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Imprudentes e irresponsables

Javier Gómez | 4 de agosto de 2011 a las 2:56

Prudencia y responsabilidad. Parece el título de una novela de Jane Austen, pero en realidad se trata de las dos palabras más repetidas por los responsables de la Junta de Andalucía para argumentar el enésimo recorte de sus inversiones en Málaga, el tajo que amputa el principal tramo del Metro. Si ya teníamos dudas de que algún día llegara a El Palo y Rincón, ahora parece difícil que pase de El Perchel. Prudencia y responsabilidad. Esas palabras se las hemos oído o leído a la consejera de Obras Públicas, Josefina Cruz, al delegado del ramo, Enrique Benítez, a la responsable de la Junta en Málaga, Remedios Martel, y al director del Metro, Enrique Salvo. Dan ganas de aplaudirles, de darles las gracias, de pedir perdón a los cargos autonómicos por ser tan imprudentes e irresponsables como para pretender que se cumpla al menos una de la larga lista de promesas del Gobierno andaluz en Málaga.

Pero no. Lo prudente, en cualquier caso, habría sido no desmentir la información publicada por este periódico en la que se citaban los problemas de financiación que iban a parar los dos tramos centrales del Metro. Especialmente si una semana después la principal responsable de las obras sale para confirmarla y dejar de paso a los suyos a la altura del betún. Lo responsable, por cierto consejera, habría sido comunicar primero una decisión de tamaña importancia al alcalde de la ciudad y luego convocar a los medios de Málaga para informar de ella. Y no hacerlo mediante una exclusiva a dos medios del mismo grupo desde Sevilla. Tampoco dar una versión distinta en Almería.

Lo prudente por parte de la Junta y del PSOE, tanto monta, desmonta tanto, sería sincronizar un mínimo las promesas lanzadas con la capacidad para hacerlas realidad. Desde Chaves a Griñán, desde Fraile a Heredia pasando por Bustinduy, el Gobierno andaluz y los socialistas han funcionado en Málaga a base de ir sacando conejos de la chistera que luego volvían a desaparecer cuando bajaba el telón. El tren de la Costa del Sol, el megahospital, el Auditorio, el Metro, la Carretera de Cádiz peatonal, el vial distribuidor, la carretera del Arco… Lo responsable, a propósito, habría sido no licitar o incluso no adjudicar algunas de esas obras, especialmente si después se va a dejar en la cuneta a las empresas que han hecho el esfuerzo por conseguirlas. Lo responsable sería preocuparse por evitar que los obreros afectados por la “reprogramación” –bendito eufemismo- no pasen directamente a las listas del paro, y no estar dedicado en cuerpo y alma a colocar a los miembros de tu ejecutiva en los pocos cargos y puestos institucionales que te van quedando.

Prudencia y responsabilidad. En las novelas de Jane Austen lo último que se pierde es la esperanza. Aquí ya no nos queda ninguna.

La familia y su casa

Javier Gómez | 26 de junio de 2011 a las 3:38

QUE los Picasso se sientan como en casa en Málaga no sólo es importante: se trata de una cuestión de Estado. Su Museo, que también lo es de todos los andaluces, es posiblemente el equipamiento cultural más importante construido en los últimos cien años en la comunidad, y su inauguración en 2003 fue la mejor noticia que ha vivido esta ciudad en muchísimo tiempo. Cuando se le reprochan a la Junta ciertos agravios con Málaga no deberíamos olvidar que invirtió 72 millones de euros en el Buenavista y que todos los años el centro se lleva la mayor partida de los presupuestos de la Consejería de Cultura, lo que genera no pocas críticas en el resto de provincias. Todavía debemos lamentar que la rigidez de miras de algún técnico de Urbanismo impidiera que la familia tenga en Málaga residencia permanente, concretamente en el barrio de la Victoria.

