Los balseros del África subsahariana

Sergio Rodrigo | 20 de agosto de 2013 a las 16:23

Balseros subsaharianos en el Estrecho. / Salvamento Marítimo
Desde el norte de Marruecos es fácil pasear por la costa y divisar el otro lado de la orilla, incluso se ve mejor. Frente a esas playas llenas de turistas aguardan miles de personas provenientes del África subsahariana que han recorrido miles de kilómetros para atravesar un mar de 14.

Los migrantes invierten su dinero en una balsa de juguete que compran en Marruecos por entre 350 y 500 euros, toda una ganga comparada con los mil euros de aquellas pateras de madera que se usaban en otro tiempo y que eran mucho más resistentes a los vientos del Estrecho. Las balsas son juguetes que en la orilla europea usan los menores para disfrutar en vacaciones pero que para los subsaharianos supone el inicio de un viaje arriesgado con la meta de una mejor vida.

Decenas de migrantes han tomado la opción de llegar a las costas andaluzas, motivados por las últimas redadas en el norte de Marruecos, las expulsiones ilegales de Ceuta y sobre todo en Melilla, aprovechando la ausencia de controles ante la fiesta del fin del Ramadán. “Para que me estén violando sistemáticamente, sacando de casa, expulsando, deteniendo, me muero en el agua”. Es el relato que recoge la ONG Caminando Fronteras de una mujer africana que, tras 15 días de redadas en todo el norte de Marruecos, decidió tomar la balsa rumbo a Europa.

Los puntos de salida son las playas que se extienden entre la ciudad de Tánger y el puerto Tánger-Med. Allí, hoy, todavía aguardan migrantes buscando su oportunidad para cruzar el Estrecho, quedando demostrado que los flujos de la migraciones son naturales, y que una mayor presión policial no garantiza la reducción. Es más: pone en peligro a miles de personas que buscan métodos aún más peligrosos que antes.

“Después de las redadas ha habido gente desaparecida, lesionada o violada y muchas otras han tomado las balsas como escape”, comenta Helena Melano de Caminando Fronteras, una ONG que está realizado un informe de todo lo que ha sucedido. Junto con otro grupo de españoles que trabajan desde Tánger con migrantes, sobre todo subsaharianos, Melano lleva un “control exhaustivo” de las pateras que han salido al mar. “Nos llaman para avisarnos que están en el agua y nosotros nos ponemos en contacto con Salvamento Marítimo cuando ellos no pueden”, y es que, explica esta joven, muchas veces trabajan como intérpretes. La ONG realiza un control de cada patera que les llama. Según esta cooperante, de las balsas que les han llamado desde el pasado 9 de agosto, hay cinco desaparecidas, una cifra que ya han notificado a las autoridades españolas y marroquíes. Antes, visitaron la morgue donde no encontraron ningún cuerpo de estos balseros.

Helena, junto a su equipo, no duerme desde entonces. Hacen turnos para apuntar los nombres de cada una de las personas que viajan en las balsas y es que, según esta investigadora, los barrios de migrantes del norte de Marruecos están vacíos. Cada balsero es una historia, una familia. El flujo tan fuerte de inmigración que ha habido en los últimos días cobra sentido entendiendo cada caso.

Los datos demuestran que la situación de los conflictos internacionales afecta a los flujos migratorios en España. En concreto en el primer semestre del año, 2.476 personas han solicitado protección internacional en España, unos 100 menos que todo el año 2012 según datos del Acnur.

De todas esas solicitudes de asilo político más de 1.000 corresponden a ciudadanos de Malí, el año anterior tan solo fueron 100, un claro ejemplo que el conflicto bélico que ha vivido el país africano ha motivado un éxodo hacia Europa.

El terrorismo, la falta de gobierno, los enfrentamientos entre grupos militares, la intervención internacional e incluso la situación del hambre en el Sahel, son algunos de los motivos por los que las personas deciden abandonar su país emprendiendo un viaje que acaba en las costas andaluzas.

Andalucía se ha convertido en la puerta de entrada en busca de una mejor vida para miles de personas que prefieren su futuro en Europa que uno confuso en sus países de África. Los balseros son en ocasiones los desesperados de las migraciones que ante tanto muro que saltar interpuesto en ocasiones por los fondos europeos y la propia Unión Europea, optan por el viaje más peligroso de sus vidas que no siempre llega a buen puerto.


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber