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El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

Un balón de oxígeno inesperado

Javier Gómez | 24 de marzo de 2011 a las 18:06

Los escándalos de Manuel Díaz, primero, y de Teresa Porras, después, a punto han estado de arruinar, si no lo han hecho, el gran momento de gloria en este triste último mandato de Francisco de la Torre. Con la baronesa Thyssen lanzando piropos a su perseverancia por todos los medios nacionales que va pisando, y con el magnífico Museo del XIX que se inaugura hoy, el regidor se encuentra en su momento más bajo, con la confianza traicionada por dos de sus ediles más cercanos y protegidos.

Pero uno siempre puede contar con el enemigo para que te eche un cable. La propuesta de convenio del dichoso parque en el Campamento Benítez que el Ministerio de Fomento ha enviado al Ayuntamiento es un ultraje, una tomadura de pelo, el combustible perfecto para alimentar el fuego del agravio a Málaga que tanto ha calentado la popularidad electoral de De la Torre. No se lo ocurre a uno mejor ‘timing’ para enviarle ese documento al Consistorio, para dejar completamente fuera de juego a la candidata del PSOE, María Gámez, para desacreditar las palabras del ministro de Fomento y número dos del PSOE, José Blanco, del pasado domingo, para darle un balón de oxígeno al asfixiado rival del PP. Bravo. El non plus ultra de la torpeza.

Bien pagado

Javier Gómez | 22 de marzo de 2011 a las 14:44

ideas sobre el río

José Estrada, gerente de Promálaga, la empresa municipal cajón desastre que lo mismo vale para un roto que un descosío (más para rotos que para descosíos, la verdad), sólo suele ser noticia en los periódicos por su alto sueldo. Desde hace más de una década es el cargo de confianza que más cobra del Ayuntamiento. Su nómina es motivo de escándalo recurrente cuando se habla de salarios astronómicos. Gana unos 145.000 euros al año, llegó a rozar los 200.000 antes de la ‘reducción’ impuesta por Javier Arenas el año pasado, y tenía un contrato blindado.

Es de suponer que, a pesar del recorte forzoso del año pasado, Estrada le seguirá estando muy agradecido al regidor. Pero de ahí a convertirse en baluarte de la campaña electoral de Francisco de la Torre hay un gran paso que nunca debió dar. Y menos desde el púlpito de la Fundación Ciedes, un organismo tradicionalmente ‘neutral’ del que forman parte el Ayuntamiento, la Junta, la Diputación, el Gobierno, la Cámara de Comercio, los sindicatos, la CEM, Unicaja, la federación de vecinos Unidad, el PTA y el Puerto.

Ayer, el bien pagado Estrada aprovechó su cargo de director gerente de Ciedes para convertir la rueda de prensa del Buzón del Guadalmedina -una página web para recoger propuestas ciudadanas para la remodelación del cauce del río- en un ataque a la propuesta de María Gámez, candidata del PSOE. Puso un vídeo en el que un huracán destrozaba la actuación acometida en el cauce del río Santa Lucía, en la ciudad mexicana de Monterrey, que Gámez y el PSOE han usado alguna vez como referencia de lo que se puede hacer.

Ni Ciedes, sino un mitin del PP, era el lugar adecuado para que un cargo de confianza se dedicara a atacar a la rival del ‘jefe’, ni Málaga sufre los huracanes del Caribe. Ya puestos al catastrofismo, Estrada podía haber puesto los vídeos del tsunami japonés. Más de un cargo popular pensará hoy que ayer Estrada se ganó su sueldo. Pero lo cierto es que se lo pagamos todos los malagueños, no un partido.

La jequera

Javier Gómez | 6 de febrero de 2011 a las 11:48

En la semana de beatificación del jeque propietario del Málaga C.F. -ya sólo falta que las administraciones organicen una romería a Catar-, sigue sin recibir respuesta una de las preguntas más antiguas del mundo: cui prodest (¿a quién beneficia?). Con Abdullah Al-Thani y su mano derecha, Ghubn, desde hace semanas en el país asiático, sus dos emisarios locales recorren la ciudad y las distintas instituciones. Y si bien han encarecido notablemente cualquier compra de suelo con tanto trajín, desde luego parece que han tenido éxito en su misión de convencer a los dirigentes políticos de que la operación para construir un nuevo estadio es un chollo para los intereses públicos, sin que nadie realice alguna pregunta pertinente, como por qué o para qué. Disculpen la osadía, pero se supone que para preguntar estas cosas existen los periodistas.

