Fede Durán | 15 de mayo de 2012 a las 18:27
Visto lo visto, mis habilidades adivinatorias, al menos en lo referente a la NBA, son nulas. Mis dos factores sorpresa se han esfumado a las primeras de cambio: confiaba ciegamente en los Knicks, y no por el efecto Lin, evaporado tras su lesión, sino por la profundidad aparente de una plantilla que poco tenía que envidiar a las más punteras de la liga. Me encomendaba, asimismo, a la filosofía coral de los Grizzlies y al talento interpretativo de Marc Gasol, bien secundado en la pintura por Randolph y en los aledaños de la zona por tipos como Gay y Conley.
Me equivocaba, claro. Lebron ha fulminado a Nueva York, donde Melo no basta, Amare no ha estado a la altura, Tyson Chandler se ha borrado en ambas zonas (se supone que era el mejor defensor de la temporada) y ha sido clamorosa la ausencia de un base en activo (Bibby y Davis tienen un pie en el Imserso y una mano en los riñones). Además, no se trataba de un one on one con comparsas más o menos equilibradas. Miami tiene a D-Wade mientras el segundo anotador con más talento de los Knicks es JR Smith, que tiene la misma fiabilidad que un orangután en la mesa de control de la Nasa. Resultado de la serie: Miami 4, Nueva York 1.
Los Grizzlies tienen un problema. Rudy Gay no es Kobe Bryant, así que el desenlace del último tiro bajo presión suele ser negativo (Mike Conley tampoco es Chris Paul, dicho sea de paso). Memphis tiene a un puñado de buenos anotadores, pero comete el error de marginar en ataque a Marc, quizás actualmente el hombre alto con más talento en el pase y en la visión general del juego. Resultado de la serie: Memphis 3, LA Clippers 4.
En realidad, se están cumpliendo los pronósticos de las mentes más conservadoras. Miami dominará en el Este porque: a) tiene al mejor jugador de la NBA (a diferencia de Kobe, Lebron no sólo anota, también pasa, rebotea, tapona y se sacrifica por el grupo); b) tiene a uno de los diez mejores jugadores de la NBA (D-Wade); c) tiene a uno de los treinta mejores jugadores de la NBA (Chris Bosh); y d) Boston no es una alternativa seria de poder porque su columna vertebral podría protagonizar una versión masculina de las Chicas de Oro.
La cosa estará más igualada en el Oeste. Oklahoma destrozará a los Lakers (no escarmiento; mi quiniela es un 4-0) y los Spurs usarán a los Clippers como mondadientes (4-2). El consiguiente duelo será más difícil de descifrar. Los Thunder cuentan con Durant y Westbrook más el poder intimidador de Ibaka, pero San Antonio tiene a ocho o nueve tíos que anotan más de diez puntos por partido y pone en pista, de largo, a la mejor plantilla del globo. Es verdad que su trío mágico (Duncan, Parker, Ginobili) es tan viejo como el de los Celtics, pero basta echarle un vistazo al resto del ejército para temblar (si se es rival) o aplaudir (si se es espectador o fan): Tiago Splitter, Stephen Jackson, Danny Green, Gary Neal o Kawhi Leonard, secundarios de lujo con los mismos nervios ante la exigencia de un título que Clint Eastwood en el lapso que media entre un escupitajo y el disparo que acaba con su enemigo.
Probablemente, el anillo lo acaben disputando los Sixers y los Clippers, aunque sólo sea por dejarme nuevamente a la altura del betún. Entonces apostaría por los Clippers para que ganaran los Sixers, una banda talentosa y muy joven donde Elton Brand es el más veterano con apenas 33 años.
PD variadas:
Los arbitrajes de los Heat-Knicks han sido de corte caserón cuando Miami jugaba en Miami. La paliza del primer partido encuentra ahí cierta justificación.
Lebron no se parece a Jordan, ni falta que le hace. La suya ha sido una opción inteligente: ¿Imitar al mejor de la historia (que es lo que hace Kobe)? Negativo. Crear un nuevo superhéroe.
Aunque caigan en semis, los Pacers no son tan malos como parecen. Me gusta su quinteto inicial.
Si yo hubiera sido Mitch Kupchak (el manager general de los Lakers) no habría fichado a Ramón Sessions sino a George Hill (sí, el de los Pacers).
Chicago sin Derrick es como el Barça sin Messi, Iniesta y Xavi.
Mike Brown y Jeff Van Gundy son a los comentaristas lo que Lebron al juego.
