Archivos para el tag ‘Enrique Urkijo’

Materazzi Porras

Javier Gómez | 20 de junio de 2010 a las 9:53

TODO equipo ganador que se precie tiene siempre un perro de presa. Un jugador dispuesto a morder al rival, un marrullero en toda regla, que no rehuye sino que busca el choque, que siempre deja el codo en alto, que pega patadas, cabezazos y lo que se tercie con tal de intimidar, desquiciar y doblegar al enemigo. En Italia está Gattuso y antes Materazzi, capaz de arruinar la despedida del astro Zidane; en Argentina ese papel lo cumplen el apache Tévez y Mascherano, Melo y Gilberto Silva en Brasil. Algunos incluso le dan bien a la pelota, que al fin y al cabo es de lo que supuestamente se trata. En España, por muy buenos que sean Busquets y Javi Martínez, nos falta un sucio killer. Y ya sabemos que a los equipos exquisitos se los acaban comiendo.

No es una máxima exclusiva del fútbol. También vale para el baloncesto –fíjense si no en Artest, el forajido alero de los Lakers con cara de no haber roto un plato– e incluso para actividades tan poco deportivas como la política. La única pega es que hay que sopesar bien este arma. Descontrolado, el jugador asesino es tan peligroso para su equipo como para los contrarios. Le prenderá fuego a todo.

En el Ayuntamiento de Málaga, Villalobos tuvo la vista de ficharla, hay una persona de ese perfil, que se mueve como pez en el agua en el barro del enfrentamiento institucional. Se trata, por si no lo han adivinado ya, de Teresa Porras. La combativa edil de Cruz de Humilladero, como ya hiciera con la ampliación del paseo marítimo, ha tomado por bandera el proyecto, su proyecto, para reurbanizar la calle La Unión tras la obra del Metro. Está convencida, y eso es lo preocupante, de que la Junta tiene que pagar la reforma que a ella le venga en gana. Como si no tuviera ya bastante el Gobierno andaluz con buscar los 42 millones de euros que cuesta la obra de la Carretera de Cádiz, una de esas promesas-farol en la que se ha llevado la sorpresa de que Francisco de la Torre, por una vez, no ha puesto pegas.

Porras, que debe haber encargado ya un cartelón para reprochar el enésimo agravio autonómico, tenía ganas de medirse de nuevo con Salvo Tierra. Las emboscadas populistas que le organizó a su antecesor, Enrique Urkijo, se quedarán en un juego de niños comparadas con lo que le tiene preparado a su odiado ex rival. Pondrá todas las chinas que pueda en su camino e intentará soliviantar los ánimos de los vecinos. Al menos de aquellos a los que tiene bien subvencionados. Así se ha sacado de la manga, gracias a su concejal discípulo, Manuel Díaz, un proyecto de la señorita Pepis para La Unión que cuesta 4,4 millones de euros. A nadie le extraña que la alucinada consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, la tome por la concejala de Urbanismo. Si a Porras la dejan, acaba suplantando al alcalde.

Nadie dice que la calle La Unión, que Cruz de Humilladero, no merezcan mejores calles y aceras. Quizás también una concejala mejor. Quizás también un Ayuntamiento que invierta y no se dedique a exigir a los demás que lo hagan, porque que alguien nos explique dónde están los cientos de millones de inversión de estos años del presupuesto municipal. ¿En la nueva Gerencia de Urbanismo?

Desde luego, el barrio merece un proyecto más valiente, como el primero que presentó el Consistorio, realizado por Paco Ruiz y los técnicos de Movilidad, con menos protagonismo del coche y más espacio para los peatones. Y además con un presupuesto más razonable.

Si uno escucha hablar a Porras está claro que la guerra es inevitable. Las víctimas serán las de siempre, los vecinos. Ha mencionado hasta a los psicólogos a los que han ido por el martirio que dice han sido los tajos del Metro, como si el Gobierno andaluz tuviera que pedir perdón por acometer la obra más importante de la historia de la ciudad.

Pero, con todo, la culpa no es de Porras. Es del entrenador que la saca al campo a sabiendas de su estilo.

Dos Enriques, un Metro

Javier Gómez | 19 de noviembre de 2009 a las 10:06

La Junta debió contratar a un headhunter en julio. Porque encontrar sustituto a Enrique Urkijo parecía misión imposible. El listón estaba muy alto y el cargo no es lo que se dice fácil. Se trata de seguir abriendo en canal la ciudad, catar el melón de la Alameda, intentar que el retraso de las obras no llegue a la década, apaciguar los ánimos de los vecinos y dirigir, coordinar y mediar entre los deseos, inquietudes y zancadillas de los mal avenidos socios del Metro: Junta, Ayuntamiento y constructoras privadas. Hay que tomar muchas decisiones y es fácil que las empresas o los ingenieros te la cuelen, por lo que se exigen conocimientos de transporte para evitar errores. También resulta primordial tener unas buenas relaciones con el Consistorio, cuya colaboración es imprescindible. Resulta básico llevarse bien con el alcalde, con los ediles de Movilidad y Urbanismo y con los concejales de distritos afectados (pienso en Teresa Porras y Cruz de Humilladero). Y luego está la credibilidad. La prensa te persigue y no dejan de surgir problemas, como es lógico con un proyecto de más de 400 millones de euros.

Con su honestidad brutal estilo House y su permanente disponibilidad, Urkijo se ganó el respeto y cariño de los periodistas, el aprecio de los colectivos y la confianza del equipo de gobierno del PP, sorprendido de que un cargo político no actuara con el sectarismo al que lamentablemente nos hemos acostumbrado. Lo logró porque demostró que su prioridad era desarrollar el transporte público metropolitano, no sincronizar plazos de zanjas con elecciones para debilitar al alcalde ni rechazar que el Cercanías llegue hasta la plaza de la Marina sólo porque lo proponga el Ayuntamiento.

La Junta nombró el martes a otro Enrique, el ex concejal socialista Salvo Tierra, como nuevo director del Metro. Le deseamos mucha suerte. La va a necesitar.

El federalismo de los atascos

Javier Gómez | 28 de enero de 2009 a las 18:44

El laberinto de la administración española en forma de atasco.  La mayoría de medios de comunicación nos hemos equivocado hoy al atribuir al Ministerio de Fomento la culpabilidad del descomunal caos de tráfico provocado ayer por el corte de un enlace en Teatinos, sin avisar a Tráfico. ¿Por qué? Porque Fomento acomete allí mismo la reforma de Alameda-Barriguillas, el nudo gordiano de la circulación malagueña -como no lo corten…-, y porque así lo aseguraban ayer desde la Jefatura de Tráfico. Se trata de un error comprensible por parte de los periodistas y de los funcionarios de Tráfico porque la empresa que avisó, a posteriori y con el carajal montado, del corte del carril es Aldeasa, la misma adjudicataria de Fomento para el enlace, y que ha firmado un contrato con El Corte Inglés para realizar también el proyecto que provocó el caos.

¿Y por qué El Corte Inglés? ¿Se ha atrevido Isidoro Álvarez a meterle mano también a la obra pública? ¿Tiemblan las Koplowitz y Florentino? No. El Corte Inglés firmó hace unos pocos años un convenio urbanístico con el Ayuntamiento de Málaga para la reforma de su centro comercial Bahía Málaga, que incluía este tipo de compensaciones en forma de obra pública. Así que, realmente, la obra es municipal, aunque la pague El Corte Inglés. Pero para rizar realmente el rizo, habría que añadir que la carretera afectada, la autovía del Guadalhorce, es de competencia autonómica. Sólo falta la Diputación y montamos una feria de muestras del federalismo español.

Hablando de feria, precisamente en la del turismo algún responsable de comunicación del Ministerio de Fomento, aprovechando la coyuntura, se ha lamentado mucho de que su departamento se lleve siempre los ‘palos’ en cuestión de atascos y problemas con las obras. Eso no es exactamente así. El Ministerio que dirige Magdalena Álvarez ha estado hasta ahora encantado con que sea el Metro y la Junta de Andalucía los que carguen erróneamente con las culpas y críticas de los vecinos de la calle Cuarteles y la Explanada de la Estación con motivo de la interminable y molesta reforma del túnel del Cercanías. Enrique Urkijo se pone negro cada vez que alguien le atribuye esa zanja de Fomento y la de calle Salitre, del aparcamiento municipal.