El jeque no sólo se va a gastar un pastón en levantar un recinto deportivo que será referente mundial –otra cosa es si se llenará-, es que además va a pagar de su bolsillo el parque de Arraijanal y de paso construirle al alcalde ese centro oceanográfico que lleva diez años anhelando en la zona pero que extrañamente no quiere financiar en el Puerto, donde sería más oportuno. En las bonitas infografías caseras que se han desplegado estos días, esas que los políticos juran no haber visto antes pero que están en poder de sus técnicos, no queda del todo claro si las orcas y los delfines saltarán de un lado a otro de la ronda oeste, para amenizar a los miles de conductores atrapados en los atascos, habituales en la zona pero que empeorarán con el estadio y su centro comercial. Tampoco cómo será posible que Navegación Aérea autorice levantar allí, junto al aeropuerto, lo que no ha permitido en otros lugares más lejanos de la ciudad.

La Junta, que no tiene dinero para cumplir sus promesas con Málaga -desde la más vieja, el tren litoral, hasta el invento electoral más reciente, el megahospital-, está lógicamente encantada con la posibilidad de librarse de su obligación de crear un parque en Arraijanal. “Miel sobre hojuelas”, se le escapó a la delegada del Gobierno andaluz y candidata socialista a la Alcaldía, María Gámez. Su antecesora como alcaldable, Marisa Bustinduy, ya había prometido hace años, con el aval de la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que la gran explanada de Guadalmar, el último gran terreno libre del litoral malagueño, sería un espacio público. Pero en la Costa del Sol las promesas, como la arena de las playas, se las lleva el viento. Y los avales, ni los bancarios, ya no son lo que eran.

El alcalde también ha aprovechado la supuesta oferta del jeque para tenderle una fácil trampa al Gobierno andaluz. Ya que no tendrán que gastarse un euro en Arraijanal merced a la filantropía del jeque Al-Thani, que cumplan su otra promesa de mejorar la Carretera de Cádiz. El regidor ha aguantado como ha podido esta semana una nueva provocación electoralista con el estatuto de capitalidad. Como quien ha reabierto la caja de los truenos ha sido en esta ocasión su compañero popular Zoido y no el denostado Monteseirín, su respuesta ha sido mucho más tibia. Obviamente tiene razón De la Torre cuando recuerda el impacto positivo que tiene para el empleo ser la capital de Andalucía. Sólo unos 50.000 trabajadores públicos más de nada.

También debería citar el regidor, aunque ahora no le conviene, uno de los mayores (por tamaño y por coste) agravios centralistas que ha cometido la Junta en todos estos años: el disparate del estadio mal llamado olímpico de la Cartuja. Una obra faraónica, también mausoleo, que apenas se usa unos pocos días al año para megaconciertos, con una acústica, por cierto, muy deficiente. El mantenimiento de ese gigante–los dos equipos hispalenses se negaron a jugar allí-, llegó a costar 6.000 euros al día a todos los andaluces. Con el alquiler de oficinas han logrado evitar que siga siendo una ruina.

De momento, la única oferta por escrito del jeque Al-Thani consiste en comprar La Rosaleda por 3,3 millones de euros, cuando costó 39 millones de euros. Con ese antecedente, hacer preguntas, por ahora al aire, sobre este rosario de inversiones que cada semana crece en 100 millones de euros –a este paso el magnate catarí acabará pagando la solución urbana del Guadalmedina- no es de desconfiados. Es nuestra obligación.