Atlanta-Boston ha sido la única eliminatoria de la que he pasado olímpicamente. Cuestión de feeling, supongo. O de romanticismo: desde que se marchara Dominique, dejé de sentir los colores rojiblancos y me pasé a los Knicks.
Nunca se hagan fans de los Hawks.
Nunca se hagan fans de los Knicks.
Fede Durán | 13 de mayo de 2012 a las 18:28
La Real Academia de la Geopolítica (RAG), entidad ficticia creada ad hoc para esta crónica, establece una verdad casi irrefutable: Norte y Sur suelen ser coordenadas antagónicas. Arriba, progreso y orden; abajo, retraso y anarquía. Alemania versus Grecia. Estados Unidos en oposición a México. La pianura padana y Sicilia. ¿Cataluña y Andalucía? La regla se cumple en términos económicos y viene de largo, de hace más de un siglo. Pese a que la revolución industrial arrancó en España no sólo desde Barcelona sino también en el triángulo Cádiz-Málaga-Sevilla, el sur tuvo alma latifundista mientras el norte diversificaba (el carbón asturiano, el emporio textil catalán, la siderurgia y los astilleros vascos). Ya saben cómo acabó el trienio bolchevique. Y lo que vino después de la II República. Pero muchos años después, en democracia, se han registrado algunos fenómenos que desmontan o cuando menos matizan la contundencia de aquella división al menos desde una perspectiva sociopolítica. Entre 1950 y 1970, millón y medio de andaluces emigró, escogiendo casi sistemáticamente Cataluña como tierra de acogida. Aún hay barrios del cinturón metropolitano de Barcelona donde se oyen acentos meridionales. El socialismo ha sido, además, una fuerza motora tanto en una región como en la otra. En 1980, el Parlament llegó a contar con los diputados del PSA. Incluso la Generalitat ha tenido un presidente de origen andaluz, José Montilla, nacido en Iznájar (Córdoba) y emigrado con su familia en 1971.
Francisco Hidalgo, uno de los parlamentarios del PSA en aquella primera legislatura catalana, explicaba hace unas semanas que Josep Tarradellas, quien cedía el trono a Jordi Pujol, fue comprensivo y respetuoso al recibirlo: “Sabía que no éramos lerrouxistas”. De hecho, Pujol, autor de uno de los mandatos más dilatados de la democracia española (1980-2003), siempre se caracterizó por una corrección exquisita y un interés sincero por el caso andaluz.
El hito más importante, sin embargo, llegó en 1999. Manuel Chaves, timonel de la Junta entre 1990 y 2009, y el entonces ex alcalde de Barcelona y diputado autonómico Pasqual Maragall, idearon una alianza norte-sur para liderar la reforma de los estatutos, resideñar el modelo de financiación, dotar a las comunidades de voz en Bruselas y potenciar redes de comunicación e infraestructuras alternativas al esquema radial proyectado desde Madrid. Maragall, tan talentoso como imprevisible en la oratoria, proclamó entonces la construcción de “una de las columnas vertebrales de la España moderna”, aunque ya advertía que el abrazo sería “progresivo, no instantáneo”. En realidad, se equivocaba. El plan se mantuvo mientras el catalán sufría en la oposición la imbatibilidad (en escaños, que no en votos) del ogro Pujol. Pero el 16 de noviembre de 2003, las matemáticas le dieron la oportunidad de parir, junto a ERC e ICV, el primer tripartito. Y el eje con Andalucía daría paso, poco a poco, a la metafísica identitaria, un discurso exigido por Esquerra y secundado por los ecosocialistas de Joan Saura que finalmente le apartaría de Chaves, del resto del PSOE y del cacareado eje. Paradójicamente, los estatutos catalán y andaluz acabarían pareciéndose bastante. Pero el PSOE-A sintió que había algo más, una deriva implícitamente soberanista imposible de aceptar. La entente fue archivada en las carpetas polvorientas de la historia y Andalucía se dispuso a interpretar un papel que nuevamente debe ensayar ahora: el de muro de contención ante los “nacionalismos insolidarios”, el de garantía de un desarrollo homogéneo del Estado autonómico. CiU recuperó la Generalitat en diciembre de 2010 y Artur Mas avanzó su voluntad de lograr un concierto económico similar al vasco o al navarro. Pero no será sólo un muro. La Junta de la coalición Griñán-Valderas funcionará también como alcazaba porque los grandes nombres del PP -desde Esperanza Aguirre hasta Mariano Rajoy- han pedido una “reflexión” sobre la viabilidad de un modelo territorial que Madrid, Bruselas y los mercados asocian al despilfarro. Las CCAA que incumplan los objetivos de déficit, se ha llegado a decir, podrían ser intervenidas por la Administración central.
