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El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

Un balón de oxígeno inesperado

Javier Gómez | 24 de marzo de 2011 a las 18:06

Los escándalos de Manuel Díaz, primero, y de Teresa Porras, después, a punto han estado de arruinar, si no lo han hecho, el gran momento de gloria en este triste último mandato de Francisco de la Torre. Con la baronesa Thyssen lanzando piropos a su perseverancia por todos los medios nacionales que va pisando, y con el magnífico Museo del XIX que se inaugura hoy, el regidor se encuentra en su momento más bajo, con la confianza traicionada por dos de sus ediles más cercanos y protegidos.

Pero uno siempre puede contar con el enemigo para que te eche un cable. La propuesta de convenio del dichoso parque en el Campamento Benítez que el Ministerio de Fomento ha enviado al Ayuntamiento es un ultraje, una tomadura de pelo, el combustible perfecto para alimentar el fuego del agravio a Málaga que tanto ha calentado la popularidad electoral de De la Torre. No se lo ocurre a uno mejor ‘timing’ para enviarle ese documento al Consistorio, para dejar completamente fuera de juego a la candidata del PSOE, María Gámez, para desacreditar las palabras del ministro de Fomento y número dos del PSOE, José Blanco, del pasado domingo, para darle un balón de oxígeno al asfixiado rival del PP. Bravo. El non plus ultra de la torpeza.

Puntos seguidos y Frankensteins

Javier Gómez | 10 de marzo de 2011 a las 10:59

EL problema de las denominadas leyes de punto final es que habitualmente son sucedidas por un punto seguido, una conjunción copulativa y otra condicional: Y si se ha perdonado a Marbella, ¿por qué no hacer lo mismo con la Axarquía? Y si en aquella comarca se van a legalizar 11.000 viviendas irregulares, ¿por qué no también en Cártama, en Estepona o en Mijas?

Definitivamente, las precampañas y las campañas electorales son periodos tan inútiles como indigestos para la economía, la moral, la ética y la legalidad en este país. Es un tiempo de despilfarro, de despropósitos, de mentiras y de ataques a la razón y al sentido común. La amnistía urbanística de la Axarquía anunciada la pasada semana por la consejera de Obras Públicas de la Junta, Josefina Cruz, ha entrado por derecho propio en los anales históricos de la demagogia electoralista. Ya lo fue la carta blanca dada a las barbaridades cometidas en tiempos de Jesús Gil y sus secuaces. Que todas esas sinvergonzonerías queden en pie sin derribo alguno tendrá un altísimo coste en el futuro. De hecho, ya lo ha tenido: el efecto llamada de la permisividad de nuestros responsables políticos ante las viviendas ilegales. ¿De qué sirve perder años en trámites, enmiendas, debates parlamentarios y correcciones, en costosísimos Planes de Ordenación Territorial, si luego la Ley del Suelo está para saltársela?¿Quién le niega ahora a nadie su deseo de construirse una casita en el campo? Sí, desde luego hay muchos inocentes que compraron su vivienda de buena fe, sin saber el desaguisado en el que se metían. Pero son mayoría los que eran conscientes de lo que hacían.

Puestos a crear precedentes y coartadas éticas para el futuro, el mensaje que ha dado estos días el alcalde de Málaga sobre el concejal de Urbanismo tampoco es lo que se dice ejemplarizante. No se trata desde luego del mejor cartel con el que presentarse a la reelección por cuarto mandato, acosado por la cuestionable conducta de su delfín político y por el pulso del Museo de las Gemas, el otro Frankenstein particular del regidor y su fallida política cultural.

No hay peor enemigo que uno mismo ni rival más peligroso que el exceso de confianza. Los populares acuden a las urnas tan seguros de su victoria que sería bonito disfrutar de un partido igualado que les diera una sorpresa. Pero desde el lado socialista están empeñados en recurrir al juego sucio.

Pequeña victoria

Javier Gómez | 16 de diciembre de 2010 a las 10:47

friedrich

MIENTRAS el PSOE demolía los restos de su credibilidad en el Ayuntamiento, apenas unas ruinas en pie en medio del bosque, como un cuadro de Friedrich desprovisto de romanticismo, la piqueta derribaba una de las grandes manchas de los diez años de alcalde de Francisco de la Torre. Un punto negro de más de 3.500 metros cuadrados que desde Pinares de San Antón clamaba contra la incoherencia del regidor.

La demolición del denominado centro hispano-ruso no puede anotarse como un triunfo del equipo de gobierno: resultaría ridículo sacar pecho tras una década de complacencia, ambigüedad y tolerancia con las sucesivas patadas a la legalidad urbanística de un empresario que, no lo olvidemos, fue alentado al principio por el propio Ayuntamiento. Pero sí es una victoria de los funcionarios, del equipo de Disciplina Urbanística que dirige Teresa Domingo, un departamento que ya no entiende de chicos o grandes ni de consignas políticas, sino de hacer cumplir la ley y el planeamiento. Dijo hace meses que las construcciones levantadas irregularmente por el promotor ruso serían derribadas y nos costó creerla. Algún crédito han ganado ella y su equipo para el concejal Manuel Díaz, que al fin y al cabo la nombró, y para una Gerencia de Urbanismo vapuleada en los últimos años por la opinión pública y rematada por la polémica de su nueva sede. Un edificio de coste disparatado, mausoleo de la burocracia, en el que, casualmente, sólo falta Disciplina Urbanística. Se mudarán allí en un par de semanas, junto con los mismos técnicos, por cierto, que han dado el visto bueno a que la finca vecina a los terrenos del ruso se convierta en urbanizable. Otro pequeño escándalo.

Si cuesta trabajo felicitar al PP por este triunfo sobre la ilegalidad urbanística, también es difícil atribuir toda la responsabilidad de esta carrera hacia ninguna parte a Vladimir Beniachvili. Cuando hace meses abrió las puertas de su peculiar Xanadú ruso a Sebastián Sánchez, el empresario parecía más un jubilado extranjero engañado por sus asesores, incluido algún ex concejal y algún arquitecto procesado por la Justicia por falsificar informes para legalizar viviendas irregulares, que ese oscuro personaje venido del Este que provocaba terror en Urbanismo. Alguien más, y no sólo él, debería pagar los platos rotos de este atentado ambiental y urbanístico en Pinares de San Antón.

Materazzi Porras

Javier Gómez | 20 de junio de 2010 a las 9:53

TODO equipo ganador que se precie tiene siempre un perro de presa. Un jugador dispuesto a morder al rival, un marrullero en toda regla, que no rehuye sino que busca el choque, que siempre deja el codo en alto, que pega patadas, cabezazos y lo que se tercie con tal de intimidar, desquiciar y doblegar al enemigo. En Italia está Gattuso y antes Materazzi, capaz de arruinar la despedida del astro Zidane; en Argentina ese papel lo cumplen el apache Tévez y Mascherano, Melo y Gilberto Silva en Brasil. Algunos incluso le dan bien a la pelota, que al fin y al cabo es de lo que supuestamente se trata. En España, por muy buenos que sean Busquets y Javi Martínez, nos falta un sucio killer. Y ya sabemos que a los equipos exquisitos se los acaban comiendo.

No es una máxima exclusiva del fútbol. También vale para el baloncesto –fíjense si no en Artest, el forajido alero de los Lakers con cara de no haber roto un plato– e incluso para actividades tan poco deportivas como la política. La única pega es que hay que sopesar bien este arma. Descontrolado, el jugador asesino es tan peligroso para su equipo como para los contrarios. Le prenderá fuego a todo.

En el Ayuntamiento de Málaga, Villalobos tuvo la vista de ficharla, hay una persona de ese perfil, que se mueve como pez en el agua en el barro del enfrentamiento institucional. Se trata, por si no lo han adivinado ya, de Teresa Porras. La combativa edil de Cruz de Humilladero, como ya hiciera con la ampliación del paseo marítimo, ha tomado por bandera el proyecto, su proyecto, para reurbanizar la calle La Unión tras la obra del Metro. Está convencida, y eso es lo preocupante, de que la Junta tiene que pagar la reforma que a ella le venga en gana. Como si no tuviera ya bastante el Gobierno andaluz con buscar los 42 millones de euros que cuesta la obra de la Carretera de Cádiz, una de esas promesas-farol en la que se ha llevado la sorpresa de que Francisco de la Torre, por una vez, no ha puesto pegas.

Porras, que debe haber encargado ya un cartelón para reprochar el enésimo agravio autonómico, tenía ganas de medirse de nuevo con Salvo Tierra. Las emboscadas populistas que le organizó a su antecesor, Enrique Urkijo, se quedarán en un juego de niños comparadas con lo que le tiene preparado a su odiado ex rival. Pondrá todas las chinas que pueda en su camino e intentará soliviantar los ánimos de los vecinos. Al menos de aquellos a los que tiene bien subvencionados. Así se ha sacado de la manga, gracias a su concejal discípulo, Manuel Díaz, un proyecto de la señorita Pepis para La Unión que cuesta 4,4 millones de euros. A nadie le extraña que la alucinada consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, la tome por la concejala de Urbanismo. Si a Porras la dejan, acaba suplantando al alcalde.

Nadie dice que la calle La Unión, que Cruz de Humilladero, no merezcan mejores calles y aceras. Quizás también una concejala mejor. Quizás también un Ayuntamiento que invierta y no se dedique a exigir a los demás que lo hagan, porque que alguien nos explique dónde están los cientos de millones de inversión de estos años del presupuesto municipal. ¿En la nueva Gerencia de Urbanismo?

Desde luego, el barrio merece un proyecto más valiente, como el primero que presentó el Consistorio, realizado por Paco Ruiz y los técnicos de Movilidad, con menos protagonismo del coche y más espacio para los peatones. Y además con un presupuesto más razonable.

Si uno escucha hablar a Porras está claro que la guerra es inevitable. Las víctimas serán las de siempre, los vecinos. Ha mencionado hasta a los psicólogos a los que han ido por el martirio que dice han sido los tajos del Metro, como si el Gobierno andaluz tuviera que pedir perdón por acometer la obra más importante de la historia de la ciudad.

Pero, con todo, la culpa no es de Porras. Es del entrenador que la saca al campo a sabiendas de su estilo.

No se culpe a nadie

Javier Gómez | 28 de febrero de 2010 a las 11:17

Ya iba siendo hora, tras tres décadas de debate ciudadano, de presentar y retirar proyectos, de frases grandilocuentes, de poner a arquitectos estrellas en fuga, de que en el Puerto se hiciera una actuación singular. Singularísima. Algo que sólo podría ocurrir en Málaga. En sus mejores suelos libres, en la plataforma donde se funden el mar, Gibralfaro, el Parque y la Malagueta, en los dos muelles que envidian muchísimas ciudades porque en contadísimos lugares del mundo se puede desembarcar a los pies de una Catedral y una Alcazaba, nosotros pondremos un supermercado.

Es lo que tiene ser la gran metrópoli del Sur de Europa, la excelsa urbe que aspira a la Capitalidad Cultural Europea, el Silicon Valley del viejo continente: cuando los demás van, nosotros volvemos. No es que seamos unos catetos sin redención posible. Es que somos unos innovadores, unos visionarios, unos iconoclastas sin remedio. Aunque de momento, ningún coolhunter se ha arrogado la idea. Como en aquel genial cuento de Cortázar, nadie tiene la culpa de que nos asfixiemos a fuerza de dar tantas vueltas con nuestro plan del puerto. Si hace diez años el arquitecto Moreno Peralta –qué incordio de hombre, siempre aportando ideas o poniendo el dedo en la llaga– encendió la mecha de la revuelta ciudadana (“Donde otros ponen un Guggenheim, nosotros cines y pizzerías”, dijo), el tiempo ha acabado empeorando sus perspectivas. Cualquiera preferiría un multicine a un supermercado de barrio.

Porque lo que va a ocurrir en el muelle de la Farola, si no lo impide un tsunami o una rara epidemia de sentido común entre nuestros gobernantes, es como poner la basura en el salón de casa, como instalar contenedores soterrados en la entrada de la calle Larios. ¡Huy, disculpen, pero me temo que eso ya ha sucedido!

Enrique Linde, presidente de la Autoridad Portuaria, asegura que él no ha propuesto la idea de ubicar un supermercado en la zona noble del plan especial del Puerto. Incluso afirma que no le gusta. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, del que se espera y se sigue esperando el liderazgo en cuestiones de diseño urbano, dijo en su momento que tampoco le apasionaba, que el lugar no parecía el más adecuado. A priori, el primer consenso de ambas autoridades en una década de tramitación del plan debería ser más que suficiente para zanjar el asunto. Pero no.