El lío del déficit

Fede Durán | 19 de mayo de 2013 a las 20:33

La batalla del déficit es el enésimo ejemplo de la España invertebrada descrita hace casi un siglo por Ortega y Gasset. Hay tantos matices como comunidades autónomas, pero entre los protagonistas destaca, como tantas otras veces, Cataluña. Inmersa en un proceso independentista, empeñada en compatibilizar la exigencia identitaria con el trato de favor, la Generalitat solicita al Gobierno central un objetivo diferenciado para 2013. Problema: es imposible saber cuál sería ese objetivo singularizado porque nadie conoce el general. La Comisión Europea podría relajar el listón oficial de déficit (4,5%) el próximo 29 de mayo. El equipo de Rajoy trabaja para que así sea. Y Andalucía observa expectante y prudente, con la mosca del agravio comparativo detrás de la oreja.

El PIB andaluz ascendió en 2012 a 145.597 millones. Una décima menos de déficit supone un ahorro (o un recorte) de 145 millones. Cada milímetro estadístico es un mundo económico. La Junta rebajó el desfase de sus cuentas al 2% el año pasado, igual que Cataluña. Como la meta era el 1,5%, pertenece al club de los incumplidoras junto a todo el arco mediterráneo: Valencia, Murcia, Baleares y el ya citado vecino del norte. Si Bruselas relaja la disciplina fiscal para los dos próximos años tal y como se especula, el Govern de CiU solicitará repetir su 2% o incluso superarlo. El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, ha dicho, de gallegas maneras (el efecto Rajoy), sí y no. Sí porque los contactos con su homólogo catalán, Andreu Mas-Colell, apuntan al guiño; no porque aclara públicamente que todas las CCAA -sin excepción- tendrán que mejorar los registros de 2012.

Volvamos al condicional. Si la Comisión da luz verde al 6,3% de déficit global (la suma de Administración central, CCAA, Seguridad Social y corporaciones locales), Montoro permitiría particularizar las cargas. Pero hay dos problemas. El primero es que Cataluña, por el peso de su economía, condicionará el objetivo autonómico del 1,2% si su desviación es excesiva. Un 1,8% ya sería demasiado a juicio del propio Gobierno, y Mas-Collel no aspira sino a repetir al menos el 2% de 2012. El segundo es que el foro para tomar esta decisión, el Consejo de Política Fiscal y Financiera, no es en realidad bilateral sino comanditario. Cataluña tendría que superar las reticencias de prácticamente todas las CCAA, incluidas las del PP.

Aunque la Junta patalee poco por ahora, su presidente, José Antonio Griñán, tiene claro que la vía andaluza consistirá en concretar una fórmula “objetiva” basada en el endeudamiento y la financiación. La deuda pública de la comunidad se elevó en 2012 a 20.544 millones, el 14,6% del PIB, según datos del Banco de España. No es un mal dato: Con menos habitantes, tanto Cataluña (50.489 millones) como Valencia (29.437) presentan peores indicadores, mientras que Madrid se mueve prácticamente en la misma franja (20.130). En términos porcentuales, Andalucía está tres puntos por debajo del promedio nacional.

Respecto a la financiación, Griñán siempre recuerda que la región obtiene del Estado el 95% de la media. Cantabria recibió en 2012 el 125%, La Rioja el 116%, Extremadura el 109%, y tanto Cataluña como Madrid (dos de las ricas), el 101%. Andalucía logra 2.195,6 euros por habitante, 148,5 menos que Cataluña.

Hay un problema de fondo que Bruselas no detecta ni España aborda: la austeridad es la norma y el recorte del gasto el camino, pero sólo Castilla-La Mancha ha esquilado, hasta dejarla en 54, la fabulosa nómina de empresas, fundaciones y entes públicos tan típica de los tiempos del despilfarro y la orgía del ladrillo. Sería óptimo que al renegociar el déficit, Hacienda compruebe qué ha sido de la reordenación del sector público incluida en el paquete inicial de recortes, exigida por el ciudadano e instalada hoy en un cómodo olvido. La Junta debía dejar sus 380 organismos paralelos en 269. A 1 de octubre de 2012, el Ministerio contabilizaba todavía 363. Por comparar, Madrid tiene 172. En Cataluña, donde el culto a la identidad generó duplicidades de Estado, hay 434. Baleares suma 167, Valencia 151, Galicia 126, Aragón 124, Canarias 93 y Castilla y León 88.