En una entrevista con este periódico, Chaves explica los vaivenes del eje. “No diría que no tuvo éxito sino que no cumplió con las expectativas marcadas. Muchos de nuestros planteamientos se recogieron después en la Declaración de Santillana (diciembre de 2004), que configuró el nuevo modelo autonómico, aunque después Maragall se lo saltaría un poco a la torera”, comienza. “La filosofía del pacto estaba clara: Cataluña creía que aportaba demasiado al Estado [era y es contribuyente neto equilibrio territorial] y Andalucía sabía que era perceptora de esa solidaridad. Si nos poníamos de acuerdo, podíamos dar una visión de integración de Cataluña en el país”.
Maragall nunca planteó el concierto económico que hoy defiende Mas. José Montilla lo recuerda desde su oficina de ex president en Barcelona: “Con la financiación, Cataluña tiró del carro. Ahí estaban las balanzas fiscales para reforzar nuestra postura. En esa negociación nos quemamos todos, podríamos haberla zanjado antes, pero el PSC nunca defendió lo que tiene el País Vasco sino una cierta aproximación a los resultados de esos otros regímenes fiscales. La diferencia con los nacionalistas es que lo que queremos para nosotros no se lo negamos a los demás”. Como si se tratase del salvaje oeste, cada región acabaría fijando en sus estatutos las fórmulas personalizadas de inversión del Estado. Un rompecabezas que la crisis y los recortes han demostrado irresoluble. Andalucía exigiría, en la Disposición Adicional Tercera del texto, una inversión equivalente al peso de su población sobre el conjunto del Estado “para un periodo de siete años”.
Pero volvamos al eje. “Partíamos de una premisa realista. Cargar el peso del avance autonómico en una sola comunidad era difícil. Nos parecía lógico que Cataluña y Andalucía creasen esa alianza por razones de peso económico y demográfico, por las afinidades que comparten PSC y PSOE-A, por los foros, la literatura de los historiadores, las publicaciones y sobre todo la emigración de mitad del siglo pasado”, reconstruye Montilla.
“Maragall era para echarle de comer aparte -retoma Chaves-. Cuando debuta el tripartito ya no se puede hablar del eje; se difuminó mucho antes”. Entre 2004 y 2005, sin embargo, ambos líderes se reunieron un puñado de veces para intentar desatascar la estrategia comúnmente dispuesta. “En la medida en que Pasqual perdía apoyos en Cataluña, acentuó sus rasgos identitarios por encima de las políticas sociales. Los techos del Estatut no los podíamos aceptar fácilmente. Todo ello desembocó en el acuerdo final entre Zapatero y Mas [Maragall quedó devastadoramente fuera de la foto] y en la sustitución de Pasqual por José Montilla”, añade el ex jefe de la Junta.
Chaves subraya en su última frase la verdadera causa del hundimiento: los debates sobre la reforma estatutaria en el Parlament se disparataron a ojos del socialismo más posibilista. El chicle se estiraba, el articulado crecía y la exhaustividad e hiperregulación se convertían en la tónica dominante. Maragall, que siempre fue federalista, acabó pareciendo esencialmente nacionalista. Su discurso debía rivalizar no sólo con el de Artur Mas, sino también con el de Josep Lluís Carod Rovira. Y ahí estuvo justo la otra puntilla al eje. A finales de 2003, Carod, conseller en cap del recién inaugurado tripartito, se reunió con ETA en Perpiñán. Maragall no había sido informado. La banda decretó una tregua que beneficiaba sólo a Cataluña. En aquel momento, el PSOE-A dio casi por perdida la sociedad con el PSC. Carod acabaría dimitiendo. Pero eso importaba poco. “EL Estatut significó costes electorales para el PSOE”, admite Chaves, que añade a las complicaciones estrictamente políticas otras derivadas del carácter de Maragall. “Era difícil de tratar. Con Montilla las cosas fueron mucho más fluidas. Él era más claro, de origen andaluz y del sector del PSC menos catalanista. Quería más medidas sociales y menos debate identitario, justo lo contrario de lo que ocurrió con Maragall”. “Mi relación con Manolo [Chaves] era buena y se forjó durante años”, corrobora Montilla.
Velado el cadáver del eje e incinerado su cuerpo, el tripartito II (el de Montilla) dio paso, tras dos legislaturas de pausa, a la CiU de Mas y Duran. Y el panorama, claro, se ha transformado. Donde antes había complicidad hoy existen prejuicios. Mas se burló del acento de los andaluces y habló de una región permanentemente subvencionada y habituada a existir por encima de sus posibilidades. Los choques con Griñán han sido más frecuentes de lo deseable. “Pujol era mucho más respetuoso que Duran o Mas. Ellos tienen el chip nacionalista más acentuado, deben dar a entender que vivimos de la sopa boba y que ellos pagan más de la cuenta. Es una discriminación que subyace en la ideología nacionalista. Pero Andalucía no se va a olvidar del flanco social, ni del autonómico, ni de la defensa de la Constitución”, advierte Chaves. “Podemos jugar un papel a la contra, similar al del 28-F, impidiendo un retroceso del Estado de las autonomías y favoreciendo que se repita la posibilidad del café para todos”, concluye. El reto es formidable. La pugna será contra el País Vasco y Cataluña, pero también contra Madrid. Esta vez, Andalucía puede quedarse sola. En cualquier caso, el tiempo ha dado la razón a la RAG. Norte y Sur mezclan mal.
Fede Durán | 11 de mayo de 2012 a las 9:59
TRAS la crisis del sudeste asiático de 1997, y ante la posibilidad de que la mierda salpicase a sus propios bancos y negocios, EEUU creó el Comité para Salvar el Mundo, compuesto por el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, el secretario del Tesoro, Robert Rubin, y el hoy asesor económico de Obama, Larry Summers. El FMI y el Comité concibieron una receta basada en la imposición de altos tipos de interés y recortes drásticos del gasto. John Stiglitz recuerda en su libro Caída Libre cómo los países afectados -inicialmente sólo Tailandia; después todo el entorno- se recuperaron no gracias sino pese al doctor Muerte.
La labor del Comité se consideró un éxito -casi un milagro- porque no hubo daños en el Imperio. Una vez más, la filosofía made in USA triunfaba. Esa filosofía, que acabaría copiando medio mundo y estalló en 2008 lanzando metralla al mercado inmobiliario y al sistema financiero (tan unidos ambos, tan difíciles de separar ahora), se basaba, aparte de en diversas chucherías (hipotecas subprime, credit default swaps), en un concepto más amplio: crecer endeudándose, tapar la tristeza de unos salarios estancados con la dicha dopada de un dinero que no se podía devolver.
Atentos a la frase de Stiglitz: “Puede que resulte difícil tener una economía global fuerte mientras parte del mundo siga produciendo mucho más de lo que consume y otra parte del planeta (que debería estar ahorrando para cubrir las necesidades de una población que envejece) siga consumiendo mucho más de lo que produce”. Alemania, que vende a la Europa más morena su fórmula made in Germany sin opciones de devolución, es un país que consume, produce y ahorra. Consume porque produce y coloca esa producción, mayoritariamente, entre sus socios del euro. Y ahorra porque el círculo virtuoso está vivo: un país que consume genera riqueza, y la riqueza genera cerditos de cerámica -especialmente en naciones de natural previsor-.
Pese a las reticencias fundamentalistas de gran parte de Wall Street, la cara amable de EEUU ha acabado comprendiendo que había tongo en su esquema, que había tramposos sistémicos que minusvaloraron los efectos de la explosión. No hablamos de Madoff. Hablamos de un ejército de titiriteros.
Salvando las enormes distancias, Alemania aún no ha comprendido que se equivoca. Su habilidad para lo propio es su impericia para lo ajeno. Lean lo que escribía William Shirer, cronista de la Segunda Guerra Mundial, varios meses antes de abandonar Berlín tras siete años de estancia: “Tras tantos años que llevo de vivir mezclado con ellos, estoy profundamente convencido de que el alemán es incapaz de organizar Europa. Su falta de equilibrio, su sadismo provocador cuando está en lo alto, su incapacidad constitucional para entender mínimamente lo que pasa por las mentes y corazones de otros pueblos, su creencia instintiva en que las relaciones entre dos pueblos sólo pueden fundarse en la relación amo-esclavo y jamás sobre la igualdad del vive y deja vivir… todas esas características del alemán lo hacen, a él y a su nación, inepto para obtener el liderazgo en Europa con el que siempre ha soñado, y garantizan que, por mucho que lo intente, a la larga fracasará”.
Fede Durán | 9 de mayo de 2012 a las 19:22
Mis veinticuatro horas tienen dos cimas: una es el deporte, a primera hora de la mañana, y otra la lectura, a última de la noche. Recientemente compré un kindle, y lo hice por varios motivos: 1. Pesa muy poco. 2. Almacena más libros de los que podré leer. 3. Permite acceder a un vasto catálogo de obras en inglés, y además incluye diccionarios y traductores (estos últimos de pago).
Durante varios días (o noches), he tirado de kindle. Quería catarlo unas horas, comprobar si quema la vista, si pasar páginas es complicado, si el menú es intuitivo, si le salen machas azules en la carcasa. Todo está en orden. Respecto a la calidad de lectura, es como si tuvieras en los morros una pegatina. Y leer pegatinas no molesta, al menos hasta que se demuestre lo contrario.
Anoche, sin embargo, recuperé El Mundo de Ayer en tinta y papel. No es un título cualquiera. Lo escribe Zweig y lo edita Acantilado, así que la calidad está garantizada en la forma y sobre todo en el fondo. Pasé las páginas, intuí el olor, disfruté del tacto, acuné esas cubiertas negras y reorienté el huesudo interior hacia la luz de la lámpara cada vez que el cuerpo me pedía posturas menos prácticas. Es entonces cuando comprender que un libro bien editado siempre será superior, por razones físicas y etéreas, a cualquier otro invento. El Kindle es como esas mujeres perfectas que teniéndolo todo en realidad no tienen nada. Es una cuestión de alma, de espíritu, de feeling.
Fede Durán | 6 de mayo de 2012 a las 13:16
Hace unos días concluí la lectura de Diario de Berlín (1934-1941), la crónica de William Shirer sobre sus años como corresponsal a la sombra de un Tercer Reich expansivo y avasallador. Es un libro imprescindible para cualquier ser inquieto en general y para los periodistas en particular por su estilo conciso, efectivo y pulcro. Podría intentar, en vano, destriparlo, pero me limito a reproducir un párrafo que quizás explique (aunque exageradamente para algunos, dado el contexto en que fue escrito) lo que pasa hoy en Europa.
“Tras tantos años que llevo de vivir mezclado con ellos, estoy profundamente convencido de que el alemán es incapaz de organizar Europa. Su falta de equilibrio, su sadismo provocador cuando está en lo alto, su incapacidad constitucional para entender mínimamente lo que pasa por las mentes y corazones de otros pueblos, su creencia instintiva en que las relaciones entre dos pueblos sólo pueden fundarse en la relación amo-esclavo y jamás sobre la igualdad del vive y deja vivir… todas esas características del alemán lo hacen, a él y a su nación, inepto para obtener el liderazgo en Europa con el que siempre ha soñado, y garantizan que, por mucho que lo intente, a la larga fracasará”.
Fede Durán | 4 de mayo de 2012 a las 9:49
INTENTEMOS resolver el sudoku: los españoles han de adaptarse desde hace meses a la fórmula ganar menos y pagar más. Presuntamente, ganar menos permite a las empresas ser más competitivas (o directamente sobrevivir) en tiempos de tijera y taparrabos. Supuestamente, pagar más (IRPF o, a partir de 2013, IVA) acerca al Gobierno a la meta del déficit bajo control atacando el verdadero problema, que no estaría en los gastos sino en los ingresos públicos. Ambos problemas son en realidad compatibles. El tamaño del aparato administrativo, sobre todo del autonómico, sigue siendo inmenso y vergonzante. Hay funcionarios andaluces de a 3.000 euros la nómina sin cometido a la espera de que PSOE e IU dividan el pan y el pez (en singular). Hay fundaciones burdamente absorbidas por otros organismos pero todavía con plantillas más propias de una multinacional que de una entidad sin ánimo de lucro. Hay, en fin, embajadas regionales en Nueva York y Pekín, como si el acento fuese decisivo para vender la marca-minipaís (menuda marca, por cierto, y menudo país).
Ganar menos y pagar más para que la cosa pública se cure nos empuja a otra consecuencia: el contribuyente de clase media elabora una lista de prioridades y tacha todo lo demás. Entonces, aunque por el noble propósito de la supervivencia, el consumo como magnitud macroeconómica se resiente. Se venden menos pisos, menos coches, menos ordenadores, menos libros y menos calzoncillos.