Por fortuna, salvo algún patinazo, la pinacoteca ha estado relativamente al margen de la eterna confrontación política que ha marcado el desarrollo de otros proyectos, y aunque cabe reprocharle al Gobierno andaluz la tardanza en integrar al Ayuntamiento en la Fundación, en lo que respecta al MPM Francisco de la Torre siempre ha tenido una postura de lealtad, aguantando los desaires de la entonces consejera Carmen Calvo. Los populares, quizás sabiendo que la compleja gestión del centro y las relaciones con Christine y Bernard puede ser responsabilidad suya en menos de un año, se han cuidado mucho de añadir leña al fuego de la extraña polémica de esta semana. Tanto el regidor como Javier Arenas fueron prudentes, comedidos y conciliadores, al menos en sus declaraciones públicas, algo a valorar cuando el cuchillo se servía en bandeja de plata para clavárselo al rival socialista.

La polémica se iniciaba con la airada reacción de Christine Ruiz-Picasso contra la exposición Viñetas en el frente. Una crítica fuera de lugar, porque se basaba en que la muestra estaba “politizada” y era “oportunista” en “polémico periodo electoral”, seguramente fruto de alguna intoxicación y pésimo asesoramiento de su entorno, pero que no ocultaba el malestar de la gran mecenas del museo con su director por problemas anteriores. Aunque resulta triste que el Museo Picasso haya sido noticia nacional por esta bronca interna, que la cultura abra las portadas de los periódicos no deja de ser un buen síntoma: no todo está perdido. Y el movimiento surgido en apoyo de José Lebrero, un profesional serio, riguroso y de trayectoria intachable, que sin duda ha contribuido a dinamizar la actividad de la pinacoteca, a abrirla a la sociedad malagueña y a que deje de ser un “platillo volante” en el centro de la ciudad –definición que hacía la Junta del equipamiento para diagnosticar su aislamiento anterior–, también resulta significativo. Pero conviene no perder la perspectiva ni olvidar a quién debemos el contenido del Museo. También no excedernos en las críticas a la familia por una metedura de pata.

Casualidad o síntoma de una patología que esta ciudad debería hacerse mirar, los conflictos en sus dos museos más importantes –demasiado cercano el escándalo ya olvidado del Thyssen como para no traerlo a colación– deberían hacernos reflexionar sobre lo que es la figura del director de un centro cultural en el que las obras proceden de un préstamo o donación. Aunque resulte injusto comparar a María López, una debutante sin experiencia en la gestión que se embarcó en una guerra suicida contra la baronesa Carmen Thyssen y el gerente, Javier Ferrer, con Lebrero, de dilatado currículum, a ambos parece que se les olvidó lo principal: quién es el jefe.

Guste o no, una de las principales funciones del responsable del Museo Picasso de Málaga debe ser mantener excelentes relaciones con Christine y Bernard, hacerles sentir partícipes, protagonistas, imprescindibles como lo son para la existencia de la pinacoteca. Al fin y al cabo, más que la colección, la marca del Museo de Málaga, lo que lo distingue de los mucho más grandes y completos de París y Barcelona, es que se trata del único creado por la familia. Así que resulta casi imposible dirigirlo teniéndolos en contra. Habrá que ver si la paz presentada ayer por Paulino Plata, que ha debido tirar de toda su mano izquierda para apagar un incendio que quizás se pudo evitar, no es una simple tregua. Y resultaría importante, incluso vital, una pronta, urgente, visita a Málaga del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, para expresar de nuevo el afecto y gratitud de los andaluces a Christine y Bernard Picasso. Los gestos cuentan.

La lista X

Javier Gómez | 7 de abril de 2011 a las 12:18

NO envidio las últimas 48 horas de Francisco de la Torre y Elías Bendodo. En general, no suelo envidiar casi ninguna de sus horas, pero los dos últimos días han tenido que ser de cuidado. Un maratón negociador y un festival de malas noticias, de tener que prescindir de muchos colaboradores, de cometer injusticias con algunos concejales, como Diego Maldonado, a quien no se dio la oportunidad que sí tuvieron otros antes de anunciar que no lo echaban, que él se iba antes.

Leía a un compañero que el proceso de elaborar una lista electoral resulta tan doloroso como un parto pero al final casi siempre sale una parida. Y no es cuestión de despreciar gratuitamente la candidatura de Francisco de la Torre, pero me ocurre igual que con la de María Gámez: o estoy haciendo muy mal mi trabajo y no conozco a nadie en esta ciudad o la endogamia de los partidos les confunde el concepto de tirón popular o eficacia probada.

Para los políticos resulta tan difícil convencer a profesionales de prestigio de que se lancen al fango de la arena política como contentar a los periodistas con el conjunto de nombres que sale después de la larga y soterrada batalla que es la elaboración de una lista. Y después de las mil y una especulaciones y quinielas fallidas -que le pregunten a Gemma del Corral su experiencia con ellas-, con la del alcalde sólo nos habríamos quedado satisfechos si detrás fueran Tita Cervera, Antonio Banderas, Chiquito, Diana Navarro, Pablo Alborán, Javier Conde y Garbajosa.

De lo poco que conozco de la lista, además de a los ocho que repiten, me consta que Damián Caneda es un buen fichaje. Aunque también arriesgado. Político veterano y empresario de moderado éxito, se trata de un hombre preparado y trabajador. En los cuatro mandatos de Francisco de la Torre, como antes ocurrió con Celia Villalobos y Pedro Aparicio, ese perfil ha sido sinónimo de conflicto garantizado: a los alcaldes nunca les gusta que nadie les haga sombra. Ni los plátanos del Parque (así les fue). Y no veo a la alta figura de Caneda en el séquito que persigue al regidor de procesión a romería. En cuanto a otra de las incorporaciones destacadas, Ana Navarro, resultaría preocupante que traslade al Ayuntamiento la política del despido dorado que se ha aplicado en la Cámara de Comercio, de la que es tesorera. Si al ex gerente aceptaron pagarle 150.000 euros, a saber cuánto podría costar a las arcas municipales el cese de algunos de sus cargos directivos .

Pero si puede hacerse una lectura clara de la lista, es que se ha impuesto la Generación X. Si ha habido pulso, lo ha ganado Bendodo.

El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

Un balón de oxígeno inesperado

Javier Gómez | 24 de marzo de 2011 a las 18:06

Los escándalos de Manuel Díaz, primero, y de Teresa Porras, después, a punto han estado de arruinar, si no lo han hecho, el gran momento de gloria en este triste último mandato de Francisco de la Torre. Con la baronesa Thyssen lanzando piropos a su perseverancia por todos los medios nacionales que va pisando, y con el magnífico Museo del XIX que se inaugura hoy, el regidor se encuentra en su momento más bajo, con la confianza traicionada por dos de sus ediles más cercanos y protegidos.

Pero uno siempre puede contar con el enemigo para que te eche un cable. La propuesta de convenio del dichoso parque en el Campamento Benítez que el Ministerio de Fomento ha enviado al Ayuntamiento es un ultraje, una tomadura de pelo, el combustible perfecto para alimentar el fuego del agravio a Málaga que tanto ha calentado la popularidad electoral de De la Torre. No se lo ocurre a uno mejor ‘timing’ para enviarle ese documento al Consistorio, para dejar completamente fuera de juego a la candidata del PSOE, María Gámez, para desacreditar las palabras del ministro de Fomento y número dos del PSOE, José Blanco, del pasado domingo, para darle un balón de oxígeno al asfixiado rival del PP. Bravo. El non plus ultra de la torpeza.

Puntos seguidos y Frankensteins

Javier Gómez | 10 de marzo de 2011 a las 10:59

EL problema de las denominadas leyes de punto final es que habitualmente son sucedidas por un punto seguido, una conjunción copulativa y otra condicional: Y si se ha perdonado a Marbella, ¿por qué no hacer lo mismo con la Axarquía? Y si en aquella comarca se van a legalizar 11.000 viviendas irregulares, ¿por qué no también en Cártama, en Estepona o en Mijas?

Definitivamente, las precampañas y las campañas electorales son periodos tan inútiles como indigestos para la economía, la moral, la ética y la legalidad en este país. Es un tiempo de despilfarro, de despropósitos, de mentiras y de ataques a la razón y al sentido común. La amnistía urbanística de la Axarquía anunciada la pasada semana por la consejera de Obras Públicas de la Junta, Josefina Cruz, ha entrado por derecho propio en los anales históricos de la demagogia electoralista. Ya lo fue la carta blanca dada a las barbaridades cometidas en tiempos de Jesús Gil y sus secuaces. Que todas esas sinvergonzonerías queden en pie sin derribo alguno tendrá un altísimo coste en el futuro. De hecho, ya lo ha tenido: el efecto llamada de la permisividad de nuestros responsables políticos ante las viviendas ilegales. ¿De qué sirve perder años en trámites, enmiendas, debates parlamentarios y correcciones, en costosísimos Planes de Ordenación Territorial, si luego la Ley del Suelo está para saltársela?¿Quién le niega ahora a nadie su deseo de construirse una casita en el campo? Sí, desde luego hay muchos inocentes que compraron su vivienda de buena fe, sin saber el desaguisado en el que se metían. Pero son mayoría los que eran conscientes de lo que hacían.

Puestos a crear precedentes y coartadas éticas para el futuro, el mensaje que ha dado estos días el alcalde de Málaga sobre el concejal de Urbanismo tampoco es lo que se dice ejemplarizante. No se trata desde luego del mejor cartel con el que presentarse a la reelección por cuarto mandato, acosado por la cuestionable conducta de su delfín político y por el pulso del Museo de las Gemas, el otro Frankenstein particular del regidor y su fallida política cultural.

No hay peor enemigo que uno mismo ni rival más peligroso que el exceso de confianza. Los populares acuden a las urnas tan seguros de su victoria que sería bonito disfrutar de un partido igualado que les diera una sorpresa. Pero desde el lado socialista están empeñados en recurrir al juego sucio.

El arte del sospechoso habitual

Javier Gómez | 9 de marzo de 2011 a las 14:33

malaga 2016Durante su década de mandato, Francisco de la Torre ha confiado ciegamente en Javier Ferrer, primero como su jefe de gabinete y luego ascendido a coordinador general del Ayuntamiento, un título grandilocuente más acorde a su gran poder interno. Hasta el último año, Ferrer fue el fontanero del equipo de gobierno del PP, el encargado de aplicar las decisiones del alcalde y su asesor más cercano. Procedente del departamento de Ruina de la Gerencia de Urbanismo, donde conoció a De la Torre en sus tiempos de concejal, Ferrer mantuvo un duro pulso con el partido en tiempos de Joaquín Ramírez como presidente popular. Se ganó numerosos enemigos con aquella guerra interna en la que no se hacían prisioneros, y su nombre siempre aparecía cada vez que se citaba alguna medida controvertida del Consistorio, pública o no. Era el sospechoso habitual del Ayuntamiento, aunque resulta difícil, por no decir imposible, que tuviera tiempo físico para tanta maldad como se le ha atribuido de forma sin duda exagerada durante todos estos años. Aunque tampoco somos tan ingenuos como para no responsabilizarlo de muchas de ellas.

A pesar de su alto sueldo (más de 100.000 euros al año), debe quemar mucho, tanto física como mentalmente, estar permanentemente en el frente municipal, aguantar la agenda del regidor y además ejercer de escudo ante los palos y de espada para darlos. Así que De la Torre decidió darle un respiro en 2010 y encargarle la gerencia de la Fundación Málaga Capital Cultural, la fallida candidatura a la Capitalidad Cultural Europea de 2016. En teoría simultanearía ese puesto con sus funciones municipales, pero se ascendió a Manuel Jiménez para ir sustituyéndolo al lado del alcalde y Ferrer, si bien mantuvo su despacho en la Casona, fue cediendo paulatinamente su poder.

El fiasco de Málaga 2016 y sus malas reacciones con el presidente de la Fundación, el empresario Juan López Cohard, son de todos conocidas. Muy criticado entonces, el tiempo le ha dado la razón a Ferrer. El encargo del proyecto y su defensa a la consultora Ingenia Qed, en contra de su criterio, fue un gravísimo error. Y el vídeo de promoción de la candidatura una vergüenza. En toda la polémica por la publicación de ese enfrentamiento con López Cohard, el único que se mantuvo en su sitio con dignidad fue él. Tanto López Cohard como el alcalde mintieron al negar su dimisión por los problemas internos y el primero llegó a insinuar que este periódico se había inventado la polémica sobre sus malas relaciones porque estábamos “muy mal de ventas”. Ferrer, pese a que sin duda fue sometido a una enorme presión para desmentir la noticia, guardó las formas y la dignidad. Eso le honra.

El paso del tiempo también ha demostrado la valía de Ferrer como gestor en la sombra del Ayuntamiento, aunque siempre habrá detractores de sus métodos. Desde que no está al frente de la fontanería han estallado los escándalos más graves del Ayuntamiento y la historia de Art Natura amenaza con protagonizar los últimos meses de mandato del alcalde.

Aunque era un secreto a voces desde hace semanas, porque la -también cuestionable- apertura de la pinacoteca a todo ritmo era su gran función actual, su nombramiento como gerente del Museo Thyssen supone un premio de Francisco de la Torre a su antiguo jefe de gabinete. Y ello a pesar del evidente distanciamiento de ambos tras el fracaso de Málaga 2016 y su sonoro portazo ante lo que se estaba haciendo en la Fundación. Esta vez De la Torre no ha ejercido de voraz Saturno.

La jequera

Javier Gómez | 6 de febrero de 2011 a las 11:48

En la semana de beatificación del jeque propietario del Málaga C.F. -ya sólo falta que las administraciones organicen una romería a Catar-, sigue sin recibir respuesta una de las preguntas más antiguas del mundo: cui prodest (¿a quién beneficia?). Con Abdullah Al-Thani y su mano derecha, Ghubn, desde hace semanas en el país asiático, sus dos emisarios locales recorren la ciudad y las distintas instituciones. Y si bien han encarecido notablemente cualquier compra de suelo con tanto trajín, desde luego parece que han tenido éxito en su misión de convencer a los dirigentes políticos de que la operación para construir un nuevo estadio es un chollo para los intereses públicos, sin que nadie realice alguna pregunta pertinente, como por qué o para qué. Disculpen la osadía, pero se supone que para preguntar estas cosas existen los periodistas.

El jeque no sólo se va a gastar un pastón en levantar un recinto deportivo que será referente mundial –otra cosa es si se llenará-, es que además va a pagar de su bolsillo el parque de Arraijanal y de paso construirle al alcalde ese centro oceanográfico que lleva diez años anhelando en la zona pero que extrañamente no quiere financiar en el Puerto, donde sería más oportuno. En las bonitas infografías caseras que se han desplegado estos días, esas que los políticos juran no haber visto antes pero que están en poder de sus técnicos, no queda del todo claro si las orcas y los delfines saltarán de un lado a otro de la ronda oeste, para amenizar a los miles de conductores atrapados en los atascos, habituales en la zona pero que empeorarán con el estadio y su centro comercial. Tampoco cómo será posible que Navegación Aérea autorice levantar allí, junto al aeropuerto, lo que no ha permitido en otros lugares más lejanos de la ciudad.

La Junta, que no tiene dinero para cumplir sus promesas con Málaga -desde la más vieja, el tren litoral, hasta el invento electoral más reciente, el megahospital-, está lógicamente encantada con la posibilidad de librarse de su obligación de crear un parque en Arraijanal. “Miel sobre hojuelas”, se le escapó a la delegada del Gobierno andaluz y candidata socialista a la Alcaldía, María Gámez. Su antecesora como alcaldable, Marisa Bustinduy, ya había prometido hace años, con el aval de la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que la gran explanada de Guadalmar, el último gran terreno libre del litoral malagueño, sería un espacio público. Pero en la Costa del Sol las promesas, como la arena de las playas, se las lleva el viento. Y los avales, ni los bancarios, ya no son lo que eran.

El alcalde también ha aprovechado la supuesta oferta del jeque para tenderle una fácil trampa al Gobierno andaluz. Ya que no tendrán que gastarse un euro en Arraijanal merced a la filantropía del jeque Al-Thani, que cumplan su otra promesa de mejorar la Carretera de Cádiz. El regidor ha aguantado como ha podido esta semana una nueva provocación electoralista con el estatuto de capitalidad. Como quien ha reabierto la caja de los truenos ha sido en esta ocasión su compañero popular Zoido y no el denostado Monteseirín, su respuesta ha sido mucho más tibia. Obviamente tiene razón De la Torre cuando recuerda el impacto positivo que tiene para el empleo ser la capital de Andalucía. Sólo unos 50.000 trabajadores públicos más de nada.

También debería citar el regidor, aunque ahora no le conviene, uno de los mayores (por tamaño y por coste) agravios centralistas que ha cometido la Junta en todos estos años: el disparate del estadio mal llamado olímpico de la Cartuja. Una obra faraónica, también mausoleo, que apenas se usa unos pocos días al año para megaconciertos, con una acústica, por cierto, muy deficiente. El mantenimiento de ese gigante–los dos equipos hispalenses se negaron a jugar allí-, llegó a costar 6.000 euros al día a todos los andaluces. Con el alquiler de oficinas han logrado evitar que siga siendo una ruina.

De momento, la única oferta por escrito del jeque Al-Thani consiste en comprar La Rosaleda por 3,3 millones de euros, cuando costó 39 millones de euros. Con ese antecedente, hacer preguntas, por ahora al aire, sobre este rosario de inversiones que cada semana crece en 100 millones de euros –a este paso el magnate catarí acabará pagando la solución urbana del Guadalmedina- no es de desconfiados. Es nuestra obligación.

Pequeña victoria

Javier Gómez | 16 de diciembre de 2010 a las 10:47

friedrich

MIENTRAS el PSOE demolía los restos de su credibilidad en el Ayuntamiento, apenas unas ruinas en pie en medio del bosque, como un cuadro de Friedrich desprovisto de romanticismo, la piqueta derribaba una de las grandes manchas de los diez años de alcalde de Francisco de la Torre. Un punto negro de más de 3.500 metros cuadrados que desde Pinares de San Antón clamaba contra la incoherencia del regidor.

La demolición del denominado centro hispano-ruso no puede anotarse como un triunfo del equipo de gobierno: resultaría ridículo sacar pecho tras una década de complacencia, ambigüedad y tolerancia con las sucesivas patadas a la legalidad urbanística de un empresario que, no lo olvidemos, fue alentado al principio por el propio Ayuntamiento. Pero sí es una victoria de los funcionarios, del equipo de Disciplina Urbanística que dirige Teresa Domingo, un departamento que ya no entiende de chicos o grandes ni de consignas políticas, sino de hacer cumplir la ley y el planeamiento. Dijo hace meses que las construcciones levantadas irregularmente por el promotor ruso serían derribadas y nos costó creerla. Algún crédito han ganado ella y su equipo para el concejal Manuel Díaz, que al fin y al cabo la nombró, y para una Gerencia de Urbanismo vapuleada en los últimos años por la opinión pública y rematada por la polémica de su nueva sede. Un edificio de coste disparatado, mausoleo de la burocracia, en el que, casualmente, sólo falta Disciplina Urbanística. Se mudarán allí en un par de semanas, junto con los mismos técnicos, por cierto, que han dado el visto bueno a que la finca vecina a los terrenos del ruso se convierta en urbanizable. Otro pequeño escándalo.

Si cuesta trabajo felicitar al PP por este triunfo sobre la ilegalidad urbanística, también es difícil atribuir toda la responsabilidad de esta carrera hacia ninguna parte a Vladimir Beniachvili. Cuando hace meses abrió las puertas de su peculiar Xanadú ruso a Sebastián Sánchez, el empresario parecía más un jubilado extranjero engañado por sus asesores, incluido algún ex concejal y algún arquitecto procesado por la Justicia por falsificar informes para legalizar viviendas irregulares, que ese oscuro personaje venido del Este que provocaba terror en Urbanismo. Alguien más, y no sólo él, debería pagar los platos rotos de este atentado ambiental y urbanístico en Pinares de San Antón.

Materazzi Porras

Javier Gómez | 20 de junio de 2010 a las 9:53

TODO equipo ganador que se precie tiene siempre un perro de presa. Un jugador dispuesto a morder al rival, un marrullero en toda regla, que no rehuye sino que busca el choque, que siempre deja el codo en alto, que pega patadas, cabezazos y lo que se tercie con tal de intimidar, desquiciar y doblegar al enemigo. En Italia está Gattuso y antes Materazzi, capaz de arruinar la despedida del astro Zidane; en Argentina ese papel lo cumplen el apache Tévez y Mascherano, Melo y Gilberto Silva en Brasil. Algunos incluso le dan bien a la pelota, que al fin y al cabo es de lo que supuestamente se trata. En España, por muy buenos que sean Busquets y Javi Martínez, nos falta un sucio killer. Y ya sabemos que a los equipos exquisitos se los acaban comiendo.

No es una máxima exclusiva del fútbol. También vale para el baloncesto –fíjense si no en Artest, el forajido alero de los Lakers con cara de no haber roto un plato– e incluso para actividades tan poco deportivas como la política. La única pega es que hay que sopesar bien este arma. Descontrolado, el jugador asesino es tan peligroso para su equipo como para los contrarios. Le prenderá fuego a todo.

En el Ayuntamiento de Málaga, Villalobos tuvo la vista de ficharla, hay una persona de ese perfil, que se mueve como pez en el agua en el barro del enfrentamiento institucional. Se trata, por si no lo han adivinado ya, de Teresa Porras. La combativa edil de Cruz de Humilladero, como ya hiciera con la ampliación del paseo marítimo, ha tomado por bandera el proyecto, su proyecto, para reurbanizar la calle La Unión tras la obra del Metro. Está convencida, y eso es lo preocupante, de que la Junta tiene que pagar la reforma que a ella le venga en gana. Como si no tuviera ya bastante el Gobierno andaluz con buscar los 42 millones de euros que cuesta la obra de la Carretera de Cádiz, una de esas promesas-farol en la que se ha llevado la sorpresa de que Francisco de la Torre, por una vez, no ha puesto pegas.

Porras, que debe haber encargado ya un cartelón para reprochar el enésimo agravio autonómico, tenía ganas de medirse de nuevo con Salvo Tierra. Las emboscadas populistas que le organizó a su antecesor, Enrique Urkijo, se quedarán en un juego de niños comparadas con lo que le tiene preparado a su odiado ex rival. Pondrá todas las chinas que pueda en su camino e intentará soliviantar los ánimos de los vecinos. Al menos de aquellos a los que tiene bien subvencionados. Así se ha sacado de la manga, gracias a su concejal discípulo, Manuel Díaz, un proyecto de la señorita Pepis para La Unión que cuesta 4,4 millones de euros. A nadie le extraña que la alucinada consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, la tome por la concejala de Urbanismo. Si a Porras la dejan, acaba suplantando al alcalde.

Nadie dice que la calle La Unión, que Cruz de Humilladero, no merezcan mejores calles y aceras. Quizás también una concejala mejor. Quizás también un Ayuntamiento que invierta y no se dedique a exigir a los demás que lo hagan, porque que alguien nos explique dónde están los cientos de millones de inversión de estos años del presupuesto municipal. ¿En la nueva Gerencia de Urbanismo?

Desde luego, el barrio merece un proyecto más valiente, como el primero que presentó el Consistorio, realizado por Paco Ruiz y los técnicos de Movilidad, con menos protagonismo del coche y más espacio para los peatones. Y además con un presupuesto más razonable.

Si uno escucha hablar a Porras está claro que la guerra es inevitable. Las víctimas serán las de siempre, los vecinos. Ha mencionado hasta a los psicólogos a los que han ido por el martirio que dice han sido los tajos del Metro, como si el Gobierno andaluz tuviera que pedir perdón por acometer la obra más importante de la historia de la ciudad.

Pero, con todo, la culpa no es de Porras. Es del entrenador que la saca al campo a sabiendas de su estilo.