se van a recortar 10.000 millones de euros en Educación y Sanidad. Resulta inconcebible, o al menos lo sería para cualquier otro ciudadano europeo, que el ministro de Economía, Luis de Guindos, cuente a la prensa extranjera, preferentemente alemana, lo que se va a hacer en España antes que a la española. Y resulta especialmente inquietante que un presidente del Gobierno no dé la cara en la tempestad, víctima del común síndrome de tomar a los ciudadanos por niños u ovejas descarriadas a las que pastorear sin más explicación.

Pero la popular no es la única política de negación de la realidad ante esta vía de agua que afrontamos como nación. Los socialistas tienen otra distinta, pero de origen similar, esa de que basta repetir una mentira cien veces para convertirla en realidad. Como lo de que en Andalucía no hay recortes, sino ahorro. Puede que la Junta no haya anunciado a bombo y platillo despidos o eliminación de servicios y subvenciones, pero en la práctica claro que los ha habido. Y luego está su más que preocupante problema de liquidez. El retraso o eliminación de las subvenciones a colectivos sociales han mermado la atención que reciben muchos discapacitados. En salud, lo reconozcan o no, se han cerrado camas y las urgencias andan cada vez más saturadas. Y el último episodio del corte del gas y el agua caliente durante cinco días en la única residencia de mayores pública de Málaga, la de El Palo, no hace más que confirmar los peores augurios. El barco se hunde. Estaría bien que lo admitiéramos de una vez y nos pusiéramos todos de acuerdo en cómo achicar el agua.

La semana más larga

Javier Gómez | 12 de abril de 2012 a las 13:31

Tan barroca, tan pagana, tan insoportable para algunos como extática para otros, pocas Semanas Santas han resultado tan simbólicas como la que hoy parece concluir. Y digo lo de parece porque en realidad seguiremos una temporada de estación de penitencia en estación de penitencia, penando por nuestros excesos y por los ajenos. Soportando el vía crucis en el que llevamos atascados cuatro largos años, condenados como Prometeo, encadenados para que cada día el águila, más bien buitre carroñero, de la prima de riesgo nos pegue unos picotazos en el hígado por nuestra mala cabeza. Nadie tiene respuesta a la pregunta de esta Semana Santa: ¿Cuántas cruces nos quedan por cargar, cuántos tronos por portar, cuántos latigazos tenemos aún que darnos en la espalda en forma de reforma laboral, recorte educativo, en I+D o en promoción turística para que el dios de los mercados nos permita encerrar esta maldita procesión a la que cada vez se suman más penitentes?

El Viernes de Dolores, esa fecha que tantos fanáticos tienen marcada con una cuenta atrás en su calendario, llegó efectivamente con un tremendo dolor presupuestario. No hay anestésico posible para las peores cuentas de la democracia, una amarga torrija complicada de digerir que provocará más de una úlcera de difícil cura en el futuro.

Para cualquier pesimista empático, todo en nuestra festiva representación de la Pasión de Cristo puede interpretarse en clave país. Empezando por los nombres de las hermandades. Cautivos de los mercados y la deuda tras creernos El Rico, sufrida ya la Humillación por el Descendimiento de nuestro PIB, imploramos con Humildad a Poncia Merkel –de Ángela tiene poco- para que no se lave las manos y evite la Crucifixión del terrible Rescate. Puede que queden los que ahogan sus Penas con el producto de Viñeros, los que disfrutan de la última Cena y de la nueva amnistía fiscal sin pensar en la posible Expiración, pero los más, entre ellos cinco millones de parados, padecen en un Monte Calvario al que dan la vuelta las colas del Inem. Un purgatorio a rebosar con familias a la espera de una Piedad llamada contrato de trabajo que cada vez parece más lejos, más difícil, complicada por la Sentencia de la falta de liquidez y créditos de la banca y las cajas Fusionadas, tan culpables como Judas de acercarnos al Sepulcro. No hay Resurrección posible mientras no vuelva la Esperanza. Y este año la Esperanza tampoco salió.