Otro debate absurdo

Javier Gómez | 16 de enero de 2011 a las 2:03

Más que Guadalmedina, el río de Málaga debiera llamarse Guadiana. Habitualmente oculto, cada vez que se acercan unas elecciones sale a la superficie. Es todo un síntoma: llevamos veinte años debatiendo sobre él pero no tenemos ni idea de qué hacer con el feo cauce. Como con las enfermedades, no faltan los médicos de pacotilla prestos a hacer un diagnóstico a bote pronto. El río hay que embovedarlo. No, hay que hacer un parque líneal. No, hay que dejarlo como está porque es una fuente de vida. Todo el mundo tiene una opinión y todo el mundo se precipita. Se supone que los arquitectos, y los concursos de ideas, están precisamente para eso: ofrecer el mejor tratamiento posible para curar las cicatrices de la ciudad. Pero aquí cada uno ha puesto ya la venda antes de saber a qué tipo de herida nos enfrentamos. Y a algunos se les ha visto el plumero. El alcalde, no esperábamos otra cosa, ya ha hablado de cubrir todo el cauce para hacer un bulevar con carriles, aparcamientos subterráneos y una línea de Metro. También, de paso, algún jardín. Da igual que el tráfico sea justamente el problema que no tenga el eje Norte-Sur. Pedro Moreno, el candidato de IU, fue el primero en avisar de sus verdes intenciones. No sean mal pensados, quiere un parque fluvial, no el recinto que se busca para la prostitución desde que una ordenanza prohíbe el sexo callejero. También se ha pronunciado, faltaría más, la alcaldable del PSOE y delegada de la Junta (suponemos que partido e institución tendrán la misma postura, si no podemos empezar a hablar claramente de trastorno bipolar), María Gámez, quien se opone a embovedar todo el río y aboga por una solución “ciudadana y no especulativa”. Paradójico que la última en llegar, la portavoz municipal socialista, Begoña Medina, fuera la más sensata, amordazada como estaba cuando le preguntaron los periodistas: “Ha llegado el momento en el que nos tenemos que sentar todos en la Fundación Ciedes para consensuar entre todos un proyecto que sea el mejor para la ciudad”. Palabras vacías, pero no necias.

Así que en apenas dos días desde que se hizo público el informe técnico de Fomento, que permitía cubrir el cauce siempre que se realicen una serie de obras, ya tenemos el Guadalmedina convertido en objeto central de la campaña electoral. La polémica mide la altura política e intelectual de la ciudad. Hace más de cinco años, todas las instituciones y partidos acordaron, en el seno de la Fundación Ciedes, que se convocaría un concurso de ideas para buscar una solución al cauce. Se supone que los urbanistas han estudiado y desarrollado una carrera para eso, dar respuesta a los problemas. El siguiente debate, claro está, es el de los arquiestrellas versus los profesionales locales. O el Guadalmedina lo arregla sir Norman (¿cuánto pesa su cauce, señor Foster?) o no tiene remedio. Pero claro, los políticos locales pretenden ponerle condicionantes a estos visionarios, cuando lo ideal sería convocar un concurso en el que se dé la máxima libertad a los participantes y no se les obligue a embovedar todo, nada o una parte del río.

Y luego está la tontería del propio estudio técnico, que no ha tardado tanto como parece. Lo que ha tardado es la Junta, cinco meses, en encargarlo. Pero en un tiempo en el que el canal de la Mancha ha dejado de aislar al continente europeo de Inglaterra (como sostenía flemático algún meteorólogo de la BBC) gracias a un túnel bajo el mar, en el que Asia y Europa están unidas por un puente en Estambul o el AVE circula a velocidades superiores a los 350 kilómetros por hora, resulta obvio que se puede embovedar el Guadalmedina. Hay pocas obras que la ingeniería no pueda hacer. Pero no hace falta ser un lince, tan sólo haber visto ‘Barrio Sésamo’, para entender la diferencia entre poder y deber. Que se pueda embovedar el río no significa necesariamente que se deba hacer, como parece pensar De la Torre. Primero hay que preguntarse cuánto costará, qué aportará a la ciudad y si merece la pena pagar ese dinero que podríamos emplear en las guarderías, colegios, parques y hospitales que son necesarios en Málaga, para crear otra autovía urbana, aparcamientos subterráneos y hacer más ricos a unos pocos especuladores. Estos son como el río: Se ocultan. Pero haberlos, haylos.

Valiente Gámez

Javier Gómez | 9 de enero de 2011 a las 12:59

NO se le puede negar valor a María Gámez. Si fuera una cantante novata en su primer gran concierto, habría escogido a los Rolling como teloneros. Si se tratara de un torero ante su alternativa, a José Tomás y Enrique Ponce en el cartel. Tener a Felipe González como presentador en el lanzamiento oficioso de tu candidatura puede ofrecer más contras que pros. Sí, el brillante ex presidente te garantiza lleno absoluto, pero también te exige estar a su altura, y eso es francamente difícil, por no decir imposible. La política española no ha dado mejor orador en los últimos 30 años, así que Gámez debió sopesar mucho las ventajas y el evidente riesgo de que un bonito jarrón chino le birlara la audiencia, como ocurrió. Pero desde luego la candidata socialista logró que nadie dudara de sus palabras cuando se definió como una persona valiente a la que no asustan los retos. El desafío al que se enfrenta en mayo es considerable: nadar a contracorriente en medio de la tormenta de la crisis, que amenaza con hundir la flota socialista, y quitarle el puesto a un alcalde muy valorado por sus vecinos, pese a que en los últimos años no haya hecho demasiados méritos para el aprobado.

