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Indicios, hechos y funerales

Javier Gómez | 3 de abril de 2011 a las 11:27

PUEDE que realmente no fuera un error el espectáculo de las plañideras de este jueves. Quizás sólo se equivocaron al elegir el lugar para su circo fúnebre. Sí, las falsas viudas llevaban sincronizado el vestuario con la concejal Teresa Porras -eso es casualidad, y no sus adjudicaciones-. Pero tampoco habría desentonado su negro entre las togas de la Ciudad de la Justicia. A la misma hora en que estas señoras -algunas, por cierto, parece que con sueldo municipal- montaban su numerito para vergüenza del Ayuntamiento, de su edil inspiradora y del alcalde que permitió el sainete, se conocía la sentencia del tribunal que ha juzgado durante casi un año el caso Ballena Blanca. Un drama digno de llanto.

El primer macroproceso que se celebra en la enorme sede judicial malagueña ha sido también una tremenda decepción, un gran varapalo para el juez Miguel Ángel Torres, para el fiscal Anticorrupción, Juan Carlos López Caballero y para la Policía, y un preocupante aviso a navegantes: con muchas de estas mimbres se levantó el caso Malaya. La sentencia de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, según la crónica de Encarna Maldonado, arremete sin piedad contra la investigación. En esos 524 folios no se libra de las críticas ni la Agencia Tributaria. El tribunal viene a reprochar que la mayor parte del macrocaso se ha montado sobre “indicios de criminalidad” que no se han demostrado durante el juicio, y se han anulado las escuchas telefónicas, esas que hemos leído todos del caso Malaya que tan importantes fueron para descabezar la trama de corrupción del Ayuntamiento de Marbella.

El fallo no sólo es un jarro de agua fría para la Fiscalía, y una llamada de atención a los métodos, demasiadas veces chapuceros, de la Policía, que debería ser más moderada en sus comunicados de prensa (el caso Ballena Blanca empezó hablando de un blanqueo de 500 millones de euros y se ha quedado en menos de 2). También, lamentablemente, supone una bocanada de aire fresco y aliento para los que se dedican a blanquear dinero, uno de los delitos más difíciles de demostrar, y un paso atrás para las pruebas indiciarias como mecanismo para armar un caso.

Es poco probable encontrar testigos en los bancos de las Islas Caimán o de Delaware o que un narcotraficante le cuente a la Policía qué abogados le han llevado sus inversiones. Después dicen que las empresas sólo se llevan disgustos últimamente. El jueves fue un gran día para los chiringuitos especializados en montar sociedades off-shore. Aunque no sabemos de qué demonios se reía el abogado Fernando del Valle. Al fin y al cabo, lo han condenado a seis años y medio de cárcel por blanquear dinero de un narcotraficante.

En el caso de la concejal Teresa Porras, que sepamos no hay ningún procedimiento judicial abierto contra ella y tiene todo el derecho del mundo, como cualquier ciudadano, a la presunción de inocencia. Otra cosa son los indicios de presuntas irregularidades en su gestión. Que resulte sospechoso y criticable que con frecuencia las mismas empresas suelan llevarse los mejores contratos de sus áreas -en esto importa la cantidad de dinero, no de adjudicaciones-, que esas empresas se anuncien casi desde el principio en esa revista que se dedicaba (y lo sigue haciendo, ahora de forma más moderada) a glosar su figura y colocar fotos de la edil en cada página.

Lo que no es un indicio, sino una opinión basada en hechos reiterados desde que fue elegida concejal, es que el comportamiento de Teresa Porras ha sido indigno de un cargo público. Basta citar sus malas formas, su convicción de que la prensa sólo puede estar en su contra o a sus pies -y no simplemente haciendo su trabajo, que es informar, interpretar y opinar-, su gusto por montar saraos en las juntas de distrito para demostrar su poder o poner en aprietos a otros cargos públicos, como a los directores del Metro, o ese tufo a sátrapa con el que gobierna sus áreas. “En mi casa hago lo que me da la gana”, le espetó a un técnico que le había reprochado que fumara en una reunión con la Junta en una sede municipal. El técnico, que desde luego no la tiene de jefa, le recordó lo obvio: “Esta no es tu casa, es la casa de todos”.

