El impreciso cierre del campo de refugiados de la guerra de Libia

Sergio Rodrigo | 7 de julio de 2013 a las 19:20

Foto de un refugiado en Choucha./ S. Rodrigo

Ha pasado una semana desde que el Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (ACNUR) cerrase el campamento de refugiados de la guerra de Libia, o como ellos dicen “trasladase sus actividades” del campo de tránsito de Choucha hacia las zonas urbanas del sur de Túnez.

Pero la realidad es bien distinta, en la actualidad unas 500 personas siguen viviendo en chabolas sin condiciones higiénicas ni recursos básicos como alimentos, agua o medicinas. De estos damnificados al menos la mitad tiene concedido el estatuto de refugiado por lo que son competencias de la ONU, algo que no ocurre para más de 250 personas, la mayoría varones y africanos, que viven junto al campo, a unos siete kilómetros de la frontera de Libia, pero no son refugiados, excusa que sirve al organismo internacional para limpiar responsabilidades.

A estos últimos refugiados les han propuesto su integración en las localidades tunecinas vecinas al campo, muy prosperas en el trabajo de la aceituna, incluso las autoridades locales les han garantizado el acceso a los servicios públicos y un permiso de residencia temporal, pero su estatus de refugiado queda en el aire, motivo por el que muchos de estos  refugiados no han decidido integrarse.

Según la última información del ACNUR, a 28 de junio, más de 600 refugiados estaban viviendo en las ciudades sureñas de Ben Gardane y Medenine, pero tras visitar la zona la gran mayoría se concentraba en estaciones de louage (minibuses), para trasladarse a zonas menos desérticas, incluso inmigrar a Europa desde puntos cercanos a la isla italiana de Lampedusa.

Tienda en ACNUR en Choucha. / S. Rodrigo

“No hablo árabe, es muy difícil para mí integrarme en Túnez, sino encuentran una solución me están obligando a coger la patera” comentaba  Jalil un refugiado somalí que lleva dos años en Choucha y que como otros llegó de Libia tras sufrir persecuciones, y a donde migró tras ser perseguido en su país de origen que actualmente se encuentra en una profunda guerra civil.

La mayoría de los refugiados del campo de Choucha, más de 3.000,  han sido reasentados en 15 países de Europa y norte América, sobre todo en EEUU, donde les han garantizado su estatus de refugiado y una vida aparentemente mejor que en Túnez, los pocos refugiados que quedan reivindican partir a estos países.

Estos últimos días, el ACNUR ha alardeado públicamente sobre la solución del conflicto, y lo cierto es que ha sido solventado de manera rápida y eficaz, pero ha costado cerca de los tres millones de euros y ha dejado en el aire a unas 250 personas de las que son generalmente eriteos, somalíes y sudaneses, regiones que viven conflictos bélicos importantes.

Choucha es desértico, caluroso, y se respira un ambiente tenso. Durante mi estancia hubo enfrentamientos entre refugiados que han decidido quedarse en el campo y lo asentados sin estatus de refugiados, el porqué de la disputa los alimentos.

La falta de condiciones está obligando a estos a desplazarse incluso para tomar las pateras en busca de una vida mejor en Europa, como les ha ocurrido a más de 3.000 refugiados que ya gozan de una condiciones buenas tras sufrir en sus carnes la tortura y la persecución de una guerra pintada de color primavera.

 

 

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