La crisis dentro de la crisis

Fede Durán | 17 de mayo de 2013 a las 8:00

En España siempre ha parecido que lo público no es de todos sino de nadie. Tal convicción era infinitamente más potente en los tiempos de auge y abundancia, y aunque todavía quede el sedimento de conductas que van de la tibia dejadez al vandalismo –lo primero más al norte y lo segundo más al sur–, la escasez potencia el apego del ciudadano al control de los fondos que manejan las administraciones, los partidos y los sindicatos. Pese a que la opacidad sigue siendo una verruga enorme, ninguna fuerza gremial resiste a la larga la erosión del pueblo cuando el pueblo toma una decisión. Y hoy exige una transparencia que no se limite al simbolismo de un par de declaraciones de la renta o a la publicación en internet de las retribuciones de diputados, senadores, ministros, consejeros, presidentes y quizás bedeles. La sociedad española, espoleada por la indignación de sus propias penurias, quiere contención en el gasto, pero con una partitura diferente a la que interpretan los gobiernos de Rajoy, Griñán, Mas y el últimamente célebre Monago.

Porque el problema nace de la austeridad impuesta por Berlín-Bruselas, una misión donde hay meta sin que exista camino. Mientras cumplas, haz lo que quieras. Y los dirigentes españoles han preferido subir brutalmente los impuestos, abaratar el despido, endurecer las pensiones y destripar los cimientos del bienestar –sanidad y educación– en lugar de meterle mano al impresionante chiringuito policéfalo que gestionan y del que se alimentan. Se trata pues de un asunto de prioridades: los poderes políticos prefieren embridar el déficit aumentando los ingresos tributarios (apuesta arriesgada cuando hay 6,2 millones de parados y 16,6 millones de ocupados), recortando cosméticamente y confiando en que la teoría de los ciclos económicos salve los muebles tarde o temprano.

El país tenía la oportunidad de reinventarse y no la está aprovechando. Una bajada de impuestos y una revalorización asumible de las pensiones sostendrían el consumo y las labores asistenciales y solidarias de quienes reciben un flujo mensual de dinero. Redimensionar el aparato administrativo trasladaría a la población un mensaje de compromiso y seriedad. Dotar a las cámaras de cuentas de poderes ejecutivos permitiría elevar a la categoría de ley sagrada el rigor en la manipulación de los fondos públicos. Convertir el principio de confianza que rige la designación de altos cargos en un principio de eficacia y mérito profesionalizaría la maquinaria del Estado, las CCAA y los ayuntamientos y exterminaría la política como sinónimo de escuela de jerarquías, intrigas, malversaciones y demagogias.

España afronta una crisis singular dentro de la crisis del sistema. Dobla la rodilla ante el yugo del capitalismo sin bozal, como todo el planeta, pero también ante el monstruo creado en 1978: el Estado autonómico es un ejemplo perfecto de libertad mal entendida. Porque las CCAA han jugado a ser pequeños países miméticos con los mismos excesos que la madre que los parió.

El náufrago

Fede Durán | 14 de mayo de 2013 a las 20:24

El escritor me ha ubicado aquí, en mitad del mar, flotando sobre unas tablas que él se habrá molestado en ensamblar. Hay un palo en medio a guisa de mástil, y un mantel con lamparones que hace de vela, y a veces el viento sopla y la balsa se anima y ambos nos dirigimos a lo aleatorio.

Otras veces el mar se pacifica y veo el fondo. Hay corvinas, urtas, doradas y también borriquetes. Adoro la ictiología, aunque preferiría pescar a observar.

Anoche, el escritor leyó un cuento de Mrozek donde un náufrago hiperactivo encontraba en el bolsillo un sacacorchos y agujereaba los tablones de su balsa hasta provocar una fuga de agua, o más bien una invasión. Y todo para estar entretenido. Yo no soy tan gilipollas, así que de momento me bebo mi orina, mastico astillas que rasco con las uñas y me protejo del sol descolgando el mantel cuando el viento no sopla y la balsa es un muerto con verdín.

Cuando cae la noche se me abren pequeñas grietas de esperanza. Creo que es porque la temperatura baja y una ligera brisa nos mece y me acaricia, cerrando mis arrugas de sal hasta el sol siguiente.

Como necesito hablar con alguien y no tengo con quién, he decidido saludar al sol al alba y despedirlo en el crepúsculo, reservando las mismas cortesías para la luna. Con el mar me ando con más ojo: compartimos cada segundo de cada minuto de cada hora de cada monocorde día, así que es mejor redoblar la diplomacia, multiplicar el cariño y esperar que algún día, en sociedad con el viento, me deposite en una isla o al menos en una roca de once metros cuadrados, una que me permita caminar de ida y vuelta, girar a derecha e izquierda, tumbarme sin oscilaciones.

Me comunica el escritor que voy a morir en unas líneas. Joder. Yo era un ciudadano común, ni más perverso ni mejor que la mayoría, con un saco de amigos, esposa y tres hijos de cuatro, cinco y seis años que nunca me dejaban dormir ni sabían limpiarse el culo después de cagar. Pagaba religiosamente la hipoteca, los libros infantiles de los niños, la comida del mes, el papel higiénico, los juguetes y los tratamientos antiedad de mi señora. Soportaba a mi jefe, el muy cabrón, de lunes a viernes y de ocho a cinco desde hacía una década, y asistía una vez al año a los hermanamientos de la empresa y me emborrachaba con otros desgraciados como yo que probablemente acabarían criticándome días después ante sus superiores por falta de decoro y exceso de irreverencia. Estaba engordando y me habían diagnosticado diabetes. Había empezado a flirtear con una casada por internet. Cuando pesaba en todo lo anterior, incluso me costaba empalmarme, a mí, que he sido un semental. Y ahora estoy aquí, en mitad del mar, escuchando la contrarreloj de las teclas que van a fulminarme, y es muy triste porque en realidad me gusta decirle ey al sol, tirarle un beso a la luna, reconocer la cresta del borriquete y desentrañar los códigos encriptados del viento y el mar.

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Calzoncillos

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 20:11

Yusuf tenía un problema con los calzoncillos. Era un problema viejo, nacido casi a la vez que su conciencia. Había probado todos los materiales: algodón, lino, licra. Había probado todos los cortes: calzón, boxer, tanga. Hilando fino, Yusuf asoció los picores y la incomodidad a los pantalones, y de nuevo aquí probó todos los cortes y materiales. Nada. Después conectó el prurito y la invasión de orificios y pliegues al estrés de los días laborables, concluyendo que una vez en casa, despojado de protocolos, cronogramas, almuerzos y contabilidades, la piel y el envoltorio se reconciliarían. Tampoco. Pensó finalmente en el refugio de la cama, ese rectángulo donde el cuerpo se independiza de la mente, consumida en desbrozar los vastos paisajes del sueño. Sin tregua. Cada postura era un pulso perdido, cada innovación un puñetazo al aire. Incluso envuelto en los harapos de sus pesadillas, los calzoncillos seguían ahí, adheridos al pellejo como un cepo a un conejo.

Durmió desnudo, pero fue incapaz de seguir. El sentido de la decencia había penetrado tan hondo, tan lejos, que se alojaba en los sedimentos más prehistóricos del subconsciente. Tal era el poder de esa religión en la que no creía. Tal la sombra espesa de la Madraza.

Volvió a los calzoncillos, florecieron los picores con mayor virulencia.

Un día conoció a una mujer. Se besaron, hicieron el amor, se enamoraron.

Por las noches, ella padecía los males de Yusuf. Giros, gruñidos, piernas que se enroscan, brazos que se estiran, un cuello en tensión. Y uñas, sobre todo uñas, uñas zapadoras implacables rascadoras, uñas que exploran hasta el último rincón de piel bullente.

Varios meses después, la mujer le hizo un regalo. Era un pack de tres calzoncillos ecológicos. Resabiado y sutilmente abatido, Yusuf se calzó unos y se fue a trabajar. Los primeros pasos le hicieron sonreír como un veterano de guerra: vaya, no pican, pero picarán. Las siguientes horas le hicieron fruncir el ceño: vaya, no escuecen, pero escocerán. Al caer la noche, de regreso a casa, chasqueaba la lengua: ha sido una tregua, un milagro epidérmico, pero la cama me devolverá a la realidad.

Se equivocaba: esa rotación a tres era infalible. Las molestias desaparecieron.

Un día, se separó de su amante. Al mudarse, ella, por equivocación o venganza, se llevó dos de los tres calzoncillos ecológicos. Yusuf rastreó cada tienda de la ciudad en busca de la marca, el material, el corte, el maldito modelo, pero nunca volvió encontrarlo. Hoy dosifica el par superviviente, haciéndolo rotar con sus primos bastardos, apenas exigiéndole, disfrutando del momento en que la colada los sitúa, rara y felizmente, en la primera posición de la parrilla.

No ha vuelto a verla. Le habría gustado preguntarle por los calzoncillos, saber de ellos, quizás intentar recuperarlos con una pequeña inversión. Pero su sexto sentido le dice que ella no lo entendería. Así que Yusuf ha regresado a sus picores y contracciones, premiándose con un oasis de bienestar de cuando en cuando, alerta por si esos calzoncillos mágicos reaparecen en las vitrinas de las tiendas de la ciudad.

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El defecto Zoido

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 8:00

Dos factores desactivan la estrategia opositora de Juan Ignacio Zoido desde que asumiese el relevo de Javier Arenas en julio de 2012 como tótem del PP-A. Uno es subjetivo: el hombre no se siente a gusto en un traje que exige emular el modelo de carretera y manta de su predecesor. La Alcaldía de Sevilla es su prioridad, su pasión absorbente, su amante política. Jamás lo ha ocultado, y eso al menos le coloca en un escalón de sinceridad no siempre habitual en el gremio. Otro es objetivo: Zoido es inconsistente y liviano en su batalla dialéctica con Griñán, un presidente al que algunos populares de primera línea califican en privado como “brillante parlamentario”.

La derecha ha presumido siempre de su carácter monolítico. Si hay discrepancias, se ventilan en casa, nunca a la vista de extraños. Esta premisa, desmoronada en los últimos años por las púas Gallardón-Aguirre, Aguirre-Rajoy o Cascos-PP en general, ha sobrevivido dignamente en Andalucía, donde apenas se formula una tímida crítica a la forma en que Zoido está afrontando la legislatura.

El tándem Arenas-Antonio Sanz fue muy poderoso. Entre 1993-1999 y 2004-2012 moldeó la filial autonómica del partido a su imagen y semejanza. La interinidad de Zoido traslada al PP-A al escenario opuesto. Donde antes había estructura hoy sólo existen nubes. Si Zoido se marcha, arguyen distintas fuentes consultadas, es prioritario determinar quién llevará las riendas. Con tres años por delante, el margen para desplegar la estrategia de la nueva era sería más que suficiente. Varios dirigentes se han pronunciado públicamente en este sentido. El último en hacerlo ha sido el alcalde de Granada, José Torres.

Otros abogan por una transición suave. Es el bando de los sin estrés (Carmen Crespo y Elías Bendodo se alinearon el jueves). El próximo Congreso del PP regional aún no tiene fecha, pero el debate del calendario refleja fidedignamente la división de opiniones. Se habla de 2015 (año de elecciones municipales), 2014 (elecciones europeas) y hasta verano de 2013. Cualquiera que sea la decisión, se ajustará invariablemente a un mandamiento sagrado: el nombre del elegido deberá contar con el plácet de Arenas y el sí puramente formal de la secretaria general del PP nacional, María Dolores de Cospedal. Históricos en clave autonómica como Teófila Martínez, la alcaldesa de Cádiz, también estarán en el sanedrín.

Florecen los candidatos. Por ejemplo José Luis Sanz, secretario general del PP-A, el único que se postula con más o menos claridad sin arrancar de momento ni aplausos ni abucheos. O Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Igualdad y avalado por la familia malagueña; Carmen Crespo, delegada del Gobierno de Rajoy y adscrita al clan almeriense; y Carlos Rojas, portavoz en el Parlamento y censado en Granada. Con ventaja sobre todos ellos parte el diputado y alcalde de Córdoba José Antonio Nieto, con un perfil más político y menos técnico que algunos de los futuribles. Cada una de las fuentes consultadas le cita entre los favoritos.

Nadie teme en realidad un terremoto orgánico ni una pelea sucesoria. Los taifas provinciales opinarán, pero lo harán bajo esa inveterada predilección por la unidad. “La máquina -afirma un diputado andaluz- funcionará cuando haya claridad. Somos gobierno en muchos sitios, sabemos hacer las cosas”. Otro dirigente popular complementa: “Es cierto que esta situación nos perjudica, pero las encuestas tampoco sitúan al PSOE-A en un escenario demasiado halagüeño”. Y un tercero advierte: “Aunque ahora parezca imposible, que nadie pierda de vista la posibilidad de que el bipartito se rompa”.

Los matices de lo fino no tapan los consensos de lo grueso: el sustituto de Zoido debe ser “un rostro conocido”, un guerrero a lo Mad Max de la carretera y un tipo sin miedo a castigarle el hígado a Griñán. Un puñado de voces populares proclama la convicción de que se pueden mejorar los resultados del 25M, en los que el PP-A alcanzó el histórico techo de los 50 escaños, siempre que se imponga el sentido común y se juegue inteligentemente la partida de los plazos. Zoido es una figura de transición que intenta prestarle a la formación un servicio digno. No siempre lo logra, y ésa es la gran razón para no volver a fallar. Sobre el delfín, sobre el príncipe, sobre el virrey recaerá el formidable reto de revertir de una vez 30 años de derrotas.

Tiburón negro

Fede Durán | 11 de mayo de 2013 a las 8:00

Brilla en los ojos del magnate una luz especial para los negocios. Brilla siempre, desde la cuna, y brilla intensamente: es la enésima constatación de que la energía –también la emprendedora– ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. En el caso de Aliko Dangote (Kano, Nigeria, 1957), esa luz de los albores parecía inofensiva. En la escuela primaria se limitaba a soñar con comprar caramelos y revenderlos a los compañeros bajo la sagrada premisa del adquirir barato y endosar caro. De pudiente familia musulmana, Dangote hizo primero los deberes académicos –se licenció en Artes y Empresariales en El Cairo– y asumió después, a los 21 años, la misión iniciática. Su tío le encargaría gestionar una modesta firma comercial. Ahí plantaba el clan la semilla de un imperio. Porque este señor es hoy, según la bíblica lista de Forbes, el cuadragésimo tercero más rico del planeta. Y el primero entre los negros y los africanos. Su saldo: 16.100 millones de dólares, casi 10.000 más que sus directos competidores en el continente, los palidísimos sudafricanos Johann Rupert (objetos de lujo) y Nicky Oppenheimer (diamantes).

Lo del brillo suena esotérico pero es absolutamente empírico. A finales de los 80, Dangote preguntó a las autoridades por unos terrenos abandonados en el puerto de Apapa. Obtuvo una concesión y montó allí un parque logístico para su compañía harinera. Cuando la competencia protestó, la respuesta del Gobierno fue flemáticamente británica: “La idea fue suya, señores”. En 1990, localizó una grieta en la suntuosa hoja de gastos del Banco Central de Nigeria: la flota de transportes de la plantilla le costaba al organismo un ojo de la cara. Dangote ofreció sus servicios a un precio mucho más razonable. Otra concesión.

Dangote Group es el mayor conglomerado de África occidental. Posee la tercera refinería de azúcar más importante del planeta (produce 800.000 toneladas al año), negocios inmobiliarios y textiles, plantas de procesado de sal y la mayor cementera africana. Despliega actualmente 14.000 kilómetros de fibra óptica en Nigeria. Y exporta algodón, cacao, nueces, sésamo y jengibre.

Las dos últimas jugadas del emperador están a la altura de su trayectoria. En 2012 apuntaló su monopolio azucarero al adquirir el 95% de la nacional Savannah Sugar y obtuvo 190 millones en efectivo al vender a la sudafricana Tiger Brands su paquete accionarial dominante en una de sus harineras. Próximo proyecto: una refinería petrolera que doble la producción del país.

Filántropo declarado, Dangote sufraga campañas de salud y moviliza recursos contras las catástrofes naturales. Ejerce de mecenas artístico, deportivo (donó 820.000 dólares a la selección de fútbol) y político (al ex presidente Obasanjo le regaló 2 millones en 2003). Puede permitirse lo que quiera porque es un visionario y un optimista, desenfunda antes que nadie y recuerda cada vez que puede que invertirá todo su dinero en Nigeria. Importemos la inspiración.

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Pepito Grillo se viste de cordero

Fede Durán | 10 de mayo de 2013 a las 8:00

EN las sesiones de control sobra, por definición y sentido común, la intervención del partido al que se adscribe el presidente de la Junta. Los diputados deberían hacer algo con el reglamento de la Cámara por respeto al ciudadano y también por integridad política. En las sesiones de control sobra, adicionalmente y con idéntica carga de sentido común, cualquier intervención cuyo objeto no sea la fiscalización del equipo que gobierna, lo formen una, dos o cien siglas. Porque gobernar, parece mentira que haya que recordarlo, exige explicar. Ése es el gran problema de IU: tiene programa; exhibe más ética que sus rivales tanto asociados como irreconciliables quizás por su menor hoja de servicios ejecutivos (o quizás no, quizás el altruismo exista); ha moldeado sus tres consejerías sin atender exclusivamente a oscuros listados de simpatizantes sino valorando el talento independiente; y empuja al PSOE-A, a ese PSOE-A tan inflado de poder como el rostro de Mickey Rourke, a virar del centro a la izquierda o, como dice José Antonio Castro, de la abulia de tres décadas a “la función social de la política”, de la democracia representativa a la democracia directa. IU tiene todas esas virtudes, pero se dirige a Griñán con una docilidad incomprensible por una sencilla y contundente razón: sin sus 12 escaños no hay Ejecutivo, así que puede y debe apretarle las tuercas al jefe sin que esa misión implique quemar San Telmo.

Castro atacó ayer durísimamente al PP, y no le faltaba razón. Esto no es Etiopía. Ni Venezuela. Ni tampoco Cuba. Atacó básicamente las hipérboles de Zoido: sus coletillas favoritas –extremismo y radicalidad–; la crónica de un país que parece poco menos que los secarrales donde pegaba tiros Pancho Villa; esa estampa de niños desnutridos, moscas, burros y botijos resquebrajados que imagina Madrid. Atacó la violencia del lenguaje suburbial de las redes sociales, donde se le llamó, desde el anonimato de una cuenta no personal sino colectiva, “pelota” y hasta “rastrero”. Atacó fundadamente pero atacó mal. Porque Zoido no preside la Junta. Porque existen otros formatos donde batirse con la oposición. Porque IU le hace sin querer el trabajo sucio a José Antonio Griñán, cómodamente instalado en el palco del estadismo autonómico, si el lector acepta tal oxímoron.

Juan Ignacio Zoido es un orador vaporoso:sus discursos casi nunca dejan huella. Ayer, por inspiración o azar, expuso una línea deconstructiva más sólida de lo habitual. Tres aciertos. Lo de la Junta y sus subsidios parece “beneficencia” (a). Uno de cada tres casos españoles de corrupción brota en Andalucía (b). Griñán ofrece pactos nacionales que “correspondería proponer a Rubalcaba” (c). Y dos errores. “Ustedes no son nadie sin el Gobierno de Rajoy y el PP (d)”. En realidad, el vicio de convertir la política andaluza en una sucursal del Congreso es común a las tres fuerzas presentes en las Cinco Llagas. “Andalucía es la comunidad con más parados y más pobres y la segunda peor en renta per cápita tras Extremadura”. Cierto, pero para saber dónde estamos hay que saber de dónde venimos. Y entonces se impone un viaje al pasado que no arranca en 1977 sino antes, mucho antes (e).

Siguiendo la cartografía narrativa de las buenas veladas de boxeo, el púgil más poderoso se deja para el final. Sin ser Ali o Foreman, Griñán se maneja solventemente con el uppercut y el crochet. Vistoso al principio, aburrido al quinto combate. Por una prolongada ausencia de oponentes, sus palabras suenan pastorales y huelen a déjà vu. La escuela del presidente es tan clásica como la destilería que Baldini mostró a Grenouille en El Perfume; es la misma de la que ha mamado todo el poder político desde la Transición; es la que afronta los nuevos problemas con viejas soluciones; es la que ya no sirve. Y no, la receta no es Susana Díaz –más de lo mismo con bastante menos formación; la juventud no implica novedad–, la solución es trabajar de verdad la cultura del diálogo, reconociendo al predispuesto y retratando al recalcitrante; abrir la política a una sociedad que ya no tolera la partitocracia; mostrar la ambición de una Andalucía menos subsidiada y acribillada a impuestos; purgar las malas prácticas que todavía predominan en la funesta Administración paralela de la Junta; y advertir, alto y claro, que los tiempos del chiringuito serán fulminados sin demora.

Coda: A Griñán y Zoido les encanta el ping-pong del paro. No hay pleno en el que dejen de lanzarse las cifras de Zapatero y Rajoy, a ver quién lo hizo/hace peor. Versión presidente de la Junta: “Con Rajoy hay más de 500 nuevos parados al día en Andalucía; con ZP había menos de 200”. Versión líder de la oposición: “Entre 2007 y 2011, el desempleo andaluz creció un 90%”. Reflejos de última hora de Griñán: “La crisis no es de Zapatero ni de Rajoy (…)”. La crisis es de la banca.

Reforma 13: una alternativa al sistema

Fede Durán | 8 de mayo de 2013 a las 18:46

Llevaban tiempo mascando la idea y ayer la presentaron en internet. Los hispanosuizos Daniel Ordás (abogado y político) y Juan Cortizo (letrado sin política) han diseñado Reforma 13, una alternativa al actual sistema constitucional español concentrada en seis frentes: democracia directa, listas abiertas, políticos milicianos, recauchutado de Congreso y Senado, y elección del Gobierno.

Notorios en los medios nacionales ante la profundidad del divorcio entre los ciudadanos y sus instituciones, su propuesta perturbará a los partidos de raíz conservadora y proverbial endogamia, o sea, a todos los viejos (PSOE, PP, nacionalistas) y alguno de los nuevos (UPyD). Porque, aunque la Carta Magna contempla en su artículo 23 la participación directa del pueblo en los asuntos públicos, ese mandato huele a naftalina.

Apuestas rompedoras hay un puñado. Por ejemplo, las iniciativas legislativas populares vinculantes –herramienta óptima para crear, modificar o eliminar leyes–, a un precio asequible: el 1% del censo electoral (unas 350.000 personas). O los referendos para oponerse a leyes aprobadas en las Cortes. Coste: el 0,5% (175.000). Cambiaría además el sistema de mayorías: las votaciones populares requerirían el 50% más uno de los votos válidos. Y todo voto se concentraría en el segundo domingo de cada trimestre.

Respecto a las listas abiertas, se sugieren dos posibilidades: modificar las que configuren los partidos (tachando candidatos, incluyendo a algunos de otras listas, votando dos veces a un mismo aspirante) o elaborar una a la carta donde quepan tantos nombres como escaños haya en liza. El voto personal (los obtenidos por cada candidato) determinaría el orden de reparto de los escaños y el voto de lista cuántos se lleva cada formación.

Directamente contracultural en esta España del apego a la silla es la concepción de la política como complemento: sólo los miembros de los gobiernos nacional y autonómicos y los de las Diputaciones Permanentes de las Cortes (hasta un tope de 42) ejercerán el cargo a tiempo completo. El resto cobrará unas dietas pero vivirá de la profesión previa. Es lo que en Suiza llaman políticos milicianos. En todos los casos se estrecha el corsé de la transparencia: ambas cámaras publicarán un listado de conflictos de intereses. Cada parlamentario declarará sus afiliaciones extrapolíticas (asociaciones, lobbies). Los rendimientos económicos extraordinarios (aquellos que superen el salario mínimo) se exhibirán con luz y taquígrafos.
Ordás y Cortizo no se olvidan del Congreso y el Senado, de su reparto competencial y de cómo el elector los moldea. Para empezar, ambas sedes tendrán exactamente el mismo poder y, por lo tanto, derecho de veto sobre las iniciativas que adopte su contraparte. Si los debates se enquistan y las leyes se momifican, se creará una comisión mixta compuesta por hasta 30 parlamentarios repartidos al 50%.

A la ley electoral se le da un buen achuchón. Las circunscripciones serán provinciales conforme al método Sainte-Laguë: a cada una le corresponde el número entero resultante de dividir el total de habitantes entre 100.000. Después se comprobará cuántos votos habría logrado cada partido a escala nacional. Aquellas que hayan sido perjudicadas obtendrán los denominados escaños compensatorios. En la Cámara Alta, a cada comunidad autónoma se le asignarán cuatro senadores. Las dos listas más votadas obtendrán dos. La tercera, uno.

¿Y cómo se gestiona el liderazgo? No busquen al presidente porque no lo encontrarán. Vale, eso ya ocurre en España con Mariano Rajoy, pero en este caso la intención es buena. Reforma 13 apuesta por un Gobierno obligatoriamente de coalición. Lo compondrían nueve ministros sin un primus inter pares. Cada partido con representación en las Cortes sugiere sus nueve apellidos y los ciudadanos modifican las listas y las rehacen según sus preferencias. Irían al gabinete quienes obtengan el 50% más uno de los votos o, en segunda ronda, los que logren una mayoría simple. Cada ministro tendría el mismo músculo que los demás, pero existiría un ministro de Presidencia encargado de coordinar la acción del Ejecutivo. Son los nueve líderes los que determinan el reparto de carteras y quién asume la coordinación en una cumbre inaugural y en presencia del Rey. Las decisiones adoptadas en Consejo de Ministros se explicarían inevitablemente en el Parlamento por el dirigente del ramo afectado.

El premio

Fede Durán | 8 de mayo de 2013 a las 9:57

Hace unos días asistí a una gala. El público vestía de boda, así que al principio pensé que me había equivocado. La localización era ideal: un teatro que olía a restauración, con los gallineros enmarcados en pan de oro, frescos en el techo y una alfombra rojo satén trepando hasta el escenario. Cuántos rostros bellos, cuántas pieles morenas, cuántos móviles encendidos. Porque la cosa iba de redes sociales y blogs, así que esta vez lo rudo era tolerado e incluso exigido, como acabará ocurriendo en la calle.

Todo iba pues moderadamente bien hasta que un señor de traje, ligeramente renqueante, subió al proscenio y se puso a hablar. Decían que era el alcalde, y habló de sensibilidad y cercanía, de un ayuntamiento volcado con la gente, todo oídos, todo corazón y bondad. Pensé en mi barrio y en el olor a orina y en los sin techo que duermen en mi plaza y en la suciedad permanente. Pensé que quizás el alcalde se refiriese a otra ciudad: ¡cómo iba a referirse a la suya!

Se entregaron muchos galardones. Perdí la cuenta. Los premiados llegaban y se iban como los gorriones, rápidamente, con discursos vaporosos y sencillos, y era bonito observar aquellas caras y aquellas ilusiones. Todo iba moderadamente bien, pero entonces otro político volvió a la palestra y lanzó un discurso que superaba en duración la suma de todos los discursos anteriores. Creí que el tiempo había dado un volantazo y que estábamos en periodo electoral. Fue aún peor: al terminar, el político llamó a otros políticos y el escenario se llenó de políticos. Creí que estaba en un mítin, en un acto de coronación, en el pleno de un ayuntamiento o, peor aún, en la boda del hijo de uno de aquellos líderes.

Tuve que escaparme antes del final. Ya era de noche y el calor se había apagado. La ciudad seguía ahí, sola, embelesada. Menos mal.

A bird

Fede Durán | 6 de mayo de 2013 a las 18:20

Los finales de siglo suelen ser optimistas y catárticos. El XV cerró con el descubrimiento de América y el nacimiento del imperio español; el XVIII con la revolución política en Francia y la industrial en Inglaterra; el XIX con Europa en su mejor momento y una casa imperial, la de los austrias, apostando más que ninguna antes por las humanidades; el XX con la caída del Muro de Berlín y la descomposición de la URSS. Ése es el gran consuelo para afrontar el siglo XXI: las generaciones que nacen ahora asistirán con suerte al enésimo nuevo mundo. La pena es que nosotros no vayamos a estar ahí para verlo. A nosotros nos toca la crisis más demoledora, porque no se atisba esperanza ni hay guerra que lo arregle. España no progresa. Nada ha cambiado de veras: la política se ejerce igual o peor que hace 35 años. Entonces, al menos, se fraguaban consensos. Hoy el poder se ejerce con un afilado sentido patrimonialista: hasta que me larguen, es mío y sólo mío. Y es impermeable. Y es fanfarrón, dictadorial, rodillero (de rodillo). Legislo sobre tu vida, ciudadano, porque el sistema así lo contempla. Si quieres abortar, al extranjero. Si quieres listas abiertas, a Suiza o California. Si quieres un empleo, haber nacido en Alemania.

Nada ha cambiado: la banca siempre gana, y esa máxima es de mármol. Los especuladores, los listos, los cutres, esos pierden poco. Lo demuestra la moda de las condenas a dos años de prisión, justo el límite para evitarla cuando no tienes antecedentes.

La cultura no es una dama respetada sino una puta ajada por los años y los polvos a débito. El emprendedor es un loco sin dinero en el país con más trabas. El contribuyente raso es un pardillo porque paga como si viviese en Suecia. ¿Y la parte que nos toca? El civismo, la educación, la altura de miras, el respeto, la generosidad, la intelectualidad y el resplandor de las mentes puramente únicas son cosas que no existen, que hacen reír, que apestan por ser ajenas y mejores.

Los españoles que habitan por debajo del privilegio existen con miedo, hipertrofian sus mandíbulas de tanto apretarlas, tuercen el gesto, se convierten en fieros anacoretas. El miedo masacra los espíritus. El miedo es la llave hacia el conformismo y la mansedumbre.

Haced algo, nos dicen. ¿Qué podemos hacer, además de pensar, sugerir y esperar a ver si crece algo en esta tierra que nadie riega? Podemos recurrir a la violencia. Pero, ¿queremos?

También podemos irnos. O suicidarnos. O apuntarnos a una paguita de la Junta cuando nos echen para tener al menos una litrona a mano, mear en las esquinas de las plazas y ejercer el atraco del gorrilla.

O escribir y leer. O componer. O correr. O parir. O simplemente volcar nuestros sentimientos en esas realidades paralelas frágilmente a salvo de la miseria españistaní.

Podemos hacer como Rajoy. Podemos esperar. La inercia que todo lo arrastra. La atrofia sin complejos.

Me van a permitir que me despida en inglés tomándole prestado un poema a Lia Purpura. Sus palabras proyectan colores. Justo lo que necesitamos.

In the beginning

in the list of begats,

one begat

got forgot:

work begets work

(one poem

bears

the next).

In other words,

one there was air,

a bird

could be got,

Not taken.

Not kept.

But conjured up.