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Cambio de estilo

Javier Gómez | 12 de abril de 2011 a las 11:16

A fuerza de intentar resumir la realidad en los 140 caracteres del Twitter, a veces a uno no se le ocurre nada mejor que una frase condensada: El Museo Thyssen de Málaga ha pasado del costumbrismo al surrealismo en apenas 18 días. ¿Quién dijo que su colección no era variada?

Por segunda vez en dos meses, tendré además que rectificar un artículo. Si hace un tiempo retiré de las estanterías de internet (en realidad lo maticé) un prisma que pedía cierta esperanza con el nombramiento de Manuel Díaz como concejal de Urbanismo en 2007, ahora toca revisar las palabras dedicadas a Javier Ferrer cuando fue nombrado gerente del Museo Thyssen.

Es una tontería decir que en los museos no funcionan las bicefalias y no puede haber un gerente junto al director artístico. Ocurre en el Museo Picasso, con Elisa Maldonado y José Lebreros,  y de momento no tenemos noticias de una guerra civil soterrada en el Palacio de Buenavista. Y anteriormente estuvieron Francisco Fernández y Bernardo Laniado. Pero sí resulta oportuno señalar que quizás Javier Ferrer se ha contagiado de uno de los defectos del alcalde. O quizás el jefe de gabinete fue el que se lo pegó a De la Torre: una evidente incapacidad para trabajar en equipo y al mismo nivel que otros directivos.

Puede que Ferrer tuviera razón, desde luego no toda, en su pulso con Juan López Cohard en la Fundación Málaga 2016 y el fiasco de candidatura que salió para la Capitalidad Cultural. Y seguro que Carmen Cervera comprobó algunas de sus virtudes durante las obras del Palacio de Villalón. Ferrer es trabajador, tenaz, implacable cuando hace falta, alguien que resuelve los problemas, por mucho que últimamente sea quien los crea. Pero en el conflicto del Thyssen ya no tiene excusas. Cuando uno llega nuevo a un sitio, sea una empresa, una urbanización, una familia o una guerra, hay que asentarse primero, dominar el territorio, conocer y entender a los agentes principales (como eran la directora, María López, y el prestigioso Tomás Llorens), antes de montar un cristo. Si es que es absolutamente necesario hacerlo. Y si encima el guirigay ocurre a poco más de un mes para las elecciones, habrá que certificar que Ferrer se ha convertido en el último año, queremos suponer que involuntariamente, en el peor enemigo de su jefe.

El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

El arte del sospechoso habitual

Javier Gómez | 9 de marzo de 2011 a las 14:33

malaga 2016Durante su década de mandato, Francisco de la Torre ha confiado ciegamente en Javier Ferrer, primero como su jefe de gabinete y luego ascendido a coordinador general del Ayuntamiento, un título grandilocuente más acorde a su gran poder interno. Hasta el último año, Ferrer fue el fontanero del equipo de gobierno del PP, el encargado de aplicar las decisiones del alcalde y su asesor más cercano. Procedente del departamento de Ruina de la Gerencia de Urbanismo, donde conoció a De la Torre en sus tiempos de concejal, Ferrer mantuvo un duro pulso con el partido en tiempos de Joaquín Ramírez como presidente popular. Se ganó numerosos enemigos con aquella guerra interna en la que no se hacían prisioneros, y su nombre siempre aparecía cada vez que se citaba alguna medida controvertida del Consistorio, pública o no. Era el sospechoso habitual del Ayuntamiento, aunque resulta difícil, por no decir imposible, que tuviera tiempo físico para tanta maldad como se le ha atribuido de forma sin duda exagerada durante todos estos años. Aunque tampoco somos tan ingenuos como para no responsabilizarlo de muchas de ellas.

A pesar de su alto sueldo (más de 100.000 euros al año), debe quemar mucho, tanto física como mentalmente, estar permanentemente en el frente municipal, aguantar la agenda del regidor y además ejercer de escudo ante los palos y de espada para darlos. Así que De la Torre decidió darle un respiro en 2010 y encargarle la gerencia de la Fundación Málaga Capital Cultural, la fallida candidatura a la Capitalidad Cultural Europea de 2016. En teoría simultanearía ese puesto con sus funciones municipales, pero se ascendió a Manuel Jiménez para ir sustituyéndolo al lado del alcalde y Ferrer, si bien mantuvo su despacho en la Casona, fue cediendo paulatinamente su poder.

El fiasco de Málaga 2016 y sus malas reacciones con el presidente de la Fundación, el empresario Juan López Cohard, son de todos conocidas. Muy criticado entonces, el tiempo le ha dado la razón a Ferrer. El encargo del proyecto y su defensa a la consultora Ingenia Qed, en contra de su criterio, fue un gravísimo error. Y el vídeo de promoción de la candidatura una vergüenza. En toda la polémica por la publicación de ese enfrentamiento con López Cohard, el único que se mantuvo en su sitio con dignidad fue él. Tanto López Cohard como el alcalde mintieron al negar su dimisión por los problemas internos y el primero llegó a insinuar que este periódico se había inventado la polémica sobre sus malas relaciones porque estábamos “muy mal de ventas”. Ferrer, pese a que sin duda fue sometido a una enorme presión para desmentir la noticia, guardó las formas y la dignidad. Eso le honra.