A la vez, no obstante, cualquier dieta garantiza la finura de la silueta, o del gasto en este caso, que será presumiblemente más racional, menos fanfarrón. Porque soltar la guita que se tiene y no la que se debe arruina al banco (admitiendo un escenario utópico donde los bancos presten) pero blinda al individuo. Y no sólo eso: le permite repensar sus arrebatos capitalistas durante un catártico paseo unter den linden. A lo mejor no necesitábamos cambiar de auto cada cuatro años, ni ponerle al niño una tele en su habitación, ni comprar un chalet en primera línea de playa o coleccionar todas las criaturas de la familia Apple. En cierta forma, esta crisis es un regreso a las esencias. La sobriedad potencia los sentidos cuando toca utilizarlos. Y una patata siempre le sabrá mejor a un asceta que a un luchador de sumo.
Esta enseñanza pseudozen podría asumirla también la tricéfala administración española, concentrada, por mandato del Estado, en recortar sin distinguir. Si distinguiese antes de recortar, las partidas más productivas serían en el peor de los escenarios adelgazadas pero no mutiladas, y las superfluas eliminadas sin complejos. De Guindos estaría en ese caso en disposición de afirmar (como de hecho afirmó esta semana) que la I+D será una de las prioridades del Gobierno sin asumir el riesgo de que alguien le recuerde que el recorte en este ámbito será del 25% respecto a 2011.
Fede Durán | 30 de abril de 2012 a las 18:41
Un gran defecto del periodismo español es la preeminencia que concede a sus políticos sobre cualquier otro tipo de información. Salvo que medie una guerra, atentado, suicidio masivo, secuestro morboso o superacontecimiento deportivo, los telediarios, las tertulias, los boletines radiofónicos y las portadas de la prensa abren con declaraciones, planes, ironías, intrigas o posados políticos. El contenido de la acción ejecutiva, legislativa y de partido ha de tener siempre un hueco, por su trascendencia, en la mente del ciudadano. Nadie lo discute: una bajada de las pensiones, una subida del IVA, una reforma constitucional, una privatización de Aena o un copago sanitario merecen una explicación a fondo. El problema no es el cogollo que seminalmente genera estas informaciones, sino la inercia de las frases, redundantes y huecas, que vienen después.
Cargar el peso de la actualidad en Rajoy, Rubalcaba, De Guindos, Lara, Rosell o el dúo Toxo-Méndez evidencia escasa imaginación. Débase o no a la escasez de medios, a la hiperproductividad de unas redacciones mermadas por la crisis o simplemente a la comodidad del carrusel de las ruedas de prensa, donde siempre hay petróleo de tercera calidad a mano, esta realidad es una losa más entre las muchas que hunden el oficio hasta colocarlo en profundidades de las que quizás ya nunca pueda salir. La cultura en sus infinitas manifestaciones, la crónica social, el ajetreo mundial o la economía de la pedagogía y no del dato podrían suplantar a esos rostros tan conocidos y manoseados. Al fin y al cabo, como tantas veces ha avalado la historia, la frase/promesa/intención de un político equivale a cero porque tiende a contentar a cuantos más mejor, y eso es inviable por incompatible.
En la repetición del recurso germina la ausencia de un espíritu crítico. La mente necesita estímulos. Y el periodismo está para informar de todo lo que acontece, pero especialmente de aquello que, conectado en lo posible a la vecindad del lector, le enriquece, conturba o disgusta.
¿Por qué a los desayunos de TVE acuden por defecto políticos (a veces economistas) y no físicos, escultores, arquitectos, sociólogos o astronautas? ¿Por qué se superponen cada día titulares idénticos a otros cien anteriores? ¿Por qué no colocamos a nuestros eternos protagonistas en un segundo plano que quizás, quién sabe, rebaje sus narcisismos y petulancias? Hay tantas historias contables e ignoradas…
Fede Durán | 27 de abril de 2012 a las 10:46
Desde que dibujaba cómics en el colegio, Fede Durán (Cádiz, 1977) habitaba esa dimensión paralela de quien se dedica a contar historias. Este periodista del Grupo Joly desembarcó en 2009 en las librerías con un prometedor libro de relatos, Guantes negros, al que sigue ahora La mirada de Monica Vitti, una novela publicada por la editorial Almuzara que habla, desde una aproximación libre al género negro y una singular estructura, de temas tan reales como la incomunicación de la pareja, la búsqueda de las raíces y la importancia de la bondad en un mundo marcado por la violencia.
-En su novela, Monica Vitti se erige como símbolo del jeroglífico que es la otra persona en una pareja.
-También es el homenaje a esa época que muchos hemos tenido de pasión por Antonioni, por ese cine donde se dan silencios e imágenes más que diálogos. Y la Vitti representa, con su misterio, esa perfección de la frialdad y esa frialdad de la perfección. Dado que los personajes comparten ese origen oscuro, desconocido, de la falta de raíces, la editorial y yo pensamos que ella era una buena forma de presentar la novela ante el lector.