De la Torre es un caso digno de tesis doctoral. Cuenta con una imagen imbatible de gestor, pese a que los números del Ayuntamiento dicen lo contrario, la burocracia municipal resulte asfixiante y los promotores tiemblen sólo con oír su nombre. También de dialogante, porque habrá estrechado tres o cuatro veces las manos de cada malagueño y es capaz de reunirse las veces que haga falta hasta con el mismo demonio, aunque siempre encuentre un problema para cada solución y un agravio lo espere al doblar cualquier esquina. La austeridad es otra de las cualidades que se le suponen. Nadie dice que él no sea frugal, pero a lo largo de estos años, desde los millonarios sueldos de algunos gerentes, pasando por el derroche de la faraónica sede de Urbanismo o el último capítulo del alumbrado navideño y la artística Cabalgata, ha dado muestras de que no es precisamente una prioridad de su equipo de gobierno.

Que el cambio es posible es la idea fuerza de Gámez, y para venderlo tampoco había mejor padrino que González, quien tras ganar sus primeras elecciones en el 82 con ese estandarte llegó a presentarse en su larga agonía electoral como “el cambio del cambio”.

La aspirante del PSOE tendrá que luchar contra las encuestas, contra la inercia de una ciudad conformista que puede y debe aspirar a más y mejor, pero también contra sí misma: resulta difícil olvidar que es la delegada de la Junta, y el Gobierno andaluz tampoco ha estado muy fino bajo su égida con Málaga, pese a los prometedores y casi olvidados inicios de Griñán.

Gámez se presentó como la alcaldesa de las personas frente al ladrillo, de las palabras frente a los números, de los parques frente a los aparcamientos, de la cooperación frente a los agravios, del carril bici frente a las autopistas urbanas, de los acuerdos frente a la confrontación permanente. Aunque tuvo la elegancia de no nombrarlo más que para decir que seguro que también él piensa que su modelo es el mejor para Málaga, De la Torre estuvo presente, implícitamente, en todo su discurso, que pareció de investidura, por cierto.

Atento la escuchaba, entre un auditorio de casi cuatrocientas personas, su gran fichaje, Carlos Hernández Pezzi. El arquitecto, una de las mentes más lúcidas de esta ciudad, un rebelde con causa, un tipo creativo poco amigo de lo políticamente correcto, es su coordinador de campaña y casi todo el mundo, menos él, da por hecho que irá en la lista. Pero puede que con él empiecen y acaben los galácticos. Su designación fue un triunfo de Gámez frente al aparato y las estructuras del partido, quizás peor enemigo para la candidata que el propio De la Torre.

Cada vez que la dirección ha decidido algo, ya sean la absurda caza de brujas, lapidación a la vida de Brian incluida, de Ignacio Trillo, la inspección al maldito edificio de la lona frustrada, o esa fea costumbre de confundir institución y partido, ha ido en perjuicio de la candidata. Y ahora los socialistas vuelven a caer en el mismo error de siempre: confeccionar la lista no en base a escoger a los mejores posibles, sino a que se mantenga el equilibrio en las agrupaciones. Como si no fuera difícil encontrar músicos valientes dispuestos a tocar, a la banda de Gámez le quieren colocar de inicio varios intérpretes que desafinan. Superada con éxito la prueba del telonero González, a la candidata le queda la prueba más complicada: convencer a los propios de que es posible ganarse al público.

Sí, María tiene mucho valor. Nadie puede quitarle eso.

La chapuza de La Merced

Javier Gómez | 16 de agosto de 2010 a las 11:53

ANTES siquiera de haber empezado, ya se puede aventurar que la reforma de la plaza de La Merced será una soberana chapuza. Sólo así se puede calificar un proyecto presentado a la carrera, concebido pensando más en las elecciones municipales que en el bien de la ciudad, y que nacerá cojo porque no incluye la manzana del Astoria. No tiene sentido acometer esta actuación sin saber qué diantres será del edificio, si se convertirá en equipamiento cultural o en capilla dedicada al calvario de su promotor vasco. Frente al obelisco a Torrijos, un recuerdo al empresario, mártir de la burocracia municipal.

El plan redactado por los técnicos de la Gerencia de Urbanismo, que siguen ostentando un preocupante monopolio sobre el diseño arquitectónico de Málaga pese a que al alcalde se le llene siempre la boca hablando de concursos internacionales de ideas, es más un lavado de cara que una actuación ambiciosa. Y eso que costará 5 millones de euros.

Su otro gran pecado, además de rendirse y mantener la barrera de la elevación de la plaza, consiste en despreciar su conexión con las calles Alcazabilla –si algún siglo de estos Junta y Ayuntamiento terminan sus obras, será la leche– y Granada. Se ningunean los flujos peatonales que aportan, el enlace con un circuito cultural y turístico del que pocas ciudades pueden presumir. En menos de dos kilómetros cuadrados se pueden y podrán visitar la Catedral, el Teatro Romano, la Alcazaba, Gibralfaro, el Museo de la Aduana, el Parque, la calle Larios, el Museo Thyssen, el Puerto, el Museo Picasso y la Casa Natal del pintor. Pero para pasar de la pinacoteca al edificio que vio nacer al genio habrá que jugarse el tipo, cruzar una calle que condensará el tráfico de Álamos, del túnel de la Alcazaba y de la calle Victoria. Otra autovía en el corazón de la ciudad, como si no tuvierámos bastante con la Alameda.

En la guerra entre el peatón y el coche no valen la neutralidad, la moderación ni la búsqueda del consenso conmigo mismo hasta el infinito que caracterizan a De la Torre –aunque si alguien esperaba ideas frescas y rompedoras de María Gámez, basta su primera promesa, un recocinado de otra mejor de Bustinduy sobre el Cortijo de Torres, para caer en el desánimo–. Hay que ser más atrevido, porque sin riesgo no hay victoria urbana. Sólo una sucesión de medianías que evocan un pasado esplendoroso que, por cierto, no fue para tanto.

La candidata Gámez

Javier Gómez | 29 de julio de 2010 a las 10:03

EN pleno furor del Yes, we can por la visita de Michelle, casualmente la dirección provincial del PSOE ha hecho oficial que María Gámez será su candidata en Málaga. Preocupa el comunicado que culminaba tres meses de despropósitos de manual -tanto teórico para semejante fiasco-. El primer adjetivo que se le aplica a la delegada del Gobierno andaluz, tras subrayar la obviedad de que se trata de “una mujer”, es “joven”. Faltaba decir que su rival será un “hombre viejo”. No le hacen ningún favor a la candidata. Ya hemos descubierto que la juventud a menudo equivale en político a bisoñez, a falta de escrúpulos y formación. Y Gámez puede tener defectos, pero no esos.

Su partido, como en otras ocasiones que le han pasado factura, pretende que haga la precampaña desde su puesto de máxima representante de la Junta en Málaga. Al fin y al cabo, ¿no hace campaña el alcalde cuando inaugura una fuente en un barrio o visita una peña?

Pero se trata de un arma de doble filo. ¿Tendrá Gámez un horario de portavoz de la Junta y otro de candidata? ¿La creerá alguien cuando prometa el megahospital, el tren de la Costa o el cinturón verde? ¿Y cuando critique al Ayuntamiento? ¿Será legítimo que los socialistas vinculen las inversiones de los Gobiernos andaluz y central a su victoria, como hicieron sin vergüenza en Marbella en 2007 o después para justificar mociones de censura como la de Vélez o fichajes de tránsfugas en Ronda?

Gámez fue la primera en clamar contra el supermercado del puerto y ha liderado el derribo de la verja. Ha demostrado sensibilidad, visión de futuro y una cualidad que tiende a desaparecer con el ejercicio del poder: capacidad de escuchar a los demás. Domina las nuevas tecnologías y su blog, su Facebook y su Twitter están a la vanguardia de la clase política malagueña. Pero se le echa en falta un discurso propio alejado de lo políticamente correcto, que demuestre que no es una candidata de laboratorio que repite lo que le marcan sus asesores.

Tampoco le beneficia el miedo a que se celebren primarias. Ignacio Trillo debe estar satisfecho: nunca sabremos si habría reunido los 500 avales, pero ha demostrado las lagunas -más bien los lagos Michigan, Erie y Ontario- de Heredia y Conejo. Si todo lo gestionan como el proceso del candidato, auge e injusta caída de Martín Delgado incluidos, mejor que sigan aprendiendo a cocinar en el partido que provocando indigestiones en una institución.

Locomotoras en el puerto

Javier Gómez | 6 de mayo de 2010 a las 8:32

La locomotora que se hundió con el Thistlegorm, en el Mar RojoLa web de Cushman&Wakefield, consultora inmobiliaria que comercializa el muelle uno del plan del puerto, nos recuerda que es un gran multinacional del sector, con un siglo de historia y más de 15.000 empleados en 59 países. También nos pone en nuestro sitio. En su portada destaca su “producto estrella”. No, no es el puerto de Málaga. Es el centro comercial Diagonal Mar de Barcelona. Así que hay que pinchar en el listado de otras propiedades ofertadas. Allí nos encontramos con el centro comercial y de ocio Puerto Venecia de Zaragoza, el complejo más grande a desarrollar en Europa. También el Parque Miramar de Fuengirola, el As Cancelas de Santiago de Compostela, el Espacio Buenavista de Oviedo, el Sant Boi y el Llobregat Centre barceloneses y, en el penúltimo puesto de la lista, el Muelle Uno Sea Shopping de Málaga, barato nombre en que se resumen tres décadas de debate para transformar la mejor zona de la ciudad. Las empresas no entienden de lugares emblemáticos, de aspiraciones ciudadanas, de sueños. Simplemente se limitan a venderlos, como hace Disney, dirigida por un montón de tipos que se parecen más a la bruja que a Blancanieves.

Al final del día lo que importa es la cuenta de resultados, y así el muelle de la Farola se ha visto reducido a un frío número, los metros cuadrados de uso comercial. Uno pensaba que íbamos a hablar de cruceros, no de locomotoras. Para el portavoz de la empresa concesionaria, el supermercado Carrefour es la locomotora sine qua non que hace rentable la operación. Lo podía haber dicho antes y nos habríamos ahorrado el enésimo descarrilamiento del plan del puerto. Da igual que en su web Marinas de la Farola prometa “comercios de prestigio”, de que se haya insinuado la llegada de la Fnac, porque nos han dado gato por liebre con este cambio de una multinacional francesa por otra. Si hace una década no se consideraba digno un multicine para esos muelles, ¿cómo puede serlo una hilera de carritos llenos de cebollas, patatas y pimientos?

En este asunto, diría que María Gámez se ha marcado su primer tanto, al mostrarse en contra de un supermercado que “rebaja el listón”. De la Torre, mientras, sigue buscando su criterio y la Autoridad Portuaria, su autoridad.

Las señales socialistas acaban en cortina de humo

Javier Gómez | 2 de mayo de 2010 a las 9:02

El guión de la última semana socialista en Málaga es tan rocambolesco que parece una novela de Tom Sharpe. Sólo ha faltado una muñeca hinchable, de despacho en despacho y reunión en reunión, en la sede provincial de Fernán Núñez para añadir más surrealismo a unos acontecimientos que han tirado por la borda todo el cuidado con el que la dirección del PSOE había llevado hasta ahora el asunto del candidato. Y por el camino también ha estallado la paz armada que durante meses ha caracterizado las relaciones entre Miguel Ángel Heredia y el presidente de la Diputación, Salvador Pendón.

La crisis interna comenzó con los movimientos de varios secretarios de agrupaciones locales, hay quien dice que auspiciados por Pendón, para intentar convencer a la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez de que aceptara una candidatura que ha rechazado en múltiples ocasiones. En los últimos tiempos, quizás advirtiendo que su influencia pierde enteros cada día que pasa en Estrasburgo, Álvarez no ha sido tan contundente en su negativa. Se ha dejado querer en dos almuerzos, incluso quejado del ostracismo que sufre de la actual dirección, aunque su camino va más por la senda financiera que por la política. La mayoría de militantes y analistas coinciden al señalar que la altiva eurodiputada es quizás la única persona con tirón electoral capaz de arrebatar la Alcaldía a Francisco de la Torre, aunque no faltan quienes temen que se reproduzcan los comportamientos de sus etapas como ministra de Fomento y consejera de Economía. Álvarez no admite controles ni injerencias. Tampoco críticas o incluso preguntas. Así que, si no fastidiaba la campaña con alguna salida de tono temperamental, sería una alcaldesa de armas tomar.