Todos sus compañeros de corporación conocen los métodos, modos y formas de Porras. Incluido, por supuesto, el alcalde. Nunca pensamos que la dejaría llegar tan lejos. Como se descuide, en el próximo Pleno le quita el asiento. Es de donde mejor se ve la función.

El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

Un balón de oxígeno inesperado

Javier Gómez | 24 de marzo de 2011 a las 18:06

Los escándalos de Manuel Díaz, primero, y de Teresa Porras, después, a punto han estado de arruinar, si no lo han hecho, el gran momento de gloria en este triste último mandato de Francisco de la Torre. Con la baronesa Thyssen lanzando piropos a su perseverancia por todos los medios nacionales que va pisando, y con el magnífico Museo del XIX que se inaugura hoy, el regidor se encuentra en su momento más bajo, con la confianza traicionada por dos de sus ediles más cercanos y protegidos.

Pero uno siempre puede contar con el enemigo para que te eche un cable. La propuesta de convenio del dichoso parque en el Campamento Benítez que el Ministerio de Fomento ha enviado al Ayuntamiento es un ultraje, una tomadura de pelo, el combustible perfecto para alimentar el fuego del agravio a Málaga que tanto ha calentado la popularidad electoral de De la Torre. No se lo ocurre a uno mejor ‘timing’ para enviarle ese documento al Consistorio, para dejar completamente fuera de juego a la candidata del PSOE, María Gámez, para desacreditar las palabras del ministro de Fomento y número dos del PSOE, José Blanco, del pasado domingo, para darle un balón de oxígeno al asfixiado rival del PP. Bravo. El non plus ultra de la torpeza.

Materazzi Porras

Javier Gómez | 20 de junio de 2010 a las 9:53

TODO equipo ganador que se precie tiene siempre un perro de presa. Un jugador dispuesto a morder al rival, un marrullero en toda regla, que no rehuye sino que busca el choque, que siempre deja el codo en alto, que pega patadas, cabezazos y lo que se tercie con tal de intimidar, desquiciar y doblegar al enemigo. En Italia está Gattuso y antes Materazzi, capaz de arruinar la despedida del astro Zidane; en Argentina ese papel lo cumplen el apache Tévez y Mascherano, Melo y Gilberto Silva en Brasil. Algunos incluso le dan bien a la pelota, que al fin y al cabo es de lo que supuestamente se trata. En España, por muy buenos que sean Busquets y Javi Martínez, nos falta un sucio killer. Y ya sabemos que a los equipos exquisitos se los acaban comiendo.

No es una máxima exclusiva del fútbol. También vale para el baloncesto –fíjense si no en Artest, el forajido alero de los Lakers con cara de no haber roto un plato– e incluso para actividades tan poco deportivas como la política. La única pega es que hay que sopesar bien este arma. Descontrolado, el jugador asesino es tan peligroso para su equipo como para los contrarios. Le prenderá fuego a todo.

En el Ayuntamiento de Málaga, Villalobos tuvo la vista de ficharla, hay una persona de ese perfil, que se mueve como pez en el agua en el barro del enfrentamiento institucional. Se trata, por si no lo han adivinado ya, de Teresa Porras. La combativa edil de Cruz de Humilladero, como ya hiciera con la ampliación del paseo marítimo, ha tomado por bandera el proyecto, su proyecto, para reurbanizar la calle La Unión tras la obra del Metro. Está convencida, y eso es lo preocupante, de que la Junta tiene que pagar la reforma que a ella le venga en gana. Como si no tuviera ya bastante el Gobierno andaluz con buscar los 42 millones de euros que cuesta la obra de la Carretera de Cádiz, una de esas promesas-farol en la que se ha llevado la sorpresa de que Francisco de la Torre, por una vez, no ha puesto pegas.

Porras, que debe haber encargado ya un cartelón para reprochar el enésimo agravio autonómico, tenía ganas de medirse de nuevo con Salvo Tierra. Las emboscadas populistas que le organizó a su antecesor, Enrique Urkijo, se quedarán en un juego de niños comparadas con lo que le tiene preparado a su odiado ex rival. Pondrá todas las chinas que pueda en su camino e intentará soliviantar los ánimos de los vecinos. Al menos de aquellos a los que tiene bien subvencionados. Así se ha sacado de la manga, gracias a su concejal discípulo, Manuel Díaz, un proyecto de la señorita Pepis para La Unión que cuesta 4,4 millones de euros. A nadie le extraña que la alucinada consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, la tome por la concejala de Urbanismo. Si a Porras la dejan, acaba suplantando al alcalde.

Nadie dice que la calle La Unión, que Cruz de Humilladero, no merezcan mejores calles y aceras. Quizás también una concejala mejor. Quizás también un Ayuntamiento que invierta y no se dedique a exigir a los demás que lo hagan, porque que alguien nos explique dónde están los cientos de millones de inversión de estos años del presupuesto municipal. ¿En la nueva Gerencia de Urbanismo?

Desde luego, el barrio merece un proyecto más valiente, como el primero que presentó el Consistorio, realizado por Paco Ruiz y los técnicos de Movilidad, con menos protagonismo del coche y más espacio para los peatones. Y además con un presupuesto más razonable.

Si uno escucha hablar a Porras está claro que la guerra es inevitable. Las víctimas serán las de siempre, los vecinos. Ha mencionado hasta a los psicólogos a los que han ido por el martirio que dice han sido los tajos del Metro, como si el Gobierno andaluz tuviera que pedir perdón por acometer la obra más importante de la historia de la ciudad.

Pero, con todo, la culpa no es de Porras. Es del entrenador que la saca al campo a sabiendas de su estilo.

Dos Enriques, un Metro

Javier Gómez | 19 de noviembre de 2009 a las 10:06

La Junta debió contratar a un headhunter en julio. Porque encontrar sustituto a Enrique Urkijo parecía misión imposible. El listón estaba muy alto y el cargo no es lo que se dice fácil. Se trata de seguir abriendo en canal la ciudad, catar el melón de la Alameda, intentar que el retraso de las obras no llegue a la década, apaciguar los ánimos de los vecinos y dirigir, coordinar y mediar entre los deseos, inquietudes y zancadillas de los mal avenidos socios del Metro: Junta, Ayuntamiento y constructoras privadas. Hay que tomar muchas decisiones y es fácil que las empresas o los ingenieros te la cuelen, por lo que se exigen conocimientos de transporte para evitar errores. También resulta primordial tener unas buenas relaciones con el Consistorio, cuya colaboración es imprescindible. Resulta básico llevarse bien con el alcalde, con los ediles de Movilidad y Urbanismo y con los concejales de distritos afectados (pienso en Teresa Porras y Cruz de Humilladero). Y luego está la credibilidad. La prensa te persigue y no dejan de surgir problemas, como es lógico con un proyecto de más de 400 millones de euros.

Con su honestidad brutal estilo House y su permanente disponibilidad, Urkijo se ganó el respeto y cariño de los periodistas, el aprecio de los colectivos y la confianza del equipo de gobierno del PP, sorprendido de que un cargo político no actuara con el sectarismo al que lamentablemente nos hemos acostumbrado. Lo logró porque demostró que su prioridad era desarrollar el transporte público metropolitano, no sincronizar plazos de zanjas con elecciones para debilitar al alcalde ni rechazar que el Cercanías llegue hasta la plaza de la Marina sólo porque lo proponga el Ayuntamiento.

La Junta nombró el martes a otro Enrique, el ex concejal socialista Salvo Tierra, como nuevo director del Metro. Le deseamos mucha suerte. La va a necesitar.

Justo antes de tiempo

Javier Gómez | 7 de septiembre de 2009 a las 12:05

LA japonesa Toyota no ha llegado a la cima del mundo automovilístico por casualidad. Aunque seguro que Agustín Rivera, uno de los grandes amantes malagueños del país del sol naciente, lo contaría mejor, a mediados del siglo pasado la empresa implantó y dio nombre a un sistema de trabajo que sería copiado por el mundo entero. El método Toyota, más conocido como el just in time (justo a tiempo), propugna la optimización de las fábricas, de forma que se produzcan cero errores, se reduzca el tiempo de entrega y se luche contra los costosos inventarios al grito de banzai. Requiere no sólo una innovación constante, también una relación excelente con proveedores y distribuidores y un compromiso absoluto con la calidad. Se trata de producir y entregar los bienes conforme sean demandados.