-El personaje de Francesco toma como esposa una mujer manipulada genéticamente. Pero aunque ella sea perfecta, el error está dentro de él…
-Si tú entiendes el amor como una historia matemática, lo más probable es que te equivoques. En las relaciones dos y dos no suelen sumar cuatro. Las circunstancias en las que él conoce a Monica le hacen presuponer a este hombre que su amor está garantizado, un grave error, como se comprueba luego. La incomunicación de la pareja es un tema muy productivo, del que se pueden extraer muchas historias. Yo aún no he encontrado una mina mejor.
-Ocurría también en Blade Runner. Las criaturas artificiales que retrata acaban siendo más complejas que otros personajes.
-Sí. Los hombres que empiezan una vida con esas mujeres deducen que esa perfección es una garantía, que no va a haber sobresaltos, que las emociones van a ser constantes, que la lealtad está asegurada, pero no es así. Incluso el personaje de Cynthia, que parece que representa bien el papel de esposa cariñosa, tiene una relación con la hija muy complicada…
-Usted descubrió hace poco sus orígenes judíos. ¿La preocupación por las raíces que se detecta en los personajes viene de ahí?
-No lo creo, había otras heridas que no estaban cicatrizadas del todo y en las quería ahondar. Cuando estás peor de ánimo, es cuando más productivo eres y más ganas tienes de sentarte delante del papel. Escribir es curativo. No creo que tenga que ver lo de mis orígenes judíos, pero sí es un tema que me apasiona. Voy en mayo a Israel y tengo muchas ganas de ver cómo se tratan allí unos y otros y cuánto queda de ese misticismo del que muchos hablan cuando regresan.
-Ha apostado por una estructura curiosa…
-Estoy empezando y me gusta experimentar, no quiero encasillarme en ningún género. Es una novela negra, pero no es incompatible con ello que intercale pasajes más divertidos o más ácidos. Y tener tantos personajes y una historia coral me permitía variar un poquito los registros, los tiempos verbales, los ritmos. Era divertido hacer ciertos cambios a mitad de la novela. Tengo mucha curiosidad por saber la reacción de los lectores.
-Hay, sobre todo en el capítulo del policía, una reflexión sobre la bondad. Parece que quería darle una carga moral al relato.
-La relación que tienen el padre y el hijo de La carretera, de Cormac McCarthy, me inspiró el trato entre Hilario y su hija. Él permite construir un doble personaje: de puertas afuera es un titán, un tipo duro, un policía hermético y disciplinado, pero luego tiene esa parte tierna que representa su familia, y todos los miedos asociados a perderla. El hecho de que se enfrente todos los días a situaciones devastadoras le obliga, como contrapartida, a reafirmar su fe en el hombre y en el amor, porque si no se volvería loco.
-Retrata a un alcalde cínico que encarga asesinatos. ¿Tan mala es su visión de la clase política?
-No quiero pensar que todos sean así, aunque en este país tenemos ejemplos de que esas cosas han pasado, a un nivel más elevado incluso que el de una alcaldía. Lo que quería era construir un personaje tenebroso que supusiera una puerta entreabierta a las entrañas del sistema, no plantear una crítica feroz de la clase política. Esta vez no, ya habrá tiempo de hacerlo más adelante…
-En su futuro nadie accede al contenido de los libros. ¿Augura poca vida a la letra impresa?
-Creo que sobrevivirá. Ahí están los vinilos. Los dimos por muertos y ves tiendas impresionantes en Williamsburg (Brooklyn), la gente se compra otra vez tocadiscos… Yo voy a compatibilizar el papel con un Kindle, he encargado uno, pero en mi escena final de cada día, eso de irme a la cama a leer, no me veo con él; me lo imagino más yendo de viaje y teniendo que facturar poco. No creo que el papel vaya a desaparecer. Se convertirá en un producto gourmet, y como tal siempre tendrá su nicho.
-Hablando de vinilos, para Francesco Charlie Parker es Dios. Y usted, ¿a quién rinde culto?
-Al jazz al completo, porque es la música con la que me gusta escribir. Pero toco todos los palos. Podría citar a Lana del Rey, tan repudiada ahora, pero también podría hablar de un infinito número de grupos: me gustan The Rapture, Yeasayer, Bon Iver, Kanye West, Hola a Todo El Mundo, LCD Soundsystem, el rap, la electrónica, el flamenco. Mis gustos son un batiburrillo, pero la música es esencial, la oportunidad que tenemos todos de construir nuestra banda sonora cada día.
-Sorprende que le guste el flamenco. Uno de sus personajes dice que le pone “de los nervios” eso de “un tío que empalma alaridos”.
-Ésa es la magia de la ficción: puedes poner en boca de tus personajes lo que quieras y recorrer caminos que a ti mismo te chirrían. Hablamos de una frase puntual, pero el reto de todo escritor es meterse en situaciones incómodas, que tú no piensas vivir en tu existencia real. Recuerdo cuando vivía en Barcelona o en Nueva York: el flamenco era esa manera de sentirte siempre en casa, esa casa etérea de la tierra.
-Ya que es periodista, ¿quiere hacerse alguna pregunta que vea que falte en este cuestionario?
-Me preguntaría algo que quiero cuestionarle a todo el que escribe: qué siente cuando lee algo que ha creado. Para mí es horrible, envidio a los autores que se saben buenos y están encantados de sí mismos. Es como ese fragmento de la película Cómo ser John Malkovich, esa escena en que John Malkovich se mete en Malkovich y todo se distorsiona. Esa distorsión, ese sufrimiento, es lo que siento yo, lo que me llevó a no leerme nunca más. Una cosa es cuando estás repasando, pero una vez que el libro existe me olvido, sólo genera dolores de cabeza.
Fede Durán | 27 de abril de 2012 a las 9:47
RECOPILANDO: Alemania ha obligado a pasar por el aro de sus recetas anticrisis a Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España. Tres países rescatados y dos con muchas papeletas para acabar en el cepo de la troika. EEUU y Reino Unido consideran que la estrategia impuesta por la Merkel -énfasis obsesivo en el control del déficit- ahoga el PIB y condena al continente, y por extensión a algunos de sus socios, a una resaca más larga de la cuenta. El paracetamol opuesto al pan seco que Rajoy abraza como desayuno necesario es el estímulo público, y esta canción ha sido repetida hasta la saciedad por sus partidarios.
Como sujeto político, Alemania es de natural sanguinario. Dos guerras mundiales lo avalan. Hoy se libra la tercera en un plano estrictamente económico y, por lo tanto, potencialmente más devastador que cualquiera de las anteriores. El bando de los aliados podría repetirse si Hollande vence en segunda vuelta de las presidenciales galas a Sarkozy, que se ha comportado y aún se comporta, aunque por distintas razones, como un mixto entre Laval y Pétain. Hollande se adscribe al anatema de reformular el mandato del BCE, ridículo a estas alturas en su papel de poli europeo de la inflación. Y Sarkozy, Pétain y Laval a la vez por sus ya clásicos guiños a la extrema derecha de (la otra) Le Pen, por su extraña xenofobia (su padre es judío) y por su chovinismo pasadete de rosca, deja de ser Laval y Pétain en lo referente a la sumisión al postulado germano. Al menos en campaña, Sarko sostiene que el BCE debe ampliar miras y preocuparse por el crecimiento, el empleo y la cotización euro-dólar. Nada dice de imprimir billetes, que es lo que convierte a la Fed en una máquina mucho más efectiva, pero vamos a sobreentenderlo también para evitarle el riesgo de quedarse corto. Si gana, no se preocupen: el presidente de la República volverá tranquilamente a su postura anterior, que es el beso de tornillo a Angela. Pero si Hollande le derrota, se habrá restaurado al menos parcialmente la Línea Maginot y la RAF tendrá más opciones de lanzar octavillas sobre la Wilhelmstrasse.
En ese escenario, la posición de España quedaría francamente comprometida. O no. El Gobierno tendría la oportunidad de aclarar si recorta porque le obligan o porque quiere. Una izquierda en remontada (ganar en Francia no es moco de pavo) es una Alemania (o una derecha) debilitada. Y éste es el mejor contexto para recuperar la autarquía y ofrecer al país un paquete de medidas más diversificado donde el verbo desmantelar conviva con otros como promover, eximir, agilizar o reflotar. Si ocurre lo contrario, si Merkozy pervive, la derrota sólo será aplazada y España e Italia depauperadas. Salvo que hablemos de un Barça-Madrid, los buenos siempre ganan.
Fede Durán | 22 de abril de 2012 a las 12:43
Adjunto el enlace al reportaje sobre el envejecimiento de la población publicado hoy en las cabeceras del grupo. Viviremos más años, y no necesariamente provocando un descalabro en las cuentas públicas. Un par de buenos expertos desmontan más de un mito.