Pendón, factótum del socialismo malagueño en la última década, la persona que trabajó los apoyos para colocar a Marisa Bustinduy primero y a Miguel Ángel Heredia después como secretarios provinciales, lleva tiempo intentando entrar en la candidatura de Málaga. Ya dijo que no pensaba optar de nuevo a la Alcaldía de Ardales, cuya pérdida tras el extraño pacto entre IU y Falange Auténtica fue demasiado dolorosa para él, y tampoco oculta que quiere ser por tercera vez presidente de la Diputación provincial. Este organismo es el verdadero centro de poder del PSOE malagueño, allí se han colocado muchos alcaldes derrotados por las urnas, desde allí se reparten las subvenciones a los municipios, y en las cafeterías cercanas a su enorme y nueva sede de la calle Pacífico, cuando no en sus despachos, se ha orquestado la conquista de agrupaciones, asambleas y congresos provinciales. Pendón tendría más opciones de entrar en una lista con Magdalena Álvarez que con José María Martín Delgado, con el que se lleva notoriamente mal. Pero Miguel Ángel Heredia no está dispuesto a seguir compartiendo el poder interno del partido.

Gracias al que hasta hace pocos meses era líder del movimiento rival, el consejero Luciano Alonso, Heredia supo ver a tiempo que la carta ganadora en el socialismo andaluz, con el beneplácito de Zapatero, se llamaba Pepe Griñán. Se apresuró a respaldar al presidente de la Junta en su exigencia de acabar con la bicefalia y precipitar la salida de Chaves del PSOE-A, y ahora cuenta con su todo su favor.

De hecho, en la reciente inauguración de la nueva terminal del aeropuerto de Málaga, culminado el congreso regional, Griñán no dudó en decir en voz alta y ante el interesado a un grupo de periodistas: “No os equivoquéis, mi único hombre en Málaga es Miguel Ángel”. Disipaba así cualquier duda.

Así que cuando El Mundo hizo públicas a mediados de semana las maniobras internas para que Magdalena Álvarez fuera la candidata, hubo nervios en las direcciones provincial y regional. Porque Álvarez es un elemento incontrolable, y Griñán la conoce bien. No en vano heredó su Consejería de Economía, llena de colaboradores atemorizados al borde de un ataque de nervios y con el sector de las cajas en pie de guerra. Nunca tuvo en mente esa opción y lo dijo bien claro: quería candidatos que quisiesen ser alcaldes.

Con Magdalena, además, Pendón podría lograr su propósito. Así que el jueves por la tarde, en una reunión en Sevilla, Griñán y Heredia acuerdan el nombre de la candidata. El encuentro se celebra horas después de que el presidente de la Diputación, quizás conociendo la existencia de la cita, estallara en la cadena Ser. Pendón anuncia que sopesa dejar la política en 2011, volver a su puesto de maestro para disfrutar de sus nietos, porque no comparte “esta manera de hacer política”. Por primera vez, los torpedos se ven desde la superficie. Para que esta carga frontal de Pendón no acapare toda la atención mediática, se decide que el secretario de Comunicación regional y también mano derecha de Heredia, Francisco Conejo, contraataque. Pero lanza ‘fuego amigo’.

Conejo llama a los medios de comunicación de Málaga en la tarde noche del jueves para anunciarles que Griñán y Heredia se han reunido y han pactado el candidato. A continuación cuenta a sus estupefactos interlocutores que no puede comunicarles el nombre hasta dentro de una semana. En un partido que ha contratado en varias de las instituciones en las que gobierna a periodistas para que le asesoren, este error garrafal de comunicación y sentido común resulta imperdonable. Más temprano que tarde, Conejo se suma a la lista de pifias cometidas por los ‘cachorros’ de Griñán, inaugurada por Velasco en Córdoba, continuada por Susana Díaz y su ‘mediación’ en la huelga del transporte público de Sevilla y seguida por el indigno pelotilleo de Mario Jiménez en el Parlamento.

Todos errores de principiante en una ejecutiva en la que el más novato en estas lides internas parece ser precisamente el más veterano, el propio Griñán. El presidente de la Junta ha iniciado la segunda fase de una batalla soterrada contra los vicarios de Chaves, especialmente Pizarro. Tras Cádiz, Málaga es la siguiente pieza en el tablero.

No hay nada peor que ponerle a un periodista la miel en los labios y después quitársela para dársela a otro, y Conejo debía saber que la filtración era inevitable. Así que cuando al día siguiente La Opinión apunta al nombre de María Gámez, la considerada ‘plan B’, como la que más papeletas tiene, el malestar se extiende. Las agrupaciones locales se consideran ninguneadas en el proceso de elección y lamentan que la apuesta se haga para 2015, si es que Gámez no resulta achicharrada por una abultada derrota que se ve inevitable.

Gámez puede oponer su juventud frente a Francisco de la Torre, pero apenas tiene rodaje suficiente para constituir un verdadero desafío. Nunca se ha presentado a unas elecciones, y sus méritos son cuatro años como delegada de Innovación y dos como la supuesta ‘cara amable’ al frente de la Delegación del Gobierno andaluz, pese a que durante su etapa se han dado los peores enfrentamientos entre la Junta y el Ayuntamiento. En una provincia en la que el 41% de los habitantes rechaza la gestión del Gobierno autonómico, según los datos de la encuesta IESA, el PSOE ha elegido precisamente a la representante de esa institución, a una persona que vive y milita en Fuengirola y que hasta hace bien poco se consideraba como opción para disputar la Alcaldía a Esperanza Oña. Digamos que Heredia no ha apostado precisamente fuerte por la victoria.

El alcalde debe de estar frotándose las manos, y más aún si la dirección socialista baraja mantenerla en la Junta en lugar de sustituirla por Susana Radío o Manuel García. Sería otra terrible idea. Dan igual el escándalo del centro ruso y su tolerancia ante ese disparate urbanístico en Pinares de San Antón, los retrasos de casi todos los grandes proyectos de la ciudad, la falta de nuevas ideas y de valentía al afrontar el diseño de Málaga. De la Torre se mantiene incólume tras diez años ante esta forma de hacer oposición del PSOE desde las instituciones. Más alimento al discurso del agravio.

El viernes es día de intensas reuniones. Primero la del grupo provincial del PSOE, donde un diputado reprochó a Pendón su “deslealtad” y la exigió que dimitiera de su cargo, mientras éste contaba su intención de seguir hasta 2011 pero también recordaba lo obvio: si el partido se lo pide, él se irá. Pendón no es nuevo, más bien un maestro, en el arte de la guerra interna, aunque en esta ocasión ha tardado demasiado tiempo en darse cuenta de que soplan vientos de derrota. Sus enemigos, que unos cuantos ha cosechado en sus 22 años en cargos públicos, comentan estos días con sorna que Pendón no ha dejado la política, “es la política la que lo ha dejado a él”.

Al mismo tiempo, a la sede provincial del partido llegaba José María Martín Delgado. El catedrático de Derecho Financiero, ex rector y ex consejero de Cultura, veía alejarse su última oportunidad de cumplir su sueño de ser alcalde. Al abogado le exigían lo que no se le ha exigido a ninguno de los candidatos anteriores, y le hacían una oferta que sabían que iba a rechazar. Griñán quería candidatos a ocho años vista, dispuestos a permanecer en la oposición para optar a las elecciones de 2015. Para entonces él tendría 66 años, y Martín Delgado no estaba dispuesto a pasar el último tramo de su vida profesional sentado en el banco de la oposición. Si no ganaba, se volvería a su despacho.

El partido ha sido terriblemente injusto con el alcaldable. Durante un año Heredia lo ha paseado como el futuro candidato, le ha dado cargos simbólicos para promocionarlo, quizás también para aprovecharse de su prestigio, y hasta Griñán se lo presentó a Zapatero como su campeón contra De la Torre. No es la primera vez, ni la segunda, que lo dejan en la estacada. Y eso que ha sido el único que ha tenido el coraje de decir en voz alta, mientras los demás se escondían, que estaba dispuesto a competir contra De la Torre, que veía posible la victoria. Incluso Heredia y Conejo hablaron hace meses de las “señales” que irían transmitiendo para que quedara claro que sería el elegido pese a que la normativa del partido impedía hacerlo público hasta mayo. Nadie podía imaginar que esas señales acabarían siendo una cortina de humo.