Quizás siguiendo esa filosofía, aunque seguramente no, el Ayuntamiento de Málaga ha aplicado recientemente un nuevo modelo de gestión municipal. No parece muy inspirado en el kaizen, el concepto de mejora continua derivado del método Toyota. Lo del equipo de gobierno del PP, liderado por las ediles Teresa Porras y Araceli González, es más una evolución algo perversa del just in time: el just before time (justo antes de tiempo). La pasada semana, sabiendo que el PSOE había convocado una rueda de prensa con vecinos de Santa Paula para denunciar la suciedad de su parque, el Ayuntamiento envió al amanecer un escuadrón de operarios para dejar impoluta la zona verde minutos antes del acto. Al día siguiente el ataque preventivo lo sufrió el portavoz de IU, Pedro Moreno, al que un trabajador de Limasa casi riega durante el baldeo de la calle Beatas, cuyo abandono criticaba in situ.

Desde estas líneas animo, exijo y suplico a los concejales de la oposición que salgan más a la calle. Falta hace.

Los medios de Porras

Javier Gómez | 7 de junio de 2009 a las 9:02

Hace ahora tres años este periódico publicaba un pequeño gran escándalo. Una revista de Cruz de Humilladero en la que el Ayuntamiento aparecía como editor, en cuyo staff figuraban la concejala y el entonces director del distrito, Teresa Porras y Manuel Díaz Guirado, que glosaba los logros de la edil y criticaba a la oposición, era financiada por publicidad de empresas municipales dirigidas por Porras y por adjudicatarios de contratos de sus áreas.

El entonces concejal socialista Enrique Salvo denunció el asunto, aunque se le fue la mano al añadir imputaciones que no pudo demostrar, por lo que tuvo que pedir disculpas a su rival ya que ésta lo llevó a los tribunales. Pero desde estas líneas siempre hemos mantenido la inmoralidad del asunto.

Desde entonces la revista Tu Barrio se ha modernizado, abarca toda la ciudad y se difunde por internet. Pero ciertas cosas no han cambiado mucho. La editorial privada mantiene sus excelentes relaciones comerciales con el Ayuntamiento, su principal anunciante. El ahora edil de Urbanismo debe recordar sus pinitos como editor y no se ha olvidado de ella (página de la Gerencia), como tampoco Porras, con publicidades del distrito y del área de Parques y Jardines. La contraportada la paga la Sociedad de Aparcamientos, y también son anunciantes la empresa municipal Más Cerca, que cubre el servicio de atención a domicilio de Bienestar Social, y el distrito Este. No faltan inserciones de adjudicatarios del Consistorio, como la firma que lleva la iluminación callejera de Feria y Navidad desde tiempo inmemorial. Un concurso público que gestiona una de las áreas de la concejala. Aunque ya no se anuncia la compañía sueca que suministra los parques infantiles instalados en media ciudad.

Y si cuando estalló la polémica las fotos de Teresa Porras aparecían en 14 de 16 páginas, en el último número de mayo se han recatado un poco para no llamar tanto la atención: hay once imágenes de la edil en 32 páginas. ¿Qué culpa tiene la edil si acude allá donde la invitan, si tiene encandilados a los colectivos y peñas, si el alcalde ha demostrado que su confianza en ella está a prueba de balas, berzas y zanjas del Metro?

La publicación ha dado más juego a la oposición, y el edil socialista y diputado del Centro Cívico Luis Reina aparece en varias fotos. Pero que nadie se engañe, la protagonista indiscutible sigue siendo la misma. A Ana Rosa Quintana le ha salido competidora local.

La portada de la revista habla del último éxito de Porras: “El cartel del milagro”, destaca el titular sobre una foto del cartel pagado por el Área de Playas de Porras, con dinero público, para criticar al Gobierno socialista por no prolongar el paseo de Poniente. Al final el Ejecutivo cedió al bochornoso anuncio, y como declara a Tu Barrio Teresa Porras, “bien está lo que bien acaba. El fin ha justificado los medios”. No siempre, no siempre.