El paso del tiempo también ha demostrado la valía de Ferrer como gestor en la sombra del Ayuntamiento, aunque siempre habrá detractores de sus métodos. Desde que no está al frente de la fontanería han estallado los escándalos más graves del Ayuntamiento y la historia de Art Natura amenaza con protagonizar los últimos meses de mandato del alcalde.

Aunque era un secreto a voces desde hace semanas, porque la -también cuestionable- apertura de la pinacoteca a todo ritmo era su gran función actual, su nombramiento como gerente del Museo Thyssen supone un premio de Francisco de la Torre a su antiguo jefe de gabinete. Y ello a pesar del evidente distanciamiento de ambos tras el fracaso de Málaga 2016 y su sonoro portazo ante lo que se estaba haciendo en la Fundación. Esta vez De la Torre no ha ejercido de voraz Saturno.

La chapuza de La Merced

Javier Gómez | 16 de agosto de 2010 a las 11:53

ANTES siquiera de haber empezado, ya se puede aventurar que la reforma de la plaza de La Merced será una soberana chapuza. Sólo así se puede calificar un proyecto presentado a la carrera, concebido pensando más en las elecciones municipales que en el bien de la ciudad, y que nacerá cojo porque no incluye la manzana del Astoria. No tiene sentido acometer esta actuación sin saber qué diantres será del edificio, si se convertirá en equipamiento cultural o en capilla dedicada al calvario de su promotor vasco. Frente al obelisco a Torrijos, un recuerdo al empresario, mártir de la burocracia municipal.

El plan redactado por los técnicos de la Gerencia de Urbanismo, que siguen ostentando un preocupante monopolio sobre el diseño arquitectónico de Málaga pese a que al alcalde se le llene siempre la boca hablando de concursos internacionales de ideas, es más un lavado de cara que una actuación ambiciosa. Y eso que costará 5 millones de euros.

Su otro gran pecado, además de rendirse y mantener la barrera de la elevación de la plaza, consiste en despreciar su conexión con las calles Alcazabilla –si algún siglo de estos Junta y Ayuntamiento terminan sus obras, será la leche– y Granada. Se ningunean los flujos peatonales que aportan, el enlace con un circuito cultural y turístico del que pocas ciudades pueden presumir. En menos de dos kilómetros cuadrados se pueden y podrán visitar la Catedral, el Teatro Romano, la Alcazaba, Gibralfaro, el Museo de la Aduana, el Parque, la calle Larios, el Museo Thyssen, el Puerto, el Museo Picasso y la Casa Natal del pintor. Pero para pasar de la pinacoteca al edificio que vio nacer al genio habrá que jugarse el tipo, cruzar una calle que condensará el tráfico de Álamos, del túnel de la Alcazaba y de la calle Victoria. Otra autovía en el corazón de la ciudad, como si no tuvierámos bastante con la Alameda.

En la guerra entre el peatón y el coche no valen la neutralidad, la moderación ni la búsqueda del consenso conmigo mismo hasta el infinito que caracterizan a De la Torre –aunque si alguien esperaba ideas frescas y rompedoras de María Gámez, basta su primera promesa, un recocinado de otra mejor de Bustinduy sobre el Cortijo de Torres, para caer en el desánimo–. Hay que ser más atrevido, porque sin riesgo no hay victoria urbana. Sólo una sucesión de medianías que evocan un pasado esplendoroso que, por cierto, no fue para tanto.

Al César lo que es del César

Javier Gómez | 31 de marzo de 2009 a las 21:02

El actual mandato de Francisco de la Torre no ha estado lo que se dice jalonado de grandes éxitos y proyectos. Más bien todo lo contrario. Se atisba una sensación de aburrimiento, de equipo que rueda solo pero sin saber muy hacia dónde y sin importarle demasiado las formas. En definitiva, de fin de ciclo. El alcalde se ha convertido en el tecnócrata que siempre quiso ser, y en base a una añoranza algo absurda de la gran Málaga del siglo XIX que nunca fue, la ciudad del siglo XXI se ha estancado. La pelea obsesiva con la Junta, empeñada en dar razones para el agravio al regidor, una visión urbanística demasiado sesentera y un populismo barato de peñas y cofradías que De la Torre confunde con la educación de ir  a donde le invitan son otros de los factores de la parálisis municipal.

Sin embargo, justo es reconocer cuando el alcalde se marca un buen tanto. La principal virtud de De la Torre no debe ser que trabaje mucho, que se conozca la ciudad al dedillo o que el contraste con Monteseirín lo convierta en el Obama mediterráneo. Sus méritos deben ser sus logros. Y el Museo Thyssen sin duda es uno. Y bien grande.